domingo, 21 de agosto de 2016

LA GUERRA TERMINO

 LA GUERRA TERMINO
 Por Sergio Crivelli. 

El presidente Mauricio Macri declaró días atrás que no tenía ni idea si los desaparecidos habían sido 9 mil o 30 mil. Esa confesión de ignorancia provocó la previsible indignación de "organismos" y dirigentes que sin embargo no se indignan por Hebe de Bonafini ni por el uso de la causa de los derechos humanos en negocios turbios como el de "Sueños compartidos". Pero lo que importa no es la triste polémica sino que el episodio puso a la vista una vez más el grave problema que tiene la mayor parte de la sociedad con la verdad y también que los que han hecho política facciosa con los derechos humanos siguen atemorizando hasta al Presidente de la Nación. 

El que prometió hablar a los argentinos con la verdad después de una década de mentiras no se animó a decir claramente que los desaparecidos no fueron 30 mil ni siquiera 10 mil de acuerdo con la información recopilada por el Estado y entidades más allá de toda sospecha como la Conadep. La verdad con la que tanto insiste el actual gobierno no debería limitarse al Indec.
Macri también fue criticado por haber empleado la expresión "guerra sucia" para referirse a la represión ilegal. Eso sí puede ser atribuido a ignorancia real, porque el feroz enfrentamiento entre terroristas y militares fue en realidad una guerra de cuadros de la que el resto de la población se mantuvo aparte. Era una lucha por el poder a los tiros.
Durante el régimen militar de 1966 a 1973 las bandas armadas gozaron de alguna simpatía de parte de un sector de la opinión pública, pero desde la vuelta del peronismo esa simpatía cayó. El desafío del ERP a Juan Perón y más tarde el de Montoneros a su viuda terminaron enajenándoles cualquier posible apoyo.
Prueba de eso fue el aislamiento que la guerrilla padeció respecto del grueso de la sociedad, factor decisivo para que fuera aplastada por un aparato militar inepto y desprestigiado, que poco después hizo el papelón histórico de Malvinas.
Por entonces el Ejército era visto como un mal menor frente al mesianismo sangriento de los terroristas, cuyo único plan conocido era eliminar violentamente a quienes se les opusieran. Tiros para todos y todas.
Como dijo Mario Firmenich, parafraseando a Mao cuando le preguntaron si Montoneros dejaría las armas después de que Perón había ganado las elecciones con más del 60%: "De ninguna manera... el poder político brota de la boca del fusil". Eran épocas en que la democracia no valía nada para buena parte de los argentinos.
Por eso alguien al que nadie podría calificar de "promilitar" como el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, consideró "preocupantes" las declaraciones de Macri, pero se negó a apoyar a la guerrilla.
"Lógicamente no podemos avalar desde ningún punto de vista lo que hicieron las guerrillas -declaró- que mataron, secuestraron y torturaron y de esto no se habla absolutamente nada". También pidió autocrítica a los terroristas.
Aquella guerra de cuadros terminó hace más de 30 años pero los "organismos" y una parte del peronismo la mantienen viva con mitos como los de la juventud maravillosa y el genocidio. La única manera de terminar con eso es la verdad, pero hay que animarse a decirla. Solo así los derechos humanos dejarán de ser una herramienta de política facciosa y recuperarán el prestigio que nunca deberían haber perdido.

GANSADA SEMEJANTE, no fué expresada por ningún pobre ignorante. Ni el hecho, objetivo de alguien que desconozca nuestra historia, no desde hacen 200 años sino de menos de 40, y quien hizo público los datos del articulo que colgamos fue el PRESIDENTE DE LA NACION. Este señor da muestras (UNA VEZ MAS) haber vivido desde entonces y hasta ahora en una "NUVE DE PEDOS". Hubiese sido conveniente que por desconocer LA GUERRA, que azotó y cuyos efectos nos hacen vivir la situación que nos acosa, no rinda tampoco homenajes junto "AL NEGRO" actual patrón de EE.UU. a "monumentos a los fascineroso" levantados por el "difunto tuerto" y su benemérita esposa.