martes, 10 de enero de 2017

EL JUDIO INTERNACIONAL-Por Henry Ford- CAPITULO XVI-INFLUENCIA DE LA CUESTION JUDIA SOBRE LA AGRICULTURA

A partir del LUNES 2 de ENERO de 2017, nos hemos propuesto realizar la  republicación de la obra escrita por Henry Ford "EL JUDIO INTERNACIONAL" con las dos partes que la integran, colgándola al blog en espacios 0,30 a 12.30 horas durante el trancurso de diez dias y continuado con idéntico método  hasta su fin. Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
EL JUDIO INTERNACIONAL 
CAPITULO XVI
INFLUENCIA DE LA CUESTION JUDIA SOBRE LA AGRICULTURA  


La usura ejercida por los judíos con los solares es conocida por todo el mundo; pero no es en absoluto su único programa "territorial". A raíz de la especulación hebrea con la propiedad inmueble, modificóse fundamentalmente el carácter de muchas poblaciones norteamericanas en estos últimos quince años, y en algunas ciudades del Oeste se llego a la comprobación que la reciente alza usuraria de los alquileres fue obra en gran parte de los propietarios judíos. 
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El gobernador de uno de nuestros más importantes Estados se opuso a un proyectado decreto para la regulación de los alquileres. Fue apoyada su resistencia por una presión sumamente intensa que ejercióse sobre él por los más poderosos intereses hebreos, tanto de su propio distrito como de los Estados vecinos. Pero finalmente se decidió a firmar y ordenar la ejecución del decreto, y esto sobre la base de sus personales investigaciones y otras efectuadas por sus colaboradores. En centenares de casos se comprobó la práctica general entre los propietarios israelitas de traspasar la respectiva propiedad sucesivamente a todos los miembros de la familia, originando cada traspaso una correspondiente alza de los alquileres. Los ojos del público se van abriendo, en lo referente a la cuestión judía, de manera diferente. El caso citado torno vidente a un gobernador de Estado.
Empero, no constituye esto una particularidad exclusiva de los propietarios judíos, sino que también propietarios no-judíos recurrieron a la misma artimaña. Pero la propiedad de fincas constituye en realidad un dominio judío. El judío es el verdadero propietario del suelo norteamericano. Esto podrían confirmarlo todos los aparceros e inquilinos de casas de Estados Unidos, con excepción del Oeste. Indudablemente que la propiedad de fincas propiamente dicha no es reprochable en tanto no se manifestó en un sentido antisocial o antinorteamericano. Pero es aquí donde radica el mal. Muchos de los más antiguos y sagrados lugares del americanismo, situados en el Este del país, perdieron totalmente su carácter original por la invasión, no de "extranjeros", sino de judíos.
Cuanto más en detalle vamos conociendo esta invasión, mas debemos desconfiar de las cifras que los hebreos publican sobre la población judía en los Estados Unidos.
¿ Q uién sabía , hasta hoy que la única nacion alidada la que el gobierno de los Estados Unidos no puede dirigir preguntas sobre estadísticas de inmigración ni de ingresos, es la judía? ,
Cuando declara una nación (como lo hace la judía), que no constituye una nación propiamente dicha, ni tiene estadísticas nacionales propias que, a pedido pudiera ponerse a disposición del gobierno del país en que vive, ¿por qué, entonces, se trata a si mismo como nación distinta y lleva registros propios?
Los judíos de los Estados Unidos, tal como los residentes en todos los Estados europeos, constituyen en realidad una nación propia, con su propio gobierno, su propia política y su propia diplomacia reconocida. Y el gobierno de los Estados Unidos se relaciona con el gobierno judío en Norteamérica por intermedio de judíos elegidos. Sobre este punto no puede existir ninguna duda.
Un somero estudio de la rápida modificación de ciudades yanquis en todas las latitudes del país, lleva al convencimiento de que las estadísticas formadas por judíos y destinadas a la información de los no-judíos, desfiguran completamente los hechos. Aumenta la convicción al saber que las estadísticas hebreas destinadas a su propio uso difieren considerablemente de las destinadas al uso del resto de la humanidad.
La predilección de los hebreos por la propiedad inmueble tiene su explicación en la tendencia judía a la especulación en gran escala, por vergonzoso y despreciable que esto sea. No puede reprobarse al judío por hacerse propietario de fincas, ni por lo que llegue a ser el propietario más importante; tampoco debemos condenarle mas acerbamente que a sus cómplices no judíos por haber hecho abuso criminal de este negocio. Pero constituye en cambio, un punto genuinamente norteamericano, evitar que las ciudades, que se les enseña a nuestra juventud como cuna de nuestra libertad y baluarte del americanismo, se transformen financiera y políticamente en ciudades semitas, ni en focos del bolcheviquismo mundial.
Hasta hace poco tiempo, el judío de Norteamérica, no se preocupo del territorio rural, lo cual es característico en él, ya que el hebreo no es agricultor por naturaleza. Importantes sumas se invirtieron para educarle y encariñarle con la agricultura, pero el trabajo productivo nunca agradó al judío, ni hoy le interesa. Estima únicamente aquella propiedad que encierra oro en sus minas, o que devenga rentas. Un terreno productor de papas o cereales, nunca tiene atractivos para el judío.
Cierto es que en países como Polonia o Rumania la cuestión rural identificóse casi siempre con la cuestión judía: mas ninguna ley restrictiva contra la compra de terrenos por semitas fue capaz de impedir la inicua explotación de provincias enteras por usureros judíos. Y no es precisamente la predilección de los hebreos por el arriendo de fincas, sino que también prefirieron subarrendarlas a los demás. Con tapujos y por intermedio de testaferros no-judíos supieron siempre adueñarse del país, dominando en esa forma a los habitantes, y creando las condiciones de vida que a ellos les conviniera sin escrúpulo alguno. Es este, entonces, el verdadero aspecto de la cuestión judía en aquellos países. La compra de terrenos no comporta para ellos cultivar la tierra, sino que constituye un medio para adueñarse de la principal fuente de riqueza en los países preferentemente agrícolas, y de apartar subrepticiamente a la masa popular a sus dueños naturales.
En naciones donde existe una aristocracia espiritual innata, en la que reconoce sus conductores, la masa popular, persiguió siempre el plan judío la doble finalidad de eliminar la jefatura, adueñándose de la propiedad rural. Esto por un lado tiene sus ventajas, pero al estudiar a fondo la ejecución de este plan, se comprende que aparecen también otras ventajas, aparte de la del simple lucro. Lo mas refinado en todo el plan judío para el predominio mundial, consiste en que la ejecución de dicho plan no requiere sacrificios, como ocurre en la realización de otros grandes proyectos, sino que este plan, en cada una de sus fases, va aportando al propio tiempo grandes ganancias a sus ejecutores; tan es así, que cuanto mayor es la utilidad que se va obteniendo, tanto mas seguro aparece el éxito final.
Cuando la conquista del país norteamericano, no existía aquí una aristocracia para eliminar. La actividad hebrea se limito, pues, hasta poco ha, al "control" de los productos rurales después de su recolección. Los intereses hebreos, por así decirlo, se dirigen no a la caza de los animales, sino al intercambio comercial de sus pieles.
Y hablando de peletería, es gracioso observar a veces como tiene lugar las cosas. Durante la guerra se protesto mucho por la preponderancia alemana en nuestro comercio de pieles. Cierto es que todo este ramo comercial fue dominado siempre desde Alemania: pero no por alemanes, sino por judíos. Se realizaron grandes esfuerzos para reconquistar todo este ramo comercial "alemán", para expropiarlo, y trasferirlo a propiedad "norteamericana". Pero los norteamericanos que adquirieron estas propiedades fueron también judíos. Vale decir que la propiedad en si no cambio en nada, sino que los beneficios, antes como después, fueron a dar a los bolsillos de los "internacionales".
Pero la peletería no es más que un ejemplo típico. El interés hebreo jamás va dirigido a cosechar el trigo, sino a comerciar con ese cereal. Lo que en los Estados Unidos es de perentoria necesidad, es un "Índice de financistas judíos", para que el público pueda consultarlo y establecer procedencias al enterarse de la noticia de que fulano de tal ordenó un cierre de venta de cereales, o provoco la formación de colas ante las tahonas. Estos financistas, que se apoderaron de los bienes producidos por norteamericanos, y que después obligan al consumidor norteamericano a pagar, pagar, y otra vez pagar, han podido desarrollar su infame piratería a la luz del día, gracias a la absoluta ceguera del público yanqui, pendiente de los relatos en sus diarios. Porque si bien nuestros diarios expresan buenamente que este o aquel de dichos piratas es italiano, o polaco, o inglés, jamás, en cambio, dirán que es judío. En cada población, grande o chica, existe una organización hebrea al efecto de evitar tales publicidades, y esto llega a lograrse por medios tan violentos, que al ideal
norteamericano de libertad le van cavando la sepultura.
Se limito el plan en Norteamérica, hasta hace poco tiempo a acaparar las mercaderías entre el productor y el consumidor, precisamente en aquel punto donde se le podía extraer la mayor ganancia posible, dominándolas así en absoluto. Pago el pueblo su dinero, no por un servicio útil y necesario, sino exclusivamente por el secuestro realizado astutamente por los intermediarios.
Apareció en Norteamérica otra nueva rama comercial. El oro judío se invierte en la compra de enormes extensiones de terrenos norteamericanos. Otrora se conforman con el "control" del algodón, como también lo ejercen sobre el pan nuestro de cada día, pero recientemente se manifiesta la intención de comprar terrenos algodoneros. Se ocultan estas operaciones muy cuidadosamente, utilizándose casi siempre en ellas testaferros no-judíos; pero siguiendo todas las huellas borrosas, al fin se tropieza con el judío internacional, cuyo trono actualmente esta asentado en Londres.
Numerosos judíos escribieron a nuestro diario, el Dearborn Independent , que nada sabían acerca de estos planes tendientes a un predominio mundial de la raza hebrea. Consiste precisamente uno de los objetos de la presente publicación, dárselos a conocer. Pero es indudable que cada judío siente intima satisfacción por la marcha de su raza hacia la hegemonía mundial. Se basa el judío internacional sobre este sentimiento, y puesto que el mismo prevalece, en ello halla el plan internacional su mayor garantía de éxito, unido a un mínimo de riesgo. No es la democrática la forma innata del judaísmo constituido en Estado, sino la arbitrariedad autocrática . Cierto es que el hebreo individualmente ignora todo esto, más ¿por qué se enoja con la persona que se lo dice? El judío que intencionadamente no cierra los ojos ante las razones expuestas en esta obra, hallara en su fuero intimo las suficientes aprobaciones a lo aquí dicho, estando así mejor que nadie en condiciones de colaborar en la solución de la cuestión judía.
Admirando verdaderamente el concepto de responsabilidad periodística, que documentan ciertas personas, leímos la reproducción de algunos de nuestros capítulos. So pretexto de traducciones, y especialmente en una lengua mezcla de hebreo y alemán, se repartieron profusamente entre los judíos que no dominan el inglés, reproducciones de nuestra obra, que no solamente no coinciden absolutamente en nada con el original, sino que hasta contienen capítulos enteros que jamás aparecieron en nuestra obra. ¿Temen acaso estos traductores, que el judío común se entere de la verdad expuesta en nuestra obra? Todas aquellas personas que ansían realmente una solución de la cuestión judía en Norteamérica, no tiene pues, mas deseo que cada judío de los Estados Unidos conozca detallada y cabalmente nuestra labor de publicistas, pues hace ya bastante tiempo que el pueblo hebreo es miserablemente engañado por sus dirigentes.
Conste, entonces, que existe una tendencia neta y ya bastante adelantada de reunir la propiedad de los terrenos algodoneros norteamericanos en manos hebreas. Consistió el primer paso hacia este fin, en hacer bajar hasta su extremo posible el precio de dichos terrenos. Fue ejercida la presión necesaria por ciertos Bancos, que limitaron paulatinamente los créditos solicitados por los cultivadores de algodón. Se les manifestó que si ampliaban la extensión de los cultivos se les cortaría todo crédito. El objeto fue que disminuyeran los precios de los terrenos, en tanto que, al mismo tiempo, aumentaba el del algodón. El beneficio de esta doble operación no lo recaudaban, claro esta, los algodoneros, sino aquellos que manejaban el algodón desde su recolección hasta el ultimo consumidor. La renta del cultivo del algodón disminuyo, mientras que la especulación con los productos se tornó mucho más lucrativa. El gran público vióse precisado a pagar el dinero necesario, con el que los amos del mercado internacional pudieron adquirir los terrenos del cultivo. Al fin de cuentas, resulto más ventajoso que los cultivadores vender los terrenos algodoneros , y no el algodón.
Demos preferente atención a esta venta de terrenos algodoneros. Los financistas hebreos de
Londres y Nueva York están perfectamente enterados, aunque los periodistas y rabinos judíos nada sepan de ello. Algunos comerciantes conocieron perfectamente este desarrollo, y otros, arrastrados por la fuerza de los acontecimientos, tuvieron que prestarle su ayuda; mas sin que pudieran darse cuenta de su importancia. Hace muy poco tiempo que se les abrieron los ojos a los comerciantes norteamericanos no-judíos de mayor importancia en lo referente al sentido interior de ciertas corrientes. Fue la guerra lo que favoreció mucho esta comprensión.
Esos raros documentos llamados "Protocolos", con su firme intento de sujeción de todos los elementos vitales, tampoco omiten lo que se refiere al suelo. El programa esta contenido en el 6º Protocolo, uno de los más breves, y que aquí reproduciremos integro, a fin de comprobar su relación con lo dicho anteriormente.
Dice el sexto Protocolo:
"Iniciaremos pronto la fundación de potentes monopolios, formidables recipientes de riquezas, de los que hasta dependerán en cierto grado las mayores fortunas de los infieles, de modo que todas ellas, al siguiente día de la catástrofe política, hundiránse tan irremisiblemente como lo hará el crédito del Estado. Los economistas presentes deben comprender a fondo la gran importancia de este plan. Por todos los medios encarecemos convenientemente la importancia de nuestro súper- gobierno, mostrándole como protector y bienhechor de todos cuantos se nos subordinan voluntariamente.
"Está eliminada la aristocracia de los infieles, como la potencia política. No es preciso contar con ella. Mas en su condición de terratenientes nos son en cierto grado molestos , por cuanto así quedan independientes de nosotros en su vida material. Por ello es preciso que les arrebatemos sus propiedades . Consiste el mejor medio para ello en el aumento de las contribuciones, o en el de las cargas hipotecarias. Tales medidas convertirán irremisiblemente a los terratenientes en dependientes nuestros. Imposibilidades de mantener su vida de lujo con herencias demasiado reducidas, muy pronto desaparecerá y por completo, la aristocracia de los infieles. "Al propio tiempo deberán favorecerse enérgicamente el comercio y la industria, y en particular la especulación, como ocupación que contrarresta a la industria independiente. Sin la especulación, recibiría la industria un aumento del capital privado , y p o r lo t a n o , m e j o r a ría la sit u a ció n d e la agricultura en forma que la propiedad inmueble se libre del yugo de los bancos hipotecarios . En cambio, la industria deberá absorber de la tierra llana, no solo los operarios, sino el capital que, unido a la especulación , juntara el capital del mundo entero en nuestras manos , y así todos los infieles volverán a hundirse en el proletariado mundial . Tendrán entonces que inclinarse ante nosotros si quieren seguir viviendo.
"A fin de destruir entre los infieles toda vida comercial sana, deberemos despertar en ellos la sed de toda clase de lujos para llevarles a la especulación. Conseguiremos mediante la violencia si es necesario, aumento de jornales; pero estos no bene iciaran a los infieles, porque al mismo tiempo provocaremos un alza de precios para todas las necesidades de la vida, con el pretexto de que esto es consecuencia de una crisis de la agricultura y la ganadería . Socavaremos, además, artificiosa y hondamente las raíces de toda labor productiva, contribuyendo a la propagación de ideas anarquizantes entre los trabajadores propios e incitándoles al abuso del alcohol. Al propio tiempo haremos que desaparezcan del país las "inteligencias" entre los infieles.
"Para que la verdadera situación no se descubra antes de tiempo por los infieles, la disfrazaremos con aparentes esfuerzos en favor de las clases obreras, provocando clamorosas contiendas entre distintos principios, por las que nuestros economistas teóricos desplegaran activísima propaganda".
Pero no queda con esto agotado el programa, sino que va mucho más lejos. El judaísmo incluso tolerara a monarcas, siempre que pueda sacar provecho de ellos. Es probable que el ultimo de los tronos que caiga sea el inglés, porque si por un lado, el sentir inglés se considera muy honrado al servir de protector del judaísmo participando en esa forma de las ventajas que de ello se derivan, representa, según criterio hebreo, una ventaja en extremo importante, poder utilizar tal potencia mundial para sus objetivos particulares. Un clavo saca otro clavo, y durara exactamente esta sociedad limitada hasta que el israelita decida lanzar a la Gran Bretaña a la ruina, lo cual es posible en cualquier momento. Aparecen indicios de que el judaísmo esta próximo a emprender esa tarea.
Consisten los elementos perdurables y fundamentales de los Protocolos, en acaparar la propiedad inmueble, tanto judía como no-judía. Es preciso explicar en breves palabras el aserto de que pueblos no-judíos pertenezcan a los elementos perdurables dentro del plan hebreo. Según los Protocolos, no existe la tendencia de extirpar a los no-judíos, ni la de poblar el mundo entero solo con judíos, sino que, por el contrario, los israelitas anhelan un mundo habitado por no judíos, pero dominado por judíos, siendo estos dueños absolutos, y los no-judíos sus leñadores y aguadores. Es esta una ideología política que cualquier lector del Antiguo Testamento reconocerá como típicamente judía, porque volvió siempre a ser la causa de la ira de Dios sobre Israel.
Observemos un poco más el programa de las tierras. "Los terratenientes no son molestos hasta cierto punto, porque son independientes en su vida material". Es esta una tesis esencial en los Protocolos. No le hace que los propietarios sean aristocracia no-judía, o campesinos polacos, o rancheros yanquis. La terratenencia es lo que les torna independientes. Toda índole de independencia reduce un poco la realización del plan mundial judío, que en todo el mundo real va aproximándose ampliamente a su fin victorioso.
No es sobre la población rústica, ni sobre los habitantes de terreno llano, ni sobre los aparceros, ni campesinos, sino sobre los terratenientes que se llama la atención, y especialmente sobre esta clase porque es independiente en su existencia material . Resulta ahora que en la Historia de los Estados Unidos nunca ha existido una época en que el ranchero le hubiese sido más fácil lograr la propiedad de sus terrenos. Casi no se conocen ni de nombre las hipotecas. Por doquier se oye decir que los dueños de "ranchos" son "riquísimos". Y, sin embargo, ¡jamás ha habido tantas haciendas abandonadas! "Por esto deberemos substraerles, sea como sea, a su propiedad". Pero, ¿cómo? "El mejor medio para lograrlo son los impuestos y las deudas hipotecarias". Esto son los elevados recargos impositivos sobre la compra de terrenos, y la necesidad de obtener créditos hipotecarios para cultivar el suelo. "Estas medidas tornaran a la propiedad fatalmente dependiente". Escuchemos por boca de los norteamericanos si este desarrollo se va advirtiendo o no. Luego, demostraremos también que, al tratar de procurar dinero a módico interés a los hacendados, o aliviarles la carga hipotecaria, aparece insensiblemente la influencia financiera hebrea para evitarlo, o, donde esto no se lograse del todo, para dificultar la obra en lo posible.
Mediante el aumento de las dificultades financieras para los hacendados por un lado, y con la fuerza atractiva de la industria por el otro, ya se ha alcanzado gran parte del plan judío. Los Protocolos expresan esto de la siguiente manera: "Deberá la industria absorber la tierra llana, no solo los obreros, sino también el capital". ¿Se logro esto? En los Estados Unidos, si. Al hacendado le es más fácil que a nadie conseguir dinero, y en cambio al productor llega a serle completamente imposible obtenerlo. ¿Cuál es el resultado de estas dos influencias, una de las cuales ejerce su presión sobre la agricultura y la otra sobre las ciudades? Precisamente el ansiado por los Protocolos, o sea: jornales aumentados; pero que involucra menor fuerza adquisitiva. "Al propio tiempo, ocasionar un alza de precios para todas las necesidades de la vida, bajo el pretexto de que esto fuera consecuencia de crisis de la agricultura y de la ganadería".
El hebreo que redacto estos Protocolos hubo de ser, en verdad, un financista, economista y filosofo de primer orden, pues domino en absoluto su cometido. Las manifestaciones hebreas en la vida comercial demuestran que el querer y el poder van juntos. ¡Con que admirable eficacia se desarrollo este sexto Protocolo a la vista de todos los que quisieron ver, y sigue aun manifestándose en nuestra vida!
Los hacendados de Estados Unidos habían empezado en una forma eficacísima a ser independientes de las potencias financieras. Su gran ventaja consiste precisamente en que el hacendero, siendo terrateniente, permanece independiente en su vida material. El suelo le alimenta, sin importarle que ello agrade o no a aquellas potencias financieras. Su posición es inatacable, en tanto luzca el sol y cambien las estaciones del año. Por eso, algo debió ocurrir que alterara tal floreciente independencia. Se le crearon a este objeto mayores dificultades que a nadie al solicitar créditos, si no estaban apoyados por una garantía hipotecaria. Los obreros fueron seducidos para que abandonaran la tierra y se congregaran en las ciudades. A la agricultura se la llamo "atrasada" y "egoísta", de modo que los hijos de los agricultores se avergonzaran del trabajo de sus padres. Los sindicatos cerealistas que trabajan en contra del interés de los productores, funcionan bajo la directiva de hebreos. Al comparar lo que actualmente va ocurriendo en la agricultura con lo que a este respecto se halla escrito en los Protocolos hebreos, parece que para el hacendado norteamericano ya va siendo tiempo de ocuparse de estos problemas.
Quien trata de explicar seriamente la cuestión judía a otras personas no-judías, oye decir a menudo que la amplitud de la conspiración esbozada en los Protocolos es tan enorme, que perturba la mentalidad no-judía. Los no-judíos carecen de las cualidades necesarias para conspirar. No se halla en situación de proseguir larga y constantemente el hilo rojo aun a través de situaciones dificultosas y embrolladas. La sistemática complejidad de los Protocolos judíos fatiga el espíritu de los no-judíos . Precisamente esta circunstancia, y mucho más la osada del plan, envuelve en gran peligro de que el programa llegue finalmente a realizarse. La lentitud psíquica de los no -judíos , es el más poderoso aliado del plan mundial hebreo .
Si el no-judío hace muchas veces algo por una razón, el judío, en cambio, hace a menudo algo por resocuaro razones. Puede el no-judío, en último caso, comprender por que los financieros judíos pretenden adueñarse de la propiedad rural, para evitar así una indemnización de la agricultura, que puede serles molesta. Esta razón es evidente. Pero existe una segunda. Se la halla en el Protocolo 12, y tiende nada menos que a enfrentar en la gran lucha futura la tierra llana y las ciudades. Absoluta dominación de las ciudades por medio de la palanca industrial, y de la tierra llana mediante la del crédito hipotecario. Así, el dirigente oculto tiene la doble facultad de decir a la tierra llana que las ciudades tienen estas o aquellas pretensiones injustas, o de irritar al ciudadano contra el campesino, en quien se acumulan injusticias de cualquier índole. De esta manera se rompe el lazo natural que existe entre el campo y la ciudad, y se alzan mutuamente el uno contra la otra.
Adviértase la claridad y la osadía, y al mismo tiempo la fría seguridad con que ha sido ideado todo este plan. "Alcanzan a mucho nuestros cálculos, particularmente en los distritos rurales. Deberemos despertar allí tales intereses y anhelos, que se dirijan contra la gente de las ciudades, denunciando aquellos, en cambio, a los ciudadanos de tendencias ambiciosas para tornar independientes las provincias de las ciudades. Resulta evidente que la fuente de todo ello es una y la misma: radica en nosotros. Antes de haber logrado la plenitud del poder deberemos dirigir las cosas de tal modo, que de vez en cuando se sometan las ciudades a la influencia de los distritos rurales, lo que quiere decir, naturalmente, de los agentes que tenemos allí".
Se nos presenta aquí un ejemplo típico. Se subleva arteramente la provincia contra la ciudad, para que al fin de cuentas, los conspiradores vean cual de las dos es más apta para cooperar definitivamente en la realización del programa judío. En Rusia se realizan ambas pruebas. El viejo régimen, que todavía domina en las ciudades, fue inducido a deponer sus poderes, con el pretexto que los campesinos así lo querían. Cuando los comunistas tuvieron las ciudades en su poder se sojuzgo a los aldeanos con el pretexto que esta era la voluntad de las ciudades. Primero escucharon las ciudades la voz de las provincias, y ahora la provincia obedece ciegamente a la de
aquellas.
Quien tropiece con un intento de enemistar las ciudades con la tierra llana, recuerda el párrafo citado del Protocolo 12. El veneno va causando sus efectos. ¿No se nos dice que la prohibición fue otorgada a la fuerza a los distritos rurales del Oeste? ¿No oímos decir en todas partes que la carestía de la vida solo tiene su origen en las extravagantes ganancias de los agricultores? Ganancias, claro esta, que jamás hicieron.
Una grieta tal vez fatal podría abrirse en todo este plan judío, en el momento que las gentes de la ciudad y del campo trataran de acercarse mutuamente; pero no por intermedio de personas que se ofrecen personalmente para ello, sino directamente. Campo y ciudad, por culpa de equivocaciones artificiosamente creadas, divergen el uno contra la otra y del abismo que se va ahondando cada vez mas, destaca la negra sombra del plan mundial judío.
¡Ojalá mire el labrado por encima de los testaferros no judíos de su pueblo y por encima de los centros del mercado, fijando claramente su vista en el verdadero autor de esta discordia, que se halla oculto en las tinieblas!