miércoles, 15 de febrero de 2017

2DA.PARTE-EL JUDIO INTERNACIONAL-Por Henry Ford. 2º PARTE: CAPITULOS 2 Y 3- 2¿FORMAN LOS JUDIOS UNA NACION? Y 3 JUDIOS CONTRA NO-JUDIOS EN LA ALTA FINANZA DE NUEVA YORK

A partir del LUNES 2 de ENERO de 2017, nos hemos propuesto realizar la  republicación de la obra escrita por Henry Ford "EL JUDIO INTERNACIONAL" con las dos partes que la integran, colgándola al blog en espacios 0,30 a 12.30 horas durante el trancurso de diez dias y continuado con idéntico método  hasta su fin. Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
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¿FORMAN LOS JUDIOS UNA NACION? 
3º JUDIOS CONTRA NO-JUDIOS EN LA ALTA FINANZA DE NUEVA YORK  

II ¿FORMAN LOS JUDIOS UNA NACION? 
Lo juicios que se citan a continuación, ofrecerán una explicación de lo que piensan los mismo judíos acerca de su raza, religión y ciudadanía. De ello resultara que difieren estos juicios esencialmente de las teorías y doctrinas sugeridas por lo general a los no-judíos sobre el asunto. 
Dice el rabino londinense Josef Morris: "Israel forma una gran nación... Ninguna secta, ni comunidad religiosa, tendrá derecho a llevar tal nombre. Negar la nacionalidad hebrea equivaldría a negar la existencia de los hebreos. (De la obra srael, una nación ). 


Opina Arthur Lewis: "Al expresar ciertos judíos, que se consideran a si mismos una secta religiosa, igual que los católicos o protestantes, no definen exactamente ni sus sentimientos, ni su propia posición... Cuando un hebreo admite el bautizo, o sinceramente se convierte al cristianismo - lo que no es necesariamente la misma cosa ( ¡! ), - pocos habrá que, a partir de ese momento no dejen de considerarle judío. Su sangre, su temperamento y su "psiquis" siguen incólumes". (De la obra Los judíos, una nación ). 
Manifiesta el abogado Beltram B. Benas: "Lo esencial del hebreo es ser nacionalista a base de su raza". (De la obra El Sionismo, movimiento nacional hebreo ). 
Dice León Simón: "La idea de que los judíos forman una secta religiosa, tal como los católicos o protestantes, es un absurdo. (De la obra E s t u dio s s o b e el n a cio n alis m o j u dío ).
 Expresa el catedrático Graetz que la Historia de los hebreos, luego de haber perdido estos su Estado judío, "demuestra siempre su carácter nacional, no siendo jamás solo la Historia judaica la de su Fe o de su Iglesia". 
Según Moisés Hess: "Religión hebrea significa, ante todo, patriotismo hebreo... Radica la solución del problema en el hecho de que los hebreos son más que creyentes de determinada religión, son y forman una hermandad de raza, una nación... Todo hebreo pertenece a su raza, y por ende al judaísmo, no importando nada que el o sus antepasados hayan renegado de su fe religiosa". (De Roma y Jerusalén ). 
Estos autores, cuyo número entre antiguos y modernos, podrá aumentar ad libitum , aun cuando no niegan la comunidad religiosa hebrea, sostienen al propio tiempo, que cada judío, quiéralo o no, es miembro de una nación determinada. Otros van más allá y hablan de la coherencia racial. El concepto "raza" es empleado sin restricción por los más destacados autores, mientras otros se conforman con el concepto de "nación" y "pueblo". La opinión general hebrea es que los judíos constituyen un pueblo particular, distinto de los demás, por determinados síntomas característicos físicos y espirituales, poseyendo no solo historia nacional propia, sino también vida propia y pretensiones nacionales. 
En los juicios que siguen se manifestara unidad entre raza y nacionalidad, tal como los precedentes la evidenciaron entre religión y nacionalidad. 
Brandeis, jefe sionista en los Estados Unidos, dice: "No significa nada en contra del hecho de la nacionalidad, sostener que los hebreos no son una raza absolutamente pura. En el transcurso de los tres milenios de nuestro desarrollo histórico, es lógico que se haya mezclado sangre extraña con la nuestra. Esos matrimonios con no-judíos solo tuvieron por resultado el desligar a muchos de la comunidad judía, pero no el de aumentar esta. Por esta razón, aparece insignificante la proporción de sangre ajena en el judaísmo. Probablemente, ninguna raza europea es mas pura que la nuestra". 
Dice Arthur Lewis: "Los hebreos, desde un principio, fueron una nación; pero poseen, mas que la mayoría de las naciones, el elemento de nacionalidad de mayor importancia, que es el de la raza... Se conocerá siempre con mas facilidad su judaísmo en un judío, que en un inglés su anglicismo". 
Expresa Moisés Hess: "Es imposible deformar la nariz judía; el cabello negro rizado no se convierte en rubio por el bautizo, ni sus rizos desaparecen por mucho que se peinen. La raza hebrea es una raza primitiva que, pese al cambio constante de residencia, persevero siempre en su peculiaridad; el tipo hebreo mantuvo su pureza a través de los siglos". 
Jessy E. Sampter, dice en su obra Guía del Sionismo : "Esta carga sobrellevose con mucha honra, en parte, gracias a la excelente jefatura de hombres como Brandeis, W. Mark, el rabino Steph, S. Wise, merced, por otra parte, al gigantesco trabajo realizado por los sionistas, orgullosos de su glorioso pasado, como Jacobo de Haas, Luis Lipsky, Henriette Szold, y, finalmente, por el brillante despertar de la raza en la ma sa del judaísmo norteamericano ". 
Disraelí, en su breve prefacio a la quinta edición de su obra Coningsby , usa cuatro veces la palabra "raza" al hablar de los hebreos, demostrando siempre su orgullo por ser "judío de raza" no obstante haber sido bautizado. 
Manifiesta el Dr. Ciro Adler, en el prefacio de la Enciclopedia judía: "Como esta obra trata de los hebreos como raza, nos resulto imposible excluir de ella a aquellos que sin menoscabo de su confesión, siguen perteneciendo al judaísmo".
 Estos hechos no admiten duda respecto a la duplicidad de los jefes políticos hebreos, que en vez de admitir llanamente el problema judío, tenazmente se aferran a los medios de engañar sistemáticamente al mundo no-judío. 
Podrían aducir los judíos reformistas, que la mayoría de los autores citados pertenecen al sionismo. Es posible y hasta resulta verosímil, que existan dos programas diferentes en el judaísmo; uno destinado a los judíos, y otro a los no-judíos. Para saber cual de ellos es el verdadero, tendría que comprobarse cual es que se realiza, y este es el sionista. Fue primero reconocido por los aliados, después por la Conferencia de Paz, y hoy por la Sociedad de las Naciones. No hubiera esto ocurrido, si los gobiernos no estuvieran persuadidos de obedecer así mejor y lo más exactamente las órdenes de los verdaderos jefes de Israel. Y son estos los que propugnan la originalidad de los hebreos como raza y nación. 
La idea de que los judíos integren una nación perteneciente al pasado, sino del porvenir. No solo se consideran una nación como las demás, sino que llegan a suponerse una Supernación. A base de irrevocables testimonios judíos se puede avanzar otro paso sosteniendo que la forma futura de la nación hebrea será de la de un reino. 
Comprueba históricamente Israel Friedlander la separación de raza y nacionalidad de los hebreos desde los tiempos más remotos, para lo cual menciona dos ejemplos de la Historia. 
Cita primero a los samaritanos, que "según su raza fueron semijudíos que pretendieron ser hebreos puros por medios de la religión"; mas fueron rechazados por los judíos, "que decidieron conservar la pureza de su raza". Es el segundo ejemplo citado, según el libro de Esra, la exigencia del árbol genealógico, y de la anulación de los matrimonios mixtos. Dice Friedlander, que en los tiempos posbíblicos "esta separación de la raza hebrea acentuóse en mucho mayor grado". La conversión al judaísmo "nunca fue, como acaeció en otras comunidades religiosas, solo cuestión de fe. Muy raras veces se hicieron prosélitos. Cuando, en último caso, fueron admitidos, siempre fue bajo la condición expresa de que abandonaban con ello el derecho a ser judíos de raza. 
"Para la moderna investigación baste decir que los hebreos siempre se sintieron una raza particular, estrictamente distinta del resto de la humanidad. Quien de entre ellos niegue la originalidad de la raza hebrea en su pasado, ignora los hechos de la Historia judía, o intencionadamente la supone falsa". 
Al futuro poderío político hebreo refirióse Moisés Hess al decir -¡en 1862!- en Roma y Jerusalén: "Ninguna nación debería permanecer indiferente ante el hecho de que en las futuras luchas europeas no puede el judaísmo tener nación alguna por amiga o enemiga". 
Si Manuel Montagu, hebreo inglés, gobernador de la Palestina, utiliza a menudo el concepto de "restauración del reino judío". 
Ajad Ha-Am, que propugno siempre la idea nacional judía, tal como de antiguo existió, y cuya influencia no es posible menospreciar, aunque su nombre sea escasamente conocido entre los no- judíos, mantiene su ahínco la extravagante posición de ver en los hebreos la "supernación". Reproduce fielmente León Simón la opinión del gran maestro: "En tanto que al modo de pensar hebreo le es perfectamente familiar la idea del superhombre, no lo es, en cambio, su aplicación general al individuo en particular, sino mas bien a la nacional, o sea al pueblo de Israel como supernación, como pueblo predilecto". 
Dice Moisés Hess: "En las naciones fronterizas entre Oriente y Occidente, en Rusia, Polonia, Prusia y Austria viven millones de nuestros hermanos que ansían fervorosamente la restauración del reino
judío, rezando por el apasionadamente en sus preces diarias". 
En conocimiento de todos estos juicios de los mas opuestos autores, emitidos en muy diversas épocas, no puede caber la mínima duda sobre y como piensan de si mismos. El hebreo siéntese súbdito de un pueblo, con el cual se sabe unido por lazos de sangre, que no pueden romperse por cambio alguno de dogma religioso; siéntese heredero del pasado de su pueblo y se sabe un combatiente para el glorioso porvenir político del mismo. El hebreo pertenece a una raza y a una nación, para las que ansia un reino terrenal, que domine por encima de todas la demás naciones, y tenga a Jerusalén por capital del mundo. 
El punto flaco para los pueblos civilizados es el reproche de los prejuicios religiosos judíos. En nítida exposición de este hecho psicológico, anteponen los jefes hebreos siempre marcadamente este punto al dirigirse a las naciones no-judías. Servirá entonces a los espíritus ignorantes saber que los jefes mismos del hebraísmo confiesan francamente que las preocupaciones de los judíos no tiene jamás su origen en su religión, y que si se les persigue no es debido a su religión. El intento de cubrir a los hebreos con el escudo de su religión, resulta ante estas pruebas y ante sus propias confesiones un acto de mala fe. 
Pero aun cuando careciéramos de estos testimonios documentales de origen judío, nos restaría una prueba irrefutable a favor de la mancomunidad nacional y de raza de los judíos, que es la infalible responsabilidad mutua de todos por cada uno y que se evidencia en todas las ocasiones...Critiquese a fondo a los capitalistas hebreos, y protestaran hasta los hebreos de las clases mas pobres. Menciónese a Rothschild, y hasta el judío revolucionario del ghetto considerara la crítica una ofensa personal, protestando vivamente contra ella. Dígase que un funcionario público judío abusa de sus facultades en beneficio de sus "compatriotas" y en perjuicio de la oposición acudirán en su defensa. Quizás la mayor parte de ellos perdieron ya la relación con los preceptos dogmáticos y del culto de su religión, más con su coherencia nacional y su identidad racial, demuestran prácticamente cual es su religión verdadera. 

III JUDIOS CONTRA NO-JUDIOS EN LA ALTA FINANZA DE NUEVA YORK 
En los Estados Unidos el problema judío es puramente de carácter ciudadano y no agrario. Es característica de los hebreos no concurrir allí donde haya tierras libres, o donde se produzcan materias primas, sino siempre donde convivan más estrechamente las masas populares. Adquiere este hecho especial importancia ante el eterno clamoreo judío, de que sean proscritos en todas partes. Ello, no obstante se encuentran siempre y especialmente en aquellos lugares donde resultan menos bien recibidos. La explicación más común de ello es que concuerda con su carácter de vivir de y sobre otras personas, no de la tierra, no de la transformación de la materia prima en cosas útiles para la existencia humana, sino de su vecindario inmediato. Que otros laboren la tierra: el hebreo, donde pueda, vivirá del labriego. Que otros trajinen en industrias y oficios: el hebreo preferirá adueñarse de los frutos de su actividad. Esta inclinación parasitaria debe, entonces, formar parte de su esencia. 
En ninguna población norteamericana puede estudiarse con mayor éxito el problema hebreo, como en Nueva York. Viven aquí más judíos que en toda Palestina. El registro civil de la autoridad local hebrea ("Kahal") calcula el número de judíos allí residentes en más o menos 1.528.000 almas para 1917-1918. La comunidad hebrea que le sigue en importancia, o sea la de Varsovia, cuanto solo con 300 a 330.000 almas, o sea una quinta parte de la neoyorquina. Calculando el número total de hebreos del mundo en unos 15.000.000, resulta que una décima parte de la población israelita universal reside en Nueva York. 
Ejerce este grupo de población hebrea en Nueva York un poderío mucho mayor que el que ejerció
en ningún otro lugar durante toda la era cristiana, excepción hecha de Rusia actual. La revolución rusa se preparó y pertrechó desde Nueva York . El actual gobierno soviético se recluto casi íntegramente entre los elementos de los barrios bajos del Este de Nueva York. El ghetto neoyorquino traspaso desde hace largo tiempo los límites de estos barrios del Este un ghetto genuinamente judío. También son judíos el riquísimo Oeste y la parte céntrica de la ciudad, al norte del Parque Central, Brownsville, Brooklyn, representa una ciudad típicamente hebrea con s u p o pio idioma, diarios y teatros . r
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Salvo un gran bazar y algunas tiendas insignificantes, todos los negocios están en manos judías. Confecciones para caballeros y damas, ropas usadas, peletería, y todo el comercio de víveres, integran el gigantesco monopolio judío. La abogacía es de preferencia judía. De 27.000 puestos de diarios y revistas que facilitan la distribución de lectura al público, 25.000 están en manos judías. Únicamente los barrios del Este de la ciudad se elevan 300 sinagogas. 
Representa el "kahal" neoyorquino una organización poderosísima, no conociéndose con exactitud el numero de sus miembros. Podría llamársele el municipio judío. Instituyéndomele en 1908 a raíz de las averiguaciones del entonces jefe de policía, según las cuales reclutose de entre la población judía, integrada por unas 600.000 almas, mas de la mitad del numero total de criminales. Las autoridades del Estado se entienden con este "kahal" en todos los casos que conciernen al elemento judío. Su poder es vastísimo y su alcance ilimitado. 
Es general en nuestro país la creencia de que Tammany Hall domina la vida política de todo Nueva York. En cambio, lo que generalmente se ignora es que los judíos son los verdaderos amos de Tammany Hall. 
La posesión del poder no provoca reproches, sino que todo depende de la justa aplicación o del irritante abuso que de el se haga. No abusando, la posesión del poder hasta constituye un síntoma loable. Si los hebreos que viven en Nueva York se convirtieran en norteamericanos en lugar de esforzarse eternamente en falsear su americanismo; se ayudaran a fortificar los principios y sanas tradiciones del país, en lugar de alterar los primeros y eliminar las segundas, nuestro juicio acerca de los hebreos habría entonces de ser favorable. 
Para dejar constancia del grado de influencia judía, no debemos limitarnos al ghetto o a los barrios comerciales, sino que debe saberse que existen campos más vastos y más elevados para manifestarse. 
En Wall Street, donde se halla la Bolsa de Nueva York, el elemento hebreo es numeroso y predominante, tal como puede y debe esperarse de una raza, que desde los más remotos tiempos desempeño siempre un rol importantísimo en todos los asuntos financieros del mundo. No queremos decir con ello que en la vida financiera yanqui predomine en absoluto el elemento hebreo. En cierta época nos amenazo tal predominio, pero los financistas yanquis vigilaron a los financistas internacionales, anulando exitosamente sus planes. A veces pareció que la victoria se inclinaría hacia el lado judío; pero los intervalos de clama mostraron siempre que la finanza yanqui, aunque retrocediendo, mantuvo sus puestos. Así los Rothschild, como portaestandartes de la preponderancia financiera internacional, vieronse derrotados en suelo norteamericano. Empero, el recuerdo de su mano oculta en la Hacienda, la política y diplomacia norteamericanas perdura aun. Pero de nada les valieron sus sutilezas contra la solidez del espíritu comercial norteamericano, que no debe confundirse con el tan dudosamente famoso business de hoy, en el que participan millares de hebreos procedentes de todas partes del mundo, girando como norteamericanos genuinos, aunque muchas veces ni dominen siquiera nuestro idioma, sino que debe tenerse como presente el espíritu comercial yanqui tal como se presenta, en forma de una combinación de actividad y e s c r u p ulo sid a d v e r d a d e r a m e n t e n o r e a m e ric a n a s . Si hoy, en efecto, perdiose un poco el buen renombre de este espíritu comercial, es únicamente porque bajo el renombre de este espíritu
comercial, es únicamente porque bajo el nombre yanqui se manifestó ampliamente otro espíritu totalmente distinto. 
En el campo financiero neoyorquino se destaca netamente la finanza hebrea con sus casas de banca particulares, que contrariamente a los grandes trusts y bancos de depósito trabajan con su propio capital y el de sus consorcios y amigos. El comercio financiero judío se diferencia radicalmente del no judío en que los banqueros hebreos son preferentemente prestamistas. Cierto es que también admiten las emisiones de compañías ferroviarias, de empresas industriales, del gobierno y de los municipios; mas solo con el objeto de volverlas a vender inmediatamente. Todo tiende a lo más rápido en compraventa. El público adquiere esos títulos, y el banquero hebreo se reintegra en su dinero. Raro es que el hebreo tenga un interese constante en las empresas productivas, que apoya con dinero. En cambio, los banqueros no judíos suelen sentirse obligados a seguir en contacto con la empresa por ellos respaldada, para asegurar a los compradores y tenedores de los respectivos títulos una ordenada administración de sus fondos, erigiéndose en responsables de la buena marcha y prosperidad de las inversiones de su clientela. 
Pretende el banquero judío en primer lugar la constante fluctuación de su capital, teniendo así siempre dinero disponible, imprescindible condición para el gran prestamista. Al presentarse después las inevitables épocas de tensión financiera, extraerá tanto mas provecho de la ventaja de poseer en tales tiempos grandes cantidades disponibles. 
La casa bancaria judía indiscutiblemente predominante en Wall Street es la de Kuhn, Loeb y Cia., jefe principal de esta casa fue el extinto Jacobo Schiff, siendo consocios su hijo Mortimer, Otto H. Kahn, Paul M. Warburg y otros, que participan en forma predominante en la vida publica y en las grandes empresas financieras de nuestro país. Otras casa de banca privadas hebreas son las de Speyer y Cia., J. y W. Seligmann y Cia., Lazard Hermanos, Ladenburg, Thalman y Cia., Hallgarreb y Cia., Knaudt, Nachod y Kühne Goldmann, Sachs y Cia., y muchas otras de menor importancia. Gozan estas casas de intachable fama por su limpio proceder. Son banqueros prudentes, sagaces en sus empresas, y brillantes a veces en la preparación y realización de sus planes. 
El poder financiero de los hebreos de Wall Street, ejerce una preponderante influencia sobre la industria, ocupando en diversos mercados metalúrgicos una posición monopolizadora. Se encuentra en todas partes grandes y florecientes agencias de estos bancos judíos. Cuanto más se avanza en dirección hacia empresas puramente especulativas, tanto mas se acusa el elemento judío, especialmente en empresas societarias y en el negocio de valores petrolíferos y mineros. 
Llama la atención un detalle y es este el de que entre los presidentes de los grandes bancos de ahorro de Wall Street no existe ni uno solo judío. De todas estas enormes instituciones bancarias y de los enormes trusts, cuyo capital asciende a veces a 400 millones de dólares, y que en conjunto representan miles de millones de dólares, no hay ninguno que tenga un solo director o empleado hebreo. 
¿Por que así? ¿Por que los magnates de las finanzas de Wall Street tan cuidadosamente se rodearon de no judíos? ¿Por que se alzo esta barrera divisoria entre los miembros de la raza judía y la no-judía en el terreno de la finanza, donde se manejan y administran los bienes? La respuesta puede hallarse en la circunspección de los grandes dirigentes financieros. Solo de vez en cuando se hallara un director judío en bancos de escasa importancia. 
Podría ser también que se explicara este hecho por un simple sentir instintivo del gran público. No le hace que la razón sea fundada o no; pero es evidente que el publico no quiere confiar su dinero a instituciones bancarias con dirección judía. En ciertos barrios neoyorquinos existen, sin embargo, algunos bancos de ahorro de menor cuantía bajo dirección de hebreos, pero consta que hasta los propios judíos depositan sus fondos de preferencia en bancos sin dirección judía. Acaso contribuya
a esto la triste experiencia que haya hecho el público anteriormente con bancos hebreos. Varias famosas quiebras le hicieron desconfiar de tales instituciones. No se ha olvidado aun la bancarrota de J. G. Robian (a) Rabinovich, nativo de Odesa (Rusia), que fundo aquí en breve espacio cuatro bancos de ahorro que quebraron. Esta bancarrota llamo poderosamente la atención, causando la ruina de infinidad de personas. El caso Rabinovich evidencio la particular habilidad y tenacidad del hebreo ruso en basar grandes empresas sobre puro engaño, así como su poca conciencia al fracasar. La carrera de este banquero termino en la celda de un presidio. 
No es, pues, extraño que el publico experimente cierta confianza al advertir que los hombres a quienes se confía la difícil tarea de invertir y administrar convenientemente los fondos financieros del pueblo yanqui, se hayan rodeado de una firme y sólida muralla formada por elementos no- judíos. 
Seria un capitulo muy interesante de la historia de la economía nacional yanqui el relato de los tenaces intentos de los hebreos para predominar en la Bolsa. Aunque parezca muy lento aun el avance hacia esa finalidad, existe sin embargo, indicios que hacen suponer que la conocida tenacidad imperturbable hebrea vencerá al fin y al cabo, en el supuesto de que la especulación bolsista siga también sin norte con el estimulo de lograr riquezas. 
En el caso de que los hebreos lograran influencia decisiva sobre la Bolsa, conseguirán también con ello el poder necesario para arrebatar el negocio bancario del ahorro publico de manos de los no- judíos. Tal como en el mundo bancario de Wall Street, también en la Bolsa de fondos existe, merced a una ley no escrita, una resistencia pasiva e intensa contra el predominio del elemento hebreo. 
Sobre una base insignificante se fundo la Bolsa de Nueva York el año 1817, casi en la misma forma en que existe aun hoy. Representa una sociedad privada, una especie de círculo de comisionistas, sin que posea las prerrogativas de una corporación publica. Queda limitado a 1.100 el número de sus miembros. Quien no pertenezca a ella, solo puede obtener un puesto por dos vías: por el albacea de un miembro fallecido, o por compra de la parte de un miembro, que se retire, o que haya quebrado. Ese puesto cuesta hoy día 100.000 dólares. Se compone la Junta administrativa de cuarenta miembros, y durante largos años no perteneció a ella ningún hebreo. 
Los obstáculos que impiden una invasión en masa de los hebreos, consisten: 1º, en una mutua y callada concordancia de resistencia pasiva de los miembros no-judíos, que data desde la fundación de la bolsa; 2º, limitaciones de cierta índole, que se estipulan en el Estatuto, con referencia a la admisión de nuevos miembros. 
Más una de las cualidades distintivas de la raza hebrea estriba en su tenacidad. Lo que no haya conseguido esta generación lo lograra acaso en la siguiente. Hoy vencida, no quiere decir que también lo sea mañana. Sus vencedores mueren; mas el judaísmo prosigue impávido su camino. No olvida ni perdona nunca jamás, se desviara de su único camino hacia la dominación mundial, en la forma que sea. Aunque parezca imposible bajo las condiciones actuales que el número de los miembros hebreos de la bolsa aumente, la verdad es que aumenta, lenta, pero seguramente, así como también el precio de los puestos. Son, sin embargo, postulantes judíos los que ofrecen abonar las cuotas mas elevadas. Puede acaecer que determinado miembro deba dimitir por quiebra. El síndico de los acreedores deberá lógicamente realizar también lo mas ventajosamente posible el puesto del deudor. También aquí será siempre el hebreo quien puje más alto. Queda otro medio, aunque sea de índole menos limpia, y consiste en adoptar un apellido distinto en el bautizo. Juega el apodo un rol muy importante en la política de tapujos. En avisos, frente a las vidrieras, al pie de artículos periodísticos, etc., sirven admirablemente apellidos tales como Smith, Adams, Robin, para cortar desconfianzas. Nuestros escenarios están plagados de actores y actrices hebreos; pero los apellidos que ostentan son netamente anglosajones, y hasta aristocráticos.
Muchos no-judíos se asombrarían fijándose detenidamente, al ver con cuanto judío se relacionan, cuyos nombres y apellidos no acusan absolutamente nada de hebreo. Este sistema sirviole también a los judíos para conseguir algunos puestos en la Bolsa neoyorquina. Se contaron en 1872 entre 1.009 miembros, 60 hebreos; actualmente suman estos 276, pese a que las condiciones de admisión son tan rigurosos como antes. Según esto, el predominio hebreo en la Bolsa neoyorquina si sigue progresando, su infiltración en igual proporción como hasta ahora, es únicamente cuestión de tiempo. 
Por otra parte, el número de los especuladores hebreos en la Bolsa de Nueva York supera en mucho al de los no-judíos. Especulación y jugadas de bolsa son históricamente y de siempre características de la raza hebrea. En tanto que muchos israelitas prefieren efectivamente empresas no judías para sus asuntos puramente bancarios, se entrega la gran mayoría de ellos a sus propios jefes hebreos para negocios especulativos. En Europa, donde su poderío financiero esta ya mas firmemente arraigado, y lo es de tradición, apenas si les falta una sola de sus especulaciones. Acaece que se vean en compromisos especulativos; pero es muy raro el caso de que para ellos mismos impliquen pérdidas efectivas. 
Dejemos a Wall Street con sus Bancos y agencias, y retornemos a la bolsa de fondos y acciones de la Broad Street, donde advertiremos un floreciente movimiento bursátil en valores aceiteros, mineros y títulos, junto al otro. Son tan numerosos, que hasta imprimen su sello a todo el barrio, como si este fuera una ciudad totalmente distinta. Cierto es que giran muchos de estos comercios bajo firmas no-judías; pero solo porque el hebreo sabe que en asuntos de dinero se les contempla con recelo. 
Más adelante, en oscuros callejones y en despachos semiocultos, se hallan numerosos individuos de raza hebrea que hacen sus negocios con toda índole de títulos no admitidos en la bolsa. Son estos las sanguijuelas de Wall Street, los verdaderos merodeadores. Practican el más fraudulento tráfico de fondos, y ello con un celo y una energía que no desanima nada en el mundo. Es su objetivo solo hacer dinero sin trabajo, sin esfuerzo y en este tráfico desarrollan una pasmosa habilidad. Es de no creer cuantos de ellos llegan a hacerse ricos; pero mas incomprensible es aun el sin fin de personas no-judías, confiadas, inexpertas e ignorantes, que desde todas partes de Norteamérica remiten sus excelentes fondos a cambio de esos papeles absolutamente sin valor que estos judías trafican. Es un negocio brutal y desalmado puesto que ni siquiera es preciso tener astucia. Las sanguijuelas únicamente trabajan por correo o por teléfono, editando "informes de Bolsa", con los cuales, y con el pretexto de dar desinteresadamente consejos a los que desean invertir sus fondos o ahorros, buscan y hallan el modo de vender lo mas caro posible los dudosos títulos que poseen. Los informes de Bolsa son lógicamente inofensivos para el iniciado; más fatales para miles y miles de personas ingenuas y sin juicio. 
Perseguidos por pesquisantes, eternamente observados por la policía secreta del gobierno, denunciados en los diarios, condenados por los jueces y metidos en presidio, resulta, empero, indestructible esta masa de estafadores hebreos. Otra clase de individuos sentiría tales condenas como infamantes durante toda su vida; el hebreo, en cambio, las aguanta como un leve incidente, deshaciéndose de ellas como un perro se sacude las pulgas. Pero hay aun lugares mucho más tenebrosos, donde se evidencia el robo más burdo en toda la desnudez. Los individuos que allí se encuentran, son los "consortes" de peor calaña de los especuladores. Las fechorías de Wall Street, larga y horrorosa serie, y todas con un marcado tinte de raza y de pandilla, llamaron muchas veces la atención del mundo entero; más como ocurre casi siempre en la reproducción de tales casos por la prensa, los puntos capitales únicos que podrían explicar lo complejo del asunto, quedan suprimidos. 
Dicha resistencia pasiva y callada del mundo financiero yanqui contra su esclavitud por los hebreos, es acaso la única forma no-judía de solidaridad en Estados Unidos. Tal resistencia repugna por la
ofensividad contraria del proceder hebreo. En esta silenciosa lucha, la comunidad israelita no supero a su adversario no-judío, la batalla se mantiene indecisa. Cuando comprenda la multitud lo que en verdad se juega, la lucha puede tal vez terminarse para siempre. 
La lucha que se predica bajo el lema de "progreso y libertad" por elementos del orden contra el capital, se dirige realmente solo contra el capital no-judío. Los financistas a quienes se ataca en público, son siempre no-judíos. Otro tanto ocurre en Estados Unidos, en Inglaterra, en todas partes. El lector de diarios sabe que enormes esfuerzos se hacen para arruinar a las compañías ferroviarias y mineras por medio de interminables huelgas. En cambio, lo que no sabe es que los tales ferrocarriles y minas no están todavía en manos judías, no que las huelgas, provocadas siempre por elementos bolcheviques, son un ardid judío para destrozar la propiedad no-judía y acaparar fácilmente esta presa para el insaciable capital de los semitas.