jueves, 6 de abril de 2017

UNA PRECISIÓN ACERCA DE LA POSICIÓN SEDEVACANTISTA

UNA PRECISIÓN ACERCA DE LA POSICIÓN SEDEVACANTISTA

Por el
IMG_8441
[Me permito hacer una observación acerca del uso del término “sedevacantista” que está en el título de este post. He leído que para algunos el término, inventado para más inri por enemigos de la posición sedevacantista, es impropio. Incluso veo que alguien lo ha calificado de “no-católico”. Me permito hacer la observación de que el término,  ” Sede Vacante” es y ha sido utilizado por la Santa Sede para describir aquellos interregnos existentes entre las muertes de los Pontífices y la nueva elección de Pontífices válidos después del Cónclave. Este espacio de tiempo, en la historia ha sido a veces relativamente largo, alguna vez de hasta casi tres años. Por otra parte como dice alguien versado en el tema, la filosofía enseña que la duración ” no muda la especie”. Si la vacancia en la Sede durara poco tiempo, es claro que, de suyo, podria durar un largo espacio de tiempo, aunque en la historia nunca se haya dado.

Es cierto que el Concilio Vaticano dice que ” Esta Sede siempre tendrá perpetuos sucesores“. Pero esta declaración sólo puede referirse a la institución del papado que siempre tendrá , por su divina y perfecta Constitución, los medios para procurarse nuevos papas en caso de fallecimiento del papa o si por algunos avatares históricos la Institución no logra, de hecho proceder a la nominación de un candidato. La ley de la Iglesia ordena que aquellos a los que corresponda, cardenales o si no los hubiese por la herejía de todos que les hubiese despojado de su capacidad de elección, los obispos libres de herejía, deberían proceder como principal obligación suya, a una nueva elección. Es en este sentido que debe decirse que la Sede siempre tendrá perpetuos sucesores, es decir, la posibilidad u obligación de tenerlos, aunque esté el trono vacante u ocupado por alguien que reclame para sí el cargo que de ninguna manera le pertenece.
Incluso puede pasar que se esté en una situación de vacancia más estructural. Quiero decir que la llamada Sede, físicamente considerada, es decir Roma, haya caído por entero con sus cardenales, obispos y fieles en la herejía o peor aún en la Apostasía (situación exactamente igual a lo ocurrido con la Iglesia judaica que gozaba igualmente de la infalibilidad de su cabeza y de la indefectibilidad  suya en Sión, a la que se habìa pronetido’la indefectibilidad y eterna durabilidad “mientras dure el sol y la luna” . Ahora bien todos sabemos que no fue así. Duraría sí hasta tal fin del mundo, pero esto seria en el Israel de Dios, en quien se cumplirían las promesas divisa. Nuestro Señor lo afirmaria citando el  Salmo 117, 22 “La piedra (de la autoridad del Templo judaico basada en la Fe en el Mesías )  que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra angular (de la nueva edificación, la Iglesia, basada en la Fe en Cristo). Entonces sucedería que aquéllos que son tachados de usurpadores u ocupantes [ de la Sede] ilegítimos, en verdad no lo son, porque lo que ocupan o usurpan es un mero ” flatus vocis”, o sea nada que tenga relación con la Sede. Algo así como si ocuparan la Sede del Templo de Jerusalén, cuya autoridad figurada en la piedra angular, ya había sido  rechazada pese a sus promesas de indefectibilidad. Creer que en la situación actual, la Institución romana, en cuyo espacio, en un tiempo hubo una Sede Apostólica, a veces usurpada u ocupada por supuestos papa, ilegítimos, sin menoscabo de ser la Sede Apostólica del Sucesor de San Pedro, es creer que una Institución corrompida desde la cabeza hasta el último fiel por la Apostasía, al menos objetiva, sin que haya nada que decir de la responsabilidad moral interna de las personas, es pensar que esta Institución guarda dentro de sí, un lugar o silla para un pontífice. Anacleto II, el papa judío y simoníaco que sobornó a los cardenales, era impostor y usurpador pero ocupaba una Sede que era la Sede Apostólica. Durante la herejía arriana, la Sede no fue mancillada por la herejía arriana, a pesar de que casi todos los obispos abrazaron, apostatando, la Nueva Fe. La situación duró 70 años. pero en ese lapso de tiempo no sucedió que la Sede se contaminara ni que no hubiese sucesores en ella. Sin embargo es inaginable otra situación en aquél tiempo, en la que un electo papal herético o apóstata hubiera llegado a ser “papa” arrastrando con él a los obispos y a los fieles de Roma. Si sólo algunos cuantos obispos y fieles hubieran huído de Roma llevando consigo la Piedra Angular de la autoridad petrina, habría que decir que la Iglesia y su Sede Apostólica ya no estaban en Roma, por lo que los impostores que ocupasen el antiguo lugar de la Sede, no eran usurpadores ni ocupantes de la Sede. Eran un fraude. Siguiendo con la suposición, nunca acontecida, los que hubieran huído de allí, manifestando la indefectibilidad de la Iglesia, hubieran estado en la obligación de elegir un nuevo Papa, y mientras no lo hicieran, lo cual sería debido a culpas propias, y no a fallo en la Constitución divina de la Iglesia, habría que decir que la Sede estaba vacante. Los fieles de entre ellos podrían ser designados con toda precisión, como sedevacantistas.
Y para devolver el cumplido de “no-católico, tengo que decir que aquí el único no-católico, es quien se obstina en llamar usurpador u ocupante a alguien que sólo es un falso reclamante del cargo u oficio papal en una falsa iglesia , es decir un mero impostor.
En el artículo siguiente, en el que se denuncia la triquiñuela del Sr. Caponetto de refugiarse en llamar una situación compleja de múltiples causas a lo que en la actualidad estamos viviendo; hay que decir de ello que las infinitas causas, los múltiples motivos, la complejidad infinita si se quiere, no tiene nada que ver con los resultados,  que son : un hombre apóstata y hereje, es cabeza de un cuerpo que sometiéndode a él y abrazando objetivamente (por mucho que resista pero reconociendo)  la falsa doctrina, los falsos sacramentos, la falsa misa, el falso concilio, por lo menos sin levantarse para denunciarlos, está pasando por ser el Sucesor de San Pedro, o sea el papa y pastor legítimo. Las causas y la complejidad del hecho no cuentan. Lo que cuenta es el resultado final. Si se acepta este resultado, reconociendo al “papa”,  se está aceptando que un hereje o un apóstata puede ser un papa legítimo. Y eso es directamente contrario a la doctrina infalible del magisterio ordinario de los papas y al solemne magisterio de los papas y concilios.(v.gr. de Sixto IV en la bula “Licet ea” y al Concilio Vaticano en Pastor Aeternus).
Respecto de lo que dice el autor del artículo de que Juan XXIII hay que rechazarlo como papa debido a las supuestas, aunque probables, irregularidades del cónclave hay que decir que ese “papa” hay que rechazarlo sí,  pero por su doctrina masónica y modernista y por su intervención en el curso del seudoconcilio, todo ello fruto de su más que probable obediencia masónica, su modernismo que venía de longa data, todo ello incompatible con el oficio petrino. Su elección habría sido nula, más que por Ia sospecha de su irregularidad, por su clara herejía antecedente a ella demostrada por las herejías subsiguientes. La probable irregularidad de su elección vendría a sumarse a todo ello. Véase el reciente post del blog El nuncio en París Roncalli ajustó la alianza de la Iglesia con la masonería. Las ideas expuestas aquí, son las que pueden leerse en muchos posts de este blog, escritas por  autores relevantes a quienes compete el encargo de enseñar, y que yo meramente repito. Yo no tengo autoridad alguna para decirlas y si las dijera solamente de mi cosecha, el lector haría muy bien en desconocerlas.
Sigue el artículo que hoy les traigo en el blog]

Una precisión acerca de la posición sedevacantista

Miles Christi – 29/03/2017
El nuevo portal español Como vara de Almendro publicó ayer un extenso reportaje a Don Antonio Caponnetto. Su lectura es por demás interesante, pero a esto nos tiene acostumbrados su autor desde siempre. Más allá de alguna divergencia puntual sobre tal o cual apreciación suya, considero el artículo de lectura sumamente provechosa, de ésas que estimulan al estudioy a la reflexión. No obstante, creo oportuno expresar mi disentimiento con respecto a su postura en relación al sedevacantismo. Transcribo pues, seguidamente, el comentario que hiceacerca del tema en este reciente e interesante sitio católico de la Madre Patria.
Me atrevo a hacer un comentario, con todo respeto y sin ánimo alguno de crear polémica, en relación a la posición de Don Antonio hacia el sedevacantismo. Que no es sólo suya, sino que es la posición mayoritaria entre los católicos tradicionales. La comprendo perfectamente, y esto con tanta mayor razón cuanto que fue la mía hasta hace unos tres años. Ella consiste en decir que la lectura sedevacantista de la crisis conciliar peca por su simplismo, ya que pretende explicar una situación complejísima por una sola causa. A lo que Don Antonio añade, con fino humor, su muy original y lograda fórmula « pido gancho », la cual equivale a decir: « esto es demasiado para mí, abandono el juego, éstos no son mis papas, no me concierne en absoluto lo que hagan. »
A primera vista, esta postura resulta perfectamente comprensible y parece razonable y prudencial adoptarla. No obstante, el problema que acarrea es doble: 1. Jamás en la historia los Sucesores de Pedro han conducido a los fieles a la apostasía y 2. Me parece que esta situación inédita, que lleva ya más de medio siglo, puede resolverse satisfactoriamente aplicando una mirada escatológica. Para simplificar y ganar tiempo, reproduzco a continuación la respuesta, apenas retocada, que di hace poco a alguien que decía, hablando de Bergoglio, « queda preguntarse si es que no hay ningún Pablo para corregir a este Pedro », en el portal de Augusto Torchson:
El error de San Pedro al que se refiere el comentario de María, y por el cual San Pablo lo reprendió públicamente (Gal. 2, 11-14), fue una falta de hipocresía debida al respeto humano, no a una voluntad de destruir metódicamente los fundamentos de la doctrina, del culto y de la moral de la Iglesia, que es lo que sucede con Bergoglio y con sus antecesores conciliares. La Iglesia se funda sobre la roca que es Pedro; si ella fuese defectible, en lo que concierne a la enseñanza de la fe y la moral, al culto divino y a la disciplina eclesiástica, también lo sería la Iglesia. Por ende, ningún papa legítimo puede arrastrar a la Iglesia hacia el error y la herejía, lo cual es visiblemente el caso de los papas desde Roncalli en adelante (falsa libertadreligiosa, falso ecumenismo, apoyo a la ONU y a su mundialismo laico, a la DemocraciaLiberal y a los Derechos Humanos revolucionarios y masónicos, etc.)
Ahora bien, esto me lleva, inevitablemente, a tener que evocar el famoso « katejon » del que habla San Pablo en 2 Tes. 2, 6-7, el « obstáculo » que ha de ser removido para que puedamanifestarse el Anticristo, y que es el poder espiritual romano, es decir, el papado; sin papa legítimo, el carisma de enseñar infaliblemente la verdad a todo el orbe desaparece, y surgenentonces pseudo papas que, escudados en su inmenso prestigio pontifical, crean un magisteriodel error, para pervertir las inteligencias y allanar el camino del Ánomos.
Al respecto, Nuestro Señor nos advirtió claramente sobre la « abominación desoladora en el lugar santo » –citando a Daniel- y sobre la aparición de falsos Cristos (¿falsos Vicarios de Cristo?) durante los últimos tiempos, justo antes de su Parusía, y nos dijo que el poder delengaño en estos tiempos sería tal que, de ser posible, incluso los elegidos sucumbirían ante él, y esto es exactamente lo que ocurre desde el cónclave en el cual fue electo muysospechosamente Roncalli (cf. el episodio del humo blanco durante largos minutos, la radio vaticana que dice « ¡hay un nuevo papa »!, y luego sale humo negro nuevamente…)
Por lo tanto, no me parece una interpretación forzada de los hechos afirmar que la Iglesia vive su Pasión mística desde JXXIII y, sobre todo, desde el CVII, cuando el Cuerpo Místico de Nuestro Señor fue entregado a sus enemigos para que hicieran con él lo que quisiesen. Quedan todavía por venir su muerte y su posterior gloriosa resurrección, a imitación de la de su divino fundador. En efecto, es un hecho comprobable históricamente que la traiciónmodernista operada por el CVII ha dado inicio a la pasión mística de la Iglesia, siendo Ella desde entonces sistemáticamente desfigurada por los anticristos que se han hecho con los puestos de autoridad y de decisión en todas sus instituciones. Cito al respecto el salmo XXI:
« Me rodea una manada de novillos, me acorralan toros de Basán; abren sus fauces contra mí como leones rapaces y rugientes. Soy como agua que se derrama y todos mis huesos estándislocados; mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior; mi garganta estáseca como una teja y la lengua se me pega al paladar. Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies y me hunden en el polvo de la muerte. Puedo contar todos mis huesos » (Ps. XXI, 14-18).
Este pasaje de la Escritura se aplica, en primer lugar, a la Pasión de Nuestro Señor, es decir, a su cuerpo físico. Pero se aplica igualmente, en un sentido espiritual, a la Pasión de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. El concilium malignantium -en la Vulgata-, « la asamblea de los malvados », se refiere pues, primeramente, al Sanhedrín que condenó a muerte a NuestroSeñor y, en segundo lugar, al CVII -XXI concilio ecuménico– que decretó la crucifixión de la Iglesia, la cual vive actualmente su pasión. Ella debe seguir los pasos de su Esposo en la Pasión, para luego seguirlo también en la Resurrección y en la Gloria. En efecto, del mismomodo que el cuerpo físico de Cristo murió y resucitó, su cuerpo místico conocerá también unamuerte mística y luego resucitará, con ocasión de la Parusía del Señor. Para concluir, no puedo evitar ver en este asunto una concordancia numérica muy sugestiva, la del XXI: la pasión de la Iglesia es anunciada por el salmo 21, fue iniciada por el 21er concilio ecuménicoy todo parece indicar que será consumada durante el siglo 21…