jueves, 29 de junio de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-3ERA.PARTE:EL BOGOTAZO- PARTES 10-11-12



10. Nuevas piezas del rompecabezas

     Como confirmación del principio forense de que todo contacto deja una huella, muchos años después de los sucesos del 9 de abril de 1948, una pieza importante de este rompeca-bezas histórico llamado el Bogotazo apareció en el lugar más inesperado: una prisión en Cuba. A fines del 1980, el general José Abrahantes, jefe del Ministerio del Interior de Cuba, le ordenó a uno de sus oficiales, el capitán de la inteligencia castrista Carlos Cajaraville, ahora exiliado en la Florida, que interrogara a un prisionero que había solicitado que le dieran la libertad a cambio de una valiosa información.158 El prisionero era un ciudadano norteamericano nombrado John Mepples (o MacMepples) Spiritto, que cumplía una sentencia en una prisión cubana por haber colaborado a comienzos de los años 60 con algunos grupos guerrilleros anticastristas en las montañas del Escambray, en la parte central de Cuba.

     Según Spiritto, quien aseguraba que había trabajado para la CIA, en 1947 había sido enviado a Colombia como parte de la Operación PANTOMIME, un plan cuyo objetivo era neutralizar o, en su defecto, eliminar físicamente a Gaitán. Al parecer, los oficiales de inteligencia que interrogaron a Spiritto llegaron a la conclusión de que la información que éste había proporcionado era cierta, porque poco después fue puesto en libertad y el gobierno cubano le proporcionó un moderno apartamento en la bella barriada del Vedado, en La Habana.

     Algunos años después, varios oficiales de la contrainteligencia cubana que trabajaban en la realización de un documental pensaron en el potencial propagandístico de la información que había suministrado Spiritto y decidieron explotarlo. Su plan era usar a Spiritto en el documental, que habían titulado Pantomima,160 para desacreditar a la CIA.

    
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 Spiritto, que habla flúidamente español, menciona en el documental cómo en 1947 la CIA lo envió en una misión super secreta a Colombia. Sus órdenes eran tratar de comprar a Gaitán haciéndole una oferta tan tentadora que no pudiese rechazar. Ésta consistía en ofrecerle una gran cantidad de dinero y una cátedra de profesor en una universidad de Roma o París.

     Pero, para su sorpresa, Gaitán rechazó la oferta. Spiritto le informó el fracaso de la gestión a Thomas Elliot, su jefe superior de la CIA en Bogotá. Entonces Elliot le ordenó tratar de neutralizar a Gaitán por otros medios, incluyendo su eliminación física.

     Dos años después de que le hicieran la entrevista a Spiritto, el comandante Manuel Piñeiro (Barbarroja), Jefe del Departamento América, la sección de la inteligencia cubana a cargo de las operaciones de contrainteligencia contra los Estados Unidos, contactó a Gloria, la hija de Gaitán, y la invitó a que fuera a La Habana y viera la entrevista que le habían hecho a Spiritto para el documental.

     Piñeiro deseaba saber si lo que había declarado Spiritto se ajustaba a lo que Gloria recordaba sobre su padre. Poco después, Gloria viajó a La Habana y vio el film. Para su sorpresa, descubrió que lo que había mencionado Spiritto sobre el intento de sobornar a su padre ofreciéndole dinero y una cátedra en una universidad europea, así como un lujoso apartamento en la ciudad de su elección, coincidía perfectamente con lo que su padre le había contado en privado a su familia en 1947, y que sólo ellos conocían. Gloria Gaitán no fue la única que corroboró la veracidad de la información suministrada por Spiritto. Según

Cajaraville, que participó en los interrogatorios a Spiritto, “los detalles que dio [sobre el asesinato de Gaitán] eran asombrosos. Algunos los confirmamos con nuestros amigos en Colombia.”

     En la entrevista, Spiritto “confiesa que había organizado el asesinato de Gaitán, con funcionarios de la embajada estadounidense en Bogotá, utilizando a Roa Sierra como asesino físico.” Según lo que la propia Gloria Gaitán declaró posteriormente en una entrevista,

En un viaje a Cuba, en los años de 1961 o 1962, el Comandante Piñeiro, a quien todo el mundo llamaba Barba Roja, me invitó a ver una filmación de una declaración de un agente de la CIA que afirmaba haber sido parte del complot para asesinar a mi padre, Jorge Eliécer Gaitán. En la versión original, sin editar, que fue la que yo vi, el agente entraba e pormenores sobre la primera etapa adelantada por Tomás Elliot para intentar el soborno de mi padre a fin de que abandonara la política. Sufrí un ataque de taquicardia que obligó a la suspensión temporal de la proyección, ya que el agente de la CIA relataba un hecho que yo había conocido directamente de boca de mi padre.

En efecto, en el año 47, papá llegó un día a almorzar a la casa y le contó a mamá, en presencia mía, que le habían ofrecido ejercer la cátedra de derecho penal en la Sorbona en París o en la Universidad de Roma, garantizándole la propiedad en uno de los barrios más lujosos de esas ciudades, de un espléndido apartamento. Le darían igualmente una inmensa

finca en la Sabana de Bogotá y otra en los Llanos Orientales, y le otorgarían la financiación necesaria para que sus hijos pudieran, por el resto de sus vidas, estudiar en los colegios o universidades que quisieran en Europa. Esta última parte fue la que no permitió que yo olvidara el asunto, pues me empeciné en insistirle a mi papá que abandonara la política

para poder irme a estudiar al Viejo Continente. Mamá, a veces, me decía que era una lástima que mi papá no se hubiera dejado tentar, pues así habría salvado su vida.

El impacto que recibí fue tremendo, cuando comencé a oír de labios de ese hombre la descripción de todas y cada uno de las propuestas de soborno que yo ya conocía. El agente, en lugar de hablar de los Llanos, se refería a “la pampa colombiana”, pero el resto era idéntico, con las mismas palabras, como lo había relatado mi padre. Le pedí a Piñeiro una copia y quedamos en que me la entregaría antes de mi regreso a Colombia.

     Como expresó en su entrevista, Gloria le pidió a Piñeiro que le diera una copia del film, pero luego, lo más probable después de haber consultado con Castro, Piñeiro se negó a dársela, alegando que podría acarrearles problemas políticos con el gobierno colombiano.

     Por su parte, el periodista Arturo Alape menciona que, cuando se encontraba en Cuba en 1982 investigando para su libro sobre el Bogotazo, Gabriel García Márquez le mencionó la existencia del documental, al que ahora habían titulado Operación Triángulo. En 1983 Alape visitó de nuevo La Habana, y se las arregló para que le mostraran el documental. Aunque los

cubanos se negaron a suministrarle una copia, Alape asegura que logró secretamente hacer una copia del audio, la que luego transcribió. Alape le facilitó una copia de la trans-cripción a Gloria Gaitán, y ésta la donó a los archivos del Centro de Documentación de la Casa Gaitán en Bogotá.

     Pero, por ese tiempo, la producción del documental había confrontado algunos problemas inesperados. Al parecer, los oficiales de la inteligencia cubana a cargo de la realización del documental, que como todos los oficiales de inteligencia del mundo han sido entrenados para detectar inconsistencias y anomalías, habían notado que Castro se men-cionaba una y otra vez en el documental, la mayor parte de las veces haciendo cosas difíciles de explicar. Por tanto, sabiendo como son las cosas en la Cuba de Castro, decidieron que, para evitarse problemas, lo mejor era no continuar con la producción del documental.

     Según Cajaraville, los oficiales de inteligencia que trabajaban en la producción del documental temían que éste no fuera del agrado de Castro —algo que en Cuba ha resultado ser extremadamente dañino para la salud. De modo que el documental fue declarado secreto por razones de seguridad nacional y engavetado permanentemente.

     Varios años después, mientras se hallaba de visita en La Habana, Alape fue invitado por un oficial de la inteligencia cubana a visitar a Spiritto en su apartamento del Vedado.      Durante la visita, Spiritto renegó de la información que había ofrecido en la entrevista del documental, alegando que simplemente había mentido para lograr salir de la prisión. Esta fue la excusa que luego ofreció Alape cuando alguien lo criticó por no haber incluido la confesión de Spiritto en su libro El Bogotazo: Memorias del olvido.

     Cuenta Alape que cuando estaba terminando su libro, “García Márquez me dijo personal-mente que el documento de Spiritto no era confiable para las autoridades cubanas, que por esa razón me prevenía sobre su publicación.”

     Según Alape, esa fue la razón por la que “teniendo a mano la transcripción de semejante documento”, la entrevista de Spiritto nunca se publicó. Pero lo que Alape no explica es por qué publicó en su totalidad la entrevista que le hizo a Fidel Castro, la cual, como he mostrado más arriba, es totalmente desinformativa y falsa.

     Más aún, la explicación de Alape no concuerda con los hechos, porque él sabía perfectamente que Gloria Gaitán, basándose en la información confidencial de la oferta que el agente de la CIA le había hecho a su padre, había llegado a la conclusión de que lo que había declarado Spiritto era cierto. Por consiguiente, se impone una explicación más plausible que se ajuste más a la realidad de los hechos.

     Lo mas probable es que Alape, quien pertenece a la legión de periodistas e intelectuales latinoamericanos que admiran a Castro porque creen que se ha opuesto diametralmente al imperialismo yankee, no haya querido lastimar los sentimientos de su admirado tirano. Además, su libro fue publicado por la Casa de la Américas, una institución controlada por los servicios de inteligencia castristas, y no haber seguido el consejo (¿o la amenaza velada?) de García Márquez habría significado que no le hubieran publicado su libro.

     Por tanto, hay que llegar a la conclusión de que Alape, dando muestras de un oportunismo de la peor especie, no incluyó la entrevista de Spiritto en su libro por pura conveniencia política. Al hacerlo, cometió no sólo un acto de deshonestidad intelectual imperdonable, sino que, al ocultar un documento clave en esta historia, también traicionó la memoria de Gaitán y de los millares de colombianos que perdieron sus vidas en el Bogotazo y en la Violencia que le sucedió.

     Debido a su deseo de servir como megáfono difusor de las falsedades de Fidel Castro, el libro de Arturo Alape El Bogotazo: Memorias del olvido, es uno de los libros que más daño le ha hecho al pueblo colombiano y a los pueblos de América Latina. Ese libro, que ha circulado ampliamente, ha contribuido como ningún otro a presentar a Fidel Castro como un héroe antiimperialista y no como lo que realmente es: un traidor al servicio de los peores intereses imperialistas de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los ejecutivos de las corporaciones transnacionales que controlan la política norteamericana.

     En 1994, aprovechando la oportunidad de que Castro estaba de visita en Colombia, Gloria Gaitán se entrevistó con él, y le pidió que le diera un copia del documental. Pero, para su sorpresa, Castro negó rotundamente la existencia del documental, de la confesión y hasta de la existencia de Spiritto. Cuando Gloria le rebatió, diciéndole que tenia una copia de la banda sonora del documental, Castro se enojó y, según Gloria, tuvieron una discusión bastante acalorada.

     Pero ése no fue el fin de esta enrevesada novela de espionaje de la vida real.Según Gloria Gaitán, en 1993 la contactó el Dr. Yesid Castaño y le informó que el Dr. Antonio Robayo, dueño de la cadena de restaurantes Kokorico, poseía cierta información que un amigo cercano, el agente de la CIA Thomas Elliot, le había dejado antes de morir de cáncer. Este es el mismo Thomas Elliot que Spiritto mencionó en su confesión como su jefe superior en la CIA que le había ordenado tratar de sobornar a Gaitán o, en su defecto, eliminarlo física-mente.

     Castaño le aseguró a Gloria que la información, que contenía fotos de la vigilancia a que habían sometido a Gaitán, incluía toda la documentación sobre la preparación del asesinato de su padre. Castaño le aseguró a Gloria que el Dr. Robayo estaba dispuesto a facilitarle la documentación. Sin embargo, Gloria afirmó que le fue imposible localizar a Robayo, y que éste nunca respondió a sus llamadas.171 Desafortunadamente, poco después de que el Dr. Castaño contactó a Gloria, el Dr. Robayo fue asesinado en un atentado que le hicieron en el Club El Nogal.

     Sin embargo, hay un hecho importante que no aparece en la mayor parte de la informa-ción que se ha publicado sobre Spiritto. Según otras fuentes, a comienzos del 1950, Spiritto comenzó a trabajar en ARTICHOKE, un proyecto super secreto de la CIA dedicado al estudio de métodos de control mental.

     Después de conocer la participación activa de Spiritto en el asesinato de Gaitán, en el que usaron a Roa Sierra como candidato de la Manchuria, es lógico llegar a la conclusión de que su experiencia de primera mano haya sido lo que influyó en sus superiores para ponerlo a trabajar en el proyecto ARTICHOKE, un programa cuyo objetivo era precisamente la creación de asesinos psicológicamente programados.

     Pero es aquí cuando las cosas se tornan aún más complicadas. En su autobiografía Vivir para contarla, el escritor colombiano Gabriel García Márquez afirma que fue testigo presencial del asesinato de Roa Sierra a manos de la turba enardecida. Según García Márquez,

Cincuenta años después, mi memoria sigue fija en la imagen del hombreque parecía instigar al gentío frente a la farmacia, y no lo he encontrado en ninguno de los incontables testimonios que he leído sobre aquel día. Lo había visto muy de cerca, con un vestido de gran clase, una piel de alabastro y un control milimétrico de sus actos. Tanto me llamó la atención que seguí pendiente de él hasta que lo recogieron en un automóvil demasiado nuevo tan pronto como se llevaron el cadáver del asesino y desde entonces pareció borrado de la memoria histórica. Incluso de la mía, hasta muchos años después, en mis tiempos de periodista, cuando me asaltó la ocurrencia de que aquel hombre había logrado que mataran a un falso asesino para proteger la identidad del verdadero.

     La memoria no le falla a García Márquez, porque la viuda de Gaitán recuerda algo muy similar. Según Amparo Jaramillo de Gaitán,

No fue el pueblo, no fue Juan Roa Sierra quien lo asesinó, sino un tipo que estaba divinamente vestido (sic) frente a la oficina. No fue Roa Sierra, y fue de un café del frente de la oficina de donde llegaron los disparos.

     Esta versión de los hechos expresada repetidamente por la viuda de Gaitán, coincide también con el testimonio de Yesid Castaño. Gloria Gaitán, recogió el testimonio de Castaño y lo presentó en abril de 1998 en una rueda de prensa en el Instituto Colombiano de la Participación Jorge Eliécer Gaitán. Según Gloria Gaitán, Yesid Castaño le contó que el doctor Robayo había recibido de un agente de la CIA fotografías de la escena del crimen que mostraban al hombre elegantemente vestido mencionado por García Márquez y Amparo Jaramillo, el cual incitaba a gritos a los revoltosos para que lincharan al supuesto autor del asesinato.

11. El misterioso James Jesus Angleton

     Hasta el presente nadie ha podido descubrir quién era el hombre misterioso, pero la sospecha de García Márquez y de la viuda de Gaitán de que el misterioso hombre elegante tomó parte en el asesinato tiene mucho sentido.

     Azula Barrera expresó la sospecha de que el misterioso elegante era Enrique Ovares, presidente de la Federación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura y Secretario General de la Federación Estudiantil Universitaria. Ovares fue uno de los líderes legítimos de la Universidad de La Habana que viajó a Bogotá para contrarrestar la presencia de Fidel Castro, el cual se había apropiado ilegítimamente de la representación de la FEU. De hecho, fotos de Ovares tomadas en la época guardan cierta semejanza con la descripción que se ha ofrecido del individuo que enardeció a la turba con sus gritos para que mataran a Roa.

     Sin embargo, el sólo hecho de que Ovares aparece retratado a la derecha de Castro en una de las más conocidas fotos del Bogotazo elimina esa posibilidad. García Márquez tiene que haber visto esa foto, e inmediatamente hubiese reconocido a Ovares, y el misterioso elegante habría dejado de ser un misterio. Por lo tanto, hay que descartar esa posibilidad.

     Por mi parte, tengo la sospecha — y hasta el momento no pasa de ser eso: una sospecha, aunque basada en evidencia circunstancial, alguna de la cual hasta el momento no he podido corroborar directamente —, de que el misterioso individuo elegante que incitó a la turba a matar a Roa Sierra no fue otro que James Jesus Angleton, ex oficial de la OSS que había comenzado a trabajar para la CIA, y amigo personal de Allen Dulles — y, por lo tanto, hombre de confianza de los conspiradores del CFR. Pocos años después, Angleton fue nombrado jefe de contrainteligencia de la CIA.

     Sin duda alguna, James Jesus Angleton es una de las personalidades de más colorido en el mundo de la inteligencia y el espionaje. Su vida y su carrera han sido narradas en varios libros y artículos, así como en una novela. Parafraseando la conocida descripción de la política exterior soviética dada por Churchill, la vida de Angleton es el clásico misterio envuelto en un enigma. Richard Helms, uno de los altos ejecutivos de las CIA, lo llamó “un hombre extraño; muy extraño”.

     Pero parece que, a pesar de tanto escrutinio por mentes brillantes, el agente secreto del CFR James Jesus Angleton se burló de todos. Detrás de su engañosa fachada de misterio, intelectualismo y patriotismo, Angleton no sólo fue un traidor, sino también un criminal común — uno más entre los muchos criminales profesionales que los conspiradores del CFR usaron una y otra vez para llevar a cabo sus planes secretos para implementar sus traicioneras políticas domésticas e internacionales.

     Baso mi sospecha de que Angleton fue el misterioso elegante mencionado por García Márquez en varios elementos diferentes de información: En primer lugar, en 1947 Angleton físicamente se acercaba mucho a la descripción mencionada por varios testigos del individuo que incitó a los revoltosos a matar a Roa. También se ajusta a la descripción que hizo la secretaria de Gaitán del individuo no identificado que, en los días previos al asesinato, acompañó en dos ocasiones a Roa en sus visitas a la oficina de Gaitán. Según la secretaria de Gaitán, Roa estaba acompañado,

Por otro hombre, tolerablemente bien vestido, de apariencia un tanto agresiva y ojos saltones. En esas ocasiones, fue éste último, no Juan Roa Sierra, el que habló en un intento por obtener una entrevista [con Gaitán].

     La descripción del individuo misterioso ofrecida por la secretaria de Gaitán se acerca mucho a la descripción física de Angleton en ésa época brindada por uno de sus biógrafos. También se ajusta a la descripción del misterioso elegante ofrecida por García Márquez y la viuda de Gaitán.

     En segundo lugar, porque es evidente que el hombre misterioso desempeñó un papel importante en esta operación ultra secreta, y Angleton era uno de los pocos hombres de confianza de Allen Dulles, quien a su vez era un agente de los Rockefellers. Durante la Segunda Guerra Mundial, Angleton fue uno de los principales oficiales de contrainteligencia de la OSS en Italia, y recibía órdenes directas de Allen Dulles. Una de las pocas fotografías

de Angleton que se conocen,183 lo muestra llevando la urna con las cenizas de Dulles, un honor que sólo se le concedería a uno de los amigos más íntimos del fallecido.

     Aunque la mayor parte de las biografías y artículos sobre Angleton lo describen como un héroe de la contrainteligencia norteamericana, lo cierto es que no era sino un vulgar criminal sin principios morales o éticos. Angleton tuvo un papel cardinal en el lavado de dinero de los Nazis, así como, en complicidad con el Vaticano, de crear una ruta de escape para las ratas que escaparan del buque Nazi que naufragaba.

     En tercer lugar, porque su madre era mexicana, y aunque Angleton no dominaba totalmente el español, al menos lo hablaba flúidamente para hacerse pasar brevemente por un nativo del idioma. Angleton era hijo de un oficial de caballería norteamericano, James Hugh Angleton, que participó en la invasión de México con las tropas del general Pershing en un intento por capturar a Pancho Villa. En México, James Hugh se enamoró de Carmen

Mercedes Moreno, una bella mexicana que conoció en el pueblo fronterizo de Nogales. Poco después contrajeron matrimonio y, dando prueba de su fe católica, le dio a su hijo el nombre de Jesus, pronunciado “Jesús” como en español.

     En una entrevista que le concedió a Tom Mangold para su biografía de Angleton, Carmen le mencionó que, de pequeño, su hijo había estado muy atado a su abuela materna Mercedes, la cual no hablaba el idioma inglés. Esto evidencia que, desde temprana edad, Angleton tenía cierto dominio del idioma español.

     En cuarto lugar, porque existe un período de la vida de Angleton en el que no se sabe a ciencia cierta dónde estaba y, extrañamente, este período coincide con los sucesos del Bogotazo. Según su biografía, durante la Segunda Guerra Mundial Angleton, quien era oficial de la OSS en Europa, se mantuvo separado de su esposa Cicely y de su hijo recién nacido, al punto que ésta había comenzado a realizar los trámites para el divorcio. Pero en

1947, Angleton comenzó a escribirle de nuevo, regresó a los EE.UU. y reanudaron sus relaciones conyugales.

   A comienzos del 1948, Angleton se mudó a Tucson, Arizona, para vivir con su esposa y su hijo. De enero a junio vivió con ellos en casa de los padres de su esposa. En julio, Angleton aceptó un puesto importante en la CIA, como ayudante principal del director de la Oficina de Operaciones Especiales, y Angleton y su familia se mudaron para Washington, D.C.

     Sin embargo, la única fuente de esa información es su esposa, Cicely Angleton, en una entrevista que le concedió a Jeff Goldberg el 3 de marzo de 1989.

     Pero hay algo que no encaja en esta versión de los hechos. El expediente personal de Angleton en la CIA indica que, aunque oficialmente comenzó a trabajar para la Agencia en 30 de diciembre de 1947, le fue concedido un permiso de siete meses con paga para que permaneciera con su esposa en Tucson antes de que asumiera su nuevo cargo en la CIA.

     No obstante, existe evidencia de que durante el tiempo de permiso que en teoría la CIA le había concedido, Angleton estuvo a cargo de realizar tareas importantes para la Agencia.   Según ciertas fuentes, Angleton tuvo un papel importante en una operación encubierta de la CIA en Italia, cuyo objetivo era impedir que los comunistas ganaran las elecciones que tendrían lugar el 18 de abril de 1948.191

     De modo que Angleton viajó secretamente a Italia para realizar un trabajo de contrain-teligencia cuando en teoría tenía un permiso de la CIA para permanecer con su familia en Tucson. Por consiguiente, Angleton también tuvo el tiempo y la oportunidad de viajar secre-tamente a Colombia bajo una identidad y pasaporte falsos, llevar a cabo una misión mucho más secreta que la de Italia, el asesinato de Gaitán, y regresar a Italia o a Tucson sin que nadie lo echara de menos antes de mudarse para Washington D.C.

     En quinto lugar, porque como oficial de la OSS que había participado activamente en la guerra, Angleton tenía el entrenamiento militar necesario para haber sido el asesino profesional que, usando un arma provista de silenciador, hizo los primeros disparos que causaron la muerte de Gaitán.

     En sexto lugar, porque primero en la OSS y luego en la CIA, Angleton tuvo participación directa en dos proyectos secretos que estudiaban las técnicas de control mental: BLUEBIRD y ARTICHOKE.

     Aún más, el asesinato de Gaitán no fue la única vez en que Angleton participó en una operación secreta para asesinar a un enemigo de los banqueros de Wall Street. También tuvo un papel importante en el asesinato el presidente norteamericano John F. Kennedy.

     En 1964, pocas horas después de que Mary Pinchot fue asesinada cerca de su casa en Georgetown, Angleton forzó una ventana y se introdujo en su casa como un criminal común y robó su diario personal. Pinchot, una artista de 43 años de edad, era una de las amantes secretas de Kennedy, y los conspiradores del CFR temían que su diario podría contener alguna referencia incriminadora que los conectara con el asesinato. Por eso enviaron a una persona de su absoluta confianza para que destruyera la evidencia: James Jesus Angleton.

     Como pago por su labor en beneficio de los banqueros de Wall Street, en 1954 el director de la CIA Allen Dulles había nombrado a Angleton jefe de la sección de contrainteligencia de la Agencia. Pero el jefe de contrainteligencia de la CIA era también un criminal de la peor especie, y por eso los conspiradores del CFR confiaban en él y lo continuaban usando en misiones delicadas y comprometedoras.

      Pero hay otro elemento mucho más importante que conecta, al menos indirectamente, a Angleton con el asesinato de Gaitán: Angleton tuvo un papel similar al que he descrito más arriba, en el asesinato de Kennedy.

     Según fuentes bien informadas, desde mucho antes del asesinato de Kennedy, Angleton estaba en contacto con Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del Presidente. Según estos investigadores, Angleton envió a Oswald a la Unión Soviética en una misión super secreta que consistía en demostrarle a los soviéticos lo fácil que era derribar un avión espía U-2.

     Como miembro de las fuerzas armadas norteamericanas, Oswald había trabajado por algún tiempo en la Base Aérea Naval de Atsugi en Japón, usada por algunos de los aviones U-2s que volaban sobre la Unión Soviética. Posiblemente Oswald les explicó a los soviéticos que el U-2 no era sino un planeador sofisticado, con enormes alas de madera de balsa, y que sólo con explotar cohetes antiaéreos a 100 o 150 metros de distancia el avión sería derribado. Prueba de que ningún cohete detonó directamente contra el avión es que el piloto, Francis Gary Powers, no pereció y los restos del avión no mostraban señales de haber sido derribado por un explosivo.

     Uno pudiera preguntarse, ¿Por qué los propios norteamericanos querían que sus enemigos derribaran uno de sus aviones? Simplemente porque, como he explicado más arriba, la Guerra Fría era una engañifa, y los conspiradores del CFR que controlan la política norteamericana necesitaban mantenerla caliente. Pero Nikita Jrushchov, con su nueva política de coexistencia pacífica, amenazaba enfriarla. A ese fin, el Primer Ministro soviético se estaba preparando para una reunión en París con el presidente norteamericano Dwight Eisenhower. Todo el mundo esperaba que la reunión resultaría en un enfriamiento de las tensiones entre los dos países.

     Pero el derribo del U-2, y la admisión de Eisenhower de que su misión era espiar sobre la Unión Soviética, motivó que Jrushchov cancelara su participación en la reunión. Eso fue usado por la prensa controlada por los conspiradores para caldear los ánimos del crédulo publico norteamericano y como justificación para que se incrementaran los presupuestos de guerra, lo que resultó en beneficio directo del complejo militar-industrial norteamericano

controlado por los banqueros de Wall Street.

     Sin embargo, esa no fue la única misión que Angleton le encomendó a Oswald. Al parecer Lee Harvey Oswald fue la versión norteamericana de Juan Roa Sierra. Varios autores han aportado indicios de la participación de la CIA, y específicamente de Angleton, en el asesinato del presidente Kennedy. Algunas fuentes aseguran que Angleton se hallaba en Dallas, Texas, el día que ocurrió el asesinato.

     Hoy día, la mayoría de los estudiosos que han investigado el asesinato del presidente norteamericano coinciden en que Oswald no fue sino un cabeza de turco, un chivo expiatorio que ni tan siquiera disparó su fusil en contra del presidente. Según algunos autores, al igual que Roa Sierra, Oswald era un candidato de la Manchuria, que había sido psíquicamente condicionado para creer que cometía el asesinato, mientras otros francotiradores expertos, situados en puntos estratégicos, hacían los disparos. Según el plan, una vez cometido el asesinato, otros agentes controlados asesinarían a Oswald, exactamente igual que sucedió con Roa Sierra. Pero parece que, en el último momento, Oswald logró salir de su estado hipnótico, se percató de la situación y trató de escapar.

      Existen pruebas testimoniales de que, una vez que lo capturó la policía, Oswald afirmó varias veces que él no había disparado contra el presidente. Poco después Jack Ruby, un mafioso dueño de un bar de prostitutas en Dallas, logró acercarse a Oswald a pesar del cerco policíaco y le disparó a quemarropa. Al igual que en el caso de Roa Sierra, la muerte de Oswald silenció al presunto asesino.

     En conclusión, Angleton tuvo el motivo, la habilidad, los medios y la oportunidad para haber participado en la operación Bogotazo. Además, como todo criminal con experiencia, Angleton se creó una coartada, respaldada por un testigo respetable aunque no del todo imparcial: su esposa. Por supuesto, sólo una persona muy crédula puede pensar que algún día se hallará entre los documentos desclasificados de la CIA el memorándum en el que Dulles le ordenó a Angleton asesinar a Gaitán. Ese tipo de órdenes nunca se pone en blanco y negro, sino que, para evitar dejar rastros comprometedores, se da verbalmente, y algunas veces sólo se insinúa. A buen entendedor, pocas palabras.

     Expresé por primera vez mi teoría de que Roa podría haber sido un candidato de la Manchuria en mi novela La madre de todas las conspiraciones, publicada en el 2005. Pero el hecho de que Roa puede haber sido un caso temprano de candidato de la Manchuria es tan obvio que otras personas ya han llegado independientemente a la misma conclusión.

     Hace poco hallé en la Internet un largo artículo escrito por un investigador independiente australiano, Greg Parker, titulado “Bogota Ripples, Was Sierra a ‘false assassin’?”, en el que ofrece un excelente análisis del asesinato de Gaitán y llega a a una conclusión similar a la mía. Según Parker, [Roa] “Sierra fue el primer asesino de la CIA a quien le habían “lavado” el

cerebro” —o sea, un candidato de la Manchuria — lo cual coincide con mi propia conclusión.

     Otro investigador que ha llegado independientemente a una conclusión muy parecida es el investigador Allan Weberman. En un artículo publicado en la Internet el 16 de Febrero de 1999, Weberman afirma que el Bogotazo fue una operación temprana de la CIA. Por su parte, el periodista cubano en el exilio Andrés Rivero, también ha llegó a una conclusión

similar.

12. El Bogotazo: el misterio subsiste

     El Bogotazo es un suceso clave para entender cómo los conspiradores del CFR han usado la CIA para lograr sus objetivo final de convertir los EE.UU. en una dictadura totalitaria de tipo comunofascista. Esto explica los esfuerzos continuados de miembros clave del CFR, encaminados a enturbiar las aguas históricas así como sabotear los intentos de investigadores no-controlados de descubrir la verdad sobre los sucesos del Bogotazo.   Prueba de esto son los esfuerzos de la CIA por bloquear los intentos de Paul Wolf de obtener la desclasificación de ciertos documentos secretos de la CIA.

     Wolf, un infatigable y minucioso investigador privado luego convertido en abogado exitoso, ha dedicado largas horas a investigar los sucesos del Bogotazo y el asesinato de Gaitán. Gracias a sus esfuerzos, ha logrado compilar lo que es sin duda el archivo más completo de documentos sobre esos hechos y los ha puesto desinteresadamente al servicio de otros investigadores.

     No es de sorprenderse que Wolf haya llegado a la conclusión inevitable de que la CIA tiene que saber más de lo que admite sobre el asesinato de Gaitán.

     En un esfuerzo por hallar pruebas que corroboren su hipótesis, Wolf se valió de una ley que establece que los documentos secretos del gobierno norteamericano deben desclasificarse y ponerse al alcance del público después de 25 años de haber sido escritos. Pero la CIA, en violación de la ley, ha bloqueado todos sus intentos.

     Finalmente, después de agotados todos los esfuerzos persuasivos, Wolf dio un paso más y legalmente demandó que tales documentos fuesen hechos públicos. Pero esto fue tan sólo el comienzo de una larga batalla legal. Finalmente, el 12 de octubre del 2002, Wolf y su abogado comparecieron ante a un Juez de Distrito de los EE.UU. para exponer su caso. La CIA fue representada por uno de sus abogados.

     En la vista del caso, el abogado de Wolf explicó que el Bogotazo había coincidido con la celebración de la Novena Conferencia de Estados Latinoamericanos, “la reunión que introdujo la Guerra Fría. La Conferencia fue el primer intento de crear una alianza en relación con la Guerra Fría en el hemisferio occidental.” También mencionó el hecho inexplicable de que, a pesar de lo establecido por la Ley de Libertad de Información (Freedon of Information Act, FOIA), los documentos relacionados con el Bogotazo, escritos hace más de 60 años, aún se mantienen clasificados como secretos.

     Por su parte, la abogada de la CIA justificó la falta de interés de la CIA en hacer públicos esos documentos, en caso de que existan — algo que la CIA ni confirma ni niega —, porque ello revelaría fuentes y métodos que podrían causar daño a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Este argumento fue repetidos varias veces por la abogada de la CIA durante la vista del caso. Pero lo que la representante legal de la CIA alegó no tiene sentido.

     Hoy en día, los métodos de inteligencia y espionaje usados por la CIA en 1948 han cambiado tan radicalmente que revelar los que la Agencia usaba en 1948 es totalmente irrelevante. Por tanto, si descartamos los métodos, el único motivo que pudiera alegarse sería que la CIA está protegiendo sus fuentes, es decir, sus agentes secretos que participaron en el Bogotazo.

     Sin embargo, después de haber transcurrido más de 60 años de los sucesos del Bogotazo, es lógico pensar que la mayoría de los agentes secretos de la CIA que participaron en los sucesos han fallecido. Por tanto, ¿qué fuente o agente secreto que aún vive tuvo un papel tan importante en el Bogotazo que, si se revelara, perjudicaría no la seguridad nacional de los EE.UU. sino los intereses de los conspiradores del CFR?

     En la actualidad, unas de las pocas personas que participaron activamente en el Bogotazo y que aún vive es Fidel Castro. Por consiguiente, hay que llegar a la conclusión de que la CIA, o quienes la controlan, no desean que se haga público nada existente en los archivos secretos de la CIA acerca de la participación de Castro en el Bogotazo y el asesinato de Gaitán.

     En conclusión, todo indica que el asesinato de Gaitán y el Bogotazo fueron el resultado de una operación de guerra psicológica cuidadosamente planeada por los conspiradores del CFR y llevada a cabo por oficiales de inteligencia de la desaparecida OSS y de la recién creada CIA. Esto explica el hecho de que una gran mayoría de los participantes clave en la operación fuesen ex miembros de la OSS, miembros de la CIA y miembros del CFR.

     Entre los que se han mencionado se hallan, General George C. Marshall (CFR), Secretario de Estado norteamericano, Jefe de la Delegación de los EE.UU. a la Novena Conferencia. General Matthew B. Ridgway (CFR), Asesor militar de la delegación norteamericana a la Novena Conferencia. Averell Harriman (CFR), Secretario de Comercio de los EE.UU. John McCloy (CFR), presidente del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, asistió a la Conferencia. William Wieland, protegido de Sumner Welles (CFR), probablemente perteneciente al servicio de inteligencia del Departamento de Estado, luego acusado de apoyar a Castro antes y después que éste tomó el poder en Cuba en 1959.

     Roy Rubbotom, funcionario del Departamento de Estado, acusado de ser procastrista. William Pawley, amigo de Allen Dulles y conectado con la CIA. Según un testigo, Pawley estuvo presente en la reunión en casa de Mario Lazo.200 Willard Beaulac, Embajador de los EE.UU. en Colombia y ex embajador norteamericano en Cuba. Se sospecha que también asistió a la reunión en casa de Lazo. Norman Armour (CFR, OSS), Subsecretario de Estado norteamericano. Delegado norteamericano a la Novena Conferencia. Richard Salvatierra, oficial de la CIA. Asistió a la reunión en casa de Lazo. John Mepples Spiritto, Oficial de la CIA que luego trabajó en el proyecto.

     ARTICHOKE. Trató de sobornar o asesinar a Gaitán. John C. Wiley (CFR, OSS), exembajador norteamericano en Colombia. Robert Lovett (Skull & Bones), Secretario de Estado norteamericano substituto, íntimamente ligado al CFR. Rafael del Pino Siero, ex miembro de las fuerzas armadas norteamericanas con posibles nexos con la CIA. Asistió a la reunión secreta en casa de Lazo. Fidel Castro Ruz, también estuvo presente en la reunión en casa de Lazo, donde se sospecha que fue reclutado por la CIA y luego pasó a ser agente secreto de los Rockefellers.

     Aparte de la información que he suministrado más arriba, las actividades durante el Bogotazo de un grupo tan numeroso de personas conectadas con los servicios de inteligencia norteamericanos y con el CFR indican que el Bogotazo no fue una explosión espontánea de violencia, sino una operación de bandera falsa; un elemento clave de una psiop de gran envergadura luego conocida como la Guerra Fría.

     No obstante, no hay que olvidar que todas las actividades de inteligencia y espionaje, y especialmente las operaciones encubiertas, se llevan a cabo bajo las más estrictas reglas de compartimentación y necesidad de saber (need-to-know), lo cual, traducido a buen romance, significa que la mano izquierda no sabe lo que hace la mano derecha. Por consiguiente, hay que suponer que la mayoría de las personas mencionadas más arriba no

sabían exactamente en qué consistía la totalidad de la operación en la que pensaran que estaban haciendo un trabajo patriótico, en defensa de los intereses del pueblo norteame-ricano.

     Por ejemplo, Ramón Conte, que estaba en uno de los escalones más bajos de la cadena de mando durante el reclutamiento de Castro, mencionó que otro agente de la CIA le había dicho que los servicios de inteligencia norteamericanos habían recibido información de que durante la Novena Conferencia alguien iba a atentar contra la vida de un alto líder político.

Según Conte, una de las tareas asignadas a Fidel Castro en Colombia en su trabajo para la CIA consistía en investigar si existía algún plan de atentado personal contra el Secretario de Estado norteamericano George Marshall. Por supuesto, que quienquiera que le haya dicho esto a Conte simplemente lo desinformó, de la misma forma que otros participantes en la operación posiblemente hayan recibido distintas versiones desinformativas respecto a la operación que habría de llevarse a cabo en Bogotá.

     De modo que lo más probable haya sido que tan sólo Allen Dulles, Frank Wisner y James Angleton, y tal vez George Marshall, Averell Harriman y Robert Lovett, así como sus amos, Nelson y David Rockefeller, tuviesen una idea clara del verdadero propósito y la envergadura de la operación.

     El Bogotazo fue la primera operación de guerra psicológica en gran escala llevada a cabo por la recién creada Agencia Central de Inteligencia siguiendo órdenes de sus verdaderos amos, los conspiradores del CFR. La CIA siempre ha sido un instrumento más de los conspiradores en su larga lucha contra el pueblo norteamericano y los pueblos del mundo para lograr su objetivo de crear un Nuevo Orden Mundial comuno fascista bajo su control total.

     La metodología usada en la operación Bogotazo se ajustó a una variante del principio hegeliano de tesis-antítesis-síntesis. El Bogotazo fue la terrible antítesis que los conspira-dores presentaron como una operación del nuevo enemigo, el comunismo soviético, y la usaron como amenaza para convencer a los pueblos norteamericano y latinoamericanos de que aceptaran como un mal menor lo que parecía ser una alternativa mala, pero más aceptable: la Guerra Fría.
     El Bogotazo marcó el gran comienzo de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. Unos pocos años más tarde Nelson Rockefeller, uno de los conspiradores principales del CFR, trataba desesperadamente de venderle a todo el mundo la idea de construir refugios nucleares en cada edificio y los escolares norteamericanos ensayaban cada día cómo refugiarse debajo de sus pupitres en caso de ataque nuclear. Para el pueblo norteameri-cano, los tiempos de vivir bajo el miedo constante de un sorpresivo ataque nuclear habían comenzado.