lunes, 26 de junio de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-5 PARTE-APENDICE-ADDENDUM:MAS SOBRE EL BOGOTAZO

APÉNDICE
     Según el Diccionario de Términos Militares del estado Mayor norteamericano, la inteligen-cia es el producto final resultante de la recolección, procesamiento, integración, análisis e interpretación de la información disponible. De hecho, la definición oficial del término “inteli-gencia” aceptado por los servicios de inteligencia estadounidenses es “información que ha sido evaluada”.

     En un informe dirigido en 1955 al Gobierno de los EE.UU., la Comisión Herbert Hoover, un grupo de estudio del Congreso norteamericano dedicado a analizar actividades de inteligen-cia, concluyó que: “Inteligencia es lo tiene que ver con todas las cosas que se deben conocer antes de iniciar un curso de acción”.  Una definición similar la había dado un verdadero experto en la materia hace más de 2000 años. Según Sun Tzu, “La razón por la cual el príncipe ilustrado y el sabio general siempre logran vencer al enemigo es debido a su presciencia”.

     Por lo tanto, a pesar de que el término inteligencia comprende algo mucho más complejo, podemos aceptar la definición más corta de que inteligencia es tan sólo información después de que ha sido debidamente evaluada.

     Aunque la definición de inteligencia es muy simple y directa, la mayoría de los autores que tratan el tema la confunden. Algunos de ellos utilizan los términos información e inteligencia como sinónimos, cuando es obvio que no lo son. Otros, incluso han utilizado el término “inteligencia en bruto” como sinónimo de información, pero, como veremos más adelante, contrariamente a la información (que puede contener información errónea y desinformación), la inteligencia es un producto muy elaborado, y en ella no hay nada “en bruto”.

     
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 Los servicios de inteligencia norteamericanos usan una clasificación convencional para determinar el grado de credibilidad, confiabilidad, importancia y precisión de una información. Los servicios de inteligencia de otros países usan clasificaciones similares. Este análisis se basa tanto en el estudio de la fuente como en el de la información en sí misma. El sistema es relativamente simple.

1. La evaluación de la información

     Según un manual secreto de la CIA sin fecha de publicación, la evaluación de la informa-ción, también llamada valoración o validación, tiene que ver con el análisis de una informa-ción específica en términos de credibilidad, veracidad, exactitud y pertinencia, y el uso de esta información una vez que ésta se convierte en inteligencia. La evaluación o valoración de la información se logra en varias etapas y se indica mediante un sistema convencional de letras y números.

     Confiabilidad de la fuente Veracidad de la información

A. Totalmente confiable                                              1. Confirmada por otras fuentes confiables

B. Generalmente confiable                                        2. Probablemente cierta

C. Aceptablemente confiable                                   3. Posiblemente cierta

D. Generalmente no confiable                                  4. Dudosa

E. Poco confiable                                                           5. Poco probable

F. Imposible de verificar                                              6. Imposible de verificar

     Como se puede apreciar, la evaluación de la información tiene que ver simultáneamente tanto con la veracidad de la información en sí misma — un largo proceso que implica verificar meticulosamente la nueva información y cómo ésta se integra a información existente que ha sido verificada — como con la confiablidad de la fuente que suministra la información. Ambos aspectos deben ser considerados independientemente, porque la confiabilidad de la fuente por sí sola no garantiza que la información sea cierta, ni la veracidad de la información por sí sola garantiza que la fuente sea confiable. Sin embargo, por lo general la mayoría de la gente, inclusive los oficiales de inteligencia, tienden a creer lo que sospechan o esperan que sea cierto.

     Debe enfatizarse que ambas evaluaciones deben ser completamente independientes una de otra, lo que se indica de acuerdo al sistema que se muestra más arriba. Por ejemplo, una información considerada “probablemente cierta”, proveniente de una fuente “generalmente confiable:, se designaría como “B2”.

     Como se infiere, los analistas de inteligencia se asemejan a los meteorólogos en que nunca afirman o niegan algo categóricamente, sino que tan sólo emiten criterios de probabilidades de que algo sea cierto o no.

     Por ejemplo, la información sobre los sucesos del Bogotazo que Fidel Castro le proporcionó a Arturo Alape podría clasificarse como “E4”, es decir, una información dudosa proveniente de una fuente poco confiable.

     Muchos aspectos se toman en consideración al evaluar la confiabilidad de la fuente: ¿El agente vio u oyó la información con sus propios ojos y oídos o a través de otras fuentes? ¿Cuál era su acceso a esas fuentes? ¿El agente se caracteriza por decir siempre la verdad o tiende a mentir o a exagerar? ¿Es un buen observador? ¿Tiene buena memoria? ¿Es riguroso en la verificación o transcripción de sus datos?

     Hay que tener en cuenta que la autoridad de una fuente es algo muy relativo. Una fuente de gran autoridad puede producir información confiable, pero el oficial de inteligencia siempre debe preguntarse a sí mismo, ¿por qué?, ¿cuál es su motivación? Cuanto mayor sea la autoridad de la fuente, mayor será la posibilidad de que pueda estar prejuiciada o que haya sido comprometida y, por tanto, mayor es el peligro de desinformación.

     Fuentes muy fidedignas de gobiernos totalitarios no siempre dicen la verdad, pero fuentes muy fidedignas de países democráticos tampoco suelen ser muy confiables. Por ejemplo, existe evidencia de que la CIA ha estado involucrada en el reclutamiento de profesores y alumnos en las universidades norteamericanas más prestigiosas y de periodistas en los medios de comunicación estadounidenses más influyentes. Además, hay sospechas de que la KGB, el Mossad, e incluso los servicios de inteligencia cubanos, entre otros, han hecho un buen trabajo penetrando las universidades y los medios de comunicación norteamericanos.

     Desde el punto de vista de la inteligencia y el espionaje, un documento robado al enemigo es más valioso que un secreto ofrecido gratuitamente por cualquier fuente, ya que el robado disminuye, aunque no elimina totalmente, el riesgo de que sea información deliberadamente engañosa.

     También hay que cuestionar la fuente, incluso aquella cuya buena fe no admite dudas. El peligro que confrontan los servicios de inteligencia, como la mayoría de los investigadores, es creer lo que quieren creer, un problema que ha afectado a todos los servicios de inteligencia del mundo en un momento u otro. El problema del prejuicio del evaluador es inevitable en la inteligencia, y se extiende incluso a la información más completa proveniente de las fuentes más confiables.

     El prejuicio en la evaluación de la información no puede ser totalmente eliminado en un servicio de inteligencia y, sobre todo, en los altos círculos gubernamentales, y se acrecienta con la creación de evaluadores que evalúen a los evaluadores. Dentro de los servicios de inteligencia, la única salvaguardia eficaz radica en la competencia individual y la calidad de sus miembros, así como en su honestidad intelectual y valentía personal para hacer frente a las presiones de arriba.

     Siempre hay que tener en cuenta que ninguna fuente puede ser considerada como infalible y que ningún elemento de información puede aceptarse como totalmente exacto. En cualquier caso, las posibilidades de error, mala interpretación, incomprensión y engaño son demasiado altas para confiar ciegamente en ningún tipo de información.

      Los súper patriotas, los doctrinarios, los historiadores de la corte, los trepadores burocráticos, las personas de visión provincial y, sobre todo, los oportunistas, son peligros potenciales para la correcta evaluación de la información. La perspectiva, la perspicacia, la experiencia de mundo, un punto de vista filosófico, el conocimiento y el sentido de la historia, y quizás hasta un poco de escepticismo y sentido del humor, son las cualidades de

un analista de inteligencia que reducen al mínimo el error en su interpretación y evaluación de la información.

2. Evaluación de los sucesos del 11 de septiembre del 2001

     Para evaluar adecuadamente los eventos del 11/9/2001, hay que tener en cuenta que toda la información inicial de los sucesos que recibió el pueblo norteamericano salió de una sola fuente: el gobierno estadounidense. Con la única excepción de la congresista Cynthia McKinney, quien desde el principio puso en duda la versión de los acontecimientos ofrecida por el gobierno de los EE.UU., nadie en los dos partidos principales la cuestionó.

     Sin embargo, el Gobierno de los EE.UU., al igual que todos los gobiernos del mundo, está compuesto de políticos y los políticos nunca han sido una fuente de información veraz. Por otra parte, es un hecho probado que en la actualidad el Gobierno de los EE.UU. ha caído completamente bajo el control de los conspiradores del CFR, cuyo objetivo han expresado

abiertamente en muchas ocasiones: la destrucción de los EE.UU. como un país soberano y la creación de un Nuevo Orden Mundial. Por tanto, voy a evaluar la única fuente de la información sobre los sucesos del 11 de septiembre de 2001, es decir, agentes secretos del CFR infiltrados en el gobierno de los EE.UU., con una E: Poco confiable.

     Ahora evaluaremos la exactitud de la información en sí misma. La característica principal de la información veraz es que encaja perfectamente con información previa que ha demostrado ser cierta. Por supuesto, hay una primera vez para todo, y el hecho de que algo nunca haya sucedido no es una prueba segura de que no ocurra algún día. Pero una información que constituye una excepción a la regla debe ser evaluada con mucho más cuidado que una que representa otra más en una serie de hechos similares.

     La evaluación de la información en sí misma es un proceso relacionado con un chequeo contra la inteligencia ya en mano acerca de sucesos similares ocurridos antes del que estamos evaluando, así como una conjetura en cuanto a la exactitud de la información relacionada con el suceso sobre la base de lo bien o lo mal que encaja con esta inteligencia anterior.

     Sin embargo, en el análisis de los acontecimientos históricos tenemos la ventaja de que podemos añadir a la evaluación de la información no sólo la existencia (o no existencia) de sucesos similares que ocurrieron antes del suceso que estamos evaluando, sino también la existencia (o no existencia) de sucesos similares que han ocurrido después del suceso en cuestión.

     En el caso de los sucesos del 11/9/2001, la evidencia muestra, en primer lugar, que nunca antes de esa fecha un rascacielos con o sin estructura de acero se había derrumbado como consecuencia de un fuego de cualquier tipo. Por ejemplo, el 28 de julio de 1945, un bombar-dero B-25 de dos motores perdió su ruta en la niebla y se estrelló contra los pisos 78, 79 y 80 del edificio Empire State, en ese momento el rascacielos más alto de la ciudad de New York. Sin embargo, a pesar de que el fuego se extendió por varios pisos y los bomberos tuvieron que luchar por varias horas para extinguirlo, el edificio no se derrumbó.

     Por otra parte, la evidencia demuestra que, más de diez años después de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, ningún rascacielos se ha desplomado como resultado de un incendio. Los ejemplos abundan. En octubre del 2004 un violento fuego se desató en uno de los rascacielos más altos de Caracas. A pesar de que el fuego destruyó 20 de los pisos superiores, el edificio no se desplomó. En febrero del 2005 un violento fuego se desató en un rascacielos de Madrid. Los bomberos estuvieron más de un día luchando por apagar el

fuego, que consumió totalmente los 30 pisos superiores. No obstante, el edificio no se desplomó. En noviembre del 2010 un edificio de apartamentos de 28 pisos en Shanghai, China, fue totalmente consumido por el fuego. Pero la estructura permaneció incólume y el edificio no se derrumbó. En abril del 2012, el rascacielos en construcción de la Federación Rusa en Moscú fue presa de un violento incendio que consumió gran parte de los pisos superiores. No obstante, los bomberos pudieron controlar el fuego. El edificio no se desplomó.

     En segundo lugar, nunca, antes o después del 11 de septiembre del 2001, un rascacielos, con estructura de acero o sin ella, se ha derrumbado sobre su propia huella. La evidencia muestra que nunca un edificio se ha desplomado en su propia huella salvo como resultado de una demolición controlada. Se han dado algunos casos en que edificios altos se han desplomado como resultado de terremotos o fallas en su construcción, pero siempre se desploman irregularmente, y causan daños en otros edificios a su alrededor.

     Esta es precisamente la razón por la que las empresas que realizan demoliciones controladas cobran grandes sumas de dinero por hacer su trabajo altamente especializado.

Si los edificios, especialmente edificios altos con una estructura de acero, normalmente se desplomaran en su propia huella al ser demolidos, el trabajo de estas empresas sería superfluo, pero no lo es. Sin embargo, los agentes del CFR en el gobierno de EE.UU. nos quieren hacer creer que, excepcionalmente, el 11 de septiembre del 2001, no uno, o dos, sino tres rascacielos con estructura de acero se derrumbaron sobre su propia huella como resultado de incendios.

     Por lo tanto, después de evaluar la veracidad de la información y la confiabilidad de la fuente, cualquier analista de inteligencia llegaría a la conclusión de que la exactitud de la propia información proporcionada por los agentes del CFR en el Gobierno de los EE.UU. podría ser evaluada como un 5, es decir, poco probable. Nunca antes ni después del 11 de

septiembre de 2001 un rascacielos se ha desplomado en su propia huella como resultado de un fuego.

     Por lo tanto, cualquier evaluación de inteligencia de los sucesos del 11/9/2001 produciría algo cercano a un E5, es decir, información poco probable proveniente de una fuente poco confiable. Por las mismas razones, tomando como base el análisis anterior, los servicios de inteligencia de otros países deben haber evaluado la información sobre los sucesos del 11/ 9/2001 proporcionada por los agentes del CFR en el Gobierno de los EE.UU. como un intento torpe de pasar desinformación disfrazada como verdadera inteligencia. Esto incluye el informe producido por la Comisión oficial que estudió los sucesos — cuyos miembros eran casi todos agentes del CFR.

     Por otra parte, el hecho de que los sucesos del 11 de septiembre del 2001 sirvieron como pretexto para implementar políticas decididas con mucha antelación, es un índice cierto de que fue una operación llevada a cabo por los conspiradores del CFR infiltrados en el gobierno norteamericano. Al igual que el Bogotazo fue usado como pretexto para el comienzo de la Guerra Fría, los sucesos del 11 de septiembre del 2001 fueron el pretexto para justificar el comienzo una guerra interminable contra el terrorismo, que se ha convertido en una guerra contra el pueblo norteamericano y los pueblos del mundo.

     Comenzando con la explosión del acorazado Maine en 1898 en la bahía de La Habana, y terminando con los sucesos del 11 de septiembre del 2001, la política exterior norteamerica-na se ha basado en mentiras creadas por los conspiradores del CFR e implantadas en las mentes de los crédulos ciudadanos por una prensa cómplice. La mentira es el arma más poderosa que usan los gobiernos en todo el mundo para mantener a sus pueblos aterroriza-dos y sometidos. Desafortunadamente, el gobierno norteamericano no es una excepción.

  ADDENDUM

MÁS SOBRE EL BOGOTAZO

     Después de que había enviado a la casa editora el manuscrito de este libro y esperaba la prueba de imprenta para darle el visto bueno final, un amigo de Miami me envió una informa-ción sobre el Bogotazo que considero de gran valor; tan sólo segunda en importancia después de la información sobre la reunión secreta en casa de Mario Lazo.

     Por tanto, como a estas alturas habría sido bastante complicado rehacer el capítulo sobre el Bogotazo para intercalar esta información en el sitio adecuado, decidí añadir la nueva información en este Addendum.

     La mañana del 11 de abril, se corrió la voz de que los revoltosos habían depuesto las armas después de haber llegado a un acuerdo con el gobierno. Debido a que la situación era caótica, Castro, del Pino y el resto de los cubanos se refugiaron en un hotel del centro de Bogotá y se pusieron en contacto en la embajada cubana con el embajador, Guillermo Belt, que también asistía a la Novena Conferencia, para que les diera asilo y tratara de sacarlos del país. Belt les prometió enviar un automóvil de la embajada para recogerlos

     Pero como ya eran casi las 5 y 30 de la tarde, y el toque de queda comenzaba a las seis, el dueño del hotel los echó a la calle. Fue entonces cuando, según Castro por pura casualidad, se toparon con un funcionario de la embajada argentina que conducía un auto con placas diplomáticas, y Castro lo convenció para que los llevara a la embajada cubana.

     El día siguiente, Castro, del Pino y los otros cubanos pudieron regresar a Cuba en un avión de carga, que en teoría había ido a recoger unos toros que habían sido llevados a Bogotá para exhibirlos en una feria agrícola. Al su llegada a La Habana Castro declaró a la prensa que se habían escapado de Colombia por cuenta propia usando nombres ficticios.    Algunas fuentes aseguran que Castro usó su pseudónimo “Alejandro”.

     Pero hay algunos elementos de esta historia que no encajan con la realidad de los hechos. En primer lugar, la animosidad entre Fidel Castro y el entonces presidente de Cuba Ramón Grau San Martín era bien conocida, en especial  por Belt, que era amigo personal de Grau. En segundo lugar, en la versión de los hechos que Castro le dio a Tad Szulc, los cubanos de la embajada los recibieron muy bien debido a que se habían hecho famosos. Por tanto, los nombres ficticios no fueron usados para engañar a los cubanos de la embajada, sino a las autoridades colombianas. Es decir, que salieron del país con documentos falsos. Pero, como tal tipo de documentos no se producen de la noche a la mañana, todo indica que habían sido preparados con anterioridad.

     En tercer lugar, debido a los disturbios, las autoridades colombianas habían suspendido todos los vuelos comerciales desde Bogotá. Por tanto, es difícil de explicar la razón por la que el vuelo que conducía a Castro y a del Pino de regreso a Cuba fue autorizado a despegar.

     Es necesario añadir que el embajador cubano y delegado a la Novena Conferencia, Guillermo Belt, era un político de alto rango en Cuba, que mantenía estrechas relaciones en las altas esferas de Washington con figuras importantes del gobierno y las fuerzas armadas norteamericanas. Belt fue embajador de Cuba en los EE.UU. del 1944 al 1949. También había sido jefe de la delegación cubana a la reunión de San Francisco donde se creó la

Organización de Naciones Unidas. Del 1945 al 1949 también representó a Cuba en la ONU. Mas aún, Belt estuvo ligado a varias organizaciones bancarias de Wall Street.

     Pero lo más importante es que, según la información que copio a continuación, en cierto momento Belt dio una explicación sobre por qué tuvo un papel clave en ayudar a los agentes provocadores Castro y del Pino a que escaparan de Colombia. Esta ayuda no se debió a simpatía personal por Castro, porque en 1957, Belt le había dicho al embajador norteameri-cano en Cuba, Earl E.T. Smith, que Castro “había sido acusado de cometer varios crímenes durante el Bogotazo.”

     El 9 de mayo del 2012, el periodista cubano Antonio Llano Montes mencionó en su programa matutino por Radio Mambí de Miami, que había sido muy amigo del presidente Ramón Grau San Martin. Según Llano Montes, en un reunión privada con Grau en la que participaba Guillermo Belt, Llano Montes aprovechó la oportunidad para preguntarle a Belt, “por qué había sacado a Fidel Castro de Colombia en un avión después de su participación en el Bogotazo, y éste le contesto con una gran sonrisa: “Órdenes de arriba” y, con un movimiento de cabeza, señaló hacia el norte.

     Debido a que estas órdenes obviamente no habían venido del Presidente Grau, Llano Montes interpretó esta respuesta como que dichas órdenes habían procedido de Washington.

     Resulta interesante comprobar que, una vez más, tanto el gobierno norteamericano como el de Perón parecen haber tenido un papel importante en ayudar a Castro y a del Pino a escapar de Colombia después de haber realizado a cabalidad su trabajo como agentes provocadores al servicio de los conspiradores de Wall Street.