jueves, 29 de junio de 2017

EL BOGOTAZO LIMPIO-PRIMERA PARTE-LA CIA-TEMAS 6-7-8



6. Nelson Rockefeller y la guerra psicológica contra América Latina
     Desde su creación, la compañía Standard Oil de John D. Rockefeller (a la que otros productores de petróleo llamaban “una banda de ladrones”), siempre operó como una orga-nización de inteligencia y espionaje. Al igual que en las agencias de espionaje, John D. creó en su Standard Oil un culto al silencio y el engaño, bajo una política de secreto total. Se sabe que algunas de las personas que hacían negocios con John D. estaban obligadas a firmar un juramento de secreto, con la promesa de mantener todo tipo de acuerdo con Rockefeller estrictamente privado.
     John D. Rockefeller fue un pionero en el uso del espionaje industrial para hacer avanzar sus intereses comerciales. Según el autor Gary Allen, “el sistema de espionaje industrial de Rockefeller fue en su época el más elaborado, más sofisticado y de mayor éxito que haya sido creado.” Rockefeller contrató agentes en todas partes: entre sus competidores, entre
los políticos y en los medios de comunicación. En su continuo esfuerzo por monopolizar la industria del petróleo mediante la eliminación de toda competencia, los espías de la Standard Oil compilaban información sobre los mercados extranjeros y estadounidenses, y los analistas evaluaban la información en bruto y producía información útil; proceso que hoy se conoce como la evaluación de la información para convertirla en inteligencia.


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     John D. Rockefeller fue el inventor de una nueva forma de poder económico, el trust, en el que se basan las corporaciones modernas. Las corporaciones son básicamente organiza-ciones criminales carentes de principios, ética, moral, honradez, o sentimientos humanos. El objetivo principal de una corporación es la eliminación de la competencia y la creación de
un monopolio total, así como aumentar al máximo, por cualquier medio, las ganancias de sus inversionistas y ejecutivos.
     La creación de corporaciones fue el paso previo que abrió el camino para la creación de los dos tipos de estado totalitario más comunes en los tiempos modernos: el comunismo y el fascismo. Básicamente, el comunismo es un tipo de gobierno socialista en el que el Estado controla las corporaciones, en tanto que el fascismo es un tipo de gobierno socialista en el
que las corporaciones controlan el Estado. Por tanto, tiene sentido que el Nuevo Orden Mundial que los Rockefeller y sus socios criminales planean implantar en el mundo será una mezcla de ambos tipos de regímenes totalitarios.
     El Consejo de Relaciones Exteriores, básicamente una organización de inteligencia y espionaje, refleja la psicología, la mentalidad y los intereses de sus creadores, los hermanos Rockefeller, en especial David y Nelson. Al igual que su abuelo John D., Nelson y David Rockefeller siempre sintieron una fascinación especial por las actividades de inteligencia y espionaje, y orgullosamente continuaron la tradición que comenzó con su abuelo John D. Rockefeller.
     Debido al escándalo que desató cuando la prensa lo descubrió, mucha gente ha oído hablar del Proyecto Camelot, una operación de guerra psicológica concebida por los conspiradores que controlan el gobierno norteamericano, que se llevó a cabo en Chile como campo de pruebas para después implementarlo en otros países de América Latina. Ejecutado en parte por la CIA, y financiado por la Fundación Ford y la corporación Rand (lo cual indica que en realidad fue una operación secreta del CFR), el Proyecto Camelot comenzó en 1964 como un estudio sociológico de la sociedad chilena. Poco después, en su Informe Sobre América Latina, Nelson Rockefeller le recomendaría al gobierno norteame-ricano la toma del poder en América Latina a través de golpes de estado llevados a cabo por los militares títeres que ellos controlaban.
    Pero el Proyecto Camelot no fue ni la primera ni la última operación de guerra psicológica instigada por los Rockefellers contra los países al sur de la frontera norteamericana. A fines de la década de 1930, Nelson Rockefeller fue nombrado para supervisar un proyecto secreto del gobierno de los EE.UU., que pronto se convirtió en una ofensiva encubierta de guerra ideológica y económica contra los países al sur de la frontera. En American Propaganda Abroad, un libro escrito por un ex funcionario de la Agencia de Información de los EE.UU., se describe con bastante detalle cómo los Estados Unidos comenzaron su primera campaña de guerra psicológica contra América Latina en 1938, con la creación de la Oficina de Asuntos Interamericanos (Office of Inter-American Affairs, OIAA) en el Departamento de Estado, bajo la dirección de Nelson Rockefeller.
     Ese nombre inocuo en realidad encubría el trabajo real de la OIAA: librar una guerra psicológica contra los pueblos de América Latina. Poco después de su creación, un equipo secreto de guerra psicológica fue creado en la OIAA. La creación de la Oficina de Asuntos Interamericanos tuvo un fuerte apoyo entre los políticos de ambos partidos controlados por los Rockefellers. Ambos, Nelson y David, habían estado clamando por la creación de una agencia para coordinar las actividades de defensa de EE.UU. en América Latina y fomentar actitudes favorables a los objetivos secretos de los conspiradores.
     Dos años más tarde, en agosto de 1940, Nelson Rockefeller fue nombrado Coordinador de relaciones comerciales y culturales con las Repúblicas de América Latina. En ese momento, Nelson ya tenía fuertes lazos económicos, financieros y comerciales en América Latina, y la función secreta principal de su Oficina de Asuntos Interamericanos, fue la implementación de una amplia operación de guerra psicológica. Esta guerra psicológica había sido cuidadosamente planeada para moldear la opinión pública de América Latina a fin de que aceptaran sin protestar los planes de subyugación económica e ideológica de los conspiradores del CFR en la implementación de las primeras etapas del Nuevo Orden Mundial.
     Nelson ocupó diferentes cargos en el gobierno de Roosevelt. Pero Truman, que no era miembro del CFR, no consideró necesaria la ayuda de Nelson en su administración, y simplemente lo despidió del cargo. No obstante, durante el gobierno de Dwight Eisenhower, la estrella de Nelson brilló de nuevo cuando Eisenhower lo nombró Asistente Especial del Presidente para la Política Exterior (1954-55) y como jefe del secreto “Comité de los Cuarenta” a cargo de supervisar las operaciones encubiertas de la CIA. Nelson Rockefeller siempre abogó por el uso de organizaciones y fundaciones privadas como sustitutos del gobierno en las tareas de guerra psicológica de los EE.UU. Las actividades criminales de Nelson Rockefeller en todo el mundo llegaron a ser tan escandalosas que en 1947, cuando los EE.UU. acababan de vencer la guerra contra la Alemania nazi, surgieron sospechas generalizadas sobre sus actividades traidoras en América Latina.
     La razón de esas sospechas se debió a que Nelson estaba a cargo de los servicios de inteligencia norteamericanos, los cuales se habían hecho de la vista gorda ante los envíos de petróleo de la Standard Oil desde América del Sur a los nazis antes y después de que los EE.UU. declaran la guerra contra la Alemania nazi. Por otra parte, hay que reconocer que Rockefeller no era la única persona importante en el gobierno norteamericano sospechoso de haber participado en actos de traición durante la guerra. Otros traidores fueron Prescott
Bush y su abogado Allen Dulles, entonces jefe de la oficina de la OSS en Berna, Suiza y más tarde director de la CIA. Pero no es una coincidencia que ambos estaban asociados con la Standard Oil Co.
     En su libro Comerciando con el enemigo, Charles Higham ofreció abundantes pruebas de las actividades traidoras de los Rockefellers durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que Alemania carecía del petróleo necesario para hacer la guerra, los bombarderos nazis continuaron haciendo llover bombas sobre Londres y otras ciudades europeas. Esto fue posible gracias a la gasolina proporcionada por la Standard Oil de los Rockefeller.
     Después de que los EE.UU. se involucraron en la Segunda Guerra Mundial, el presidente Roosevelt nombró a Nelson Rockefeller Coordinador de Asuntos Interamericanos. Pero todo indica que su tarea principal en realidad consistía en coordinar el reabastecimiento en secreto de los buques y submarinos alemanes en América del Sur de los tanques de la Standard Oil.
     Nelson también se valió de ese cargo para obtener importantes concesiones en América del Sur para su empresa privada, la Corporación Internacional de Economía Básica (International Basic Economy Corporation, IBEC), que incluyeron una importante participa-ción en el mercado del café colombiano. Tan pronto como Nelson logró el control del mercado del café, lo primero que hizo fue subir los precios, una decisión que le permitió comprar varios miles de millones de dólares en bienes raíces en América del Sur.
     Esto afirmó una vez más al estereotipo del “imperialismo yankee” que los conspiradores del CFR y sus agentes secretos como Fidel Castro siempre han usado como cortina de humo para ocultar a los verdaderos imperialistas.
     Los Rockefeller siempre han utilizado el espionaje como su principal herramienta para promover sus intereses personales. Por ejemplo, Stephen Schlesinger, un especialista con experiencia en el campo de la criptografía, escribió un artículo en el que reveló algunas de las actividades de espionaje poco éticas llevadas a cabo por los conspiradores del CFR. Antes y durante la Conferencia de San Francisco de 1945, que culminó con la creación de la Organización de las Naciones Unidas, funcionarios de la OSS que trabajan para sus amos del CFR, espiaron a los delegados e interceptaron sus comunicaciones secretas con sus respectivos países para conocer de antemano las posiciones de cada uno los países en las negociaciones. El conocimiento de esta información privada permitió a los conspiradores del CFR tener un control total de la Conferencia, al punto de que la Carta de las Naciones Unidas adoptada por los delegados fue la que los conspiradores habían previamente redac-tado en la Harold Pratt House en New York, sede del CFR.
7. El Consejo Nacional de Seguridad y la CIA
     Al finalizar la guerra, muchos miembros de la desaparecida OSS pasaron a formar parte de la Unidad de Servicios Estratégicos (Strategic Services Unit, SSU) del Departamento de Guerra. Poco después la SSU se dividió en dos organizaciones diferentes, la Oficina de Operaciones Especiales (Office of Special Operations, OSO), y la Oficina de Coordinación de Políticas (Office of Policy Coordination, OPC). Richard Helms y James Jesus Angleton pasaron a formar parte de la OSO, en tanto que Frank Wisner, Richard Bissell, Edward Lansdale, Desmond Fitzgerald y Tracy Barnes se unieron a la OPC. Demás está decir que casi todos ellos eran miembros del Consejo de Relaciones Exteriores.
     Poco después, la OSO desapareció y la OPC tomó el nombre intencionalmente engañoso de Oficina de Coordinación de Información (Office of Coordination of Information, COI). Pero, al igual que su antecesora la OSS, la Oficina de Coordinación de Información nunca fue propiamente una agencia de inteligencia. La COI nunca realizó tareas de obtención y análisis de información, sino operaciones militares encubiertas. Esta fue la segunda incur-sión directa de los conspiradores del CFR en el campo del “espionaje, sabotaje, propaganda 'negra', guerra de guerrillas, y otras prácticas subversivas.”
     El autor John Loftus halló que la Oficina de Coordinación de Información era en realidad un departamento secreto de acción encubierta controlado por el CFR a través del Secretario de Defensa James Forrestal, un agente de CFR, y lo que Loftus llama “la facción Dulles [John Foster Dulles] en el Departamento de Estado.”
    Una parte importante de las actividades de la COI estaba dedicada a la guerra psicológica. A fines de 1946, la COI ya había creado directivas detalladas para actividades de guerra psicológica en la posguerra y, a mediados de 1947, creó un subcomité formado por miembros del Departamento de Estado, la marina y el ejército, para planear el uso continuado de guerra psicológica contra el nuevo enemigo artificialmente creado: la Unión Soviética.
     La creación de la Oficina de Coordinación de Información, un brazo militar encubierto al servicio directo de los conspiradores del CFR, tuvo un enorme significado político en la historia de los EE.UU. En primer lugar, porque el país nunca antes había tenido en tiempos de paz una agencia de inteligencia controlada por civiles y mucho menos dedicada a llevar a cabo operaciones militares encubiertas. En segundo lugar, porque, al estar bajo el control directo del presidente, la COI constituyó una importante extensión inconstitucional del poder ejecutivo. Esta expansión del poder del presidente, que le concedía poderes casi dictatoriales, permitió que, tan sólo con controlar al presidente, los conspiradores del CFR lograron controlar el gobierno de los E.UU.
     Una vez creada la CIA , el presidente Truman aprobó el documento NSC-4/A, que confería a la Oficina de Coordinación de Información, que ahora formaba parte de la CIA, la respon-sabilidad de planear y ejecutar operaciones de guerra psicológica encubierta.
     El 26 de julio de 1947, el presidente Harry S. Truman firmó la Ley de Seguridad Nacional que creo el Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council, NSC). Esta ley también creó la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), así como los cargos de Secretario de Defensa y Jefes de Estado Mayor Conjunto. También creó la Fuerza Aérea como una rama independiente de la fuerzas armadas norteamericanas.
     Esto marcó el comienzo oficial de la Guerra Fría, una creación artificial de los conspirado-res del Consejo de Relaciones Exteriores. En teoría, el Consejo de Seguridad Nacional fue creado para poder controlar mejor los departamentos que llevan a cabo la política exterior y
las actividades militares y de inteligencia del gobierno de los EE.UU. Sin embargo, la Ley de Seguridad Nacional, al igual que los documentos más importantes del gobierno de EE.UU., no había sido escrita ni en la Casa Blanca ni en el Congreso, sino en la Harold Pratt House en Manhattan, sede del CFR.
     Hay que tener en cuenta el hecho de que en ese momento algunos presidentes estadouni-denses todavía no estaban totalmente bajo el control de los conspiradores. Por tanto, el verdadero propósito de los conspiradores era crear una organización en la sombra, cuyos miembros rodearan a los presidentes y los manipularan mediante el control selectivo de la información que les llegara. No es una coincidencia el hecho de que, desde su creación, la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad Nacional han sido agentes secretos del CFR.
     La Ley de Seguridad Nacional solamente le adjudicaba al Consejo Nacional de Seguridad tareas de asesoramiento, no poderes ejecutivos. Aún más importante, la Ley no le daba a la recién creada CIA la autoridad para llevar a cabo operaciones encubiertas en el extranjero. No obstante, tan sólo unos meses más tarde, en diciembre de 1947, los agentes del CFR en
el Consejo de Seguridad Nacional emitieron en secreto la Directiva NSC 4-A, que hacía al director de la CIA responsable de la guerra psicológica.
     Luego, menos de un año después de su creación, los agentes de CFR en el Consejo de Seguridad Nacional dieron un paso más e ilegalmente asumieron poderes ejecutivos. El 18 de junio de 1948, el Consejo de Seguridad Nacional produjo la NSC 10/2, una directiva secreta que reemplazó la NSC 4-A y se mantuvo oculta del pueblo y del gobierno estado-unidense por muchos años. La NSC 10/2 autorizó a la CIA a llevar a cabo no sólo tareas de guerra psicológica, sino también todo tipo de operaciones militares encubiertas.
     Finalmente los conspiradores del CFR habían logrado lo que se proponían: la creación de un ejército invisible que llevara adelante sus planes de dominio mundial, ocultos bajo el manto de legalidad de una organización legítima del gobierno norteamericano.
     La directiva NSC 10/2 es tal vez el documento más importante si queremos entender la verdadera esencia de la CIA. Escrita en junio de 1948, tan sólo dos meses después de la exitosa operación Bogotazo, la NSC 10/2 en realidad dividía a la CIA en dos organizaciones básicamente distintas operacionalmente: una para llevar a cabo tareas básicamente pasi-vas de espionaje y análisis de inteligencia, y otra para ejecutar tareas activas de guerra psicológica y operaciones militares encubiertas.
     Como en la conocida novela de Ítalo Calvino Las dos mitades del vizconde, la NSC 10/2 dividió de un tajo la CIA y creó dos, una buena y una mala. En la rama de inteligencia y espionaje trabajaban verdaderos patriotas que creían que realizaban una labor importante para garantizar la seguridad de su país. Por el contrario, la rama de operaciones encubier-tas estaba totalmente controlada por agentes secretos del CFR, quienes no luchaban por cuidar y defender los intereses del país sino los intereses de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los altos ejecutivos de las corporaciones transnacionales.
     Lo anterior explica el por qué todos los supuestos fracasos que se le han achacado a la CIA siempre han sido en el área de análisis de información e inteligencia. Según la historia oficial, la mayor parte de las veces la CIA ha sido incapaz de alertar a tiempo al gobierno sobre la posibilidad de acciones del enemigo. Esto parece ser exactamente lo que sucedió cuando el Bogotazo. Sin embargo, como veremos más abajo, tanto en el caso del Bogotazo,
como en el de los otros “fracasos” que le sucedieron, la CIA sí informó con anterioridad, pero nadie le hizo caso. Y nadie le hizo caso por la sencilla razón de que quienes planeaban ejecutar la acción eran precisamente agentes del CFR en la rama de operaciones encubier-tas de la CIA.
     Si se ignora esta dicotomía, es imposible comprender el por qué, en la mayoría de los casos, después de un supuesto fracaso de la CIA en predecir un evento, luego se descubre que en realidad la CIA (o sea, la rama de la CIA dedicada a inteligencia y espionaje) sí había alertado con anterioridad sobre la posibilidad de que algo sucediera, pero fue ignorada.
     Los conspiradores del CFR infiltrados en el gobierno norteamericano siempre han explicado estos “fracasos” como la inhabilidad de la CIA y de otras agencias de inteligencia de “conectar los puntos”. Lo que los conspiradores convenientemente no dicen es que, si se conectaran los puntos, las líneas apuntarían directamente hacia traidores en cargos impor-tantes en el gobierno y las fuerzas armadas de los EE.UU, todos ellos agentes secretos del CFR.
     De vez en cuando, algún teórico aficionado a la teoría de las conspiraciones expresa sus sospechas de que la CIA ha caído bajo el control de una conspiración interna de pícaros y maleantes mal intencionados, que la está usando para promover sus propios intereses monetarios. Esta idea, sin embargo, no es nueva. Ya fue mencionado antes, y reforzada por el senador Frank Church, cuando, durante la investigación del Congreso que éste presidió
en 1975 para investigar la mala conducta de la CIA, la llamó “un elefante travieso.”
     Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las teorías de conspiraciones acerca el 11 de septiembre del 2001, ésta es totalmente falsa. No existe ningún grupo criminal privado que haya tomado el control de la CIA. En realidad, desde su creación, la CIA ha sido siempre una organización criminal que no tiene nada que ver con el gobierno de los EE.UU. y nunca ha
trabajado para las personas que pagan las cuentas con el dinero que el gobierno les quita de impuestos: los ciudadanos estadounidenses.
     El Consejo de Seguridad Nacional fue el primer paso en la creación de una aberración fascistoide luego conocida como el Estado de Seguridad Nacional. Poco después de su creación, este estado dentro del Estado, totalmente bajo el control de los magnates petro-leros, los banqueros de Wall Street y los altos ejecutivos de las corporaciones transnacio-nales, se transformó en un Estado irresponsable y fuera de control, que pronto se convirtió
en la mayor fuente de inseguridad para el pueblo estadounidense.
     El Consejo de Seguridad Nacional es un elemento clave para entender cómo los conspira-dores del CFR controlan indirectamente el gobierno de los EE.UU. El Consejo de Seguridad Nacional es la cabeza visible de la quinta columna de conspiradores del CFR infiltrados dentro del gobierno de los EE.UU. A pesar de que sus miembros han hecho un juramento de
lealtad para defender la Constitución de los EE.UU., su verdadera fidelidad es a los conspi-radores del CFR. Esto fue confirmado hace unos años por uno de ellos.
     El 8 de febrero de 2009, en la 45 ª Conferencia de Munich sobre Política de Seguridad en el hotel Bayerischer Hof, el Asesor de Seguridad Nacional de Barack Hussein Obama, General James L. Jones, declaró:
Gracias por su maravilloso tributo de ayer a Henry Kissinger [CFR]. Felicitaciones. Como el consejero de Seguridad Nacional más reciente de
los Estados Unidos, tomo mis órdenes diarias del doctor Kissinger, filtradas a través del general Brent Scowcroft [CFR] y Sandy Berger [CFR], que también está aquí. Siempre hemos tenido una cadena de mando en el Consejo de Seguridad Nacional y ésta existe en la actualidad.
     Más recientemente, la Secretaria de Estado de los EE.UU. Hillary Clinton también lo confirmó. En un discurso que pronunció el 15 de julio de 2009 con motivo de la inauguración de la nueva filial del CFR en Washington, D.C., Hillary declaró:
Me siento encantada de estar aquí en esta nueva filial. A menudo visito la nave madre en la ciudad de New York, pero es bueno tener una filial del Consejo aquí cerca, al cruzar la calle del Departamento de Estado. Siempre recibimos muchos consejos del Consejo, de modo que, esto significa que no tengo que ir lejos para que me digan lo que debemos hacer y qué debemos pensar acerca del futuro.
     De modo que, con sus propias palabras, el general James Jones y Hillary Clinton destru-yeron el mito de que el Consejo de Seguridad Nacional (y la CIA) son herramientas en las manos del Presidente. Según su propia admisión, la cadena de mando de los asesores de seguridad nacional y los secretarios de estado norteamericanos no tiene nada que ver con la Casa Blanca, sino que viene directamente de la Harold Pratt House en Manhattan, donde
los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street, y los altos ejecutivos de las corpora-ciones transnacionales mantienen la verdadera sede del poder en los EE.UU.
     Esta cadena de mando se estableció oficialmente en 1947, cuando los agentes secretos del CFR infiltrados en el gobierno de EE.UU. forzaron la creación de la Ley de Seguridad Nacional. Sin embargo, poco después de su creación, los agentes del CFR infiltrados en el Consejo de Seguridad Nacional lo convirtieron en una herramienta para controlar y filtrar la información que llega a los ojos y oídos de los presidentes, creando así una cortina de humo de desinformación a su alrededor. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los conspi-radores del CFR, a través de sus agentes secretos en el Consejo de Seguridad Nacional, han estado vertiendo desinformación en los ojos y oídos de los presidentes norteamericanos y “sugiriéndoles” las decisiones que deben tomar. Esto ha garantizado que las decisiones políticas más importantes que han tomado los presidentes norteamericanos en realidad hayan sido concebidas en la Harold Pratt House.
    Algunos presidentes díscolos, que trataron de actuar independientemente, pronto sufrie-ron las consecuencias: Kennedy fue asesinado, Nixon fue depuesto por un golpe de estado palaciego, y Reagan estuvo a punto de perder la vida, pero se salvó milagrosamente.
     Después de lo que he expuesto anteriormente, uno podría preguntarse: ¿Por qué los conspiradores necesitaban una nueva agencia de inteligencia, la CIA, cuando ya tenían una excelente, el CFR? La respuesta es relativamente simple: no tenían necesidad de otra agencia de inteligencia, y de hecho no crearon una nueva, porque, como he explicado anteriormente, la CIA nunca ha sido una agencia de inteligencia en el verdadero sentido de la palabra, al menos, no para los conspiradores del CFR que la crearon. De modo que la pregunta adecuada podría ser, ¿por qué crearon la CIA si no era para sacar provecho de su capacidad de obtener información y, mediante un proceso de evaluación y análisis, conver-tirla en inteligencia útil para que el presidente pueda tomar decisiones adecuadas?
     Según cierta anécdota, cuando el líder soviético José Stalin fue informado de que el Vaticano le había declarado la guerra a la Alemania nazi después de haber recibido la noticia de que el Ejército Rojo había rodeado Berlín con un puño de hierro, el dictador soviético se rió de buena gana y preguntó: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”
     Al igual que el Vaticano, los banqueros de Wall Street y los magnates petroleros habían logrado obtener un enorme poder económico para comprar los políticos corruptos y los críticos de los países que deseaban controlar. Pero también necesitaban recurrir de vez en cuando a la fuerza bruta para intimidar a los cobardes y castigar a los rebeldes. De modo que, desde finales del siglo XIX, comenzaron a utilizar las fuerzas armadas de los EE.UU. como su brazo militar para imponer sus políticas imperialistas.
     La larga lista de intervenciones militares en todo el mundo, empezando por la guerra hispano-cubano-norteamericana, marcó el comienzo del mal llamado “imperialismo nortea-mericano”, que en realidad es el “imperialismo de Wall Street.” Estas intervenciones milita-res en beneficio de la Mafia de Wall Street, pero llevadas a cabo a nombre del pueblo nortea-mericano, tuvieron como consecuencia que muchas personas honestas alrededor del mundo culparan al pueblo norteamericano por estas agresiones imperialistas.
     El agente del CFR Donald Rumsfeld a menudo citaba una frase de Al Capone: “Uno consigue más con una palabra amable y una pistola que con una palabra amable solamen-te”. Todo indica que la filosofía de la Mafia de Chicago se asemeja mucho a la filosofía que guía la Mafia de Wall Street: “Se logra mucho más con una mentira y un ejército que tan sólo con una mentira.”
     Un simple análisis superficial de las intervenciones militares de los EE.UU. en todo el mundo desde mediados de 1800, muestra cómo los banqueros de Wall Street y los magnates del petróleo han utilizado las fuerzas armadas de los EE.UU., en particular la Infantería de Marina, para llevar a cabo sus acciones criminales contra otros pueblos del mundo.
      América Latina es sin lugar a dudas una de las áreas del planeta que más ha sufrido estas actividades criminales. Una lista de las intervenciones militares de los EE.UU. desde 1890 mostraría que muy pocos países no han experimentado de primera mano la presencia de las tropas estadounidenses actuando para proteger los intereses de los banqueros de Wall Street y los magnates del petróleo.
     Pero, finalmente, el mundo cambió, y se hizo cada vez más riesgoso y problemático para los conspiradores del CFR usar abiertamente las fuerzas armadas de los EE.UU., particular-mente en América Latina, como la principal herramienta para imponer su voluntad a otros pueblos. El hecho fue reconocido por el propio Franklin D. Roosevelt, un agente secreto del CFR, cuando en una de sus reuniones con Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial le señaló que el colonialismo al descubierto, tal como el que se había usado en el pasado, ya no era una opción adecuada en el Caribe.
      Y esto no se debía tan sólo a que los Marines se habían convertido en un símbolo mundial de la agresión norteamericana y la opresión, sino también a un creciente descontento entre los altos oficiales de las fuerzas armadas de los EE.UU. La oposición de algunos de éstos, que no estaban totalmente bajo el control de los conspiradores, les hacía más difícil conti-nuar abiertamente usando a los militares estadounidenses para lograr sus nefastos propó-sitos. No obstante, los conspiradores del CFR necesitaban una opción a corto plazo para seguir usando la acción directa militar de EE.UU. cuando la coacción y la intimidación por sí solas no lograban hacerlo. Por tanto, tal vez después de recordar que Sun Tzu había dicho que toda guerra se basaen el engaño, los conspiradores decidieron crear su propio ejército privado ilegal. Y la mejor manera de crear este ejército sin alarmar al pueblo estadouni-dense y al mundo fue crear un ejército invisible. Por lo tanto, lo crearon subrepticiamente, manteniéndolo oculto del escrutinio público bajo la cobertura de una organización del gobierno legítimo EE.UU.
     A ese fin, valiéndose de sus agentes secretos infiltrados en el gobierno de los EE.UU., en 1947 los conspiradores forzaron a los ingenuos, o corruptos, políticos norteamericanos, a que aprobaran la Ley de Seguridad Nacional, que creó la organización que planeaban utili-zar para ejercer plenamente el control de los titiriteros del CFR sobre los presidentes títeres norteamericanos: el Consejo de Seguridad Nacional. Y un componente importante de la Ley de Seguridad Nacional fue la creación de una Agencia Central de Inteligencia, que nunca planearon utilizar como una verdadera agencia de inteligencia, sino como una cobertura que ocultara su brazo militar, ahora en forma de operaciones encubiertas.
     En poco tiempo la CIA demostró ser exactamente el tipo de organización que los conspiradores necesitaban para ayudarlos a alcanzar sus fines ilícitos de llevar a cabo su pillaje y saqueo en todo el mundo. En primer lugar, era gratis, porque los contribuyentes norteamericanos pagaban por ella. En segundo lugar, porque, gracias a los principios ope-rativos de la CIA, de secreto, compartimentación y necesidad de saber (need-to-know) inherentes a todos los servicios de inteligencia, resultó relativamente fácil ocultar sus activi-dades reales, tanto del público norteamericano en general como de los propios empleados de la CIA que no estaban bajo el control del CFR.
     El propio Allen Dulles, un agente secreto del CFR que fue Director de la CIA por varios años, reconoció el hecho cuando escribió:
Un servicio de inteligencia es el vehículo ideal para una conspiración. Sus miembros pueden viajar dentro y fuera del país cumpliendo órdenes secretas y sin hacer preguntas. Cada pedazo de papel en los archivos, su membresía, la utilización de los fondos, sus contactos, incluso los contactos con el enemigo, son secretos.
     A pesar de que Dulles se refería específicamente a los servicios de inteligencia alemanes, todo lo que dijo se podría aplicar perfectamente a la CIA o a cualquier otro servicio de inteligencia. El hecho de que la CIA es una esencialmente conspiración también fue notado por el analista político Michael Parenti. Según él:
En la mayoría de sus operaciones, la CIA es, por definición, una conspiración que se vale de operaciones encubiertas y planes secretos, muchos de los cuales son del peor tipo ¿Qué es una operación encubierta si no una conspiración? Al mismo tiempo, la CIA es una institución, una parte estructural del estado de seguridad nacional. En suma, la CIA es una conspiración institucionalizada.
     Al igual que muchos otros documentos importantes en la historia reciente de los Estados Unidos, La Directiva NSC 10/2, que autorizó la CIA a realizar operaciones militares encubiertas, fue escrita en la Harold Pratt, House en Manhattan por George Kennan, un agente secreto de los conspiradores. El documento menciona como un hecho probado “las virulentas actividades encubiertas de la URSS, sus países satélites y los grupos comunistas
para desacreditar y hacer fracasar los objetivos y las actividades de los Estados Unidos y otras potencias occidentales.” Estas supuestas “virulentas actividades encubiertas” de la Unión Soviética fueron la justificación que los conspiradores del CFR le dieron al pueblo norteamericano, cuyo país se suponía que fuera la antítesis de la Unión Soviética, para permitir que la CIA participara en virulentas actividades encubiertas en todo el mundo.
     Algunos años más tarde, el exoficial de la OSS y agente del CFR Arthur Schlesinger, Jr., expresó exactamente la misma idea de Kennan en un artículo que escribió en 1967 para la revista Foreign Affairs, órgano de desinformación del CFR. Según Schlesinger, los países occidentales se vieron obligados a enfrentarse a la Unión Soviética porque Stalin era un paranoico. No obstante, sin caer en el error de la izquierda de creer que los dirigentes soviéticos eran santos guiados por elevados principios morales, existe una amplia evidencia que indica que la Guerra Fría, como la propia Unión Soviética, fueron creaciones artificiales de los conspiradores del CFR, concebidas y mantenidas como una amenaza creíble para mantener al pueblo estadounidense en un estado de terror constante. Esta amenaza justificó la carrera armamentista producto de la confrontación con el enemigo que habían
creado de la nada. También es un hecho conocido que los conspiradores del CFR le sirvieron a Stalin la Europa del Este en bandeja de plata como una forma segura de aumentar el miedo al comunismo en el mundo.
     El historiador revisionista de la Universidad de Stanford, Barton J. Bernstein, halló abundante evidencia que prueba que, “al negarse a aceptar los intereses soviéticos, los líderes norteamericanos encargados de formular la política exterior contribuyeron a la Gue-rra Fría.” Una opinión similar fue expresada por el analista político H.W. Brands. Según él, “La Guerra Fría fue en gran parte el resultado de los esfuerzos de los EE.UU. en exportar el capitalismo a todo el mundo.” Cabe añadir que lo que exportaron fue el capitalismo monopolista, el mayor enemigo del verdadero capitalismo.
     Estas opiniones no son muy diferentes de la tesis formulada por Frank Kofsky en uno de los libros mejor documentados sobre las causas de la Guerra Fría, que él atribuye a una conspiración llevada a cabo por la élite del poder del CFR. Según Kofsky,
Independientemente de que algunas “teorías conspiratorias” sean extravagantes o no tengan sentido, es un hecho comprobado que en la década de 1940 los miembros de la clase gobernante y la élite del poder norteamericana recurrieron a maquinaciones conspirativas siempre que lo consideraron necesario.
     El proceso por el cual los conspiradores del CFR blandieron el fantasma del comunismo por medio siglo para atizar el miedo en el pueblo norteamericano se repitió exactamente igual en el 2001 con el miedo al terrorismo, después de que la implosión inesperada de la Unión Soviética los había privado del enemigo necesario. Siempre he sospechado que la verdadera razón de la primera guerra en Irak (una trampa en la que Saddam Hussein cayó estúpidamente)  fue provocar a los soviéticos para que entraran en el conflicto. Pero en esos momentos el oso soviético ya estaba muerto, y ni siquiera esa provocación directa logró revivirlo. Por desgracia para el pueblo norteamericano, el fracaso de resucitar el comunismo soviético les acarreó los eventos del 11 de septiembre de 2011, que justificaron
la Guerra Contra el Terrorismo como el sustituto provisional de la Guerra Fría.
     No obstante, al parecer la Guerra Contra el Terrorismo no ha resultado ser del todo convincente, por lo que los conspiradores del CFR están haciendo todo lo posible por comenzar una nueva Guerra Fría con China y con Rusia. Lamentablemente, como siempre pasa, son los pueblos, no los conspiradores, los que pagan el precio más alto en esas guerras injustificadas e innecesarias