viernes, 7 de julio de 2017

4.1. LA VERDADERA NATURALEZA DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

4.1 LA VERDADERA NATURALEZA DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

 
En este estudio se recogen diversas sugerencias con carácter solo aparentemente asistemático, porque todos los epígrafes tienen una relación profunda con los problemas de la moral, inevitablemente relacionados con la política en varios aspectos esenciales. Por otra parte, como el lector sabe ya bien, estamos tratando de establecer un seguimiento de la cadena gnóstica de la que acaban de aflorar como representantes los dos creadores del Modernismo a principios del siglo XX. Podrá deducir el lector que la cadena gnóstica hace notar su presencia en todas partes, en todos los períodos de la historia de a Iglesia católica y tendremos que darle de lleno la razón; la gnosis, el presunto «conocimiento profundo», tiene que acabar por planearse el problema de Dios para diluirle o para rechazarle; por eso cualquier presencia de la gnosis afecta a la historia de la Iglesia, que es una creación de Dios a través de su fundador, Cristo. 


Y vamos a ver inmediatamente que, entre las instituciones que exigen una mención y un análisis en este libro, reclama inequívocamente un lugar, la que hoy se conoce como Internacional Socialista. Acabo de recorrer algunas páginas de los centenares que Internet guarda sobre esta institución -muy poco satisfactorias, generalmente- y creo que nos conviene profundizar un poco más. La Internacional Socialista es la denominación actual de la institución marxista fundada por el alter ego de Carlos Marx, Friedrich Engels, en 1889 poco después de la muerte de Marx, todavía en el siglo XIX, para agrupar en una Internacional revolucionaria a todos los partidos socialistas del mundo que entonces existían. Se llamó Segunda Internacional tras el fracaso de la Primera que aun cofundada por Marx en 1864 fue dominada pronto por los anarquistas que rechazaron enteramente la obediencia marxista y prefirieron la «propaganda por el hecho», es decir, el terrorismo para destruir el orden social burgués A principios del siglo XX fueron desapareciendo los anarquistas de los que solamente conservó la Primera Internacional una importante fuerza de masas- el sindicato mayor de España, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) controlado desde los años veinte por una sociedad secreta de grupos terroristas, la FAI Federación Anarquista Ibérica). CNT y FAI tomaron parte en la guerra civil a favor del Frente Popular y durante ella fueron virtualmente aniquiladas por los comunistas. La Segunda Internacional Socialista, creada por Engels, actuaba bajo el influjo predominante del SPD (partido socialdemócrata alemán), de ideología netamente marxista, como todos los demás partidos miembros entre los que figuraba el español. El Partido Laborista británico, inspirado por los sindicatos I Trade Unions, no era abiertamente marxista salvo en algunos sectores radicales y durante las dos primeras décadas del siglo XX llegó a convertirse en alternativa parlamentaria para el Partido Conservador. Los primeros partidos que integraron la Segunda Internacional eran, sin excepción, marxistas; aunque se denominaran socialdemócratas. Algunos como el de Alemania y el de Rusia se llamaban, en efecto, socialdemócratas; otros, como el español y el italiano, Partidos Socialistas; otros como el de Francia «Sección Francesa de la Internacional Obrera» (SFIO). Como marxistas radicales los partidos de la Segunda Internacional se declaraban anti-burgueses, anti-capitalistas, partidarios fervientes de la lucha de clases y enemigos de la religión y de los ejércitos. Poco a poco, sin embargo, se fueron moderando, sin abjurar nunca de sus orígenes marxistas expresados en lo que llama por ejemplo el PSOE «Programa máximo». Esta tendencia reformista se hizo dominante en la Segunda Internacional gracias a diversas personalidades del mundo de la política o del mundo intelectual, como Jean Jaurés en Francia, Bernstein en Alemania y la Sociedad Fabiana en el Reino Unido. La Sociedad Fabiana fue determinante en la creación de la Segunda Internacional y mantiene su fuerza y su influjo dentro de la forma actual de esa institución, la Internacional Socialista. Porque la primera configuración de la Segunda Internacional se hundió por su tremendo fracaso de 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial. Los partidos socialistas, de confesión pacifista, habían apostado todo su influjo en las clases inferiores a que sus respectivos países no entrarían jamás en una guerra general entre burgueses, que se movían por intereses exclusivamente económicos. Sin embargo, toda Europa deseaba la guerra al comenzar la segunda década del siglo XX y los partidos socialistas de casi todos los países, movidos por el nacionalismo y el patriotismo belicista, aceptaron formar parte de los gobiernos de Unión Sagrada (coaliciones de partidos burgueses y partidos socialistas) [con lo que la Segunda Internacional perdió toda su credibilidad. En 1919, tras el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia, su creador Lenin lo hizo con estas palabras: «La Segunda Internacional ha muerto, ¡Viva la Tercera Internacional!» Aun así, la Segunda Internacional sobrevivió como una sombra, bajo diversas denominaciones, hasta la Segunda Guerra Mundial. Los partidos socialistas marchaban cada uno por su lado hasta que apuntó la guerra fría en medio de la política de bloques. Entonces la estrategia mundial norteamericana pensó en resucitar para sus fines defensivos a la Segunda Internacional y lo consiguió con otro nombre para ella: la Internacional Socialista, que vio la luz en 1951 como un valladar de la izquierda europea no comunista contra el expansionismo soviético. Ésta es la forma y el nombre actual de la agrupación de partidos creada por Engels.