viernes, 14 de julio de 2017

EL JUDIO INTERNACIONAL-Por Henry Ford-CAPITULO XVII-¿PREDOMINA EL JUDAISMO EN EL PERIODISMO MUNDIAL?


CAPITULO XVII
 ¿PREDOMINA EL JUDAISMO EN EL PERIODISMO MUNDIAL? 

Informa el presente capitulo un doble objetivo: fijar lo que dicen los Protocolos sionistas con respecto a la prensa en relación al plan mundial, e iniciar al lector en el estudio de la influencia hebrea sobre el periodismo. 
La raza israelita tuvo siempre una idea nítida de las ventajas que es posible sacar de la prensa, constituyendo este uno de sus factores de predominio. Hallarse enterado de antemano, saber lo que sucederá antes de que lo sepan los no-judíos, que entre ellos viven, fue siempre una prerrogativa de judío, facilitada por la estrecha coherencia de sus grupos y comunidades, por muy dispersos que estén. Desde siempre fueron ellos los más astutos transmisores de noticias, como han sido también ellos los inventores de la carta-nota informativa. 
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No pretendemos decir con esto que sean los judíos los precursores, ni los padrinos de la gran prensa moderna. Jamás animo a los hebreos la intención de divulgar las noticias sino mas bien la de conservarlas en secreto para su provecho propio. Las últimas noticias políticas, económicas o comerciales que se transmitían rápidamente de una comunidad hebrea a la otra y sobre toda Europa, fueron propiedad común, de las que cada comunidad saco y aprovecho lo que necesitaba, comunicándolas a su vez a otros grupos. Por espacio de siglos fue el judío el pueblo mejor informado del mundo entero. De sus fuentes secretas en las cortes y cancillerías, por israelitas privilegiados en posición favorable, obtuvo esa raza conocimiento pleno y exacto de los sucesos mundiales. Tuvieron los judíos espías en todas partes. Allá lejos, en Sudamérica, y cuando las colonias holandesas y británicas en el Norte, se habían apenas consolidado, vivían ya judíos, como centinelas de los intereses comerciales europeos. El mundo entero fue espiado en provecho de aquella raza, así como todavía hoy nuestro planeta esta bajo la mirada escudriñadora de los agentes israelitas (en su mayoría testaferros no-judíos), en lo que se refiere a los nuevos yacimientos de oro. 
Un interesante e histórico de cuanto los judíos saben apreciar las noticias frescas, nos lo brinda la carrera de Nathan Rothschild , de Londres. Este banquero baso todos sus planes financieros en el supuesto de que Napoleón, por aquel entonces desterrado en la isla de Elba, estaba definitivamente excluido de la política europea. Napoleón, empero, apareció de nuevo, y en los cien días de su ultimo gobierno de 1815 pareció derrumbarse necesariamente todo el magno edificio financiero construido por los Rothschild. Febrilmente ayudo este banquero a Prusia e Inglaterra, y al librearse finalmente la batalla de Waterloo, no hubo nadie mas interesado en su éxito que el. Nathan fue un hombre temeroso de la sangre; personalmente cobarde, el menor indicio de violencia le hacia temblar; mas su interés material en el éxito de esta batalla, de la que dependían su vida y su fortuna, prevaleció tanto, que fue a Bélgica, siguió al ejercito inglés, y al comenzar la batalla se oculto en un lugar al amparo de las balas cerca de Hougemont, desde donde observo con gran interés los sucesos de la jornada. En el preciso instante de reunir Napoleón sus ultimas reservas para un ultimo ataque desesperado, quedo fijado el juicio de Rothschild, quien mas tarde dijo haber exclamado: "La casa Rothschild gano la batalla". Abandono al punto el campo de batalla, monto a caballo y volvió a Bruselas, sin decir una sola palabra al publico que curioso le observaba. Alquilo otro caballo a un precio exorbitante y galopo hacia Ostende. Reinaba allí tal temporal, que ningún barco se atrevió a efectuar la travesía a Inglaterra. Rothschild, en otras oportunidades tan cobarde ante el mas pequeño riesgo, olvido todo su miedo ante la perspectiva de sus posibles jugadas en la Bolsa londinense. Ofreció 500, después 800 y finalmente 1.000 francos por la travesía. Nadie oso realizarla. Por fin presentóse un hombre diciendo que lo intentaría su Rothschild depositaba 2.000 francos en manos de su mujer. Medio muertos llegaron ambos a la costa inglesa; pero sin perder un segundo encargo Rothschild un correo expreso y partió para Londres, en cuyo viaje no se economizaron ni látigo ni espuelas. No existían en aquel entonces ni telégrafos, ni servicios rápidos. Inglaterra toda estaba consternada, rumores pesimistas circulaban por doquier. En la mañana del 20 de junio de 1815, al aparecer Nathan Rothschild en su puesto habitual de la Bolsa londinense, no sabia Inglaterra nada de lo que el conocía. Estaba pálido y desencajado. Su deplorable aspecto hizo suponer a otros bolsistas que tenía malas noticias de la guerra. Después se observo que tranquilamente iba vendiendo sus títulos. ¡Cómo! - ¿Rothschild vendía? - Bajaron catastróficamente las cotizaciones, un pánico enorme se adueño de los bolsistas, el mercado se inundo de títulos del Estado, y todo cuanto se ofrecía ¡lo compraron los agentes secretos de Rothschild! Ello ocurrió el día 20 y también el 21. Al cerrar la Bolsa el segundo día, estaban las arcas de Rothschild desbordantes de títulos de la Deuda. En la tarde de ese segundo día llego un correo expreso a Londres con la noticia de que Wellington había ganado la batalla y de que Napoleón huía hacia el Sur. Pero Nathan Rothschild había ganado 40 millones, y aquellos a los que el había comprado poseían por lo menos otro tanto, y solo a consecuencia de una noticia fresca . 
Entendidos de Wall Street, en Nueva York, dejan entrever a veces, que también en el transcurso de los años 1914 a 1918, personas de la raza de Rothschild supieron apreciar, y con igual éxito la ventaja de poseer una noticia de actualidad, así como también algunos de sus testaferros no- judíos. 
Al margen de la importancia típica que involucra esta historia de Nathan Rothschild, es muy característico también el hecho de que los hebreos, si bien sienten avidez por las noticias, no son, en cambio, sus publicistas. Los hebreos aprovecharon siempre las noticias en su propio interés, mas no las divulgaron. Si hubiese dependido de la influencia judía, jamás se hubiese desarrollado una gran prensa publicista. Únicamente por carecer Francia de una prensa de provincia, fue posible la revolución en Paris. La masa del pueblo quedo absolutamente a oscuras sobre lo que ocurría en la capital. 
La misma población de Paris no se entero de la caída de la Bastilla hasta el día siguiente. Allí donde faltan medios de publicidad, se adueñan fácilmente las minorías del poder, como lo prueba también en forma evidente la revolución judío-bolchevique en Rusia. 
Uno de los más peligrosos hechos en el desarrollo de nuestra era actual es la desconfianza del gran público hacia la prensa. Si fuese un día necesario divulgar rápidamente noticias veraces y orientadoras entre la gran masa del pueblo para defender y concertar en una sola acción común los intereses de la nación, esta se vería en un estado de deplorable inseguridad en tanto subsistiera este estado de general desconfianza. Aunque por otras razones no fuera, la suprema de amparar al pueblo contra el libre albedrío de cualquier minoría por medio de una prensa verdaderamente libre, deberían suprimirse todas las restricciones de la libre comunicación entre las distintas partes de un país. 
Pero como quiera que sea, la prensa existe (siendo en nuestra patria una creación anglosajona), representa una potencia no despreciable, y por eso el plan sionista y el anhelo judío de hegemonía mundial se ocupan de ella. Los Protocolos, que no han omitido un solo detalle, ofrecen un plan concreto con respecto a la prensa. La amplitud del material, del que tratan dichos documentos, se subdivide en dos distintos puntos de vista, a saber: "lo que hicimos" y "lo que haremos". 
En el Protocolo segundo se menciona ya a la prensa, y es característico que se haga esto en la misma tesis, en la que veinte años antes de la guerra mundial se dio la contraseña de "sin anexiones"; en la que se dice que los monarcas no-judíos podrían desempeñar sus cargos todavía durante algún tiempo ante los pueblos, en tanto el súper-gobierno judío se organizaba a espalda de los tronos. Y en el Protocolo, el darwinismo, el marxismo y las teorías de Nietzsche se citan como doctrinas desmoralizadoras propagadas por la influencia hebrea. Extrañas afirmaciones, por cierto; pero no más extraño lo que más tarde se efectuó, en efecto, confirmándolas. El segundo Protocolo expresa: "Se concentra en las manos de los gobiernos un poder que va creando determinados sentimientos populares: la prensa. Deberá consistir su cometido en comunicar simulados deseos apremiantes y exigencias del pueblo, publicar protestas de las masas populares y sembrar discordias. El triunfo de la libertad de palabra (vale decir de la charlatanería), corresponde a la prensa. Pero los gobiernos son incapaces de aprovechar con prudencia esta potencia, que, por lo tanto, cayó en nuestras manos. En secreto creamos nuestra influencia. Merced a ella fuimos acumulando montones de oro, aunque costo ríos de sangre y de lagrimas ". 
En dicho Protocolo se caracteriza " nuestra Prensa" como el medio auxiliar, con ayuda del cual se esparcieron "aquellas ideas que les (a los no-judíos) enseñamos como postulados de la "ciencia". "A tal fin seguiremos esforzándonos en infundir a las masas una confianza ciega en aquellas teorías mediante nuestra prensa". Después se afirma que el darwinismo, el marxismo y las teorías de Nietzsche se evidenciaron como las tres teorías más anarquizantes en el terreno de las ciencias naturales, de la economía nacional y de la moralidad, respectivamente. 
Afirmase en el tercer Protocolo que la influencia de la prensa deberá utilizarse en socavar todo el respeto ante un orden superior, diciéndose: "Audaces periodistas y detractores atrevidos atacan diariamente a los altos funcionarios de los gobiernos. Esa profanación de toda autoridad va preparando el derrumbe definitivo de todas las instituciones de los Estados, y estos serán destruidos por el impulso de las masas sin control". 
Describe este Protocolo el papel que desempeñara la prensa en la realización del plan mundial judío, en la forma siguiente: "Deberemos obligar a los gobiernos de los infieles a tomar medias que cooperen en la conducción de nuestros planes a su fin victorioso; tendrán que tolerar la presión de la opinión publica irritada, que se fabrica en realidad artificiosamente por nosotros mediante la llamada Gran Potencia, la prensa. Con muy escasas y poco importantes excepciones esta se encuentra ya completamente en nuestras manos". Dos veces, pues, proclamase aquí el predominio judío sobre la prensa mundial, "Cayo en nuestras manos", se dice en el segundo, y "esta ya en nuestras manos" se repite en el séptimo Protocolo. En el segundo se toma a la prensa como medio para propagar teorías disolventes en los terrenos científico, económico y moral-filosófico, en tanto que, según el séptimo Protocolo, se utiliza para sojuzgar a los gobiernos bajo la presión de la "opinión pública" artificiosamente excitada y de tolerar medidas "que aproximan nuestro amplio plan a su realización victoriosa". 
Es preciso hacer una pequeña aclaración a la afirmación del segundo protocolo, en el que se declara: "Merced a la prensa hemos acumulado montones de oro, aunque costo ríos de sangre y de lagrimas". Puede apoyarse tal aserto de muchas y diversas maneras. Las palabras "aunque costo ríos de sangre y de lagrimas" son una concesión, que ilustra singularmente los Protocolos, apoyando en forma enigmática la tesis de que la alta finanza mundial hebrea no hubiese podido anhelar la guerra mundial en vista de los sufrimientos de los judíos rusos durante la conflagración. En cambio, los Protocolos admiten rotundamente la posibilidad de que durante los preparativos para la hegemonía mundial hebrea ciertos judíos tuvieron que sufrir, mas se consuelan con la idea de que los tales judíos cayeron como soldados inmolados a la gloria de Israel. La muerte de un hebreo, nos dicen, es mas valiosa ante Dios que no la de mil "simientes de animal", como "cariñosamente" nos califican a los no-judíos. 
Es perfectamente clara la referencia a la acumulación del oro. No se trata en esta consideración únicamente de la posesión de noticias de actualidad, ni del inmediato provecho que se extrae de su publicación, sino también de la gran utilidad consistente en su propagación u ocultamiento, respectivamente, con miras a planes secretos de la alta finanza hebrea. Los Rothschild sobornaron editores de diarios, como compraron políticos de importancia. Para la preparación de cualquier empresa grande, se aseguraron siempre el silencio o el altisonante reclamo, según los casos, de los grandes rotativos. No importa que sea en asuntos bélicos o pacíficos, si ello implica la caída de gobiernos contrarios a los planes financieros o políticos hebreos; que se recurra a la difamación y supresión de testaferros no-judíos, de los que sus patronos judíos quisieran deshacerse, o en el progresivo "lanzar" y "hacer celebre" de ciertos "hombres futuros" previstos para esta o la otra empresa: en todas estas y otras cosas lleva la prensa su participación en los éxitos finales de la gran conspiración mundial israelita. 
Todos los detalles mencionados pueden apoyarse en numerosos ejemplos prácticos, que en los Estados Unidos ocurrieron en estos últimos tres lustros. 
Contiene el Protocolo 12 el plan completo para la absoluta dominación de la prensa, desde hoy, hasta la época en que se habrá establecido la hegemonía mundial judía. Se le ruega al lector seguir este profundo y amplio plan con todo el detenimiento y toda la reflexión necesarios. Adviértanse también la satisfacción y el orgullo con que se hace constar que hasta hoy no se ha tolerado publicación alguna acerca de la cuestión hebrea, que no haya sido provechosa a la implantación de la hegemonía mundial israelita. 
"¿Que papel desempeña la prensa ante nuestros objetivos? Al fin de cuentas, sirve para avivar las pasiones de los caracteres débiles, egoístas, en la forma más conveniente a nuestros intereses. Es frívola, embustera y deshonesta. En su mayoría, los periodistas ni siquiera comprenden para que sirve realmente la prensa ". 
Aparecen en estos párrafos ese mismo grado de desprecio que hallamos anteriormente en la apreciación general de la naturaleza humana o de su psicología. 
He aquí el plan concreto para la dominación de la prensa. 
1. "La ensillaremos, y como a yegua fogosa, tomaremos corta la brida. Lo mismo haremos con otras clases de publicidad, porque, ¿de que serviría suprimir ataques contra nosotros en la prensa periódica, si quedamos expuestos a la critica mediante folletos y libros?". 
2. " Ninguna noticia llegara a conocimiento de los pueblos sin que haya pa sado antes por nuestra censura. Actualmente lo hemos conseguido hasta tal punto, que todas las informaciones convergen en muy pocas agencias , que abarcan el servicio informativo del mundo entero". Proyecta viva luz sobre el primero de estos párrafos la siguiente publicación hebrea referente a la Declaración británicas sobre la Palestina, que dice: "Esta Declaración fue enviada por el Ministerio de Estado a Mr. Walter Rothschild... Para gran parte del pueblo hebreo habrá sido una sorpresa pero no para los que estaban al tanto de los asuntos sionistas. Su texto definitivo fue obra del Ministerio británico mas su contenido " había sido antes aprobado por las oficinas sionistas "en Gran Bretaña y Norteamérica . La Declaración fue redactada en la forma que deseaban los sionistas ".
3. "Literatura y periodismo constituyen dos potencias educadoras en extremo importantes y por tal razón nos adueñamos de la mayoría de los diarios y revistas. Por cada 10 que dejemos en manos ajenas, fundáremos treinta nuestros, etcétera. El público nada deberá sospechar de; todas las publicaciones bajo nuestra influencia defenderán exteriormente las más dispares tendencias; así lograremos la confianza del público y atraeremos a nuestros adversarios in cautos, llevándoles sin dificultad al aniquilamiento ". 
Este plan diabólico tiene especial interés ante la actual campaña en defensa de la causa judía llevada a cabo por importantes diarios. "Sólo es preciso – dicen - observar los diarios de propiedad hebrea o influenciados por hebreos; ¡cuán diferentes tendencias políticas defienden y cuán opuestas son sus opiniones!". Es verdad erigir "exteriormente", tal como lo preconiza el Protocolo 12. Pero no será difícil tampoco descubrir la uniformidad existente en su fondo. 
La idea de erigir una engañosa fachada para cubrir ocultos manejos se halla en todos los Protocolos, no sólo con respecto a la prensa, sino al referirse a otros puntos. El Protocolo 12, que desarrolló esta idea referente a la prensa, expresa: 
a) A fin de obligar a los autores a escribir obras tan extensas que nadie las lea , se prevé un recargo sobre publicaciones, que "será doble para folletos de menos de treinta páginas". Los trabajos breves y concisos son los más temibles. Cuanto más extensos los artículos, tanto menos se leen - dicen los Protocolos judíos. - En cambio, "lo que nosotros publiquemos para ir moldeando la opinión pública, será barato y se difundirá ampliamente. La "contribución" aplacará la ambición puramente literaria, en tanto que, por el otro lado, el temor al castigo tornará dóciles a los literatos. Aunque alguien se hallara en disposición de escribir en contra nuestra, no encontraría imprenta para sus obras ". 
(¡Cuántos autores norteamericanos podrían "declarar" en este sentido!) 
"Antes de admitir un manuscrito para su impresión, el editor o el impresor deberá solicitar el permiso facultativo. Sabremos así de antemano que ataques se preparan en contra nuestra, pudiéndolos neutralizar, publicando con anterioridad declaraciones confusionistas". 
Tal es, en efecto, la situación. Los judíos saben de antemano lo que ha de venir, y tratan de desarmar al adversario antes de su ataque. 
b) Se citan tres grados de periodismo judío, y éstos no sólo se hallan en los protocolos, sino que se tropieza con ellos por doquiera en la vida práctica. 
"Ocuparán el primer puesto los diarios de carácter puramente oficial, que siempre velarán por nuestros intereses y por lo tanto, su influencia será relativamente pequeña. 
"En segundo lugar, estarán los órganos semioficiosos, cuya tarea consistirá en servir a indiferentes y tibios. 
"En tercer término, las publicaciones de carácter francamente opositor. Por lo menos una de ellas deberá defender tendencias abiertamente hostiles. Nuestros verdaderos adversarios nos considerarán partidarios de sus ideas y nos descubrirán su juego . 
"Es preciso tener presente que, entre los órganos que nos atacan, muchos hay que fueron
fundados por nosotros mismos. Pero jamás atacarán otros puntos que aquellos que nosotros deseemos expresamente suprimir o reformar. 
"Todos nuestros diarios defenderán tendencias diversas, monárquicas, republicanas y aún anárquicas, pero esto ocurrirá sólo mientras exista una Constitución. Los que supongan enunciar la opinión de su prensa de Partido, no enunciarán, en realidad, más que nuestra opinión, o mejor dicho, lo que nosotros queramos que opinen . 
"Tratará o debatirán nuestra prensa, nuestras sentencias muy superficialmente, librando ficticias batallas, únicamente contra la prensa oficial, de lo que tendremos oportunidad de expresarnos con más detalles en la réplica que de primera intención hubiéramos podido hacerlo. Esto será siempre según convenga a nuestros intereses. 
"Dichos ataques simulados arraigarán en el público la fe en la libertad de la prensa, y dará ocasión a nuestros agentes para calificar a los diarios "adversarios" de ignorantes, por no saber aportar razonamientos serios contra nuestros actos y proyectos". 
Ocurrirá, efectivamente, si todos los diarios sin excepción estuvieran bajo la influencia hebrea. Más en el caso de nuestros artículos de combate, los papeles parecen estar trocados: esta vez la prensa hebrea y judaizada desiste por completo de rebatirnos con hechos y razones. 
"Llegado el caso, lanzaremos en la prensa opositora, ideas a modo de ensayo, para rebatirlas después enérgicamente en la prensa semioficiosa". 
" Los adversarios serios serán fácilmente rebatido s, porque no dispondrán de órganos para la publicidad . Como pretexto para eliminar cualquier publicación, siempre aduciremos la razón de que se altera con ella, sin razón o necesidad, el orden público". Pretexto éste que, efectivamente, se adujo, pero faltó la fuerza del poder público para ejecutar la supresión deseada. Empero, la influencia judía, en Estados Unidos, logra suprimir casi todas las publicaciones que no son de su agrado. 
¿Hasta dónde domina la influencia hebrea la publicación de prensa en Norteamérica? En lo referente al empleo de la palabra "judío" predomina sin excepción alguna. El editor que deseara emplearla, lo advertiría en seguida. Se le visita diciéndole (contrariamente a lo que se le enseña al joven judío en sus sinagogas), que la palabra "judío" significaría miembro de una secta religiosa, pero no de una raza, y que el emplearla públicamente en relación con cualquier hecho o persona, resulta tan ridículo como si en idéntico caso se pretendiera hacer constar expresamente que una persona es "católica", "metodista", "presbiteriana", o lo que fuere. 
Al judío, en cambio, se le dice y repite siempre por medio de sus portavoces, que, sin considerar su credo religioso, ni el estado de su nacimiento, es y sigue siendo judío, y, que por la fuerza de su sangre, pertenece a una raza determinada. Podrían llenarse páginas enteras con sentencias importantes personalidades judías a este respecto. Más lo que le dicen al judío sus portavoces y lo que al editor no judío le expresa la comisión judía que le visita son dos cosas totalmente distintas y en franca contradicción. Una revista judía puede perfectamente proclamar "urbi et orbi" que el profesor N., un juez O., o el senador P. son judíos; pero si un diario no-judío dijese lo mismo, recibiría inmediatamente la airada visita de una comisión judía. 
Un periódico norteamericano reprodujo recientemente, y sólo como actualidad, un extracto de uno de nuestros anteriores capítulos. Al siguiente día tuvo que dejar en blanco el espacio de varios avisos por no haberse renovado los mismos. Al inquirir la causa de ello, resultó que todas las casas anunciantes eran hebreas, y que la causa del boicot consistía en el mencionado artículo. También llegóse a saber que el corredor que traía dichos avisos era igualmente judío, y que, además, en una
comunidad secreta israelita, desempeño en cargo de censor de las publicaciones de la localidad, con el objeto exclusivamente de averiguar todo cuanto se escribiese sobre los judíos. Fue éste, también, quien conferenció con aquel editor, y a raíz de ello se publicó una ampulosa rectificación, que concluyó con una apología del judaísmo. El diario volvió a obtener sus avisos, y sólo queda por averiguar si este trato dado al editor fue un acto honesto. Cierto es que se le hizo cruelmente sentir el poderío semita, pero la táctica no es aconsejable, pues a éste editor se le ha comprobado así con hechos la existencia de una invisible hegemonía judía sobre el mismo. 
No queremos aconsejar a los editores que emprendan una campaña investigadora del oculto poder de los judíos, porque es siempre cuestión de tacto personal. Más cualquier editor encuentra la oportunidad para ver ciertas cosas y ese caso le recomendamos que si las ve, se acuerde al menos de ellas y que interiormente saqué sus consecuencias. 
Réplicas hebreas contra tales publicaciones las admiten casi todos los diarios, y hasta algunos se dejan engañar con mentirosas afirmaciones. Otros abrieron sus columnas a una propaganda contraria o judía. Puede ocurrir todo esto, pero el interés no judío en esta cuestión queda muy mal parado, aún en casos en que los editores comprendieron perfectamente la gravedad del asunto. De cualquier modo, el editor corriente tendría una oportunidad magnífica para ir observando lo que está ocurriendo en nuestro país. 
Publicar una lista de los propietarios, accionistas y otros interesados en nuestra vida periodística, sería de sumo interés, mas no explicaría del todo el absoluto predominio hebreo en nuestra prensa, tal como realmente existe. Sería poco noble enumerar en esta relación algunas empresas periodísticas de propiedad hebrea, porque éstas también son servidoras honorables del bien público. La propiedad en la vida periodística, no es aún sinónimo de preponderancia. 
Si se desea saber quien ejerce decisiva influencia sobre un diario, hay que conocer a su síndico y los intereses a los que éste sirve; después las relaciones sociales de sus principales redactores, los agentes de avisos que intervienen en el detalle de las inserciones hebreas, y finalmente su color o índole de independencia políticos. El predominio hebreo en la prensa no es únicamente cuestión de dinero, sino que consiste más bien en ocultar cosas al público, o en dárselas, según los casos . 
Véase en la Enciclopedia Judía la lista de algunos diarios que osaron ocuparse de la cuestión judía y que después quebraron. Cuando el anciano barón Moisés Montefiore dijo en Cracovia: "en tanto no tengamos la prensa mundial en nuestras manos, sería inútil todo lo que hiciéramos. Debemos dominar o influenciar el periodismo universal para alucinar a los pueblos y engañarlos", sabía perfectamente lo que se decía. El concepto "alucinar" lo entendió en el sentido de que los no judíos no advirtieron a los judíos, y con la palabra "engañar" quiso decir, que los pueblos vieran en ciertos acontecimientos mundiales un desarrollo determinado, en tanto que en realidad eran algo muy distinto. Se le muestran al gran público coincidencias casuales, más no lo que se urde en las tinieblas. Una estadística en cifras del espacio de que disponen los hebreos para publicar aquello que ellos quieran que se imprima, abriría los ojos a las masas. Es la judía una nación pequeñísima, pero que exige para sí mayor atención que diez de los más importantes Estados europeos juntos; y esta atención la exigen sólo en la forma que mejor les convenga. 
Esta cuestión del predominio judío en la prensa norteamericana podría ilustrarse claramente sobre un mapa de los Estados Unidos, en el que se distinguiera por medio de alfileres de color, el número de los diarios de propiedad judía, de aquéllos que se redactan manifiestamente bajo su influencia, y el número de periodistas hebreos, que en los diferentes Estados determinan el modo de pensar de la mayoría de los lectores norteamericanos. 
Tanto el periodista hebreo que siembra discordias, cuya tarea literaria consiste en mantener a sus lectores en un estado de purulenta fermentación, cuya agudeza es torva, cuya ideología es
negativa, como el novelista judío que glorifica estrambóticamente a su propia raza, mientras que en la vida social y económica de los no-judíos siembra furtivamente la semilla de la descomposición, todos ellos deben enumerarse necesariamente entre los agentes, inconscientes a veces, del plan mundial judío, que pretende destruir a la sociedad humana con ayuda de "ideas" . Asombra observar el crecido número de tales agentes invisibles, y con cuánta habilidad saber ocultar sus tendencias en sus obras, ensayos, folletos y artículos. 
Encontrados casos y sólo fecha muy reciente ha sido posible en Estados Unidos imprimir la palabra "judío" en la primera plana de un diario, y contestar a la comisión judía, cuya visita no faltó al siguiente día, que "hasta hoy Norteamérica es un país libre". Algunos diarios resistieron valerosamente los ataques de una influencia usurpada y lograron salir victoriosos. 
El redactor que pueda discutir a base de hechos, nada ha de temer. Pero aquel que retroceda aunque sea una sola vez, advertirá la presión cada vez más creciente. El hombre que con honor mantenga sus puntos de vista, conocerá pronto algo que no es del dominio público: que detrás de espectaculares apariencias ocultase un Proteo y que repercute la rotura de la cadena en un solo eslabón en todo el sistema, como un golpe mortal. 
Nada hay tan temible para "el judío internacional" como la verdad, y aún una leve indicación de la verdad sobre su naturaleza o sus planes secretos. Precisamente por eso, barrera de refugio, atrincheramiento de defensas, fundamento duradero tanto para judíos como no-judíos, deberá ser, en adelante, la Verdad , si ha de revelarse un día el mayor misterio histórico de la humanidad: el de quién será el Amo del Mundo, a quien deberá pertenecer la monarquía universal, si al genio imperialista de Israel en dispersión o al de Cristo, símbolo de la paz romana, al Hijo de Dios o la Revolución.