viernes, 14 de julio de 2017

"EL JUDIO INTERNACIONAL"-CAPITULO 10º-INTRODUCCION A LOS "PROTOCOLOS JUDIOS" O "DE LOS SABIOS DE SION"

. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
"EL JUDIO INTERNACIONAL"

Por Henry Ford

PRIMERA PARTE

CAPITULO 10º
  INTRODUCCION A LOS "PROTOCOLOS JUDIOS" O "DE LOS SABIOS DE SION"  
Todo aquel que se preocupa por la teoría de la hegemonía mundial israelita, sabe que la manifestación actual de dicha hegemonía en el mundo práctico se compendia en 24 tesis, conocidas bajo el título de los Protocolos de los Sabios de Sión , que llamaron mucho la atención en Europa, siendo hasta hace poco la causa de un vivo movimiento en la opinión publica británica, en tanto que en Estados Unidos solo se debatieron muy limitadamente. Son los documentos por los cuales hace un año el Ministerio de Justicia ordenó hacer investigaciones y que fueron publicados en Gran Bretaña por la casa editora oficial Eyre & Spottiswoode.
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No se sabe quien fue el primero en dar a estos documentos el título de los "Sabios de Sión". Sin mutilaciones de importancia, podría eliminarse de ellos todo vestigio que delate su origen hebreo, conservando empero, los principales puntos de un programa para el sojuzgamiento del mundo, de tan amplísimo alcance como el orbe no viera hasta ahora. Y, no obstante semejante eliminación de toda advertencia de origen hebreo introduciría a los Protocolos una serie de contradicciones, que en su forma actual no existen. El objetivo ultimo descubierto en los Protocolos consiste en zapar todo orden humano, toda Constitución de Estados para entronizar un nuevo poderío mundial en forma de despotismo ilimitado. Tal plan es improbable que saliera de una clase reinante, investida ya de plena autoridad y en el poder, sino más bien de anarquistas. Más éstos no desean la monarquía como forma de gobierno de un Estado por ellos ansiado. Es posible imaginar más bien a los autores de la obra como una organización de revolucionarios parecida a la de aquellos francéses que reconocían al famoso duque de Orleáns por jefe. Estos revolucionarios desaparecieron, mas el programa recopilado en los Protocolos se realiza constantemente, no solamente en Francia, sino
también en toda Europa, y muy particularmente en Estados Unidos de América.
En la forma actual de la obra, que seguramente es la original, no se descubre contradicción alguna. La advertencia de su fuente judía, parece ser esencial para la unidad de toda la obra. Si estos Protocolos fueran realmente una patraña, como lo quieren hacer creer sus impugnadores judíos, no cabe duda de que los falsarios hubiesen tratado de acentuar el origen judío tan forzosamente, que al propio tiempo su hubiese descubierto la intención antisemita. Pero debe hacerse constar que la palabra "judío" sólo aparece dos veces en toda la obra. Sólo luego de haber penetrado mucho mas profundamente en la materia de lo que la superficialidad del lector común suele hacer ante semejantes lecturas, se comprende el plan para la entronización de un soberano mundial, y solo entonces se va también comprendiendo de qué estirpe ha de ser este.
En cambio, la obra en su totalidad no deja la mínima duda con respecto al pueblo, contra el cual va dirigido el diabólico plan. No niega el concepto de aristocracia, ni el de capital, ni tampoco el de gobierno en su esencia, sino que hay muy detalladas disposiciones previstas para utilizar la aristocracia, el capital, ni tampoco el de gobierno en su esencia, sino que hay muy detalladas disposiciones previstas para utilizar la aristocracia, el capital y la autoridad gubernativa en la definitiva realización. El plan todo va dirigido contra el pueblo del mundo, llamado generalmente "infiel". Esta repetida denominación de los "infieles" elimina cualquier duda con respecto al objeto de los documentos. La mayor parte de las corruptoras disposiciones "liberales" tienden a conquistar a las masas populares como tropa auxiliar, y esto en forma de que estas, al tiempo de ser sistemáticamente degeneradas y ofuscadas, se troquen en ciegos instrumentos de sus seductores. Los movimientos de la plebe de carácter "liberal", deben ser apoyados; todas las teorías disolventes en materia de religión, economía, política y vida hogareña han de difundirse y cultivarse para socavar las comunidades humanas de modo tal, que al realizarse después el plan definitivo, los pueblos ni siquiera lo adviertan, y estén ya completamente sojuzgados, al hacerse patente lo falso de todas estas teorías.
La frase más común en los documentos no es la de afirmar: "nosotros los hebreos haremos esto o lo de mas allá", sino que se dice: "Los infieles llegaran a pensar o hacer esto o aquello". Salvo en muy contados casos en las últimas tesis, el único concepto distintivo de razas es la palabra "infieles". Dice, por ejemplo, en este sentido la primera tesis. "Las cualidades valiosas del pueblo, o sean: honorabilidad y lealtad, constituyen también vicios en política porque con mayor seguridad y certeza que el enemigo, llevan a la ruina. Estas cualidades son características en la política de los infieles. Nosotros no debemos guiarnos por ellas"; "sobre las ruinas de la hereditaria nobleza de los infieles, erigimos la aristocracia de nuestras clases intelectuales, en especial la aristocracia del dinero. Hemos basado los fundamentos de esta nueva aristocracia sobre los de la riqueza que dominamos, y sobre las ciencias guiadas por nuestros sabios". Dicen también: "Obtendremos mediante la violencia aumentos de salarios y jornales, que no serán de provecho alguno para los obreros, pues provocaremos al mismo tiempo un mayor aumento de precios en todo lo necesario a la vida, afirmando, empero, que esto es la consecuencia de una crisis de la agricultura y la ganadería. Zaparemos también, artificial y hondamente las raíces de la producción industrial, inculcando al obrero ideas ácratas y seduciéndole mediante el abuso del alcohol. Simultáneamente adoptaremos medidas para desterrar a los infieles". (Un falsario con tendencias antisemitas hubiese podido, tal vez, escribir estas cosas en estos últimos cinco años. Mas las palabras citadas fueron impresas hace ya 17 años, tal como lo demuestra la copia que se halla desde el año 1906 en el Museo Británico de Londres, habiendo circulado estos Protocolos en Rusia desde largos años antes).
Después el texto citado sigue diciendo: "Para que no sea comprendida prematuramente por los infieles, la situación real y verdadera, la ocultaremos bajo el manto de aparentes esfuerzos en favor de las clases trabajadoras, propagando vastas ideas sociales, cuyas teorías discutiránse apasionadamente".
 Demuestran estos párrafos el estilo de los Protocolos en lo que se refiere a los partidos políticos. "Nosotros" quiere decir siempre los autores, en tanto que "los infieles" son aquellos sobre quienes se escribe. Observase esto con suma claridad en la tesis 14, donde se dice: "En esta disparidad del modo de sentir y de juzgar entre los infieles y nosotros, queda nítidamente visible el sello de nuestra elección como pueblo privilegiado, como a seres humanos más perfectos ante los infieles, que solo tienen un espíritu instintivo, animal. Ellos observan, mas carecen de reflexión; si algo inventan, son siempre objetos materiales. Surge de todo ello inequívocamente, que la Naturaleza nos destino a dominar y conducir al mundo". Esto fue desde los más remotos tiempos y para definir claramente los dos grandes sectores que forman la humanidad, afirmaremos que todo no-judío debe ser considerado infiel.
La utilización del concepto "judío" en los Protocolos puede caracterizarse citando párrafos del capitulo 8, que dicen: "Mientras no podamos, sin peligro, encomendar los puestos gubernativos de mayor responsabilidad a nuestros hermanos judíos, los confiaremos a individuos cuyo pasado y cuyo carácter sean de índole tal, que entre ellos y su pueblo medie un abismo".
La costumbre de hacer avanzar "frentes de infieles" para ocultar las señales del predominio hebreo, se estila en la actualidad ampliamente en el mundo de las finanzas. Los serios adelantos que se lograron desde la fecha en que se escribieron aquellas palabras, nos lo demuestra un incidente ocurrido durante la convención de San Francisco, donde el apellido hebreo Brandeis fue citado para la candidatura a la Presidencia. Existen razones para suponer que la opinión pública se vaya habituando cada vez mas a ver desempeñados los mas altos puestos administrativos por judíos. En realidad, seria este un paso muy pequeño desde donde ahora ejercen su influencia. No hay, en efecto, departamento oficial alguno de la Presidencia en el que los hebreos no cooperen y decidan en secreto. El desempeño oficial del cargo de Presidente no se les hace necesario para acrecentar su poderío, sino a lo sumo para favorecer determinados objetivos, que corren paralelos con los planes esbozados en los mencionados Protocolos.
Otro punto, que choca al atento lector de la obra, es que dichos documentos carecen por completo de todo indicio de exhortación. No sirven a ningún objetivo de propaganda, ni se esfuerzan en absoluto incitando el amor propio o la energía de aquellos para quienes fueron redactados. Son áridos y fríos como un expediente judicial, y tan sobrios como un formulario estadístico. No existe retórica alguna, no frases hechas como la de "¡hermanos, ¡levantémonos!", ni clamoreo histérico como el de "¡abajo los infieles!". Si fueron los Protocolos redactados por judíos, y a judíos confiados o si contienen principios del plan mundial judío, también es cierto que de ningún modo fueron destinados para demagogos, sino para iniciados, cuidadosamente preparados, de las más elevadas categorías.
Inquirieron ciertos defensores de los judíos: "¿Es imaginable que si tal plan mundial existiera lo publicaran?". Según todo lo hace suponer, los Protocolos fueron dados a conocer solo verbalmente por sus autores. En su forma actual son apuntes que uno de los concurrentes hiciera de un discurso pronunciado, unos detallados y otros muy breves. Desde que los Protocolos fueron conocidos, se ha afirmado siempre que representan reseñas que fueron entregadas a interesados hebreos, residentes probablemente en suiza o Francia. El intento de presentarlos como de origen ruso puede negarse en absoluto, no únicamente por su ideología, sino también por coincidencias cronológicas y por detalles gramaticales.
El contexto todo apoya la suposición de que originariamente fueron impartidas unas lecciones a estudiantes, exponiéndolo, a salta a la vista su primordial objetivo, no de hacerse aceptar como plan, sino más bien el de desarrollar explicaciones acerca de un plan que ya esta en vías de realización. El texto carece de toda exhortación para armar esfuerzos o para emitir juicios; dice claramente, por el contrario que no se desean discusiones ni juicios. ("En tanto predicamos
libertades a los infieles, mantendráse a nuestro pueblo y a nuestros delegados en absoluta obediencia". "El proyecto de ley administrativa deber emanar de un cerebro único... por ello, si bien tenemos que enterarnos del plan de acción, es nuestro deber no discutirlo, a fin de no destruir su carácter unitario... La obra inspirada por nuestro jefe no debe, entonces ser presentada a la masa, que la aniquilaría, ni siquiera a un ilimitado numero").
Si se observaran los Protocolos en su contenido manifiesto, se hace evidente que el plan esbozado en estos apuntes en la época en que se les dio lectura, no constituyo nada nuevo, pues nada apoya el supuesto de su origen moderno. Es su tono casi el de un legado religioso que se hubiera transmitido por personas dignas de confianza, y de generación en generación. No se descubre en ellos ningún síntoma de una ideología moderna, ni entusiasmo juvenil, sino la apacible seguridad de hechos maduros y contrastados por el tiempo, y una política aprobada en prolongadas épocas de experiencia practica. Por otra parte, se hace en dos oportunidades referencia a su gran antigüedad de origen, expresándose en el primer Protocolo: "Ya en épocas lejanas fuimos los primeros en arrojar a las masas la falsa simiente de "libertad, igualdad y fraternidad". Se repitieron estas palabras, desde entonces, infinidad de veces por los loros electoreros; de todos los lados se agruparon en torno de este cebo, aniquilando así el bienestar de la humanidad y la verdadera libertad individual. Los infieles que se conceptúan inteligentes y racionales, no intuían el doble sentido de esas palabras, no advertían la mutua contradicción que envuelven, ni notaron que en la Naturaleza no existe igualdad..."
La segunda referencia a la edad original de los Protocolos, se halla en la sección 13, donde se expresa: "Las tareas políticas no incumben a aquellos que desde hace largos siglos prefijaron y condujeron nuestra política". ¿No seria posible que se refiriera esto a un Sanedrín judío secreto, que dentro de determinada jerarquía se herede de generación en generación?
Es preciso recopilar: los referidos autores y jefes no pueden ser de una casta hoy reinante, porque el contenido total de los Protocolos se muestra directamente hostil a los intereses de semejantes castas. En modo alguno puede referirse a ningún grupo nacional-aristocrático, verbigracia el de los "junkers" (agrarios feudales) germanos, porque el método propiciado privaría completamente a tal grupo de toda su preponderancia, sino que estos Protocolos pueden solo concernir a un pueblo que no posee un gobierno propiamente dicho, que lo puede ganar todo, pero sin exponerse a perder nada, y que puede mantenerse firme aun dentro de un mundo en ruinas. No responde a estas premisas sino raza única .
Compréndese, además, por el tono de los Protocolos, que el orador o redactor no ansiaba honores personales, destacándose el documento por su carencia absoluta de toda ambición individual. Todos los planes, objetivos y esperanzas, son enfocados hacia idéntica meta: el porvenir de Israel.
Parece que este porvenir solo puede realizarse mediante la destrucción científica de determinadas ideas primordiales de los no-judíos. Tratan los Protocolos de lo que a este respecto esta hecho, de lo que queda aun por realizar. Jamás se llego a conocer nada igual en cuanto a prolijidad de detalles, a amplísima proyección; ni a honda comprensión de las intimas fuentes de todo proceder humano. Son verdaderamente terribles en su comprensión de los secretos de la vida, y aparte de terribles, temibles por la nítida conciencia de su superioridad. Efectivamente, los Protocolos merecerían el juicio que ciertos publicistas hebreos quisieron adjudicarles recientemente, de que son obra de un inspirado demente, a no ser que lo que se halla esbozado en sus distintas tesis no llevara también perceptiblemente el sello de grandes anhelos y hechos de nuestra vida actual.
Es justa la crítica que provocan estos Protocolos en el no-judío. No es posible contradecir ningún criterio sobre la mentalidad y volubilidad no-judías. Aun los más ilustres pensadores no-judíos no se dejaron engañar, considerando causas del progreso lo que hasta medianías intelectuales conceptuaron los medios más perversos de una propaganda engañosa.
 Cierto es que de vez en cuando, alguno que otro pensador alzo la voz aseverando que tal ciencia no es realmente ciencia alguna; que las denominadas leyes económicas, lo mismo las de los conservadores que las de los radicales, nada tienen que ver con las leyes humanas, sino que constituyen artificiales sutilezas. Algún meticuloso observador ha notado también a veces que el actual exceso de diversiones e incontinencias no corresponde en realidad a las necesidades interiores de los pueblos sino que fueron sistemáticamente inducidos a ellas desde el exterior. Comprendieron también algunos que más de la mitad de lo que se suele llamar la "opinión publica" es en realidad asentimiento pagado y pura ficción, que nada tiene que ver con la espiritualidad publica del pueblo. Si de esta manera y solo raras veces se había desenredado alguno que otro hilo (las masas no se enteraron jamás), siempre falto, sin embargo, la tenacidad en la averiguación y la necesaria cooperación de los investigadores para poder seguir estos hilos hasta su verdadero origen. La principal explicación de la impresión que causaron los Protocolos en el transcurso de los primeros decenios sobre numerosos estadistas gobernantes, es que por ellos se intuye de donde emana toda la mixtificación, y a que carro están ellos mismos uncidos. Conceden estos Protocolos un hilo conductor a través del laberinto contemporáneo, y ahora es ya de que los lleguen a conocer los pueblos.
Nada importa que se conceda a dichos Protocolos fuerza probativa, en lo referente a la cuestión judía o no. Lo evidente es que son un insuperable libro de texto para aprender la forma y modo como se manejan las masas populares, cual un rebaño de ovejas, merced a influencias que ellas no conciben. Puede sostenerse casi con absoluta certeza que una vez que sean conocidas las ideas fundamentales de los Protocolos entre las clases populares, y entendidas por los pueblos, la critica que hasta hoy se ejerce en la mentalidad no-judía, perderá su valor.
En capítulos ulteriores examinaremos, mas detenidamente los citados documentos, contestándose los interrogantes que a base de su texto pudieran plantearse. Pero se impone antes una pregunta: ¿será posible que sea llevado hasta su total realización el programa contenido en los Protocolos? Este programa se está ya realizando con pleno éxito. Muchos de sus capítulos principales se consolidaron en hechos reales. Empero, no es preciso que esto cause horror o espanto, pues nuestra más certera arma contra este demoníaco plan, tanto en sus partes ya realizadas como en las teóricas todavía, consiste en la más absoluta y amplia publicidad. Debe concederse a los pueblos el derecho de conocerlos. Se basa el método recomendado en los Protocolos en excitar a los pueblos, en alarmarlos, en despertar sus pasiones. El espíritu opuesto a los mismos desea ilustrar a los pueblos, la ilustración aleja los prejuicios. El lograr esto responde tanto al interés judío, como al no-judío. Los escritores hebreos se imaginan con frecuencia que los prejuicios existen solo de una parte. Deberían propagarse ampliamente los Protocolos entre el propio pueblo judío, evitando así incidentes susceptibles de desacreditar su mismo nombre.
"Concluyendo este programa de nuestra Acción pres ente y futura daré lectura a los principios de nuestras teorías". - Tesis 16. "En todo cuanto hasta ahora dije, me esforcé en in dicar a conciencia el secreto de acontecimientos pretéritos y futuros, como asimismo los importan tes acontecimientos del cercano porvenir al que nos vamos aproximando dentro de una marejada de grandes crisis, anticipando principios ocultos de nuestras futuras relaciones con los infieles, y los de nuestras operaciones financieras". - Tesis 22