viernes, 14 de julio de 2017

EL JUDIO INTERNACIONAL-Henry Ford- XX UN TESTIMONIO HEBREO EN FAVOR DEL BOLCHEVIQUISMO-Final 1era. Parte

A partir del LUNES 2 de ENERO de 2017, nos hemos propuesto realizar la  republicación de la obra escrita por Henry Ford "EL JUDIO INTERNACIONAL" con las dos partes que la integran, colgándola al blog en espacios 0,30 a 12.30 horas durante el trancurso de diez dias y continuado con idéntico método  hasta su fin. Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
CAPITULO XX

XX UN TESTIMONIO HEBREO EN FAVOR DEL BOLCHEVIQUISMO  


Dará el pueblo norteamericano, en efecto, esta respuesta, y jamás se pronunciara en favor del genio destructor del insaciable judaísmo. Demasiado se sabe que lo que el "idealismo hebreo y el resentimiento hebreo" hicieron en Rusia, estaba proyectado también para realizarse en los Estados Unidos. ¿Por que el articulista del Hebreo Norteamericano, en vez de decir "en otros países", no dijo clara e inequívocamente "en los Estados Unidos"? 
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"Idealismo y resentimiento hebreos" no van dirigidos contra el capitalismo, sino que, por el contrario, este se puso al servicio de aquellos. La única forma de Estado, contra la cual se dirigen, la representa todo orden nacional no-judío, y el único capital atacado es el de los no-judíos. Eustace Percy, que, dada la frecuencia con que la prensa judía viene reproduciendo sus palabras, goza del consentimiento de la inteligencia hebrea, nos da una rotunda respuesta al primer concepto, hablando de la inclinación judía por los movimientos sediciosos: "En Europa oriental parece que el sionismo y el bolcheviquismo se desarrollan conjuntamente, tal como la influencia hebrea domino las ideas republicanas y socialistas durante todo el siglo XIX, hasta lo de la revolución de los Jóvenes turcos en Constantinopla... y no porque le preocupe al judío el lado positivo de las teorías radicales, ni tampoco porque intente participar en el nacionalismo o la democracia no judías, sino porque cualquier otra forma de Estado que no sea la judía, no puede inspirarle sino odio". 
Esta declaración es perfectamente clara. Fue el zar, en Rusia, quien tuvo que servir de pretexto, en Alemania el emperador y en Inglaterra la cuestión irlandesa. Para las incontables revoluciones sudamericanas, dirigidas todas ellas por judíos internacionales, ni siquiera fue necesario buscar un pretexto especial... En Norteamérica sirve de espantapájaros la "clase capitalista", pero siempre y por doquier, según propia confesión de los heraldos hebreos contra todo orden y forma de Estado no judíos. El israelita cree que el mundo entero le pertenece por derecho, y no hace sino "recoger sus propiedades". Para conseguirlo, el camino mas corto es la revuelta de todo orden existente, destrucción que seria imposible sin una campaña prolongada y astutamente preparada mediante ideas disolventes y sediciosas. 
En lo referente al segundo concepto, cada lector comprobara los hechos por su personal experiencia. Recordemos los nombres y apellidos de aquellos capitalistas que en la prensa bajo la
influencia judía, siempre fueron expuestos al público desprecio, recordemos, sobre todo, las caricaturas del trust periodístico de Hearst: ¿fueron acaso los Seligmann, Kahn, Warburg, Schiff, Kuhn, Loeb y compañía? No, porque estos son banqueros hebreos, y a estos no se les ataca jamás. Los apellidos mas conocidos de las campañas difamatorias periodísticas son únicamente los de industriales y banqueros no-judíos, y en especial Morgan y Rockefeller. 
Es de público conocimiento que durante la rebelión comunista en París (invierno de 1871), los hebreos de la casa Rothschild no sufrieron daños, en tanto que otros propietarios experimentaron perdidas enormes en sus fortunas. Existen tan intimas relaciones entre los grandes financistas judíos y los dirigentes revolucionarios judíos en América, que queda completamente excluido cualquier perjuicio de los primeros en un posible movimiento sedicioso. Debajo de la capa de los desordenes rusos, ciertos financistas hebreos se aprovecharon de las angustias populares adueñándose de grandes riquezas de propiedad publica, y el gobierno soviético lo aprobó, denominándolo "comunismo modificado". Un real comunismo, empero, todavía no se encuentra en el bolcheviquismo ruso. Tal como en la guerra mundial, halla también el bolcheviquismo su suficiente explicación respondiendo a la pregunta: ¿quién obtuvo las mayores utilidades? Esta explotación de ambos acontecimientos esta hoy en el mayor apogeo. El blanco de las fuerzas revolucionarias no es sino la propiedad no-judía. "Las riquezas del mundo entero son nuestras": este es el lema de toda la obra revolucionaria hebrea. 
En cierta época se pretendió desviar la atención universal mediante noticias horripilantes acerca de la lamentable situación de los judíos en Polonia. Existen indicios que hacen suponer que la propaganda polaca no era más que un disfraz, para encubrir la enorme inmigración de hebreos en los Estados Unidos. Tal vez ignoran muchos lectores que día a día cae sobre nosotros una formidable riada de inmigrantes, decenas de miles de aquella raza, cuya simple presencia significa un problema y una amenaza para los gobiernos europeos. La propaganda polaca y dicha inmigración  se relacionan mientras el gobierno de los Estados Unidos recibe del gremio hebreo, seguridades de que a orillas del Potomac, indicando a Washington, todo marcha perfectamente. Y, efectivamente, allí se esta tranquilo y sin cuidado, tal como el gremio hebreo, efectivamente, lo puede desear; pero el problema ruso exige necesariamente su solución. Esta forma israelita es la siguiente: los judíos son los padres del capitalismo; si este no arroja buenos resultados, intentaran deshacer su propia obra. Lo hicieron, en efecto en Rusia, y ahora pretenden que el pueblo norteamericano tenga la gentileza de permitir que sus bienhechores hebreos repitan la misma película en Estados Unidos. 
Es esta la novísima explicación - típicamente hebrea - que se nos da, en unión a una proposición dirigida a Norteamérica, y ¿con una amenaza! Si declinase Norteamérica esta proposición del judaísmo, se colocaría este "en una irreductible oposición". 
Pero resulta ahora que los hebreos destruirán en absoluto el capitalismo en Rusia. Cuando Trotzky y Lenin haga su postrer reverencia al mundo, retirándose al amparo de los capitalistas hebreos internacionales, se advertirá que lo destruido por ellos es solo el capital no-judío, o sea el ruso, en tanto que el capitalismo judío quedó incólume e intangible. 
¿Cuál es la realidad? En actas oficiales del gobierno de los Estados Unidos se inserta la siguiente carta. Obsérvense la fecha, el banquero hebreo y los demás apellidos hebreos: 
Estocolmo, 21 de Septiembre de 1917 
Sr. Rafael Scholan (o Schaumann): 
"Apreciable camarada: La casa bancaria de M. Warburg, a raíz de un telegrama del presidente del "Sindicato Rhenano-westfaliano", abrió cuenta corriente para la empresa del camarada Trotzky. Un letrado, probablemente el señor Kestroff, recibió municiones, cuyo transporte organizo junto con el dinero para el camarada Trotzky, de acuerdo con sus deseos... 
Saludos fraternales, Fürstenber". 
Años antes un financista norteamericano judíos facilitó las sumas con cuya ayuda se hizo una propaganda revolucionaria entre millares de prisioneros rusos retenidos en los campamentos japoneses. 
Explicando el movimiento bolchevique, se dice que fue apoyado financieramente por Alemania, tesis sobre la cual se fundó la propaganda bélica en Estados Unidos. Cierto es que parte del dinero provino de Alemania, pero, otra parte fue norteamericano. La pura verdad es que la alta finanza hebrea de todos los países está interesada en el bolcheviquismo ruso, como una empresa internacional judía . Se ocultó durante la guerra el plan mundial judío tras uno u otro nombre nacional, echando los aliados la culpa a Alemania, y Alemania a los aliados, mientras todos los pueblos quedaban a obscuras sobre quienes eran los verdaderos culpables. 
Un funcionario del Estado francés dejó constancia de que un solo banquero hebreo participo con dos millones. Cuando abandonó Trotzky los Estados Unidos para cumplir con el encargo recibido, fue liberado de la prisión de Halifax por el gobierno Norteamericano, y de sobra sabemos quien representó al gobierno de Estados Unidos durante la guerra. 
Gracias a todos estos hechos, se arriba a la conclusión de que la revolución bolchevique fue una empresa larga y cuidadosamente preparada por la alta finanza internacional judía. 
Se comprende así fácilmente por que esta potencialidad quiere introducir el bolcheviquismo también en Norteamérica. No se trata en esta lucha realmente de una preponderancia entre el capital y el trabajo, sino entre el capital judío y el no-judío. En esta lucha, los jefes socialistas, comunistas y de los obreros en general, se colo can casi sin excepción al lado del capital hebreo . ¿Que capitalistas son los mas atacados por los jefes socialistas? Jamás entre estos se hallan apellidos judíos.  
He aquí también testimonios genuinamente judíos en pro del bolcheviquismo. 
La revista "Crónica Judía" de Londres, decía en 1919 lo siguiente: "De gran importancia es ya de por si la existencia del bolcheviquismo, el hecho, de que tantos judíos sean bolcheviques y el hecho de que los ideales del bolcheviquismo coincidan en numerosos puntos con los mas altos ideales del judaísmo". Publica la misma revista en 1920 un discurso del conocido autor hebreo Israel Zangwill, en el cual entona un himno a la raza, que "produjo Beaconsfield (a) Kosmanowsky, Trotzky (a) Braunstein". Zangwill, en su exagerado entusiasmo, cita a los hebreos que fueron y son, respectivamente, miembros de gobiernos británicos, en intima relación con los judíos revolucionarios de las tragedias sangrientas de Rusia y Baviera. ¿Que diferencia hay entre ellos? Ninguna; todo son israelitas para la mayor gloria de los de su raza". 
Dijo el rabino J. L. Magnes en un discurso que pronunció en Nueva York en 1919: "Cuando el hebreo dedica su ingenio y sus energías a la causa de los obreros y de los desposeídos, su espíritu radical penetra hasta las raíces mismas del asunto. Se convierte en Alemania en un Marx o en un Lasalle, en un Haase o en un Bernstein. Surge en Austria un Víctor o un Federico Adler. En Rusia, Trotzky. Imaginémonos por un instante la situación en Rusia y Alemania. Libró la revolución grandes energías productivas, y recordemos la multitud de hebreos que estaban dispuestos a utilizarlas. Social-revolucionarios y mencheviques, socialistas mayoritarios o minoritarios, llámense como se llamen: hebreos con sus cabezas mas destacadas y de las fuerzas propulsoras de estos partidos revolucionarios ".
 Los judíos en Estados Unidos son tan numerosos entre los miembros de las comunidades revolucionarias como en Rusia. Aquí como allá están "dispuestos a prestar servicio inmediatamente". 
Dice Bernard Lazare, autor de un folleto sobre el antisemitismo: " El hebreo toma parte por esta razón en las revoluciones, y toma parte mientras es judío, o mejor dicho, mientras siga siendo judío ". Quiere decir esto que el judío es revolucionario por esencia, y consciente o subconsciente el judío personifica la sedición. 
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En ningún otro país seria necesario ocuparse de la negación de ciertos hechos evidentes, como lo es en Estados Unidos. Hemos vivido aquí, en realidad, con tal temor de pronunciar  la palabra "judío", o lo que se relaciona con la misma, que efectivamente fue posible ocultarnos los hechos más notorios y públicos, hechos que habríamos comprendido echando una simple mirada a la literatura judía. Fue un conmovedor espectáculo observar como el publico norteamericano fue a escuchar las conferencias pronunciadas acerca de la situación en Rusia, y como abandono la sala, completamente confuso y perplejo, por el hecho de que la suerte de Rusia era tan poco rusa; es que en nuestro país ningún orador considero políticamente prudente pronunciar la palabra "judío", dado que los judíos también lograron adueñarse de la tribuna publica. 
Más no solo las grandes eminencias literarias hebreas reconocen la predilección de su raza por las revoluciones en general, y su responsabilidad por la rusa en particular sino que los escritores de menor cuantía también tienen una comprensión perfecta de ello. El judío, que desde cualquier puesto coopera en una revolución, esta plenamente convencido que en toda forma sirve a los intereses de Israel. Acaso sea un mal judío en el sentido religioso de la sinagoga; pero en todo caso, lo suficiente judío para cooperar siempre con entusiasmo en todo cuanto pueda engrandecer la gloria de Israel. En el judaísmo la raza predomina completamente sobre. 
El diario ruso "¡Hacia Moscou!" expresó en septiembre de 1919: "No debemos olvidar que el pueblo judío, oprimido durante siglos por reyes y señores, representa genuinamente el proletariado, la Internacional propiamente dicha, lo que carece de patria". 
Dice Cohan en "El Comunista", en abril de 1919: "Sin exageración puede decirse que la gran revolución social rusa fue consumada solo por manos judías . ¿Hubiesen sido capaces las oprimidas masas rusas de destruir el yugo de la burguesía? No, fueron precisamente los hebreos los que guiaron al proletariado ruso hacia la aurora de la Internacional, y no solo le guiaron, sino que defienden ahora la causa soviética, que esta en sus certeras manos. Podemos descansar tranquilos, mientras el alto comando del ejercito rojo este en manos del camarada Trotzky. Aunque no haya judíos en las filas del ejército rojo, guiaron los judíos, sin embargo, en Comités y otras organizaciones soviéticas a la masa del proletariado ruso hacia la victoria. No en vano logran los judíos una aplastante mayoría en las elecciones para cargos en las instituciones soviéticas... El símbolo del judaísmo , que por espacio de siglos lucho contra (¡ !) el capitalismo, se convirtió también en símbolo del proletariado ruso , como resulta de la aceptación de la estrella roja de cinco puntas , que como se sabe fue antiguamente el símbolo del sionismo y del judaísmo en general. " Con este signo triunfaras por este símbolo sobrevendrá la muerte a la burguesía parasita .. Las lagrimas derramadas por el judaísmo, las sudara en gotas de sangre ". 
Esta confesión, o mejor dicho esta viril protesta, es de suma importancia por su entereza. Los hebreos, dice Cohan, guían a las masas rusas, que por si mismas no se hubiesen sublevado, y que saben únicamente que una minoría, como antaño la zarista, ocupa ahora los puestos del gobierno. No están los hebreos, nos dice Cohan, en el ejercito rojo, o por lo menos donde se lucha, y esto concuerda perfectamente con los preceptos de los Protocolos sionistas. Consiste el arte estratégico del plan mundial en saber aniquilar a los no-judíos por otros no-judíos .
 Durante la guerra mundial se mataron mutuamente tantos no-judíos, como judíos pueda haber en el mundo entero . Para Israel constituyo una gran victoria: sus lágrimas las pagaron los infieles con su sangre. 
"Dirigen los judíos las batallas desde puestos seguros", dice con mucho acierto el señor Cohan. Lo que extraña, lo que asombra, es su sinceridad. 
En lo que respecta a los escrutinios de las elecciones, en los que según Cohan los hebreos salen siempre elegidos por unanimidad, existen explicaciones detalladas e incontestables. Todos los que votaron en contra de los candidatos hebreos fueron declarados "enemigos de la revolución", y ajusticiados. Bastaron pocas ejecuciones para que los escrutinios resultaran unánimemente favorables a los judíos. 
Instructivo resulta cuanto Cohan nos dice sobre la estrella roja de cinco puntas y su significado como símbolo del proletariado ruso. La estrella de David, es de seis puntas, y se compone de dos triángulos superpuestos, uno de los cuales descansa sobre su base, y sobre su punta el otro. Sin dicha base se parece al conocido signo de los franc-masones, compuesto de escuadra y compás. La estrella de David - dice un visitante hebreo de la moderna Palestina, - la vi muy raras veces sobre las tumbas de los soldados británicos que conquistaron Palestina; en la mayor parte de los casos se ve una cruz cristiana de madera. Noticias procedentes de Palestina dicen que estas cruces molestan a los nuevos amos del país, porque forman contraste precisamente en el camino hacia la nueva universalidad judía. Tal como en Rusia soviética, también en Palestina fueron muy pocos los hebreos que derramaron su sangre por la causa sagrada. Se disponía para eso de suficiente número de no-judíos. 
Dado que el judío es de por si maestro en el arte de los signos cabalísticos, no faltara seguramente intención en el hecho de que la estrella soviética tenga una punta menos que la de David. No olvidemos que queda aun por cumplir un punto en el plan mundial, a saber, la entronización de "nuestro soberano". Cuando llegue el autócrata mundial, sobre quien se basa todo el plan, se añadirá probablemente la sexta punta. Las cinco de la estrella actual, que seguramente representan sus dominaciones, son: Bolsa, Prensa, Nobleza, Palestina y Proletariado . Es la sexta el Soberano para Israel. 
Se resiste el cerebro a reconocerlo y siquiera a suponerlo; mas Cohan lo afirma, y las revoluciones, especialmente desde la Francesa a esta parte, confirman que por dicho signo sobrevendrá la muerte de la burguesía parásita; y que "sudara en sangre las lagrimas del pueblo de Judá". La "burguesía", según los Protocolos, seta siempre integrada por no-judíos. 
La vulgar objeción contra el innegable hecho del carácter hebreo de la revolución rusa, se apoya en que también los judíos debieron sufrir por aquellos sucesos. "¿Cómo habríamos de favorecer un movimiento, en el que también nuestros propios correligionarios tenga que sufrir?", alegan los israelitas. Queda por un lado el innegable hecho de que los hebreos favorecen este movimiento. En este momento el gobierno israelita ruso recibe dinero de financistas judíos de Europa, y cuando desde allí lo recibe, lo ha de recibir, sin duda alguna, de los banqueros internacionales de Norteamérica. Este es uno de los hechos. 
Es el segundo que los hebreos en Rusia no sufren ni remotamente en la proporción que los heraldos israelitas nos lo quieren hacer creer. Según confesión propia, durante el primer avance de los bolcheviques en Polonia, los hebreos polacos se afilaron de inmediato como amigos de los conquistadores. Los judíos norteamericanos explican este fenómeno de la siguiente manera: desde que los bolcheviques se adueñaron del poder en Rusia, mejoro notablemente la situación de aquellos hebreos, por cuya razón el judío polaco adopto enseguida una actitud amistosa hacia los
bolcheviques. En efecto, la situación  de los israelitas en Rusia es buena. Poseen toda Rusia . Todo allí les pertenece. La segunda razón es que los hebreos rusos son los únicos que hoy reciben allí amparo y ayuda, hecho que por regla general suele evitarse a la atención publica. Únicamente a los judíos en Rusia se les envían de todas partes víveres y dinero, y de esta manera, además de ayudar a sus hermanos de raza, se apoya al bolcheviquismo. Si los sufrimientos de los hebreos en Rusia, contemplados desde este punto de vista, fueran tan angustiosos como los portavoces judíos nos los describen, ¿cuan horrorosos serán entonces los sufrimientos de los rusos? Porque nadie remite a estos, ni víveres, ni dinero. Los socorros que el mundo envía a Rusia, son una contribución que el bolcheviquismo judío viene imponiendo al mundo entero. Sea como fuere, no hay signo que atestigüe que a ningún hebreo no le vaya bien en Rusia. 
Formúlase así una segunda pregunta destinada a confundir: "¿Cómo podrían los capitalistas hebreos apoyar el bolcheviquismo, cuando este es netamente anticapitalista?" Pero el bolcheviquismo es anticapitalista únicamente contra la propiedad no-judía. Dijo un testigo ocular: "Este comisario banquero es un hebreo elegante, con corbata "dernier-cri", y traje novísimo. Otro judío comisario de distrito, fue antes agente de Bolsa. Y también es judío un inspector de contribuciones, que considera una virtud arruinar a la burguesía". 
Aun existen hoy allí estos agentes del judaísmo. Otros agentes abundan entre los rusos fugitivos, a los que quitan sus propiedades mediante prestamos hipotecarios. Cuando se revele nótese que la mayoría de las valiosas propiedades se traspasaron "legalmente" a manos hebreas. 
Es esta una de las respuestas a la pregunta de porque los capitalistas hebreos apoyan el bolcheviquismo. La revolución roja representa la más afor tunada especulación qu e se conoce en la historia universal . Al mismo tiempo significa esta revolución un alzamiento de Israel, una venganza contra el orden justiciero, que los hebreos siempre, donde y como puedan tomaran por una injusticia real o imaginaria. El capitalismo hebreo sabe, pues, perfectamente lo que hace. ¿Que es lo que gana con ello?  

1º Haber conquistado un enorme imperio de imponderables riquezas, sin erogaciones de guerra. 
2º Demostrar al mundo entero la aparente y absoluta necesidad de oro. Se basa el poderío judío sobre el engaño de que el oro es igual a la riqueza. Por el sistema de intencionado soborno del dinero soviético, los pueblos se dejaron persuadir con mayor firmeza de que el oro es indispensable, ilusión que en mayor escala contribuye a fortificar el poderío del capitalismo hebreo sobre la humanidad no-judía. Si el bolcheviquismo hubiese sido realmente anticapitalista, hubiera podido matar de un solo "tiro" al capitalismo judío. Mas no fue así, el oro sigue firmemente ocupando el Trono Universal. Destrúyase la vana ilusión de la absoluta necesidad del oro, y los magnates hebreos internacionales quedaran exán imes y abandonados sobre montones de vil metal sin valor
3º Poder demostrar su poderío al mundo. Dice el 7º Protocolo: "Para arribar a la esclavitud de los gobiernos europeos, probaremos en uno de ellos nuestro poderío mediante violencias y brutal terrorismo". Tal es lo que Europa presenció en Rusia. Esto significa para los capitalistas hebreos enormes ganancias. 
4º Que no constituyo para el judío internacional el premio menos valioso el haber adquirido la practica guerrera en el arte de hacer revoluciones, tal como los sucesos en Rusia la enseñaron. Vuelven a América los discípulos de la escuela roja y se esparcen por el mundo. La dirección de las revoluciones, según indican los Protocolos sionistas, se convirtió en una ciencia. Dijo el rabí Magnes: "Véase que enjambre de hebreos estuvo listo sin perdida de tiempo para coadyuvar al triunfo (de la Revolución Roja)". 
Esta multitud "dispuesta a prestar servicios" aumenta más y más cada día que pasa.