viernes, 14 de julio de 2017

EL JUDIO INTERNACIONAL-CAPITULO 6º-ÁBRESE VIA LIBRE EN LAS REVISTAS LA CUESTION JUDIA

Obra escrita por Henry Ford "EL JUDIO INTERNACIONAL" con las dos partes que la integran, colgándola al blog en espacios 0,30 a 12.30 horas durante el trancurso de diez dias y continuado con idéntico método  hasta su fin. Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
"EL JUDIO INTERNACIONAL"

Por Henry Ford

PRIMERA PARTE

CAPITULO 6º
 ÁBRESE VIA LIBRE EN LAS REVISTAS LA CUESTION JUDIA 
Un egresado de una Facultad norteamericana efectúo hace años un viaje de negocios a Rusia. Era perito en un muy importante ramo de ciencias aplicadas, y además un observador en extremo escrupuloso. Arribo a Rusia con el deseo de estudiar el trato que daba el gobierno ruso a los judíos. Tres años vivió en Rusia; regreso después por un año a Norteamérica, y quedóse nuevamente casi otro tanto en Rusia. De regreso por segunda vez a la Unión, creyó oportuno ilustrar al pueblo norteamericano con respecto a la cuestión judía. Redacto un articulo muy detallado y lo envío al editor de una revista muy acreditada en los Estados Unidos. El editor llamóle a la redacción conferenciando con el durante dos días y quedando sumamente impresionado por todo cuanto oía; mas declaro que no podría publicar aquel articulo. Lo mismo se repitió después con otros diversos editores de grandes revistas, y no precisamente porque el viajero no hubiese acertado en sus estudios del asunto. Al contrario, todo cuanto aquel escribiera sobre otro tema lo publicarían con gusto. Lo que no era posible en absoluto es que se aceptase o imprimiese en Nueva York su sensato artículo sobre los judíos. 


A pesar de todo logro penetrar finalmente la cuestión judía en una revista neoyorquina, pero más bien como casco de una granada arrojada desde el campo judío contra la cuestión judía, para, de ser posible, eliminar el problema y afirmar así la tesis de que dicha cuestión ni siquiera existe. 
Raro fue que las grandes revistas (cuyos directores financieros seria interesante revelar) no admitieran sino justamente este único articulo sobre la cuestión judía. Pero aun así, el gran publico aprendió muchísimo con solo leer este único articulo, cuyo objeto básico era poner de relieve que la cuestión judía en realidad no existe. 
El señor William Hard, en la edición de junio del Metropolitan , utilizo aquel artículo como mejor pudo y es indudable que las agencias telegráficas y los corresponsales internacionales, que tan atentamente velan por todo cuanto favorezca a los judíos, habrán felicitado efusivamente al editor del Metropolitan por su ayuda en aletargar al público. 
En primer término, el artículo hace constar la existencia real de una cuestión judía. El señor Hard dice que de ella platicase en los salones de Londres y París. No consta, empero, si el autor desea patentizar con ello la nulidad o escasa importancia del asunto, o tan solo sus vastas relaciones con aquellos círculos. Refiere además, que cierto documento relacionado con la cuestión judía círculo profusamente en determinados círculos oficiales de Washington. Reproduce una correspondencia cablegráfica sobre el asunto, publicada oportunamente por el diario neoyorquino World . No cabe duda que su articulo se publico demasiado pronto para poderse ocupar de la nota dedicada a aquel documento por el Times de Londres. De todos modos, para el lector interesado solo en hechos reales, le hizo constar que existe una cuestión judía, y no justamente entre la plebe, sino en aquellas esferas donde pesan con mayor intensidad las pruebas del poderío y del dominio judío. Y llegóse hasta a debatir en ellos la cuestión, cosa que el señor Hard hace constar expresamente. Si no ahonda más aun, diciéndonos que hasta se discute muy seriamente en los más elevados puestos y por personalidades de importancia nacional e internacional, explicaráse tal omisión probablemente por dos razones: o porque no lo sabe, o porque considera tal afirmación como contraproducente a la tendencia de su artículo. 
Mas, sea por lo que fuere, lo cierto es que el señor Hard hizo constar que existe una cuestión judía, y que se la debate entre personas que por su posición se hallan en las mejores condiciones para juzgar el asunto. 
Recibe el lector del artículo la impresión de que el judaísmo es una conjura, al afirmar el autor que, personalmente no cree en la misma. Puede esta aseveración aceptarse con desenfado, pues para el sentir no-judío no existe nada mas ridículo que la admisión de una conjura en masa, por la mera razón de que para el carácter no-judío tal conjura universal implica una imposibilidad. El señor Hard es no-judío, sabiendo por ende cuan imposible seria, aun por breve tiempo, cualquier conjura de
cierto numero importante de individuos no-judíos, aunque aquella respondiera a los móviles mas nobles. Los seres de sangre no-judía no están hechos para semejantes conjuras, que se disolverían como el azúcar en el agua. Los no-judíos, ni en la masa de la sangre, ni en sus intereses, llevan los fundamentales imprescindible para una tan estrecha cooperación, como los judíos. El no-judío, solo por sus innatas cualidades, no puede concebir grandes conjuras, y tan es así, que sin tener pruebas irrefutables a la vista, ni siquiera creerá en la posibilidad de su existencia. 
Intuiranse, entonces, las dificultades que el señor Hard halla en esto de las conjuras. Para poder redactar su artículo, se ve en la obligación de formular el asunto, como si en todas las ocasiones en que se discute la cuestión judía se la tratara desde el punto de vista de una conjura. Esta es su idea predominante, que se expresa en el epígrafe que reza: "Gran conjura contra los judíos". 
Buscando hechos recopilados en el referido articulo del señor Hard, llegase a saber que existen ciertos documentos que encierran, según dice, los detalles de una conjura, y hasta el plan para una dominación mundial de los judíos. Esto es casi todo lo que el lector consigue saber de aquellos documentos, aparte de que el señor Hard los califica de "originalmente horribles". Es una lamentable falta en aquel artículo, porque el autor, si bien lo escribe para condenar ciertos documentos, no nos dice nada absolutamente acerca de su contenido. Las perversidades se desacreditan siempre por su misma maldad; mas estos documentos parecen no ofrecer personal del señor Hard. En cambio, las personas de criterio independiente, hubiesen preferido seguramente obtener una base crítica con la publicación total de aquellos documentos. Pero dejemos esto. Existe la constancia de que el señor Hard establece en público que dichos documentos de conjura existen. 
El autor pasa luego a otra cosa y pretende demostrar, nombrando a determinados judíos que predominan en algunos remos especiales, que los hebreos en general no pueden tener nada que ver con el dominio mundial. La responsabilidad de lo concerniente a aquellos nombres hebreos la dejaremos a cargo del señor Hard. A nosotros solo nos interesa ver lo que es posible deducir de ello. 
Trata el autor con especial cuidado de los asuntos rusos. Hasta parece, a veces, como si se quisiera equiparar la cuestión judía a la soviética en Rusia; y, sin embargo, esto no es cierto, y el señor Hard lo sabe perfectamente. Si bien es cierto que las dos cuestiones se relacionan muy íntimamente entre si, constituye, empero, una premeditada sutileza intentar construir primero artificiosamente tal identidad. De cualquier manera, los hechos citados por el señor Hard, aparte de las consecuencias que él extrae de los mismos, resultan bastante interesantes. 
Fijémonos, entonces, primero en el caso de Rusia. El señor Hard dice que en el gobierno soviético hay un judío: Trotzky. Claro esta que existen otros en ese gobierno, pero el señor Hard habla exclusivamente del Gabinete . Tampoco cita a los comisarios, que parecen ser los verdaderos dueños de Rusia, ni a las tropas rojas, apoyo único del gobierno Lenin-Trotzky. Para el señor Hard solo existe el Gabinete. Con este mismo criterio no hubo en Hungría sino un solo judío en posición preponderante, mas este fue nada menos que Bela-Kuhn. Queda pendiente, sin embargo, la pregunta de por que, a pesar de existir solo estos dos judíos, todo el mundo estuvo y sigue convencidísimo de la preponderancia hebrea en el bolcheviquismo. Tan tonta opinión de todos los no-judíos seria infinitamente más quimérica de lo que es la idea de una conjura judía para el señor Hard. Si fueran imbéciles todos los no-judíos, ¿por qué no considerar sabios eminentes a todos los judíos? 
De cualquier modo no peca de exagerado quien afirme que Trotzky ocupa el supremo poder, compartiéndolo únicamente con Lenin, y que Trotzky es judío. Esto no lo negó hasta hoy nadie, ni el propio Braunstein, apellido que fue de Trotzky cuando residía en St. Louis, Estados Unidos. 
Más también los mencheviques, dice el señor Hard, son guiados por judíos. Trotzky al frente de los
bolcheviques, en tanto que a la cabeza de los mencheviques, cuando estos todavía formaban la oposición contra aquellos, marchaban los Lieber, Martow y Dan: "todos judíos", dice Hard. 
Hay, además, otro partido moderado entre esos dos extremos: los "cadetes", que según el señor Hard son o eran el mas fuerte partido burgués en Rusia. "Estos tienen actualmente su cuartel general en Paris. Su jefe es Vinaver, un judío". 
Tales los hechos señalados por el señor Hard. Los judíos cuyos nombres cita, detentan la jefatura de las tres grandes agrupaciones políticas de Rusia. Ved ahora –exclama, - cuando desunidos se hallan los judíos. ¿Cómo es posible la existencia de una conjura entre personas, que mutuamente se combaten con tanto encarnizamiento? A cualquiera pudiera tal vez llamarle la atención el hecho de que sean siempre judíos los que perennemente predominan en todas las fases de la vida política rusa. Y ¿no justifica acaso este hecho la generalizada creencia de que los hebreos anhelan para si, en todas partes, el dominio absoluto? 
Mas no terminan con esto las deducciones que el lector, ávido de hechos, pueda extraer del artículo del señor Hard. Este ocupase después de los asuntos en los Estados Unidos, señalando ciertos hechos en extremo interesantes. "Ahí esta Otto Kahn", dice. En efecto, a veces esta aquí Otto Kahn, mas otras se halla también en París, metido en asuntos internacionales sumamente importantes; en cambio, otras veces teje combinaciones en Londres entre el capital inglés y el yanqui, combinaciones todas que tienen numerosas relaciones con la vida política europea. El señor Kahn pasa por conservador, lo cual en diversos aspectos puede ser cierto. Toda persona es conservadora o no lo es, "según el cristal con que se le mira". Las personas más conservadoras de los Estados Unidos son en realidad las más radicales. Llegan sus lemas y sus métodos hasta las raíces de las cosas, y en su propio campo de acción son radicalísimas. Los hombres predominantes de la última convención republicana son denominados conservadores por aquellas personas cuyas miras se hallan limitadas por intereses económicos muy determinados, pero realmente son los más radicales de los radicales, y aparecen rojos en épocas rojas y blancos en épocas blancas . De conocerse los últimos planes del señor Kahn, y se descubriese la relación de todos estos planes e intenciones, habríamos de modificar, sin duda, el titulo con que se le debería conocer. Sea como fuere, por Hard sabemos, de cualquier modo, que "ahí esta Otto Kahn". 
"Por otra parte – dice el señor Hard, - esta Rosa Pastor Stokes, y el señor Morris Hillquit". Estos, expresa Hard, son radicales. En contraposición a los mismos menciona los nombres de otros dos no-judíos, Eugenio. V Debs y Bill Haywood, como si fueran jefes mucho mas importantes que aquellos. Todo aquel que sigue los últimos acontecimientos políticos (y entre tales personas figuraba también hasta hace poco el señor Hard), tiene de esto una opinión muy distinta. Ni Debs ni Haywood crearon en toda su vida un partido tan poderoso como lo hicieron Rosa Stokes y Hillquit. A estos últimos deben Debs y Haywood su significación. 
Cuando se examina las tendencias socialistas en los Estados Unidos, se tropieza al punto (le ocurre también al señor Hard) con nombres judíos. Y es por sus afirmaciones, precisamente, como llega el lector al convencimiento de que los dos grupos políticos de los Estados Unidos son dirigidos por judíos. 
No terminó aún Hard, "Quien más que ninguna otra personalidad, mas que ningún otro jefe hace todo lo posible para mantener a los obreros norteamericanos apartados de radicalismos, es un hebreo: Samuel Gompers"" Apuntara el lector este hecho en su memoria, y sabrá que la masa obrera norteamericana sigue a un judío. En cambio la poderosa "confederación de obreros confeccionistas unidos, efectivamente grande y muy fuerte, es dirigida por un judío, Sidney Hillmann". 
Es decir, que marchan aquí las cosas tal como en Rusia. Las dos tendencias de la vida política, y
dentro de ellas las fuerzas pujantes todas, están bajo el dominio judío. Este hecho tendrá que reconocerlo también el señor Hard, pese a la intención contraria de su artículo. 
Y el partido moderado también, el "centro liberal", como lo denomina Hard, que reúne a todos los no extremistas, se presenta con los apellidos preponderantes de Brandeis, Mack y Felix Frankfuter, caballeros cuya actitud desde el armisticio proporcionaría material abundante para un interesantísimo capitulo. 
Sinceramente cita Hard todavía otros dos nombres: el "barón de Günzburg, judío", un "empleado leal" de la Embajada rusa con el embajador Bajmeteff, representante del viejo régimen, algo modificado, en tanto que la agencia telegráfica rusa, cuyas informaciones se publican en infinidad de diarios norteamericanos, es dirigida por otro judío (así le califica Hard), cuyo nombre es conocidísimo por los hebreos de la prensa cotidiana: A. I. Sack. 
Esta lista no es completa ni con mucho, pero no por ello deja de ser interesante. Según dicha lista, parece que los documentos, cuya ridiculez trato de demostrar Hard, van adquiriendo algo más de importancia. Y asimismo, se va imponiendo la sospecha de que si aquellos documentos no fueron examinados tan atentamente como era de desear, quizá haya sido porque los lectores, aparte de los detalles advertidos por Hard, habían descubierto y observado hechos mucho mas significativos y escandalosos totalmente confirmados por los documentos mismos. Los lectores que no han tenido la suerte de poder enterarse del total contenido de aquellos documentos, deben exigir que se satisfaga su natural interés. 
No son los documentos los que crearon la cuestión judía. Si no existieran otros antecedentes, que nada tiene que ver con dichos documentos, ni el señor Hard hubiera escrito jamás su artículo ni el Metropolitan lo hubiese publicado. 
El mérito del señor Hard es haber confirmado en un lugar insospechado que esta patente la cuestión judía, y que esta debe ser debatida. Quien mando redactar el artículo titulado "La gran conjuración de los judíos" por fuerza debió haber experimentado una imperiosa necesidad de hacerlo. 
"¡Estáis perdiendo el tiempo en frases vanas! En tanto el periodismo del mundo entero no este en nuestras manos, será inútil todo cuanto hicier as. Es necesario que do minemos o por lo menos influyamos en la prensa universal, si ha de ser n u e s t r a t a r e a la d e alu cin a r y c a u tiv a r a lo s pueblos". i 
"Barón de Montefiore (1840)".