viernes, 14 de julio de 2017

EL JUDIO INTERNACIONAL-Por Henry Ford-PRIMERA PARTE-CAPITULO 2º-COMO SE DEFIENDE ALEMANIA CONTRA LOS HEBREOS

Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
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EL JUDIO INTERNACIONAL
Por Henry Ford
COMO SE DEFIENDE ALEMANIA CONTRA LOS HEBREOS
CAPITULO 2


En constante progreso, la humanidad ocupase abiertamente de combatir enfermedades sobre las que antes creíase necesario extender el manto de la vergüenza y del silencio. No progresó todavía hasta este punto, la higiene política. La causa fundamental de la dolencia del cuerpo nacional alemán radica en la excesiva influencia judía. Si era ya esa la convicción de algunas claras inteligencias desde hace muchos años, ya es hora de que empiecen a darse cuenta de ellos las masas menos inteligentes. Lo cierto es que la vida política alemana toda gira en torno de tal idea, y ese hecho no es posible ocultarlo ya por mas tiempo. En opinión de todas las clases sociales, tanto la derrota luego del armisticio, como la revolución y sus consecuencias, bajo las que el pueblo sucumbe, son obra de la astucia y de un premeditado plan judío. Esto asevérase con toda precisión; se aducen un sinnúmero de pruebas efectivas, y se supone que oportunamente la Historia se encargará de completar la documentación. 
 

El judío, en Alemania, es considerado solo como un huésped que, abusando de la tolerancia, pecó con su inclinación hasta el dominio. En efecto; no hay en el mundo mayor contraste que el existente entre la raza germana pura y la hebrea. Por esta razón no existe, ni puede existir mancomunidad entre ambas. El alemán no ve en el judío más que al huésped. En cambio, el judío, indignado por que no se le conceden todas las prerrogativas del indígena, alimenta un odio injusto contra el pueblo que le aloja. En otros países logro el judío mezclarse mas fácilmente con el pueblo indígena y acrecentar su poderío con menos trabas, mas en Alemania no le fue posible. El judío odia por esto al pueblo alemán y, precisamente, por esta misma razón, aquellos pueblos en que la influencia judía predominaba en mayor grado, demostraron durante la lamentable guerra mundial el más exacerbado odio contra Alemania. Fueron judíos los que predominaron casi exclusivamente en el enorme engranaje informativo mundial, que fabricó la "opinión pública" con respecto a Alemania. Los únicos que resultaron beneficiados con la Gran Guerra fueron en realidad los judíos. 
Claro esta que no basta decirlo, es menester comprobarlo. Efectuemos un examen de los hechos. ¿Qué ocurrió luego de pasar Alemania del viejo a nuevo régimen? En el gabinete de los Seis, usurpador del puesto del Gobierno Imperial, predominaba en absoluto la influencia de los judíos Haase y Landsberg. Haase dirigía las relaciones exteriores, en lo cual fue secundado por el judío Kautsky, un checo que en 1918 ni siquiera poseía la ciudadanía alemana. El hebreo Schiffer ocupo el Ministerio de Hacienda, con su correligionario Benstein como subsecretario. En el Ministerio de la Gobernación mandaba el semita Preuss, con la ayuda de su amigo el judío Freund. El hebreo Fritz Max Cohen, ex corresponsal en Copenhague del diario pan-judío: "Frankfurter Zeitung", fue designado jefe omnipotente del servicio oficial de informaciones. 
El gobierno prusiano era la segunda parte de esa constelación. Los hebreos Hirsch y Rosenfeld presidieron el gabinete, encargándose Rosenfeld del Ministerio de Gracia y Justicia, en tanto Hirsch desempeñaba la cartera de Gobernación. El judío Simon fue designado secretario de Estado en El Ministerio de Hacienda, cuyos funcionarios eran todos hebreos. El judío ruso Futran fue nombrado
director de enseñanza, en colaboración con el hebreo Arndt. El cargo de director de Colonias, fue desempeñado por el judío Meyer-Gerhard, en tanto que el semita Kastenberg desarrollo sus actividades en calidad de director del negociado de Letras y Artes. La secretaria de Alimentación se puso en manos del judío Wurm, cooperando en el Ministerio de Fomento con los hebreos Dr. Hirsch y Dr. Stadthagen. El semita Cohen ocupo la presidencia del Consejo de Obreros y Soldados, nueva institución en que desempeñaban altos cargos los judíos Stern, Herz, Lowenberg, Frankel, Israelowitz, Laubenheim, Seligsohn, Katzenstein, Lauffenbeg, Heimann, Schlesinger, Merz y Weyl. 
El judío Ernst fue designado jefe de la policía de Berlín, puesto que en Francfort ocupo el hebreo Sinzheimer, y en Essen el judío Lewy. El semita Eisner se nombro a si mismo en Munich Presidente del Estado de Baviera, designando su ministro de Hacienda al judío Jaffe. Industria, Comercio y Tráfico en Baviera estuvieron bajo las órdenes del hebreo Brentano. Sus correligionarios Talheimer y Herman ocuparon altos cargos en los Ministerios de Würtemberg, en tanto que el judío Fulda gobernaba en Hessen. 
Dos delegado alemanes a la conferencia de la paz eran judíos, mientras que un tercero fue conocido incondicional instrumento del judaísmo. Abundaban, además, en la delegación alemana, judíos adjuntos y peritos, tales como Max Warburg, Dr. von Strauss, Merton, Oscar Oppenheimer, doctor Jaffe, Deutsch, Brentano, Bernstein, struck, Rathenau, Wassermann y Mendelsohn- Bartholdy. 
La proporción de hebreos en las delegaciones de otros gobiernos en la conferencia de la paz, pudo comprobarse fácilmente, leyendo las crónicas de los periodistas no-judíos. Parece que solo a estos haya llamado la atención, en tanto que los corresponsales judíos prefirieron callar, seguramente por prudencia. 
Nunca se había manifestado en Alemania la influencia judía tan acentuadamente como durante la guerra. Apareció con la resuelta certeza de un cañonazo, como si todo hubiese estado preparado de antemano. Los judíos alemanes no fueron durante la guerra patriotas alemanes. Aunque este hecho, en opinión de los países enemigos de Alemania, no puede considerarse precisamente como una falta, permite, empero, apreciar en su justo valor las vehementes protestas de absoluta lealtad de los israelitas hacia aquellos países en que casualmente viven. Por razones que trataremos mas adelante, afirman serios pensadores alemanes que es de todo punto imposible que un judío sea jamás patriota. 
Es opinión general, que todos los hebreos arriba citados nunca hubiesen alcanzado aquellos cargos sin la revolución. Y la revolución, en cambio, no habría estallado sin que ellos mismos la hubieran preparado. Es verdad, también, que en Alemania no faltaron insuficiencias, mas estas el mismo pueblo alemán las hubiese podido rectificar, y seguramente lo habría hecho. Precisamente en este caso, las causas de estas insuficiencias que arruinaban la moral pública e imposibilitaban toda reforma, estaban bajo la influencia judía. 
Dicha influencia, que por sobre toda otra causa es la culpable del desmoronamiento del Imperio alemán, puede resumirse en los tres siguientes grupos: 1º el bolcheviquismo, que se oculto bajo el manto de socialismo; 2º el capitalismo hebreo con su preponderancia en la prensa, y 3º el control judío de la alimentación del pueblo alemán, y el de toda su vida industrial. Existe todavía un cuarto grupo, "que apunta mas alto", pero los tres citados fueron los que obraron mas directamente sobre los sentidos populares y las masas. 
Como es probable que tales conclusiones alemanas puedan ser puestas en tela de juicio por aquellos cuya opinión se fue formando bajo la influencia de la prensa judía, vamos a citar aquí un concepto del corresponsal del diario londinense "Globe", Mr. George Pitter-Wilson. Este observador expreso en abril de 1919 que "el bolcheviquismo significa la expropiación de todas las naciones
cristianas, de modo que ningún capital quedara en manos cristianas, y que los judíos en conjunto ejercerán a su antojo el dominio del mundo". Ya en el transcurso del segundo año de la guerra, alemanes y judíos expresaban que era indispensable una derrota de Alemania para la emancipación del proletariado. El socialista Stroebel dijo: "Declaro con toda franqueza que la total victoria de Alemania no favorecería los intereses de la socialdemocracia". Por doquier se afirmaba que la elevación del proletariado seria casi imposible en Alemania vencedora. Estos breves ejemplos de entre los innumerables que podríamos traer a colación, no tienen por objeto volver a examinar toda la cuestión de la guerra; tienden solamente a demostrar que numerosos judíos de los llamados alemanes olvidaron sus deberes hacia el país cuya ciudadanía ostentaba, uniéndose con todos los otros hebreos enemigos, con objeto de preparar la caída de Alemania, Tal objeto, según veremos mas adelante, no fue, ni con mucho, el de liberar a Alemania del militarismo, sino el de precipitar a todo el pueblo germano en un estado caótico, que les permitiera adueñarse del poder. La prensa alemana, tímidamente al principio, abiertamente después, hacia suyas estas tendencias de los portavoces hebreos. El "Berliner Tageblatt" y la "Münchener Neuste Nachritten" fueron en el transcurso de la guerra órganos oficiosos o semioficiosos del gobierno alemán. El primero de estos diarios defiende estatualmente los intereses semitas en Alemania, en tanto que el segundo se muestra completamente bajo la influencia del judaísmo organizado. "Frankfurter Zeitung" es también genuinamente judío. De este periódico dependen innumerables hojas de mayor o menor importancia. Todas estas publicaciones no son sino ediciones alemanas de la prensa mundial judía antialemana, siendo su tendencia completamente la misma. Esta intima cooperación de la prensa de todas las naciones, que se denomina prensa universal, debería examinarse muy escrupulosamente desde este punto de vista para demostrar a toda la humanidad los secretos de cómo y con que oculto fin se prepara diariamente la formación de la opinión publica. 
Al estallar la guerra pasaron todos los víveres y material bélico a manos hebreas, des de cuyo instante empezó a evidenciarse tal falta de probidad que socavóse la confianza de los combatientes. Tal como los demás pueblos patrióticos también supo el alemán que toda guerra implica sacrificio y sufrimientos, y desde el primer día se mostró dispuesto a sobrellevarlos. Ahora, en cambio, comprendieron los alemanes que han sido explotados por una pandilla de judíos, que todo lo habían preparado para extraer enormes beneficios de la miseria general del pueblo germano. Allí donde era posible especular con las necesidades del pueblo, o que se presentase la oportunidad de obtener ganancias intermedias ya fuera en bancos, sociedades de guerra, empréstitos públicos, o en ministerios que hacían gigantescos pedidos de material bélico, aparecían los judíos. De pronto desaparecieron, para volver a ofrecerse más tarde con un fabuloso aumento de precios, artículos de consumo, de abundante existencia. Las sociedades de guerra fueron dominios judíos. Aquel que poseía dinero pudo adquirirlo todo, hasta tarjetas de racionamiento, con el las que el gobierno se esforzó en una labor sobrehumanas para repartir equitativamente los víveres entre toda la población. Los hebreos triplicaban los precios de aquellos artículos que compraban a espaldas de la distribución oficial, afluyendo así una abundante creada de oro a sus bolsillos. Debido a estas existencias ocultas, de que disponían los judíos, fallaron todos los cálculos y censos del gobierno. La moral pública inquietóse ante semejante fenómeno. Se formularon demandas y se iniciaron procesos, pero cuando los asuntos se fallaban, siendo judíos tanto los jueces como los inculpados, todo terminaba con un sobreseimiento casi general. Por el contrario, si el acusado el alemán, se le condenaba a multas, que también hubiesen debido imponerse a los demás. Estúdiese el país desde este punto de vista, escudríñese Alemania por doquier, escúchese la voz y la opinión públicas, y se oirán siempre en todas partes que éste abuso de su poder durante la guerra se grabó en el alemán alemana como impreso con un hierro candente. 
Y en tanto que dichas influencias socavaban las masas populares, otras más elevadas, en sentido panjudío, pesaban sobre el gobierno de Bethmann Hollweg fueron, entre otros: el poderoso naviero Ballin ; después Teodoro Wolf, redactor en jefe del "Berliner Tageblatt", y miembro de la prensa panjudia; von Gwinner, director del "Deutsche Bank", aliado por vínculos de parentesco con la importante empresa bancaria internacional de los semitas Séller; y Rathenau , representante de las grandes concentraciones industriales y financieras hebreas en Alemania. Formaban estos personajes el Cuartel General judío y ejercían su influencia sobre el gobierno, tal como los demás lo hacían con las masas populares. 
El hebreo adinerado podía perfectamente comprarse la posición anhelada en la sociedad por encima de las capas sociales directamente interesadas por Alemania, mas, ¿cómo logro el judío pobre el reconocimiento que deseaba? Porque impulsaba a todos los judíos esta misma tendencia, que llevan en la sangre: el afán de dominación. Si se explica el sojuzgamiento de las clases elevadas por la riqueza judía, será un tanto difícil comprender la conquista de las masas populares por los hebreos, que no poseían más medios financieros que aquellos que en el momentáneo caos pudieran tener o haberse apoderado. 
Se admite que el judío en esencia, no sea anarquista o destructor. Es, empero, el bolchevique mundial, y en especial el causante de la revolución en Alemania. Su anarquismo no es innato, sino que constituye para el un medio para alcanzar mayor objetivo. El hebreo rico no es anarquista, porque puede lograr su objeto por caminos más suaves, en tanto que el judío pobre no dispone de otros medios que los violentos para enriquecerse. Sin embargo judíos ricos y judíos pobres caminan del brazo largo trecho. No se quiebra entre ellos el vínculo de simpatía de raza, porque de triunfar la anarquía, ocupara el hebreo pobre su puesto junto al hermano rico, y si el movimiento fracasara, habrá abierto nuevos surcos, donde el hebreo rico pueda seguir desarrollando sus planes. 
No podía el judío pobre franquear en Alemania la barrera del germanismo opuesta a sus propósitos, sino destruyéndola. En Rusia acaeció otro tanto. La estructura social alemana pudo mantener al judío en un plano de orden, dentro del cual pudiera causar el menor daño posible. Tal como la Naturaleza suele enquistar cuerpos extraños en el organismo, instintivamente operan las naciones con el judío. Empero, en la vida moderna, invento el judío un medio para usurpar el sitio ansiado: forzar las barreras en la tiniebla revolucionaria. Cuando se hundió Rusia, ¿Quién fue el primero en aparecer a la luz de los acontecimientos? ¡El hebreo Kerensky! Mas sus planes no fueron lo suficientemente radicales, razón por la cual le sucedió Trotzky, otro hebreo. Trotzky comprendía que en América el orden social estaba demasiado bien fundamentado, y por eso ataco en el punto más débil: Rusia, desde donde supone poder ir destruyéndolo todo en el mundo entero. Actualmente, en Rusia, hay un judío en cada comisario. Los cronistas de los sucesos rusos coinciden en la apreciación de que dicho país se halla en completa disolución. Tal vez sea así, pero no se refieren tales juicios a la situación de los hebreos en Rusia. De sus madrigueras irrumpen los rusos judíos como un ejército organizado, moviéndose en el desorden artificialmente producido, tal como si a cada uno de ellos le hubiese sido otorgado un puesto de antemano. 
Otro tanto ocurrió en Alemania.  Era preciso que la muralla del orden alemán fuese destruida, para que los hebreos pobres pudieran satisfacer sus ambiciones. Una vez abierta la brecha, irrumpirían por ella los judíos, ubicándose en todos los puestos del gobierno, para afirmarse así sobre el pueblo germano. 
Se explica así por que los judíos fomentan en todas las naciones del mundo los movimientos rebeldes latentes. Sabemos que en Norteamérica los jóvenes judíos proclaman ideales que de realizarse hundirían al país. De primer intento aparece como blanco de sus ataques el "capitalismo", idéntico para ellos a la actual gobernación por los no-judíos. Los verdaderos capitalistas del mundo, los que lo son por y para el capital propiamente dicho, son en realidad propios judíos; y no podemos suponer que estos deseen combatir al capital. Por el contrario, lo que ellos ansían es el dominio único, sobre todos los capitales del mundo, y es innegable que hace largo tiempo van por buen camino para lograrlo. 
Será entonces necesario, tanto para Alemania como en Rusia, distinguir claramente entre los métodos de los hebreos ricos y de los pobres; los unos se ocupan de sojuzgar los Gobiernos, y los
otros de conquistarse las masas populares, pero ambos tienden a un mismo e idéntico fin. 
No propenden los métodos de acción de las clases bajas judías solo a librarse de la repulsión racial, sino que ansían francamente el poder. Es esta voluntad de dominar la que caracteriza su espíritu. La convicción actual de Alemania a este respecto se expresa así: "La pasada revolución fue una evidente manifestación de la innata voluntad dominadora de los judíos; los partidos políticos, socialista, demócrata y progresista no son sino instrumentos de aquella idea. La llamada "dictadura del proletariado" es real y efectivamente la dictadura de los hebreos sobre el pueblo alemán, con ayuda y por intermedio del proletariado". 
Tan súbitamente abrieron los alemanes los ojos, tan violentamente manifestóse esta reacción, que el judaísmo alemana no tuvo mas remedio que replegarse, cediendo como por encanto todo lo directamente en contacto con el pueblo germano y su administración, a individuos de sangre alemana, o por lo menos mestiza. Más no cedieron por esto también al mismo tiempo el poder. Lo que pueda ocurrir en lo futuro en Alemania, no es posible preverlo, pero no cabe duda que los alemanes sabrán dominar la situación, estudiando y utilizando los medios adecuados y eficaces que fueran necesarios. En cambio, el ulterior desarrollo en Rusia apenas si deja lugar a dudas. Cuando se cumpla el destino de ese país, lo contemplara horrorizado el mundo entero. 
Puede resumirse como sigue la interpretación general de los alemanes y rusos: Es el judaísmo la potencia mejor organizada del mundo, con métodos mucho más rígidos todavía que los del Imperio Británico. Integra un Estado, cuyos súbditos le obedecen incondicionalmente, allí donde vivan, sean pobres o ricos, y este Estado, injertado dentro de los demás Estados, se llama en Alemania "Pan-Judea" (All = Juda). 
Predomina este Estado pan-judaico mediante el capitalismo y la prensa, o sea mediante dinero y difusión o propaganda. 
Es Pan-Judea el único entre todos los Estados del mundo que ejerce realmente un dominio universal; todos los otros solo pueden y quieren ejercer un dominio nacional. 
El principal propulsor del pan-judaísmo es su dominio de la prensa. Las producciones técnicas, científicas y literarias del moderno judaísmo son exclusivamente de índole periodística y se basan en la admirable facultad del hebreo para asimilarse a las ideas ajenas. Capital y periodismo se reúnen en el rubro "Prensa", que constituye el verdadero instrumento del predominio judío. 
La administración del Estado Pan-Judío se halla admirablemente organizada. Su primitiva sede fue París, pero ahora ocupa el tercer lugar. En la pre-guerra Londres fue la primera y Nueva York la segunda capital del Pan-Judea. Es preciso esperar para cerciorarnos si Nueva York será la que derrote a Londres, pero la tendencia general marca el rumbo hacia Norteamérica. 
Si Pan-Judea no se halla en situación de sostener en forma continua una fuerza armada de mar y tierra, otros Estados se encargan de tal servicio. Es hoy su escuadra la británica; consiste su tarea en rechazar todo ataque que pudiera dirigirse contra los intereses marítimos y económicos pan- judíos desde cualquier origen. Pan-Judea garantiza en cambio a Gran Bretaña el tranquilo desarrollo de su poderío político y territorial; Pan-Judea sojuzgo la Palestina al cetro británico. Allí donde existe un núcleo militar pan-judío, sin distinción de uniforme o bandera de combate, colabora siempre estrechamente con el poderío naval británico. 
Encarga Pan-Judea la administración de las diversas "zonas de influencia" a gobiernos "indígenas", reservándose la inspección general sobre los mismos. No se opone el judaísmo a una distribución nacional permanente del resto del mundo no-israelita. Los hebreos no se unificaran jamás con otra nación, pues representan por si "la nación" que siempre fue y seguirá siendo inencontrable.
 Puede Pan-Judea hacer la guerra y la paz, recurriendo en casos de resistencia a "soltar la jauría" de la anarquía, luego de la cual también puede, si lo desea, volver a restablecer el orden. En todo caso, hacer vibrar Pan-Judea la musculatura y el sistema nervioso de otros pueblos en la forma más conveniente a los intereses financieros de su propia raza. 
Como Pan-Judea dispone a su guisa de las fuentes de información del mundo entero, esta siempre en condiciones de preparar la opinión publica mundial para sus más inmediatos fines. El mayor peligro esta en la forma como se "fabrican" las noticias y como se moldea el pensamiento de pueblos enteros en sentido pan-judaico. Mas cuando alguien descubre estas manipulaciones y llama la atención publica revelando la mano judía en estas jugadas, se provoca al punto un gran clamoreo en la prensa mundial sobre el infame "antisemitismo". La causa verdadera de toda persecución, originada siempre por una esclavitud previa de los pueblos por el dominio financiero hebreo, no llega a conocerse jamás en público. 
Pan-Judea asienta sus legaciones "fantasmas" en Londres y Nueva York. Apagada su sed de venganza contra Alemania, trata de sojuzgar a otras naciones. Gran Bretaña ya esta entre sus garras. En Rusia lucha todavía por el poder, y los auspicios no son desalentadores. Los Estados Unidos, merced a su excesiva tolerancia con todas las razas, les brindan un campo favorable de experiencias. Cambia el escenario de la acción, pero el hebreo siempre sigue siendo el mismo a través de tierras y de siglos. 
(1) Los datos del presente capítulo son aporte del doctor W. Liek, autor de la obra: “Participación del judaísmo en la derrota de Alemania”. 
Parece a primera vista que sea precisamente la vida económica estadounidense la desarrollada con independencia de los judíos... A pesar de ello si opinando que los Estados Unidos (acaso mas que ningún otro país), están saturados del espíritu judío. Esto se adviert e en muchos aspectos, especialmente por quienes se hallan en condic iones de formarse un juicio independiente. En presencia de este hecho, ¿no esta tal vez justificada la opinión de que los Estados Unidos deben su existencia a los judíos? Y siendo así que damas justificadas la afirmación de que fue justamente la influencia judía la que otorgo al país el sello que la caracteriza: el americano estadounidense. Porque lo que comúnmente se llama "american", no es sino el espíritu semita destilado. (Werner Sombart. " Los judíos y la vida económica ").