viernes, 14 de julio de 2017

"EL JUDIO INTERNACIONAL"-CAPITULO 9º-FUNDAMENTOS HISTORICOS DE LA ASPIRACION JUDIA POR LA HEGEMONIA UNIVERSAL

Obra escrita por Henry Ford "EL JUDIO INTERNACIONAL" con las dos partes que la integran, colgándola al blog en espacios 0,10 a 7.30 horas durante el trancurso de diez dias y continuado con idéntico método  hasta su fin. Aquel industrial norteamericano que fuera el creador de la prestigiosa marca de Automotores Ford, vigente hasta hoy en la materia y de relieve Internacional, incursionó en la cuestión Judía. Desconocemos si sus sucesores continúan hoy en la conducción de esa empresa. Relatos de aquel tiempo, manifiestan que Henry no aceptaba  los préstamos que los ya existentes "Lobby" Judíos pretendían formalizar a sus emprendimiento y aprendió a conocerlos íntegramente. Tanto al parecer fueron los embates de ellos recibidos que acabaron por transformarlo en redactor de toda sus maniobras "usurera", desde cualquier gestión que conducen a modo de advertir los males que pueden introducir permanentemente en el mundo no Hebreo
"EL JUDIO INTERNACIONAL"

Por Henry Ford

PRIMERA PARTE

CAPITULO 9º

FUNDAMENTOS HISTORICOS DE LA ASPIRACION JUDIA POR LA HEGEMONIA UNIVERSAL  
Al comenzarse la publicación de estos artículos, quedo roto el encanto que hasta ese momento rodeara en este país la cuestión judía y la del plan de lucha por la hegemonía mundial. Ahora es posible pronunciar la palabra "judío" en discusiones serias, sin temor o recelo de ninguna índole. Esto parecía ser un privilegio exclusivo de los publicistas judíos, que, claro esta, utilizaban la palabra únicamente en el sentido de propaganda filosemita perfectamente estudiada.
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 Se podrá, sin cuidado, eliminar determinados párrafos de las obras de Shakespeare en las escuelas públicas, por desagradar a los judíos. Pueden asimismo exigir que se retire de la Biblioteca de Boston un magnifico cuadro de Sargent, porque representa una sinagoga en ruinas. Mas cuando del lado no- judío se advierte la más mínima insinuación de que el no-judío ha notado la existencia del israelita, levantase inmediata y estrepitosamente el reproche del prejuicio. 

Fue un efecto para ello prohibir una libre discusión, que halla raro paralelo en la historia de nuestro país. Se prohibió en un banquete, la palabra "judío" cuando se relacionaba con las costumbres comerciales de ciertos banqueros judíos. Otro comensal hebreo preguntó luego si al orador le parecía muy "norteamericano" estigmatizar de tal modo a otra raza. El aludido repuso secamente: "Si, señor", conquistándose el aplauso unánime de la concurrencia. En aquel Estado de la Unión, la libertad de los comerciantes había sido vanamente coartada por aquella ley no escrita, según la cual los judíos jamás deben señalarse como tales. 
Hace un año, nadie hubiese podido predecir que un gran diario, como lo es el Chicago Tribune , consideraría buena política publicar en primera pagina y en primera columna, un articulo de fondo, refrendado por la firma editorial, que tratara del plan judío por la hegemonía mundial, y en cuyo titulo apareciera en grandes caracteres la palabra "judío", que sin eufemismos se repetía en el resto del texto. Por lo general se procede como cierto diario del Este norteamericano al tratar de este mismo asunto, que siempre, cuando aparecía el concepto "judío internacional", lo modificaba consecuentemente en "financista". 
Chicago Tribune publicó, pues, en fecha 19 de junio de 1920, en primera página y en primera columna, una crónica cablegráfica de su corresponsal especial John Clayton, bajo el titulo de "Trotzky lleva a los radicales judíos al poder mundial. El bolcheviquismo es solo un medio para sus fines", cuyo primer párrafo decía: "En el transcurso de los dos últimos años los oficiales del servicio de informaciones y los miembros de los diversos servicios secretos de los Aliados, recopilaron datos sobre un movimiento revolucionario mundial, ajeno al bolcheviquismo. Al principio las informaciones confundieron estas dos ideas, pero últimamente se fueron desenredando los múltiples hilos del misterio". 
Como dijimos en otro lugar, también pertenece a estas organizaciones nuestro servicio de
informaciones, aun cuando es de suponer que merced a las influencias judías sobre nuestro gobierno no se estudiaban estos asuntos con igual celo y persistencia como se haría en otros casos. Sabemos de cualquier modo, y de origen judío, por no citar otros, que nuestro Ministerio de Justicia interesóse profundamente durante cierto tiempo por estos asuntos y que hasta llego a iniciar investigaciones. 
Lo notable del informe anterior es que varios altos funcionarios de la Entente mostraron sumo interés en el asunto durante dos años, y este sistema no deben olvidarlo los que siempre dicen que toda la cuestión se debe a intrigas alemanas. Al primer síntoma de cuestión judía en Norteamérica, se contestó al punto por los judíos, que afirmaron se trataba de un articulo de importación alemana, y que la ola antisemita que inundara entonces Alemania para evitar a la nación las excesivas influencias revolucionarias judías no era artimaña germana para culpar a los hebreos de su derrota en la guerra. Justamente los rabinos norteamericanos predican ahora que toda guerra fue siempre seguida de violentos "ataques" contra los judíos. Lo cierto e innegable es que cada nueva contienda va abriendo los ojos de los pueblos sobre la paz y la guerra, y debemos suponer que este hecho merece una explicación un poco mas seria que la del simple prejuicio. Por otra parte, según lo demuestra aquel artículo del Tribune , apoyado por todas las observaciones imparciales, ahora no presenta siquiera con caracteres graves, sino que, precisamente "los servicios secretos de los Aliados" fueron los más activos que se mostraron en la emergencia. 
Distingue el segundo párrafo del artículo entre el bolcheviquismo y la aspiración hebrea por la hegemonía mundial, expresando que "el bolcheviquismo aspira a la subversión de la sociedad actual y a la confraternidad internacional de los obreros como dueña del mundo. Anhela el segundo movimiento de una hegemonía mundial de una sola raza. De acuerdo con lo que pudieron averiguar los agentes de los gobiernos británico, francés y norteamericano; los cabecillas de este movimientos son judíos radicales". 
Constan también en la crónica los hechos siguientes: "Existe en las filas del comunismo un grupo des este segundo partido, mas sin conformarse. El comunismo es para sus portavoces solamente una cuestión secundaria”. (Trae esto a la memoria las palabras de lord Eustace Perey, reproducidas en la revista canadiense Jewish Chronicle : "No porque le interese al judío la faz positiva de la ideología radical, ni porque le importe participar de un nacionalismo o democracia no-judías; sino por su odio innato contra cualquier sistema de gobierno no-judío"). "Se hallan dispuestos a aprovechar para sus fines la relación islamita, el odio de los imperios centrales contra Gran Bretaña, las intenciones del Japón en la India y las competencias comerciales entre Norteamérica y Gran Bretaña". 
"Como debe serlo todo movimiento revolucionario, también este es genuinamente antianglosajón". "Esta en cada país casi terminada la organización de la revolución mundial radical-judía". "Las tendencias de este partido judío-radical no ponen de relieve ningún fondo altruista, sino que ansían exclusivamente el libertinaje de su propia raza". 
Es innegable que estos hechos son un tanto intranquilizadores. De haberse publicado en cualquier folleto anónimo, el lector medianamente serio los despreciaría por absurdos: ¡tan ingenuo es el ciudadano común frente a las ocultas influencias que actúan sobre su existencia y que van formando su destino! Más publicados en un gran diario acreditado, habrán de ser apreciados desde distintos puntos de vista. Tampoco conformóse el Tribune con aquel único artículo, sino que con fecha 21 de junio de 1920 apareció otro editorial titulado "Cataclismo mundial". De inmediato saltaba a la vista que este segundo artículo tenia por objeto evitar posibles equívocos surgidos del primero; se decía en el que "la participación judía en este momento ansiaba una hegemonía mundial de razas". Añadía a continuación que en tanto los judíos de otros países por razones naturales tal vez coadyuvaban a este cataclismo mundial, "los de Inglaterra y Norteamérica eran sanos legitimistas y representantes conservadores de las tradiciones nacionales". Perfectamente, si
fuese cierto. Mas esta afirmación podría apenas hacerse para diez de cada mil judíos particularmente hablando. Es innegable que no puede ser aplicada esta afirmación a todos aquellos elementos internacionales que mueven los hilos invisibles de los gobiernos todos, y que durante estos últimos seis trágicos años  se ocuparon de los asuntos mundiales en una forma tan inequívoca, que de una vez por todas tiene que aclararse. Fatalmente, todos los judíos ingleses y yanquis habrán de aguantar una época de intranquilidades que el mundo gustosamente les ahorraría, pero que parece inevitable, en tanto no se haya dicho la verdad desnuda y, sobre todo, en tanto la gran masa de los hebreos no se haya separada radicalmente de aquellos elementos que gozan hasta ahora de su mas intima veneración. 
Vale la pena que se estudie el efecto que causo la publicación de la pretendida hegemonía mundial judía, tanto sobre judíos como sobre no-judíos. Los publicistas hebreos comenzaron por negar en absoluto este intento: todo era falso, todo embustes, todo inventado por los enemigos de los judíos para provocar odios y matanzas. Mas a medida que se van acumulando pruebas, se modifica el noto de su criterio. Bien... Admitiendo que algo de eso sea cierto, "¿podría extrañar que los pobres judíos oprimidos, llevados por sus sufrimientos casi a la demencia, soñaran en derrotar a sus enemigos, ocupando los cargos gubernamentales?" 
En presencia de este hecho diría tal vez el no-judío: "Perfectamente, mas se trata aquí de judíos rusos, que a nosotros nada nos importan. Los judíos norteamericanos son intachables, y jamás conspiraran de esta manera". Pero si penetrara el no-judío un poco mas en el fondo de las cosas, tendría que admitir la existencia de cierto movimiento revolucionario mundial, que conmueve ya a nuestro país, y cuyos espíritus dirigentes son judíos revolucionarios. Arribando a este punto, o bien se mostrara la tendencia de admitir la teoría de que todo este movimiento, de acuerdo con su origen, agitación, forma de propaganda tendencia es realmente judío, o deberá admitirse la teoría de que se trata, en efecto, de un movimiento mundial, pero que este es judío únicamente por casualidad . Tanto en judíos como en no-judíos, la impresión final será, empero, de que existe algo que corresponde a las primitivas afirmaciones. Así dice, por ejemplo, Christian Science Monitor , cuya importancia como revista nadie pondrá en duda, dedicando un articulo de fondo a la cuestión: "Seria, sin embargo, un error fatal suponer que el peligro judío no existe, con tal de que se le diera otro nombre y otra atmósfera. También y según uno de los mas elogiados libros del Antiguo Testamento, podría llamársele "el horror de la noche", porque a sabiendas o inconscientemente, el profesor Nilus quiere decir lo mismo que comprende el salmista bajo la potencia de lo espiritualmente malo. En otros termino: para todo el que comprende el signo de los tiempos, es un hecho innegable la existencia de una organización secreta e internacionalmente política que trabaja incesantemente mediante su central psicología, en tanto la Humanidad, que debería hallarse despierta, esta en un sopor profundo". Recomienda el Monitor que se eviten los prejuicios, pero que no se desprecien las leyes de la lógica. Esto está perfectamente hecho y corresponde al deseo de cualquier persona ecuánime que se haya propuesto estudiar este grave asunto. Pero nace con mucha frecuencia la dificultad de un desprecio de los hechos, que no desean razonar lógicamente. Puede afirmarse con certeza que en la mayoría de los casos existen prejuicios en contra y pese a los hechos, pero que no son motivados por estos. Es preciso evitar ante todo dos prejuicios, cuando quiere uno dedicarse a estos estudios. Consiste el primero en creer que el programa para la hegemonía mundial judía, si existe, es de origen reciente. Al mencionarse tal programa, suelen suponer los no-judíos que este se publicó la semana última, o el año anterior, o por lo menos en nuestra edad moderna. No es necesario que sea precisamente así, y aun menos tratándose de asuntos judíos. Es evidente que si tal programa hubiera de  confeccionarse en la actualidad, debería tener, por fuerza, un carácter completamente distinto del que lleva el que a la vista tenemos. Existe un programa moderno, pero no puede compararse ni en volumen ni en profundidad con el ya existente desde hace mucho tiempo. Las constituciones completas de gobiernos invisibles no son el resultado de reuniones secretas, sino que representan la acumulación del trabajo espiritual y la quintaesencia de experiencias modernas seculares. Por otra parte, por muy propensa que sea una generación moderna a despreciar  tales planes, representa solamente
una poderosa razón el hecho de que estos existen ya desde hace siglos en forma de viejo y secreto ideal de raza, para una respetuosa tolerancia y hasta para su realización por otra parte de la actual generación. Ninguna idea arraiga mas profundamente en la raza judía que la que ellos forman una nación privilegiada, y de que su porvenir será mas prospero de lo que ha sido su pasado. Una parte considerable de la humanidad cristiana acepta esta tesis y hasta puede ser cierta, pero, en un Universo moral, no puede manifestarse con métodos como los que fueron empleados y se siguen empleando. 
Mas al citar la antigüedad de la idea del Pueblo privilegiado, solo se desea facilitar el razonamiento de que no seria obvio que entre los numerosos programas que se han ido formando en torno de esta idea para su realización práctica, también existiera uno en cuya preparación hayan colaborado las más claras inteligencias de Israel con lo mejor de su intelecto y corazón, a fin de asegurar se éxito. Que tal plan exista lo creyeron muchos sabios que penetraron profundamente en las relaciones secretas del mundo, y el que dicho plan haya sido ensayado con diversas sayas, por decirlo así, en mas de un escenario nacional, antes de su definitiva función en el teatro mundial, es convicción y creencia de personas cuya inteligencia no puede discutirse tampoco. 
Tal vez fuese posible que tuviéramos aquí que ocuparnos de un asunto del que los judíos actuales y hasta los más importantes internacionalistas no son responsables originalmente. Acaso formen parte de su vieja herencia mosaica. Si se tratara de una creación moderna, cabe la suposición de que desaparecería con la misma rapidez con que apareció. 
Otro prejuicio que se debe evitar es creer que cada judío con quien se tropiece conoce la existencia de este programa. La idea básica del triunfo final de Israel es familiar a cada hebreo que no haya perdido el contacto con su pueblo, mas en detalle ignora los planes trazados para la realización de este triunfo. El hebreo corriente no entra en las combinaciones del núcleo secreto, salvo en casos muy excepcionales. Se comprenderá en cambio que la realización del triunfo final no contaría a judío alguno y si efectivamente los medios utilizados fueran un tanto violentos, no vería cada judío en ello sino una recompensa muy pequeña por los sufrimientos que, en opinión de todos los hebreos, ha hecho padecer en largos siglos a los hijos de David en mundo no-judío. 
Eliminados estos dos prejuicios, se llega a la inevitable conclusión de que si existe en la actualidad tal programa judío para conseguir la hegemonía mundial, este por fuerza debe existir a sabiendas y con la activa ayuda de determinado numero de individuos, y que estos deben tener una dirección oficial. Arribando a esta conclusión, los investigadores quedaran, sin duda, sin poder seguir adelante. La idea de un soberano judío resulta demasiado ridícula para la mente de quien no esta en constante contacto con la cuestión primordial Y, sin embargo, no existe raza alguna que soporte más voluntariosa la autocracia que la judía, ninguna que ansíe y respete el poderío mas que ella. Únicamente su compresión del valor del poderío explica el extraño desarrollo de todas sus manifestaciones. Es el judío cazador de fortunas, por la simple razón de que hasta hoy el dinero es lo único que conoce, porque le ofrece medios para forjarse cierto poderío. Los judíos que lograron determinada preponderancia por medios distintos, son relativamente pocos. No es esto una tesis antisemita; un célebre médico judío inglés expresa lo mismo diciendo: "Los restantes medios para lograr prerrogativas sociales les están prohibidas. Y cuando sabe que la fortuna le asegura títulos, estima e influencias ¿se le puede reprochar su deseo de amasar riquezas para adquirir con ellas una posición social y hasta la sociedad entera, que se inclina tan inicuamente ante el Becerro de Oro? 
No se opone el judío a los reyes propiamente dichos, sino a aquellas formas de Estado que rechazan un rey judío. El autócrata futuro será un monarca judío sentado en el trono de David; coinciden en este detalle todas las antiguas profecías y los documentos del plan de hegemonía mundial. 
Ahora bien: ¿existe en el mundo, actualmente, este rey? Y si así no fuera, ¿existen, por lo menos, personas susceptibles de elegirlo? Desde los tiempos anteriores a la Era cristiana no existe oficialmente un rey de los judíos, mas desde el siglo XI consideráronse los "príncipes del destierro" como soberanos de los judíos dispersos entre los pueblos del mundo. Se llamaron, y así se llaman hoy, los "exilarcas". Estaban en su séquito los sabios de Israel, que integraban la Corte y dieron las leyes a su pueblo. Vivían, según las necesidades de la época y las circunstancias, en naciones cristianas o musulmanas. Si finalizo este cargo con el postrer exilarca públicamente conocido, o si solamente desapareció de la superficie histórica, si abandonóse del todo, o si sigue existiendo bajo otra forma, todo ello son interrogantes abiertos. Es conocido el hecho de que existen magistrados de una justicia universal judía. La existencia de organizaciones mundiales, es decir, organizaciones dentro de la comunidad en extremo firme del pueblo judío, es tan conocido como el hecho de que existe total uniformidad en el mundo entero para determinadas manifestaciones de su carácter general. Nada hay en la posición o en la ideología del judío moderno que oponerse pudiera a la suposición de la existencia de un exilarca judío en la actualidad, sino que, por el contrario, semejante idea debe ser para ellos un valioso consuelo. 
Dice al respecto la "Enciclopedia Judía": "Lo extraño es que los exilarcas se mencionan aun en las Ordenanzas del Sábado del ritual asquenasio (oriental)... Los obreros del ritual sefardita (occidental) no mantuvieron esta institución caduca, como no aparece tampoco en la mayoría de las sinagogas reformadas del siglo XIX". 
¿Existe actualmente un Sanedrín judío, o sea una corporación gubernativa o consultiva integrada por judíos, que ejerce la suprema inspección sobre los miembros de su pueblo disperso en el mundo entero? El antiguo Sanedrín hebreo, fue una institución en extremo interesante. Su origen y constitución se ignora. Componíase de 71 miembros, incluido el presidente, y desempeñaba las funciones de un senado político. No es posible encontrar fuente alguna, de la que tomara el Sanedrín su autoridad gubernativa. Nunca fue una corporación elegida, ni democrática, ni ostento la representación de nadie. Rechazaba toda responsabilidad frente a su pueblo. Fue genuinamente judío en todos estos detalles. El Sanedrín era designado por el soberano o el sacerdote, no para representar los intereses del pueblo, sino para ayudar al soberano en sus tareas administrativas. Se reunía por orden especial, o en permanencia designando continuamente a sus miembros. Parece haber sido su constitución igual al conocido sistema por el cual una aristocracia, con menoscabo del desarrollo político del pueblo suele mantenerse en el poder. Dice al respecto la "Enciclopedia Judía": "El Sanedrín, absolutamente aristocrático en su carácter, tomó probablemente su autoridad de si mismo, integrándose con los miembros de las familias mas influyentes de la aristocracia y del clero". 
Fue secundada esta corporación por otra parecida, que administraba los intereses religiosos populares. Se reclutan sus miembros al parecer, entre clases más relacionadas con la masa del pueblo, 
Ejercía el Sanedrín su poder gubernativo no solo sobre los hebreos residentes en la Palestina, sino también sobre los dispersos por toda la Tierra. En su calidad de Senado con poderes inmediatamente políticos, ceso con el derrumbamiento del Estado judío en el año 70 de la Era cristiana, mas no faltan indicios de su subsistencia como corporación consultiva, hasta el siglo IV de nuestra era. 
En el año 1806, y para responder a ciertas preguntas relacionadas con el judaísmo, reuníase por orden de Napoleón una asamblea de notables judíos franceses. Esta, a su vez, convoco el Sanedrín, para conseguir el beneplácito de la comunidad hebrea del mundo entero a las respuestas dadas a Napoleón. Reunióse este Sanedrín el 9 de febrero de 1807 en París, y siguió las antiguas normas, estando integrado por judíos residentes en toda Europa, para conceder la máxima autoridad y el peso del judaísmo mundial a los convenios que concertarse pudieren con Napoleón.
 Luego de publicadas sus decisiones el Sanedrín de 1807 declaro que se identificaba totalmente con el Sanedrín antiguo y que era "una asamblea legal revestida del necesario poder para decretar ordenanzas que favorecieran el bienestar del pueblo de Israel". 
Radica la importancia de estos hechos en que todo cuanto hagan los jefes actuales del judaísmo para mantener la política y la constitución de Israel, no significa nada nuevo ni puntos de vistas contemporáneos, como tampoco puede ser prueba de un programa moderno. En vista de la estrecha mancomunidad del pueblo hebreo, seria perfectamente natural que el antiguo Sanedrín existiera aun. Parece haber reunido este antiguo Sanedrín una jerarquía suprema, integrada por diez miembros que se distinguían especialmente en dignidad ante los demás miembros, y seria perfectamente natural que se agruparan hoy los jefes del judaísmo en juntas separadas, según los países de residencia y los objetivos especiales de cada grupo. 
Se reúnen todos los años los judíos más influyentes de todos los países en asamblea universal; acusan las convocatorias un poder autoritario propio, sin miramientos de ninguna índole. Jueces de las mas altas categorías en los Tribunales Supremos de diversos países, financistas internacionales, oradores hebreos del "liberalismo", que son escuchados y apreciados también por elementos no- judíos, estrategas políticos pertenecientes a todos los partidos del mundo entero, reúnense donde se les ocurre, y de los temas de sus debates solo publican aquello que consideran conveniente. No es de suponer que todos cuantos participan de estas asambleas sean también miembros del más secreto núcleo central. La lista de dichos delegados suele contener docenas de nombres que nadie desearía mezclar con los lord Reading (Isaacs), o del juez Brandeis. Cuando se reúne el moderno Sanedrín (y lo más natural del mundo seria que lo hiciera), es dentro del más serio circulo de personas que también gozan de la aprobación de la aristocracia financiera, intelectual y potencial judías. 
Existe el mecanismo de un súpergobierno mundial judío, listo para ser puesto en marcha. Todo hebreo esta persuadido de que posee la mejor religión, la mejor moral, las mejores costumbres sociales, el mejor método de educación y el mejor ideal de gobierno. No necesita salirse del circulo de lo que considera lo mejor, cuando desea hacer algo para favorecer el bienestar, o realizar algún programa relativo al resto de la humanidad. 
De este viejo mecanismo, del que el judío se sirve en todas sus manifestaciones, solo se dejan ver algunas piezas. Existen reuniones parciales de las principales cabezas en el terrero de la finanza, de la política o del intelecto. A estas reuniones se les concede a veces publicidad. Otras se efectúan en cualquier capital del mundo y sin exteriorizar su objeto; arriban a determinada población, discuten y se van. 
Resta aun por averiguar la existencia de un soberano universalmente reconocido. Más de ningún modo es posible dudar de la existencia de una política que podría denominarse "de asuntos exteriores", vale decir, de ciertos puntos de vista de un plan activo relacionado con la humanidad no-judía. El hebreo se siente siempre como viviendo dentro de un mundo de enemigos, mas se considera también al mismo tiempo, miembro de un pueblo, de un único pueblo . Debe, por ende, frente al resto del mundo, ejercer una política exterior. Necesariamente tiene que ocuparse de los asuntos universales, que, por otra parte, no puede hacer sino reflexionando sobre el ulterior desarrollo de los mismos, reflexión de su parte que por fuerza tiene que inducirle a intentar influenciarlo en su favor. 
El invisible gobierno judío, su posición frente al resto de la humanidad no-judía, y su política a seguir en el porvenir, no son, por tanto, tan absurdos como pudiera parecer en principio. Al contrario, dada la tan extraordinaria posición del judaísmo, todo resulta perfectamente natural. No se su posición mundial realmente a propósito para que dormiten confiadamente, sino que hasta los
obliga a crear organizaciones protectoras contra eventuales posibilidades, y un plan que fuerce tales posibilidades en un sentido favorable a su raza. Que se suponga la existencia de un Sanedrín, es decir, de una corporación mundial que comprenda a los hebreos más influyentes de todas las naciones, la del exilarca, o sea el jefe reconocido del Sanedrín como precursor misterioso del futuro autócrata mundial y hasta que se crea en un programa mundial (como lleva sistemáticamente todo gobierno su política exterior), nada tiene de irracional ni de inverosímil. Esas instituciones son resultado lógico del conjunto de hechos. Mas es asimismo natural que no todos los judíos, individualmente las conozcan. El Sanedrín siempre fue una aristocracia, y los púlpitos que no saben nada de todo esto, acaso digan la verdad. En lo que el judío internacional puede apoyarse firmemente, es en la probabilidad de que cada ser judío posee las necesarias cualidades para guiar a su raza por caminos de influencia y poderío. Por poco que conozca la masa a los jefes judíos en sus pormenores y su plan mundial, lo cierto es que contempla con gran estima y con confianza absoluta a aquellas personas que, de existir, deben realizar prácticamente tal plan. 
Dice al respecto la tesis 24 del programa de los "Sabios de Sión": Tratare ahora de la forma y manera, como las raíces de la casa de David deben penetrar hasta las más profundas capas de la tierra. Esta dinastía, hasta la fecha, confirió a nuestros sabios, educadores y guías de todo saber humano, el poder destinado a dominar los asuntos del mundo entero". 
Y esto admitido como cierto, significaría (tal como sigue diciendo el programa), que si el soberano mundial no existe todavía, la dinastía, sin embargo, o sea la estirpe de David, señala a los Sabios de Sión la tarea de preparar su advenimiento. Dícese además de estos sabios, que no solo preparan la senda a los futuros conductores del destino de Israel, sino que forjan o influencian el pensamiento humano para que sea favorable a sus planes. Aunque el programa en si permanezca oculto, su ejecución o los efectos de su ejecución no podrán quedarlo. Por esta razón seguramente será factible recoger en el mundo exterior aquellos hilos, que retrospectivamente seguidos hasta sus puntos de origen, descubrirían un plan, cuyo contenido con relación al resto de la humanidad, bueno o malo, merece ser conocido lo mas ampliamente posible.