domingo, 13 de agosto de 2017

AÑ0 10-CAPÍTULO 12º- SUPRESIÓN DE HONORES AL PRESIDENTE


 AÑ0 10
CAPÍTULO XII
SUPRESIÓN DE HONORES AL PRESIDENTE
A principios de diciembre de 1810 ocurrió este campaneado episodio, . origen de algunas de esas frases que todos los argentinos tenemos la obligación de fijar en la memoria, . so pena de ser reprobados en la escuela.
Aconteció que el día 5 de diciembre de 1810, . los oficiales del regimiento de Patricios dieron un baile, celebrando la victoria de Suipacha. .
Deseoso de asistir, llegó al cuartel el Secretario de la junta, . doctor Moreno, pero el centinela que guardaba la entrada y no lo conocía, le cerró el paso. . El numen no atinó a justificar su identidad como miembro de la Junta y se retiró furioso.
Equivocaciones de esta índole suceden todos los días. . Un centinela, que recibe la consigna de guardar una puerta, . no debe dejar pasar sino a aquellos a quienes les corresponda entrar y se den a conocer, si él no los conoce.


Si alguno, con derecho a entrar, . es rechazado por no ser conocido, más que al centinela, debe culparse a sí mismo, que no lleva o no muestra sus papeles. . En estos casos es donde se descubre la buena educación de una persona, . que no toma a ofensa lo que en realidad no puede ofenderla, y que no considera humillación al explicar su identidad a un humilde soldado.
Nunca los historiadores que nos relatan, . con deleite y a veces con malicia, este suceso, . han parado mientes en que sin querer nos hacen descubrir que Mariano Moreno no podía ser ni el activo organizador del ejército, . ni el tribuno prestigioso que nos pintan, cuando varios meses después de hallarse en el gobierno todavía era un ilustre desconocido para los centinelas del cuartel de los Patricios.
Señal evidente de que seguía viviendo arrinconado en su bufete, . y también señal de que no tenía ninguna vocación democrática. . Ni él conocía al pueblo, ni el pueblo lo conocía a él. Y Buenos Aires era entonces una pequeña ciudad donde no resultaba difícil identificar a las personas de distinción. .
Vuelto esa noche a su casa, mientras mascaba su humillación, . llegaron algunos amigos con sabrosos comentarios del baile.
Un oficial del regimiento, a quien se le habían subido los vapores del alcohol, . tomó de entre los dulces del amigo una corona de alfeñique, . adorno de alguno de aquellos monumentales y sabrosos budines que confeccionaban nuestras tatarabuelas, . y la obsequió galantemente a doña Saturnina, la esposa del Presidente de la Junta, y ella convidó a su marido.
¡Válganos Dios, la escandalera que desde hace un siglo y medio mueven los historiadores alrededor de esta pavada!. . ¡Todo por denigrar la insigne figura de Saavedra!
Sostienen que Mariano Moreno fundó la democracia argentina, . porque esa noche don Cornelio Saavedra estuvo en un tris de coronarse emperador del Río de la Plata, . y él lo impidió como vamos a verlo.
Nada menos significa el brindis de Atanasio Duarte al ofrecer a doña Saturnina una diadema de alfeñique.
Si ésta no fuese, punto por punto, la necia historia que nos han endilgado en las escuelas, . con el ruin propósito de enseñarnos desde niños a execrar a don Cornelio de Saavedra, nos avergonzaríamos de relatar semejante paparrucha.
Pero esta es la historia oficial argentina, y al estudiante que se presenta a examen sin saberla, lo reprueban inexorablemente.
Por fortuna para la democracia argentina el numen de la revolución esa noche todavía no se había metido en cama, . y escuchó el relato que sus amigos le hicieron del ominoso atentado.
En acabando de oírlos, sentóse al bufete, y de un huelgo redactó eso que llaman Decreto de supresión de los honores al presidente.
Hay historiadores que afirman que Moreno asistió a la escena, . porque logró entrar a la fiesta después de justificar su identidad ante el centinela del Fuerte. . Lo cual, si fuera cierto, no mejoraría su posición, porque atribuyó desmesurada importancia a una tontería de borracho que él presenció.
 Y con su pluma de ave, . más poderosa que la espada de Roldan, que hendía las montañas, Mariano Moreno fundó esa noche la democracia argentina.
Quien ahora se informa de estos sucesos no sabe de qué asombrarse más, . si de aquella susceptibilidad de damisela enfurecida, que arroja los platos por el balcón, . o de la ligereza de los historiadores, que atribuyen tan desmesurada importancia a una reacción nerviosa, indigna de un hombre de gobierno.
Si esa noche el centinela hubiera reconocido a Mariano Moreno y le hubiera presentado armas, .el quisquilloso mancebo no habría pensado que estaban de más los honores a las autoridades de la nación y la democracia no se habría fundado. . Pero como no se los rindieron a él, porque no lo conocieron, .transformó la minúscula cuestión personal, en una cuestión de estado y. . fundó la democracia en el famoso decreto. ¡El democrático fundador un mes después partiría para Londres como Embajador a nombre del Rey Fernando 7º para ante el Rey Jorge 3º!
Las honras a los altos magistrados de una nación civilizada tienen un gran sentido.
El orden,   la disciplina,    la armonía de los complicados elementos que forman la sociedad, . no se pueden mantener sin el reconocimiento de los valores jerárquicos, . entre los que mandan y los que obedecen;  y tal reconocimiento no consiste sólo en un acatamiento íntimo, que no se ve, . sino en ciertas exterioridades que ayudan a la obediencia y fortalecen la autoridad.
El protocolo no es un entretenimiento de príncipes fatuos y aburridos.
El protocolo es el conjunto de reglas de urbanidad que deben observar los pueblos, cuando tratan con quienes los gobiernan. . Pretender que el último patán tenga derecho, so pretexto de que vivimos en un país democrático,  de enfrentar mano a mano a los primeros magistrados del país,  es falta de seso y sobra de guaranguería.
El protocolo no se ha inventado sólo para defender a los jefes de las familiaridades de sus subordinados sin educación, . pues los que la tienen, aun sin protocolo, no incomodan, sino también para salvaguardar el tiempo y la salud y la tranquilidad de los altos funcionarios, . indispensable condición, si queremos que trabajen con holgura y acierto en el bien común.
Las naciones más democráticas del mundo observan el más rígido protocolo y rinden a sus autoridades honores que son garantía de la buena convivencia social.
Lo peor del caso nuestro es que el repiqueteado decreto del 6 de diciembre de 1810, "que salvó la democracia argentina", . nos avergüenza menos por su inconcebible trivialidad, que por la falta de carácter que revela.
Los hombres de la Junta tuvieron ese día un instante de franqueza, en el deseo de consolar al Secretario, ofendido por el centinela. . Pero su debilidad ha arrojado un borrón en la historia argentina, esta vez no trágico,  como el del fusilamiento de Liniérs,  sino risible, porque con la mayor seriedad del mundo han firmado una porción de incoherentes simplezas, muy mal escritas, dicho sea de paso.
"Habrá desde este día —reza el decreto— absoluta, perfecta e idéntica igualdad...". (Toda igualdad es así,  idéntica,  absoluta y perfecta, .y por esa razón, a pesar de los decretos, ella no existe, ni puede existir en el mundo sublunar, en que la ley biológica es la lucha por la vida y la supervivencia de los más aptos, o sea el reconocimiento por la naturaleza misma de la desigualdad como condición de vida.). .
"Habrá absoluta, perfecta e idéntica igualdad entre el Presidente v demás vocales de la Junta...". .
"Ni el Presidente ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirá carácter público (¡qué galimatías!)  ni tendrán comitiva,  escolta o aparato que los distinga de los demás ciudadanos".
"Se retirarán todos los centinelas del palacio dejando solamente los de las puertas de la Fortaleza y sus bastiones".
"Se prohíbe todo brindis, viva o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta.  . Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos; ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos". . . .  Esto es lo que se llama escupir al cielo.  Ninguna boca había sido más profanada por esa laya de elogios que la de Mariano Moreno, . que en la Representación de los Hacendados ponderó el suave y ligero yugo del rey, afirmando que los criollos estaban prontos a "derramar su sangre por una dominación que aman y veneran".
De lo cual no podía culparse ni a Saavedra, ni a Belgrano, que jamás adularon a nadie.
Registro Oficial de la República Argentina, tomo 1, página 93.
No se podrá brindar sino por la patria,  por sus derechos,  por la gloria de nuestras armas y por objetos generales concernientes a la pública felicidad".
"Toda persona que brindase por algún individuo particular de la Junta será desterrada por seis años".
"Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente y atacó los derechos de la patria, . debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba se le perdona la vida; . pero se le destierra perpetuamente de esta ciudad; porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país".
"No debiendo confundirse nuestra milicia con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurrencia pública a los ciudadanos decentes que la pretendan.  El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo".
"En las diversiones públicas de toros,  ópera,  comedia, etc., no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado:  los individuos de ella, que quieran concurrir, comprarán lugar como cualquier ciudadano..."
"Desde este día queda concluido todo ceremonial de iglesia con las autoridades civiles. .. No habrá cojines, ni sitiales, ni distintivos entre los individuos de la Junta".
Como ocurre siempre, mucho se ha hablado y poco se ha leído este decreto.
Leyéndolo con mediana atención se advierte la malicia de los historiadores que lo llaman "Decreto de supresión de los honores del Presidente", por haber copiado el título que le da Manuel Moreno en la recopilación de los escritos de su hermano.
Por el tal decreto no se suprimen los honores del Presidente, sino los de todos los miembros de la Junta, . Si los historiadores se personalizan con el Presidente, es sólo porque tienen la comezón de presentar a Saavedra como un ambicioso frente al desinteresado fundador de la democracia argentina.
El famoso decreto que algunos de nuestros historiadores (no de los máximos) han comparado con la Carta Magna de Juan sin Tierra se reduce en definitiva:
1º A declarar que todos los miembros son iguales entre sí e iguales a todos los ciudadanos decentes y que en la calle ni el Presidente, "ni algún otro ciudadano" de la Junta tendrán escolta ni aparato que los distinga.
2º Que cuando quieran ir "a los toros o a la comedia", comprarán su localidad "como cualquier ciudadano".
3º Que cuando vayan a la iglesia no se les reservará sitio ni se les pondrá reclinatorio, ni cojín. 4º Que se retirarán los centinelas del palacio,  y que en los lugares donde los haya, ningún centinela atajará a ningún  "ciudadano decente".
5º Que no se podrá echar brindis  "en favor de los individuos particulares de la Junta", sino por la patria.
Tomamos, ya lo hemos dicho, el relato de este resobado episodio de la versión de los historiadores oficiales sin quitarle una letra, a lo que ellos cuentan,   pero vamos a agregarle algunas mayúsculas para darle su justa perspectiva histórica, en la cual ellos jamás han pensado.
¿Cómo no se ha advertido que el impulso de Atanasio Duarte contenía en germen la primera proclamación de la independencia del Virreinato?
Si hubiera habido más clarividencia y menos fanatismo en los libros para nuestras escuelas, que nosotros cuando escolares tuvimos que aprender de memoria, . el hecho se hubiera contado de otro modo.  No se habría hablado tanto de la improbable borrachera de Atanasio Duarte, sino de lo que estaba en el fondo secreto de las conciencias. . Se diría en esos textos escolares, que el brindis de Duarte significó que un oficial del Regimiento de Patricios desechó esa noche, por primera vez, eso que han dado en la flor de llamar "La máscara de Fernando 7º", queriendo expresar que los ejércitos de la joven nación no se batían sino para conservar al destronado rey, sus dominios de América.
Dirán que lo hizo achispado.    Nada hay que pruebe esta injuria.
Pero aunque así hubiera sido, el brindis de Duarte no importaba una traición, sino todo lo contrario:    era la expresión de un altísimo pensamiento de entera emancipación.
Los argentinos de entonces tenían la muestra sangrienta y repulsiva de la Revolución Francesa,    que hizo perecer reyes y príncipes y sacerdotes y mujeres y niños en cantidad fabulosa que sobrepasa el millón de víctimas,    para terminar ¿en qué? en la proclamación de un emperador, ante cuyo trono se arrodillaron temblando hasta los verdugos de aquellas víctimas.
Y ésa con diversas designaciones, ha sido la historia de casi todas las revoluciones. Unas veces el ungido se llamaba emperador,    otras se llamaba rey. Ahora se llama primer ministro.
Si en eso han de acabar todas las revoluciones    ¿por qué no dar a la nuestra inmaculada todavía, el final lógico y glorioso que ansiaban muchos de los próceres ilustres, . entre ellos San Martín, Belgrano, Rivadavia, Rodríguez Peña, Monteagudo, y proclamar la independencia con un rey, tal vez un emperador, puesto que el virreinato del Río de la Plata agrupaba tantas naciones?
Eso fue lo que Duarte pensó y dijo, y eso mismo lo que machos pensaban en aquella hora, aunque no lo dijesen.
¡Característica hipocresía la de estos jueces de la historia del año 1810!
Si no fue crimen de lesa patria el que años después San Martín, Belgrano y otros próceres (más gustosos para los liberales)     como Rivadavia, Rodríguez Peña, Monteagudo, etc., proyectaran entronizar a un extranjero como rey del Virreinato    ¿a qué viene el mostrarse tan severos con Atanasio Duarte, que pensó lo mismo antes que ellos y mejor que ellos,   porque no pensó en un extranjero sino en un hijo del Virreinato, de tantos méritos como don Cornelio Saavedra?
Por lo que hace a Mariano Moreno,    el furibundo decreto que redactó movido por las noticias que le trajeron de la fiesta, demuestra que en aquellos días, los últimos de su intervención en la política, no tuvo la más mínima idea favorable a la independencia de su patria; lo cual quedó bien claro, cuando (según veremos luego) solicitó empeñosamente de su adversario don Cornelio de Saavedra el nombramiento de Embajador en Inglaterra a nombre de una testa coronada, el amado Fernando 7º.
Del gusto que le causó su designación,    da testimonio la cuidadosa caligrafía con que de su propia mano escribió aquella melosa comunicación a Jorge 3º, otra testa coronada, de las que sus devotos quieren hacernos creer que abominaba.
¡Qué había de abominarlas! . . A las demagógicas y airadas imprecaciones que contenía el famoso "decreto" del 6 de diciembre, aquello que ningún ciudadano "ni ebrio ni dormido puede tener impresiones contra la libertad de su país", no eran sinceras, o sus arrogantes convicciones democráticas se habían volatilizado al contacto de la suculento credencial.
El biógrafo, que tanto elogia la democrática simplicidad impuesta por este decreto, . se guardó por su parte de acatarla cuando fue ministro de gobierno del gobernador Dorrego, en 1827.
He aquí lo que nos refiere el grave historiador don Vicente Fidel López.
"No es raro, sino bastante común, que muchos de los hombres más señalados por su carácter recio y pesado en el mando, . sean asustadizos, o de una cobardía si se quiere sorprendente, delante de los peligros personales,    o de las cavilaciones que los inspiran. En estos días de desórdenes y agresiones personales, vióse con asombro a don Manuel Moreno salir del ministerio y atravesar las calles seguido por un soldado con fusil al hombro. . Entre los círculos informados se decía que Dorrego lo miraba desde las ventanas de su despacho, "descostillándose" de risa. , Algo de muy nervioso inquietaba su espíritu; pues se le vio muy pronto firmar un decreto de substituciones ministeriales para los casos de enfermedad o de otros impedimentos. . Después de esto, el señor Moreno se excusó de aparecer en el despacho y aun en las calles. Otros ministros siguieron firmando las resoluciones del ramo, mientras él quedaba así en receso sin renunciar".
Así pues, renegó en 1827 de la sencillez republicana que tan admirable le pareciera en 1810, en aquella frase del escrito que prohibía a los miembros del gobierno hacerse acompañar  por alguien que en la calle los escoltara, . más pudo alegar en su descargo que no renegó de ella por afición al aparato, sino por miedo,    debilidad que no es incompatible con la democracia.
Pero lo que en este episodio de la supresión de honores pasa de lo divertido y llega francamente a lo cómico,    es lo que sucedió dos días después de dictado el decreto que algunos pomposamente llaman "la carta magna de la nación argentina".
Como en uno de sus artículos se prohibiera bajo penas severísimas a los centinelas impedir la entrada a las funciones públicas de "ciudadanos decentes" que quisieran asistir,     el teniente coronel Marcos Balcarce Jefe de la plaza,    encargado de hacerlo cumplir, pidió por nota el 8 de diciembre, una explicación de lo que debía entenderse por "ciudadano decente".
Ya en aquellos años había numerosos diccionarios de la lengua, que definían el significado de las palabras.    Parece que Moreno no consultó ninguno y que sacó la definición de su turbulento meollo v (como secretario de la Junta y el que mejor sabía las intenciones del decreto redactado por él mismo) contestó que "en concurrencias públicas que no tengan por objeto la concurrencia (¡qué entilo!) de algunos particulares,    se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de frac o de levita"
"Ni ebrio ni dormido", podía un demócrata de tanto fuste, hacer depender la decencia de una persona de su traje y del color de su piel.    Y sin embargo Moreno,    con toda frescura, lo hace. Porque en el fondo era un palaciego aficionado al oro y que estaba madurando para embajador del Rey Fernando 7º, cargo que consiguió pocos días después.
Un petimetre, de blanca tez, vestido a la moda,    era para él más digno de codearse con los señores,    que un trigueño hijo del país, de ropas humildes.
Vale decir, que muy pocos de los miembros de nuestra actual C.G.T. podrían asistir a las concurrencias públicas (según él dice) por no ser tan blancos como él los quiere,    ni tener frac ni levita.
El centinela que habría dejado pasar al aristocrático petimetre,    hubiera atajado cruzándole el Fusil de chispa al humilde trabajador y si éste hubiese insistido le hubiesen pegado un tiro.. .
Este portentoso e increíble documento se halla en el Archivo General de la Nación (Archivo de Gobierno de Buenos Aires, Tomo 57 y fue acotado por el historiador Marfany.
Nosotros lo tomamos de la magnífica obra del actual presidente de la Academia Nacional de Historia, doctor Carlos Alberto Pueyrredón: "1810. La Revolución de Mayo", página 507.
El doctor Pueyrredón termina el relato de la cómica definición de "persona decente",     con estas juiciosas palabras: "El decreto tuvo trascendencia y desprestigió a Moreno más que a Saavedra, pero hizo mal a la Revolución, porque puso en evidencia el desacuerdo entre los miembros del Gobierno".
Saavedra se vengó generosamente, como veremos en el capítulo próximo, mandando a su implacable antagonista como embajador a nombre del Rey Fernando 7º, lo que para el fundador de la democracia argentina no dejaba de tener también su aspecto cómico.
¡Y pensar que en Buenos Aires se perdía tiempo en redactar decretos semejantes,    cuando los días tenían alas,    y a causa de las ridículas rencillas de la Junta, se desatendía la guerra y la revolución se acercaba vertiginosamente a la fatal batalla de Huaqui donde fue vergonzosamente pulverizado aquel gran ejército, confiado a Castelli y a Balcarce!