domingo, 13 de agosto de 2017

AÑO X-CAPÍTULO 5º- LAS 6 OCASIONES DE SAAVEDRA Y ALGUNAS DE MORENO


CAPÍTULO 5º

LAS 6 OCASIONES DE SAAVEDRA Y ALGUNAS DE MORENO

. . . En seis oportunidades previas. . trabajaron, jugándose la vida por la todavía remota independencia,. . los patriotas de Mayo.
Iº — En las invasiones inglesas.
2º — En las reuniones de conspiradores.
3º — En los cuarteles, entre el elemento militar.
4º — En el pueblo, propagando la idea emancipadora.
5º — Ante el Virrey Cisneros.
6º — En el Cabildo abierto del 22 de Mayo.
Algunos de ellos, por circunstancias especiales, como Belgrano, o Pueyrredón, o Vieytes, tuvieron la fortuna de servir a su país en dos o tres o más situaciones de ésas; pero sólo uno, por azar extraordinario, pudo servirlo en las seis.
Ese único personaje, que actuó en todas partes, como factor decisivo o como jefe de los revolucionarios, fue don Cornelio de Saavedra.
Vayamos a cuentas.



1° — En las invasiones inglesas. Todos los historiadores declaran que en los combates librados contra los ingleses, el elemento criollo descubrió su capacidad para organizarse, defenderse y gobernarse, sin desmedro, en comparación de los peninsulares.

Al adquirir esta conciencia de que habían llegado a su mayoría de edad, se produjo el primer hecho revolucionario, la deposición del Virrey Sobremonte, el 10 de febrero de 1807, su envío a España prisionero y su reemplazo por Liníers. Primero y último ejemplo en la historia, de un Virrey designado por el pueblo, o mejor dicho por los militares, designación que luego el Rey tuvo que confirmar.

Durante la reconquista y la defensa de Buenos Aires, el jefe del glorioso regimiento de Patricios, don Cornelio de Saavedra, desempeñó papel preponderante; y después del triunfo prestó firme apoyo al nuevo Virrey, que secundó las esperanzas de los patriotas y suscitó la desconfianza de los españoles.

2° — En las conspiraciones. Adquirida la conciencia de su capacidad, algunos personajes criollos comenzaron a tramar la independencia. Muy pocos fueron los iniciados en el complot, que Saavedra controlaba. Belgrano elogia en su Autobiografía el pulso con que Saavedra condujo la revolución. . . (BELGRANO, MANUEL, Autobiografía, en Memorias y autobiografía tomo 1, página 108). . .

En cierto momento sus camaradas lo apremiaron para que la hiciera estallar, y él, cauto y prudente, respondió: "las brevas no están maduras",  hasta que un  día, hallándose en  su  quinta de San Isidro, recibió a Viamonte que le comunicó las noticias recién llegadas de España. Había sonado su hora; regresó en el acto a Buenos Aires para encabezar el movimiento.

3º— En los cuarteles. Más de un año antes, el 1º de enero de 1809, estuvo a punto de torcerse el curso de la historia argentina, pues poco faltó para que el partido español decapitara al partido criollo derrocando a Liníers.

"El partido patriota —dice Mitre—, representado por los nativos, apoyaba decididamente a Liníers, cuyo carácter indeciso y ligero, aunque fogoso, aceptaba la popularidad, sin imprimir a los sucesos la dirección de una poderosa voluntad.

El pueblo de Buenos Aires veía personificada en él su gloria, veía en su autoridad su propia hechura.. .

"El partido español, que más tarde fue el partido realista, reconocía por cabeza al Alcalde de primer voto Don Martín de Álzaga, carácter enérgico, lleno de ambición y de soberbia, que reunía todas las calidades de un jefe de partido, ya fuese para acaudillar una revolución, ya fuese para contrarrestarla". . . (MITRE, BARTOLOMÉ, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, 3º edición, tomo 1º, página 211). . .

Precisamente se trataba  de contrarrestar el  espíritu  revolucionario, que los peninsulares, especialmente los que constituían el Cabildo, sentían que se iba afianzando, y que en reiteradas y urgentes notas habían denunciado a la Corte, implorando el envío de otro Virrey, que reemplazara al sospechoso Liníers.

Una de esas apremiantes notas a la Junta de Sevilla, muy significativa, y que Manuel Moreno afirma fueron aconsejadas o dictadas por su hermano está fechada el 13 de setiembre de 1808, y dice refiriéndose a Liníers:  "No podemos descansar en él sin zozobras y sobresaltos:.. Préndense sus servicios; el Cabildo lo suplica encarecidamente, pero no sea conservándolo en el mando de esta Provincia, porque caminaría a pasos muy veloces hasta su última ruina. . . Sírvase esa Suprema Junta y propender sin pérdida de momento a la felicidad conservación y defensa de estos dominios.". . . (Antecedentes políticos, económicos y administrativos de la Revolución de Mayo. (La Plata, Taller de Impresiones Oficiales), tomo 1, libro 3, página 112.). . .

Se comprende que los panegiristas de Mariano Moreno se hayan olvidado de estas notas, tan apremiantes y tan anti argentinas.

De haberlas tomado en cuenta la Junta de Sevilla, sin pérdida de momento, como se pedía, sabe Dios cuánto habría tardado en realizarse nuestra Revolución.

Y Mariano Moreno —que las había aconsejado o dictado— tendría hoy tantos panegiristas en la Madre Patria como en el país de su nacimiento. . . (MORENO, MANUEL, Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, página 106.). . .

Cuando llegó a Buenos Aires la noticia de que José Bonaparte había sido coronado rey de España, Liníers, que se aprestaba a proclamar a Fernando 7º (ceremonia fijada para el 21 de agosto de 1808) lanzó un manifiesto el 15 del mismo mes, invitando a sus gobernados a esperar noticias más completas sobre la suerte de la Metrópoli, para acatar la autoridad que realmente representara su soberanía.". . . LAMAS, Colección de memorias y documentos, página 468. . .

Lo cual dio pie a Elío, gobernador de Montevideo, para pedir la deposición del Virrey Liníers; y los españoles de Buenos Aires se alarmaron comprendiendo que Liníers quería dilatar la ceremonia y aprovechar cualquier circunstancia para independizarse. La demora en proclamar a Fernando 7º fue uno de los más claros síntomas revolucionarios.

Los realistas pusieron el grito en el cielo, y Manuel Moreno en su libro publicado en 1812, tres años después, todavía enrostra a Liníers esa demora, como un cargo. Porque todavía en esa fecha el biógrafo no había comprendido los sucesos del Río de la Plata,:. . . ¿Qué había de comprenderlos él si ni siquiera su hermano los había comprendido?

Manuel Moreno estampa esta inconcebible declaración: "No ha habido país alguno en toda la América española en que no se haya jurado a Fernando 7º con los mayores transportes de entusiasmo y en Buenos Aires se hizo a mediados de agosto de 1809, contra las miras de los mandatarios europeos que maliciosamente detuvieron hasta entonces la ceremonia". . . (Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, página178.). . .

En otra obra, Mitre, refiérese también a la discordia entre patriotas y realistas.

"Contribuyó mucho a ello —dice—, el que los cuerpos de milicias estuviesen organizados por nacionalidades, o más bien dicho, por denominaciones étnicas, con sus divisas y su espíritu propio, y que los criollos fraternizando entre sí, se llamasen desde entonces argentinos."

"Esta rivalidad había asumido una forma militar, casi de guerra, agrupándose los tercios españoles en torno de la personalidad de Álzaga y del Cabildo y los batallones criollos aclamando al Virrey Liníers, como su héroe y su caudillo natural" . . . ( MITRE, BARTOLOMÉ, Comprobaciones históricas  (Buenos Aires, Casavalle, 1881), página 311. . .

El 1º de enero de 1809 estalló la inevitable rebelión planeada por Álzaga contra Liníers y sus soldados argentinos, que eran los Patricios.

Los cuerpos españoles apostados en la plaza Mayor prestaban su fuerza al Cabildo, que votó la deposición de Liníers y su reemplazo por una  Junta  de peninsulares,  presididos por  Álzaga, con sus secretarios, Mariano Moreno y Julián de Leiva.

Una delegación de ella se introdujo en el Fuerte, y afrontó al Virrey, que amedrentado por el tumulto, redactó su abdicación y la entregó a los amotinados triunfantes.

En ese momento, verdadera encrucijada de la historia argentina, apareció providencialmente don Cornelio de Saavedra, que llenó la plaza con sus Patricios.


Penetró en el Fuerte, espada en mano, arrebató el papel con la malhadada renuncia, expulsó a los peninsulares, entre ellos dos criollos, Leiva y Moreno, e invitó a Liníers a continuar en el mando, imponiéndole una medida que cortó de raíz las asechanzas de los enemigos de la independencia.

Esa medida fue la disolución de los cuerpos militares puramente españoles, en que se apoyaban Álzaga y sus secuaces.

No es difícil imaginar lo que habría sucedido si éstos hubieran triunfado el 1º de enero de 1809.

Álzaga, jefe del partido español, irritado y poderoso y sostenido por los famosos tercios de Vizcaínos, Catalanes y Gallegos, y el numeroso cuerpo de Artilleros de la Unión, que el Cabildo mantenía a sueldo. . . (MITRE BARTOLOME, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina 3º edición Buenos Aires 1876 Tomo 1 Página 211). . . , hubiera hecho más o menos, lo que seis meses después hizo Cisneros con los amotinados en La Paz.

Los peninsulares tenían la mano dura (y también los americanos, justo es decirlo) y así como los criollos del Alto Perú, fueron ahorcados, lo habrían sido también los criollos de Buenos Aires. Allí habrían terminado su historia los próceres argentinos, soñadores de la libertad, constructores de la nación, los "sediciosos secretos", como los llama Cisneros. Y Mariano Moreno, que fue ese día elegido secretario de aquella Junta anti argentina, presidida por Álzaga, probablemente tendría una reputación distinta de la que hoy tiene por esa revolución de cuyo nombre sus panegiristas no quieren acordarse.

Por haberle desbaratado esta confabulación, en que él entraba tan a gusto, Moreno concibió   contra Saavedra un odio  implacable, que su hermano heredó y de que dio muestras en sus dos libros.

Este sentimiento ha corrompido durante mucho tiempo la política argentina y contaminado las fuentes de nuestra historia, de tal manera, que ahora les es más fácil a los niños argentinos aprender historia francesa, o inglesa, o española, que aprender verídica historia argentina, llena como está de lagunas.

Saavedra, con esa imprevisión y generosidad de los espíritus magnánimos, no dio importancia a aquel odio y fue débil y en varias ocasiones, para no desairar a sus enemigos, consistió en resoluciones precipitadas y funestas.

Disueltos por Liníers los cuerpos peninsulares, toda la fuerza militar quedó constituida por tropas criollas que ya se llamaban argentinas. . . (Las exequias fúnebres en honor de los muertos de la defensa  (1807) se celebraron en el templo de Santo Domingo... Bajo la media naranja se leía esta inscripción ornada de palmas y laureles:  "A los guerreros argentinos que por su tierra natal insultada, por sus hogares, sus hijos y sus espósas, rindieron gloriosamente la vida." MITRE, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (3º edición, Buenos Aires, 1876, Casavalle), página 201.),. . . bajo el mando directo de Saavedra.  Su prestigio era enorme, y cuando en las vísperas del 25 de Mayo de 1810 se sublevaron los cuarteles contra la Primera Junta presidida por Cisneros, que se constituyó a raíz del Cabildo abierto, los oficiales exigieron la eliminación de Cisneros y su reemplazo por Saavedra.


El jefe militar de la ciudad era, desde los tiempos de Liníers, el hombre más influyente, y entre los criollos, el primero de todos. "Nada  podía  hacerse  entonces  en  Buenos Aires  —declara Mitre— sin contar con el apoyo de Saavedra. Después de Liníers, era el hombre que más poder tenía, debiendo la influencia de que gozaba a la circunstancia de haber sido el domador de la revolución del 1º de enero, y estar a la cabeza del terrible regimiento de Patricios, de cuyas voluntades era dueño". . . (MITRE, BARTOLOMÉ, Historia de Belgrano, tomo 1, página 225.). . .

4º — En el pueblo. De la popularidad de Saavedra es claro indicio el episodio que refieren  las actas del Ayuntamiento. El pueblo (religiosos y militares, en su mayoría, movidos por oficiales), soliviantado contra el Cabildo, se agolpaba en la plaza reclamando la inmediata disolución de aquella 1º Junta, presidida por el Virrey. Los cabildantes asustados llamaron a don Cornelio de Saavedra y le "suplicaron encarecidamente pusiese en planta, sin la menor demora, los medios todos de su prudencia y celo para hacer que se retirase de la plaza aquella gente". Y Saavedra accedió y según reza el acta, consiguió que la gente toda se retirase de la plaza. . . (Acta capitular. Registro Oficial de la República Argentina, páginas 3 y 4.). . .

5º— Ante el Virrey Cisneros. Consta en los informes de Cisneros al Rey, que, a raíz de la visita de don Juan José de Lezíca, Alcalde de 1º voto, el 20 de Mayo, y antes de aprobar la convocatoria  del  vecindario  para  un  Cabildo abierto  que  temía  le resultara fatal, invitó a los Comandantes militares para saber si podría contar con su apoyo, a fin de resistir aquella imposición. Los Comandantes acudieron al Fuerte, y declara el Virrey en su informe que don Cornelio de Saavedra "frustró sus esperanzas y habló en nombre de todos". ¡No podía contar con las fuerzas militares!. . . (Oficio del Virrey Cisneros al Rey, refiriéndole los detalles de la Revolución, en 22 de junio de 1810. Registro Nacional de la República Argentina, página 41.). .

En la primera reunión de aquella 1º Junta, amasada, según dijimos por el habilísimo Leiva, don Cornelio de Saavedra, miembro de ella, planteó enérgicamente la cuestión de la renuncia de todos los que la formaban, porque en los cuarteles se veía con malos ojos que el Virrey depuesto conservara, merced a esa artimaña, el mando de las tropas.

Cisneros, a pesar del apoyo que le prestaba el Cabildo, como consta en las actas del día 25 de Mayo, no tuvo más remedio que (dimitir, porque la voluntad de Saavedra era terminante. Lo que diremos ahora ocurrió tres días antes.

6°— En el Cabildo abierto del 22 de Mayo. Una asamblea de vecinos, convocados por el Ayuntamiento mediante "billetes de convite", que no se dirigían sino a las personas de   confianza, hubiera votado la permanencia del Virrey en su puesto, pues la mayoría  del vecindario de calidad era monárquica.  Pero Saavedra, trabajando con sus oficiales, como lo refiere Císneros en el ya citado informe, y valiéndose de billetes de convite falsos, había introducido en la reunión elementos que le respondían. Y en el momento peligrosísimo  de la votación,  se pronunció categóricamente por la cesantía del Virrey.


"El voto de Don Cornelio Saavedra —confiesa Mitre—, fue el que arrastró a la mayoría". . .  (MITRE, BARTOLOMÉ, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. .3º edición, Buenos Aires, 1876, Impresora y librería Casavalle, tomo 1, página 27.). . .

Así, pues, en las seis ocasiones o lugares donde se preparó la independencia, aparece Saavedra en primera fila con extraordinaria eficacia, como jefe a quien todos reconocen y acatan.

¿Y entretanto qué hace Moreno, cómo trabaja por su patria?

Apartémonos de las declamaciones de los que se copian unos a otros, y analicemos los documentos.

1º — Aparece por primera vez en aquel anticipo de la revolución de Mayo, que tales fueron la Reconquista y la Defensa, contra los ingleses. Los gloriosos combates de esos dos años, 1806 y 1807, dieron a los criollos la conciencia de su capacidad y de su fuerza. No vemos a Moreno en parte alguna de peligro. Ni su nombre, ni el de su hermano se lee en ninguna de las numerosas listas de vecinos, que aportaron su brazo o su dinero para contribuir a la Reconquista y después a la Defensa. Pero lo hallamos en la Plaza Mayor como él mismo nos refiere en su Autobiografía, el día de la entrada de los ingleses, llorando amargamente:   "he llorado más que otro alguno", dice. . . (Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, página 100.). . .

Y para que no se perdiera la memoria de aquellos sucesos, ni de aquellas lágrimas, se puso a escribir un diario que su fiel hermano ha dado a luz. En el abrigo de su bufete, hilvanaba durante la noche, la historia de lo que otros hacían en los puestos de combate durante el día.

Los otros dieron a la patria el oro y la sangre. Él le dio su llanto y su tinta.

2º— En los cuarteles. Era allí un desconocido. El centinela del cuartel de los Patricios le impidió la entrada el día de la fiesta por la batalla de Suipacha, porque ignoraba quién fuese. No hay el menor rastro de que Moreno tuviera relación con militares. Es de creer que abominaba las armas. La única vez que se mezcló en una acción, fue el ya mencionado 1º de enero de 1809, día en que Moreno estuvo en la plaza, pero no con los criollos, sino con los peninsulares que, al decir de Mitre, intentaron decapitar en la persona del Virrey Liníers al partido criollo.

Desde tiempo atrás, en aquellos conflictos que despedazaban al vecindario porteño, la Audiencia y el partido criollo se habían puesto del lado de Liníers, mientras que el Cabildo y el partido español estuvieron con Álzaga.

Lógicamente, Mariano Moreno, no sólo por ser criollo, sino también por ser empleado (Relator) de la Audiencia, debió ponerse de parte de Liníers, o por lo menos renunciar al empleo. Oigamos lo que su hermano nos cuenta con asombrosa mezcla de candor y de frescura.

"El Doctor Moreno se hallaba colocado entre dos partidos, en cuyas contiendas debía tomar alguna parte: como Relator de la Audiencia era ocupado por los Oidores en formar representaciones al Rey contra el Cabildo; y por éste, como Abogado particular, presidía a todas sus determinaciones y reglaba los pasos que debían darse para aniquilar una conspiración infame").

La conspiración infame era el complot de los patriotas por la independencia del país, que el Cabildo no se cansaba de denunciar a la corte española, clamando porque eliminaran cuanto antes a Liníers.


Dos páginas antes, el mismo biógrafo nos había hecho esta singular confidencia:

"En todos los puntos más delicados de aquella época arriesga da, los consejos del Dr. Moreno reglaron generalmente la conducta del Cabildo y las proclamas y otros documentos importantes que éste (el Cabildo) produjo entonces fueron dictadas por aquél". . . ( Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, etc., páginas 107 y 108). .

  Este juego de cartas dobles significa ser secretamente abogado de las dos partes en litigio. Y eso de confabularse con los enemigos de la libertad de su patria, era mucho más grave que la ocurrencia que tanta ira le produjo de aquel oficial, Atanasio Duarte, que en la fiesta del cuartel de Patricios, ofreció a la esposa de Saavedra una corona de caramelo. Mitre lo excusa de este modo:

"Tan indecisa era la opinión de los partidarios en aquel momento —dice el historiador—, que don Mariano Moreno, el futuro repúblico y numen político de la revolución, era considerado como afecto al partido español, sea por su desafección a Liníers, sea porque buscaba su camino en las tinieblas de aquella situación, según la imagen del poeta.

"El hecho es que, según consta del proceso que se formó con ese motivo y lo confiesa su mismo hermano, fue de los poquísimos criollos que concurrieron al Cabildo abierto del complot, votando públicamente por que debía formarse una junta gubernativa que sirviese de contrapeso al virrey y garantía de la tranquilidad exterior". . . (MITRE, BARTOLOMÉ, Comprobaciones históricas a propósito de la Historia de Belgrano (Buenos Aires, 1881. Impreso y Librería de Mayo), página 314). . .

Esta justificación no nos parece satisfactoria.

No es exacto que fuese tan indecisa la opinión de los partidarios. Desde hacía por lo menos tres años, es decir, desde las invasiones inglesas las tendencias políticas estaban perfectamente deslindadas: los criollos con Liníers; los peninsulares con Álzaga. El propio Mitre confiesa que fueron poquísimos los criollos que concurrieron al Cabildo abierto del complot   de   Álzaga.   Fueron poquísimos, porque nadie se llamaba a engaño; todos sabían muy bien lo que andaban maquinando unos y otros; y los poquísimos criollos que en aquellas horas estuvieron de parte de Álzaga, no fueron hombres que buscasen su camino en las tinieblas, sino enemigos de la independencia.

Mitre mismo en su gran obra Historia de San Martin desautoriza la justificación que intenta de la conducta del prócer al describir el estado de ánimo: "La emancipación —dice—, era un hecho que estaba en el orden natural de las cosas, una ley que tenía que cumplirse y en ese rumbo iban los espíritus. Cuándo y cómo eran cuestiones de mera oportunidad y de forma. La revolución estaba en la atmósfera, estaba en las almas y era ya no un solo instinto y una gravitación mecánica, sino una pasión y una idea."

De las cuales no participaba, agreguemos nosotros, Mariano Moreno, que en ese primero de enero quiso torcer "el orden natural de las cosas". Algunas páginas después cita Mitre una carta de uno de los generales ingleses que actuaron en las invasiones y que ya en aquella época se dio cuenta de lo que pasaba y de la influencia que en ello tenía el ejemplo de la independencia norteamericana.


Veamos su interesantísima carta, que dice así:

"La opresión de la madre patria ha hecho más ansioso en los nativos el anhelo de sacudir el yugo de España y quisieran seguir los pasos de los norteamericanos exigiendo un estado independiente. Si les prometiéramos la independencia, se levantarían inmediatamente contra su gobierno y la gran masa de sus habitantes se nos uniría. Ninguna otra cosa que no sea la independencia puede satisfacerlos" . . .(MITRE, BARTOLOME, Historia  de San  Martin  y de  la  Emancipación Sudamericana   (Buenos Aires, Félix Lajouane 1890) tomo 1 página 50). . .

No eran pues tan densas las tinieblas en que los hombres de entonces buscaban su camino como para justificar el que Mariano Moreno se confabulase con Álzaga, el mayor enemigo de la independencia argentina y trabajase contra los que arriesgaban su vida por lograr su emancipación.

Ni era esto nuevo para él. Al producirse en Corrientes el año 1808 un conflicto entre criollos y españoles, Moreno patrocinó a éstos ante la Real Audiencia de Buenos Aires. En uno de sus escritos dice: "Esta petición no necesita apoyarse con una prolija  narración de los siniestros fines que se han propuesto en la elección de Fondevila con manifestar el criminal complot que ha contribuido a su elección, ni con enunciar los funestos efectos que deben temerse de su judicatura en perjuicio de familias honradas de aquella y con total desprecio de la recta administración de justicia." Es decir, los criollos perseguían "siniestros fines", en "criminal complot". . . ("Papeles de Archivo". Publicación del Archivo General de la Nación Guillermo Kraft Limitada Escritos de Mariano Moreno. Buenos Aires, 1942 página 71 a 90). . .

3º— En las reuniones secretas de los conspiradores. Tampoco hay rastros de la presencia de Moreno en ninguna reunión de los que conspiraban por la independencia. Y se comprende: ponerlo a él sobre aviso, hubiera sido entregar a Álzaga o a Cisneros los detalles de la conspiración. No podían confiar ni en su fidelidad, ni en su discreción. Tampoco eran necesarias sus luces.

Esto explica por qué ni los más ardientes panegiristas de Moreno nunca han osado afirmar que estuviese presente en ninguna de las memorables y peligrosas reuniones de los conspiradores.

4º— Entre el pueblo. Tampoco hay indicios de que jamás haya trabajado en el ánimo de las clases populares, para difundir la idea de la independencia. Por el contrario; lo que se sabe de él es que era abogado de los ricos y de los ingleses. Su indiferencia por la emancipación de su patria fue absoluta. En las vísperas de la revolución desapareció del escenario, y el 25 de Mayo de 1810, habiéndose escondido en casa de un amigo, por no comprometerse, fue buscado para comunicarle su elección de segundo secretario de la nueva Junta; y lo hallaron "entretenido en conversaciones indiferentes".


5º— Ante el Virrey Cisneros. Algunos historiadores que nos han ponderado la influencia de Moreno sobre el Virrey Cisneros, llegan hasta presentárnoslo como abogado y consejero suyo.

Sea como fuere, esta influencia jamás se ejercitó en favor del partido criollo y he aquí la prueba:

Cisneros, al llegar a Buenos Aires, se aseguró el consejo de dos abogados que por los datos que le dieran en España, los únicos criollos que merecían su confianza: fueron don Julián de Leiva y don Mariano Moreno.

Escuchemos lo que nos refiere a este respecto don Mariano Moreno:

"Los informes que el nuevo jefe (Cisneros) recibió ante su salida de Cádiz de las luces y acendrado patriotismo del Doctor Moreno. . . ( En esos momentos el "acendrado patriotismo" que podría dar privanza ante el nuevo Virrey no era otra cosa que un "acendrado españolismo” virtud legítima y encomiable en un español, pero inoportuna y sospechosa en un argentino, especialmente en vísperas de la Revolución. . .  le hicieron formar un concepto muy ventajoso de sus conocimientos y consiguientemente lo honró con su entera confianza eligiéndolo por uno de los dos consultores sobre los asuntos en que se iba a pronunciar" . . . Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, etc., página 11

 También el distinguido historiador Levene conoce y confirma el hecho:

"Requirió. . (Cisneros). . el informe de dos abogados de crédito juiciosidad e ilustración", dice, citando palabras de antiguo testimonios. Y agregaba sus nombres: "Son los doctores Julián Leyva y Mariano Moreno" . . . (LEVENE, RICARDO, Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno  (Buenos Aires,  1921), tomo 1, página 375.). . . Cisneros se encuentra, pues, con que tiene que resolver procesos de mucho bulto, que aguardan su fallo.

El uno, contra los españoles sublevados en Buenos Aires el 1° de enero de 1809.

El otro, contra los criollos sublevados en Chuquisaca el Mayo de 1809, primer grito de independencia en el Virreinato del Río de la Plata, que determinó, por contagio, otro alzamiento en La Paz, el 16 de julio del mismo año.

Y Cisneros, asesorado por Moreno y por Leiva, falla ambos procesos.

Los españoles, rebeldes en Buenos Aires contra el Virrey Liniers tachado de criollismo, fueron indultados o apenas castigados  y el fallo se explicó y justificó con una proclama, en que el doctor Levene cree descubrir el estilo de Moreno. . . (LEVENE, RICARDO, Misma Obra Tomo 1, Página 377.) . . .

Mientras que los Criollos, alzados en el Alto Perú contra los gobernantes españoles, en su mayoría fueron ahorcados.

Es una lástima que el Dr. Levene no haya estudiado también el estilo de este otro fallo para establecer quien lo redactó.

" El pueblo de Buenos Aires recibió con irritación fallos tan contradictorios, en que, usando las palabras de Mitre, "se puso de manifiesto la política parcial del gobierno peninsular, que castigaba con el destierro y el último suplicio en una parte, el mismo hecho que había alentado y premiado en Montevideo, sólo porque unos eran americanos y otros eran españoles". . . (MITRE, BARTOLOME, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina 3º edición  Buenos Aires. Imprenta y Librería de Mayo, 1876 Tomo 1 Página 236.). . . Se refiere a la rebelión de Elío, parecida a la de Álzaga. . .


6º En el Cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810. ¿Cómo votó Moreno?

A pesar de que los historiadores suelen andar a caza de menudencias para demostrar alguna originalidad, ninguno de ellos ha analizado nunca la actuación de Mariano Moreno en el Cabildo abierto. Y sin embargo, bien vale la pena, tratándose del presunto numen de la revolución y de un suceso perfectamente documentado en las Actas del Cabildo y en las Memorias de algunos principales actores del suceso.

Vamos a hacer nosotros lo que ellos han omitido, porque el caso no tiene desperdicio.

Principió la votación de aquella célebre noche, por los más prominentes personajes de la reunión; y parece que hubo 150 personas consideradas de más fuste que Moreno, pues a él le tocó votar en el 151º. Cuando se podía esperar que expusiera sus razones, como otros lo hicieron, se expidió con estas palabras complacientes y de menor compromiso: "Dijo que reproducía en todas sus partes el dictamen del señor Don Martín Rodríguez". . . (Antecedentes políticos, económicos y Administrativos de la Revolución de Mayo de 1810 Tomo 1 Libro 3º Página 220). . .

Es todo lo que respecto de él consta en el acta de esa magna noche. No les parecerá mucho a los que habrán esperado que el pretendido fogoso tribuno hiciera allí un gran discurso.

Y naturalmente, querrán saber cómo había sido el voto de Martín Rodríguez, al cual se adhirió. Helo aquí, según la misma acta:

"Por el señor Comandante Don Martín Rodríguez, se dijo: que en la imposibilidad de conciliar la permanencia de la autoridad del gobierno con la opinión pública, reproducía en todas sus partes el dictamen del señor Don Cornelio Saavedra, y el de que el señor Síndico tenga voto activo y decisivo en su caso, es decir activo cuando no haya discordia y decisivo cuando la haya". . .  LEVENE, RICARDO, Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno (Buenos Aires, 1921), tomo 1, página 375). . .

Este agregado que Rodríguez hace al voto de Saavedra, lo desvirtuaba y requiere una explicación. . .

Saavedra había votado rotundamente por la eliminación del Virrey y su reemplazo por el Cabildo,. . . "interín que forma la corporación o Junta que debe ejercerlo (al mando)".

La proposición de Rodríguez, que agregaba al voto de Saavedra las líneas que hemos subrayado, significaba que mientras gobernase el Cabildo, se incorporaría a sus deliberaciones el doctor Leiva (que era el síndico) con doble voto, simple en los casos en que no hubiera empate y decisivo en los casos en que la hubiera. Vale decir: . . . que Leiva sería el dueño de sus resoluciones, desde que su voto prevalecería en forma decisiva cuando hubiese empate y cuando no la hubiera sería porque los otros miembros estarían conformes con él.

Según el historiador López, este agregado que hizo Martín Rodríguez al dictamen de Saavedra, fue sugerido por el propio síndico, que quería quedarse con la sartén por el mango para hacer abortar la revolución. . .  Muchos asistentes, y no de los menos importantes, cayeron esa noche en la trampa.


"El Cabildo y el doctor Leiva -—explica López— estaban confabulados con el Virrey y con el partido conservador para que el movimiento revolucionario se detuviese en un término medio,que no importase ni el triunfo completo de los unos ni la derrota de los otros". . . LÓPEZ, VICENTE FIDEL, Historia Argentina  (Buenos Aires, Carlos Casa valle, editor, 1883) tomo 3, página 43. . .

Si es verdad que Leiva y el Cabildo y el Virrey estuvieron confabulados esa noche para hacer abortar la revolución. Moreno, que votó por Leiva, también lo estuvo, de la misma manera que había estado con Leiva en el complot del 1º de enero del año anterior.

Esa noche, pues, según el historiador López. . . Moreno que conocía muy bien a Leiva quiso poner en sus manos la suerte del futuro gobierno, pero algunos meses después, cuando lo vio en desgracia, pretendió ajusticiarlo.

Este rasgo de Moreno,. . . el encarnizarse sin necesidad con el hombre caído, de quien antes fuera cómplice,. . . merece una breve digresión. Por cierto sus biógrafos no mencionan jamás el hecho, que empero consta en documentos oficiales: Veamos cómo:

El 17 de octubre de 1810, cinco meses después de la Revolución, la Junta lanzó un decreto destituyendo a los miembros de aquel cabildo, que actuó el 25 de Mayo y al síndico de él, don

Julián Leiva.

La Gaceta del 23 de octubre siguiente,. . . al publicar el decreto, trajo un extenso comentario, que ha sido recopilado en las modernas colecciones de Escritos de Mariano Moreno, considerándolo producto de su pluma. He aquí sus palabras:

"Pasarán muchos años sin ver repetida la conducta del síndico Leiva, que insensible al candor y buena fe, con que los patriotas ponían en sus manos la suerte del país, combinaba secretamente con el déspota los medios de frustrar el justo resultado de nuestro congreso" . . .  (Escritos de Mariano Moreno, con un prólogo por NORBERTO PIÑERO (Buenos Aires, Imprenta P. E. Conti, 1896, página 357.). . .

Esto confirma la opinión de López de que hubo una secreta combinación entre Leiva y el Cabildo y no coloca en muy gallarda postura a Moreno, que en el mes de Mayo votó como Leiva

deseaba y en el mes de Octubre pretendió ajusticiarlo por un hecho parecido.

Es claro que un hombre de nobles sentimientos se habría abstenido de encarnizarse con el que antes fue su camarada y estaba a la sazón caído e indefenso y mucho más de que lo señalara a él, particularmente, siendo diez los inculpados. Pero hay quienes gustan de estas artimañas y hasta las elogian como pruebas de un carácter firme.

Mitre siempre honesto en su información y generalmente muy seguro en sus juicios, incurre, sin embargo, al llegar a esta parte, en varios errores, de escasa cuantía, es cierto, pero que han inspirado y hasta dado autoridad a socorridas láminas pedagógicas y descripciones de la misma laya muy usadas en las escuelas.

Nos presenta como lo haría un pintor, al describirnos la asamblea del día 22 (el Cabildo Abierto) un cuadro de pura imaginación. Ya nos lo dice él mismo, y que se ha valido de lo que a él le contaron algunos actores o testigos de aquellas escenas, a quienes él conoció en su mocedad.

Ya que esa noche "el fogoso tribuno" permaneciera callado y como aburrido, Mitre intenta prestar algún color a esta desairada actitud.


Nos lo muestra en la sala, entre los concurrentes de primera fila, en uno de los escaños donde se hallaban sentados Castelli, Paso, Bernardino Rivadavia, Belgrano y el joven teniente (después general) Nicolás de Vedia. Moreno permanecía de pie, apoyado en el respaldo del escaño, escuchando lo que otros decían . . . (BARTOLOME MITRE, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (Buenos Aires, 1876, C. Casavalle, tomo 1, página 267. . .

Lo cual es un error. El solo hecho de que a Moreno le tocara votar el número 151 ya indica que no pudo estar en las filas de los primeros votantes.

Pero es que además no estuvo apoyado tan elegantemente en el respaldo de aquel escaño, sino acurrucadito en un rincón de la sala en uno de los últimos bancos.

El caso está descrito vigorosamente por el mismo historiador don Vicente Fidel López, a quien se lo refirió su padre, don Vicente López y Planes, autor del Himno Nacional y actor principal esa noche.

He aquí la escena, según el historiador porteño, que fue —no está de más decirlo— gran panegirista del prócer:

"No todos los que habían contribuido al triunfo de la mayoría habían quedado satisfechos del voto que habían dado. Muy tarde ya, al pasar don Vicente López por delante de una de las bancas más excusadas, reparó en el doctor Mariano Moreno, que acurrucado en un rincón (la noche era extremadamente fría y húmeda) parecía cabizbajo.—¿Está usted fatigado, compañero? —Estoy caviloso y muy inquieto. —¿Por qué? . . .Todo nos ha salido bien. —No, amigo; yo he votado con ustedes por la insistencia y majadería de Martín Rodríguez, pero tenía mis sospechas de que el Cabildo podía traicionarnos; y ahora le digo a usted que estamos traicionados. . . Acabo de saberlo; y si no nos prevenimos, los godos nos van a ahorcar antes de poco: tenemos muchos enemigos, y algunos que andan entre nosotros y que quizás sean los primeros en echarnos el guante". . . LOPEZ, VICENTE FIDEL, Historia de la República Argentina (Buenos Aires 1883) Tomo 3 Página 44. . .

La preocupación de Moreno aparece también documentada en las Memorias del general don Nicolás de Vedia, testigo presencial y votante en el Cabildo abierto.

Tras el discurso del Obispo Lúe y del Regente de la Audiencia, que abogaron por el mantenimiento del Virrey con plena autoridad, se produjo un momento de vacilación. Había que contestarles, pero era arriesgado exhibir ideas americanistas. El recuerdo de los ahorcados en La Paz estaba fresco en la memoria de todos. Y dice el General Vedia:

"Los principales sujetos que habían de tomar la voz en nombre del pueblo, eran los más próximos a las autoridades de uno y otro lado. El famoso doctor don Mariano Moreno, se había colocado tras de los bancos del pueblo, como excusándose de presentarse cual uno de los actores principales del momento". . . Memorias del General de Vedia, citado por Mitre, en Nuevas comprobaciones históricas Buenos Aires, Imprenta y Librería Mayo, 1882, Página 173.

Imaginamos, con estos datos, la colocación de los personajes en la escena del Cabildo abierto.


En la primera fija el Obispo, los Cabildantes, las autoridades, el secretario (tomando prolijas notas), el brigadier Ruiz Huidobro, las patriotas principales que fundarían su voto: Saavedra, Paso, Castelli; Belgrano.. . En seguida sacerdotes, militares;, luego los que no eran ni militares ni sacerdotes, los comerciantes, a quienes se llamaba "el pueblo" y "tras de los bancos del pueblo, como excusándose de presentarse..." ¡el numen de la revolución!

Por lo cual se advierte en qué grave error histórico incurren los mal informados pintores que, al imaginar un cuadro del Cabildo abierto, nos inventan un arrogante Moreno en primera fila semis arrebozado en una airosa capa española y con el puño en alto declamando en pro de los derechos del hombre.

Si bien, por lo que sabemos de su vinculación con el Virrey como asesor letrado y de su amistad con el gran español Álzaga, sus ideas republicanas todavía no serían muy firmes.

Los historiadores que han rebañado tantas fruslerías de la historia para alargar un poco la biografía de este prócer de hazañas tan cortas, han pasado por alto su cariacontecida figura en aquella famosísima noche, en que se jugó la suerte de su patria.

No fue muy gallarda, como acabamos de ver, y es seguro que no le inspiró al autor del Himno Nacional ninguna de las marciales imágenes de su canción. Y sin embargo, esta escena olvidada es muy interesante para completar el retrato moral del que ahora llaman "el espíritu de Mayo".

Y todavía hay un rasgo, olvidado también, y mucho más probatorio que el que acabamos de referir.

Ninguno de sus biógrafos ha osado averiguar dónde se escondió Mariano Moreno desde el final del Cabildo abierto hasta el anochecer del 25 de Mayo, cuando, habiendo pasado todo peligro, se encontró con su hermano que lo buscaba para comunicarle las noticias. Refiere su hermano que al cabo de mucho tiempo lo halló en casa de un amigo ¡entretenido en conversaciones indiferentes!

Mitre, informado, por la tradición oral, que en este caso tampoco se funda en documentos de la época, menciona dos o tres veces a Mariano Moreno en compañía de otros patriotas que realizaban ciertas diligencias, en esos días de tremenda agitación.

Es otro error de nuestro gran historiador, a quien tiene que haberle preocupado la repentina y desairada desaparición del futuro numen, después del cabildo abierto y en los días supremos y de mayor peligro.

Pero la verdad es que nuestro hombre se volatilizó en aquellos días. No habiendo intervenido jamás en las conspiraciones secretas de los patriotas (a lo menos ningún historiador solvente le atribuye, con fundamento documental, ninguna actuación en ellas), es inverosímil que después de su pálido voto en el cabildo abierto, se arriesgara a mostrarse públicamente con personajes cuyos pescuezos peligraban, en los días 23 y 24.

Y que precisamente cuando el gran drama llegaba a un desenlace favorable, el 25 de Mayo, abandonara el magnífico teatro y desapareciera de la escena, en forma que ningún historiador se ha animado a mencionar dónde estuvo ese día.

Salvo su primer biógrafo Manuel Moreno, que nos hace un relato nada honroso para el prócer. Leámoslo, porque pocos lo han leído y nadie lo cita.


"Muchas horas hacía que estaba nombrado secretario de la nueva Junta y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo en conversaciones indiferentes. Al cabo de mucho tiempo en que yo mismo lo había buscado para avisarle lo ocurrido lo vi entrar en casa, envuelto en mil meditaciones, sobre si debía o no aceptar el nombramiento. La legitimidad de los procedimientos que acababan de suceder; lo serio de las funciones que se le encomendaban. . . eran otras tantas cuestiones que ocupaban su reflexión. . . Me decía: "El sosiego que he disfrutado hasta aquí en medio de mi familia y de mis libros será interrumpido". . .( Vida y Memoria del Doctor Don Mariano Moreno, etc.,  páginas. 212-214.)

¿En qué podían fundarse las dudas de Moreno acerca de la legitimidad de la revolución de Mayo?

En dos cosas: o bien pensaba que el pueblo argentino no tenía derecho a independizarse y debía seguir perpetuamente en el carácter de colonia, bendiciendo "el suave yugo del Rey", que él tanto alaba en su Representación de los Hacendados.

O bien creía que la escasa concurrencia de votantes y la aún más escasa mayoría que había resuelto la deposición del Virrey no podía fundar una nación.

El problema es interesante, pero ningún historiador se ha ocupado en dilucidarlo. No lo intentaremos nosotros. Bástenos apuntar que de todos los próceres de Mayo, el único que osó discutir "la legitimidad de los procedimientos que acababan de suceder", es decir la Revolución, o sea los derechos a la vida independiente, de su patria fue Mariano Moreno.

¡El único también que, cuando lo invitaron a tomar parte en la Revolución, se preocupó, más que de la patria, de la interrupción de su sosiego!