domingo, 13 de agosto de 2017

AÑO10- CAPITULO 4º-PARTE 2 ¿COMO NACIO LA LEYENDA?


AÑO 10

CAPITULO IV

PARTE 2

¿COMO NACIO LA LEYENDA?

 Si la actividad devoradora que se atribuye a Moreno fuese verdad, poseeríamos centenares de actas de la Junta. Sólo nos han quedado dos, la de instalación en el 25 de Mayo, que no redactó Moreno, y la del 18 de diciembre, cuando él renunció.
Replicarán prestamente sus biógrafos: "¡No labró actas pero hizo cosas de mayor importancia!"

Y nosotros preguntamos sin ninguna esperanza de obtener respuesta: ¿Cuáles fueron esas cosas?

Seamos sobrios en declamaciones: vengan los hechos. Y escucharemos la contestación de su hermano: "Cuando en un país se halla a la frente de los negocios un hombre de genio. .."

Hay aquí dos afirmaciones de Manuel Moreno, que han pasado a todos los libros de historia argentina:

1º—Que estaba al frente de los negocios;

2º— Que era un hombre de genio.


La primera es falsa: era secretario y no estuvo nunca "a la frente de los negocios del país".
La segunda, que era un genio, debería surgir de hechos precisos y no de palabras altisonantes.
'Veamos los puntos en que el propio biógrafo pretende fundar la afirmación de que su hermano era un genio.
"En cinco meses se aseguró la tranquilidad del territorio". . .MORENO, MANUEL, Vida y Memorias, etc., página 262. . .
¿Quién será tan ignorante de la historia argentina que crea que siete meses después del 25 de Mayo, quedó tranquilizado el país? ¡Si apenas se iniciaba la guerra y todavía no había comenzado la anarquía que ensangrentó la nación durante varias décadas!
"Las tropas destinadas a la pacificación del Paraguay se hallaban en las puertas de su capital" (página 262).
Otra invención. La verdad histórica es que las tropas argentinas enviadas no para pacificar, sino para someter al Paraguay, si es que llegaron a las puertas de su capital, tuvieron que volverse, derrotadas en Paraguarí, y aquella rica provincia del Virreinato del Río de la Plata quedó separada para siempre.
Continúa la pintura de la obra del genio.
"Los enemigos interiores reducidos a silencio... (página 263). Montevideo temblando por si misma... (página 263) El reino de Chile solicitaba su estrecha unión... (página 263)".
Cualquiera que sepa un poco de nuestra historia juzgará debidamente estas afirmaciones fantásticas dé cosas que no se realizaron nunca o que se realizaron muchísimos años después, y que Manuel Moreno dice llevadas a cabo por el genio de su hermano dentro de los 7 meses de la Revolución, es decir mientras él formó parte de la Junta.
Vienen aquí muy a pelo unas juiciosas palabras del historiador Groussac:
"Es hoy un lugar común de la crítica, así como del procedimiento judicial, la escasa fe que merece el testimonio único, por más sincero e imparcial que sea el testigo. Otro principio y corolario del primero es no aceptar, aun condicionalmente, cualquier opinión del interesado, sino en la parte que parezca contraria o por lo menos indiferente a su interés". . . GROUSSAC  P., Estudios de Historia Argentina, Buenos Aires,   1918, página 170. . .
"Viva mi patria aunque yo perezca", dicen que fueron sus últimas palabras en su lecho de muerte.

Esto significa que los historiadores en vez de copiarlos servilmente, debieron desdeñar como fuente de información acerca de Mariano Moreno los panegíricos de su hermano Manuel, grave y fundadamente sospechosos de parcialidad.
Significa también que sólo pudieron aceptarlos en los pasajes desfavorables al interés personal del autor. Eso está en la lógica de las cosas.
Pero han procedido exactamente al revés del sano consejo del insigne Groussac, que él mismo en ocasiones olvidó.
Recibieron como versículos del Evangelio aquellos pasajes donde descubrían un rasgo heroico de su personaje; y desdeñaron penetrar el sentido de otros pasajes, de los cuales se podía desprender sin esfuerzo una consecuencia contraria.
Pero más que los hechos valen para la imaginación popular las frases rimbombantes atribuidas a Mariano Moreno.
 "No hay historiador grande o chico que no las repita, agregando el comentario que atribuyen a Saavedra: "Se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego."
Y no hay personaje que, al renunciar a un cargo o una carga (que no le interesa o no puede conservar) no se atrinchere en la otra frase que dicen que dijo Moreno, al declinar la Secretaría de la Junta: "La renuncia de un hombre de bien, es siempre irrevocable."
Las tres frases, que millones de estudiantes letanean, permítasenos el neologismo, en miles de escuelas argentinas, son falsas, y peor que falsas, inverosímiles y tendenciosas. Ni fueron pronunciadas, ni pudieron pronunciarse lógicamente.
Manuel Moreno las inventó. . .Ningún historiador, ningún cronista ningún periódico de la época, ningún documento oficial,. . . ninguna correspondencia privada las afianza. Y como no faltaron testigos de las escenas en que pudieron ser pronunciadas, el unánime silencio de los contemporáneos es un indicio fatal para la leyenda.
Junto al lecho de muerte de Mariano Moreno estaba otro personaje, quien después fue el general Guido, que ha dejado interesantes Memorias y abundante correspondencia con datos prolijos, algunos de ellos imaginarios.
Jamás Guido, a pesar de que como liberal fue morenista,. . . confirmó la versión de Manuel Moreno. Cuando ha relatado los sucesos, ni siquiera ha mencionado la campanuda frase del uno y el comentario atribuido al otro. . . No es exceso de malicia presumir que no quiso ni ratificar, porque eran falsas, las noticias propaladas por su amigo Manuel, ni creyó amistoso desmentirlas.
Además, la lógica también desautoriza su invención. . ."¡Viva mi patria aunque yo perezca!", quedaría bien en labios de una víctima ilustre de una patria injusta, . . . porque su sentido es éste: "Aunque mi patria me proscriba, yo muero amándola y bendiciéndola."
No era el caso de Mariano Moreno, . . . que no pereció víctima de su patria, sino de una apendicitis, agravada por un purgante que le suministró el capitán del buque;. . y tampoco murió desterrado, sino yendo de embajador a Londres con 20.000 duros en el bolsillo, amén de 8.000 de sueldo o sean cinco mil más de lo que había percibido hasta entonces, y dos secretarios a su cabecera, muy bien remunerados también ellos. . . Decreto del 2 de enero de 1811. Registro Oficial de la República Argentina, tomo 1, página 98. . .
Ni Belgrano, ni San Martín, murieron con tanto dinero oficial en las faltriqueras y no por ello pensaron pronunciar frases adobadas, que implicaban un reproche a su país.
La otra expresión: "Se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego",. . . es también una fábula.
¡Qué habría de decirla Saavedra, que conocía muy bien al escurridizo secretario de Álzaga en la asonada del 1° de enero de 1809, al agazapado votante de la noche del Cabildo abierto!
El fuego es símbolo de entusiasmo y de valor, las dos cualidades más ajenas al alma de Moreno, jacobino yerto y amilanado, al estilo de Robespier.
¿Tanto fuego el glacial abogado, que abandonaba la cabecera de su padre agonizante para ir a los tribunales a pronunciar un alegato contra su obispo?. . . Lo refiere así su hermano en Colección de arengas en el foro etc. Escrito en página 46. . .
¿Tanto fuego el concurrente derrotista del Cabildo abierto, que por miedo de que los godos "le echaran el guante" desapareció de la escena en la noche del 22 de Mayo y se escondió hasta la tarde del 25 de Mayo, en que fue menester buscarlo para llevarle la noticia de lo que otros habían hecho? . . .Vida y Memorias del Doctor Don Mariano Moreno, páginas 213 y 214. . .
No, esa frase no pudo pronunciarla Saavedra, pues sabía que de los cuatro elementos de la naturaleza, el menos parecido al prócer era el fuego.
En una carta de Saavedra a Chiclana, del 15 de enero de 1811, leemos algo que desmiente en forma rotunda lo que Manuel Moreno le achaca.
"El Doctor Don Mariano Moreno —dice Saavedra—, desplegó su emulación y envidia contra mí y quiso vengarse bajamente de la burla que le hice el 1º de enero de 1809. Este hombre, de baja
 personalidad fue asesor y amigo de ese último Virrey hasta el último día.
¿No sabe usted que si el Virrey Cisneros fue arrojado de Buenos Aires, no lo fue por el pálido voto de Mariano en el Cabildo abierto, sino por la acción de Saavedra y de los Comandantes militares?
Acuérdese de que Moreno se alejó del país el 24 de enero de 1811 y murió el 4 de marzo subsiguiente, cuando apenas se había iniciado la guerra de la independencia que duró hasta 1824 (Ayacucho) en que terminó la dominación española en América, El Cid Campeador, que después de entregar el alma a Dios, todavía ganó batallas por tres días, queda muy pequeño al lado de Mariano Moreno, que según afirma su hermano siguió ganándolas hasta doce años después de su muerte.
Si Manuel se hubiera limitado a inflar las virtudes de su hermano, un poco por cariño fraternal y otro poco por la honra que resulta de ser pariente próximo de un prócer, podría disculpársele.
Pero es que por enaltecerle ha denigrado a otros personajes, especialmente al más digno de la gratitud argentina, al jefe de la Revolución de Mayo, a quien estas afirmaciones extravagantes han despojado de la mayor parte de su gloria.
En multitud de pasajes de esos dos libros se advierte el propósito —logrado por desgracia —de hacer odiosa o despreciable la pura y patriótica figura de don Cornelio de Saavedra.
Después de haber descrito el triunfo de la Revolución y la formación de la Junta presidida por Saavedra dice: . . .
"Todos los vocales designados a componer el nuevo gobierno correspondieron plenamente a la confianza que se hacía de sus talentos y su celo, menos el presidente".
"En general, apenas se sabía otra cosa de él sino haberse opuesto con firmeza a la asonada del 1º de enero. . . Esta fue la causa del odio de Moreno a Saavedra: el haber desbaratado la primera conspiración de Álzaga, en que Moreno estuvo de parte de los españoles y en contra de los criollos y Saavedra la hizo abortar y Moreno jamás se lo perdonó. . . .
 No tenía por consiguiente una reputación señalada en lo civil o militar; pero estando al frente del cuerpo, que fue el brazo de la revolución, esta circunstancia y la necesidad de conciliar la fuerza armada hizo se le eligiese presidente. En éste alto puesto descubrió una ambición pequeña y un carácter taimado y rencoroso, sin docilidad de consejo, ni dirección en sus pasiones, que pudieran aligerar sus faltas o suplir su mediocridad". . .  Colección de arengas en el foro, etc., citado en página 135. . .  
Más adelante, relatando la renuncia de Moreno y su alejamiento del país, siembra cautelosamente la perversa calumnia de que murió envenenado por sus enemigos. Y en diversos pasajes señala a Saavedra como el principal de esos enemigos.
"Presagios fúnebres ocurrieron sobre la suerte de este viaje. Una noche se entregó en la puerta de calle, por persona desconocida, un paquete sellado y dirigido a la señora de Moreno, que, abierto por ella, se halló contenía un velo negro, un abanico de luto y un billete anónimo diciendo: "Mi estimada señora: como sé que usted va a ser viuda, me tomo la confianza de remitir estos artículos que pronto corresponderán a su estado". . . Misma obra, página 171. . . El 24 de enero de 1811 el prócer se embarca para Europa. "Un cruel destino (continúa el biógrafo) había dispuesto que se diera la preferencia a una embarcación de comercio, mandada por un desconocido, quizá perverso, sin auxilio facultativo para caso de enfermedad y sin más que ocho marineros, por ser de porte. . ." . . Colección de arengas en el foro, etc., citado en página 172.
"El accidente mortal que cortó esta vida, fue causado por una dosis excesiva de emético (4 gramos de antimonio tartarizado) que le administró el capitán en un vaso de agua, una tarde que lo halló solo y postrado en su gabinete.
"Es circunstancia grave haber sorprendido al paciente con que era una medicina ligera y restaurante, sin expresar cuál, ni avisar o consultar a la comitiva antes de presentársela. Si el Doctor Moreno hubiese sabido se le daba a la vez tal cantidad de esta sustancia, sin duda no la hubiera tomado, pues a vista del estrago que le causó, y revelado el hecho, dijo que su constitución no admitía sino una cuarta parte de grano, y que se reputaba muerto.
"Aún quedó en duda si fue mayor la cantidad de aquella droga u otra sustancia corrosiva lo que se administró, no habiendo las circunstancias permitido la autopsia cadavérica”
"A ella siguió una terrible convulsión que apenas le dio tiempo para despedirse de su patria, de su familia y de sus amigos... Sus últimas palabras fueron: ¡Viva mi patria aunque yo perezca!"
Murió no tanto como un devoto lector de Kempis, que es la manera en que nos lo pinta López, sino como el empedernido traductor de Rousseau que era.
Lo cual puede ser muy del gusto de sus panegiristas ateos, pero llena de congoja a un alma cristiana. El biógrafo prosigue:
"El  pabellón  inglés  a media  asta y descargas   de  artillería anunciaron a los otros buques la desgracia sucedida en La Fama. "Cuando supo Saavedra la noticia de este fallecimiento dijo fríamente:  "Tanta agua era menester para apagar tanto fuego" Pero los buenos ciudadanos, amigos o extraños, tuvieron este acontecimiento por calamidad general...  aumentábase el enternecimiento con la voz generalmente departida de que había muerto envenenado. Es verdad que la relación de su hermano nada afirma, pero compara la muerte del Doctor Moreno a la de Sócrates, que es indicar bastante la sospecha de aquella iniquidad".
Estos párrafos pertenecen al Prefacio de la Colección de Arengas, publicada en 1836. Dicho Prefacio lleva la firma de El Editor, pero es tan evidente que fue escrito por el propio Manuel Moreno, que según dijimos ya, un íntimo amigo suyo, conocedor de su estilo y de sus asuntos, don Juan María Gutiérrez, reimprimió este libro de las Arengas y reemplazó el seudónimo por el verdadero nombre del autor.
Al hacer esta sustitución, no advirtió Gutiérrez que desbarataba un propósito del cauteloso prologuista, quien había querido disimularse bajo el seudónimo, para hacer creer que era otro el autor de la segunda biografía, y dar con esto más autoridad a sus afirmaciones; y tampoco advirtió que en el párrafo que acabamos de reproducir —"es verdad que la relación de su hermano nada afirma"—, se intentaba hacer colar la superchería del envenenamiento sin arriesgar las consecuencias de la calumnia.
A nadie que crea en el envenenamiento de Mariano Moreno se le va a ocurrir que lo dispusiera el desconocido capitán del barco, por su propia cuenta, sino que fue pagado y dispuesto por don Cornelio de Saavedra.
Afortunadamente, a la mayoría de nuestros historiadores les ha repugnado aceptar el balurdo del envenenamiento, pero adoptan el resto del relato, como si no fuera de la misma pluma.
El biógrafo nos habla en seguida de un soneto que se compuso al ilustre muerto y que se atribuye a fray Cayetano Rodríguez, y eso le sirve de oportunidad para lanzar otro flechazo contra Saavedra.
"Por temor a Saavedra —-dice— no pudo reimprimirse por entonces, más después de la caída de éste fue publicada con otras poesías dedicadas a la digna memoria del Doctor Don Mariano Moreno, y se hallan en la obra interesante, titulada Lira Argentina. . . ." Colección de arengas en el foro, etc.”, página 175. . . .
Este detalle basta para comprobar lo infundado de la imputación. Saavedra cayó del poder en 1811; la Lira Argentina se publicó en 1824.
Si era el temor a Saavedra lo que impidió la publicación, pareciera inútil aguardar trece años, cuando desde 1812 ya pudieron imprimirse aquellos malos versos, que comienzan así:
Arrebató la Parca. . . ¡Parca fiera Del joven más cabal vil homicida!
En el afán de presentar a su hermano como una víctima, perseguida de Saavedra, el biógrafo se excede en su panegírico.
Y lo peor es que estos libros escritos con tanta hiel y que arrojan tanto lodo sobre una de las más austeras y brillantes figuras de la historia argentina, constituyen la única base de otros que de buena fe, en algunos casos, han desparramado esas patrañas.
¡Así se ha enseñado durante muchos años la historia argentina! Un  recurso les queda a los panegiristas  de  Moreno,  para amortiguar el efecto de nuestras revelaciones: gritar que también nosotros extraemos noticias de los libros de Manuel Moreno.
Es verdad, pero estamos dispuestos a eliminar toda afirmación fundada solamente en la palabra de ese autor, siempre que ellos borren también de sus libros las noticias que deben al hermano del prócer.
¡No lo harán! Recusar el testimonio de Manuel Moreno, que han explotado durante siglo y medio, copiándolo directa o indirectamente es dejar al prócer con la piel y los huesos nada más, porque todo su magnífico atavío salió de ese ropero.
Es cierto que alguna luz pueden arrojar los dos libros de Manuel, si se aplica a su lectura el avisado criterio que preconiza Groussac, a quien mencionamos anteriormente: la confesión de parte interesada puede hacer de cuando es contraria al interés personal.
Para nuestra demostración nos bastan las Actas del Cabildo y el  texto de la Representación de los Hacendados, en su primera edición y los diversos documentos oficiales que ya hemos citado o vendrán luego, algunos de ellos apenas leídos, otros totalmente ignorados.
Si los panegiristas renunciaran a lo que saben por su Manuel Moreno, los panegíricos desaparecían. Adiós las frases famosas, que los escolares aprenden. Adiós la afirmación de que él lo hizo todo en la Junta. Adiós la fábula de que lo envenenaron en alta mar. Adiós la ponderada elocuencia del tribuno, que no ha dejado rastros de ningún discurso. Adiós la fundación de La Gaceta. Adiós la organización del ejército. Adiós la fundación de la Biblioteca.
Porque ninguna de estas noticias tiene bases en ningún documento fidedigno, ni siquiera en testimonio alguno de aquella época.