CORRECCIÓN FILIAL AL PAPA FRANCISCO POR LA PROPAGACIÓN DE HEREJÍAS
CORRECTIO FILIALIS DE HAERESIBUS PROPAGATIS24/09/17 1:03 am
NOTA DE ADELANTE LA FE: Les presentamos, como primicia en español, la Corrección filial que un nutrido grupo de eminentes personalidades han enviado al papa Francisco, y a la cual a fecha de hoy no se ha dignado responder.***Resumen de la “Correctio filialis”Una carta de veinticinco páginas, firmada por 40 clérigos católicos y académicos laicos, ha sido enviada al Papa Francisco el pasado 11 de agosto. Como no se ha recibido respuesta de parte del Santo Padre, el documento se hace público hoy, 24 de septiembre de 2017, Fiesta de la Virgen de la Merced y de la Virgen de Walsingham. La carta, que sigue abierta para nuevos firmantes, lleva ahora los nombres de 62 clérigos y académicos de 20 países, también representando a otros que carecen de la necesaria libertad de expresión. Tiene un título latino: ‘Correctio filialis de haeresibus propagatis’ (literalmente, ‘Una corrección filial con respecto a la propagación de herejías’). Afirma que el Papa, a través de su exhortación apostólica Amoris laetitia, como también por otras palabras, actos y omisiones que se le relacionan, ha sostenido siete posturas heréticas en referencia al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos, y ha provocado que estas opiniones heréticas se propaguen en la Iglesia Católica. Estas siete herejías son expresadas por los firmantes en latín, la lengua oficial de la Iglesia.Esta carta de corrección tiene tres partes principales. En la primera parte, los firmantes explican por qué, como creyentes católicos y practicantes, tienen el derecho y el deber de emitir dicha corrección al Sumo Pontífice. La ley de la Iglesia requiere que las personas competentes rompan el silencio cuando los pastores de la Iglesia están desviando al rebaño. Esto no implica conflicto alguno con el dogma católico de la infalibilidad papal, teniendo en consideración que la Iglesia enseña que el papa debe cumplir criterios estrictos antes de que sus declaraciones puedan ser consideradas infalibles. El Papa Francisco no ha cumplido con estos criterios. No ha declarado que estas posturas heréticas sean enseñanzas definitivas de la Iglesia, ni aseverado que los católicos deben creer en ellas con el asentimiento propio de la fe. La Iglesia enseña que ningún papa puede declarar que Dios le ha revelado alguna nueva verdad, que debería ser creída obligatoriamente por los católicos.La segunda parte de la carta es la fundamental, puesto que contiene la “Corrección” propiamente tal. Enumera los pasajes de Amoris laetitia en los que se insinúan o alientan posturas heréticas, y luego enumera las palabras, actos y omisiones del Papa Francisco que evidencian, más allá de cualquier duda razonable, que él desea que los católicos interpreten estos pasajes de una manera que es, de hecho, herética. En particular, el papa, de manera directa o indirecta, ha apoyado la creencia de que la obediencia a la Ley de Dios puede ser imposible o indeseable, y que las Iglesia debiera, a veces, aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante.La última parte, llamada “Dilucidación”, discute dos causas de esta singular crisis. Una de ellas es el ‘Modernismo’. Teológicamente hablando, el Modernismo es la creencia de que Dios no le ha entregado verdades definitivas a la Iglesia, que ésta debiera continuar enseñando, exactamente en el mismo sentido, hasta el final de los tiempos. Los modernistas sostienen que Dios comunica a la humanidad sólo experiencias sobre las cuales los seres humanos pueden reflexionar, de tal manera que realicen diferentes aserciones sobre Dios, la vida y la religión; pero estas declaraciones son sólo provisionales, nunca dogmas inamovibles. El Modernismo fue condenado por el Papa San Pío X al comienzo del siglo XX, pero renació a mediados de la centuria. La gran y continua confusión que el Modernismo ha causado en la Iglesia Católica, obliga a los firmantes a describir el verdadero significado de “fe”, “herejía”, “revelación” y “magisterio”.Una segunda causa de la crisis es la aparente influencia de las ideas de Martín Lutero en el Papa Francisco. La carta muestra como Lutero, fundador del Protestantismo, tenía ideas sobre el matrimonio, el divorcio, el perdón y la ley divina que se corresponden con aquellas que el papa ha promovido mediante sus palabras, actos y omisiones. También destaca el elogio explícito y sin precedentes que el Papa Francisco ha dedicado al heresiarca alemán.Los firmantes no osan juzgar el grado de conciencia con el cual el Papa Francisco ha propagado las siete herejías que enumeran; pero insisten, respetuosamente, en que condene estas herejías, las cuales ha sostenido de manera directa o indirecta.Los firmantes profesan su lealtad a la santa Iglesia Católica, garantizan al papa sus oraciones y solicitan su bendición apostólica.***
16 de julio de 2017
Fiesta de la Vírgen del Carmen
Santo Padre,
Con profunda aflicción, pero impulsados por la fidelidad a Nuestro
Señor Jesucristo, por el amor a la Iglesia y al papado y por la devoción
filial hacia Usted, nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su
Santidad,a causa de la propagación de herejías ocasionada por la
Exhortación apostólica Amoris laetitia y por otras palabras, hechos y
omisiones de Su Santidad.
Nos está permitido emitir esta corrección por la ley natural, por la
ley de Cristo, y por la ley de la Iglesia:para guardar estas tres leyes,
Su Santidad ha sido designado por la divina providencia. Por la ley
natural: pues tal como los súbditos tienen por naturaleza un deber de
obedecer a sus superiores en todas las cosas lícitas, así también tienen
un derecho a ser gobernados de acuerdo a la ley, y por lo tanto a
insistir, donde fuera necesario, que sus superiores así gobiernen. Por
la ley de Cristo: pues Su Espíritu inspiró al Apóstol Pablo a reprender a
Pedro en público cuando este último no actuó de acuerdo a la verdad del
evangelio (Gal. 2). Santo Tomás de Aquino notaque esta reprimenda
pública de un súbdito a un superior fue lícita a causa del peligro
inminente de escándalo concerniente a la fe (Summa Theologiae 2a 2ae,
33, 4 ad 2), y ‘la glosa de San Agustín’ agrega que en esta ocasión,
“Pedro dio un ejemplo a los superiores, de que si en algún momento
sucediera que se alejaran del camino recto, no deberían desdeñar ser
criticados por sus súbditos” (ibid.). La ley de la Iglesia también nos
constriñe, ya que establece que “el fiel a Cristo… tiene el derecho, en
efecto, a veces el deber, de acuerdo con su conocimiento, competencia, y
posición, a manifestar a los sagrados pastores sus visiones en materias
que conciernen al bien de la Iglesia” (Códice de Derecho Canónico
212:2-3; Códice de los Cánones de las Iglesias Orddientales 15:3).
Ha sido dado escándalo a la Iglesia y al mundo sobre la fe y la
moral, por la publicación de Amoris laetitia y por otros actos a través
de los cuales Su Santidad ha dejado suficientemente claros el alcance y
el propósito de este documento. En consecuencia, herejías y otros
errores se han extendido a través de la Iglesia; pues mientras algunos
obispos y cardenales han continuado defendiendo las verdades divinamente
reveladas sobre el matrimonio, la ley moral y la recepción de los
sacramentos, otros han negado estas verdades, y han recibido de Su
Santidad no reprimenda, sino favor. Por el contrario, aquellos
cardenales que han enviado dubia a Su Santidad, para que por medio de
este método, de honorable tradición, la verdad del evangelio pudiera ser
fácilmente afirmada, no han recibido respuesta, sino silencio.
Santo Padre, el ministerio de Pedro no le ha sido confiado para que
Usted pudiera imponer doctrinas extrañas sobre los fieles, sino para que
Usted pueda, como un fiel representante, guardar el depósito,hasta el
día del regreso del Señor (Lc. 12; 1 Tim. 6). Adherimos sinceramente a
la doctrina de la infalibilidad papal, tal como fue definida por el
Concilio Vaticano I, y por lo tanto adherimos a la explicación que el
mismo concilio dio de este carisma, el cual incluye esta declaración:
“El Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera
que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva
doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar
santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los
Apóstoles, es decir, el depósito de la fe” (Pastor Aeternus, cap. 4).
Por esta razón, Su Predecesor, el Beato Pío IX, alabó la declaración
colectiva de los obispos alemanes, quienes afirmaron que “la opinión
según la cual el Papa es ‘un soberano absoluto a causa de su
infalibilidad’ está basada en una comprensión completamente falsa del
dogma de la infalibilidad papal”
1. Del mismo modo, en el Concilio Vaticano II, la Comisión
Teológica que supervisó la Constitución Dogmática sobre la Iglesia,
Lumen gentium, afirmó que los poderes del Pontífice romano están
limitados de muchas maneras.2
Sin embargo, aquellos católicos que no comprenden claramente los
límites de la infalibilidad papal están expuestos a ser conducidos por
las palabras y acciones de Su Santidad hacia uno de dos errores
desastrosos: o bien llegarán a adoptar las herejías que ahora están
siendo propagadas, o bien, conscientes de que estas doctrinas son
contrarias a la palabra de Dios, dudarán o negarán las prerrogativas de
los papas. Además, otros de entre los fieles son llevados a poner en
duda la validez de la renuncia al papado por el Papa Emérito Benedicto
XVI. Así, el oficio de Pedro, otorgado a la Iglesia por nuestro Señor
Jesucristo en aras de la unidad y la fe, es usado de tal modo que se
abre un camino para la herejía y para el cisma. Además, notando que las
prácticas ahora fomentadas por las palabras y acciones de Su Santidad
son contrarias no sólo a la fe y disciplina perennes de la Iglesia, sino
también a las afirmaciones magisteriales de Sus predecesores, los
fieles reflexionan que las afirmaciones propias de Su Santidad no pueden
disfrutar de mayor autoridad que las de los papas anteriores; y así el
auténtico magisterio papal sufre una herida de la cual podría no sanarse
pronto.
Sin embargo, creemos que Su Santidad posee el carisma de la
infalibilidad y el derecho a la jurisdicción universal sobre los fieles a
Cristo en el sentido definido por la Iglesia. En nuestra protesta
contra Amoris laetitia y contra otros hechos, palabras y omisiones
relacionadas con ésta, no negamos la existencia de este carisma papal o
la posesión de éste por parte de Su Santidad, pues ni Amoris laetitia ni
ninguna de las afirmaciones que han servido para propagar las herejías
que esta exhortación insinúa están protegidos por aquella divina
garantía de verdad. Nuestra corrección es, en verdad, requerida por la
fidelidad a las enseñanzas papales infalibles que son incompatibles con
ciertas afirmaciones de Su Santidad.
Como súbditos, no tenemos el derecho a dirigir a Su Santidad aquella
forma de corrección a través de la cual un superior coacciona a los que
le están sujetos con la amenaza o la administración de castigo (cf.
Summa Theologiae 2a 2ae, 33, 4). Emitimos esta corrección, más bien,
para proteger a nuestros hermanos católicos, -y a aquellos fuera de la
Iglesia, a los cuales no se les debe quitar la llave del conocimiento-
(cf. Lc. 11) en la esperanza de prevenir una ulterior difusión de
doctrinas que tienden por sí mismas a la profanación de todos los
sacramentos y a la subversión de la Ley de Dios.
* * *
Ahora deseamos mostrar cómo muchos pasajes de Amoris laetitia, en
conjunción con actos, palabras y omisiones de Su Santidad, sirven para
propagar siete proposiciones heréticas3.
Los pasajes de Amoris laetitia a los cuales nos referimos son los siguientes:
AL 295: ‘San Juan Pablo II proponía la llamada “ley de gradualidad”
con la conciencia de que el ser humano “conoce, ama y realiza el bien
moral según diversas etapas de crecimiento”. No es una “gradualidad de
la ley”, sino una gradualidad en el ejercicio prudencial de los actos
libres en sujetos que no están en condiciones sea de comprender, de
valorar o de practicar plenamente las exigencias objetivas de la ley.’
AL 296: “Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia:
marginar y reintegrar […] El camino de la Iglesia, desde el concilio de
Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la
misericordia y de la integración […] El camino de la Iglesia es el de no
condenar a nadie para siempre.”
AL 297: ‘Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio.’
AL 298: ‘Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden
encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas
o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un
adecuado discernimiento personal y pastoral. Existe el caso de una
segunda unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada
fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la
irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin
sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce
situaciones en que “cuando el hombre y la mujer, por motivos serios,
—como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la
obligación de la separación” [nota 329: En estas situaciones, muchos,
conociendo y aceptando la posibilidad de convivir “como hermanos” que la
Iglesia les ofrece, destacan que si faltan algunas expresiones de
intimidad “puede poner en peligro no raras veces el bien de la fidelidad
y el bien de la prole”.] También está el caso de los que han hecho
grandes esfuerzos para salvar el primer matrimonio y sufrieron un
abandono injusto, o el de “los que han contraído una segunda unión en
vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente
seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente
destruido, no había sido nunca válido”. Pero otra cosa es una nueva
unión que viene de un reciente divorcio, con todas las consecuencias de
sufrimiento y de confusión que afectan a los hijos y a familias enteras,
o la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus
compromisos familiares. Debe quedar claro que este no es el ideal que el
Evangelio propone para el matrimonio y la familia. Los Padres sinodales
han expresado que el discernimiento de los pastores siempre debe
hacerse “distinguiendo adecuadamente”, con una mirada que “discierna
bien las situaciones”. Sabemos que no existen “recetas sencillas”.’
AL 299: ‘Acojo las consideraciones de muchos Padres sinodales,
quienes quisieron expresar que los bautizados que se han divorciado y se
han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad
cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de
escándalo. La lógica de la integración es la clave de su acompañamiento
pastoral, para que no sólo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que
es la Iglesia, sino que puedan tener una experiencia feliz y fecunda.
Son bautizados, son hermanos y hermanas, el Espíritu Santo derrama en
ellos dones y carismas para el bien de todos. … Ellos no sólo no tienen
que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros
vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que les acoge siempre,
los cuida con afecto y los anima en el camino de la vida y del
Evangelio.’
AL 300: ‘Puesto que “el grado de responsabilidad no es igual en todos
los casos”, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente
deben ser siempre las mismas. [nota 336: Tampoco en lo referente a la
disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que
en una situación particular no hay culpa grave.]’
AL 301: ‘Ya no es posible decir que todos los que se encuentran en
alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de
pecado mortal, privados de la gracia santificante. Los límites no tienen
que ver solamente con un eventual desconocimiento de la norma. Un
sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad
para comprender “los valores inherentes a la norma” o puede estar en
condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y
tomar otras decisiones sin una nueva culpa.’
AL 303: ‘Esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no
responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También
puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es
la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con
cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está
reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque
todavía no sea plenamente el ideal objetivo.’
AL 304: ‘Ruego encarecidamente que recordemos siempre algo que enseña
santo Tomás de Aquino, y que aprendamos a incorporarlo en el
discernimiento pastoral: “Aunque en los principios generales haya
necesidad, cuanto más se afrontan las cosas particulares, tanta más
indeterminación hay […] En el ámbito de la acción, la verdad o la
rectitud práctica no son lo mismo en todas las aplicaciones
particulares, sino solamente en los principios generales; y en aquellos
para los cuales la rectitud es idéntica en las propias acciones, esta no
es igualmente conocida por todos […] Cuanto más se desciende a lo
particular, tanto más aumenta la indeterminación”. Es verdad que las
normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni
descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas
las situaciones particulares.’
AL 305: ‘A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es
posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea
subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en
gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de
la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia.
[nota 351: En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los
sacramentos. Por eso, “a los sacerdotes les recuerdo que el
confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la
misericordia del Señor”. Igualmente destaco que la Eucaristía “no es un
premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para
los débiles”.]’
AL 308: ‘Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no
dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo
quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la
fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su
enseñanza objetiva, “no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo
de mancharse con el barro del camino”.’
AL 311: ‘La enseñanza de la teología moral no debería dejar de incorporar estas consideraciones.’
Las palabras, hechos y omisiones de Su Santidad a los cuales nos
deseamos referir, y que, en conjunción con estos pasajes de Amoris
laetitia están sirviendo para propagar herejías dentro de la Iglesia,
son los siguientes:
– Su Santidad ha rechazado dar una respuesta positiva a las dubia
enviadas a usted por los cardenales Burke, Caffarra, Brandmüller y
Meisner, en las cuales respetuosamente se le pidió confirmar que la
Exhortación Apostólica Amoris laetitia no suprime cinco enseñanzas de la
fe católica.
– Su Santidad intervino en la composición de la Relatio post
disceptationem para el Sínodo Extraordinario sobre la Familia. La
Relatio propuso permitir la Comunión para los católicos divorciados y
casados nuevamente sobre una base “caso a caso”, y dijo que los pastores
deberían enfatizar los “aspectos positivos” de los estilos de vida que
la Iglesia considera gravemente pecaminosos, incluyendo el nuevo
matrimonio civil después del divorcio y la convivencia premarital. Estas
propuestas fueron incluidas en la Relatio ante su insistencia personal,
a pesar del hecho de que éstas no recibieron la mayoría de dos tercios
requerida por las reglas del Sínodo para que una propuesta sea incluida
en la Relatio.
– En una entrevista de abril de 2016, un periodista preguntó a Su
Santidad si hay posibilidades concretas para los divorciados y
nuevamente casados que no existían antes de la publicación de Amoris
laetitia. Usted respondió ‘Io posso dire, sì. Punto’; es decir, ‘Puedo
decir que sí. Punto.’ Luego, Su Santidad afirmó que la pregunta del
reportero estaba contestada por la presentación dada por el Cardenal
Schönborn sobre Amoris laetitia. En esta presentación el Cardenal
Schönborn afirmó:
Mi gran alegría ante este documento
reside en el hecho de que, coherentemente, supera la artificiosa,
externa y neta división entre “regular” e “irregular” y pone a todos
bajo la instancia común del Evangelio, siguiendo las palabras de San
Pablo: “Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar
con todos ellos misericordia”. (Rom 11:32). …¿Qué dice el Papa respecto
del acceso a las personas que viven en situaciones “irregulares”? Ya el
Papa Benedicto había dicho que no existen “recetas simples” (AL 298,
nota 333). Y el Papa Francisco vuelve a recordar la necesidad de
discernir bien las situaciones (AL 298). “El discernimiento debe ayudar a
encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en
medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro, a veces
cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos
caminos de santificación que dan gloria a Dios” (AL 305). El Papa
Francisco nos recuerda una frase importante que había escrito en
Evangelii Gaudium 44: “un pequeño paso, en medio de grandes límites
humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente
correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes
dificultades” (AL 305). En el sentido de esta “via caritatis” (AL 306)
el Papa afirma, de manera humilde y simple, en una nota (351), que se
puede dar también la ayuda de los sacramentos en caso de situaciones
“irregulares”.4
Su Santidad amplificó esta afirmación al aseverar que Amoris laetitia
respalda el tratamiento a los divorciados y nuevamente casados que se
practica en la diócesis del Cardenal Schönborn, donde se les permite
recibir la comunión.
– El 5 de septiembre de 2016, los obispos de la región de Buenos
Aires emitieron una declaración sobre la aplicación de Amoris laetitia.
En ésta afirmaron:
6) En otras circunstancias más complejas y
cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción
mencionada puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es
posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un
caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la
culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere
que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión,
Amorislaetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la
Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez
disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la
gracia. …
9) Puede ser conveniente que un eventual
acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo
cuando se prevean situaciones conflictivas. Pero al mismo tiempo no hay
que dejar de acompañar a la comunidad para que crezca en un espíritu de
comprensión y de acogida, sin que ello implique crear confusiones en la
enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio indisoluble. La comunidad
es instrumento de la misericordia que es «inmerecida, incondicional y
gratuita» (297).
10) El discernimiento no se cierra,
porque «es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de
crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de
manera más plena» (303), según la «ley de gradualidad» (295) y confiando
en la ayuda de la gracia.
Ésta asevera que, de acuerdo a Amoris laetitia, no se debe generar
confusión acerca de la enseñanza de la Iglesia sobre la indisolubilidad
del matrimonio, que el divorciado y nuevamente casado puede recibir los
sacramentos, y que persistir en este estado es compatible con recibir la
ayuda de la gracia. Su Santidad escribió una carta oficial fechada el
mismo día al Obispo Sergio Alfredo Fenoy de San Miguel, un delegado de
los obispos argentinos de la región de Buenos Aires, afirmando que los
obispos de la región de Buenos Aires habían dado la única interpretación
posible de Amoris laetitia:
“Querido hermano:
Recibí el escrito de la Región Pastoral
Buenos Aires «Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de
Amorislaetitia». Muchas gracias por habérmelo enviado; y los felicito
por el trabajo que se han tomado: un verdadero ejemplo de acompañamiento
a los sacerdotes… y todos sabemos cuánto es necesaria esta cercanía del
obispo con su clero y del clero con el obispo. El prójimo «más prójimo»
del obispo es el sacerdote, y el mandamiento de amar al prójimo como a
sí mismo comienza para nosotros obispos precisamente con nuestros curas.
El escrito es muy bueno y explicita cabalmente el sentido del capítulo
VIII de Amoris Laetitia. No hay otras interpretaciones”.5
– Su Santidad nombró al Arzobispo Vincenzo Paglia como presidente de
la Pontificia Academia para la Vida y gran canciller del Pontificio
Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia.
Como jefe del Pontificio Consejo para la Familia, el Arzobispo Paglia
fue responsable de la publicación de un libro, Famiglia e Chiesa, un
legame indissolubile (Libreria Editrice Vaticana, 2015), que contiene
las lecciones dictadas en tres seminarios promocionados por ese
dicasterio sobre los tópicos de ‘Matrimonio: Fe, Sacramento,
Disciplina’; ‘Familia, Amor Conyugal y Generación’; y ‘La Familia Herida
y las Uniones Irregulares: Qué Actitud Pastoral’. Este libro y los
seminarios que describe tuvieron el propósito de plantear propuestas
para el Sínodo sobre la Familia, y promover el otorgamiento de la
comunión a los católicos divorciados y nuevamente casados.
*- Bajo la autoridad de Su Santidad fueron publicadas directrices
para la diócesis de Roma relativas a la recepción de la Eucaristía bajo
ciertas circunstancias por los católicos civilmente divorciados y
nuevamente casados que viven more uxorio con su pareja civil.
– Su Santidad nombró al Obispo Kevin Farrell como prefecto del
recientemente establecido Dicasterio para los Laicos, la Familia y la
Vida, y lo promovió al rango de cardenal. El Cardenal Farrell ha
expresado su apoyo a la propuesta del Cardinal Schönborn según la cual
los divorciados y nuevamente casados deberían recibir la comunión. Él ha
afirmado que la recepción de la comunión por parte de los divorciados y
nuevamente casados es un ‘proceso de discernimiento y de consciencia’.6
– El 17 de enero de 2017, el Osservatore Romano, el periódico oficial
de la Santa Sede, publicó las directrices emitidas por el arzobispo de
Malta y el obispo de Gozo para la recepción de la Eucaristía por parte
de las personas que viven en una relación adúltera. Estas directrices
permitieron la recepción sacrílega de la Eucaristía por parte de algunas
personas en esta situación, y afirmaron que en algunos casos es
imposible para tales personas practicar la castidad y que es dañino para
ellas intentar practicar la castidad. No se hizo ninguna crítica contra
estas directrices por parte del Osservatore Romano, el cual las
presentó como ejercicios legítimos de la enseñanza y autoridad
episcopales. Esta publicación fue un acto oficial de la Santa Sede que
no ha sido corregido por usted.
CORRECTIO
His verbis, actis, et omissionibus, et in iis sententiis libri Amoris laetitia quas
supra diximus, Sanctitas Vestra sustentavit recte aut oblique, et in
Ecclesia (quali quantaque intelligentia nescimus nec iudicare audemus)
propositiones has sequentes, cum munere publico tum actu
privato,propagavit, falsas profecto et haereticas:
(1) “Homo iustificatus iis caret viribus quibus, Dei gratia
adiutus, mandata obiectiva legis divinae impleat; quasi quidvis ex Dei
mandatis sit iustificatis impossibile; seu quasi Dei gratia, cum in
homine iustificationem efficit, non semper et sua natura conversionem
efficiat ab omni peccato gravi; seu quasi non sit sufficiens ut hominem
ab omni peccato gravi convertat.”
(2) Christifidelis qui, divortium civile a sponsa legitima
consecutus, matrimonium civile (sponsa vivente) cum alia contraxit;
quique cum ea more uxorio vivit; quique cum plena intelligentia naturae
actus sui et voluntatis propriae pleno ad actum consensu eligit in hoc
rerum statu manere: non necessarie mortaliter peccare dicendus est, et
gratiam sanctificantem accipere et in caritate crescere potest.”
(3) “Christifidelis qui alicuius mandati divini plenam scientiam
possidet et deliberata voluntate in re gravi id violare eligit, non
semper per talem actum graviter peccat.”
(4) “Homo potest, dum divinae prohibitioni obtemperat, contra Deum ea ipsa obtemperatione peccare.”
(5) “Conscientia recte ac vere iudicare potest actus venereos
aliquando probos et honestos esse aut licite rogari posse aut etiam a
Deo mandari, inter eos qui matrimonium civile contraxerunt quamquam
sponsus cum alia in matrimonio sacramentali iam coniunctus est.”
(6) “Principia moralia et veritas moralis quae in divina
revelatione et in lege naturali continentur non comprehendunt
prohibitiones qualibus genera quaedam actionis absolute vetantur utpote
quae propter obiectum suum semper graviter illicita sint.”
(7) “Haec est voluntas Domini nostri Iesu Christi, ut Ecclesia
disciplinam suam perantiquam abiciat negandi Eucharistiam et
Absolutionem iis qui, divortium civile consecuti et matrimonium civile
ingressi, contritionem et propositum firmum sese emendandi ab ea in qua
vivunt vitae conditione noluerunt patefacere.” 7
Todas estas proposiciones contradicen verdades que son divinamente
reveladas, y que los católicos deben creer con el asentimiento de la fe
divina. Éstas fueron identificadas como herejías en la petición
concerniente a Amoris laetitia que fue dirigida a los cardenales y
patriarcas orientales de la Iglesia por 45 académicos católicos.8
Es necesario para el bien de las almas que sean condenadas una vez más
por la autoridad de la Iglesia. Al enunciar estas siete proposiciones,
no pretendemos dar una lista exhaustiva de todas las herejías y errores
que un lector imparcial, intentando leer Amoris laetitia en su sentido
natural y obvio, consideraría como afirmadas, sugeridas o favorecidas
por este documento. Una carta enviada a todos los cardenales de la
Iglesia y a los patriarcas orientales enumera 19 proposiciones como
tales. Más bien, pretendemos listar las proposiciones que las palabras,
hechos y omisiones de Su Santidad, tal como ya fueron descritas, han
efectivamente apoyado y propagado, para grave e inminente peligro de
las almas.
En esta hora crítica, por lo tanto, nos volvemos hacia la cathedra
veritatis, la Iglesia Romana, la cual por ley divina tiene pre-eminencia
sobre todas las iglesias, y de la cual somos y pretendemos permanecer
siempre hijos leales, y respetuosamente insistimos que Su Santidad
rechace públicamente estas proposiciones, realizando así el mandato de
nuestro Señor Jesucristo dado a San Pedro y a través de él a todos sus
sucesores hasta el fin del mundo: “Yo he rogado por ti, para que tu fe
no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.”
Respetuosamente pedimos la bendición apostólica de Su Santidad,
asegurándole nuestra devoción filial en nuestro Señor y nuestra oración
por el bienestar de la Iglesia.
* * *
DILUCIDACIÓN
Con el fin de dilucidar mejor nuestra Correctio y para proporcionar
una más firme defensa contra la difusión de errores, deseamos llamar la
atención sobre dos fuentes generales de error que nos parecen promover
la herejías enumeradas. Hablamos, en primer lugar, de aquella
comprensión falsa de la Revelación divina que generalmente recibe el
nombre de Modernismo y, en segundo lugar, de las enseñanzas de Martín
Lutero.
A. El problema del Modernismo
La comprensión católica de la revelación divina es frecuentemente
negada por los teólogos contemporáneos, y esta negación ha llevado a una
extendida confusión entre los católicos sobre la naturaleza de la
revelación divina y la fe. Para prevenir cualquier malentendido que
pudiera surgir a partir de esta confusión, y para justificar nuestra
afirmación sobre la actual propagación de herejías dentro de la Iglesia,
describiremos la comprensión católica de la revelación divina y la fe,
que es asumida en este documento.
Esta descripción también es necesaria para responder a los pasajes de
Amoris laetitia donde se afirma que se debería seguir las enseñanzas de
Cristo y del magisterio de la Iglesia. Estos pasajes incluyen los
siguientes: “Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de
doctrina y de praxis” (AL 3). “Fieles a las enseñanzas de Cristo,
miramos la realidad de la familia hoy en toda su complejidad” (AL 32).
“Es preciso redescubrir el mensaje de la Encíclica Humanae vitae y la
Exhortación apostólica Familiaris consortio” (AL 222). “Las palabras del
Maestro (cf. Mt 22:30) y las de san Pablo (cf. 1 Co 7:29-31) sobre el
matrimonio, están insertas —no casualmente— en la dimensión última y
definitiva de nuestra existencia, que necesitamos recuperar” (AL 325).
Estos pasajes podrían ser vistos como asegurando que nada en Amoris
laetitia sirve para propagar errores contrarios a la enseñanza católica.
Una descripción de la verdadera naturaleza de la adherencia a la
enseñanza católica clarificará nuestra aserción de que Amoris laetitia,
en efecto sirve para propagar tales errores.
Por lo tanto, le pedimos a Su Santidad que se nos permita recordarlas
siguientes verdades, que son enseñadas por la Sagrada Escritura, la
Sagrada Tradición, el consenso universal de los Padres y el magisterio
de la Iglesia, que resumen la enseñanza católica sobre la fe, la
revelación divina, la enseñanza magisterial infalible y la herejía:
- Los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, cuyo carácter histórico la Iglesia afirma sin vacilación, transmiten fielmente lo que Jesucristo, mientras vivía entre los hombres, hizo y enseñó realmente para su salvación eterna hasta el día en que Él fue elevado hasta el cielo.9
- Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. En consecuencia, todas sus enseñanzas son enseñanzas de Dios mismo.10
- Todas las proposiciones que están contenidas en la fe católica son verdades comunicadas por Dios.11
- Al creer estas verdades con un asentimiento que es un acto de la virtud teologal de la fe, estamos creyendo el testimonio del hablante. El acto de fe divina es una forma particular de la actividad intelectual general de creer en una proposición porque un hablante la afirma, y porque el hablante es considerado como honesto y conocedor con respecto a la afirmación que está haciendo. En un acto de fe divina, se le cree a Dios cuando Él dice algo y se le cree porque Él es Dios y, por ello, es conocedor y veraz.12
- La creencia en el testimonio divino difiere de la creencia en el testimonio de los seres humanos, que no son divinos, porque Dios es omnisciente y perfectamente bueno. En consecuencia, Él no puede ni mentir ni ser engañado. Así, es imposible que el testimonio divino sea erróneo. Ya que las verdades de la fe católica nos son comunicadas por Dios, el asentimiento de fe que es dado a ellas es sumamente cierto. Un creyente católico no puede tener fundamentos racionales para dudar o descreer de cualquiera de estas verdades.13
- La razón humana puede establecer por sí misma la verdad de la fe católica basada en la evidencia públicamente disponible del origen divino de la Iglesia Católica, pero tal razonamiento no puede producir un acto de fe. La virtud teologal de la fe y el acto de fe pueden ser producidos sólo por la gracia divina. Una persona que tenga esta virtud, pero luego libre y a sabiendas elija descreer de una verdad de la fe católica, peca mortalmente y pierde la vida eterna.14
- La verdad de una proposición consiste en su decir, de lo que es, que es; escolásticamente expresado, consiste en la adaequatio rei et intellectus. Cada verdad es como tal verdadera, sin importar por quién o cuándo o en qué circunstancias sea considerada. Ninguna verdad puede contradecir cualquier otra verdad.15
- La fe católica no agota toda la verdad sobre Dios, porque sólo el intelecto divino puede comprender completamente el Ser divino. Sin embargo, cada verdad de la fe católica es entera y completamente verdadera, por cuanto las características de la realidad que tal verdad describe son exactamente como estas verdades las presentan que son. No hay diferencia entre el contenido de las enseñanzas de la fe y cómo las cosas son.16
- El discurso divino que comunica las verdades de la fe católica es expresado en lenguajes humanos. El texto inspirado de las Sagradas Escrituras, griego y hebreo, es él mismo pronunciado por Dios en todas sus partes. No es simplemente un reporte o interpretación humana de la revelación divina, y ninguna parte de su significado se debe sólo a causas humanas. Al creer en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras estamos creyendo directamente a Dios. No estamos creyendo en las afirmaciones hechas por Dios sobre la base de creer en el testimonio de alguna otra persona o personas no-divinas.17
- Cuando la Iglesia Católica enseña infaliblemente que una proposición es una parte divinamente revelada de la fe católica y que se debe creer con el asentimiento de la fe, los católicos que asienten a esta enseñanza creen en lo que Dios ha comunicado, y creen en ello a causa de que Él lo ha dicho.18
- Los lenguajes en los cuales la revelación divina es expresada, y las culturas e historias que determinaron estos lenguajes, no limitan, ni distorsionan, ni agregan algo a la revelación divina que es expresada en ellos. Ninguna parte o aspecto de las Sagradas Escrituras o de la enseñanza infalible de la Iglesia concerniente al contenido de la revelación divina es producido sólo por los lenguajes y condiciones históricas en los cuales son expresados, y no por la acción de Dios al comunicar estas verdades. Por ello, ninguna parte del contenido de la enseñanza de la Iglesia puede ser revisada o rechazada sobre la base de que sea producida por circunstancias históricas más que por la revelación divina.19
- La enseñanza magisterial de la Iglesia posterior a la muerte del último apóstol debe ser entendida y creída como un único todo. No está dividida entre un magisterio pasado y un magisterio contemporáneo o viviente, que pueda ignorar la enseñanza magisterial anterior o revisarla a voluntad.20
- El Papa, quien tiene la suprema autoridad dentro de la Iglesia, no está él mismo exento de la autoridad de la Iglesia, de acuerdo con la ley divina y eclesiástica. Está sujeto a aceptar y mantener la enseñanza definitiva de sus predecesores en el oficio papal.21
- Una proposición herética es una proposición que contradice una verdad divinamente revelada que está incluida dentro la fe católica.22
- El pecado de herejía es cometido por una persona que posee la virtud teologal de la fe, pero posteriormente, de manera libre y conciente,elige descreer o dudar de una verdad de la fe católica. Tal persona peca mortalmente y pierde la vida eterna. El juicio de la Iglesia sobre el pecado personal de herejía es ejercido sólo por un sacerdote en el sacramento de la Penitencia.23
- El crimen canónico de herejía es cometido cuando un católico a) públicamente duda o niega una o más verdades de la fe católica, o públicamente rehúsa dar asentimiento a una o más verdades de la fe católica, pero no duda o niega todas estas verdades o niega la existencia de la revelación cristiana, y b) es pertinaz en esta negación. La pertinacia consiste en que la persona en cuestión continúe dudando o negando públicamente una o más verdades de la fe católica después de haber sido advertido por una autoridad eclesiástica competente de que su duda o negación es un rechazo de una verdad de la fe, y que esta duda o negación debe ser abandonada y que la verdad en cuestión debe ser públicamente afirmada como divinamente revelada por la persona que es advertida.24
Las descripciones anteriores del pecado personal de herejía y del
crimen canónico de herejía son dadas sólo para poder excluirlas del
asunto de nuestra protesta. Sólo nos conciernen las proposiciones
heréticas propagadas por las palabras, hechos y omisiones de Su
Santidad. No tenemos la competencia, ni tampoco la intención, de abordar
el aspecto canónico de la herejía.
* * *
B. La influencia de Martín Lutero
En segundo lugar, nos sentimos obligados en consciencia a referirnos a
las simpatías sin precedentes de Su Santidad por Martín Lutero, y a la
afinidad entre las ideas de Lutero sobre la ley, la justificación y el
matrimonio y aquellas enseñadas o favorecidas por Su Santidad en Amoris
Laetitia y en otros sitios25. Esto es necesario, a fin de
complementar nuestra protesta contra las siete proposiciones heréticas
enumeradas en este documento; deseamos mostrar, aunque sea de manera
sumaria, que tales errores no son desprovistos de una relación
recíproca, sino que más bien forman parte de un sistema herético. Los
católicos deben ser advertidos, no sólo contra estos siete errores, sino
también contra este sistema herético como tal, en razón, en particular,
del elogio dirigido por Su Santidad al hombre que lo originó.
Así, en una conferencia de prensa el 26 de junio de 2016, Su Santidad afirmó:
Creo que las intenciones de Martín Lutero
no eran equivocadas, era un reformador. Tal vez algunos métodos no eran
los indicados, pero en aquel entonces, si leemos por ejemplo la
historia del Pastor ―un luterano alemán que, cuando vio la realidad de
aquel tiempo, se convirtió y se hizo católico― vemos que la Iglesia no
era precisamente un modelo que imitar. En la Iglesia había corrupción,
mundanidad, apego al dinero y al poder. Y por esto él protestó. Además,
él era una persona inteligente. Dio un paso hacia adelante, justificando
el motivo por el que lo hacía. Y hoy, luteranos y católicos, junto con
todos los protestantes, estamos de acuerdo con la doctrina de la
justificación. Y sobre este punto tan importante no se había equivocado.26
En su homilía en la Catedral Luterana de Lund, Suecia, el 31 de octubre de 2016, Su Santidad afirmó:
Católicos y luteranos hemos empezado a
caminar juntos por el camino de la reconciliación. Ahora, en el contexto
de la conmemoración común de la Reforma de 1517, tenemos una nueva
oportunidad para acoger un camino común, que ha ido conformándose
durante los últimos 50 años en el diálogo ecuménico entre la Federación
Luterana Mundial y la Iglesia Católica. No podemos resignarnos a la
división y al distanciamiento que la separación ha producido entre
nosotros. Tenemos la oportunidad de reparar un momento crucial de
nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo
han impedido que nos comprendiéramos unos a otros.
Jesús nos dice que el Padre es el dueño
de la vid (cf. v. 1), que la cuida y la poda para que dé más fruto (cf.
v. 2). El Padre se preocupa constantemente de nuestra relación con
Jesús, para ver si estamos verdaderamente unidos a él (cf. v. 4). Nos
mira, y su mirada de amor nos anima a purificar nuestro pasado y a
trabajar en el presente para hacer realidad ese futuro de unidad que
tanto anhela.
También nosotros debemos mirar con amor y
honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón:
solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma
honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición
originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha
sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más
que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar
necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor. Sin
embargo, había una voluntad sincera por ambas partes de profesar y
defender la verdadera fe, pero también somos conscientes que nos hemos
encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los
demás profesan con un acento y un lenguaje diferente.
[…]
La experiencia espiritual de Martín
Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios.
“¿Cómo puedo tener un Dios propicio?”. Esta es la pregunta que perseguía
constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación
con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero
encontró a ese Dios propicio en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado,
muerto y resucitado. Con el concepto de “sólo por la gracia divina”, se
nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede
cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa
respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la
esencia de la existencia humana delante de Dios.27
Además de afirmar que Martín Lutero estaba en lo correcto sobre la
justificación, y en estrecho acuerdo con tal visión, Su Santidad ha
declarado más de una vez que nuestros pecados son el lugar donde
encontramos a Cristo (como en sus homilías del 4 de septiembre y del 18
de septiembre de 2014), justificando esta opinión con San Pablo, quien
en realidad se gloría de sus propias “debilidades” (“astheneíais”, cf. 2
Cor. 12:5, 9) y no de sus pecados, para que el poder de Cristo pueda
habitar en él.28 En un discurso a los miembros de Comunión y Liberación el 7 de marzo de 2015, Su Santidad dijo:
El lugar privilegiado del encuentro es la
caricia de la misericordia de Jesucristo a mi pecado. Y por eso,
algunas veces, me habéis oído decir que el sitio, el lugar privilegiado
del encuentro con Jesucristo es mi pecado.29
Además, y aparte de otras proposiciones de Amoris laetitia que han
sido listadas en una carta enviada a todos los cardenales y patriarcas
católicos orientales, y que han sido allí calificadas como heréticas,
erróneas o ambiguas, leemos también esto:
Sin embargo, no conviene confundir planos
diferentes: no hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo
peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe
entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica ‘un
proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración
de los dones de Dios’ (AL 122).
Aunque es verdad que el signo sacramental
del matrimonio implica un proceso dinámico hacia la santidad, está
fuera de duda que por medio del signo sacramental la unión de Cristo con
su Iglesia es perfectamente reproducida por la gracia en la pareja
casada. No es una cuestión de imponer una carga tremenda sobre dos
personas limitadas, sino más bien de reconocer la obra del sacramento y
de la gracia (res et sacramentum).
Sorprendentemente advertimos aquí, como en muchas otras partes de
esta Exhortación Apostólica, una relación cercana con la denigración del
matrimonio por parte de Lutero. Para el revolucionario alemán, la
concepción católica de un sacramento como efectivo ex opere operato, en
un modo supuestamente ‘mecánico’, es inaceptable. Aunque mantiene la
distinción de signum et res, después de 1520, con El exilio babilónico
de la Iglesia, ya no la aplica más al matrimonio. Lutero niega que el
matrimonio tenga cualquier referencia a la sacramentalidad, sobre la
base de que en ningún lugar de la Biblia leemos que el hombre que se
casa con una mujer reciba una gracia de Dios, y de que tampoco leemos en
ningún lugar que el matrimonio fuera instituido por Dios para ser un
signo de algo. Él afirmó que el matrimonio es un mero símbolo, agregando
que aunque pueda representar la unión de Cristo con la Iglesia, tales
figuras y alegorías no son sacramentos en el sentido en el cual usamos
el término (cf. Luther’s Works {LW} 36:92). Por esta razón, el
matrimonio -cuyo objetivo fundamental es concebir hijos y educarlos en
los caminos de Dios (cf. LW 44:1112)- según Lutero pertenece al orden de
la creación y no a aquel de la salvación (cf. LW 44:11-12); éste es
dado sólo para aplacar el fuego de la concupiscencia y como un bastión
contra el pecado.
Además, comenzando con su visión personal sobre cómo la naturaleza
humana está corrompida por el pecado, Lutero está consciente de que el
hombre no siempre está preocupado de respetar la ley de Dios. Por lo
tanto, está convencido de que hay una doble manera por la cual Dios
gobierna la humanidad, a la cual corresponde una doble visión moral
sobre el matrimonio y el divorcio. Así, el divorcio es generalmente
admitido por Lutero en caso de adulterio, pero sólo para las personas
no-espirituales.
Su razonamiento es que hay dos formas de gobierno divino en este
mundo: el espiritual y el temporal. Por medio de su gobierno espiritual,
el Espíritu Santo lleva a los cristianos y a las personas rectas bajo
el Evangelio de Cristo; por medio de su gobierno temporal, Dios refrena a
los no-cristianos y a los perversos para mantener una paz externa (cf.
LW 45:91). Dos son también las leyes que regulan la vida moral: una es
espiritual, para aquellos que viven bajo la influencia del Espíritu
Santo, la otra es temporal o mundana, para aquellos que no pueden
cumplir con la espiritual (cf. LW 45:88-93). Esta doble visión moral es
aplicada por Lutero al adulterio en referencia a Mt. 5:32: por ello, los
cristianos no deben divorciarse incluso en caso de adulterio (la ley
espiritual); pero el divorcio existe y fue concedido por Moisés a causa
del pecado (la ley mundana). Así, el permiso para divorciarse es visto
como un límite puesto por Dios sobre las personas carnales para refrenar
su mal comportamiento y prevenir que actúen peor a causa de su
perversión (cf. LW 45:31).
¿Cómo podemos no ver aquí una cercana similitud con lo que ha sido
sugerido por Su Santidad en Amoris laetitia? Por un lado, el matrimonio
está supuestamente salvaguardado como un sacramento, mientras que, por
otro lado, el divorcio y el nuevo matrimonio son considerados
‘misericordiosamente’ como un status quo a ser integrado – aunque sólo
“pastoralmente”– dentro de la vida de la Iglesia, contradiciendo así
abiertamente la palabra de nuestro Señor. Lutero fue conducido a aceptar
el nuevo matrimonio por su identificación de la concupiscencia con el
pecado; pues reconoció el matrimonio como un remedio para la
concupiscencia. En realidad, la concupiscencia no es pecaminosa como
tal, así como el nuevo matrimonio no es un status cuando uno tiene un
cónyuge vivo, sino una privación de verdad.
Sin embargo, la autocontradicción de Lutero, generada por su visión
doble del matrimonio –visto él mismo como algo que pertenece propiamente
a la Ley y no al Evangelio– es entonces supuestamente superada por la
primacía de la fe: una “confianza cordial” para adherir subjetivamente a
Dios. Él afirma que la fe justifica al hombre en tanto la justicia que
castiga se retira hacia la misericordia y es cambiada permanentemente en
amor que perdona. Esto se hace posible a partir de un “feliz
intercambio” (fröhlicher Wechseln) por medio del cual el pecador puede
decir a Cristo: “Tú eres mi rectitud tal como yo soy tu pecado” (LW
48:12; cf. también 31:351; 25:188). Por medio de este “intercambio
feliz”, Cristo se convierte en el único pecador y nosotros estamos
justificados a través de la aceptación de la Palabra en la fe.
En Su peregrinaje a Fátima para el comienzo de este centenario
providencial, Su Santidad claramente aludió a tal visión luterana sobre
la fe y la justificación, afirmando el 12 de mayo de 2017:
Cometemos una gran injusticia contra Dios
y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son
castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que
son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al
juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la
luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega
la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro
pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó
por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de
Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier
clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado
(cf. 1 Jn 4:18).30
El Evangelio no enseña que todos los pecados vayan de hecho a ser
perdonados, ni que sólo Cristo haya experimentado el ‘juicio’ o la
justicia de Dios, dejando sólo la misericordia para el resto de la
humanidad. Aunque hay un ‘sufrimiento vicario’ de nuestro Señor para
expiar nuestros pecados, no hay un ‘castigo vicario’, pues Cristo fue
hecho “pecado para nosotros” (cf. 2 Cor. 5:21) y no un pecador. A partir
del amor divino, y no como el objeto de la cólera de Dios, Cristo
ofreció el sacrificio supremo de salvación para reconciliarnos con Dios,
tomando sobre sí sólo las consecuencias de nuestros pecados (cf. Gal
3:13). Por ello, para que podamos ser justificados y salvados, no es
suficiente tener fe en que nuestros pecados han sido removidos por un
supuesto castigo vicario; nuestra justificación radica en una
conformidad con nuestro Salvador alcanzada por medio de aquella fe que
actúa a través de la caridad (cf. Gal 5:6).
Santo Padre, permítanos también expresar nuestra sorpresa y tristeza
ante dos eventos ocurridos en el corazón de la Iglesia, los cuales
igualmente hablan del favor del cual el heresiarca alemán goza en Su
pontificado. El 15 de enero de 2016 se concedió a grupo de luteranos
fineses la Santa Comunión en el curso de la celebración de la Santa Misa
que tuvo lugar en la basílica de San Pedro. El 13 de octubre de 2016,
Su Santidad presidió una reunión de católicos y luteranos en el
Vaticano, dirigiéndose a ellos desde un escenario sobre el cual se había
erigido una estatua de Martín Lutero.
***
1. Denzinger-Hünermann {DH} 3117, carta apóstolica Mirabilis illa constantia, 4 de marzo, 1875.
2. Relatio de la Comisión Teológica sobre el n. 22 de Lumen gentium, en Acta Synodalia, III/I, p. 247.
3Esta sección, por tanto, contiene la Correctio
propiamente tal, y es aquella que los firmantes principal y directamente
suscriben.
4http://es.radiovaticana.va/news/2016/04/08/presentaci%C3%B3n_del_cardenal_sch%C3%B6nborn
_de_%E2%80%9Camoris_laetitia%E2%80%9D/1221248
5 http://en.radiovaticana.va/news/2016/09/12/pope_endorses_argentine_bishops_document_on_am oris_laetitia/1257635
6 https://www.ncronline.org/news/vatican/new-cardinal-farrell-amoris-laetitia-holy-spirit-speaking
7 Por medio de estas palabras, hechos y omisiones, y por medio de los
pasajes arriba mencionados del documento Amoris laetitia, Su Santidad
ha apoyado, directa o indirectamente, y propagado dentro la Iglesia, con
un grado de consciencia que no buscamos juzgar, tanto por oficio
público como por acto privado las siguientes proposiciones falsas y
heréticas:
1). ‘Una persona justificada no tiene la
fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de
la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera
imposible para los justificados; o como significando que la gracia de
Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce
invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado
grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.’
2). ‘Los católicos que han obtenido el
divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han
contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de
su cónyuge, y que viven more uxorio con su pareja civil, y que eligen
permencer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su
acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están
necesarimente en un
estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.’
3). ‘Un creyente católico puede tener
pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente
en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como
resultado de este acto.’
4). ‘Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.’
5). ‘La conciencia puede juzgar verdadera
y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído
un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté
sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente
correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.’ 6). ‘Los principios
morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en
la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente
ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa
de su objeto.’
7). ‘Nuestro Señor Jesucristo quiere que
la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a
los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los
divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni
el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida Dios.’
8 Estas son las referencias que fueron incluidas en la carta a los cardenales y patriarcas para estas siete proposiciones:
- Concilio de Trento, sesión 6, canon 18: “Si alguno dijere, que es imposible al hombre, aun justificado y constituido en gracia, observar los mandamientos de Dios; sea excomulgado.” (DH 1568).
Véase también: Gen. 4:7; Deut. 30:11-19; Ecli. 15: 11-22; Mc. 8:38;
Lc. 9:26; Heb. 10:26-29; 1 Jn. 5:17; Zósimo, 15° (o 16°) Sínodo de
Cartago, canon 3 sobre la gracia, DH 225; Félix III, Segundo Sínodo de
Orange, DH 397; Concilio de Trento, Sesión 5, canon 5; Sesión 6, cánones
18-20, 22, 27 y 29; Pío V, Bula Ex omnibus afflictionibus, Sobre los
errores de Michael du Bay, 54, (DH 1954); Inocencio X, Constitución Cum
occasione, Sobre los errores de Cornelius Jansen, 1 (DH 2001); Clemente
XI, Constitución Unigenitus, Sobre los errores de Pasquier Quesnel, 71
(DH 2471); Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et
paenitentia 17: AAS 77 (1985): 222; Veritatis splendor 65-70: AAS 85
(1993): 1185-89 (DH 4964-67)
- 10:11-12: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.”
Véase también: Ex. 20:14; Mt. 5:32, 19:9; Lc. 16:18; 1 Cor. 7: 10-11;
Heb. 10:26-29; Concilio de Trento, Sesión 6, cánones 19-21, 27 (DH
1569-71, 1577); Sesión 24, cánones 5 y 7 (DH 1805, 1807); Inocencio XI,
Proposiciones condenadas de los ‘Laxistas’, 62-63 (DH 2162-63);
Alejandro VIII, Decreto del Santo Oficio sobre el ‘Pecado Filosófico’,
DH 2291; Juan Pablo II, Veritatis splendor, 65-70: AAS 85 (1993):
1185-89 (DH 4964-67).
- Concilio de Trento, sesión 6, canon 20: “Si alguno dijere, que el hombre justificado, por perfecto que sea, no está obligado a observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino sólo a creer; como si el Evangelio fuese una mera y absoluta promesa de la salvación eterna sin la condición de guardar los mandamientos; sea excomulgado.” (DH 1570).
Véase también: Mc. 8:38; Lc. 9:26; Heb. 10:26-29; 1 Jn. 5:17;
Concilio de Trento, sesión 6, cánones 19 y 27; Clemente XI, Constitución
Unigenitus, Sobre los errores de Pasquier Quesnel, 71 (DH 2471); Juan
Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia 17: AAS 77
(1985): 222; Veritatis splendor, 6570: AAS 85 (1993): 1185-89 (DH
4964-67).
- 19:8: “La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma.”
Véase también: Eclo. 15:21; Concilio de Trento, sesión 6, canon 20;
Clemente XI, Constitución Unigenitus, Sobre los errores de Pasquier
Quesnel, 71 (DH 2471); León XIII, Libertas praestantissimum, ASS 20
(1887-88): 598 (DH 3248); Juan Pablo II, Veritatis splendor, 40: AAS 85
(1993): 1165 (DH 4953).
- Concilio de Trento, sesión 6, canon 21: “Si alguno dijere, que Jesucristo fue enviado por Dios a los hombres como redentor en quien confíen, pero no como legislador a quien obedezcan; sea excomulgado.” (DH 1571).
Concilio de Trento, sesión 24, canon 2: “Si alguno dijere, que es
lícito a los cristianos tener a un mismo tiempo muchas mujeres, y que
esto no está prohibido por ninguna ley divina; sea excomulgado.” (DH
1802).
Concilio de Trento, sesión 24, canon 5: “Si alguno dijere, que se
puede disolver el vínculo del Matrimonio por la herejía, o cohabitación
molesta, o ausencia afectada del consorte; sea excomulgado.” (DH 1805)
Concilio de Trento, sesión 24, canon 7: “Si alguno dijere, que la
Iglesia yerra cuando ha enseñado y enseña, según la doctrina del
Evangelio y de los Apóstoles, que no se puede disolver el vínculo del
Matrimonio por el adulterio de uno de los dos consortes; y cuando enseña
que ninguno de los dos, ni aun el inocente que no dio motivo al
adulterio, puede contraer otro Matrimonio viviendo el otro consorte; y
que cae en fornicación el que se casare con otra dejada la primera por
adúltera, o la que, dejando al adúltero, se casare con otro; sea
excomulgado.” (DH 1807).
Véase también: Ps. 5:5; Ps. 18:8-9; Ecli. 15:21; Heb. 10:26-29; Stgo.
1:13; 1 Jn. 3:7; Inocencio XI, Proposiciones condenadas de los
‘Laxistas’, 62-63 (DH 2162-63); Clemente XI, Constitución Unigenitus,
Sobre los errores de Pasquier Quesnel, 71 (DH 2471); León XIII, Carta
encíclica Libertas praestantissimum, ASS 20 (1887-88): 598 (DH 3248);
Pío XII, Decreto del Santo Oficio sobre la “ética de situación”, DH
3918; Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, 16;
Juan Pablo II, Veritatis splendor, 54: AAS 85 (1993): 1177; Catecismo de
la Iglesia Católica, 1786-87.
- Juan Pablo II, Veritatis splendor 115: “Cada uno de nosotros conoce la importancia de la doctrina que representa el núcleo de las enseñanzas de esta encíclica y que hoy volvemos a recordar con la autoridad del sucesor de Pedro. Cada uno de nosotros puede advertir la gravedad de cuanto está en juego, no sólo para cada persona sino también para toda la sociedad, con la reafirmación de la universalidad e inmutabilidad de los mandamientos morales y, en particular, de aquellos que prohiben siempre y sin excepción los actos intrínsecamente malos.” (DH 4971).
Véase también: Rom. 3:8; 1 Cor. 6: 9-10; Gal. 5: 19-21; Apoc. 22:15;
IV Concilio de Letrán, capítulo 22 (DH 815); Concilio de Constanza, Bula
Inter cunctas, 14 (DH 1254); Pablo VI, Humanae vitae, 14: AAS 60 (1968)
490-91; Juan Pablo II, Veritatis splendor, 83: AAS 85 (1993): 1199 (DH
4970).
- 1 Cor. 11:27: “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.”
Familiaris consortio, 84: “La reconciliación en el sacramento de la
penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede
darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la
Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una
forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto
lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por
motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden
cumplir la obligación de la separación, ‘asumen el compromiso de vivir
en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los
esposos’.”
II Concilio de Letrán, canon 20: “Ya que hay una cosa que claramente
causa gran alboroto a la Santa Iglesia, a saber, la falsa penitencia,
alertamos a nuestros hermanos en el episcopado y a los sacerdotes que no
permitan que las almas de los laicos sean engañadas o conducidas al
infierno por falsas penitencias. Es cierto que una penitencia es falsa
cuando muchos pecados son ignorados y una penitencia es realizada por
uno solo, o cuando es hecha por un pecado, del tal modo que el penitente
no renuncia a otro.” (DH 717)
Véase también: Mt. 7:6; Mt. 22: 11-13; 1 Cor. 11:28-30; Heb. 13:8;
Concilio de Trento, sesión 14, Decreto sobre la penitencia, cap. 4;
Concilio de Trento, sesión 13, Decreto sobre la Santísima Eucaristía (DH
1646-47)); Inocencio XI, Proposiciones condenadas de los ‘Laxistas’,
60-63 (DH 2160-63); Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica,
1385, 1451, 1490.
9 Clemente VI, Super quibusdam, al Catholikón de los
Armenios, cuestión 14, DH 1065: “Preguntamos si has creído y crees que
el Nuevo y Antiguo Testamento, en todos sus libros, los cuales la
autoridad de la Iglesia Romana nos ha heredado, contienen verdad
indubitable en todas las cosas.”
Concilio Vaticano II, Dei verbum 18-19: “Pues lo que los Apóstoles
predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiración del
Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por
escrito, como fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro
redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La Santa Madre Iglesia
firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos
Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo
que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó
realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al
cielo.”
Véase también: Lc. 1:1-4; Jn. 19:35; 2 Pet. 1:16; Pío IX, Syllabus,
7; León XIII, Providentissimus Deus, ASS 26 (1893-94): 276-77; Pío X,
Lamentabili sane, 13-17; Praestantia scripturae, ASS 40 (1907): 724ff.
101 Jn. 5:10: “Quien cree en el Hijo de Dios tiene el
testimonio en sí mismo. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque
no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.”
Concilio de Calcedonia, “Siguiendo a los santos padres, todos
nosotros enseñamos con una sola voz la confesión de uno e igualmente
hijo, nuestro Señor Jesucristo: igualmente perfecto en divinidad y
perfecto en humanidad, igualmente verdadero Dios y verdadero hombre, de
un alma racional y un cuerpo; consustancial con el Padre en cuanto a su
divinidad, e igualmente consustancial con nosotros en cuanto a su
humanidad.”
Concilio Vaticano II, Dei verbum 4: “Después que Dios habló muchas
veces y de muchas maneras por los Profetas, ‘últimamente, en estos días,
nos habló por su Hijo’. Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo
eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y
les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho
carne, ‘hombre enviado, a los hombres’, ‘habla palabras de Dios’.” Véase
también: Mt. 7:29; Mt. 11:25-27; Mc. 1:22; Lc 4:32; Jn 1:1-14; Pío X,
Lamentabili sane, 27.
11Concilio Vaticano I, Dei Filius, 3: “La Iglesia Católica
profesa que esta fe, que es ‘principio de la salvación humana’, es una
virtud sobrenatural, por medio de la cual, con la inspiración y ayuda de
la gracia de Dios, creemos como verdadero aquello que Él ha revelado.”
Pío X, Lamentabili sane, 23 (proposición condenada): “Los dogmas que
la Iglesia tiene por revelados no son verdades que hayan descendido
desde el cielo.”
Véase también: 1 Thess. 2:13; Pío X, Lamentabili sane, 23-26;
Pascendi dominici gregis, ASS 40 (1907): 611; Pablo VI, Declaración
Mysterium Ecclesiae de la Congregación para la Doctrina de la Fe, DH
4538.
12Jn. 3:11: “En verdad, en verdad te digo: nosotros
hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.”
Jn. 14:6: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
1 Jn. 5:9-10: “Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el
testimonio de Dios, pues este es el testimonio de Dios, que ha
testimoniado acerca de su Hijo. Quien cree en el Hijo de Dios tiene el
testimonio en sí mismo. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque
no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, cap. 3, can. 2: “Si alguno dijere
que la fe divina no se distingue del conocimiento natural sobre Dios y
los asuntos morales, y que por consiguiente no se requiere para la fe
divina que la verdad revelada sea creída por la autoridad de Dios que
revela: sea anatema.”
Pío X, Lamentabili sane, 26 (proposición condenada): “Los dogmas de
fe tienen que ser sostenidos sólo de acuerdo a su sentido práctico; es
decir, como normas preceptivas de conducta y no como normas de
creencia.”
Pío X, Juramento contra los errores del modernismo, DH 3542:
“Mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la fe no es un
sentido religioso ciego que surge de las profundidades del
subconsciente, bajo el impulso del corazón y el movimiento de la
voluntad moralmente informada, sino que un verdadero asentimiento de la
inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente, asentimiento por el
cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad
es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el
Dios personal, nuestro creador y nuestro Señor.”
Véase también: Jn. 8:46, 10:16; Rom. 11:33; Heb. 3:7, 5:12; Pío IX,
Qui pluribus, Acta (Roma, 1854) 1/1, 6-13; Syllabus, 4-5; Pío X,
Lamentabili sane, 20; Pascendi dominici gregis, ASS 40 (1907): 604ss;
Juan Pablo II, Declaración Dominus Iesus sobre la Unicidad y
Universalidad Salvífica de Jesucristo y la Iglesia, 7.
13Num. 23:19: “No es Dios un hombre, para mentir.”
Pío IX, Qui pluribus, DH 2778:“¿Quién es o puede ser ignorante de que
toda fe se le debe a Dios que habla y que nada es más adecuado para la
razón misma que asentir y firmemente adherir a lo que se ha determinado
que es revelado por Dios, quien no puede ni engañar ni ser engañado?”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, DH 3008: “La Iglesia Católica
profesa que esta fe, que es ‘principio de la salvación humana’, es una
virtud sobrenatural, por medio de la cual, con la inspiración y ayuda de
la gracia de Dios, creemos como verdadero aquello que Él ha revelado,
no porque percibamos su verdad intrínseca por la luz natural de la
razón, sino por la autoridad de Dios mismo que revela y no puede engañar
ni ser engañado.”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, cap. 3, can. 6: “Si alguno dijere
que la condición de los fieles y de aquellos que todavía no han llegado a
la única fe verdadera es igual, de manera que los católicos pueden
tener una causa justa para poner en duda, suspendiendo su asentimiento,
la fe que ya han recibido bajo el magisterio de la Iglesia, hasta que
completen una demostración científica de la credibilidad y verdad de su
fe: sea anatema.”
Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 12: “La totalidad de los fieles,
que tienen la unción del Santo, no puede equivocarse cuando cree.”
Pablo VI, Declaración Mysterium Ecclesiae de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, DH 4538: “Todos los dogmas, por el hecho de haber
sido revelados, han de ser creídos con la misma fe divina.” Véase
también: Ap. 3:14; Inocencio XI, Proposiciones condenadas de los
“laxistas”, 20-21, DH 2120-21; Pío IX, Syllabus, 15-18; Pío X,
Lamentabili sane, 25.
14Mc. 16:20: “Ellos salieron a predicar por todas partes,
colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales
que la acompañaban.”
2 Cor. 3:5: “No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos
cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de
Dios.”
1 Pet. 3:15: “Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones,
siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de
vuestra esperanza.”
Tit. 3:10-11: “Al sectario, después de una y otra amonestación,
rehúyele; ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su
propia sentencia.”
Apoc. 22:19: “Y si alguno quita algo a las palabras de este libro
profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la
Ciudad Santa.”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, cap. 3: “Para que el obsequio de
nuestra fe sea de acuerdo a la razón, quiso Dios que a la asistencia
interna del Espíritu Santo estén unidas indicaciones externas de su
revelación, esto es, hechos divinos y, ante todo, milagros y profecías,
que, mostrando claramente la omnipotencia y conocimiento infinito de
Dios, son signos ciertísimos de la revelación y son adecuados al
entendimiento de todos. Por eso Moisés y los profetas, y especialmente
el mismo Cristo Nuestro Señor, obraron muchos milagros absolutamente
claros y pronunciaron profecías […] Para que podamos cumplir nuestro
deber de abrazar la verdadera fe y perseverar inquebrantablemente en
ella, Dios, mediante su Hijo Unigénito, fundó la Iglesia y la proveyó
con notas claras de su institución, para que pueda ser reconocida por
todos como custodia y maestra de la Palabra revelada. Sólo a la Iglesia
Católica pertenecen todas aquellas cosas, tantas y tan maravillosas, que
han sido divinamente dispuestas para la evidente credibilidad de la fe
cristiana.”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, cap. 3: “Si bien el asentimiento de
la fe no es de manera alguna un movimiento ciego de la mente, nadie
puede, sin embargo, ‘aceptar la predicación evangélica’ como es
necesario para alcanzar la salvación, ‘sin la inspiración y la
iluminación del Espíritu Santo, quien da a todos la facilidad para
aceptar y creer en la verdad’. Por lo tanto, la fe en sí misma, aunque
no opere mediante la caridad, es un don de Dios, y su acto es obra que
atañe a la salvación.”
Véase también: II Concilio de Orange, can. 7; Inocencio XI,
Proposiciones condenadas de los “laxistas”Condemned propositions of the
“Laxists” 20-21; Gregorio XVI, Tesis suscritas por Louis-Eugène Bautain,
6, DH 2756; Pío IX, Syllabus, 15-18; Pío X, Pascendi dominici gregis,
ASS 40 (1907): 596-97; Juramento contra los errores del modernismo, DH
3539; Pío XII, Humani generis, AAS 42 (1950): 571.
15Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 15: “Juzga
rectamente el hombre, que participa de la luz de la divina Mente, cuando
afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo
material. […] La inteligencia no se ciñe solamente a los fenómenos.
Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera
certeza.”
Juan Pablo II, Fides et Ratio, 27: “De por sí, toda verdad, incluso
parcial, si es realmente verdad, se presenta como universal. Lo que es
verdad, debe ser verdad para todos y siempre.”
Juan Pablo II, Fides et Ratio, 82: “Ésta es, pues, una segunda
exigencia: verificar la capacidad del hombre de llegar al conocimiento
de la verdad; un conocimiento, además, que alcance la verdad objetiva,
mediante
aquella adaequatio rei et intellectus a la que se refieren los Doctores de la Escolástica.”
Véase también: Pío XII, Humani generis, AAS 42 (1950): 562-63,
571-72, 574-75; Juan XXIII, Ad Petri cathedram, AAS 1959 (51): 501-2;
Juan Pablo II, Fides et Ratio, 4-10, 12-14, 49, 54, 83-85, 95-98.
161 Cor. 2:9-10: “Como dice la Escritura, anunciamos: lo
que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo
que Dios preparó para los que le aman. Porque a nosotros nos lo reveló
Dios por medio del Espíritu.”
1 Cor. 2:12-13: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,
sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios
nos ha otorgado, de las cuales también hablamos.”
Pío XII, Humani generis, DH 3882-83: “Algunos más audaces afirman que
esto se puede, y aún debe hacerse, porque los misterios de la fe —según
ellos— nunca se pueden significar con conceptos completamente
verdaderos, mas sólo con conceptos aproximativos —así los llaman ellos— y
siempre mutables, por medio de los cuales de algún modo se manifiesta
la verdad, sí, pero necesariamente también se desfigura. Por eso no
creen absurdo, antes lo creen necesario del todo, el que la teología,
según los diversos sistemas filosóficos que en el decurso del tiempo le
sirven de instrumento, vaya sustituyendo los antiguos conceptos por
otros nuevos, de tal suerte que con fórmulas diversas y hasta cierto
punto aun opuestas —equivalente, dicen ellos— expongan a la manera
humana aquellas verdades divinas. […] Por lo dicho es evidente que estas
tendencias no sólo conducen al llamado relativismo dogmático, sino que
ya de hecho lo contienen.”
Pablo VI, Declaración Mysterium Ecclesiae de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, DH 4540: “El significado mismo de las fórmulas
dogmáticas es siempre verdadero y coherente consigo mismo dentro de la
Iglesia, aunque pueda ser aclarado más y mejor comprendido. Es
necesario, por tanto, que los fieles rehúyan la opinión según la cual en
principio las fórmulas dogmáticas (o algún tipo de ellas) no pueden
manifestar la verdad de modo concreto, sino solamente aproximaciones
mudables que la deforman o alteran de algún modo; y que las mismas
fórmulas, además, manifiestan solamente de manera indefinida la verdad,
la cual debe ser continuamente buscada a través de aquellas
aproximaciones.”
Véase también: Pío X, Lamentabili sane, 4.
171 Ts. 2,13 “No cesamos de dar gracias a Dios porque, al
recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como
palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios.”
2 Tim. 3,16: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar.”
2 Pet. 1,20-21: “Ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse
por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad
humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de
parte de Dios.”
Pío XII, Divino afflante Spiritu AAS 35 (1943): 299-300:“No es lícito
en modo alguno, ‘o restringir la inspiración de la Sagrada Escritura a
algunas partes tan sólo, o conceder que erró el mismo sagrado escritor’,
siendo así que la divina inspiración ‘por sí misma no sólo excluye todo
error, sino que lo excluye y rechaza con la misma necesidad absoluta
con la que es necesario que Dios, Verdad suma, no sea en modo alguno
autor de ningún error. Esta es la antigua y constante fe de la Iglesia’.
Ahora bien: esta doctrina que con tanta gravedad expuso nuestro
predecesor León XIII, también Nos la proponemos con nuestra autoridad.”
Concilio Vaticano II, Dei verbum, 11: “La santa Madre Iglesia, según
la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del
Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo
la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales
se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los
libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus
propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por
ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él
quería.”
Véase también: Jn. 10:16, 35; Heb. 3:7, 5:12; León XIII,
Providentissimus Deus, DH 3291-92; Pío X, Lamentabili sane, 9-11;
Pascendi dominici gregis, ASS 40 (1907): 612-13;Benedicto XV, Spiritus
Paraclitus, AAS 12 (1920), 393; Pío XII, Humani generis, DH 3887.
181 Ts. 2:13 “No cesemos de dar gracias a Dios porque, al
recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como
palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios.”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, DH 3008, 3011: “La Iglesia Católica
profesa que esta fe, que es ‘principio de la salvación humana’, es una
virtud sobrenatural, por medio de la cual, con la inspiración y ayuda de
la gracia de Dios, creemos como verdadero aquello que Él ha revelado,
no porque percibamos su verdad intrínseca por la luz natural de la
razón, sino por la autoridad de Dios mismo que revela y no puede engañar
ni ser engañado. […] Por tanto, deben ser creídas con fe divina y
católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de
Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para
ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne,
sea por su magisterio ordinario y universal.”
Véase también: Jn. 10:16; Heb. 3:7, 5:12; Pío XII, Mystici corporis Christi, AAS 35 (1943): 216.
19Pío XII, Humani generis, DH 3883: “La Iglesia no puede
ligarse a un efímero sistema filosófico; pero las nociones y los
términos que los doctores católicos, con general aprobación, han ido
reuniendo durante varios siglos para llegar a obtener algún conocimiento
del dogma, no se fundan, sin duda, en cimientos tan deleznables. Se
fundan, realmente, en principios y nociones deducidas del verdadero
conocimiento de las cosas creadas; deducción realizada a la luz de la
verdad revelada, que, por medio de la Iglesia, iluminaba, como una
estrella, la mente humana. Por eso no es de admirar que algunas de estas
nociones hayan sido no sólo empleadas, sino también aprobadas por los
concilios ecuménicos, de tal suerte que no es lícito apartarse de
ellas.”
Pablo VI, Declaración Mysterium Ecclesiae de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, DH 4540: “El significado mismo de las fórmulas
dogmáticas es siempre verdadero y coherente consigo mismo dentro de la
Iglesia, aunque pueda ser aclarado más y mejor comprendido. Es
necesario, por tanto, que los fieles rehúyan la opinión según la cual en
principio las fórmulas dogmáticas (o algún tipo de ellas) no pueden
manifestar la verdad de modo concreto, sino solamente aproximaciones
mudables que la deforman o alteran de algún modo; y que las mismas
fórmulas, además, manifiestan solamente de manera indefinida la verdad,
la cual debe ser continuamente buscada a través de aquellas
aproximaciones.”
Juan Pablo II, Fides et Ratio, 87: “Se debe considerar además que,
aunque la formulación esté en cierto modo vinculada al tiempo y a la
cultura, la verdad o el error expresados en ellas se pueden reconocer y
valorar como tales en todo caso, no obstante la distancia
espacio-temporal.”
Juan Pablo II, Fides et Ratio, 95: “La palabra de Dios no se dirige a
un solo pueblo y a una sola época. Igualmente, los enunciados
dogmáticos, aun reflejando a veces la cultura del período en que se
formulan, presentan una verdad estable y definitiva.”
Juan Pablo II, Declaración Dominus Iesus sobre la Unicidad y
Universalidad Salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, 6: “La verdad
sobre Dios no es abolida o reducida porque sea dicha en lenguaje humano.
Ella, en cambio, sigue siendo única, plena y completa porque quien
habla y actúa es el Hijo de Dios encarnado.”
Véase también: Jn. 10:35; 2 Tim. 3:16; 2 Pet. 1:20-21; Apoc.
22:18-19; León XIII, Providentissimus Deus, DH 3288; Pío X, Lamentabili
sane, 4; Juan Pablo II, Fides et Ratio, 84.
20Gal. 1:9: “Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!”
Concilio Vaticano I, Dei Filius, cap. 4, can. 3: “Si alguno dijere
que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento,
pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido
distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema.”
Pío X, Juramento contra los errores del modernismo, DH 3541: “Recibo
sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han
transmitido de los Apóstoles, siempre con el mismo sentido y la misma
interpretación. Por esto rechazo absolutamente la suposición herética de
la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de
sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un
principio. Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el
depósito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante
custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia
humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres,
sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.”
Véase también: 1 Tim. 6: 20; 2 Tim. 1:13-14; Heb. 13:7-9; Judas 3;
Pío IX, Ineffabilis Deus, DH 2802; Pío X, Lamentabili sane, 21, 54, 50,
60, 62; Pascendi dominici gregis, ASS 40 (1907): 616ss.; Pío XII, Humani
generis, DH 3886; Pablo VI, Declaración Mysterium Ecclesiae de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, DH 4540.
21Concilio Vaticano I, Pastor aeternus DH 3070-71: “El
Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que
ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva
doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar
santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los
Apóstoles […]Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por
lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra,
de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de
todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por
ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el
sustento de la doctrina celestial.”
Concilio Vaticano II, Dei verbum¸ 10: “Pero el oficio de interpretar
auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado
únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce
en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está
sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que
le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu
Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con
fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone
como verdad revelada por Dios que se ha de creer.”
Véase también: Mt. 16:23; Graciano, Decretum, Parte 1, Distinción 40,
Capítulo 6; Inocencio III, Sermón II Sobre la Consagración del Supremo
Pontífice, ML, 656; Sermon IV Sobre la Consagración del Supremo
Pontífice, ML 670;Pío IX, carta Mirabilis illa constantia a los obispos
de Alemania, DH 3117 (cf. DH 3114).
22Cf. Juan Pablo II, 1983 Código de Derechocanónico, 751; Código de losCánones de las Iglesias Orientales, 1436.
23 Cf. Mc. 16:16; Jn. 3:18; Jn. 20:23; Rom. 14:4; Gal.
1:9; 1 Tim. 1:18-20; Judas 3-6; Concilio de Florencia, Cantate Domino,
DH 1351; Concilio de Trento, Sesión 14, can. 9.
24Cf. Mt. 18:17; Tit. 3:10-11; Pío X, Lamentabili sane, 7;
Juan Pablo II, Código de Derechocanónico, 751, 1364; Código de
losCánones de las Iglesias Orientales, 1436.
25Los firmantes no pretenden, en esta sección,
principalmente describir el pensamiento de Martín Lutero, tema sobre el
cual no todos poseen la misma competencia, sino más bien describir
ciertas falsas nociones del matrimonio, de la justificación y de la ley,
que les parecen haber inspirado AmorisLaetitia.
25 https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/june/documents/papafrancesco_20160626_armenia-conferenza-stampa.html
26 https://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2016/documents/papafrancesco_20161031_omelia-svezia-lund.html
27 http://en.radiovaticana.va/news/2014/09/04/pope_recognize_your_sins_and_be_transformed_by_ christ/1105890;
http://en.radiovaticana.va/news/2014/09/18/pope_at_santa_marta_the_courage_to_admit_we_are_s inners/1106766
28 https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/march/documents/papafrancesco_20150307_comunione-liberazione.html
29 https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2017/may/documents/papafrancesco_20170512_benedizione-candele-fatima.html
***
LISTADO DE FIRMANTES
Dr. Gerard J. M. van den Aardweg
Director para Europa del Empirical Journal of Same-Sex Sexual Behavior
Prof. Jean Barbey
Historiador y jurista. Ex docente de la Universidad de Maine
Claude Barthe
Sacerdote diocesano
Philip M. Beattie
BA (Leeds), MBA (Glasgow), MSc (Warwick), Dip.Stats (Dublin)
profesor adjunto de la Universidad de Malta
Jehan de Belleville
Religioso
Dr. Philip Blosser
Profesor de filosofía del Seminario Mayor del Sagrado Corazón, Arquidiócesis de Detroit
Robert Brucciani
Provincial de la FSSPX en Gran Bretaña
Prof. Mario Caponnetto
Catedrático de universidad, Mar del Plata (Argentina)
Robert F. Cassidy
Licenciado en teología
Isio Cecchini
Párroco de Toscana
Salvatore J. Ciresi, M.A.
Director del St. Jerome Biblical Guild, profesor en el Notre Dame Graduate School of Christendom College
Linus F Clovis, Ph.D., JCL, M.Sc., STB, Dip. Ed,
Director del Secretariado para la Familia y la Vida de la Arquidiócesis de Castries (Sta. Lucía)
Paul Cocard
Religioso
Thomas Crean OP
Doctor en teología
Matteo D’Amico
Profesor de historia y filosofía en un instituto de enseñanza media de Ancona (Italia)
Dra. Chiara Dolce PhD
Investigadora de filosofía moral, Universidad de Cagliari (Cerdeña)
Nick Donnelly MA
Diácono
Petr Dvorak
Director del Departmento de Pensamiento Antiguo y Medieval de la
Facultad de Filosofía de la Academia Checa de Ciencias, Praga; profesor
de filosofía en la Facultad de Teología Santos Cirilo y Metodio,
Universidad Palacky, Olomouc, República Checa
H.E. Mgr Bernard Fellay
Superior General de la FSSPX
Christopher Ferrara
Presidente y fundador de la Asociación Estadounidense de Juristas Católicos
Michele Gaslin
Profesor de derecho público en la Universidad de Udine (Italia)
Corrado Gnerre
Profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Benevento, Pontificia Universidad Teológica del Sur de Italia
Dr. Ettore Gotti Tedeschi
Expresidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), profesor
de ética en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán
Dra. Maria Guarini STB
Pontificia Universidad Seraphicum, Roma; directora del portal web Chiesa e postconcilio
Robert Hickson PhD
Profesor emérito de literatura y estudios culturales estratégicos
John Hunwicke
Ex Senior Research Fellow, Pusey House, Oxford
Jozef Hutta
Sacerdote diocesano
Isebaert Lambert
Profesor titular de la Universidad Católica de Lovaina y de la Universidad Católica Flamenca de Lovaina
Dr. John Lamont
Licenciado en teología Doctor en filosofía (Oxford)
Serafino M. Lanzetta
Doctor en teología
Catedrático de teología dogmática en la Facultad de teología de
Lugano (Suiza); sacerdote titular de St Mary’s, Gosport, diócesis de
Portsmouth
Massimo de Leonardis
Profesor y director de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán
Mons. Prof. Antonio Livi
Académico de la Santa Sede
Deán emérito de la Pontificia Universidad Lateranense
Vicerrector de la iglesia of Sant’Andrea del Vignola, Roma
Dr. Carlo Manetti
Profesor en universidades privadas de Italia
Pietro De Marco
Ex profesor de la Universidad de Florencia
Roberto de Mattei
Ex professr de historia de la Cristiandad en la Universidad Europea
de Roma; ex vicepresidente del Consejo Nacional de Investigación
italiano(CNR)
Cor Mennen
Profesor de derecho canónico en el Seminario Mayor de la diócesis de
Bolduque (Países Bajos). Canónigo de la catedral de la diócesis de dicha
ciudad
Stéphane Mercier
Catedrático de filosofía en la Universidad Católica de Lovaina
Alfredo Morselli
Licenciado en teología
Párroco de la arquidiócesis de Bolonia
Martin Mosebach
Escritor y ensayista
Dr. Claude E. Newbury M.B., B.Ch., D.T.M&H., D.O.H., M.F.G.P., D.C.H., D.P.H., D.A., M. Med;
Exdirector de Human Life International para el África subsahariana y
exmiembro de la Comisión de Servicios Humanitarios de la Conferencia
Episcopal Sudafricana
Prof. Lukas Novak
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga
Guy Pagès
Sacerdote diocesano
Paolo Pasqualucci
Profesor jubilado de filosofía en la University of Perugia
Claudio Pierantoni
Profesor de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Univesidad
de Chile; Former Profesor de historia de la Iglesia y de patrística en
la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Anthony Pillari,J.C.L., M.C.L
Prof. Enrico Maria Radaelli
Filósofo y editor de las obras de Romano Amerio
Dr. John Rao
Profesor agregado de historia, Universidad St. John’s, Nueva York; director de Roman Forum
Dr. Carlo Regazzoni
Licenciado en filosofía por la Universidad de Friburgo
Dr. Giuseppe Reguzzoni
Investigador externo de la Universidad Católica de Milán y ex editor
adjunto de la edición italiana de la revista internacional católica Communio
Arkadiusz Robaczewski
Ex profesor de la Universidad Católica de Lublin (Polonia)
Settimio M. Sancioni
LIcenciado en teología y Sagradas Escrituras
Prof. Andrea Sandri
Investigador adjunto de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán
Dr. Joseph Shaw
Profesor de filosofía moral, St Benet’s Hall, Universidad of Oxford
Paolo M. Siano
Doctor en historia de la Iglesia
Dra. Cristina Siccardi
Historiadora de la Iglesia
Dra. Anna Silvas
Fellow agegada de investigación, Universidad de New England, NSW, Australia
Dr Thomas Stark
Profesor de filosofía y teología en la Universidad Benedikt XVI, Heiligenkreuz
Rev. Glen Tattersall
Titular de la parroquia Beato John Henry Newman, arquidiócesis de Melbourne; Rector de la iglesia de St Aloysius
Giovanni Turco
Profesor agregado de filosofía del derecho público en la Universidad
de Udine; miembro correspondiente de la Pontificia Academia Santo Tomás
de Aquino
Prof. Piero Vassallo
Ex editor de la revista teológica Renovatio, del Cardinal Siri
Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira
Ex profesor de la Pontificia Universidad de São Paulo
Mons. José Luiz Villac
Ex rector del seminary de Jacarezinho (Brasil)