
Los cardenales Burke y Brandmüller hablan del cisma, autoridad papal y el Sensus Fidei
08/04/18 4:25 pm
En la conferencia del día de hoy en Roma acerca del estado de la
Iglesia Católica – “Iglesia Católica, ¿Dónde vas?” – el cardenal Raymond
L. Burke, uno de los cuatro Cardenales de las dubia, hizo algunos
comentarios sorprendentes sobre su querido colega de las dubia, el
cardenal Joachim Meisner, que falleció el pasado verano. Burke revela
ahora que, después de escuchar el discurso del cardenal Walter Kasper
acerca del matrimonio en el Consistorio de febrero de 2014 – el que
empezó todo el proceso de abrir la puerta a la Sagrada Comunión a los
“vueltos a casar” en los sínodos y finalmente por la publicación de Amoris Laetitia–
Meisner le dijo que previó las espantosas consecuencias hacia las que
estas cosas se estaban dirigiendo. En su conferencia del día de hoy,
Burke contó la conversación que tuvo con este Cardenal alemán*:
“Tras el discurso inaugural del cardenal Walter Kasper durante el
Consistorio Extraordinario de febrero de 2014, mientras salían de la
sala del Sínodo, [el cardenal Meisner] se me acercó y me expresó su
preocupación por la falsa dirección en la cual el discurso inaugural [de
Kasper] dirigiría a la Iglesia si no había una adecuada y rápida
corrección. Además agregó: “todo esto terminará en cisma.”
Desde ese momento hizo todo lo posible para defender la palabra de
Cristo sobre el matrimonio. [Énfasis agregado en la noticia original]
El cardinal Burke dijo estas cosas al inicio de su conferencia ya
que quería honrar a ambos, al cardenal Meisner y al cardenal Carlo
Caffarra, dos de los cuatro cardenales de las dubia que fallecieron sin
recibir nunca una respuesta a sus preocupaciones por parte del Papa.
Burke elogió la firme postura del cardenal Meisner diciendo “él estuvo,
desde el inicio de esta buena batalla, ahí para defender y promover las
verdades fundamentales del matrimonio y la familia, y completamente
unido al cardenal Caffarra, al cardenal Walter Brandmüller, y a mí.”
“Como un verdadero pastor del rebaño del Señor,” continuó Burke, “pensó
que su primer deber era la incansable presentación de la enseñanza de
Cristo en la Iglesia.” Mientras el mismo cardenal Meisner estaba “clara y
profundamente preocupado por el verdadero estado de la Iglesia, no
omitió expresar su completa fe en el Señor, que no fallará en sostener
su Cuerpo Místico en la verdad de la fe”.
Ya que de este modo los cuatro Cardenales de las dubia se reunieron
hoy una vez más –si no en cuerpo, al menos en espíritu – les presentamos
aquí las enternecedoras palabras que el cardenal Burke le dedico a sus
dos fallecidos colegas:
“Hoy, honrando la memoria del gran cardenal Carlo Caffarra, también
honramos – porque estoy seguro que al cardenal Caffarra le hubiera
gustado que los hiciéramos- la memoria del cardenal Joachim Meisner,
quien, junto al cardenal Caffarra, de acuerdo con las palabras de San
Pablo, peleó la batalla buena de la fe, terminó el camino de su misión
episcopal para el bien de innumerables almas, y, con fidelidad y
generosidad, conservó la fe ¡Requiescat in pace!”
A continuación presentaremos algunas ideas importantes como fueron
expresadas hoy por ambos, el cardenal Burke y el cardenal Walter
Brandmüller. Después, esperamos proveer un reporte exhaustivo sobre la
conferencia. Mientras el cardenal Burke habló más acerca de los límites
del poder papal, el mismo cardenal Brandmüller discurrió sobre el tema
del sensus fidei y el papel de los fieles laicos en la defensa de la Fe.
Ya que parte de la charla del cardenal Burke coincidió con las cosas
que acababa de decir en su reciente entrevista , nos concentraremos solo
en algunas de sus palabras.
El cardenal Burke – que es él mismo un canonista y antiguo jefe de la
Signatura Apostólica- hace en su charla un repaso de la tradición
canónica y de las enseñanzas del Concilio Vaticano I acerca de la
primacía papal, siempre haciendo hincapié en que el poder del Papa debe
ser por el bien de las almas y en unión con la Sagrada Tradición. Al
final primero cita la carta a los Gálatas donde San Pablo dice “[…] aun
cuando […] un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que
os hemos anunciado, ¡sea anatema!” y también al canonista Graciano, que
dijo el Papa no puede ser juzgado por nadie – al menos por supuesto que
se desvíe de la fe.
El cardenal Burke expresó su esperanza de que esta charla “pueda
ayudarles a entender la necesidad, y al mismo tiempo la gran prudencia,
que debe tomar lugar en el ejercicio de la totalidad del poder del
Romano Pontífice, a fin de salvaguardar y promover el bien de la Iglesia
Universal.” Continuó diciendo:
“De acuerdo con la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, el
sucesor de San Pedro goza de un poder que es universal, ordinario e
inmediato sobre todos los fieles. Es el supremo juez de los fieles y no
hay autoridad humana superior sobre él, ni siquiera el de los concilios
ecuménicos. Al Papa le pertenece el poder y la autoridad de definir
doctrinas, condenar errores, promulgar y abrogar leyes, actuar como juez
en todas las materias de fe y moral, decretar e imponer castigos,
nombrar y, si es necesario, quitar pastores, porque tal poder viene de
Dios mismo, es limitado por la ley natural y la ley divina, las cuales
son expresiones de la verdad y del eterno e inmutable bien que viene de
Dios, que están completamente reveladas en Cristo y que han sido
transmitidas sin interrupción en la Iglesia. Por lo tanto, cualquier
expresión de doctrina o praxis que no esté en conformidad con la
Revelación Divina, contenida en las Sagradas Escrituras y en la
Tradición de la Iglesia, no puede ser considerada un auténtico
ministerio apostólico o Petrino y debe ser rebatido por los fieles. Como
San Pablo declaró: “Me maravillo de que abandonando al que os llamó por
la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio, no que haya
otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el
Evangelio de Cristo. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del
cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado,
¡sea anatema!”(Gálatas 1, 6-8)
Como el cardenal Burke señala, nosotros como católicos “debemos
siempre enseñar y defender todo el poder que Cristo quiso conferir a su
Vicario en la tierra.” Incluso a veces “debemos enseñar y defender ese
poder dentro de [el sector de] las enseñanzas de la Iglesia.” El
cardenal Burke finalizó su charla con estas palabras del Decreto de
Graciano:
“Ningún mortal debería tener la audacia de reprochar al Papa por sus
fallas, porque aquel que tiene el derecho de juzgar a todos los hombres
no puede ser juzgado por ninguno, a menos que se le deba llamar la atención por haberse desviado de la fe;
todos los fieles oran insistentemente por su posición perpetua, tomando
en cuenta que ellos consideran que su salvación depende mayormente en
su seguridad [de cualquier desviación de la fe]” (Decretum Magistri Gratiani. Concordia Discordantium Canonum, 1a, dist. 40, c. 6, Si papa; Item ex gestis Bonifacii Martyris). [Énfasis agregado en la noticia original]
Mientras el cardenal Burke insiste de este modo en su charla en
que consideremos atentamente los límites de la autoridad papal – así
como había hablado previamente
sobre el concepto de apostasía explícita e implícita -, el cardenal
Walter Brandmüller habló en su charla del día de hoy sobre la cuestión
del papel de los fieles laicos en la preservación de la Fe Católica.
Con respecto al cardenal John Henry Newman, Brandmüller presenta su
tesis “frente a una profunda y estremecedora crisis de Fe.” Con Newman,
Brandmüller señala la crisis arriana del siglo IV donde “los Obispos
fallaron en su mayoría,” al no ser de este modo capaces de presentar un
testimonio unificado e incluso contradiciéndose los unos a los otros. En
palabras del cardenal Newman, “la Tradición Divina confiada la Iglesia
infalible fue proclamada y preservada mucho más por los fieles que por
el episcopado.” Aquí, el Dogma de la Divinidad de Cristo fue “defendida
mucho más por la ‘Ecclesia docta’ que por la ‘Ecclesia docens,’” según Newman. Los fieles laicos permanecieron de este modo “leales a su gracia bautismal.”
Como Brandmüller explica, un sensus fidei de este tipo, como
el mostrado en el siglo IV, puede volverse visible ya sea en el rechazo
del error o también en el testimonio de la verdad. Muestra que ambos,
el papa Pio IX y Pio XII habían consultado a los fieles antes de
proclamar el dogma Mariano, ambos en 1854 y en 1950, respectivamente.
Brandmüller habla bellamente aquí del “testimonio de Fe de los laicos”
además de “las convicciones vivas de la Fe” de los fieles.
El cardenal Brandmüller – historiador de la Iglesia y antiguo
presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas – insiste en su
plática que el sensus fidei no puede ser interpretado como una
forma de plebiscito. Reintroduciendo aquí la muy descuidada realidad e
indispensabilidad de la Gracia, el cardenal alemán también se refiere al
“corpus mysticum del Cristo resucitado y glorificado”
en quien todos los fieles estamos unidos en un “organismo
sobrenatural.” “Aquí por supuesto que hay leyes válidas además de las
leyes sociológicas y políticas – es la realidad de la Gracia que aparece
a la vista. Así, explica Brandmüller, los fieles reciben, a través del
Bautismo, “la gracia santificante, la cual es una realidad sobrenatural y
ontológica la cual hace que los hombres sean santos, justos y
agradables a Dios.” Las tres virtudes teologales de Fe, Esperanza y
Caridad han sido así infundidas en nuestros corazones. De este modo,
dice Brandmüller: “El modo y la manera en la cual la divina virtud de la
Fe se vuelve efectiva es, junto a otros factores, el sensus fidei
de los fieles.” Estando en estado de Gracia y recibiendo de este modo
los Regalos Divinos, los fieles pueden recibir “un profundo
entendimiento de la verdad revelada.”
El cardenal Brandmüller nos presenta bellamente al sensus fidei como un “tipo de sistema inmune espiritual que induce al fiel a reconocer y rechazar instintivamente el error.” Como explica:
“Sobre este mismo sensus fidei también está basado –
junto a la Divina Promesa – la infalibilidad pasiva de la Iglesia, es
decir, la certeza de que la Iglesia en su conjunto no puede caer nunca
en un error de fe.”
Además, el prelado alemán hace claro que este sensus fidei
no es necesariamente encontrado en la mayoría de los católicos. Así,
mientras puede haber un testimonio masivo para la Fe, también podría
haber una apostasía masiva. El sensus fidei no es necesariamente lo que es presentado en público como la opinión de los católicos, como la Comisión Teológica Internacional afirmó correctamente
en 2014. A menudo, sin embargo, la “verdad de la Fe” está siendo
preservada “en los corazones de los fieles,” de acuerdo con el documento
de 2014, citó Brandmüller. Para mantener ese sensus fidei,
explica el documento vaticano, “se requiere santidad. Ser santo quiere
decir, en esencia… ser bautizado y vivir la Fe por el poder del Espíritu
Santo.” (Como nota al margen: este documento también el concepto
importante de un “instinto sobrenatural” en este sentido.)
En conclusión, el cardenal Brandmüller señala el hecho de que tales
fieles no solo tienen el “derecho de libertad de expresión” en la
Iglesia, basados en “el sentido de Fe y amor,” sino que también – de
acuerdo con su conocimiento, responsabilidad y posiciones de
prominencia- “a veces incluso tienen el deber de comunicar [su opinión] a
sus pastores cuando se trata del bienestar de la Iglesia.”
Como ejemplos prominentes de tales expresiones de opinión, el prelado
alemán menciona aquí, entre otros, la participación de cientos de miles
en marchas pro-vida alrededor del mundo, el llamado filial al papa
Francisco con respecto a Amoris Laetitia firmado por cerca de
un millón de católicos, así como la corrección filial firmada “por más
de 200 académicos respetados en el mundo.”
Por lo tanto concluye: “Sería tiempo para el Magisterio poner apropiada atención a los testimonios de Fe.”
* La traducciones de la charla en italiano del cardenal Burke fueron
amablemente hechas por Giuseppe Pellegrino del italiano al inglés; la
autora misma del artículo original, Maike Hickson, hizo la traducción
del texto del cardenal Brandmüller del alemán al inglés
(Traducida por Alberto Ricardo Escobedo Villamonte para Adelante la Fe)
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