domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-11-LA IGLESIA DEL CAMBIO/ 12-LA CEGUERA DE LOS HOMBRES DE ARMAS


ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta


9 APRENDER A MORIR

El hombre es un animal metafísico, religioso y metafísico, antes que ser un ser material y físico. Porque considerado desde el punto de vista físico, se puede confundir con cualquiera de los mamíferos superiores. Es cierto que está mejor hecho, cuando es una expresión acabada. Pero precisamente, está mejor hecho físicamente que cualquier animal, porque el alma que lo anima, es un alma espiritual. Lo que lo hace ser hombre no es lo animal, aunque también sea esencialmente un animal, pero es un animal inteligente. Y esa inteligencia, que es fundamento de su libertad, es una cualidad metafísica de su alma, ¿qué es metafísica?, metafísica literalmente quiere decir más allá de lo físico,e n el sentido no de que está lejos sino en el sentido de que no es material, sino una cosa inmaterial, espiritual. Y por eso, las cualidades propias de esa alma del hombre, las cualidades conocimiento y amor, son las cualidades que lo hacen trascender todo el horizonte material, y lo proyectan a la Eternidad. En el mismo tiempo, en el tiempo, lo proyectan en la Eternidad. Vale la pena leer en estos días, el diálogo Fedón, de Platón. El diálogo que escribió el pagano Platón, sobre la inmortalidad del alma. En ese diálogo maravilloso, incomparable, humanamente insuperable, ahí sí que se ve claro, que el verbo del hombre es un reflejo del Verbo de Dios. Dice Sócrates esta profunda verdad: dice que en definitiva, primero la sabiduría es la única moneda, dice él, de buena ley, por la cual hay que cambiar a todas las otras. Con ella se compra todo y se tiene todo, fortaleza, templanza y justicia. Nosotros hemos puesto las sucias monedas, el sucio oro, en lugar de la sabiduría, como medio de cambio universal. El precio de toda virtud, enseña Sócrates, es la sabiduría. Y dice, «yo he consagrado mi vida, de pensamiento, de filósofo, de metafísico, la he consagrado a esto solamente, a prepararme para morir». La filosofía tiene como objeto y finalidad, preparar para la muerte. Entonces uno de los que comparten el diálogo, creo que Simnias, le dice, los tebanos sobre todo se pondrían muy contentos si te oyeran decir que los filósofos gastan la vida en prepararse para la muerte, porque de ese modo pensarían, con qué facilidad se podrían desprender de todos los filósofos, si finalmente ellos aparecen consagrando la vida a prepararse para saber morir. Y Sócrates le contesta, claro que sí. Con una sola diferencia, porque morir tenemos que morir todos. Lo que no saben los tebanos ni los que desprecian a la filosofía, es que el filósofo sabe por qué muere y para qué vive. Este es el problema. Este saber, saber para qué se vive y para qué se muere, esto es el saber fundamental. Por eso Sócrates agrega: «no puede ser que yo frente a la muerte - porque ya está condenado a morir-, me presente ahora como un atolondrado, como un desesperado». Quería decir que había dedicado vanamente todo el tiempo de su vida a prepararse para saber morir. El hecho fundamental de nuestra vida temporal es la muerte. Porque en definitiva hay que pasar por ahí. Con una mala muerte o con una buena muerte, hay que pasar por allí. Entonces toda la cuestión de la libertad del hombre, del señorío del hombre, está en cómo morir. Y Dios siempre ayuda a bien morir a aquél que lo ha aceptado, a aquél que lo ha reconocido. Y fíjense que cosa notable. Los grandes maestros del pensamiento pagano, llegaron a descubrir este sentido profundo de la sabiduría humana. La sabiduría es una preparación para saber morir. Y cuando la misma Verdad, la misma Sabiduría Divina se hace hombre, se encarna, ¿cuál es su lección suprema?, ¿cuál es su testimonio supremo?, ¿cuál es el hecho de esa Sabiduría, de esa Verdad Divina hecha hombre? Es justamente un hecho que está relacionado con la muerte. Es la Sabiduría misma, la Verdad misma de Dios que se ofrece como hombre en el carácter de víctima perfecta. Se ofrece en sacrificio. Y el vencedor de la muerte, pasa por la muerte. Pero esa, como lo vislumbró Sócrates, y el propio Verbo de Dios nos lo enseña, y nos da además el ejemplo, que nosotros adoramos en la Cruz. El problema decisivo del hombre, está precisamente en aprender a morir, y en saber morir. Y es la razón por la cual muere, y nunca le va a faltar, cuando está decidido así, la ayuda de Dios. Yo siempre he tenido y tengo miedo frente a la muerte, pero el miedo que tengo no es tan grande, como para no comprender, que si realmente estoy dispuesto, Dios me va a ayudar a hacer un buen papel, en ese momento. Y que lo decisivo está allí, eso es lo fundamental. El hombre es un animal metafísico. Y la raíz de ese sentido metafísico, está en su diferencia fundamental con el resto de los animales; es que los animales se mueren y no saben, ni que mueren, ni por qué mueren, ni para qué mueren. Y por eso tampoco saben, ni por qué ni para qué viven. La diferencia del hombre es eso, saber eso. A veces al hombre le cuesta mucho, comprender que aquí está la verdad fundamental de esta vida, no la verdad fundamental de todas, porque esa corresponde a la Vida Eterna. Pero la verdad fundamental de esta vida, es hacer de esta vida algo para servir a la Eternidad, para servirle a la Vida Eterna. Y donde la muerte no es nada más que el hecho principal que debemos enfrentar, y que debemos resolver, para alcanzar esa Vida Eterna, es decir, para vencer a esa muerte. Nosotros adoramos a Ese que venció, a esa Vida Verdadera que venció a la muerte, que mató a la muerte. Pero la mató asumiéndola, porque no hay otro modo de hacerlo.
Entonces, cuando en la formación de la conciencia de un pueblo, sobre todo de su clase dirigente, sobre todo de sus defensores naturales, falta esta conciencia, le falta la Metafísica a ese pueblo, y por lo tanto la Teología, porque la Teología es la Metafísica de la Fe, es filosofar en la Fe, en la Fe de Cristo, en la Fe revelada. Cuando le falta a un pueblo, y sobre todo a los responsables de su conducción, esta conciencia metafísica, entonces todo se reduce a la habilidad. A habilidad y a torpeza. Y nosotros en la política oficial, venimos padeciendo a los hombres hábiles, que intentan gobernar al país o pretenden gobernarlo, sin sabiduría, despreciando la sabiduría humana y la Sabiduría Divina. Y entonces lógicamente el fruto de esas habilidades es lo que estamos soportando en este momento. Esas habilidades conducen a esto. La gente prescinde de la verdad, prescinde de la sabiduría. Se ríe, se burla, escarnece al que habla de ella. ¿Cómo va a entender el lenguaje socrático?, este lenguaje realista, concreto, existencia!, verdadero. San Agustín, que fue cristiano, y que en orden intelectual es un verdadero platónico, cuando se convirtió a la Fe de Cristo, inmediatamente, este hombre que había llevado una vida más o menos mediocre, hasta más allá de los treinta años, realmente, se constituye en un iluminado de Dios. Y hace un retiro, porque los retiros son una cosa muy antigua, están desde los primeros tiempos, hace un retiro, un ejercicio espiritual. Se aisla con un grupo de personas, y por ahí, alguien que había sido su amigo, en su tiempo pagano, y que había sido un romano muy rico, que se llamaba Romaniana, al saber los nuevos caminos de Agustín, y encontrarse con él, le reprocha que no le haya comunicado antes, sobre estos caminos nuevos de él. «¿Cómo no me has invitado a compartir contigo, transitar contigo estos senderos?» Y entonces Agustín le dice: «no te avisé antes, porque tú estabas en riqueza, en poder, en comodidad. Todo el mundo te rodeaba, y te adulaba y te halagaba, y tú repartías beneficios como un señor, y te gustaba el halago, y te gustaba la fortuna, y te gustaba toda esa suntuosidad que te envolvía. Si yo te hubiera llamado en esas circunstancias, ¿me hubieras llevado el apunte?, si yo te hubiera llamado a este retiro, a este desprendimiento, a la contemplación, ¿me habrías llevado el apunte? Era inútil que yo te llamara en ese momento. Ahora que estas empobrecido, y desprendido digamos así, un poco a la fuerza, ahora sí estas en condiciones de compartir estos caminos». Por eso decía San Bernardo, sin virginidad te puedes salvar, pero sin humildad no te puedes salvar. Santa Teresa insistía, el humilde está en la verdad, porque el humilde es el desprendido, y lo que hace falta en esta vida es desprendimiento. ¿Por qué decía Sócrates, e insistía Platón, que la filosofía era una preparación para saber morir? Porque cuando uno está preparado, y dispuesto para morir, es verdaderamente libre, verdaderamente señor. Ya no puede temblar ante nada fuera del temor de Dios, de faltarle a Él. Los otros temores humanos, demasiado humanos, están ya fuera de alcance, ya no lo pueden hacer presa. Y claro, esa libertad, ese señorío, viene precisamente del estar en la Verdad, y para estar en la Verdad hay que ser humilde.

ASALTO TERRORISTA AL PODER

10-EL SÍMBOLO DEL ESTOQUE TOLEDANO

¿Por qué hay que ser humilde?, ¿qué quiere decir ser humilde?, que nada a uno lo estorbe; la mirada limpia sobre las cosas. Que nada en uno, ni voluptuosidad, ni temor, ni tristeza, ni pasión alguna, ni apetito alguno, estorbe la limpidez, la serenidad de la mirada que se vuelca sobre las cosas. Porque las cosas están para decirle sus secretos a la inteligencia que las contempla. Cuando esa inteligencia las contempla, desprendida de todo lo que la pueda sujetar, limitar, enturbiar de algún modo, entonces uno ve las cosas como ellas son, las ve en su esencia misma, y se comprende entonces, que un alma que se alimenta, que se colma de las esencias, de los valores esenciales, de esas razones supremas de vivir y de morir; cuando está colmada así, no digo que no va a temblar ante la muerte, pero sobre ese temblor, se impondrá una serenidad imperturbable, que da la conciencia clara, de que muere en la Verdad, y por la Verdad. Y entonces uno, es realmente señor y soberano. Y una Patria, una Nación, cuando es realmente soberana, es porque en ella hay un número suficiente, hay un resto, aunque sea un mínimo resto de hombres, que teniendo la responsabilidad de la conducción, están en esa disposición, en ese desprendimiento. Porque sólo así pueden ser hombres prudentes, que actúan en la verdad, según la verdad, y que no pretenden gobernar con ficciones, con ilusiones, con trucos de los magos. Ustedes se dan cuenta la falacia que representa por ejemplo este falso dogma de la soberanía popular. Esta cosa monstruosa, diabólica, inventada en la Revolución Francesa por los que desterraron la Soberanía de Dios. Es decir, la desterraron en ellos, porque Dios sigue reinando. Y la substituyeron por la soberanía del hombre. Y la expresión concreta de esa soberanía del hombre que reniega de la Soberanía de Dios, es la voluntad de las mayorías, la omnipotencia del vulgo, Y fíjense la gente hoy, ¡qué espectáculo denigrante!, viendo, a soldados sobre todo, dispuestos a ser sacrificados en el altar de la soberanía popular, y sin ninguna disposición para renovar el sacrificio ellos mismos de la Cruz, por ese Soberano que es Cristo, Soberano Real y Verdadero, ¡ni bolilla le dan! Y al soberano popular, a ese monstruo, la expresión acabada de la servidumbre, de las pasiones, y de los apetitos del voto de esas multitudes en un país como el nuestro, donde para el cincuenta por ciento por lo menos hay un solo elector, uno solo que elige, y si pusieran a un caballo de candidato, lo votan al caballo, no tengan duda. ¿Y van a traer la paz, la tranquilidad en el orden, con el veredicto de la multitud, que ni siquiera elige, sino que hace lo que le manda el patrón?. Y todos sabemos que es así. ¿Y qué ha pasado al día siguiente de la elección, cuando el triunfo del Frejuli, fueron numerosísimos, y no hombres del común, sino sobre todo universitarios, que fueron corriendo a inscribirse con el éxito, con el triunfo. Eso es denigrante, ¿con eso vas a salvar a un país, con eso lo vas a sacar del abismo? No hablo de la pobre gente, porque ella es engañada, a cualquier nivel y de cualquier forma. Hablo de los doctores, de los universitarios, de los magistrados, y de los jefes militares, y también de las jerarquías eclesiásticas. Porque todos estamos en el pueblo. Uno lee las palabras que hablan ellos, porque son tantas y están ya de tal manera saboreando el poder y lo que van a hacer con él, que se les va la mano. Y entonces dicen las cosas más horrendas, que no son meras palabras, palabras de odio, de revancha, de venganza, es la única que sale de sus labios. Y la gente aparece dispuesta, al menos en la apariencia oficial, a entregarles el poder. Es decir, no vacilan al menos en la retórica oficial, en disponerse a ser sacrificados, repito, en el altar de la soberanía popular. Y se rehusan a ir al sacrificio por Cristo Jesús, el bien de la Patria. A eso hemos llegado. Sin embargo, yo soy un hombre de esperanza. Primero, porque creo que en el país hay un resto suficiente, con fuerza, que en algún momento actuará en el nivel de una decisión heroica. No puedo creer, me resisto a creer que no haya un puñado de hombres y mujeres capaces, de una definición, de una decisión, y de un espíritu de muerte. En consecuencia, para resumir, creo que en el día de hoy se han producido ya hechos defiriitorios, que configuran la guerra civil, la guerra interior. La magnitud de esa guerra, y el resultado de la misma, lo iremos viendo, si Dios nos da vida. Pero ya no hay maniobra posible, ya no hay acomodo posible, ya no hay transacción posible. Ahora se está ante un dilema: o se le entrega el poder al peronismo, movido -para cualquier persona de sentido común, que quiera abrir los ojos todavía a la verdadpor la fuerza del terror comunista, que es la verdadera dinámica que impulsa toda esa masa, tanto proletaria como universitaria; o se le entrega el poder a eso y la guerra viene igual (la guerra que harán ellos a las víctimas, justificadas y sin justificar), o se enfrenta a ese poder. Que ya no se lo podrá enfrentar más en nombre de la soberanía popular, ni del sufragio universal, ni de la voluntad de las mayorías. Uno se da cuenta que ésta es una hora análoga a la que España vivió en la primera mitad del año 1936. Ese hecho, ocurrido en España, ese levantamiento cuando ya todo parecía perdido, definitivamente perdido, decidió mi vida, porque yo a partir de ese hecho, comprendí algo que hasta entonces no había sabido, porque hasta entonces yo vivía embaucado; me liberó del error, me ayudó a situarme en la verdad, y a vivir sirviéndola hasta el día de hoy, y si Dios quiere hasta la muerte. El otro día, para terminar, recibí un obsequio, que al principio me parecía que podía ser una bomba, realmente, ustedes van a decir que yo estoy estableciendo relaciones así arbitrarias entre cosas aparentemente casuales por lo menos. El otro día, un profesor de matemáticas, que yo había olvidado completamente, que concurría a mis clases en Paraná hace más de treinta años, (él era de otro profesorado pero venía a mis clases de filosofía porque le gustaba, además él era nacionalista, y alguna vez que he ido a Santa Fe él ha estado en alguna charla) , pero yo no tenía la menor idea de esa persona. Y recibo una encomienda, que no pesaba nada, era un paquete que no pesaba nada. Y además, el remitente, aparecía ahí un señor Batión de Santa Fe que yo no tenía la menor idea de quien podía ser. Así que se creó una alarma en la casa, para colmo estaban los nietos, la llevé al lugar más seguro, no quería hacer un papelón, porque no iba a llamar a la Brigada contra Explosivos, y me puse a cortar con una tijera una punta, y aparecían papeles de diario, y seguían papeles de diario, y de pronto aparece la punta, como de un clavo, y ya me alarmé seriamente. Entonces digo, cómo resuelvo este problema, y me acordé que tengo un amigo aquí, de Santa Fe, que en realidad vive en Santa Fe pero trabaja acá en la Aduana, está muy vinculado a Santa Fe, la señora de él ha sido alumna mía, en Paraná, así que lo llamó a la Aduana. Y me llama, y le digo, digamé, «¿usted se acuerda de un tal Batión?, «¡pero cómo no me voy a acordar!, usted también, ha sido alumno suyo -me dice- cómo no se acuerda!..». Entonces me vino el alma al cuerpo. Abro la encomienda, y ¿qué me había mandado?, una miniatura de una espada toledana, comprada en Toledo, que hace de cortapapel. Había ido a Toledo, y seguro viendo el Alcázar, se acordó de mí. Recuerdo que me honra porque yo hace años de años que no lo he tratado ni visto. Compró ese cortapapel, que figura un estoque toledano, y me lo ha mandado, como un testimonio, simplemente un testimonio, así de amistad, de aprecio, de estimación, en estos momentos. Y tiene que ver, este recuerdo, con lo que el país está viviendo en este momento. Aquí no hay más que una opción. Acá no se trata por supuesto de salir en defensa de los responsables de este salto en el vacío, aparte de otras cosas. Aquí se trata de salir en defensa de los valores esenciales de nuestra Nación, del señorío argentino, del trato de honor de los hombres. Cualquier persona comprende que lo ocurrido ayer en La Plata es un acto subversivo de ese comunismo, que avanza a la sombra del peronismo, cumpliendo la consigna de Lenírt, ahí donde está la masa debe estar el comunismo. Cualquiera comprende que esa es una labor estrictamente subversiva, y que por este camino se va a llegar a una situación que es la que espera ese comunismo que mueve al peronismo, de que el estado de desobediencia, la insubordinación, pasiva o activa, se extienda a todas las Fuerzas Armadas de la Nación. Se comprende que ese vacío interior, obrado oficialmente en las Fuerzas Armadas, se traduzca finalmente en un vacío exterior. Se comprende que por el camino que llevamos, evidentemente, el enfrentamiento del Ejército y de la principal Policía de todo el país, que es la de Buenos Aires, se va a traducir pronto, en un enfrentamiento entre la guerrilla con el apoyo popular generalizado, y unas Fuerzas Armadas en que existe la concreta posibilidad de que los mandos no sean acatados. Y no hablo de lo del Acorazado Potemkin, ni de los días de San Petersburgo, cuando el ejército se sumaba a la subversión, porque ese camino evidentemente es el que estamos transitando.
Hay que devolverle al hombre de armas el sentido militar de la vida, una clara definición de razón de vivir y morir, la conciencia de su misión específica que es la defensa de la soberanía política, y por encima de todo la disposición y el espíritu de muerte, porque sin él, no hay liberación ninguna. Y hasta ahora los ejemplos de esa actitud, vienen de los guerrilleros, de la disposición de muerte. Es pavoroso, que muriendo todos los días principalmente agentes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en manos de los guerrilleros, hasta en las fotografías se ve la «V» peronista hecha por miembros de esa policía. Es una cosa increíble pero real, son los hechos reales. El éxito tiene una fuerza de sugestión arrolladora, arrolladora, me acuerdo en el año '46, nos quedamos sólo un puñadito, los nacionalistas, y era una generación brillante aquélla, y como moscas se prendieron a la miel del triunfador, y liquidaron generaciones de hombres, realmente brillantes, en todo sentido, y ahora se repite lo mismo, el mismo proceso se repite. No es tarde para salir, pero evidentemente se ha dejado avanzar demasiado, se ha retrocedido cada vez más, se ha ido dejando para después: todavía no es la hora, todavía no ha llegado el momento, en cuanto desborde entonces vamos a salir. Cuando desborde te van a cubrir las aguas. Un viejo sacerdote italiano me decía el otro día, «realmente yo no entiendo nada: la impresión que me dan estos conductores militares y políticos de la República, es la de unos hombres que se pusieron a destruir con sus propias manos un dique de contención, de las aguas, y ahora desbordan torrentosas, y las quieren detener con palabras y con las manos». Esto me lo decía al día siguiente de las elecciones del 11 de marzo. Mediten ustedes la verdad de este juicio. Ustedes, sobre todo los jóvenes, van a ser tentados ahora más que nunca. Una gotita de miel tentadora cae en el oído, «tú serás rey, aprovecha el momento». En el Frejuli está la salida, está el triunfo. A los jefes y oficiales retirados de todas las armas, les han dejado caer la noticia, tú volverás a la actividad, y la tentación es fuerte, y el hombre demasiado débil. Por eso, quiera Dios que podamos continuar reunidos comentando las cosas de la Patria, y que Dios nos ayude a dar testimonio de la Verdad de Él, y de lo que es verdadero y esencial en nuestra existencia nacional y personal.




JUEVES 29 DE MARZO DE 1973
11-LA IGLESIA DEL CAMBIO

Me contaba un amigo que me visitó ayer, que hace tiempo que no venía, que la esposa de un general en actividad, licenciada en Psicología, de la Facultad de Filosofía de Buenos Aires, votó al Frejuli, es decir, votó contra su marido, podría explicarse un voto contra el marido, porque ella tenía que desahogar su alma y expresar su disconformidad con las Fuerzas Armadas, se vendieron, y entonces vota al Frejuli. Yo les cuento un hecho, hay cosas que son increíbles pero que suceden. Hay mucha gente que con una absoluta inconciencia, como es propio, porque como dice Platón, la multitud se mueve a la aventura, es decir, por la pasión, por el interés, por las impresiones del momento nada más. Entonces lógicamente la gente no medita, ni en las consecuencias ni en nada, sino solamente quiere darse el gusto de manifestar su oposición contra algo. Y entonces se suman precisamente a algo que mañana, cuando sobrevengan los grandes errores y horrores, entonces dirán, caramba, me equivoqué, yo no esperaba esto, esto ha ocurrido, pero claro, yo esto no lo quería. Es como Descartes, cuando escribió el Discurso del Método, hay una parte en que él se asusta de las consecuencias que eso va a tener. Se asusta de las consecuencias, porque él dice que el derecho a la crítica, el derecho a juzgar se extiende a todas las cosas, se extiende a todo. Entonces lógicamente, quiere decir que mañana la crítica se irá extendiendo a las cosas santas, a las cosas más sagradas, a las cosas más esenciales, y todo se va a ir desmoronando. El prevé que va a ocurrir eso, entonces dice, «yo no quiero llegar tan lejos, y esto es lo de menos, yo siento el principio, y yo no iré tan lejos, pero va a venir otro después de mí, que va a seguir en la línea de la revolución, hasta hacer de la revolución permanente, la situación, corriente y normal como ocurre en el día de hoy». Imagínense, cuándo iba a pensar uno que en la Iglesia de Cristo, iba a surgir una postura de cambio, como, la regla suprema de la vida de la Iglesia. La Iglesia del cambio. Uno podría pensar que en el único lugar que no se dará nunca, es justamente en la Iglesia, porque si hay algo que está fijo en una palabra que no pasará nunca, en una cátedra que es la única que tiene la autoridad infalible para definir, todo aquello que atañe a la verdad de la Fe, y que atañe a la moral, uno podría pensar que jamás esa Iglesia podía de pronto, presentarse ante el mundo en la figura de una Iglesia del cambio. Que hay cosas que tienen que cambiar, cualquiera lo sabe. El otro día, yo había tomado una frase de Peguy, en una clase de cultura general que doy todos los viernes, y esa frase es, «Homero es nuevo esta mañana, y el diario de hoy ha envejecido ya». Entonces en torno a esa frase se hizo toda la clase, y por ahí le pregunto a la clase, serán treinta y cinco o cuarenta chicos de unos quince años, pregunto, a ver si alguno después de todo lo que hemos conversado, me dice que es lo clásico. Y me sale un chico, y dice, «a mi me parece que lo clásico es lo que no pasa nunca de moda». Le digo, ni yo podría definirlo mejor, le felicito, porque realmente eso me gusta, en un joven que sea capaz de avivarse hasta ese punto. Y ahora resulta que la Iglesia también se propone, como Iglesia del cambio.

ASALTO TERRORISTA AL PODER


12-LA CEGUERA DE LOS HOMBRES DE ARMAS

Bueno, pero yo hoy me voy a ocupar de dos cosas, primero de una apreciación de la situación, porque es inevitable hacerlo, en momentos tan graves como estamos viviendo, y después me voy a ocupar de un tema que es de los primeros temas que yo traté aquí en esta cátedra, al iniciarla hace veintiocho años. Yo entonces me ocupé varios años de Platón, y se publicaron dos libros, que están en realidad agotados hace mucho: uno se llama El Filósofo y los Sofistas, y el otro se llama La Idea y las Ideologías. Es un comentario el primero, de los diálogos socráticos de Platón, los diálogos morales, y el otro un comentario de los grandes diálogos metafísicos como Parménides, el Teeteto, y el Sofista. Pero antes quiero referirme a la cuestión más candente de este momento. He atribuido a una ignorancia diabólica, que es la ignorancia de aquellos que pudiendo y debiendo ver, cierran los ojos, o desvían la mirada para no ver, que fue el pecado del diablo contra Dios. Y ese es el pecado que cometen los hombres toda vez que pudiendo o debiendo ver, o teniendo delante la evidencia, cierran los ojos para no verla y para no tener que confesarla, y para no tener que obrar según esa evidencia, según esa verdad manifiesta. Esto no significa digamos así, atenuar la culpa, no, ésta es la ignorancia más culpable, es la raíz más profunda del pecado. Por eso Dios no lo perdonó al diablo. No lo perdonó porque el diablo es una inteligencia superior, muy superior a la inteligencia humana, y está sobre todos los ángeles, y él la única manera que tenía para desconocerlo a Dios, a quien él conocía, y de una manera mucho más lúdda, transparente, inmediata, intuitiva, aunque no fuera en la misma Luz de Dios, que lo podemos conocer nosotros con nuestra razón abstracta y discursiva, y que se nutre de lo que los sentidos le aporta. No lo perdonó precisamente porque había una radical perversidad en ese apartar la mirada. Para que el ángel caído pudiera decir, «no te simo», tenía necesariamente que empezar por desconocerlo. Y la única manera que tenía de desconocerlo era cerrar los ojos para no verlo. Dios en cambio perdonó al hombre, y derramó sobre él su infinita Misericordia, y envió a su Hijo para rescatarlo, a pesar de la responsabilidad, de la culpa. ¿Por qué? Primero porque el hombre es una inteligencia menor, mucho menor que la del ángel. Segundo, porque el hombre actuó bajo la seducción del demonio, fue seducido. Y eso es un atenuante. Como ocurre cuando en un crimen, alguien ha sido instigado, impulsado, dirigido, por otro que es el culpable mayor, que el que ejecuta. Esta, digamos así, humanamente es una razón que a uno le resulta perfectamente nítida, que le permite comprender, por qué no perdonó al diablo, por qué perdonó al hombre. Bueno, esta ignorancia diabólica, que es el signo de la presencia del diablo en el mundo, es precisamente la que más estragos hace, y la que produce hechos como éste en que ha caído la República. Hay gente que no podía creer que no hubiese un convenio entre los responsables de la conducción política y militar actual y el señor Perón, porque no podían creer en tanta inconciencia, en tanta irresponsabilidad. Ayer he podido comprobar que los generales que firmaron ese documento adhiriendo al proceso electoral, y a la salida electoral y a la entrega al que ganara, etc., estaban convencidos, convencidos absolutamente, y no se podía ni hablar con ellos, de que el ballotage arreglaba el asunto. Todo el secreto estaba en la segunda vuelta. Y entonces hacían este cálculo: fíjense la manera de razonar, a dónde conduce esta ignorancia invencible. En vez de mirar la realidad, hacen un cálculo matemático, como cuando uno hace un cálculo de probabilidad. Y entonces dijeron, los radicales el treinta por ciento, los de Manrique el quince por ciento, los de Allende el quince por ciento. Treinta más quince más quince son sesenta. Luego, el Frejuli saca cuarenta. Vamos a la segunda vuelta y ahí lo embromamos. Sabe usted, poner el destino de la República, los hombres de armas, sobre la base de este cálculo que yo acabo de hacer, y es el cálculo que ellos hicieron, y adhirieron como a una conclusión demostrada, como digamos así, un razonamiento matemático. Así pensaron, así creyeron, y siguieron adelante. Y lógicamente, se ha producido este salto al vacío. Este salto al vacío, que fíjense cómo será la magnitud de lo que está ocurriendo y de lo que va a ocurrir, que los triunfadores, en esa euforia irresponsable que también los caracteriza, ni siquiera frenan la lengua hasta esperar a tener el gobierno, y se lanzan a declaraciones, que si quedara en el país un resto de varonía, y de responsabilidad, sería motivo más que suficiente para terminar con todo en un momento. Porque el otro día, yo no pude leer lo que los dirigentes de la Juventud Peronista dijeron en La Plata, y culminó el acto con la palabra del gobernador electo Bidegain. Pero ellos ya plantean claramente el hecho irreversible, que es la constitución del Ejercito del Pueblo. Lo mismo que ha pasado en Cuba, lo mismo que ha pasado en China, lo mismo que pasó antes en Rusia. Solamente un inconciente, un irresponsable absoluto, puede pensar que esto no va a ocurrir aquí. Una vez que el Frente Popular sea dueño del gobierno, el éxito arrastre, como arrastra a la gran mayoría de los hombres de todas las condiciones, porque el hombre es un ser caído, el mal y el odio, son mucho más activos humanamente que el amor y el bien Y no digo nada cuando tiene el impulso del éxito. Fíjense por ejemplo la palabra de uno de esos dirigentes, Carlos Caferata: señaló que «el pueblo acaba de lograr una victoria en una gran batalla» -le llaman gran batalla a votar, «contra la calaña de los tramposos, exhorto a los miembros de la juventud a mantener como consigna la moiñlización y la lucha para la defensa del triunfo y la construcción del socialismo nacional. Organizaremos el gran ejército del pueblo, para la reconstrucción nacional, y esto no es una frase, sino la convocatoria militante de la juventud». Y luego habló el de la Regional IH de Córdoba, Miguel Mosé, y dijo: «es necesario convertir a cada barrio en un fortín, y a cada casa y a cada escuela en una trinchera, y a cada peronista en un combatiente montonero». Y luego habló el señor Carlos Cúnquele, diputado nacional electo, quien fustigó a la camarilla militar, hubo elecciones, porque se estaba dando el embrión del ejército popular, que «liberaría» a la Patria, al mismo intento de condicionar al gobierno. Y luego hablaron en el mismo sentido el representante del Chaco, y después le puso la firma a todo el gobernador electo. Y ayer todos habrán leído en La Razón, el acto presidido por el Intendente electo de Tigre inaugurando una unidad básica a la que se le puso el nombre de Fernando Abal Medina, muerto por la policía en un tiroteo, uno de los hombres que participaron en el secuestro y el asesinato del General Aramburu. Y allí se dijeron las mismas cosas por parte del Secretario General del Movimiento Justicialista, que es el hermano de Fernando Abal Medina. Y para no extenderme en esto, que además todo el mundo conoce, ¿qué expresó él?, expresó que «en un solo camino, el que está asignado jpor la organización desde las bases, hasta contar con un verdadero ejército, que asegure el legitimo triunfo obtenido, y que la sangre de los mártires no se negociará. Yo les digo en nombre de Cámpora que esto se va a cumplir, y si no lo cumplimos, que el pueblo montonero nos saque a patadas. Perón o muerte. Viva la Patria». Si acá hubiese militares, con esto sólo, aparte de todo lo que se ha gritado y aullado en todas las asambleas, hay razón suficiente, no solamente para encarcelarlos a todos, sino para producir un hecho que sea realmente purgativo y purificador. Y entonces veremos qué pasa realmente. Porque este lenguaje es realmente inadmisible. Es una cosa imposible de entender que se pueda soportar semejante cosa. Que se pueda impasible seguir adelante. Porque por este camino, los responsables no solamente van a ser liquidados, sino que entregan a sus camaradas a la liquidación, entregan las instituciones armadas al deshonor absoluto, porque serán borradas todas las medidas que se tomaron contra el señor Perón, y será aniquilado el país en el comunismo. Esto es un hecho que humanamente es casi irreversible, porque solamente una persona que haya perdido todo sentido de la realidad y que no quiera ver una realidad inminente, perentoria, que es una cosa ineludible, puede creer, que aún cuando vamos a suponer que el señor Perón y el señor Cámpora quisieran tranquilizar a la gente, señores, hace cuatro años que se están organizando en el país los comandos guerrilleros, que tienen objetivos que trascienden completamente todos los planes políticos, que aparecen digamos, oficialmente manifestados. ¿Quién ataja a esa gente?, si no la han atajado y han actuado en la impunidad prácticamente estos cuatro años con un gobierno militar, matando jefes, oficiales, suboficiales, personal subalterno. Piensen ustedes con un gobierno del frente popular, que es el que ha instigado y alimentado todas esas guerrillas, lo que va a ocurrir. Va a ocurrir lo mismo que ocurrió en España. Se va a oficializar el crimen, el crimen va a ser oficial. Porque además los hombres del gobierno van a tener que acatar y apañar todo lo que se haga, porque si no van a ser barridos, como dice Abal Medina. No creo exagerar absolutamente nada. De la misma manera que este proceso se ha venido cumpliendo, de manera que si yo lo miro en una perspectiva humana, es digamos una cosa inexorable que va sucediendo, y no por la fuerza del enemigo, sino por la infinita flaqueza, ignorancia, e irresponsabilidad de los responsables de la conducción, sin entrar a considerar las intenciones, porque en la política lo que cuenta son los resultados. Las intenciones las juzgará Dios de cada uno y no soy yo quien me pueda poner a juzgar intenciones de nadie. Es increíble que hayamos llegado a este punto, en que los mismos hombres, que contribuyeron de un modo u otro a terminar con un régimen de ignominia, de adulación, de servilismo, de agobio. Me decía el otro día un colega, que está en el Ministerio de Agricultura, que, «ya ha comenzado el silencio en las oficinas. Ya la gente no habla. Ya la gente tiene miedo de pronunciar una palabra, de pronunciarse, es decir ya está actuando la nueva situación...» De manera entonces que este es un problema que está en manos de los responsables. Esto es un problema que está en manos de los hombres de armas. Y ellos están profundamente equivocados. Tan equivocados como han estado en todo el proceso. Calculen ustedes, el pueblo movilizado, las unidades básicas que han de estar armadas hasta los dientes, la estructura de las guerrillas en las calles, las mujeres, los chicos, sale un jefe con la fuerza, ¿le va a disparar a la gente?, ¿van a disparar los soldados?, ¿contra el pueblo? Esos soldados a quienes les han estado cultivando la mentalidad populista, de que el verdadero soberano es el número, y el soberano se ha pronunciado, y los jefes han dicho que van a respetar esa voluntad. Basta recordar los episodios de la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, de todas las revoluciones que en el mundo se han dado de este tipo, y verán a la fuerza sumarse, luego de degollar a sus jefes, o dejarlos pagando. Porque el hecho, es que, las cosas son así. Dios quiera que asuman conciencia, y al menos se dispongan a de alguna manera, compensar el inmenso, funesto, pavoroso daño que han hecho a la Patria. Vuelvo a repetirlo. No juzgo las intenciones, sino los resultados, y me apoyo en este lenguaje, que es el lenguaje verdadero, realista, concreto, la dinámica del proceso la tiene esa juventud organizada, organizada en el terror, para liquidar todo resto de una Patria ordenada, cristiana, todo resto de lo que pueda quedar, hasta de un orden natural. Porque ninguna persona puede llegar a la inconciencia de creer que aquí no va a suceder lo que ha sucedido ya en la mitad del mundo, y está para suceder en la otra mitad. En España, donde se esperó tanto también para reaccionar, cuando se reaccionó, humanamente ya era tarde. En los lugares principales de España, los hombres de armas que reaccionaron, fueron arrollados y arrasados, como en Madrid y en Barcelona. La distancia, la existencia de ese pequeño ejército del África, fue la base para poder emprender una tarea tremenda, que costó un millón de muertos y la destrucción de media España a lo largo de tres años. Uno no tiene más nada que decir. A mí, en estos momentos, lo único que me mueve, y lo único que le pido a Dios es que me ayude a dar testimonio, mientras tenga alguien que quiera escuchar, y mientras pueda yo hablar.