ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta
Jordán Bruno Genta
9 APRENDER A MORIR
El
hombre es un animal metafísico, religioso y metafísico, antes que ser un ser
material y físico. Porque considerado desde el punto de vista físico, se puede
confundir con cualquiera de los mamíferos superiores. Es cierto que está mejor
hecho, cuando es una expresión acabada. Pero precisamente, está mejor hecho
físicamente que cualquier animal, porque el alma que lo anima, es un alma
espiritual. Lo que lo hace ser hombre no es lo animal, aunque también sea
esencialmente un animal, pero es un animal inteligente. Y esa inteligencia, que
es fundamento de su libertad, es una cualidad metafísica de su alma, ¿qué es
metafísica?, metafísica literalmente quiere decir más allá de lo físico,e n el
sentido no de que está lejos sino en el sentido de que no es material, sino una
cosa inmaterial, espiritual. Y por eso, las cualidades propias de esa alma del
hombre, las cualidades conocimiento y amor, son las cualidades que lo hacen trascender
todo el horizonte material, y lo proyectan a la Eternidad. En el mismo tiempo,
en el tiempo, lo proyectan en la Eternidad. Vale la pena leer en estos días, el
diálogo Fedón, de Platón. El diálogo que escribió el pagano Platón, sobre la
inmortalidad del alma. En ese diálogo maravilloso, incomparable, humanamente
insuperable, ahí sí que se ve claro, que el verbo del hombre es un reflejo del
Verbo de Dios. Dice Sócrates esta profunda verdad: dice que en definitiva,
primero la sabiduría es la única moneda, dice él, de buena ley, por la cual hay
que cambiar a todas las otras. Con ella se compra todo y se tiene todo,
fortaleza, templanza y justicia. Nosotros hemos puesto las sucias monedas, el
sucio oro, en lugar de la sabiduría, como medio de cambio universal. El precio
de toda virtud, enseña Sócrates, es la sabiduría. Y dice, «yo he consagrado mi
vida, de pensamiento, de filósofo, de metafísico, la he consagrado a esto
solamente, a prepararme para morir». La filosofía tiene como objeto y
finalidad, preparar para la muerte. Entonces uno de los que comparten el
diálogo, creo que Simnias, le dice, los tebanos sobre todo se pondrían muy
contentos si te oyeran decir que los filósofos gastan la vida en prepararse
para la muerte, porque de ese modo pensarían, con qué facilidad se podrían
desprender de todos los filósofos, si finalmente ellos aparecen consagrando la
vida a prepararse para saber morir. Y Sócrates le contesta, claro que sí. Con
una sola diferencia, porque morir tenemos que morir todos. Lo que no saben los
tebanos ni los que desprecian a la filosofía, es que el filósofo sabe por qué
muere y para qué vive. Este es el problema. Este saber, saber para qué se vive
y para qué se muere, esto es el saber fundamental. Por eso Sócrates agrega: «no
puede ser que yo frente a la muerte - porque ya está condenado a morir-, me
presente ahora como un atolondrado, como un desesperado». Quería decir que
había dedicado vanamente todo el tiempo de su vida a prepararse para saber
morir. El hecho fundamental de nuestra vida temporal es la muerte. Porque en
definitiva hay que pasar por ahí. Con una mala muerte o con una buena muerte,
hay que pasar por allí. Entonces toda la cuestión de la libertad del hombre,
del señorío del hombre, está en cómo morir. Y Dios siempre ayuda a bien morir a
aquél que lo ha aceptado, a aquél que lo ha reconocido. Y fíjense que cosa
notable. Los grandes maestros del pensamiento pagano, llegaron a descubrir este
sentido profundo de la sabiduría humana. La sabiduría es una preparación para
saber morir. Y cuando la misma Verdad, la misma Sabiduría Divina se hace
hombre, se encarna, ¿cuál es su lección suprema?, ¿cuál es su testimonio
supremo?, ¿cuál es el hecho de esa Sabiduría, de esa Verdad Divina hecha
hombre? Es justamente un hecho que está relacionado con la muerte. Es la
Sabiduría misma, la Verdad misma de Dios que se ofrece como hombre en el
carácter de víctima perfecta. Se ofrece en sacrificio. Y el vencedor de la
muerte, pasa por la muerte. Pero esa, como lo vislumbró Sócrates, y el propio Verbo
de Dios nos lo enseña, y nos da además el ejemplo, que nosotros adoramos en la
Cruz. El problema decisivo del hombre, está precisamente en aprender a morir, y
en saber morir. Y es la razón por la cual muere, y nunca le va a faltar, cuando
está decidido así, la ayuda de Dios. Yo siempre he tenido y tengo miedo frente
a la muerte, pero el miedo que tengo no es tan grande, como para no comprender,
que si realmente estoy dispuesto, Dios me va a ayudar a hacer un buen papel, en
ese momento. Y que lo decisivo está allí, eso es lo fundamental. El hombre es
un animal metafísico. Y la raíz de ese sentido metafísico, está en su
diferencia fundamental con el resto de los animales; es que los animales se
mueren y no saben, ni que mueren, ni por qué mueren, ni para qué mueren. Y por
eso tampoco saben, ni por qué ni para qué viven. La diferencia del hombre es
eso, saber eso. A veces al hombre le cuesta mucho, comprender que aquí está la
verdad fundamental de esta vida, no la verdad fundamental de todas, porque esa
corresponde a la Vida Eterna. Pero la verdad fundamental de esta vida, es hacer
de esta vida algo para servir a la Eternidad, para servirle a la Vida Eterna. Y
donde la muerte no es nada más que el hecho principal que debemos enfrentar, y
que debemos resolver, para alcanzar esa Vida Eterna, es decir, para vencer a
esa muerte. Nosotros adoramos a Ese que venció, a esa Vida Verdadera que venció
a la muerte, que mató a la muerte. Pero la mató asumiéndola, porque no hay otro
modo de hacerlo.
Entonces,
cuando en la formación de la conciencia de un pueblo, sobre todo de su clase
dirigente, sobre todo de sus defensores naturales, falta esta conciencia, le
falta la Metafísica a ese pueblo, y por lo tanto la Teología, porque la
Teología es la Metafísica de la Fe, es filosofar en la Fe, en la Fe de Cristo,
en la Fe revelada. Cuando le falta a un pueblo, y sobre todo a los responsables
de su conducción, esta conciencia metafísica, entonces todo se reduce a la
habilidad. A habilidad y a torpeza. Y nosotros en la política oficial, venimos
padeciendo a los hombres hábiles, que intentan gobernar al país o pretenden
gobernarlo, sin sabiduría, despreciando la sabiduría humana y la Sabiduría
Divina. Y entonces lógicamente el fruto de esas habilidades es lo que estamos
soportando en este momento. Esas habilidades conducen a esto. La gente
prescinde de la verdad, prescinde de la sabiduría. Se ríe, se burla, escarnece
al que habla de ella. ¿Cómo va a entender el lenguaje socrático?, este lenguaje
realista, concreto, existencia!, verdadero. San Agustín, que fue cristiano, y
que en orden intelectual es un verdadero platónico, cuando se convirtió a la Fe
de Cristo, inmediatamente, este hombre que había llevado una vida más o menos
mediocre, hasta más allá de los treinta años, realmente, se constituye en un
iluminado de Dios. Y hace un retiro, porque los retiros son una cosa muy
antigua, están desde los primeros tiempos, hace un retiro, un ejercicio
espiritual. Se aisla con un grupo de personas, y por ahí, alguien que había
sido su amigo, en su tiempo pagano, y que había sido un romano muy rico, que se
llamaba Romaniana, al saber los nuevos caminos de Agustín, y encontrarse con
él, le reprocha que no le haya comunicado antes, sobre estos caminos nuevos de
él. «¿Cómo no me has invitado a compartir contigo, transitar contigo estos
senderos?» Y entonces Agustín le dice: «no te avisé antes, porque tú estabas en
riqueza, en poder, en comodidad. Todo el mundo te rodeaba, y te adulaba y te
halagaba, y tú repartías beneficios como un señor, y te gustaba el halago, y te
gustaba la fortuna, y te gustaba toda esa suntuosidad que te envolvía. Si yo te
hubiera llamado en esas circunstancias, ¿me hubieras llevado el apunte?, si yo
te hubiera llamado a este retiro, a este desprendimiento, a la contemplación,
¿me habrías llevado el apunte? Era inútil que yo te llamara en ese momento.
Ahora que estas empobrecido, y desprendido digamos así, un poco a la fuerza,
ahora sí estas en condiciones de compartir estos caminos». Por eso decía San
Bernardo, sin virginidad te puedes salvar, pero sin humildad no te puedes
salvar. Santa Teresa insistía, el humilde está en la verdad, porque el humilde
es el desprendido, y lo que hace falta en esta vida es desprendimiento. ¿Por
qué decía Sócrates, e insistía Platón, que la filosofía era una preparación
para saber morir? Porque cuando uno está preparado, y dispuesto para morir, es
verdaderamente libre, verdaderamente señor. Ya no puede temblar ante nada fuera
del temor de Dios, de faltarle a Él. Los otros temores humanos, demasiado
humanos, están ya fuera de alcance, ya no lo pueden hacer presa. Y claro, esa
libertad, ese señorío, viene precisamente del estar en la Verdad, y para estar
en la Verdad hay que ser humilde.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
10-EL SÍMBOLO DEL ESTOQUE TOLEDANO
¿Por
qué hay que ser humilde?, ¿qué quiere decir ser humilde?, que nada a uno lo
estorbe; la mirada limpia sobre las cosas. Que nada en uno, ni voluptuosidad,
ni temor, ni tristeza, ni pasión alguna, ni apetito alguno, estorbe la
limpidez, la serenidad de la mirada que se vuelca sobre las cosas. Porque las
cosas están para decirle sus secretos a la inteligencia que las contempla.
Cuando esa inteligencia las contempla, desprendida de todo lo que la pueda
sujetar, limitar, enturbiar de algún modo, entonces uno ve las cosas como ellas
son, las ve en su esencia misma, y se comprende entonces, que un alma que se
alimenta, que se colma de las esencias, de los valores esenciales, de esas
razones supremas de vivir y de morir; cuando está colmada así, no digo que no
va a temblar ante la muerte, pero sobre ese temblor, se impondrá una serenidad
imperturbable, que da la conciencia clara, de que muere en la Verdad, y por la
Verdad. Y entonces uno, es realmente señor y soberano. Y una Patria, una
Nación, cuando es realmente soberana, es porque en ella hay un número
suficiente, hay un resto, aunque sea un mínimo resto de hombres, que teniendo
la responsabilidad de la conducción, están en esa disposición, en ese
desprendimiento. Porque sólo así pueden ser hombres prudentes, que actúan en la
verdad, según la verdad, y que no pretenden gobernar con ficciones, con
ilusiones, con trucos de los magos. Ustedes se dan cuenta la falacia que
representa por ejemplo este falso dogma de la soberanía popular. Esta cosa
monstruosa, diabólica, inventada en la Revolución Francesa por los que
desterraron la Soberanía de Dios. Es decir, la desterraron en ellos, porque
Dios sigue reinando. Y la substituyeron por la soberanía del hombre. Y la
expresión concreta de esa soberanía del hombre que reniega de la Soberanía de Dios,
es la voluntad de las mayorías, la omnipotencia del vulgo, Y fíjense la gente
hoy, ¡qué espectáculo denigrante!, viendo, a soldados sobre todo, dispuestos a
ser sacrificados en el altar de la soberanía popular, y sin ninguna disposición
para renovar el sacrificio ellos mismos de la Cruz, por ese Soberano que es
Cristo, Soberano Real y Verdadero, ¡ni bolilla le dan! Y al soberano popular, a
ese monstruo, la expresión acabada de la servidumbre, de las pasiones, y de los
apetitos del voto de esas multitudes en un país como el nuestro, donde para el
cincuenta por ciento por lo menos hay un solo elector, uno solo que elige, y si
pusieran a un caballo de candidato, lo votan al caballo, no tengan duda. ¿Y van
a traer la paz, la tranquilidad en el orden, con el veredicto de la multitud,
que ni siquiera elige, sino que hace lo que le manda el patrón?. Y todos
sabemos que es así. ¿Y qué ha pasado al día siguiente de la elección, cuando el
triunfo del Frejuli, fueron numerosísimos, y no hombres del común, sino sobre
todo universitarios, que fueron corriendo a inscribirse con el éxito, con el
triunfo. Eso es denigrante, ¿con eso vas a salvar a un país, con eso lo vas a
sacar del abismo? No hablo de la pobre gente, porque ella es engañada, a
cualquier nivel y de cualquier forma. Hablo de los doctores, de los
universitarios, de los magistrados, y de los jefes militares, y también de las
jerarquías eclesiásticas. Porque todos estamos en el pueblo. Uno lee las
palabras que hablan ellos, porque son tantas y están ya de tal manera
saboreando el poder y lo que van a hacer con él, que se les va la mano. Y
entonces dicen las cosas más horrendas, que no son meras palabras, palabras de
odio, de revancha, de venganza, es la única que sale de sus labios. Y la gente
aparece dispuesta, al menos en la apariencia oficial, a entregarles el poder.
Es decir, no vacilan al menos en la retórica oficial, en disponerse a ser
sacrificados, repito, en el altar de la soberanía popular. Y se rehusan a ir al
sacrificio por Cristo Jesús, el bien de la Patria. A eso hemos llegado. Sin
embargo, yo soy un hombre de esperanza. Primero, porque creo que en el país hay
un resto suficiente, con fuerza, que en algún momento actuará en el nivel de
una decisión heroica. No puedo creer, me resisto a creer que no haya un puñado
de hombres y mujeres capaces, de una definición, de una decisión, y de un
espíritu de muerte. En consecuencia, para resumir, creo que en el día de hoy se
han producido ya hechos defiriitorios, que configuran la guerra civil, la
guerra interior. La magnitud de esa guerra, y el resultado de la misma, lo
iremos viendo, si Dios nos da vida. Pero ya no hay maniobra posible, ya no hay
acomodo posible, ya no hay transacción posible. Ahora se está ante un dilema: o
se le entrega el poder al peronismo, movido -para cualquier persona de sentido
común, que quiera abrir los ojos todavía a la verdadpor la fuerza del terror
comunista, que es la verdadera dinámica que impulsa toda esa masa, tanto
proletaria como universitaria; o se le entrega el poder a eso y la guerra viene
igual (la guerra que harán ellos a las víctimas, justificadas y sin
justificar), o se enfrenta a ese poder. Que ya no se lo podrá enfrentar más en
nombre de la soberanía popular, ni del sufragio universal, ni de la voluntad de
las mayorías. Uno se da cuenta que ésta es una hora análoga a la que España
vivió en la primera mitad del año 1936. Ese hecho, ocurrido en España, ese
levantamiento cuando ya todo parecía perdido, definitivamente perdido, decidió
mi vida, porque yo a partir de ese hecho, comprendí algo que hasta entonces no
había sabido, porque hasta entonces yo vivía embaucado; me liberó del error, me
ayudó a situarme en la verdad, y a vivir sirviéndola hasta el día de hoy, y si
Dios quiere hasta la muerte. El otro día, para terminar, recibí un obsequio,
que al principio me parecía que podía ser una bomba, realmente, ustedes van a
decir que yo estoy estableciendo relaciones así arbitrarias entre cosas
aparentemente casuales por lo menos. El otro día, un profesor de matemáticas,
que yo había olvidado completamente, que concurría a mis clases en Paraná hace
más de treinta años, (él era de otro profesorado pero venía a mis clases de
filosofía porque le gustaba, además él era nacionalista, y alguna vez que he
ido a Santa Fe él ha estado en alguna charla) , pero yo no tenía la menor idea
de esa persona. Y recibo una encomienda, que no pesaba nada, era un paquete que
no pesaba nada. Y además, el remitente, aparecía ahí un señor Batión de Santa
Fe que yo no tenía la menor idea de quien podía ser. Así que se creó una alarma
en la casa, para colmo estaban los nietos, la llevé al lugar más seguro, no
quería hacer un papelón, porque no iba a llamar a la Brigada contra Explosivos,
y me puse a cortar con una tijera una punta, y aparecían papeles de diario, y
seguían papeles de diario, y de pronto aparece la punta, como de un clavo, y ya
me alarmé seriamente. Entonces digo, cómo resuelvo este problema, y me acordé
que tengo un amigo aquí, de Santa Fe, que en realidad vive en Santa Fe pero
trabaja acá en la Aduana, está muy vinculado a Santa Fe, la señora de él ha
sido alumna mía, en Paraná, así que lo llamó a la Aduana. Y me llama, y le
digo, digamé, «¿usted se acuerda de un tal Batión?, «¡pero cómo no me voy a
acordar!, usted también, ha sido alumno suyo -me dice- cómo no se acuerda!..».
Entonces me vino el alma al cuerpo. Abro la encomienda, y ¿qué me había
mandado?, una miniatura de una espada toledana, comprada en Toledo, que hace de
cortapapel. Había ido a Toledo, y seguro viendo el Alcázar, se acordó de mí.
Recuerdo que me honra porque yo hace años de años que no lo he tratado ni
visto. Compró ese cortapapel, que figura un estoque toledano, y me lo ha
mandado, como un testimonio, simplemente un testimonio, así de amistad, de
aprecio, de estimación, en estos momentos. Y tiene que ver, este recuerdo, con
lo que el país está viviendo en este momento. Aquí no hay más que una opción.
Acá no se trata por supuesto de salir en defensa de los responsables de este
salto en el vacío, aparte de otras cosas. Aquí se trata de salir en defensa de
los valores esenciales de nuestra Nación, del señorío argentino, del trato de
honor de los hombres. Cualquier persona comprende que lo ocurrido ayer en La
Plata es un acto subversivo de ese comunismo, que avanza a la sombra del
peronismo, cumpliendo la consigna de Lenírt, ahí donde está la masa debe estar
el comunismo. Cualquiera comprende que esa es una labor estrictamente
subversiva, y que por este camino se va a llegar a una situación que es la que
espera ese comunismo que mueve al peronismo, de que el estado de desobediencia,
la insubordinación, pasiva o activa, se extienda a todas las Fuerzas Armadas de
la Nación. Se comprende que ese vacío interior, obrado oficialmente en las
Fuerzas Armadas, se traduzca finalmente en un vacío exterior. Se comprende que
por el camino que llevamos, evidentemente, el enfrentamiento del Ejército y de
la principal Policía de todo el país, que es la de Buenos Aires, se va a
traducir pronto, en un enfrentamiento entre la guerrilla con el apoyo popular
generalizado, y unas Fuerzas Armadas en que existe la concreta posibilidad de
que los mandos no sean acatados. Y no hablo de lo del Acorazado Potemkin, ni de
los días de San Petersburgo, cuando el ejército se sumaba a la subversión,
porque ese camino evidentemente es el que estamos transitando.
Hay
que devolverle al hombre de armas el sentido militar de la vida, una clara
definición de razón de vivir y morir, la conciencia de su misión específica que
es la defensa de la soberanía política, y por encima de todo la disposición y
el espíritu de muerte, porque sin él, no hay liberación ninguna. Y hasta ahora
los ejemplos de esa actitud, vienen de los guerrilleros, de la disposición de
muerte. Es pavoroso, que muriendo todos los días principalmente agentes de la
Policía de la Provincia de Buenos Aires en manos de los guerrilleros, hasta en
las fotografías se ve la «V» peronista hecha por miembros de esa policía. Es
una cosa increíble pero real, son los hechos reales. El éxito tiene una fuerza
de sugestión arrolladora, arrolladora, me acuerdo en el año '46, nos quedamos
sólo un puñadito, los nacionalistas, y era una generación brillante aquélla, y
como moscas se prendieron a la miel del triunfador, y liquidaron generaciones
de hombres, realmente brillantes, en todo sentido, y ahora se repite lo mismo,
el mismo proceso se repite. No es tarde para salir, pero evidentemente se ha
dejado avanzar demasiado, se ha retrocedido cada vez más, se ha ido dejando
para después: todavía no es la hora, todavía no ha llegado el momento, en
cuanto desborde entonces vamos a salir. Cuando desborde te van a cubrir las
aguas. Un viejo sacerdote italiano me decía el otro día, «realmente yo no
entiendo nada: la impresión que me dan estos conductores militares y políticos
de la República, es la de unos hombres que se pusieron a destruir con sus
propias manos un dique de contención, de las aguas, y ahora desbordan
torrentosas, y las quieren detener con palabras y con las manos». Esto me lo
decía al día siguiente de las elecciones del 11 de marzo. Mediten ustedes la
verdad de este juicio. Ustedes, sobre todo los jóvenes, van a ser tentados
ahora más que nunca. Una gotita de miel tentadora cae en el oído, «tú serás
rey, aprovecha el momento». En el Frejuli está la salida, está el triunfo. A
los jefes y oficiales retirados de todas las armas, les han dejado caer la
noticia, tú volverás a la actividad, y la tentación es fuerte, y el hombre
demasiado débil. Por eso, quiera Dios que podamos continuar reunidos comentando
las cosas de la Patria, y que Dios nos ayude a dar testimonio de la Verdad de
Él, y de lo que es verdadero y esencial en nuestra existencia nacional y
personal.
JUEVES 29 DE MARZO DE
1973
11-LA IGLESIA DEL CAMBIO
Me
contaba un amigo que me visitó ayer, que hace tiempo que no venía, que la
esposa de un general en actividad, licenciada en Psicología, de la Facultad de
Filosofía de Buenos Aires, votó al Frejuli, es decir, votó contra su marido,
podría explicarse un voto contra el marido, porque ella tenía que desahogar su
alma y expresar su disconformidad con las Fuerzas Armadas, se vendieron, y
entonces vota al Frejuli. Yo les cuento un hecho, hay cosas que son increíbles
pero que suceden. Hay mucha gente que con una absoluta inconciencia, como es
propio, porque como dice Platón, la multitud se mueve a la aventura, es decir,
por la pasión, por el interés, por las impresiones del momento nada más.
Entonces lógicamente la gente no medita, ni en las consecuencias ni en nada,
sino solamente quiere darse el gusto de manifestar su oposición contra algo. Y
entonces se suman precisamente a algo que mañana, cuando sobrevengan los
grandes errores y horrores, entonces dirán, caramba, me equivoqué, yo no
esperaba esto, esto ha ocurrido, pero claro, yo esto no lo quería. Es como
Descartes, cuando escribió el Discurso del Método, hay una parte en que él se
asusta de las consecuencias que eso va a tener. Se asusta de las consecuencias,
porque él dice que el derecho a la crítica, el derecho a juzgar se extiende a
todas las cosas, se extiende a todo. Entonces lógicamente, quiere decir que
mañana la crítica se irá extendiendo a las cosas santas, a las cosas más
sagradas, a las cosas más esenciales, y todo se va a ir desmoronando. El prevé que
va a ocurrir eso, entonces dice, «yo no quiero llegar tan lejos, y esto es lo
de menos, yo siento el principio, y yo no iré tan lejos, pero va a venir otro
después de mí, que va a seguir en la línea de la revolución, hasta hacer de la
revolución permanente, la situación, corriente y normal como ocurre en el día
de hoy». Imagínense, cuándo iba a pensar uno que en la Iglesia de Cristo, iba a
surgir una postura de cambio, como, la regla suprema de la vida de la Iglesia.
La Iglesia del cambio. Uno podría pensar que en el único lugar que no se dará
nunca, es justamente en la Iglesia, porque si hay algo que está fijo en una
palabra que no pasará nunca, en una cátedra que es la única que tiene la
autoridad infalible para definir, todo aquello que atañe a la verdad de la Fe,
y que atañe a la moral, uno podría pensar que jamás esa Iglesia podía de
pronto, presentarse ante el mundo en la figura de una Iglesia del cambio. Que
hay cosas que tienen que cambiar, cualquiera lo sabe. El otro día, yo había
tomado una frase de Peguy, en una clase de cultura general que doy todos los
viernes, y esa frase es, «Homero es nuevo esta mañana, y el diario de hoy ha
envejecido ya». Entonces en torno a esa frase se hizo toda la clase, y por ahí
le pregunto a la clase, serán treinta y cinco o cuarenta chicos de unos quince
años, pregunto, a ver si alguno después de todo lo que hemos conversado, me
dice que es lo clásico. Y me sale un chico, y dice, «a mi me parece que lo
clásico es lo que no pasa nunca de moda». Le digo, ni yo podría definirlo
mejor, le felicito, porque realmente eso me gusta, en un joven que sea capaz de
avivarse hasta ese punto. Y ahora resulta que la Iglesia también se propone,
como Iglesia del cambio.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
12-LA CEGUERA DE LOS HOMBRES DE ARMAS
Bueno,
pero yo hoy me voy a ocupar de dos cosas, primero de una apreciación de la
situación, porque es inevitable hacerlo, en momentos tan graves como estamos
viviendo, y después me voy a ocupar de un tema que es de los primeros temas que
yo traté aquí en esta cátedra, al iniciarla hace veintiocho años. Yo entonces
me ocupé varios años de Platón, y se publicaron dos libros, que están en
realidad agotados hace mucho: uno se llama El Filósofo y los Sofistas, y el
otro se llama La Idea y las Ideologías. Es un comentario el primero, de los
diálogos socráticos de Platón, los diálogos morales, y el otro un comentario de
los grandes diálogos metafísicos como Parménides, el Teeteto, y el Sofista.
Pero antes quiero referirme a la cuestión más candente de este momento. He
atribuido a una ignorancia diabólica, que es la ignorancia de aquellos que
pudiendo y debiendo ver, cierran los ojos, o desvían la mirada para no ver, que
fue el pecado del diablo contra Dios. Y ese es el pecado que cometen los
hombres toda vez que pudiendo o debiendo ver, o teniendo delante la evidencia,
cierran los ojos para no verla y para no tener que confesarla, y para no tener
que obrar según esa evidencia, según esa verdad manifiesta. Esto no significa
digamos así, atenuar la culpa, no, ésta es la ignorancia más culpable, es la
raíz más profunda del pecado. Por eso Dios no lo perdonó al diablo. No lo
perdonó porque el diablo es una inteligencia superior, muy superior a la
inteligencia humana, y está sobre todos los ángeles, y él la única manera que
tenía para desconocerlo a Dios, a quien él conocía, y de una manera mucho más
lúdda, transparente, inmediata, intuitiva, aunque no fuera en la misma Luz de
Dios, que lo podemos conocer nosotros con nuestra razón abstracta y discursiva,
y que se nutre de lo que los sentidos le aporta. No lo perdonó precisamente
porque había una radical perversidad en ese apartar la mirada. Para que el
ángel caído pudiera decir, «no te simo», tenía necesariamente que empezar por
desconocerlo. Y la única manera que tenía de desconocerlo era cerrar los ojos
para no verlo. Dios en cambio perdonó al hombre, y derramó sobre él su infinita
Misericordia, y envió a su Hijo para rescatarlo, a pesar de la responsabilidad,
de la culpa. ¿Por qué? Primero porque el hombre es una inteligencia menor,
mucho menor que la del ángel. Segundo, porque el hombre actuó bajo la seducción
del demonio, fue seducido. Y eso es un atenuante. Como ocurre cuando en un
crimen, alguien ha sido instigado, impulsado, dirigido, por otro que es el
culpable mayor, que el que ejecuta. Esta, digamos así, humanamente es una razón
que a uno le resulta perfectamente nítida, que le permite comprender, por qué
no perdonó al diablo, por qué perdonó al hombre. Bueno, esta ignorancia
diabólica, que es el signo de la presencia del diablo en el mundo, es
precisamente la que más estragos hace, y la que produce hechos como éste en que
ha caído la República. Hay gente que no podía creer que no hubiese un convenio
entre los responsables de la conducción política y militar actual y el señor
Perón, porque no podían creer en tanta inconciencia, en tanta
irresponsabilidad. Ayer he podido comprobar que los generales que firmaron ese
documento adhiriendo al proceso electoral, y a la salida electoral y a la
entrega al que ganara, etc., estaban convencidos, convencidos absolutamente, y
no se podía ni hablar con ellos, de que el ballotage arreglaba el asunto. Todo
el secreto estaba en la segunda vuelta. Y entonces hacían este cálculo: fíjense
la manera de razonar, a dónde conduce esta ignorancia invencible. En vez de
mirar la realidad, hacen un cálculo matemático, como cuando uno hace un cálculo
de probabilidad. Y entonces dijeron, los radicales el treinta por ciento, los
de Manrique el quince por ciento, los de Allende el quince por ciento. Treinta
más quince más quince son sesenta. Luego, el Frejuli saca cuarenta. Vamos a la
segunda vuelta y ahí lo embromamos. Sabe usted, poner el destino de la
República, los hombres de armas, sobre la base de este cálculo que yo acabo de
hacer, y es el cálculo que ellos hicieron, y adhirieron como a una conclusión
demostrada, como digamos así, un razonamiento matemático. Así pensaron, así
creyeron, y siguieron adelante. Y lógicamente, se ha producido este salto al
vacío. Este salto al vacío, que fíjense cómo será la magnitud de lo que está
ocurriendo y de lo que va a ocurrir, que los triunfadores, en esa euforia
irresponsable que también los caracteriza, ni siquiera frenan la lengua hasta
esperar a tener el gobierno, y se lanzan a declaraciones, que si quedara en el
país un resto de varonía, y de responsabilidad, sería motivo más que suficiente
para terminar con todo en un momento. Porque el otro día, yo no pude leer lo
que los dirigentes de la Juventud Peronista dijeron en La Plata, y culminó el
acto con la palabra del gobernador electo Bidegain. Pero ellos ya plantean
claramente el hecho irreversible, que es la constitución del Ejercito del
Pueblo. Lo mismo que ha pasado en Cuba, lo mismo que ha pasado en China, lo
mismo que pasó antes en Rusia. Solamente un inconciente, un irresponsable
absoluto, puede pensar que esto no va a ocurrir aquí. Una vez que el Frente
Popular sea dueño del gobierno, el éxito arrastre, como arrastra a la gran
mayoría de los hombres de todas las condiciones, porque el hombre es un ser
caído, el mal y el odio, son mucho más activos humanamente que el amor y el
bien Y no digo nada cuando tiene el impulso del éxito. Fíjense por ejemplo la
palabra de uno de esos dirigentes, Carlos Caferata: señaló que «el pueblo acaba
de lograr una victoria en una gran batalla» -le llaman gran batalla a votar,
«contra la calaña de los tramposos, exhorto a los miembros de la juventud a
mantener como consigna la moiñlización y la lucha para la defensa del triunfo y
la construcción del socialismo nacional. Organizaremos el gran ejército del
pueblo, para la reconstrucción nacional, y esto no es una frase, sino la
convocatoria militante de la juventud». Y luego habló el de la Regional IH de
Córdoba, Miguel Mosé, y dijo: «es necesario convertir a cada barrio en un
fortín, y a cada casa y a cada escuela en una trinchera, y a cada peronista en
un combatiente montonero». Y luego habló el señor Carlos Cúnquele, diputado
nacional electo, quien fustigó a la camarilla militar, hubo elecciones, porque
se estaba dando el embrión del ejército popular, que «liberaría» a la Patria,
al mismo intento de condicionar al gobierno. Y luego hablaron en el mismo
sentido el representante del Chaco, y después le puso la firma a todo el
gobernador electo. Y ayer todos habrán leído en La Razón, el acto presidido por
el Intendente electo de Tigre inaugurando una unidad básica a la que se le puso
el nombre de Fernando Abal Medina, muerto por la policía en un tiroteo, uno de
los hombres que participaron en el secuestro y el asesinato del General
Aramburu. Y allí se dijeron las mismas cosas por parte del Secretario General
del Movimiento Justicialista, que es el hermano de Fernando Abal Medina. Y para
no extenderme en esto, que además todo el mundo conoce, ¿qué expresó él?,
expresó que «en un solo camino, el que está asignado jpor la organización desde
las bases, hasta contar con un verdadero ejército, que asegure el legitimo
triunfo obtenido, y que la sangre de los mártires no se negociará. Yo les digo
en nombre de Cámpora que esto se va a cumplir, y si no lo cumplimos, que el
pueblo montonero nos saque a patadas. Perón o muerte. Viva la Patria». Si acá
hubiese militares, con esto sólo, aparte de todo lo que se ha gritado y aullado
en todas las asambleas, hay razón suficiente, no solamente para encarcelarlos a
todos, sino para producir un hecho que sea realmente purgativo y purificador. Y
entonces veremos qué pasa realmente. Porque este lenguaje es realmente
inadmisible. Es una cosa imposible de entender que se pueda soportar semejante
cosa. Que se pueda impasible seguir adelante. Porque por este camino, los
responsables no solamente van a ser liquidados, sino que entregan a sus
camaradas a la liquidación, entregan las instituciones armadas al deshonor
absoluto, porque serán borradas todas las medidas que se tomaron contra el
señor Perón, y será aniquilado el país en el comunismo. Esto es un hecho que
humanamente es casi irreversible, porque solamente una persona que haya perdido
todo sentido de la realidad y que no quiera ver una realidad inminente,
perentoria, que es una cosa ineludible, puede creer, que aún cuando vamos a
suponer que el señor Perón y el señor Cámpora quisieran tranquilizar a la
gente, señores, hace cuatro años que se están organizando en el país los
comandos guerrilleros, que tienen objetivos que trascienden completamente todos
los planes políticos, que aparecen digamos, oficialmente manifestados. ¿Quién
ataja a esa gente?, si no la han atajado y han actuado en la impunidad
prácticamente estos cuatro años con un gobierno militar, matando jefes,
oficiales, suboficiales, personal subalterno. Piensen ustedes con un gobierno
del frente popular, que es el que ha instigado y alimentado todas esas
guerrillas, lo que va a ocurrir. Va a ocurrir lo mismo que ocurrió en España.
Se va a oficializar el crimen, el crimen va a ser oficial. Porque además los
hombres del gobierno van a tener que acatar y apañar todo lo que se haga,
porque si no van a ser barridos, como dice Abal Medina. No creo exagerar
absolutamente nada. De la misma manera que este proceso se ha venido cumpliendo,
de manera que si yo lo miro en una perspectiva humana, es digamos una cosa
inexorable que va sucediendo, y no por la fuerza del enemigo, sino por la
infinita flaqueza, ignorancia, e irresponsabilidad de los responsables de la
conducción, sin entrar a considerar las intenciones, porque en la política lo
que cuenta son los resultados. Las intenciones las juzgará Dios de cada uno y
no soy yo quien me pueda poner a juzgar intenciones de nadie. Es increíble que
hayamos llegado a este punto, en que los mismos hombres, que contribuyeron de
un modo u otro a terminar con un régimen de ignominia, de adulación, de
servilismo, de agobio. Me decía el otro día un colega, que está en el
Ministerio de Agricultura, que, «ya ha comenzado el silencio en las oficinas.
Ya la gente no habla. Ya la gente tiene miedo de pronunciar una palabra, de
pronunciarse, es decir ya está actuando la nueva situación...» De manera
entonces que este es un problema que está en manos de los responsables. Esto es
un problema que está en manos de los hombres de armas. Y ellos están
profundamente equivocados. Tan equivocados como han estado en todo el proceso.
Calculen ustedes, el pueblo movilizado, las unidades básicas que han de estar
armadas hasta los dientes, la estructura de las guerrillas en las calles, las
mujeres, los chicos, sale un jefe con la fuerza, ¿le va a disparar a la gente?,
¿van a disparar los soldados?, ¿contra el pueblo? Esos soldados a quienes les
han estado cultivando la mentalidad populista, de que el verdadero soberano es
el número, y el soberano se ha pronunciado, y los jefes han dicho que van a
respetar esa voluntad. Basta recordar los episodios de la Revolución Francesa,
la Revolución Rusa, de todas las revoluciones que en el mundo se han dado de
este tipo, y verán a la fuerza sumarse, luego de degollar a sus jefes, o
dejarlos pagando. Porque el hecho, es que, las cosas son así. Dios quiera que
asuman conciencia, y al menos se dispongan a de alguna manera, compensar el
inmenso, funesto, pavoroso daño que han hecho a la Patria. Vuelvo a repetirlo.
No juzgo las intenciones, sino los resultados, y me apoyo en este lenguaje, que
es el lenguaje verdadero, realista, concreto, la dinámica del proceso la tiene
esa juventud organizada, organizada en el terror, para liquidar todo resto de
una Patria ordenada, cristiana, todo resto de lo que pueda quedar, hasta de un
orden natural. Porque ninguna persona puede llegar a la inconciencia de creer
que aquí no va a suceder lo que ha sucedido ya en la mitad del mundo, y está
para suceder en la otra mitad. En España, donde se esperó tanto también para
reaccionar, cuando se reaccionó, humanamente ya era tarde. En los lugares
principales de España, los hombres de armas que reaccionaron, fueron arrollados
y arrasados, como en Madrid y en Barcelona. La distancia, la existencia de ese
pequeño ejército del África, fue la base para poder emprender una tarea
tremenda, que costó un millón de muertos y la destrucción de media España a lo
largo de tres años. Uno no tiene más nada que decir. A mí, en estos momentos,
lo único que me mueve, y lo único que le pido a Dios es que me ayude a dar
testimonio, mientras tenga alguien que quiera escuchar, y mientras pueda yo
hablar.
