domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-25 LA REALEZA DE CRISTO/26-LA DIALÉCTICA DEL TERROR


ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta


17 LA POSESIÓN DE LA VERDAD

Y ahora sí voy a pasar concretamente a esta clase, que la quiero exponer de un modo más ordenado que las otras. Porque claro está, cuando uno habla, van surgiendo a veces los temas que lo apartan del hilo, del desarrollo principal de la clase. Porque la verdadera docencia está en una enseñanza que sea realmente viva, y que encuentre un eco en los que escuchan. Siempre en el acto docente, las dos partes son activas, el que habla y el que escucha, nunca es un monólogo. Es un monólogo cuando yo hablo, en rigor, sin ser escuchado, hablo para mí, y entonces evidentemente está frustrado el acto docente. La docencia significa la participación activa del que habla y del que escucha. En la medida en que lo que uno dice encuentra eco, una resonancia, es realmente revivido interiormente por el que escucha, en esa medida se cumple la acción de enseñar y de aprender. Nunca es pasivo el que aprende.
Hay gente que cree que había que esperar a la pedagogía de nuestros días para saber esta vieja verdad. Cualquier lector de Platón que estudia en Platón cómo enseñaba Sócrates, la docencia socrática era una docencia que tenia dos partes, una era la ironía, y la otra era el alumbramiento. Por eso se llamaba a sí mismo partero Sócrates, porque hada lo que hace el partero. El partero no le da la vida al hijo sino que ayuda al alumbramiento. Esto es importante de entender. ¿Por qué la primera parte es ironía? ¿qué sentido tiene la ironía socrática? Siempre que él conversa o conversaba con un ciudadano, en general ese ciudadano, ese compatriota, creía saber acerca del tema que se trataba. Entonces Sócrates adoptaba la actitud del aprendiz, y le preguntaba, le solicitaba que le dijera lo que sabía, por ejemplo de la justicia, de la belleza, de la virtud, de la verdad, del conocimiento, de la ignorancia. Y el interlocutor comenzaba a trabarse, y cuando tenía que definir, no encontraba las palabras, como esos que dicen, yo sé pero no lo sé decir. Si usted no lo sabe decir, es porque no lo sabe. Si lo dice mal es porque lo sabe mal. Es absolutamente falso, y un engendro de estos tiempos bárbaros, pretender que hay métodos para enseñar, que son distintos de los métodos para saber. Como si el método pedagógico no fuera el mismo método propio de la ciencia que usted aprende o enseña. Lo único que hace falta para saber enseñar, es saber bien lo que usted enseña, saber el qué, el cómo viene casi solo, a menos que a usted le falte lo que necesita el educador, y es una capacidad de amor, de comunicación. Si usted no tiene voluntad de comunicar lo que sabe, entonces evidentemente usted no lo comunica. Pero si usted sabe, y además necesita comunicarlo porque el saber es docente de suyo, lo más docente, lo más comunicativo que existe, entonces usted lo sabe comunicar. Porque el qué, determina el cómo. En cambio el cómo no puede arreglar la ausencia del qué. Si usted no sabe, es inútil que aprenda toda la metodología existente; no podrá saber enseñar, porque falta lo principal. La ironía socrática, era la que a través de un humilde preguntarle al que cree saber, que le diga lo que sabe, el otro comience a trabarse, y finalmente, se dé cuenta de que no sabe. Esta es la ironía socrática, conducir al que no sabe, creyendo que sabe, a la conciencia de que no sabe, a esta ignorancia que es sí principio de sabiduría, porque es la conciencia de que uno no sabe lo que sabe. Ahí aprende: ya empieza el saber, ya empieza la sabiduría. Y una vez que el discípulo ha asumido conciencia de su ignorancia, y por lo tanto ha comenzado realmente a saber, lo que no sabe, y se dispondrá a aprender lo que ignora. Entonces viene la labor del partero, del que alumbra, del que ayuda a alumbrar. No es que le va transmitiendo los conocimientos como cosas que da y el otro recibe, de ninguna manera. ¿Cómo los va comunicando?, las preguntas, ¿qué sentido tienen?, suscitar, despertar la inteligencia del otro, y llevarlo al alumbramiento por sí mismo. Por eso, la forma elemental del pensamiento es el concepto, concepto viene de concebir, concebir es como engendrar, es como alumbrar, es como dar a luz en la mente la idea de una cosa, la verdad de una cosa. Y entonces, el método docente, este método eterno, de enseñar y aprender que es el método socrático, tiene esas dos partes, la ironía y el alumbramiento. Primero hace que por sí mismo el discípulo asuma conciencia de que no sabe lo que creía saber. Entonces está en condiciones de llegar a saber. Y llega a saber, claro está, conducido por el maestro, pero llega a saber por sí mismo, a ver por sí mismo. Llega a poder iluminar en su interior un verbo, donde está contenida la realidad de las cosas. Porque él, su mente, está hecha para eso, como la mente del que lo enseña. Y la verdad es una cosa tan alta, y tan generosa, y tan universal, y tan comunicativa, que la puedo poseer entera, y el otro, que la escucha o la estudia, puede también llegar a poseerla entera. Y todos podemos llegar a poseer esa verdad del mismo modo. Y ustedes se dan cuenta que la verdadera unión de las personas es la verdad. Porque a la verdad accedemos cada uno de nosotros por sí mismo, en su propio pensamiento, coincidimos en ella, somos uno en ella. Por eso el Verbo Encarnado, que es la Verdad de Dios que se hizo hombre, y que predica esa Verdad: «hacéos uno, uno entre vosotros y conmigo, como yo soy uno con el Padre». Porque sólo la Verdad es fundamento de unidad. Sólo la verdad une, de una manera que es una identificación por dentro. Esto tenemos que tenerlo en cuenta para todo en la vida. Cuando se hace una pareja, esa pareja realmente puede marchar unida la vida entera, si coinciden ambos en el mismo fin, si los dos marchan hacia la misma meta. De lo contrario, la unión podrá ser una intensa unión carnal, que es indispensable indiscutiblemente, porque si dos personas van a compartir un lecho toda la vida, tiene que haber atracción carnal, cae de suyo. Pero esa por sí misma es una cosa pasajera. Para que sea permanente esa atracción hace falta esa coincidencia en el fin, esa coincidencia en la verdad. Si no hay esa unión interior, no puede haber coincidencia permanente en el aspecto carnal. Este es un punto clave. Lo primero, es la verdad. Y superar ese criterio estulto, diabólico de nuestro tiempo, en que te dicen, 'tú te crees que posees la verdad'. Claro que la poseo. Cuando yo sé que dos mas dos son cuatro, poseo la verdad. Pero no es una exclusividad mía, es algo que es para todos los seres inteligentes, todos pueden llegar a poseerla, pero es la única verdad. Porque no puede haber dos verdades, en el plano de lo absoluto, de lo esencial, en el orden de las definiciones, no puede haber dos distintas. Y si hay dos, una es errónea. O puede estar la verdad mezclada con el error. Pero la cosa, tenemos que reconocerla desde el principio. Si no estamos hechos para la verdad, ¿por qué somos seres inteligentes?, y si la coincidencia en la verdad no es fundamento de toda nuestra vida y de todas nuestras relaciones, entonces ya caemos en eso que se llama ahora el pluralismo ideológico, o el pluralismo de las creencias, o el pluralismo político. Fíjense que hoy es tan falso todo lo que pretende ser fundamento de la convivencia humana, que así como se proclama la
coexistencia pacífica de lo que se contradice (como si usted dijera que la verdad y el error pueden coexistir), se proclama a la vez y como consecuencia de eso, pluralismo de las ideologías. Puede haber verdadera unión, de amor, de amistad, entre las personas, entre las sociedades, sea cual sea la idea que uno tiene, la creencia que uno tiene, el pensamiento que uno tiene. La verdad no interesa. Al contrario, la verdad es ofensiva, es agresiva, porque evidentemente la verdad divide. Cuando José y María lo llevaron al Niño Jesús al Templo, y estaba ahí Simeón esperando, ¿qué le dijo Simeón a María y a José?, después de agradecer a Dios la gloria de haberlo visto al Mesías antes de morir, éste -dice- será salvación de muchos y perdición de otros, va a ser un signo de contradicción. Es lógico, Él es la Verdad, o se está con Él, o se está contra Él, éste es el problema. Y con la verdad pasa siempre lo mismo: hablo de las verdades esenciales, de las verdades que dicen lo que es, definido, definitivo. La filosofía, que es una sabiduría humana, es profundizar en el mismo ser definido e inagotable, pero en el mismo ser. Todo relativismo está excluido, todo pluralismo está excluido. Es profundizar lo mismo, en lo mismo, siempre lo mismo. Y ustedes se dan cuenta que lo único que es verdaderamente nuevo es lo que es siempre verdadero, la única cosa siempre nueva en el día de hoy, es lo que ha sido y será verdad siempre. En consecuencia, lo primero es la verdad, porque si no es en la verdad, no puede haber unión, no puede haber unidad, no puede haber nada, y se ama en la verdad. ¿Cómo va a haber un amor que sea ciego, que esté fuera de la verdad?, o que sea en el error, en la mentira o en la falsedad. Todo amor es amor en la verdad, no hay cosa más lúcida que el amor. El amor es lúcido, sólo que el amor es una cosa rara. Porque cuando la gente habla de amor, el amor lo entiende en general como posesión, la gente cree que amar es poseer la cosa amada, al ser amado. Y en cambio, el amor es un acto de donación. El amor no es una mano que se cierra, sino una mano que se abre. El amor, amar, es dar. Y observen esto, decía Pío XII, lo que he recordado otras veces, «muchos son malos todavía porque no han sido suficientemente amados». Y es la Virgen en Fátima, que dijo que muchos se pierden porque nadie se ha sacrificado por ellos. Ahora eso sí, el verdadero amor que es donación, nunca excluye la justicia. Porque el amor sin justicia se convierte en una cosa negativa, en disolución y anarquía. Para que lo leamos en una mujer como fue Santa Catalina de Siena, una niña, llena de Dios, y por eso de verdad y de sabiduría, veamos lo siguiente. Le escribe nada menos que al Papa Urbano VI, siguiendo a Santo Tomás: «si hubiera justicia sin misericordia, estaría entre las tinieblas de la crueldad, y antes sería injusticia que justicia». La justicia que es nada más que justicia, es cruel, y en el fondo se convierte en una cosa inicua, en rigorismo. Si de algo debemos huir en la vida es del rigorismo, es decir, confundir la justicia con la exactitud, como Shylock, que quería el pago exacto de la deuda. Pero agrega la santa, «y misericordia sin justicia seria para el subdito -observen bien esto- como ungüento sobre la llaga, que debe ser quemada con Juego». Si usted le pone ungüento sobre la llaga, y deja que se siga pudriendo lo que está allí enfermo, entonces usted se da cuenta qué cosa horrenda obra la caridad sin justicia, porque antes se corrompe que se salva. «Unidas la una y la otra dan vida al sacerdote dice la santa- en el cual resplandece y le da salud al subdito».

ASALTO TERRORISTA AL PODER

18-EL TERRORISMO

Este es un punto importante, porque yo voy a tratar ahora un problema de actualidad, y un problema que se plantea a nuestra conciencia y a nuestra responsabilidad. Desde hace cuatro años, se desencadenó sobre la Patria la guerra subversiva, que tiene como medio de lucha, el terror. Terror que como ya hemos comentado muchas veces, no es solamente el terrorismo físico, sino el terrorismo psicológico, y el terrorismo económico y financiero. La guerra subversiva es una sola, no son muchas guerras, y por lo mismo que tiene como medio el terror, es una guerra donde se pervierte radicalmente, tanto el fin como los medios. Es una guerra infinitamente perversa. Esa guerra nunca fue aceptada por los responsables de la política y lo militar en la Argentina. Siempre fue un problema en general de policía y de justicia ordinaria. Por ahí se le ocurrió al General Onganía, instaurar una cosa mínima, la pena de muerte, pero evidentemente una cosa es necesaria. No se aplicó nunca, y finalmente se abolió la pena de muerte, y ahora estamos en la perspectiva demagógica, adulatoria y vil, de que se haga una amnistía antes del veinticinco de mayo, que incluya a lo mejor a los asesinos convictos y confesos. Esto podría parecer una actitud de caridad, de perdón universal, siguiendo el principio de Spinoza, que decía comprenderlo todo es perdonarlo todo. Entonces hay que comprenderlo también al diablo, y en definitiva Dios lo va a perdonar en su infinita misericordia, como dice Papini en el libro que trata sobre el diablo, y por el que fue puesto en el 'Index', como herético.. Ahora bien, ¿qué pasa desde hace cuatro años? Los agentes del orden, inclusive los soldados, de diversas jerarquías, desde las menores a las más altas, mueren, son asesinados del modo más alevoso, del modo más ruin y más cobarde. Y no se ha registrado prácticamente un solo caso, en que el soldado haya muerto combatiendo, no mueren combatiendo. Mueren como las víctimas en el matadero, de una manera, la más deplorable, la más lamentable que se pueda pensar, lo mismo si es un general, que un coronel, que un almirante, que un teniente, que un agente de policía, en general mueren así. Yo pregunto, ¿puede haber algo más lamentable que los soldados que se preparan para morir o matar, prefieran morir inermes, indefensos, como mueren los animales en el matadero, a morir combatiendo? ¿es posible además, que los superiores vayan a los velorios a llorar con las viudas, y a pronunciar discursos plañideros, pretendiendo justificar su falta absoluta de reacción con el pretexto de la institucionalización, que resulta ser la «cosa sagrada»?.
Yo hay algo que no entiendo. Uno no pretende el lenguaje de la venganza; pero sí el de la justicia, y el de la misericordia. Ustedes se dan cuenta lo que significa haber abolido la pena de muerte, teniendo asesinos, terroristas, convictos y confesos que han sido condenados a cadena perpetua. Piensen ustedes, al Jefe de un Servicio de Inteligencia de un Cuerpo del Ejército, hace cuatro años que está la guerrilla y el hombre vivía como si no pasara nada, salía y entraba de su casa, en el cerro de Las Rosas, allí en Córdoba, que es una zona así como Palermo Chico, y entraba y salía solo, despreocupado, es una cosa inconcebible, es un hombre desarmado moralmente. Es un hombre que parte de la base de que no hay una guerra, la más perversa de todas las guerras, y vive despreocupado. Aquí hay una cuestión seria, lo más serio que existe. Yo lo tengo que decir, porque si yo no hablara estas cosas, qué sentido tendría haber estudiado toda la vida que el filosofar es aprender a morir. Qué sentido tendría adorar a ese Dios hecho hombre, crucificado. Qué sentido tendría esto de que el cristiano se educa para vencer a la muerte, y resulta que termina vencido por la vida fácil, por la vida muelle, por la «dolce vita». Acá hay una cosa tremendamente grave. En lugar de la voluntad de luchar, de morir combatiendo, hay una voluntad resignada, conformista, de aceptación y de entrega. Y entregan a sus camaradas. Yo pregunto, ¿qué significa ir a llorar a los velorios?, y pronunciar discursos plañideros. Estalla una tremenda bomba en el Ministerio de Marina, que se lo lleva al propio que la iba a poner. Y sale un comunicado diciendo, caramba, ellos que son democráticos, que están para respetar el veredicto de las urnas, como pueden ocurrir estas cosas. ¿Qué persona con un mínimo conocimiento de la realidad, aunque no tenga ilustración ninguna, puede dividir esta guerra subversiva de la que se viene desarrollando en el mundo desde hace un siglo? ¿Quién puede ignorar cual ha sido el proceso en todas partes de tomar como compañeros de ruta a los comunistas? Comencemos por la Revolución Rusa. En 1917, a comienzos de 1917, los jefes militares rusos, frente a las consecuencias de todos los desastres en la guerra con Alemania, aceptan la abdicación del Zar, y la instauración de la república democrática y parlamentaria de Kerensky. El Estado Mayor alemán, ante la perspectiva de eliminar un segundo frente de lucha, permite y facilita el traslado de un puñado de bolcheviques presidido por Lenín desde Suiza hasta Rusia. Lenín, vamos a suponer que haya llegado en febrero o marzo, no recuerdo bien, de 1917 a Petrogrado, los bolcheviques eran un puñadito insignificante, pero ya integraron los soviets iniciales, con los socialdemócratas y con los otros democráticos, como podrían ser los radicales, los socialistas o los peronistas, estos burgueses de acá. Bueno, esto fue en marzo. En abril, Lenín lanza la Tesis de Abril, que están todas tramadas en función de una consigna, todo el poder al soviets. En julio de 1917, se hace un congreso del partido. Los adherentes de los bolcheviques eran doscientos cuarenta mil, en un país de ciento cuarenta millones de habitantes, doscientos cuarenta mil. En octubre veinticuatro de ese mismo año, porque ya se consideran una fuerza, precisamente por sus comandos altamente disciplinados desencadenan el asalto al poder, y triunfan en dos lugares vitales de Rusia: Petrogrado y Moscú. Estamos en noviembre de 1917. En febrero de 1918, dominaban toda la inmensa Rusia. Observen bien. ¿Qué hicieron los generales?, cuando vieron la realidad, que debían haber visto, por elemental visión de la realidad, a su tiempo, reaccionaron, surgieron los llamados Ejércitos Blancos, los rusos blancos, y la lucha la perdieron. Es cierto que intervino la complicidad de Estados Unidos y de Inglaterra con los bolcheviques, y todo lo demás, pero perdieron la guerra porque nadie puede pretender ganar en función de la ayuda que pueda recibir de afuera. Yo era un niño entonces. Ese fue el final de la Primera Guerra Mundial. Ese fue el final de la República Democrática de Kerensky. Entre paréntesis Kerensky pudo escapar a Estados Unidos y murió de viejo ahí. Pero Lenín se quedó con la inmensa Rusia. Eran doscientos cuarenta mil bolcheviques en julio de 1917.

¿Qué pasó en la inmensa, fabulosa China? Chiang Kaishek hizo el famoso Kuomitang que se llamaba el gobierno de componendas con Mao Tsé Tung. Esto fue allá en la década entre el veinte y el treinta. Finalmente se separaron. Mao Tsé Tung emprendió poco después con un ejército que había reunido, el famoso, el largo camino donde estaba instaurado el gobierno comunista. Viene la Segunda Guerra Mundial, y entonces los democráticos de Chiang Kaishek y los comunistas de Mao Tsé Tung se hermanan en la lucha común contra el invasor japonés, actúan codo con codo, derraman su sangre juntos. Termina la guerra. No recuerdo si fue en 1947 o '48, es decir, tres años después nada más, Chiang Kai-shek quedó reducido a la isla de Formosa, y Mao Tsé Tung se quedó con el país más extenso y más poblado del mundo. Yo estoy hablando de hechos, no de interpretaciones. Vamos a poner un caso más próximo. El de Checoslovaquia. Tenía un presidente democrático, Benes. Cuando los alemanes ocuparon Europa, Benes se instaló en Londres. Cuando los ejércitos rusos avanzaban sobre Occidente, ordenó a la resistencia checa colaborar con los ejércitos comunistas, para liberar a Checoslovaquia. En 1945, triunfantes las democracias contra los totalitarismos, Benes va a Praga, y hacen un gobierno democrático junto con los comunistas. Apenas tres años después, Gotwalt, el jefe del comunismo checo, se instala en el gobierno, y Benes desaparece, no sé si muerto por enfermedad, por accidente o por suicidio. Es un tercer caso. Vamos a poner otro más cercano. Cuba. Triunfa Castro. ¿Quiénes celebraron este triunfo, quiénes lo celebraron con él, quiénes coadyuvaron a su triunfo?, todos los elementos democráticos de Cuba. Por eso hubo una especie de idilio, una marcha juntos, los dos primeros años. Hasta vinieron acá a la Argentina los cas tris tas, con un capellán, oían misa todos los días en El Salvador, con ese capellán Resultado concreto, a los dos años, el terror sistemático más despiadado, se instaló en Cuba como se había instalado en treinta, cuarenta naciones antes, eliminando físicamente todo lo que se oponía. Cuando tuvieron eliminado todo lo que se podía oponer, sacaron una ley de que se podía ir el que quisiera, cuando ya no quedaba nadie vivo. Era para que todos los viejos, y la gente inválida, etc., tomará el camino de Estados Unidos para sobrevivir allí y no causar gastos a Cuba. Tomemos un ejemplo más cercano todavía, que es el de Chile. ¿Cuál ha sido el papel de la democracia cristiana, y el papel de las Fuerzas Armadas de Chile? Ya no se sacrifica en el altar de Cristo, ni tampoco se lucha y se muere por la soberanía de la nación, la soberanía política. Pero, la soberanía popular es el ídolo, por esa sí hay que ir al matadero. Sin vacilar, con esa decisión que tienen nuestros generales, triunfa en una elección. La democracia cristiana considerando que era la minoría que tenia mayoría, considera de su deber democrático, apoyar la elección del doctor Allende. Las Fuerzas Armadas fieles a la democracia, y a la Constitución, aseguran o garantizan la entrega del poder a un gobierno ruso. Y, todo el mundo lo ha leído, todavía no tienen todo el poder, pero, ¿cuántos?, gente que ha trabajado sus fincas, sus chacras, ha sido muerto, deshecho, desalojado violentamente. Lo hemos leído todos. ¿Qué podemos esperar nosotros? Faltan las dos cosas principales. Primero falta la verdad. La verdad no tiene fuero ninguno en nuestra política oficial. Falta la caridad y falta la justicia, no hay nada más que una entrega, progresiva, constante. Cada vez se da una excusa, la primera excusa era «a Perón lo compramos con la guita». La segunda excusa, era, «Perón no vendrá más al país». Vino, entonces se sacó una nueva cosa, «el mito de Perón quedó destruido». Cuarta excusa, «las elecciones, con el ballotage, están seguros de que quedan eliminados los peronistas, en la segunda vuelta». ¿Cuál es la nueva excusa?, no, que ahora, «los compañeros de ruta, peronistas y comunistas, como se ve a través de la escala del terror, van a entrar en lucha». Y un jefe le decía a una persona de mi relación ayer nomás, frente a este operativo, que cualquier persona comprende que es una cosa absolutamente teatral e inútil. Porque combatir al terror, parando a la gente, a los autos que pasan por la calle Rivadavia, o por la General Paz para ver lo que tienen adentro, es infinitamente ridículo, y además indigno, una cosa ruin. En vez de ocuparse de los asesinos, se dedican a hacer demostraciones callejeras contra los automovilistas que pasan. Entonces, ahora dicen, «nosotros vamos a ser el brazo armado de Cámpora en la lucha contra la subversión comunista». Yo no estoy exagerando nada. Uno cae en lo tragicómico, porque evidentemente es el único estilo literario que corresponde a los acontecimientos. Compañeros de ruta, claro que sí. Ustedes se dan cuenta, lo que es un pequeño ejército de comandos, movidos por una ideología, desasidos de todo límite divino y humano, incluso de orden afectivo. Se cumple la palabra del Evangelio, el hijo entregará al padre, el padre al hijo, el hermano al hermano, el sobrino al tío. En esa gente, sin límites morales de ninguna especie, dispuestos a todo, con espíritu de muerte, porque lo tienen, además organizados en las sombras, con poder de decisión e iniciativa en todos los terrenos, a las puertas de ser premiados con una amnistía amplia. ¿Van a ser combatidos por el brazo armado del nuevo gobierno, que ha estado adhiriendo, sosteniendo, proclamando y exaltando como a héroes nacionales a los terroristas?. Estamos realmente en un momento extremo. Uno comprende lo que quiere decir que el dragón domina, domina con la gran adúltera Babilonia, porque nosotros hemos llegado a todas estas degradaciones. Cuando un soldado muere combatiendo, sobre todo muere combatiendo por la verdad, por una causa justa, por Dios, por la Patria, esa es la más alta expresión de vida que puede haber. Porque la muerte es el hecho culminante de esa vida perecedera nuestra, es el más importante de todos, el de mayor significación y trascendencia. Cuando en ese hecho el hombre entrega la vida por la verdad, por la justicia, entrega la vida por su Dios, por su Patria, por su familia, por sus amigos, no hay realeza de vida, no hay riqueza de vida que se pueda comparar. Cuando se lee hoy que trescientos espartanos pelearon hasta morir todos en las Termópilas, usted no está frente a la muerte, usted está frente a la verdadera vida. Cuando usted hasta en el cine ve la guardia de Napoleón, que prefiere morir toda a rendirse, usted en ese campo sembrado de cadáveres que recorre Wellington, usted no está frente a la muerte. Y cuando nosotros adoramos a ese Dios hecho hombre, crucificado por amor, nosotros adoramos a la Vida, en Él. Y ustedes ven que la figura de la muerte está en todo. ¿Será posible que Dios no suscite un puñado de soldados dispuestos a morir, con vergüenza y dispuestos a morir? Un testimonio, porque eso es un testimonio de verdad, de caridad y de justicia. Lógicamente, el sentido de la vida es dar la vida. Uno tiene que apelar, como ya lo hemos hecho, a los grandes místicos, como San Juan de la Cruz. Hay tres caminos para el cumplimiento de la vocación del hombre sobre la tierra, tres caminos. Porque claro está, el hombre cuando se apartó, se aparta del camino de Dios por el pecado, se vuelve inhumano, porque cuando la naturaleza se divide de su fin, del fin para el cual existe, se degrada. Usted tiene un cuchillo que sirve para cortar, está mellado, está dividido de su fin, es un mal cuchillo, la única manera de que vuelva a ser un buen cuchillo, es devolverle el filo, la única manera de que el hombre vuelva a ser acabadamente hombre, es volverlo a su fin que es su Dios, la unión con Dios, para eso el Verbo se hizo carne, para esa misión. Ahora bien, ¿de qué modo, tal como además está ilustrado ahí en el Crucifijo, de qué modo, tal como esta ejemplificado allí, el hombre puede realmente alcanzar su fin? No es eludiendo la muerte, hay que pasar por ella. Cristo no la eludió, ni el sufrimiento, ni el escarnio ni la muerte, aceptó las tres cosas, pasó por ellas, y por la peor de las muertes, pasó por ella. Tenemos que pasar por ella. Porque el amor exige la satisfacción plena de la justicia, y la justicia es aceptar el dolor, y ofrecerlo es aceptar la muerte y ofrecerla. Hay dos caminos errados en la vida. Uno es el del alma que se ama con exceso a sí misma, y a las otras cosas, y a los bienes humanos, con un amor de propietario. Cuando usted ama así, está extraviado, es la figura del avaro, ése se ha dividido de su fin, se ha dividido de Dios y del prójimo, y se ha dividido también de sí mismo.
Hay un segundo camino. Es un camino que quiere ir a Dios, pero de manera imperfecta, de una manera, que no es la manera propia cristiana y verdaderamente humana. Pretende llevar los bienes al cielo, pretende llegar a Dios, pero aferrado a los bienes de este mundo, y esa es una manera imperfecta de llegar a Dios. Porque quiere la satisfacción como fin, también en el orden temporal. Es maravilloso, uno o muchos momentos de verdadera satisfacción y alegría, pero yo les pregunto ¿qué amor verdadero es sin temor?, ¿qué amor verdadero es sin crucifixión?, ¿cómo puede amar uno a otro si no está dispuesto al sacrificio, a ser crucificado? Yo pregunto eso nada más. Llega la enfermedad, llega la muerte, llegan mil cosas en la vida. El que ama, vive temblando, si no no ama. Y el camino de perfección: el alma se ama a sí misma, sí, pero como expropiada, como si se hubiera expropiado, desprendida de su propio yo, de sus bienes y de sus poderes. Lo cual no quiere decir dejarlos, no. Quiere decir tenerse a sí mismo y tener esos bienes con desprendimiento, con disposición para comunicar, para dar, para compartir. Ese es el camino, el desprendimiento de sí, ahí está el camino. Ahí está lo que con la ayuda de Dios te hace invencible. En cuanto yo, aun queriendo lo mejor, queriendo llegar a Dios, resulta que quiero claro está, en fin, la comodidad, el confort en esta vida, y de repente viene una exigencia de que hay que sacrificarlo todo, y yo no estoy dispuesto, a pesar de que frecuento el culto de Dios, a pesar de que adoro al Cristo crucificado, a pesar de que sé que en la vida hay que llevar una cruz, y a veces es muy pesada, ¿cómo puede ser que yo quiera llegar a Dios rehusando ese testimonio, esa exigencia, que en un momento dado se presenta?, que me exige desprenderme de todo, no pensar en nada, no porque lo deseche, no por indiferencia, sino por verdadero amor, porque la mejor manera de cuidar a la Patria, la mejor manera de cuidar a la propia familia, de cuidar a los amigos, de cuidarlos a ustedes que me vienen a escuchar, es el testimonio total, el desprendimiento total. No es que yo, por ser viejo, ya no esté tan apegado a la vida, no. No es que no estoy apegado a la vida, incluso tengo problemas, Dios me ha dispuesto problemas, muchos más duros que la muerte. La muerte muchas veces tiene frente a esos problemas la figura de un alivio, y por eso me preocupa morirme. Pero, evidentemente, este momento exige la disposición para la muerte. Y si ustedes un día escuchan, o se enteran de que uno murió mal, fue débil en la muerte, se lo achacan a dos cosas: la flaqueza humana, y la falta de hábito guerrero. Pero eso sí, mientras Dios me de vida y pueda, esta verdad que veo como se ve dos más dos son cuatro, la voy a decir siempre. Cuando la espada de la palabra, con la ayuda de Dios, tiene esa decisión, entonces uno en realidad, puede que pase un mal momento evidentemente, no hay ninguna duda que ha de ser un mal momento, pero total, igual lo tiene que pasar por una congestión pulmonar. El problema es una decisión entera, al servicio entero de la verdad, la única que nos puede rescatar. Yo quisiera antes de morir ver a los soldados de mi Patria morir combatiendo por Dios y por la Patria. Es uno de los deseos más caros, más íntimos, más profundos que tengo. He dedicado mi vida, fundamentalmente, no siendo hombre de armas, a llevar ese sentido, ese sentido de la misión sagrada, que las armas deben tener.