ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta
17 LA POSESIÓN DE LA VERDAD
Y
ahora sí voy a pasar concretamente a esta clase, que la quiero exponer de un
modo más ordenado que las otras. Porque claro está, cuando uno habla, van
surgiendo a veces los temas que lo apartan del hilo, del desarrollo principal de
la clase. Porque la verdadera docencia está en una enseñanza que sea realmente
viva, y que encuentre un eco en los que escuchan. Siempre en el acto docente,
las dos partes son activas, el que habla y el que escucha, nunca es un
monólogo. Es un monólogo cuando yo hablo, en rigor, sin ser escuchado, hablo
para mí, y entonces evidentemente está frustrado el acto docente. La docencia
significa la participación activa del que habla y del que escucha. En la medida
en que lo que uno dice encuentra eco, una resonancia, es realmente revivido
interiormente por el que escucha, en esa medida se cumple la acción de enseñar
y de aprender. Nunca es pasivo el que aprende.
Hay
gente que cree que había que esperar a la pedagogía de nuestros días para saber
esta vieja verdad. Cualquier lector de Platón que estudia en Platón cómo
enseñaba Sócrates, la docencia socrática era una docencia que tenia dos partes,
una era la ironía, y la otra era el alumbramiento. Por eso se llamaba a sí
mismo partero Sócrates, porque hada lo que hace el partero. El partero no le da
la vida al hijo sino que ayuda al alumbramiento. Esto es importante de
entender. ¿Por qué la primera parte es ironía? ¿qué sentido tiene la ironía
socrática? Siempre que él conversa o conversaba con un ciudadano, en general
ese ciudadano, ese compatriota, creía saber acerca del tema que se trataba.
Entonces Sócrates adoptaba la actitud del aprendiz, y le preguntaba, le
solicitaba que le dijera lo que sabía, por ejemplo de la justicia, de la
belleza, de la virtud, de la verdad, del conocimiento, de la ignorancia. Y el
interlocutor comenzaba a trabarse, y cuando tenía que definir, no encontraba
las palabras, como esos que dicen, yo sé pero no lo sé decir. Si usted no lo
sabe decir, es porque no lo sabe. Si lo dice mal es porque lo sabe mal. Es
absolutamente falso, y un engendro de estos tiempos bárbaros, pretender que hay
métodos para enseñar, que son distintos de los métodos para saber. Como si el
método pedagógico no fuera el mismo método propio de la ciencia que usted aprende
o enseña. Lo único que hace falta para saber enseñar, es saber bien lo que
usted enseña, saber el qué, el cómo viene casi solo, a menos que a usted le
falte lo que necesita el educador, y es una capacidad de amor, de comunicación.
Si usted no tiene voluntad de comunicar lo que sabe, entonces evidentemente
usted no lo comunica. Pero si usted sabe, y además necesita comunicarlo porque
el saber es docente de suyo, lo más docente, lo más comunicativo que existe,
entonces usted lo sabe comunicar. Porque el qué, determina el cómo. En cambio
el cómo no puede arreglar la ausencia del qué. Si usted no sabe, es inútil que
aprenda toda la metodología existente; no podrá saber enseñar, porque falta lo
principal. La ironía socrática, era la que a través de un humilde preguntarle
al que cree saber, que le diga lo que sabe, el otro comience a trabarse, y
finalmente, se dé cuenta de que no sabe. Esta es la ironía socrática, conducir
al que no sabe, creyendo que sabe, a la conciencia de que no sabe, a esta
ignorancia que es sí principio de sabiduría, porque es la conciencia de que uno
no sabe lo que sabe. Ahí aprende: ya empieza el saber, ya empieza la sabiduría.
Y una vez que el discípulo ha asumido conciencia de su ignorancia, y por lo
tanto ha comenzado realmente a saber, lo que no sabe, y se dispondrá a aprender
lo que ignora. Entonces viene la labor del partero, del que alumbra, del que
ayuda a alumbrar. No es que le va transmitiendo los conocimientos como cosas
que da y el otro recibe, de ninguna manera. ¿Cómo los va comunicando?, las
preguntas, ¿qué sentido tienen?, suscitar, despertar la inteligencia del otro,
y llevarlo al alumbramiento por sí mismo. Por eso, la forma elemental del
pensamiento es el concepto, concepto viene de concebir, concebir es como
engendrar, es como alumbrar, es como dar a luz en la mente la idea de una cosa,
la verdad de una cosa. Y entonces, el método docente, este método eterno, de
enseñar y aprender que es el método socrático, tiene esas dos partes, la ironía
y el alumbramiento. Primero hace que por sí mismo el discípulo asuma conciencia
de que no sabe lo que creía saber. Entonces está en condiciones de llegar a
saber. Y llega a saber, claro está, conducido por el maestro, pero llega a
saber por sí mismo, a ver por sí mismo. Llega a poder iluminar en su interior
un verbo, donde está contenida la realidad de las cosas. Porque él, su mente,
está hecha para eso, como la mente del que lo enseña. Y la verdad es una cosa
tan alta, y tan generosa, y tan universal, y tan comunicativa, que la puedo poseer
entera, y el otro, que la escucha o la estudia, puede también llegar a poseerla
entera. Y todos podemos llegar a poseer esa verdad del mismo modo. Y ustedes se
dan cuenta que la verdadera unión de las personas es la verdad. Porque a la
verdad accedemos cada uno de nosotros por sí mismo, en su propio pensamiento,
coincidimos en ella, somos uno en ella. Por eso el Verbo Encarnado, que es la
Verdad de Dios que se hizo hombre, y que predica esa Verdad: «hacéos uno, uno
entre vosotros y conmigo, como yo soy uno con el Padre». Porque sólo la Verdad
es fundamento de unidad. Sólo la verdad une, de una manera que es una
identificación por dentro. Esto tenemos que tenerlo en cuenta para todo en la
vida. Cuando se hace una pareja, esa pareja realmente puede marchar unida la
vida entera, si coinciden ambos en el mismo fin, si los dos marchan hacia la
misma meta. De lo contrario, la unión podrá ser una intensa unión carnal, que
es indispensable indiscutiblemente, porque si dos personas van a compartir un
lecho toda la vida, tiene que haber atracción carnal, cae de suyo. Pero esa por
sí misma es una cosa pasajera. Para que sea permanente esa atracción hace falta
esa coincidencia en el fin, esa coincidencia en la verdad. Si no hay esa unión
interior, no puede haber coincidencia permanente en el aspecto carnal. Este es
un punto clave. Lo primero, es la verdad. Y superar ese criterio estulto,
diabólico de nuestro tiempo, en que te dicen, 'tú te crees que posees la
verdad'. Claro que la poseo. Cuando yo sé que dos mas dos son cuatro, poseo la
verdad. Pero no es una exclusividad mía, es algo que es para todos los seres
inteligentes, todos pueden llegar a poseerla, pero es la única verdad. Porque
no puede haber dos verdades, en el plano de lo absoluto, de lo esencial, en el orden
de las definiciones, no puede haber dos distintas. Y si hay dos, una es
errónea. O puede estar la verdad mezclada con el error. Pero la cosa, tenemos
que reconocerla desde el principio. Si no estamos hechos para la verdad, ¿por
qué somos seres inteligentes?, y si la coincidencia en la verdad no es
fundamento de toda nuestra vida y de todas nuestras relaciones, entonces ya
caemos en eso que se llama ahora el pluralismo ideológico, o el pluralismo de
las creencias, o el pluralismo político. Fíjense que hoy es tan falso todo lo
que pretende ser fundamento de la convivencia humana, que así como se proclama
la
coexistencia
pacífica de lo que se contradice (como si usted dijera que la verdad y el error
pueden coexistir), se proclama a la vez y como consecuencia de eso, pluralismo
de las ideologías. Puede haber verdadera unión, de amor, de amistad, entre las
personas, entre las sociedades, sea cual sea la idea que uno tiene, la creencia
que uno tiene, el pensamiento que uno tiene. La verdad no interesa. Al contrario,
la verdad es ofensiva, es agresiva, porque evidentemente la verdad divide.
Cuando José y María lo llevaron al Niño Jesús al Templo, y estaba ahí Simeón
esperando, ¿qué le dijo Simeón a María y a José?, después de agradecer a Dios
la gloria de haberlo visto al Mesías antes de morir, éste -dice- será salvación
de muchos y perdición de otros, va a ser un signo de contradicción. Es lógico,
Él es la Verdad, o se está con Él, o se está contra Él, éste es el problema. Y
con la verdad pasa siempre lo mismo: hablo de las verdades esenciales, de las
verdades que dicen lo que es, definido, definitivo. La filosofía, que es una
sabiduría humana, es profundizar en el mismo ser definido e inagotable, pero en
el mismo ser. Todo relativismo está excluido, todo pluralismo está excluido. Es
profundizar lo mismo, en lo mismo, siempre lo mismo. Y ustedes se dan cuenta
que lo único que es verdaderamente nuevo es lo que es siempre verdadero, la
única cosa siempre nueva en el día de hoy, es lo que ha sido y será verdad siempre.
En consecuencia, lo primero es la verdad, porque si no es en la verdad, no
puede haber unión, no puede haber unidad, no puede haber nada, y se ama en la
verdad. ¿Cómo va a haber un amor que sea ciego, que esté fuera de la verdad?, o
que sea en el error, en la mentira o en la falsedad. Todo amor es amor en la
verdad, no hay cosa más lúcida que el amor. El amor es lúcido, sólo que el amor
es una cosa rara. Porque cuando la gente habla de amor, el amor lo entiende en
general como posesión, la gente cree que amar es poseer la cosa amada, al ser
amado. Y en cambio, el amor es un acto de donación. El amor no es una mano que
se cierra, sino una mano que se abre. El amor, amar, es dar. Y observen esto,
decía Pío XII, lo que he recordado otras veces, «muchos son malos todavía
porque no han sido suficientemente amados». Y es la Virgen en Fátima, que dijo
que muchos se pierden porque nadie se ha sacrificado por ellos. Ahora eso sí,
el verdadero amor que es donación, nunca excluye la justicia. Porque el amor
sin justicia se convierte en una cosa negativa, en disolución y anarquía. Para
que lo leamos en una mujer como fue Santa Catalina de Siena, una niña, llena de
Dios, y por eso de verdad y de sabiduría, veamos lo siguiente. Le escribe nada
menos que al Papa Urbano VI, siguiendo a Santo Tomás: «si hubiera justicia sin
misericordia, estaría entre las tinieblas de la crueldad, y antes sería
injusticia que justicia». La justicia que es nada más que justicia, es cruel, y
en el fondo se convierte en una cosa inicua, en rigorismo. Si de algo debemos
huir en la vida es del rigorismo, es decir, confundir la justicia con la
exactitud, como Shylock, que quería el pago exacto de la deuda. Pero agrega la
santa, «y misericordia sin justicia seria para el subdito -observen bien esto-
como ungüento sobre la llaga, que debe ser quemada con Juego». Si usted le pone
ungüento sobre la llaga, y deja que se siga pudriendo lo que está allí enfermo,
entonces usted se da cuenta qué cosa horrenda obra la caridad sin justicia,
porque antes se corrompe que se salva. «Unidas la una y la otra dan vida al
sacerdote dice la santa- en el cual resplandece y le da salud al subdito».
ASALTO TERRORISTA AL PODER
18-EL TERRORISMO
Este
es un punto importante, porque yo voy a tratar ahora un problema de actualidad,
y un problema que se plantea a nuestra conciencia y a nuestra responsabilidad.
Desde hace cuatro años, se desencadenó sobre la Patria la guerra subversiva,
que tiene como medio de lucha, el terror. Terror que como ya hemos comentado
muchas veces, no es solamente el terrorismo físico, sino el terrorismo
psicológico, y el terrorismo económico y financiero. La guerra subversiva es
una sola, no son muchas guerras, y por lo mismo que tiene como medio el terror,
es una guerra donde se pervierte radicalmente, tanto el fin como los medios. Es
una guerra infinitamente perversa. Esa guerra nunca fue aceptada por los
responsables de la política y lo militar en la Argentina. Siempre fue un
problema en general de policía y de justicia ordinaria. Por ahí se le ocurrió
al General Onganía, instaurar una cosa mínima, la pena de muerte, pero
evidentemente una cosa es necesaria. No se aplicó nunca, y finalmente se abolió
la pena de muerte, y ahora estamos en la perspectiva demagógica, adulatoria y
vil, de que se haga una amnistía antes del veinticinco de mayo, que incluya a
lo mejor a los asesinos convictos y confesos. Esto podría parecer una actitud
de caridad, de perdón universal, siguiendo el principio de Spinoza, que decía
comprenderlo todo es perdonarlo todo. Entonces hay que comprenderlo también al
diablo, y en definitiva Dios lo va a perdonar en su infinita misericordia, como
dice Papini en el libro que trata sobre el diablo, y por el que fue puesto en
el 'Index', como herético.. Ahora bien, ¿qué pasa desde hace cuatro años? Los
agentes del orden, inclusive los soldados, de diversas jerarquías, desde las
menores a las más altas, mueren, son asesinados del modo más alevoso, del modo
más ruin y más cobarde. Y no se ha registrado prácticamente un solo caso, en
que el soldado haya muerto combatiendo, no mueren combatiendo. Mueren como las
víctimas en el matadero, de una manera, la más deplorable, la más lamentable
que se pueda pensar, lo mismo si es un general, que un coronel, que un
almirante, que un teniente, que un agente de policía, en general mueren así. Yo
pregunto, ¿puede haber algo más lamentable que los soldados que se preparan
para morir o matar, prefieran morir inermes, indefensos, como mueren los
animales en el matadero, a morir combatiendo? ¿es posible además, que los
superiores vayan a los velorios a llorar con las viudas, y a pronunciar
discursos plañideros, pretendiendo justificar su falta absoluta de reacción con
el pretexto de la institucionalización, que resulta ser la «cosa sagrada»?.
Yo
hay algo que no entiendo. Uno no pretende el lenguaje de la venganza; pero sí
el de la justicia, y el de la misericordia. Ustedes se dan cuenta lo que
significa haber abolido la pena de muerte, teniendo asesinos, terroristas,
convictos y confesos que han sido condenados a cadena perpetua. Piensen
ustedes, al Jefe de un Servicio de Inteligencia de un Cuerpo del Ejército, hace
cuatro años que está la guerrilla y el hombre vivía como si no pasara nada,
salía y entraba de su casa, en el cerro de Las Rosas, allí en Córdoba, que es
una zona así como Palermo Chico, y entraba y salía solo, despreocupado, es una
cosa inconcebible, es un hombre desarmado moralmente. Es un hombre que parte de
la base de que no hay una guerra, la más perversa de todas las guerras, y vive
despreocupado. Aquí hay una cuestión seria, lo más serio que existe. Yo lo
tengo que decir, porque si yo no hablara estas cosas, qué sentido tendría haber
estudiado toda la vida que el filosofar es aprender a morir. Qué sentido
tendría adorar a ese Dios hecho hombre, crucificado. Qué sentido tendría esto
de que el cristiano se educa para vencer a la muerte, y resulta que termina
vencido por la vida fácil, por la vida muelle, por la «dolce vita». Acá hay una
cosa tremendamente grave. En lugar de la voluntad de luchar, de morir
combatiendo, hay una voluntad resignada, conformista, de aceptación y de
entrega. Y entregan a sus camaradas. Yo pregunto, ¿qué significa ir a llorar a
los velorios?, y pronunciar discursos plañideros. Estalla una tremenda bomba en
el Ministerio de Marina, que se lo lleva al propio que la iba a poner. Y sale
un comunicado diciendo, caramba, ellos que son democráticos, que están para
respetar el veredicto de las urnas, como pueden ocurrir estas cosas. ¿Qué
persona con un mínimo conocimiento de la realidad, aunque no tenga ilustración
ninguna, puede dividir esta guerra subversiva de la que se viene desarrollando
en el mundo desde hace un siglo? ¿Quién puede ignorar cual ha sido el proceso
en todas partes de tomar como compañeros de ruta a los comunistas? Comencemos
por la Revolución Rusa. En 1917, a comienzos de 1917, los jefes militares
rusos, frente a las consecuencias de todos los desastres en la guerra con
Alemania, aceptan la abdicación del Zar, y la instauración de la república
democrática y parlamentaria de Kerensky. El Estado Mayor alemán, ante la
perspectiva de eliminar un segundo frente de lucha, permite y facilita el
traslado de un puñado de bolcheviques presidido por Lenín desde Suiza hasta
Rusia. Lenín, vamos a suponer que haya llegado en febrero o marzo, no recuerdo
bien, de 1917 a Petrogrado, los bolcheviques eran un puñadito insignificante,
pero ya integraron los soviets iniciales, con los socialdemócratas y con los
otros democráticos, como podrían ser los radicales, los socialistas o los
peronistas, estos burgueses de acá. Bueno, esto fue en marzo. En abril, Lenín
lanza la Tesis de Abril, que están todas tramadas en función de una consigna,
todo el poder al soviets. En julio de 1917, se hace un congreso del partido.
Los adherentes de los bolcheviques eran doscientos cuarenta mil, en un país de
ciento cuarenta millones de habitantes, doscientos cuarenta mil. En octubre
veinticuatro de ese mismo año, porque ya se consideran una fuerza, precisamente
por sus comandos altamente disciplinados desencadenan el asalto al poder, y
triunfan en dos lugares vitales de Rusia: Petrogrado y Moscú. Estamos en
noviembre de 1917. En febrero de 1918, dominaban toda la inmensa Rusia. Observen
bien. ¿Qué hicieron los generales?, cuando vieron la realidad, que debían haber
visto, por elemental visión de la realidad, a su tiempo, reaccionaron,
surgieron los llamados Ejércitos Blancos, los rusos blancos, y la lucha la
perdieron. Es cierto que intervino la complicidad de Estados Unidos y de
Inglaterra con los bolcheviques, y todo lo demás, pero perdieron la guerra
porque nadie puede pretender ganar en función de la ayuda que pueda recibir de
afuera. Yo era un niño entonces. Ese fue el final de la Primera Guerra Mundial.
Ese fue el final de la República Democrática de Kerensky. Entre paréntesis
Kerensky pudo escapar a Estados Unidos y murió de viejo ahí. Pero Lenín se
quedó con la inmensa Rusia. Eran doscientos cuarenta mil bolcheviques en julio
de 1917.
¿Qué
pasó en la inmensa, fabulosa China? Chiang Kaishek hizo el famoso Kuomitang que
se llamaba el gobierno de componendas con Mao Tsé Tung. Esto fue allá en la
década entre el veinte y el treinta. Finalmente se separaron. Mao Tsé Tung
emprendió poco después con un ejército que había reunido, el famoso, el largo
camino donde estaba instaurado el gobierno comunista. Viene la Segunda Guerra
Mundial, y entonces los democráticos de Chiang Kaishek y los comunistas de Mao
Tsé Tung se hermanan en la lucha común contra el invasor japonés, actúan codo
con codo, derraman su sangre juntos. Termina la guerra. No recuerdo si fue en
1947 o '48, es decir, tres años después nada más, Chiang Kai-shek quedó
reducido a la isla de Formosa, y Mao Tsé Tung se quedó con el país más extenso
y más poblado del mundo. Yo estoy hablando de hechos, no de interpretaciones.
Vamos a poner un caso más próximo. El de Checoslovaquia. Tenía un presidente
democrático, Benes. Cuando los alemanes ocuparon Europa, Benes se instaló en Londres.
Cuando los ejércitos rusos avanzaban sobre Occidente, ordenó a la resistencia
checa colaborar con los ejércitos comunistas, para liberar a Checoslovaquia. En
1945, triunfantes las democracias contra los totalitarismos, Benes va a Praga,
y hacen un gobierno democrático junto con los comunistas. Apenas tres años
después, Gotwalt, el jefe del comunismo checo, se instala en el gobierno, y
Benes desaparece, no sé si muerto por enfermedad, por accidente o por suicidio.
Es un tercer caso. Vamos a poner otro más cercano. Cuba. Triunfa Castro.
¿Quiénes celebraron este triunfo, quiénes lo celebraron con él, quiénes
coadyuvaron a su triunfo?, todos los elementos democráticos de Cuba. Por eso
hubo una especie de idilio, una marcha juntos, los dos primeros años. Hasta
vinieron acá a la Argentina los cas tris tas, con un capellán, oían misa todos
los días en El Salvador, con ese capellán Resultado concreto, a los dos años,
el terror sistemático más despiadado, se instaló en Cuba como se había
instalado en treinta, cuarenta naciones antes, eliminando físicamente todo lo
que se oponía. Cuando tuvieron eliminado todo lo que se podía oponer, sacaron
una ley de que se podía ir el que quisiera, cuando ya no quedaba nadie vivo.
Era para que todos los viejos, y la gente inválida, etc., tomará el camino de
Estados Unidos para sobrevivir allí y no causar gastos a Cuba. Tomemos un
ejemplo más cercano todavía, que es el de Chile. ¿Cuál ha sido el papel de la
democracia cristiana, y el papel de las Fuerzas Armadas de Chile? Ya no se
sacrifica en el altar de Cristo, ni tampoco se lucha y se muere por la
soberanía de la nación, la soberanía política. Pero, la soberanía popular es el
ídolo, por esa sí hay que ir al matadero. Sin vacilar, con esa decisión que
tienen nuestros generales, triunfa en una elección. La democracia cristiana
considerando que era la minoría que tenia mayoría, considera de su deber
democrático, apoyar la elección del doctor Allende. Las Fuerzas Armadas fieles
a la democracia, y a la Constitución, aseguran o garantizan la entrega del
poder a un gobierno ruso. Y, todo el mundo lo ha leído, todavía no tienen todo
el poder, pero, ¿cuántos?, gente que ha trabajado sus fincas, sus chacras, ha
sido muerto, deshecho, desalojado violentamente. Lo hemos leído todos. ¿Qué podemos
esperar nosotros? Faltan las dos cosas principales. Primero falta la verdad. La
verdad no tiene fuero ninguno en nuestra política oficial. Falta la caridad y
falta la justicia, no hay nada más que una entrega, progresiva, constante. Cada
vez se da una excusa, la primera excusa era «a Perón lo compramos con la
guita». La segunda excusa, era, «Perón no vendrá más al país». Vino, entonces
se sacó una nueva cosa, «el mito de Perón quedó destruido». Cuarta excusa, «las
elecciones, con el ballotage, están seguros de que quedan eliminados los
peronistas, en la segunda vuelta». ¿Cuál es la nueva excusa?, no, que ahora,
«los compañeros de ruta, peronistas y comunistas, como se ve a través de la
escala del terror, van a entrar en lucha». Y un jefe le decía a una persona de
mi relación ayer nomás, frente a este operativo, que cualquier persona
comprende que es una cosa absolutamente teatral e inútil. Porque combatir al
terror, parando a la gente, a los autos que pasan por la calle Rivadavia, o por
la General Paz para ver lo que tienen adentro, es infinitamente ridículo, y
además indigno, una cosa ruin. En vez de ocuparse de los asesinos, se dedican a
hacer demostraciones callejeras contra los automovilistas que pasan. Entonces,
ahora dicen, «nosotros vamos a ser el brazo armado de Cámpora en la lucha
contra la subversión comunista». Yo no estoy exagerando nada. Uno cae en lo
tragicómico, porque evidentemente es el único estilo literario que corresponde
a los acontecimientos. Compañeros de ruta, claro que sí. Ustedes se dan cuenta,
lo que es un pequeño ejército de comandos, movidos por una ideología, desasidos
de todo límite divino y humano, incluso de orden afectivo. Se cumple la palabra
del Evangelio, el hijo entregará al padre, el padre al hijo, el hermano al hermano,
el sobrino al tío. En esa gente, sin límites morales de ninguna especie,
dispuestos a todo, con espíritu de muerte, porque lo tienen, además organizados
en las sombras, con poder de decisión e iniciativa en todos los terrenos, a las
puertas de ser premiados con una amnistía amplia. ¿Van a ser combatidos por el
brazo armado del nuevo gobierno, que ha estado adhiriendo, sosteniendo,
proclamando y exaltando como a héroes nacionales a los terroristas?. Estamos
realmente en un momento extremo. Uno comprende lo que quiere decir que el
dragón domina, domina con la gran adúltera Babilonia, porque nosotros hemos
llegado a todas estas degradaciones. Cuando un soldado muere combatiendo, sobre
todo muere combatiendo por la verdad, por una causa justa, por Dios, por la
Patria, esa es la más alta expresión de vida que puede haber. Porque la muerte
es el hecho culminante de esa vida perecedera nuestra, es el más importante de
todos, el de mayor significación y trascendencia. Cuando en ese hecho el hombre
entrega la vida por la verdad, por la justicia, entrega la vida por su Dios,
por su Patria, por su familia, por sus amigos, no hay realeza de vida, no hay
riqueza de vida que se pueda comparar. Cuando se lee hoy que trescientos
espartanos pelearon hasta morir todos en las Termópilas, usted no está frente a
la muerte, usted está frente a la verdadera vida. Cuando usted hasta en el cine
ve la guardia de Napoleón, que prefiere morir toda a rendirse, usted en ese
campo sembrado de cadáveres que recorre Wellington, usted no está frente a la
muerte. Y cuando nosotros adoramos a ese Dios hecho hombre, crucificado por
amor, nosotros adoramos a la Vida, en Él. Y ustedes ven que la figura de la
muerte está en todo. ¿Será posible que Dios no suscite un puñado de soldados
dispuestos a morir, con vergüenza y dispuestos a morir? Un testimonio, porque
eso es un testimonio de verdad, de caridad y de justicia. Lógicamente, el
sentido de la vida es dar la vida. Uno tiene que apelar, como ya lo hemos
hecho, a los grandes místicos, como San Juan de la Cruz. Hay tres caminos para
el cumplimiento de la vocación del hombre sobre la tierra, tres caminos. Porque
claro está, el hombre cuando se apartó, se aparta del camino de Dios por el
pecado, se vuelve inhumano, porque cuando la naturaleza se divide de su fin,
del fin para el cual existe, se degrada. Usted tiene un cuchillo que sirve para
cortar, está mellado, está dividido de su fin, es un mal cuchillo, la única
manera de que vuelva a ser un buen cuchillo, es devolverle el filo, la única
manera de que el hombre vuelva a ser acabadamente hombre, es volverlo a su fin
que es su Dios, la unión con Dios, para eso el Verbo se hizo carne, para esa
misión. Ahora bien, ¿de qué modo, tal como además está ilustrado ahí en el
Crucifijo, de qué modo, tal como esta ejemplificado allí, el hombre puede
realmente alcanzar su fin? No es eludiendo la muerte, hay que pasar por ella.
Cristo no la eludió, ni el sufrimiento, ni el escarnio ni la muerte, aceptó las
tres cosas, pasó por ellas, y por la peor de las muertes, pasó por ella.
Tenemos que pasar por ella. Porque el amor exige la satisfacción plena de la
justicia, y la justicia es aceptar el dolor, y ofrecerlo es aceptar la muerte y
ofrecerla. Hay dos caminos errados en la vida. Uno es el del alma que se ama
con exceso a sí misma, y a las otras cosas, y a los bienes humanos, con un amor
de propietario. Cuando usted ama así, está extraviado, es la figura del avaro,
ése se ha dividido de su fin, se ha dividido de Dios y del prójimo, y se ha
dividido también de sí mismo.
Hay
un segundo camino. Es un camino que quiere ir a Dios, pero de manera
imperfecta, de una manera, que no es la manera propia cristiana y
verdaderamente humana. Pretende llevar los bienes al cielo, pretende llegar a
Dios, pero aferrado a los bienes de este mundo, y esa es una manera imperfecta
de llegar a Dios. Porque quiere la satisfacción como fin, también en el orden
temporal. Es maravilloso, uno o muchos momentos de verdadera satisfacción y
alegría, pero yo les pregunto ¿qué amor verdadero es sin temor?, ¿qué amor
verdadero es sin crucifixión?, ¿cómo puede amar uno a otro si no está dispuesto
al sacrificio, a ser crucificado? Yo pregunto eso nada más. Llega la
enfermedad, llega la muerte, llegan mil cosas en la vida. El que ama, vive
temblando, si no no ama. Y el camino de perfección: el alma se ama a sí misma,
sí, pero como expropiada, como si se hubiera expropiado, desprendida de su
propio yo, de sus bienes y de sus poderes. Lo cual no quiere decir dejarlos,
no. Quiere decir tenerse a sí mismo y tener esos bienes con desprendimiento,
con disposición para comunicar, para dar, para compartir. Ese es el camino, el
desprendimiento de sí, ahí está el camino. Ahí está lo que con la ayuda de Dios
te hace invencible. En cuanto yo, aun queriendo lo mejor, queriendo llegar a
Dios, resulta que quiero claro está, en fin, la comodidad, el confort en esta
vida, y de repente viene una exigencia de que hay que sacrificarlo todo, y yo
no estoy dispuesto, a pesar de que frecuento el culto de Dios, a pesar de que
adoro al Cristo crucificado, a pesar de que sé que en la vida hay que llevar
una cruz, y a veces es muy pesada, ¿cómo puede ser que yo quiera llegar a Dios
rehusando ese testimonio, esa exigencia, que en un momento dado se presenta?,
que me exige desprenderme de todo, no pensar en nada, no porque lo deseche, no
por indiferencia, sino por verdadero amor, porque la mejor manera de cuidar a
la Patria, la mejor manera de cuidar a la propia familia, de cuidar a los
amigos, de cuidarlos a ustedes que me vienen a escuchar, es el testimonio
total, el desprendimiento total. No es que yo, por ser viejo, ya no esté tan
apegado a la vida, no. No es que no estoy apegado a la vida, incluso tengo
problemas, Dios me ha dispuesto problemas, muchos más duros que la muerte. La
muerte muchas veces tiene frente a esos problemas la figura de un alivio, y por
eso me preocupa morirme. Pero, evidentemente, este momento exige la disposición
para la muerte. Y si ustedes un día escuchan, o se enteran de que uno murió
mal, fue débil en la muerte, se lo achacan a dos cosas: la flaqueza humana, y
la falta de hábito guerrero. Pero eso sí, mientras Dios me de vida y pueda,
esta verdad que veo como se ve dos más dos son cuatro, la voy a decir siempre.
Cuando la espada de la palabra, con la ayuda de Dios, tiene esa decisión,
entonces uno en realidad, puede que pase un mal momento evidentemente, no hay
ninguna duda que ha de ser un mal momento, pero total, igual lo tiene que pasar
por una congestión pulmonar. El problema es una decisión entera, al servicio
entero de la verdad, la única que nos puede rescatar. Yo quisiera antes de
morir ver a los soldados de mi Patria morir combatiendo por Dios y por la
Patria. Es uno de los deseos más caros, más íntimos, más profundos que tengo.
He dedicado mi vida, fundamentalmente, no siendo hombre de armas, a llevar ese
sentido, ese sentido de la misión sagrada, que las armas deben tener.
