ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta
Por: Jordán Bruno Genta
35-EL EJEMPLO DE CODREANU
Hay
algo que nos queda, incluso a los que no tenemos armas; dar testimonio. Si Dios
lo ayuda a uno o no, en fin, uno se lo pide, yo le pido todos los días que me
ayude. Incluso se lo pido a Santa Rita, que es patrona de los imposibles,
porque pienso que se tiene que emplear a fondo Dios, para que uno dé el
testimonio total. Pero dar testimonio, dice Codreanu, como los antiguos
mártires, y los millares de Santos que refulgen en la historia de la Iglesia,
dar testimonio de que la vida es tanto más digna de ser vivida, cuanto más
dedicada está al servicio de Dios, de sus mandamientos y de una causa justa,
como es la de nuestra Patria restaurada en Cristo. El objetivo final de los
pueblos, agrega Codreanu, no es la vida, sino la resurrección en nombre de
Cristo. Nosotros no tenemos más que a Cristo, pero si creemos en Él de veras,
tenemos más que todos juntos. El problema es que seamos capaces de ese
testimonio en la Verdad. Les insisto de nuevo a ustedes los jóvenes, una firme
unión en la amistad. La amistad, esta cosa enorme y maravillosa que es la
comunión de dos almas en la Verdad, de dos o más, y en la pareja, la
disposición al sacrificio del mío por el otro, no hay otra cosa. Todo gran
amor, como decía San Ignacio .de Antioquía, es un amor crucificado. No hay gran
amor en esta vida, que no sea un amor crucificado. Si no es crucificado, no es
amor. Nosotros lo adoramos allí a Dios hecho hombre, en la figura del
Sacrificio, sacrificado por amor. ¡Qué amor puede haber que valga algo en esta
vida que no sea temor y temblor!, y los goces mayores que tiene la vida son los
que produce precisamente esta fuerza que tiene el amor, de hacer del dolor
fuente de alegría, instrumento de alegría, y de hacer de la muerte, instrumento
de la vida. Pero, nadie puede pretender alcanzar la verdadera Vida, si no
acepta pasar con decoro por la tumba. Con decoro. No es que vamos a dejar de
tener miedo, yo tengo un miedo bárbaro, sinceramente, pero no es tan grande el
miedo, que me impida hablar como hablo. Hace veintiocho años que lo hago en
esta casa, como saben algunos de los presentes, siempre el mismo lenguaje, el
mismo testimonio, todo lo que hemos anticipado se está produciendo. Hemos
fracasado hasta el momento en el esfuerzo para impedir esto, la verdad es esa.
Pero, si de fracasados se trata, supuesto de que tuviéramos que morir sin ver
la victoria, ahí lo tenemos a Nuestro Señor, lo adoramos en la figura del
fracaso, no del triunfo. Humanamente, Él es un derrotado, y un derrotado
democráticamente. Porque, no se olviden de recordar siempre, que la masa,
movida por sus fariseos y escribas, prefirió al criminal en lugar del inocente.
Qué podemos pretender nosotros ahora. A mí me repugna, cuando alguien que me
habla en nombre de Cristo, me habla un lenguaje populista, porque es un
lenguaje anticristiano, blasfemo, satánico. La masa, que es la organización del
vacío interior, que es la moral del rebaño pensada hasta el fin como decía
Nietzche, ha obrado siempre movida desde afuera. Los mismos hombres, los
mismos, que saludaban a Cristo con palmas, que lo recibieron triunfalmente en
Jerusalén como el Mesías, cinco días después pedían su crucifixión. Entregarle
el gobierno y la decisión a esas masas, es entregárselo a los irresponsables y
a los incompetentes. No porque sean hombres, aun los más modestos, aun los más
ínfimos, sino porque han dejado de ser hombres perdidos en la masa, y son la
gran bestia de que habla Platón De manera entonces, que la verdadera
liberación, para participar en la Liberación Nacional, es empezar a ser Ubre
uno. Y no hay otra libertad, que no sea en la Verdad, que es Cristo, Él es el
que nos hace libres, la Verdad nos hace libres, vivamos en la Verdad, amémonos
los irnos a los otros como nos amó Cristo, y que el varón y la mujer sepan, que
en los tiempos que vivimos, la verdadera realidad y verdad del amor, es la
disposición al sacrificio, no hay otra cosa. Dichosa la mujer que encuentra un
varón en esa disposición, y dichoso el varón que encuentra una mujer en esa
actitud. Hablo esto, porque mi vida es un testimonio de que esto es verdad. El
único miedo que tengo, es fallar en el último momento.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
JUEVES 28 DE JUNIO DE
1973
36-LA VIDA CONTEMPLATIVA
En
definitiva la vida del hombre depende de la sabiduría divina y humana. La
principal de todas las virtudes prácticas, que es la prudencia, es la sabiduría
proyectada en la acción, en la conducta. Lo mismo personal, que social, que
política. Hay algo que el otro día leía y comentaba, en base a este libro de
Pieper que se llama 'El Ocio y la Vida Intelectual". Seguramente para
muchos de ustedes es una novedad que la palabra escuela, que la palabra escola,
de donde deriva escolástica, signifique originariamente, ocio. La escuela no es
un taller; la escuela propiamente dicha no es una fábrica. La escuela es un
lugar, es el lugar propio para la contemplación de la verdad, todo lo demás es
añadidura. La escuela no es el lugar del hacer, como es una fábrica, como es un
taller, es el lugar de la contemplación, y la contemplación de la verdad, es la
vida más activa del hombre, infinitamente más activa y eficiente que el hacer,
el producir, más fecundo de que se pueda pensar. Conviene que los presentes
alguna vez emprendan la lectura de este otro libro, se llama 'La Vida de San
Luis, Rey de Francia", escrita recientemente por un francés que se llama
Henrí Bordeaux. A uno le parece, cuando lee un libro como éste, que esta
realmente leyendo y viviendo una historia contemporánea, no una historia de
algo que ocurrió. San Luis pertenece a una época de reyes santos, que es lo más
que se puede decir humanamente. Uno sabe que ha habido reyes santos, y aparecen
en una constelación en el siglo XXl, en una época dada, ese siglo, en que la
cristiandad alcanzó una plenitud, una trascendencia como jamás ha tenido en
toda la historia, y por eso es la lectura más contemporánea que podemos hacer.
En la introducción a este libro, hay un pasaje que me impresionó. He buscado,
sin encontrarlo, a pesar de la pinacoteca que hay en mi colegio, e incluso
encontré el libro con los cuadros dedicado a Palma el Viejo, pero no el cuadro
que buscaba. Palma el Viejo fue un pintor de la escuela Veneciana de la primera
mitad del siglo XVI. Se llama el Viejo, a pesar de que murió en edad temprana,
porque es tío de Palma el Joven, un sobrino que fue pintor también, y que sus
obras las realizó en la segunda mitad del siglo XVI. En el Museo de Louvre, hay
un cuadro pequeño de Palma el Viejo, que se titula El Pastor y La Ninfa. Podría
titularse tal vez mejor, El Sátiro y La Ninfa. Desgraciadamente no he podido
contemplar el cuadro ni siquiera en una reproducción. Pero cuál es el tema, que
está compuesto, que está realizado allí: el sátiro levanta el manto que
descubre en su desnudez a la ninfa. La ninfa está dormida. Y la reacción, lo
que el pintor ha expresado, ha captado, y ha sabido expresar, es que al
descubrir esa belleza perfecta, ese esplendor de la forma humana, del cuerpo de
una mujer, así una perfección, en un carácter puro, inmaculado, una belleza
intacta, en lugar de arrojarse sobre la presa codiciada, el sátiro queda
paralizado, el sátiro queda inmovilizado en una mirada que se demora, se
detiene y se agota en la contemplación de la belleza que tiene delante, la
contempla con los ojos llenos de lágrimas. Es tan grande la atracción, la
fuerza, el arrobo que produce esa belleza, que todo lo que podría ser en él el
impulso de posesión se anula, como si el temor a profanar esa forma, ese
esplendor inigualable, fuera superior al ansia de posesión, y lo que está ahí
manifiesto, es simplemente la contemplación de la belleza. Yo pregunto, ese
acto de contemplar, ese acto por el cual la mirada se abre a la excelencia de
las formas creadas por Dios, y acaso no haya una más perfecta que el cuerpo de
una mujer, ¿qué significa ese acto contemplativo, es menos activo, es menos
esforzado, que el hacer, que la realización, de la ejecución de lo que estaba
digamos así en la codicia, en la apetencia, en el afán, de este sátiro? Uno se
da cuenta que la contemplación del ser, es el acto más activo, es el acto
supremo del hombre. Es en lo que en el punto de vista de la actividad, de la
perfección, de la riqueza, de la intensidad de la actividad humana, supera
cualquier manifestación del hacer o del obrar, del producir cosas, a través de
movimientos, de esfuerzos, etcétera. Siempre que el hombre, lo mismo en la
contemplación de la belleza, que es contemplar la esencia en la flor de la
expresión sensible, como en la contemplación puramente intelectual. La
contemplación del filósofo, que entiende lo que una cosa es, que comprende su
ser, que ha alcanzado la definición de una cosa, que le permite leer en el
interior de esa cosa, que es contemplar, ahí está la actividad suprema del
hombre, y ahí está lo que distingue al hombre, como algo que participa, a la
vez que culmina la naturaleza visible, porque es la más perfecta criatura
corporal, materialmente considerada entre todas las criaturas del mundo
visible, a la vez que participa de la inteligencia angélica. A la vez es una
inteligencia que constituye un verdadero principio separado, y que tiene su
expresión más acabada, en ese ocio activo de la contemplación de la verdad, del
cual depende toda la vida del hombre, comenzando por su libertad, por su
responsabilidad. Si el hombre puede actuar como un ser Ubre, como un ser
responsable, si puede tratar a las cosas según ellas son y valen, si pueden
tratar a los demás con el honor debido a la criatura hecha a imagen y semejanza
de Dios que él es también, es precisamente porque ante todo, lo que precede
todo eso es la contemplación. Esto es fundamental de tener en cuenta. Porque
vivimos en una época que desconoce y desprecia el ocio contemplativo, por eso
desprecia la especulación pura. La palabra especulación como ya les he dicho
otras veces es la más degradada de todas. La especulación, especulación viene
de espejo, traduce esa vida superior de la inteligencia, que culmina en la
contemplación de la verdad, y la palabra especulación en el uso se refiere a la
más infame y vil de las formas de tráfico humano. Especular, especulador,
¿quién piensa en un metafísico, en un teórico?. Piensa en un traficante, en un
mercader, en un financista, en un banquero, ese es un especulador, no piensa en
Aristóteles o en Santo Tomás. Hoy la palabra ocio contemplativo, el más activo,
el más activo de todos, es una palabra desconocida y despreciable, porque
vivimos en la era en que la humanidad está como entregada y de rodillas delante
de los dos ídolos: rueda por un lado en la idolatría del dinero, y por otro
lado en la idolatría del trabajo, porque el trabajo cuando aparece puesto en la
dimensión de la suprema actividad humana, de la que define al hombre como
hombre, cuando el trabajo responde a una concepción totalitaria según la cual
la forma suprema de actividad humana es el trabajar, el hacer, el producir,
entonces, no hay más sentido del ocio contemplativo. La vida contemplativa es
despreciada. Son despreciados los santos, son despreciados los teólogos, son
despreciados los metafísicos, aunque haya muchas escuelas de filosofía y aun de
teología. El dinero y el trabajo, el mundo gira alrededor de estos dos ídolos.
Tanto que hoy se dice de la vida de la inteligencia, trabajo intelectual,
porque hay que darle la figura del trabajo, del hacer, para que eso revista un
valor. El trabajador intelectual, es un manual, malo, pero mal entendido,
trabaja con cosas más delicadas pero nada más. No, la vida de la inteligencia
no es un trabajo, es un ocio. Es como un descanso, es como una detención del
hombre. Como ese sátiro detenido en su codicia de esa ninfa, detenido y
demorado en una contemplación con los ojos llenos de lágrimas, de esa belleza
inefable, que no puede profanar, que no puede alterar siquiera, que no puede
rozar siquiera, que sólo puede poseer de este modo que la inteligencia posee,
contemplando, leyendo esa esencia, esa cifra de eternidad que Dios ha
depositado en cada cosa. Por eso la sabiduría humana, -me refiero a la
sabiduría filosófica, metafísica-, o la sabiduría teológica, está hecha de
definiciones. La inteligencia del hombre, de esa contemplación de la verdad o
en esa contemplación de la verdad, de lo que las cosas son, lo que logra es la
definición de cada cosa, que es la manera de asimilar la inteligencia, la
esencia que define, que constituye, que identifica y que distingue cada cosa de
todas las demás. Y le da un lugar, y ese lugar que cada cosa tiene y que
nosotros reconocemos, está digamos así, señalándole a la voluntad, determinando
a la voluntad el modo en que debe tratarse esa cosa. No es lo mismo el trato
con una piedra, que el trato con un viviente aunque sea vegetal, que el trato
con un animal, aunque sea el más ínfimo, que el trato con el hombre, que el
trato con los ángeles, que el trato con Dios. Cada ser, de acuerdo a su
dignidad ontològica, de acuerdo al título de nobleza metafísica que reviste,
está reclamando un trato proporcional. Y no me puedo dirigir lo mismo a Dios
que a las piedras, ni a un ser viviente que a un ser inerte. Tanto que en el
alma popular se dice bruto aquél que trata algo viviente cono si fuera una
piedra. ¿Cómo puede haber un trato proporcional, un sentido de la proporción,
de la medida, un saber cómo debo yo actuar en cada caso, frente a cada cosa, si
no conozco lo que ella es en sí misma?. Al margen de toda apetencia, de todo
interés, de todo partido que yo quiera sacar de sí, si no la conozco en ella
misma, si no conozco su lugar y no conozco su valor en conjunto de los seres,
¿cómo puedo yo, cómo puede mi voluntad querer lo adecuado relativamente a esa
cosa?. Por lo pronto hay dos clases de verdades, hay verdades para servir al
hombre, y hay verdades para el uso del hombre. Todas las verdades relativas a
las cosas materiales, vistas como instrumentos posibles para usar para esto o
aquello, todas esas verdades son verdades, pero verdades para usar. Todas las
que tienen que ver con el trabajo humano, con el trabajo útil, con el trabajo
económico, con el trabajo que fabrica, perfeccionado por la técnica científica,
son verdades para usar. Son verdades que tienen como finalidad el uso de las
cosas para el hombre, para satisfacer las necesidades materiales de la vida
humana, las necesidades temporales de la vida humana. Porque el hombre es una
inteligencia, pero carnal. Y tiene necesidades materiales, necesidades del
cuerpo que satisfacer. Y entonces la inteligencia se desdobla de su actividad
primera y principal y se aplica también a la administración de las cosas
temporales. Desde la empiria más elemental, o sea el trato así, ordinario, con
las cosas que nos rodean, hasta la más alta técnica electrónica, todo eso, son
verdades, conocimientos para el uso del hombre. No tienen nada que ver con la
sabiduría, no tienen nada que ver con la vida superior de la inteligencia, con
el tesoro de sabiduría y de verdad con que el hombre se presentará ante Dios si
lo ha logrado. Porque todas esas verdades para usar, no sirven para nada
después de la tumba. Hasta la tumba sí sirven. Es como el trabajo de Marta
frente a María. Marta creía que estaba haciendo lo principal porque se deslomaba
tratando de hacerle un ambiente confortable al Señor y sus discípulos. Y claro
María estaba ociosa, sentada a los pies del Señor, bebiendo sus palabras,
demorada en la contemplación de la Verdad. Y entonces lógicamente Marta se
rebela. ¿Cómo, resulta que yo me estoy deslomando, y ésta está ahí sentada
ociosa? Tú no lo puedes permitir, Señor, esto. Y el Señor, ¿qué le dice? Le
dice, mira Marta, le viene a decir esto, lo que tú haces es importante, pero lo
que está haciendo María es infinitamente superior, porque ella se está
nutriendo en este momento de la Verdad, de la Palabra que no pasará nunca, está
escuchando al Señor. Esa actividad suya es infinitamente superior a la de
Marta, siendo importante también. Ustedes ven que en un pasaje evangélico
sencillo, está todo el resumen de lo que yo les acabo de decir.
