ASALTO TERRORISTA AL PODER
37-EL RANGO DE POLÍTICA
La
política, no es una técnica, no es tina habilidad. Con habilidad y con técnica
se manejan las cosas materiales, hasta también lo material del hombre. Pero el
hombre mismo, al hombre que es ante todo su alma, inteligente y capaz de
querer, un alma que a la vez que informa al cuerpo y vivifica al cuerpo y
siente con el cuerpo, es capaz de sobrepasar al cuerpo en sus actos de
inteligencia y de voluntad, para tratar esa alma, para cuidar de esa alma, para
remontar esa alma, el fin para el cual existe, las verdades para usar no sirven
de nada. Las verdades para servir, esas verdades que son el fruto de la
contemplación de las esencias, y del fin de lo que existe, ésas verdades que
tienen que ver con Dios, y con aquello del hombre que está referido a Dios, ordenado
a Dios, ésas son las verdades que se necesitan para cuidar al hombre como
hombre, al hombre como animal racional, al hombre dotado de esa alma que Dios
ha creado para cada uno de nosotros, que nos confiere la dignidad de persona y
un destino eterno. La política es la virtud prudencial. Y la prudencia es la
misma sabiduría de Dios, y de la realidad, y de las cosas reales, y del hombre
y de todo lo que rodea al hombre, proyectado en la acción humana, en la
conducta. La conducta del hombre es práctica de la sabiduría, de la sabiduría
esencial, de la sabiduría de la eternidad, y de lo que es eterno en cada
criatura. En consecuencia, la política es sabiduría. Sabiduría realizándose en
la acción, conduciendo la acción del hombre, el comportamiento del hombre en
orden a los demás hombres, concretamente en orden al bien común. En
consecuencia, la política no puede ser jamás lo que ha venido a ser, lo que es
en el día de hoy, habilidad, oportunismo, demagogia, adulación, todo eso que a
nosotros nos abruma en este momento en la Patria. Eso no tiene nada que ver con
la política. Eso es la política cuando el hombre es tratado como un
instrumento, como una máquina, como una mercancía, pero no como un hombre.
Entonces, para concretar esta primera parte, vamos a leer, porque así no me
disperso, lo que viene a ser como la síntesis de lo que acabamos de decir. El
hombre en cuanto criatura, está en dependencia absoluta del Creador, y en la
unión con Él, encuentra su perfección de ser y su fin, por eso lo más natural
en el hombre, en esta criatura racional y libre, es la tendencia, la apetencia
religiosa, eso es lo más natural. El hombre sabe que es criatura del Creador,
que todo lo que él es, le viene de ese Creador, y que todo él se mueve
finalmente hacia Él. Y que si él se divide de su principio, que es a la vez su
fin último, se desploma, se degrada en su naturaleza, se vuelve inhumano. Se
vuelve inhumano con los demás hombres, y se vuelve inhumano con él mismo.
Porque el hombre alcanza la perfección de su ser, en la medida en que permanece
unido con Aquel que es su principio y su último fin. En segundo término, el
hombre por su naturaleza social, está en interdependencia con los demás
hombres. Y tan sólo en comunidad, y en comunión con ellos, puede alcanzar ese
fin último. Es decir, a través del bien común temporal, elevarse al Bien Común
Eterno, que es Dios. Así que el hombre por ser criatura está en dependencia
absoluta de Dios, y por ser social, está en interdependencia con sus
semejantes, con su prójimo, lo cual le está diciendo a uno, que el hombre no
puede ser ni hacer nada por sí solo. Ahora, ¿qué ocurrió?, ¿qué es el pecado
original? Es simplemente que el hombre quiso estar sin Dios, y fue condenado
por Dios a quedarse sin Él. Porque el castigo, la justicia del castigo sigue la
misma línea del delito. La desobediencia de Adán y Eva significó desacatar al
Creador, como quien dijera no quiero estar con vos, o te desconozco. ¿Qué hizo
Dios?, lo condenó a estar sin EL Es decir, el hombre quedó volcado ¿hacia
dónde?, hacia la nada. Por eso los signos de la nada., son la muerte, la
ignorancia, la decrepitud, etc. El mal. Por su inclinación egoísta, herencia
del pecado original, porque el egoísmo no es ima cosa natural en el hombre, es
congènita sí, pero en nosotros herencia del pecado original. El hombre se ama
con exceso a sí mismo, por lo cual se divide de Dios y de sus semejantes.
Porque el egoísmo, ¿qué es el egoísmo?, es amarse excesivamente a sí mismo.
Cuando uno se ama con exceso a sí mismo, no puede amar a los otros, y menos
amar a Dios. Ya esto lo aclaró para siempre Aristóteles, en la Etica a
Nicómaco, ese tratado magistral del orden natural. Su natural tendencia a la
adoración del superior, degrada en idolatría, y se vuelve radicalmente
antisocial. Avaro de sí mismo, no entiende ni vive el amor sino como posesión y
provecho del otro. Hay dos sentidos del amor, el amor se diversifica de dos
modos. El amor es donación, o el amor es posesión. Todo amor avaro, tiende a
poseer, a usar el otro como instrumento de posesión; el amor verdadero, es
donación, es un acto de ofrenda. Por* eso el sátiro, en el cuadro de Palma el
Viejo, ahí está el amor egoísta vencido. La codicia de esa apetencia carnal,
que no es ninguna cosa mala de suyo ni mucho menos, aparece dominada, vencida,
anulada, por la pura contemplación. Claro está que este hombre, a pesar de esta
inclinación egoísta, de esta proclividad al mal, que lo hace finalmente ateo, y
contrario, y opositor de sus prójimos, sin embargo ha conservado su naturaleza,
sus potencias. Declinantes, debilitadas, pero el hombre después del pecado
continúa con su inteligencia, aunque disminuida y proclive al error, y continúa
con su voluntad, aunque esa voluntad no sea finalmente suficiente para obrar el
bien, y sobre todo para mantenerse en el bien, para lo cual es necesaria la
gracia de Dios. Pero es evidente, como lo registra toda la historia del mundo
pagano, del paganismo de antes y de ahora, que se pueden dar actos heroicos,
actos de virtud, a pesar de la caída. El hombre puede por la disciplina, por el
esfuerzo, por la ascesis, aún en el plano natural, elevarse a actos virtuosos,
actuar, sacrificando su propio bien al bien común.
Nosotros
tenemos ejemplos de heroísmo y de grandeza entre los antiguos. Cuando uno lee
que trescientos espartanos contuvieron en las Termópilas a las inmensas
muchedumbres de los ejércitos persas, hasta el sacrificio total de todos ellos,
usted está frente a la grandeza. Pero es como decía el poeta Simónides, que
cita Platón, «elevarse a la virtud es difícil para el hombre, pero permanecer
en ella es imposible». El hombre está siempre proclive a caer, es así. Por eso
que el hombre librado a sí mismo, después del pecado no puede, ni reconstruir
plenamente su ser ni su convivencia. El hombre necesita de Dios, y como no
puede ir a Él por sí mismo, porque le ha puesto una distancia, por ser
criatura, una distancia invencible por ser criatura y pecador, no queda más que
la Misericordia Divina, haciendo que Dios venga hacia él. Y esto es Cristo.
Esto es la Encarnación. Este acto de infinita Misericordia de Dios. Dios viene
al hombre, para llevar al hombre a Dios, y para que el hombre pueda reconstruir
su humanidad en la plenitud de su ser. Y por eso Dios ha unido a Él, en la
persona del Hijo, la naturaleza humana. Y ahí está, en la Santísima Trinidad,
nuestra naturaleza humana, integrada a ella, en la persona del Hijo. Y por la
mediación de Nuestra Señora, la Santísima Virgen María. No hay más que la
caridad de Dios derramándose e impulsando al corazón del hombre al olvido de sí
mismo por el prójimo. Entonces el hombre ama generosamente. Con un amor
generoso que es donación, ofrenda hasta el extremo de sacrificar la propia
vida. Es amar en Cristo y por Cristo, como el nos amó. Por eso dice en el
discurso de despedida a los discípulos, «Amaos los unos a los otros, como Yo os
he amado». Y en ese mismo discurso insiste a sus discípulos, «nadie tiene amor
más grande que el que da la vida por su amigo». El la dió por nosotros, a quien
consideró sus amigos. Ser amigo de Cristo es obrar lo que nos manda, y es el
camino de la verdadera grandeza humana. Nosotros no tenemos otro camino, lo
mismo en el orden personal, que en el familiar, que en el orden educacional,
que en el jurídico, que en el orden político, no tenemos otro camino que
Cristo. Ese es el Camino que debe transitar el cristiano, Cristo. Su Sabiduría
Divina y su sabiduría humana, porque era Hombre verdadero y era Dios verdadero,
y debemos permanecer, debemos ser en la Verdad de Él, y la vida verdadera es
permanecer en esa Verdad, en todo. A Cristo no le podemos retacear nada. Cristo
es para la intimidad, para la vida personal, para la vida familiar, y para la
vida social y política. O reina Él, o reina el diablo, no hay otras realezas
que esas dos.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
38-EL RETORNO DE PERÓN
Y
para concretar, lo que ha pasado la semana pasada, cuando la llegada del señor
Perón, es un hecho que sólo se puede explicar por la intervención providencial
de Dios. Humanamente era absolutamente imprevisible que pudiera ocurrir lo que
ocurrió, y que pudiera deshacerse como se deshizo un ídolo de barro, que
pudiera derrumbarse como se derrumbó. En el momento en que debía culminar en
una apoteosis sin precedentes, en que este hombre iba a ser consagrado como
jamás, por una inmensa multitud de millones, se desploma, se deshace. Y no por
la acción de ningún enemigo, no por la acción de una enorme fuerza de
contradicción, no. Por obra de sus mismos amigos y servidores, diríamos por
obra de su guardia pretoriana, que recibe a balazos a las organizaciones juveniles
de los guerrilleros, Montoneros, FAR, ERP. ¿Por qué se produjeron esas cosas
ahora?, vistas una vez pasadas, y vistas con la perspectiva humana, porque se
quiso repetir el veinte de jimio lo mismo que se había hecho y realizado el
veinticinco de mayo. Ustedes recordaran lo que mostraba la televisión durante
horas, en la primera fila frente a la Casa de Gobierno, no eran sino las
organizaciones de los guerrilleros, con enormes letreros, y banderas,
Montoneros, FAR, ERP, eso cubría todo. El lugar donde debió haberse hecho el
desfile, ahí estaban ellos. Ellos le daban la nota al acto. Ellos son los que
agredieron, insultaron, agraviaron a las Fuerzas Armadas, sin encontrar
reacción ninguna, o reacciones mínimas. Ellos le dieron el toque al acto del 25.
Y ahora intentaron lo mismo en la recepción del líder, rodear ellos la tribuna,
estar ellos ahí con sus banderas, con sus letreros, con sus consignas, con sus
gritos por la patria socialista. Y entonces lógicamente hubo una reacción de
los encargados de la custodia y del orden y del poner las cosas allí. Y las
consecuencias de esa verdadera masacre que hubo allí, no en Trelew sino allí,
¿qué resultó? Que el líder no bajó, no descendió donde lo esperaba todo el
gobierno, menos Cámpora que estaba con él, donde lo esperaban todos los
representantes y todos los corresponsales de todas las agencias extranjeras. No
descendió en Ezeiza, a pesar de que la pista estaba limpia, y no fue al palco,
a la cabina blindada, además blindada. Es decir, el líder, no se encontró con
su pueblo, con la muchedumbre, con la masa. ¿Qué lo detuvo?, si estamos a una
explicación demasiada humana, que tal vez corresponda, uno piensa que no ha
sido la fortaleza, por eso no estuvo allí. Realmente lo digo de nuevo, a los
ochenta años, cuidar demasiado de la vida, realmente es incompatible con la
edad. Incluso a los veinte no hay que cuidar demasiado la vida, pero se
comprende más. Porque al fin y al cabo, mañana o pasado usted lleva una
congestión pulmonar cualquiera. Entonces estar aferrado a una cosa que se te va
ya de las manos notoriamente por una decrepitud inevitable, no tiene sentido.
Pero lo cierto es que toda esa apoteosis, se derrumba, y el ídolo cae. Ahí se
produjo la gran derrota. Eso no tiene arreglo, eso es definitivo. No se lo que
pasará, ni los días que nos aguardan, que son verdaderamente sombríos, pero hay
una cosa que ha terminado, y es eso. Se ha producido realmente la liquidación
del mito. Hay gente que ha viajado dos días, que ha estado tres días allí, para
esperarlo, para verlo, para oírlo, y el hombre ha descendido en otra parte, y
se hizo trasladar de inmediato no a la casa donde se alberga, sino a la quinta
presidencial, que viene a confirmar esa falta de fortaleza. Y yo estoy usando
las expresiones más delicadas, pero es un hecho real, y hay que decirlo, es un
hecho real. Que explica la tremenda ofensiva en que se ha lanzado el terror
bolchevique. Yo Ies he hablado a ustedes de la razón por la cual la juventud
estudiantil aparecía en ese entusiasmo por el peronismo. La infinita estupidez
humana, hace que la gente ni siquiera se demore en contemplar lo que viene
pasando desde hace más de cincuenta años en el mundo, la experiencia de lo que
se viene viviendo en todos los países que han caído o que se han salvado del comunismo.
Los que se han salvado en definitiva son nada más que dos fuera de Portugal,
España y Grecia, me refiero a los que han estado con el terror bolchevique en
posición dominante y dominadora. Después de más de cuarenta años de Reforma
Universitaria, había estado divorciada del movimiento peronista, lo estuvo
durante toda la década anterior del peronismo. No comprendió el problema
entonces. Pero, recién al final de esa década, aparecen hombres que se segregan
del comunismo oficial, como el actual Rector de la Universidad de Buenos Aires,
Rodolfo Puiggrós, que publicó entonces esta revista que se llama Clase Obrera,
órgano del Movimiento Comunista Obrero, porque Puiggrós con otros se había
separado de Codovilla, del partido oficial, y se había puesto a la sombra del
peronismo, desde el año 1954. Y empiezan a hablar un lenguaje, que es el
verdadero lenguaje del terror bolchevique, disimulado a la sombra del partido,
del movimiento que congrega a las masas. ¿Dónde debe estar el comunismo?, decía
Lenín, donde está la masa, ahí está el comunismo. Recién empezó a estar cuando
este grupo de Puiggrós, se pasa al peronismo. Vean nomás, les leo un editorial
de mayo del '55, en plena persecución religiosa. El editorial, seguramente del
propio Puiggrós que es su director, se titula «El Pueblo y la Antipatria».
«La
revolución nacional emancipadora del pueblo argentino avanza en medio de sus
grandes contradicciones internas y venciendo los enormes obstáculos que le
ponen las fuerzas del pasado. Avanzan en la hora de los pueblos... y porque en
ningún momento deja de tener fe en su pueblo, nuestro pueblo, y porque trabaja
con la vista puesta en su pueblo, y busca en su pueblo la inspiración y la
fuerza para seguir avanzando, el general Perón construye una Argentina con infinitas
posibilidades de desenvolvimiento. El germen de nuestro futuro como pueblo está
en la nueva Argentina de Perón, no en cualquier otra Argentina, presupuesto que
se aparte de la imaginación de los opositores del camino por el que marchamos.
Todo el que está al margen de esta nueva Argentina está con el pasado, porque
está fuera del cauce histórico. Estamos creando en la nueva Argentina la
democracia, la verdadera democracia, la que destruye los privilegios y da las
mayores posibilidades para el desarrollo intelectual y físico del ser humano.
-Y agrega, denunciando las banderas reaccionarias.- Y esas banderas
reaccionarias, tras las cuales se agrupan los viejos políticos de un pasado
superado para siempre, que ahora están a los pies de él, son hoy levantadas por
el clero cosmopolita, por los obispos enemigos del pueblo, ellos hablando de
democracia y de libertad, nosotros siguiéndolos como caudillos de la democracia
y la libertad. Hasta tan repelente extremo los ha llevado su odio al pueblo, su
odio a la revolución nacional emancipadora, su odio a Perón. La reacción
aparece con el rostro a descubierto y de cuerpo entero, desde la ideología
oscurantista medieval, hasta el pequeño burócrata que vive a costilla de los
cotizantes de un partido. Y frente a la reacción con el rostro descubierto y de
cuerpo entero, él pueblo deja de tener enemigos ocultos introducidos en sus
filas, tratando de desviarlo de sus objetivos, el pueblo se convierte en la
nación, en toda la nación. Y la nación que es pueblo, reducirá al polvo toda
intentona de separar la Argentina nueva de su curso histórico». Sin embargo, a
pesar de esta euforia, tres meses después, se interrumpe el proceso. En 1966,
se produce como lo señala Hernández Arregui, se produce el vuelco de la
juventud estudiantil marxista hacia el peronismo. Y de repente aparece toda la
juventud, o gran parte de la juventud, por lo menos la activa, la bullanguera,
la que actúa, la que se hace escuchar, aparece enmarcada en el peronismo,
idolatrando a Perón, a quien no han conocido, que no saben quién es, que vive
como un sátrapa allá lejos en España. Sin embargo, surge una juventud
ferviente, esa juventud universitaria se concreta en las organizaciones
guerrilleras, comienzan los cordobazos y los asesinatos, sin que haya reacción
ninguna. Las Fuerzas Armadas no reaccionaron jamás frente a los atentados,
atracos, asesinatos, cordobazos, tucumanazos, rosariazos. Nunca reaccionaron,
ese es el hecho, que hay que decirlo. Porque esto nos servirá para mostrar la
ironía de lo que se viene perfilando ahora. Y esas organizaciones guerrilleras
integradas por lo que suministra el vivero del comunismo que es la universidad,
esas organizaciones se convierten en la vanguardia de todo el movimiento, y en
cierto modo, son los que han forzado la entrega, esta entrega de los altos
mandos. Nos han entregado a una cosa tremenda, que ahora se va perfilando. Muy
bien, llega el veinticinco de mayo, asume el gobierno. ¿Qué ha ocurrido en
estos treinta días? Se ha hecho de todo, menos respetar a esa estragada
Constitución, que los que la respetan hasta el día de hoy son los hombres de
armas, están quietitos en los cuarteles. Mientras, no se hace más que deshacer
y destruir. Se ha liberado a todos los asesinos. Se ha liberado incluso a
presos comunes internacionales, y siguen liberando. Se han destruido todos los
archivos policiales, se ha abolido todo el sistema de represión y todas las
leyes represivas, etc., todo se ha hecho. Y ahora, después del veinte de junio,
vienen las aclaraciones, que las pueden ver con leer nada más que La Razón de
esta noche, porque están las declaraciones de las organizaciones guerrilleras.
Encabezadas por el ERP, que le declara ya la guerra al gobierno. Esa juventud
peronista tan fervorosa, la vida por Perón, ¿adonde estaba y adónde está esa
juventud, con quién está? La vanguardia de la revolución social, ¿con quién
está?
¡Qué
cosa notable!, un hombre que ha vivido manejando a los otros hombres, usándolos
y tirándolos, de cualquier manera, de repente se encuentra con que esas organizaciones
que han crecido al amparo de su sombra, muestran su verdadero rostro, el rostro
del terror bolchevique. Él pide la paz, la tregua, la componenda, el idilio de
los argentinos, el encuentro de los argentinos, y ellos le dicen, nosotros
vamos a continuar con nuestros objetivos, que no son los tuyos. ¿Quién a usado
a quién?, éste es el problema. Ustedes se dan cuenta en qué termina la política
que es habilidad, la política que es una técnica oportunista, termina en esto
que estamos viviendo en estos momentos en el país. Y ahora fíjense lo que puede
ocurrir. No es que van a empezar, todos los días están los testimonios de la
acción del terror, secuestros, atracos, matanzas, y, ¿qué va a hacer el
gobierno?, ¿va a reprimir?, ¿y con quién va a reprimir?, ¿va a llamar a las
Fuerzas Armadas, para que de acuerdo a la Constitución restablezcan el orden?,
es interesante. ¿Y las Fuerzas Armadas se van a prestar para sostener a los que
apañaron, fomentaron, estimularon y exaltaron las guerrillas que han asesinado
a sus camaradas?, y que las han humillado, hasta los extremos en que han sido
humilladas?. Pregunto eso yo. Yo les estoy hablando un lenguaje claro, porque
yo les hablo desde el ocio contemplativo, el más activo de todos, porque la
verdad es lo único que nos puede salvar, si no en esta vida, en la otra, con la
misericordia de Dios, que tiene que ayudarlo a uno. Pero pregunto yo, ¿qué va a
pasar?. De repente, en una forma clara, leal, inconciliable, así ha hablado el
señor Santucho. Está al servicio del diablo, pero el hombre es claro, es leal,
es inconciliable, no admite confusión su lenguaje. Vale la pena un enemigo así,
porque es claro, porque es leal, porque es inconciliable, porque dice lo que
piensa. Y claro está, para enfrentar esa gente, va a haber que, en el espíritu
de la verdad, cultivar la disposición al sacrificio, y la disposición a la
muerte. Porque ellos la tienen, no estando en la verdad la tienen. ¿Con qué
vamos a replicar a eso?. Sería interesante que las Fuerzas Armadas salieran
ahora en represión, cuando no salieron en cuatro años, sino que después que
todo había pasado. Iban cayendo los camaradas, nunca consideraron que había
llegado la hora de respetar siquiera el cadáver de sus camaradas, y de hacer
justicia. Pero ahora claro, estamos dentro de un gobierno legal y
constitucional, consagrado por la más libre de las elecciones. Ahora van a ser
el brazo armado de esta soberanía popular que nos ha traído esta ruina, estos
logros, esta fuerza de destrucción. ¿Al amparo de quién han surgido?, al amparo
de la democracia, de la soberanía popular, de la voluntad de la mayoría, de la
Constitución Nacional. Y ahora resulta que los llaman fascistas a los
peronistas, y a las fuerzas represivas. Y bueno, no necesitamos decir más. Lo
único que sí debemos considerar es lo que debe ser nuestra actitud, al menos de
aquellos que comparten esta visión de la verdad. Ahora tenemos que ser más
fuertes que nunca, tan claros como Santucho, tan leales con la verdad como es
él con el error, y tan inconciliables como él. Ahora es el momento de la
definición y de la decisión. Lo que le pase a cada uno personalmente o
familiarmente no debe influir. No le va a pasar nada que igual no le pase sin
terrorismo o sin terror. Morir nos vamos a morir todos, y las casas como diría
Agustín se van a derrumbar igual un día. Por eso, asumir y proclamar una
doctrina de la verdad, de la jerarquía y del patriotismo. Porque la verdad
reclama el sacrificio. Por eso nosotros adoramos a la Verdad hecha hombre,
crucificada por amor. Asumir y proclamar esa doctrina es izar la bandera
nacional, nuestra bandera nacional, que es católica y es mariana, para seguirla
lúcida e intensamente, es saber lo que un argentino debe defender y combatir a
muerte. La conciencia nacionalista y cristiana que se forja en la doctrina, nos
exige servir al bien del pueblo, con el consentimiento del pueblo, o sin él. En
el confusionismo y su versión de nuestros días, lo que las multitudes desean
coincide cada vez menos con lo que ellas necesitan para su mejor ser, incluso
para su bienestar. Este es un problema fundamental.
No hacer lo que el pueblo quiere, como dice el demagogo todos los días, sino hacer lo que es el bien del pueblo aún en contra de ese pueblo. Es como un enfermo que patalea, que no quiere las pócimas amargas, que son para su salud, para devolverle su salud, y hay que hacerlo. El poder político sólo debe reconocer y tener compromisos de doctrinas, nunca de personas, y la capacidad para ejercerlo eficazmente; el poder político es un don personal de la Divina Providencia. El que te da el poder de mandar es Dios, y ante quien hay que responder es ante Él, no ante el pueblo. Por eso es que el gobernante legítimo, que no coincide por el que es ungido por las urnas de esa falsa soberanía popular, reconoce en su autoridad una delegación divina, con todo el peso de la responsabilidad ante ese mandatario divino. La autoridad en que consiste el ejercicio del poder no existe para sí misma, sino para los demás. La autoridad en ejercicio del poder es un modo eminente de servir al prójimo en Dios. El populismo en cualquiera de sus expresiones, suarista o jacobina, es adulación y subversión, y es el que nos trae a estos lodos en que estamos viviendo en este momento. Su vigencia dos veces secular, la de ese populismo, desde la Revolución Francesa, ha envilecido y desprestigiado el principio de autoridad, así como todo sentido jerárquico. La crisis de autoridad es a la vez la crisis de la libertad, porque sólo hay libertad cuando hay autoridad. Porque en definitiva, ¿cuándo es libre uno en algo?, cuando tiene autoridad en eso. Si yo soy un buen médico, soy libre para ejercer la medicina, porque tengo autoridad en ese saber y en ese arte de la medicina. Si no tengo autoridad en eso, no tengo libertad tampoco. ¿Cómo va a ejercer usted una libertad en lo que usted no domina?, de aquello de lo que usted no es señor. ¿Cómo va a ejercer la soberanía política, o cómo la va a instaurar, si usted no tiene libertad de acción?. La crisis de autoridad es a la vez una crisis de libertad. La autoridad sin libertad no es mas que pura violencia y terror, es la que ejerce el terrorismo, aislado o sistemático. La libertad sin autoridad es anarquía y es dispersión. Es una relación parecida a la que hay entre la caridad y la justicia. La justicia sin caridad es tremendamente cruel, dice Santo Tomás, la caridad sin justicia es anárquica. Ni perdonarlo todo, ni juzgarlo severamente todo. La justicia debe ser siempre perfeccionada por la caridad, y el que manda, justiciero y misericordioso como es el Padre que está en los cielos. No es la autoridad reflejo ni delegación de los de abajo, sean quienes fueran. Es reflejo y delegación del único y verdadero Soberano. La responsabilidad que asume el gobernante, surja como sea, o por el medio que fuera, la tiene delante de Dios. Por eso Cristo le dijo a Pilatos, cuando Pilatos le dijo, bueno, yo te puedo poner en libertad si quiero, o te puedo castigar. «Tu no podrías hacer nada de eso, si esa autoridad que invistes no te viniera de lo alto». Pero ese alto no era el Cesar, ese alto es Dios. Nosotros tenemos que volver a la verdad, a las definiciones, llamar a las cosas por su nombre. Tenemos que devolverle a la inteligencia el arte soberano de la definición, que es la contemplación de la verdad esencial, y del orden esencial de las verdades, que corresponde al orden esencial de la realidad, y obrar según la realidad y según la verdad, en todo. Si Dios lo permite, seguiremos comentando, esta realidad concreta que vive el país, asumiendo la responsabilidad que corresponde, en nuestra medida y en nuestra tarea, frente a los hechos que se van desarrollando, en la seguridad, en la esperanza, firme, de que unidos a Cristo, vamos a prevalecer. No se si aquí en este mundo para mí, que ya estoy al final del día, pero al menos, si somos capaces de ser fieles, hasta el final, a esa Verdad que es Dios, que nos ha creado y redimido, seguramente contaremos con su Misericordia en el Juicio Final.
