domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-37-EL RANGO DE POLÍTICA/ 38-EL RETORNO DE PERÓN


ASALTO TERRORISTA AL PODER
37-EL RANGO DE POLÍTICA

La política, no es una técnica, no es tina habilidad. Con habilidad y con técnica se manejan las cosas materiales, hasta también lo material del hombre. Pero el hombre mismo, al hombre que es ante todo su alma, inteligente y capaz de querer, un alma que a la vez que informa al cuerpo y vivifica al cuerpo y siente con el cuerpo, es capaz de sobrepasar al cuerpo en sus actos de inteligencia y de voluntad, para tratar esa alma, para cuidar de esa alma, para remontar esa alma, el fin para el cual existe, las verdades para usar no sirven de nada. Las verdades para servir, esas verdades que son el fruto de la contemplación de las esencias, y del fin de lo que existe, ésas verdades que tienen que ver con Dios, y con aquello del hombre que está referido a Dios, ordenado a Dios, ésas son las verdades que se necesitan para cuidar al hombre como hombre, al hombre como animal racional, al hombre dotado de esa alma que Dios ha creado para cada uno de nosotros, que nos confiere la dignidad de persona y un destino eterno. La política es la virtud prudencial. Y la prudencia es la misma sabiduría de Dios, y de la realidad, y de las cosas reales, y del hombre y de todo lo que rodea al hombre, proyectado en la acción humana, en la conducta. La conducta del hombre es práctica de la sabiduría, de la sabiduría esencial, de la sabiduría de la eternidad, y de lo que es eterno en cada criatura. En consecuencia, la política es sabiduría. Sabiduría realizándose en la acción, conduciendo la acción del hombre, el comportamiento del hombre en orden a los demás hombres, concretamente en orden al bien común. En consecuencia, la política no puede ser jamás lo que ha venido a ser, lo que es en el día de hoy, habilidad, oportunismo, demagogia, adulación, todo eso que a nosotros nos abruma en este momento en la Patria. Eso no tiene nada que ver con la política. Eso es la política cuando el hombre es tratado como un instrumento, como una máquina, como una mercancía, pero no como un hombre. Entonces, para concretar esta primera parte, vamos a leer, porque así no me disperso, lo que viene a ser como la síntesis de lo que acabamos de decir. El hombre en cuanto criatura, está en dependencia absoluta del Creador, y en la unión con Él, encuentra su perfección de ser y su fin, por eso lo más natural en el hombre, en esta criatura racional y libre, es la tendencia, la apetencia religiosa, eso es lo más natural. El hombre sabe que es criatura del Creador, que todo lo que él es, le viene de ese Creador, y que todo él se mueve finalmente hacia Él. Y que si él se divide de su principio, que es a la vez su fin último, se desploma, se degrada en su naturaleza, se vuelve inhumano. Se vuelve inhumano con los demás hombres, y se vuelve inhumano con él mismo. Porque el hombre alcanza la perfección de su ser, en la medida en que permanece unido con Aquel que es su principio y su último fin. En segundo término, el hombre por su naturaleza social, está en interdependencia con los demás hombres. Y tan sólo en comunidad, y en comunión con ellos, puede alcanzar ese fin último. Es decir, a través del bien común temporal, elevarse al Bien Común Eterno, que es Dios. Así que el hombre por ser criatura está en dependencia absoluta de Dios, y por ser social, está en interdependencia con sus semejantes, con su prójimo, lo cual le está diciendo a uno, que el hombre no puede ser ni hacer nada por sí solo. Ahora, ¿qué ocurrió?, ¿qué es el pecado original? Es simplemente que el hombre quiso estar sin Dios, y fue condenado por Dios a quedarse sin Él. Porque el castigo, la justicia del castigo sigue la misma línea del delito. La desobediencia de Adán y Eva significó desacatar al Creador, como quien dijera no quiero estar con vos, o te desconozco. ¿Qué hizo Dios?, lo condenó a estar sin EL Es decir, el hombre quedó volcado ¿hacia dónde?, hacia la nada. Por eso los signos de la nada., son la muerte, la ignorancia, la decrepitud, etc. El mal. Por su inclinación egoísta, herencia del pecado original, porque el egoísmo no es ima cosa natural en el hombre, es congènita sí, pero en nosotros herencia del pecado original. El hombre se ama con exceso a sí mismo, por lo cual se divide de Dios y de sus semejantes. Porque el egoísmo, ¿qué es el egoísmo?, es amarse excesivamente a sí mismo. Cuando uno se ama con exceso a sí mismo, no puede amar a los otros, y menos amar a Dios. Ya esto lo aclaró para siempre Aristóteles, en la Etica a Nicómaco, ese tratado magistral del orden natural. Su natural tendencia a la adoración del superior, degrada en idolatría, y se vuelve radicalmente antisocial. Avaro de sí mismo, no entiende ni vive el amor sino como posesión y provecho del otro. Hay dos sentidos del amor, el amor se diversifica de dos modos. El amor es donación, o el amor es posesión. Todo amor avaro, tiende a poseer, a usar el otro como instrumento de posesión; el amor verdadero, es donación, es un acto de ofrenda. Por* eso el sátiro, en el cuadro de Palma el Viejo, ahí está el amor egoísta vencido. La codicia de esa apetencia carnal, que no es ninguna cosa mala de suyo ni mucho menos, aparece dominada, vencida, anulada, por la pura contemplación. Claro está que este hombre, a pesar de esta inclinación egoísta, de esta proclividad al mal, que lo hace finalmente ateo, y contrario, y opositor de sus prójimos, sin embargo ha conservado su naturaleza, sus potencias. Declinantes, debilitadas, pero el hombre después del pecado continúa con su inteligencia, aunque disminuida y proclive al error, y continúa con su voluntad, aunque esa voluntad no sea finalmente suficiente para obrar el bien, y sobre todo para mantenerse en el bien, para lo cual es necesaria la gracia de Dios. Pero es evidente, como lo registra toda la historia del mundo pagano, del paganismo de antes y de ahora, que se pueden dar actos heroicos, actos de virtud, a pesar de la caída. El hombre puede por la disciplina, por el esfuerzo, por la ascesis, aún en el plano natural, elevarse a actos virtuosos, actuar, sacrificando su propio bien al bien común.
Nosotros tenemos ejemplos de heroísmo y de grandeza entre los antiguos. Cuando uno lee que trescientos espartanos contuvieron en las Termópilas a las inmensas muchedumbres de los ejércitos persas, hasta el sacrificio total de todos ellos, usted está frente a la grandeza. Pero es como decía el poeta Simónides, que cita Platón, «elevarse a la virtud es difícil para el hombre, pero permanecer en ella es imposible». El hombre está siempre proclive a caer, es así. Por eso que el hombre librado a sí mismo, después del pecado no puede, ni reconstruir plenamente su ser ni su convivencia. El hombre necesita de Dios, y como no puede ir a Él por sí mismo, porque le ha puesto una distancia, por ser criatura, una distancia invencible por ser criatura y pecador, no queda más que la Misericordia Divina, haciendo que Dios venga hacia él. Y esto es Cristo. Esto es la Encarnación. Este acto de infinita Misericordia de Dios. Dios viene al hombre, para llevar al hombre a Dios, y para que el hombre pueda reconstruir su humanidad en la plenitud de su ser. Y por eso Dios ha unido a Él, en la persona del Hijo, la naturaleza humana. Y ahí está, en la Santísima Trinidad, nuestra naturaleza humana, integrada a ella, en la persona del Hijo. Y por la mediación de Nuestra Señora, la Santísima Virgen María. No hay más que la caridad de Dios derramándose e impulsando al corazón del hombre al olvido de sí mismo por el prójimo. Entonces el hombre ama generosamente. Con un amor generoso que es donación, ofrenda hasta el extremo de sacrificar la propia vida. Es amar en Cristo y por Cristo, como el nos amó. Por eso dice en el discurso de despedida a los discípulos, «Amaos los unos a los otros, como Yo os he amado». Y en ese mismo discurso insiste a sus discípulos, «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por su amigo». El la dió por nosotros, a quien consideró sus amigos. Ser amigo de Cristo es obrar lo que nos manda, y es el camino de la verdadera grandeza humana. Nosotros no tenemos otro camino, lo mismo en el orden personal, que en el familiar, que en el orden educacional, que en el jurídico, que en el orden político, no tenemos otro camino que Cristo. Ese es el Camino que debe transitar el cristiano, Cristo. Su Sabiduría Divina y su sabiduría humana, porque era Hombre verdadero y era Dios verdadero, y debemos permanecer, debemos ser en la Verdad de Él, y la vida verdadera es permanecer en esa Verdad, en todo. A Cristo no le podemos retacear nada. Cristo es para la intimidad, para la vida personal, para la vida familiar, y para la vida social y política. O reina Él, o reina el diablo, no hay otras realezas que esas dos.

ASALTO TERRORISTA AL PODER

38-EL RETORNO DE PERÓN

Y para concretar, lo que ha pasado la semana pasada, cuando la llegada del señor Perón, es un hecho que sólo se puede explicar por la intervención providencial de Dios. Humanamente era absolutamente imprevisible que pudiera ocurrir lo que ocurrió, y que pudiera deshacerse como se deshizo un ídolo de barro, que pudiera derrumbarse como se derrumbó. En el momento en que debía culminar en una apoteosis sin precedentes, en que este hombre iba a ser consagrado como jamás, por una inmensa multitud de millones, se desploma, se deshace. Y no por la acción de ningún enemigo, no por la acción de una enorme fuerza de contradicción, no. Por obra de sus mismos amigos y servidores, diríamos por obra de su guardia pretoriana, que recibe a balazos a las organizaciones juveniles de los guerrilleros, Montoneros, FAR, ERP. ¿Por qué se produjeron esas cosas ahora?, vistas una vez pasadas, y vistas con la perspectiva humana, porque se quiso repetir el veinte de jimio lo mismo que se había hecho y realizado el veinticinco de mayo. Ustedes recordaran lo que mostraba la televisión durante horas, en la primera fila frente a la Casa de Gobierno, no eran sino las organizaciones de los guerrilleros, con enormes letreros, y banderas, Montoneros, FAR, ERP, eso cubría todo. El lugar donde debió haberse hecho el desfile, ahí estaban ellos. Ellos le daban la nota al acto. Ellos son los que agredieron, insultaron, agraviaron a las Fuerzas Armadas, sin encontrar reacción ninguna, o reacciones mínimas. Ellos le dieron el toque al acto del 25. Y ahora intentaron lo mismo en la recepción del líder, rodear ellos la tribuna, estar ellos ahí con sus banderas, con sus letreros, con sus consignas, con sus gritos por la patria socialista. Y entonces lógicamente hubo una reacción de los encargados de la custodia y del orden y del poner las cosas allí. Y las consecuencias de esa verdadera masacre que hubo allí, no en Trelew sino allí, ¿qué resultó? Que el líder no bajó, no descendió donde lo esperaba todo el gobierno, menos Cámpora que estaba con él, donde lo esperaban todos los representantes y todos los corresponsales de todas las agencias extranjeras. No descendió en Ezeiza, a pesar de que la pista estaba limpia, y no fue al palco, a la cabina blindada, además blindada. Es decir, el líder, no se encontró con su pueblo, con la muchedumbre, con la masa. ¿Qué lo detuvo?, si estamos a una explicación demasiada humana, que tal vez corresponda, uno piensa que no ha sido la fortaleza, por eso no estuvo allí. Realmente lo digo de nuevo, a los ochenta años, cuidar demasiado de la vida, realmente es incompatible con la edad. Incluso a los veinte no hay que cuidar demasiado la vida, pero se comprende más. Porque al fin y al cabo, mañana o pasado usted lleva una congestión pulmonar cualquiera. Entonces estar aferrado a una cosa que se te va ya de las manos notoriamente por una decrepitud inevitable, no tiene sentido. Pero lo cierto es que toda esa apoteosis, se derrumba, y el ídolo cae. Ahí se produjo la gran derrota. Eso no tiene arreglo, eso es definitivo. No se lo que pasará, ni los días que nos aguardan, que son verdaderamente sombríos, pero hay una cosa que ha terminado, y es eso. Se ha producido realmente la liquidación del mito. Hay gente que ha viajado dos días, que ha estado tres días allí, para esperarlo, para verlo, para oírlo, y el hombre ha descendido en otra parte, y se hizo trasladar de inmediato no a la casa donde se alberga, sino a la quinta presidencial, que viene a confirmar esa falta de fortaleza. Y yo estoy usando las expresiones más delicadas, pero es un hecho real, y hay que decirlo, es un hecho real. Que explica la tremenda ofensiva en que se ha lanzado el terror bolchevique. Yo Ies he hablado a ustedes de la razón por la cual la juventud estudiantil aparecía en ese entusiasmo por el peronismo. La infinita estupidez humana, hace que la gente ni siquiera se demore en contemplar lo que viene pasando desde hace más de cincuenta años en el mundo, la experiencia de lo que se viene viviendo en todos los países que han caído o que se han salvado del comunismo. Los que se han salvado en definitiva son nada más que dos fuera de Portugal, España y Grecia, me refiero a los que han estado con el terror bolchevique en posición dominante y dominadora. Después de más de cuarenta años de Reforma Universitaria, había estado divorciada del movimiento peronista, lo estuvo durante toda la década anterior del peronismo. No comprendió el problema entonces. Pero, recién al final de esa década, aparecen hombres que se segregan del comunismo oficial, como el actual Rector de la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, que publicó entonces esta revista que se llama Clase Obrera, órgano del Movimiento Comunista Obrero, porque Puiggrós con otros se había separado de Codovilla, del partido oficial, y se había puesto a la sombra del peronismo, desde el año 1954. Y empiezan a hablar un lenguaje, que es el verdadero lenguaje del terror bolchevique, disimulado a la sombra del partido, del movimiento que congrega a las masas. ¿Dónde debe estar el comunismo?, decía Lenín, donde está la masa, ahí está el comunismo. Recién empezó a estar cuando este grupo de Puiggrós, se pasa al peronismo. Vean nomás, les leo un editorial de mayo del '55, en plena persecución religiosa. El editorial, seguramente del propio Puiggrós que es su director, se titula «El Pueblo y la Antipatria».
«La revolución nacional emancipadora del pueblo argentino avanza en medio de sus grandes contradicciones internas y venciendo los enormes obstáculos que le ponen las fuerzas del pasado. Avanzan en la hora de los pueblos... y porque en ningún momento deja de tener fe en su pueblo, nuestro pueblo, y porque trabaja con la vista puesta en su pueblo, y busca en su pueblo la inspiración y la fuerza para seguir avanzando, el general Perón construye una Argentina con infinitas posibilidades de desenvolvimiento. El germen de nuestro futuro como pueblo está en la nueva Argentina de Perón, no en cualquier otra Argentina, presupuesto que se aparte de la imaginación de los opositores del camino por el que marchamos. Todo el que está al margen de esta nueva Argentina está con el pasado, porque está fuera del cauce histórico. Estamos creando en la nueva Argentina la democracia, la verdadera democracia, la que destruye los privilegios y da las mayores posibilidades para el desarrollo intelectual y físico del ser humano. -Y agrega, denunciando las banderas reaccionarias.- Y esas banderas reaccionarias, tras las cuales se agrupan los viejos políticos de un pasado superado para siempre, que ahora están a los pies de él, son hoy levantadas por el clero cosmopolita, por los obispos enemigos del pueblo, ellos hablando de democracia y de libertad, nosotros siguiéndolos como caudillos de la democracia y la libertad. Hasta tan repelente extremo los ha llevado su odio al pueblo, su odio a la revolución nacional emancipadora, su odio a Perón. La reacción aparece con el rostro a descubierto y de cuerpo entero, desde la ideología oscurantista medieval, hasta el pequeño burócrata que vive a costilla de los cotizantes de un partido. Y frente a la reacción con el rostro descubierto y de cuerpo entero, él pueblo deja de tener enemigos ocultos introducidos en sus filas, tratando de desviarlo de sus objetivos, el pueblo se convierte en la nación, en toda la nación. Y la nación que es pueblo, reducirá al polvo toda intentona de separar la Argentina nueva de su curso histórico». Sin embargo, a pesar de esta euforia, tres meses después, se interrumpe el proceso. En 1966, se produce como lo señala Hernández Arregui, se produce el vuelco de la juventud estudiantil marxista hacia el peronismo. Y de repente aparece toda la juventud, o gran parte de la juventud, por lo menos la activa, la bullanguera, la que actúa, la que se hace escuchar, aparece enmarcada en el peronismo, idolatrando a Perón, a quien no han conocido, que no saben quién es, que vive como un sátrapa allá lejos en España. Sin embargo, surge una juventud ferviente, esa juventud universitaria se concreta en las organizaciones guerrilleras, comienzan los cordobazos y los asesinatos, sin que haya reacción ninguna. Las Fuerzas Armadas no reaccionaron jamás frente a los atentados, atracos, asesinatos, cordobazos, tucumanazos, rosariazos. Nunca reaccionaron, ese es el hecho, que hay que decirlo. Porque esto nos servirá para mostrar la ironía de lo que se viene perfilando ahora. Y esas organizaciones guerrilleras integradas por lo que suministra el vivero del comunismo que es la universidad, esas organizaciones se convierten en la vanguardia de todo el movimiento, y en cierto modo, son los que han forzado la entrega, esta entrega de los altos mandos. Nos han entregado a una cosa tremenda, que ahora se va perfilando. Muy bien, llega el veinticinco de mayo, asume el gobierno. ¿Qué ha ocurrido en estos treinta días? Se ha hecho de todo, menos respetar a esa estragada Constitución, que los que la respetan hasta el día de hoy son los hombres de armas, están quietitos en los cuarteles. Mientras, no se hace más que deshacer y destruir. Se ha liberado a todos los asesinos. Se ha liberado incluso a presos comunes internacionales, y siguen liberando. Se han destruido todos los archivos policiales, se ha abolido todo el sistema de represión y todas las leyes represivas, etc., todo se ha hecho. Y ahora, después del veinte de junio, vienen las aclaraciones, que las pueden ver con leer nada más que La Razón de esta noche, porque están las declaraciones de las organizaciones guerrilleras. Encabezadas por el ERP, que le declara ya la guerra al gobierno. Esa juventud peronista tan fervorosa, la vida por Perón, ¿adonde estaba y adónde está esa juventud, con quién está? La vanguardia de la revolución social, ¿con quién está?
¡Qué cosa notable!, un hombre que ha vivido manejando a los otros hombres, usándolos y tirándolos, de cualquier manera, de repente se encuentra con que esas organizaciones que han crecido al amparo de su sombra, muestran su verdadero rostro, el rostro del terror bolchevique. Él pide la paz, la tregua, la componenda, el idilio de los argentinos, el encuentro de los argentinos, y ellos le dicen, nosotros vamos a continuar con nuestros objetivos, que no son los tuyos. ¿Quién a usado a quién?, éste es el problema. Ustedes se dan cuenta en qué termina la política que es habilidad, la política que es una técnica oportunista, termina en esto que estamos viviendo en estos momentos en el país. Y ahora fíjense lo que puede ocurrir. No es que van a empezar, todos los días están los testimonios de la acción del terror, secuestros, atracos, matanzas, y, ¿qué va a hacer el gobierno?, ¿va a reprimir?, ¿y con quién va a reprimir?, ¿va a llamar a las Fuerzas Armadas, para que de acuerdo a la Constitución restablezcan el orden?, es interesante. ¿Y las Fuerzas Armadas se van a prestar para sostener a los que apañaron, fomentaron, estimularon y exaltaron las guerrillas que han asesinado a sus camaradas?, y que las han humillado, hasta los extremos en que han sido humilladas?. Pregunto eso yo. Yo les estoy hablando un lenguaje claro, porque yo les hablo desde el ocio contemplativo, el más activo de todos, porque la verdad es lo único que nos puede salvar, si no en esta vida, en la otra, con la misericordia de Dios, que tiene que ayudarlo a uno. Pero pregunto yo, ¿qué va a pasar?. De repente, en una forma clara, leal, inconciliable, así ha hablado el señor Santucho. Está al servicio del diablo, pero el hombre es claro, es leal, es inconciliable, no admite confusión su lenguaje. Vale la pena un enemigo así, porque es claro, porque es leal, porque es inconciliable, porque dice lo que piensa. Y claro está, para enfrentar esa gente, va a haber que, en el espíritu de la verdad, cultivar la disposición al sacrificio, y la disposición a la muerte. Porque ellos la tienen, no estando en la verdad la tienen. ¿Con qué vamos a replicar a eso?. Sería interesante que las Fuerzas Armadas salieran ahora en represión, cuando no salieron en cuatro años, sino que después que todo había pasado. Iban cayendo los camaradas, nunca consideraron que había llegado la hora de respetar siquiera el cadáver de sus camaradas, y de hacer justicia. Pero ahora claro, estamos dentro de un gobierno legal y constitucional, consagrado por la más libre de las elecciones. Ahora van a ser el brazo armado de esta soberanía popular que nos ha traído esta ruina, estos logros, esta fuerza de destrucción. ¿Al amparo de quién han surgido?, al amparo de la democracia, de la soberanía popular, de la voluntad de la mayoría, de la Constitución Nacional. Y ahora resulta que los llaman fascistas a los peronistas, y a las fuerzas represivas. Y bueno, no necesitamos decir más. Lo único que sí debemos considerar es lo que debe ser nuestra actitud, al menos de aquellos que comparten esta visión de la verdad. Ahora tenemos que ser más fuertes que nunca, tan claros como Santucho, tan leales con la verdad como es él con el error, y tan inconciliables como él. Ahora es el momento de la definición y de la decisión. Lo que le pase a cada uno personalmente o familiarmente no debe influir. No le va a pasar nada que igual no le pase sin terrorismo o sin terror. Morir nos vamos a morir todos, y las casas como diría Agustín se van a derrumbar igual un día. Por eso, asumir y proclamar una doctrina de la verdad, de la jerarquía y del patriotismo. Porque la verdad reclama el sacrificio. Por eso nosotros adoramos a la Verdad hecha hombre, crucificada por amor. Asumir y proclamar esa doctrina es izar la bandera nacional, nuestra bandera nacional, que es católica y es mariana, para seguirla lúcida e intensamente, es saber lo que un argentino debe defender y combatir a muerte. La conciencia nacionalista y cristiana que se forja en la doctrina, nos exige servir al bien del pueblo, con el consentimiento del pueblo, o sin él. En el confusionismo y su versión de nuestros días, lo que las multitudes desean coincide cada vez menos con lo que ellas necesitan para su mejor ser, incluso para su bienestar. Este es un problema fundamental.

No hacer lo que el pueblo quiere, como dice el demagogo todos los días, sino hacer lo que es el bien del pueblo aún en contra de ese pueblo. Es como un enfermo que patalea, que no quiere las pócimas amargas, que son para su salud, para devolverle su salud, y hay que hacerlo. El poder político sólo debe reconocer y tener compromisos de doctrinas, nunca de personas, y la capacidad para ejercerlo eficazmente; el poder político es un don personal de la Divina Providencia. El que te da el poder de mandar es Dios, y ante quien hay que responder es ante Él, no ante el pueblo. Por eso es que el gobernante legítimo, que no coincide por el que es ungido por las urnas de esa falsa soberanía popular, reconoce en su autoridad una delegación divina, con todo el peso de la responsabilidad ante ese mandatario divino. La autoridad en que consiste el ejercicio del poder no existe para sí misma, sino para los demás. La autoridad en ejercicio del poder es un modo eminente de servir al prójimo en Dios. El populismo en cualquiera de sus expresiones, suarista o jacobina, es adulación y subversión, y es el que nos trae a estos lodos en que estamos viviendo en este momento. Su vigencia dos veces secular, la de ese populismo, desde la Revolución Francesa, ha envilecido y desprestigiado el principio de autoridad, así como todo sentido jerárquico. La crisis de autoridad es a la vez la crisis de la libertad, porque sólo hay libertad cuando hay autoridad. Porque en definitiva, ¿cuándo es libre uno en algo?, cuando tiene autoridad en eso. Si yo soy un buen médico, soy libre para ejercer la medicina, porque tengo autoridad en ese saber y en ese arte de la medicina. Si no tengo autoridad en eso, no tengo libertad tampoco. ¿Cómo va a ejercer usted una libertad en lo que usted no domina?, de aquello de lo que usted no es señor. ¿Cómo va a ejercer la soberanía política, o cómo la va a instaurar, si usted no tiene libertad de acción?. La crisis de autoridad es a la vez una crisis de libertad. La autoridad sin libertad no es mas que pura violencia y terror, es la que ejerce el terrorismo, aislado o sistemático. La libertad sin autoridad es anarquía y es dispersión. Es una relación parecida a la que hay entre la caridad y la justicia. La justicia sin caridad es tremendamente cruel, dice Santo Tomás, la caridad sin justicia es anárquica. Ni perdonarlo todo, ni juzgarlo severamente todo. La justicia debe ser siempre perfeccionada por la caridad, y el que manda, justiciero y misericordioso como es el Padre que está en los cielos. No es la autoridad reflejo ni delegación de los de abajo, sean quienes fueran. Es reflejo y delegación del único y verdadero Soberano. La responsabilidad que asume el gobernante, surja como sea, o por el medio que fuera, la tiene delante de Dios. Por eso Cristo le dijo a Pilatos, cuando Pilatos le dijo, bueno, yo te puedo poner en libertad si quiero, o te puedo castigar. «Tu no podrías hacer nada de eso, si esa autoridad que invistes no te viniera de lo alto». Pero ese alto no era el Cesar, ese alto es Dios. Nosotros tenemos que volver a la verdad, a las definiciones, llamar a las cosas por su nombre. Tenemos que devolverle a la inteligencia el arte soberano de la definición, que es la contemplación de la verdad esencial, y del orden esencial de las verdades, que corresponde al orden esencial de la realidad, y obrar según la realidad y según la verdad, en todo. Si Dios lo permite, seguiremos comentando, esta realidad concreta que vive el país, asumiendo la responsabilidad que corresponde, en nuestra medida y en nuestra tarea, frente a los hechos que se van desarrollando, en la seguridad, en la esperanza, firme, de que unidos a Cristo, vamos a prevalecer. No se si aquí en este mundo para mí, que ya estoy al final del día, pero al menos, si somos capaces de ser fieles, hasta el final, a esa Verdad que es Dios, que nos ha creado y redimido, seguramente contaremos con su Misericordia en el Juicio Final.