GUERRA CONTRA REVOLUCIONARIA

Jordán Bruno Genta
Tema I
DOCTRINA POSITIVA
DOCTRINA POSITIVA
Tema I
DOCTRINA POSITIVA: Lineamientos esenciales de la Doctrina Católica,, Occidental y Argentina El enfrentamiento eficaz de la Guerra Revolucionaria desatada por el Comunismo nos impone saber, en primer término, qué es lo que nos identifica como occidentales y cristianos. Se trata de adquirir una conciencia lúcida y distinta de los contenidos de valor que son esenciales y permanentes, es decir, que definen a la Cristiandad Occidental o Civilización Occidental. La posesión de la Doctrina Positiva en sus líneas esenciales es el único medio eficiente para combatir y superar el confusionismo ideológico que nos abruma y es como una cortina de humo, a través de la cual avanza impunemente el enemigo dentro de nuestra mente, de nuestros hogares y de nuestra Patria.
DOCTRINA POSITIVA: Lineamientos esenciales de la Doctrina Católica,, Occidental y Argentina El enfrentamiento eficaz de la Guerra Revolucionaria desatada por el Comunismo nos impone saber, en primer término, qué es lo que nos identifica como occidentales y cristianos. Se trata de adquirir una conciencia lúcida y distinta de los contenidos de valor que son esenciales y permanentes, es decir, que definen a la Cristiandad Occidental o Civilización Occidental. La posesión de la Doctrina Positiva en sus líneas esenciales es el único medio eficiente para combatir y superar el confusionismo ideológico que nos abruma y es como una cortina de humo, a través de la cual avanza impunemente el enemigo dentro de nuestra mente, de nuestros hogares y de nuestra Patria.
Tres son los contenidos de valor, los pilares sobre los que se levanta la Civilización Occidental, Cristiana y, por lo tanto, Argentina: 1. La Revelación Cristiana y su Iglesia Católica, Apostólica y Romana. 2. La filosofía griega clásica: Sócrates, Platón y Aristóteles. 3. El Derecho Romano y su Política Arquitectónica. El primero es de orden sobrenatural, divino. Los otros dos son de orden natural, humano. Vamos a comenzar por los contenidos naturales y humanos, examinando en primer lugar lo que significa la Filosofía en la vida del hombre y de la civilización:
a. La Filosofía Griega Clásica: Sócrates Platón y Aristóteles
Filosofía, etimológicamente, quiere decir amor (filo) al saber (sofía). Es la ciencia por excelencia en el orden natural. Y se denominan clásicos Sócrates, Platón y Aris- tóteles, porque su pensamiento es siempre actual, su magisterio siempre contemporáneo, a pesar de que vi- vieron entre los siglos V y IV antes de Cristo. Apren demos a pensar, a definir, a distinguir, a discutir con razones, a dialogar en la verdad, en Platón y Aristóteles. Le debemos a Sócrates la liberación del pensamiento respecto de la sensación V su elevación a la altura del concepto y de la definición. El concepto refiere lo que una cosa es, su esencia fija e inmutable, lo que hace que el agua sea agua; el pan, pan; el vino, vino. La esencia o forma constitutiva de las cosas es la razón de ser, lo que permanece siempre igual a sí mismo, lo que nos permite identificar una cosa con ella misma, a pesar de todos sus cambios sensibles, aparentes. El concepto o definición, por lo mismo que dice la esencia, es único como ella misma; así la definición de hombre afirma que es un animal racional. Hoy y siem- pre el concepto de hombre será el mismo. En cambio, las opiniones acerca de algo son innumerables, porque la opinión encara un aspecto, el que nos interesa o nos impresiona, de una cosa; y puede haber múltiples enfoques, desde múltiples ángulos, de una misma cosa. Ciencia, para los clásicos del pensamiento, significa conocimiento por las causas o razones de lo que existe. La filosofía es la ciencia por excelencia, la ciencia soberana, porque estudia la causa primera y el fin último de todo lo que existe o puede existir. En el mismo sentido, podemos definir a la filosofía como la ciencia de las esencias y del fin de la existencia. Se la define, también, como la ciencia de la Verdad que el hombre debe servir. Las ciencias empíricas y las ciencias exactas y experimentales que estudian las leyes de los fenómenos físicos se ocupan de verdades que son para usar. La ciencia qne estudia lo permanente, lo esencial y lo eterno de los seres y el fin para que existen, culmina en Dios, causa primera y fin último. La razón humana se remonta por la exigencia de encontrar la causa o la razón (el qué, el por qué y el para qué) hasta demostrar la necesidad de una primera razón o causa. Pero libradas a sus solas fuerzas naturales, su razón no le permite acceder a la vida íntima de Dios; lo infinito y trascendente no puede ser abarcado por la razón finita y discursiva del hombre. Tiene que ser Dios mismo que se manifieste y revele al hombre; y esa Revelación se ha manifestado en Jesucristo Nuestro Señor, verdadero Dios y hombre verdadero. Y tiene que ser el mismo Dios que nos infunda la Fe en su Palabra para que podamos entender lo que Dios es en Sí mismo y lo que somos en relación a Dios. De allí que la verdadera Sabiduría necesita de la intención de la razón natural en la Fe sobrenatural, es decir, de la filosofía humana con la Divina Revelación para constituir la Teología Sagrada. Fue la obra de los Padres y Doctores de la Iglesia, de San Agustín y Santo Tomás principalmente. La filosofía no difiere del Sentido Común en sus afirmaciones esenciales; es el mismo Sentido Común reflexivamente asumido. Es el Sentido Común reajustado con espíritu crítico. La lógica que se funda en la filosofía es la que rige el discurso por los principios de identidad y de no contradicción. Se comprende que la lógica de la identidad se funda en la filosofía del ser, de las esencias y del fin de la existencia. La filosofía que es pilar del Occidente Cristiano es la ciencia de la eternidad y de lo que es eterno en las cosas. La lógica que define la mentalidad occidental es la lógica de la identidad esencial de lo que existe, esto es, el discurso que concluye que el agua es agua y no es vino; y que el vino es vino y no es agua, a pesar de que el vino contiene agua. Es la lógica que discurre en función de verdades esenciales y de la Verdad Absoluta que comprende a todas las otras.
b. El Poder Político y el Derecho Romano
La vida política de los griegos se circunscribió a la Polis (ciudad) ; no llegó a tener dimensión imperial hasta Alejandro, pero esa voluntad de dominio no se hizo estable, no se constituyó en imperio. Había que esperar a Roma para que se realizara la primera expansión verdaderamente política, sabiamente organizadora de la autoridad. Esa capacidad inigualada para el mando hizo de una pequeña ciudad el mayor y más durable Imperio conocido hasta entonces. Roma es la organización perfecta del poder político. Hizo cumplir sus leyes hasta en los lugares más remotos. Roma no se impone nunca de inmediato a pueblos que no la aman, ni la comprenden, ni la admiran. Crea primero una colonia romana donde alienta el espíritu de Roma; y es esta colonia la que va realizando la difícil conquista que las legiones sólo podrían iniciar y sostener con las Armas. Tina ciudad bajo la férula de un enemigo victorioso que soporta el despliegue de su poderío, la ostentación de la autoridad, el peso de los impuestos y servicios, no es una ciudad realmente conquistada. Roma sabe muy bien que no es ése el camino de la conquista segura. Su política tiene algo de su arquitec- tura: la columna romana, firme y rigurosa, puede ser el símbolo de ese pueblo que supo fundar una dominación de doce siglos. Frente a esos pueblos de la antigüedad que establecían con los vencidos relaciones de dominio estricto y que le cerraban a los subyugados el acceso a la dignidad civil, Roma trae un aporte nuevo que explica su expan sión territorial y su unidad política.
a. La Filosofía Griega Clásica: Sócrates Platón y Aristóteles
Filosofía, etimológicamente, quiere decir amor (filo) al saber (sofía). Es la ciencia por excelencia en el orden natural. Y se denominan clásicos Sócrates, Platón y Aris- tóteles, porque su pensamiento es siempre actual, su magisterio siempre contemporáneo, a pesar de que vi- vieron entre los siglos V y IV antes de Cristo. Apren demos a pensar, a definir, a distinguir, a discutir con razones, a dialogar en la verdad, en Platón y Aristóteles. Le debemos a Sócrates la liberación del pensamiento respecto de la sensación V su elevación a la altura del concepto y de la definición. El concepto refiere lo que una cosa es, su esencia fija e inmutable, lo que hace que el agua sea agua; el pan, pan; el vino, vino. La esencia o forma constitutiva de las cosas es la razón de ser, lo que permanece siempre igual a sí mismo, lo que nos permite identificar una cosa con ella misma, a pesar de todos sus cambios sensibles, aparentes. El concepto o definición, por lo mismo que dice la esencia, es único como ella misma; así la definición de hombre afirma que es un animal racional. Hoy y siem- pre el concepto de hombre será el mismo. En cambio, las opiniones acerca de algo son innumerables, porque la opinión encara un aspecto, el que nos interesa o nos impresiona, de una cosa; y puede haber múltiples enfoques, desde múltiples ángulos, de una misma cosa. Ciencia, para los clásicos del pensamiento, significa conocimiento por las causas o razones de lo que existe. La filosofía es la ciencia por excelencia, la ciencia soberana, porque estudia la causa primera y el fin último de todo lo que existe o puede existir. En el mismo sentido, podemos definir a la filosofía como la ciencia de las esencias y del fin de la existencia. Se la define, también, como la ciencia de la Verdad que el hombre debe servir. Las ciencias empíricas y las ciencias exactas y experimentales que estudian las leyes de los fenómenos físicos se ocupan de verdades que son para usar. La ciencia qne estudia lo permanente, lo esencial y lo eterno de los seres y el fin para que existen, culmina en Dios, causa primera y fin último. La razón humana se remonta por la exigencia de encontrar la causa o la razón (el qué, el por qué y el para qué) hasta demostrar la necesidad de una primera razón o causa. Pero libradas a sus solas fuerzas naturales, su razón no le permite acceder a la vida íntima de Dios; lo infinito y trascendente no puede ser abarcado por la razón finita y discursiva del hombre. Tiene que ser Dios mismo que se manifieste y revele al hombre; y esa Revelación se ha manifestado en Jesucristo Nuestro Señor, verdadero Dios y hombre verdadero. Y tiene que ser el mismo Dios que nos infunda la Fe en su Palabra para que podamos entender lo que Dios es en Sí mismo y lo que somos en relación a Dios. De allí que la verdadera Sabiduría necesita de la intención de la razón natural en la Fe sobrenatural, es decir, de la filosofía humana con la Divina Revelación para constituir la Teología Sagrada. Fue la obra de los Padres y Doctores de la Iglesia, de San Agustín y Santo Tomás principalmente. La filosofía no difiere del Sentido Común en sus afirmaciones esenciales; es el mismo Sentido Común reflexivamente asumido. Es el Sentido Común reajustado con espíritu crítico. La lógica que se funda en la filosofía es la que rige el discurso por los principios de identidad y de no contradicción. Se comprende que la lógica de la identidad se funda en la filosofía del ser, de las esencias y del fin de la existencia. La filosofía que es pilar del Occidente Cristiano es la ciencia de la eternidad y de lo que es eterno en las cosas. La lógica que define la mentalidad occidental es la lógica de la identidad esencial de lo que existe, esto es, el discurso que concluye que el agua es agua y no es vino; y que el vino es vino y no es agua, a pesar de que el vino contiene agua. Es la lógica que discurre en función de verdades esenciales y de la Verdad Absoluta que comprende a todas las otras.
b. El Poder Político y el Derecho Romano
La vida política de los griegos se circunscribió a la Polis (ciudad) ; no llegó a tener dimensión imperial hasta Alejandro, pero esa voluntad de dominio no se hizo estable, no se constituyó en imperio. Había que esperar a Roma para que se realizara la primera expansión verdaderamente política, sabiamente organizadora de la autoridad. Esa capacidad inigualada para el mando hizo de una pequeña ciudad el mayor y más durable Imperio conocido hasta entonces. Roma es la organización perfecta del poder político. Hizo cumplir sus leyes hasta en los lugares más remotos. Roma no se impone nunca de inmediato a pueblos que no la aman, ni la comprenden, ni la admiran. Crea primero una colonia romana donde alienta el espíritu de Roma; y es esta colonia la que va realizando la difícil conquista que las legiones sólo podrían iniciar y sostener con las Armas. Tina ciudad bajo la férula de un enemigo victorioso que soporta el despliegue de su poderío, la ostentación de la autoridad, el peso de los impuestos y servicios, no es una ciudad realmente conquistada. Roma sabe muy bien que no es ése el camino de la conquista segura. Su política tiene algo de su arquitec- tura: la columna romana, firme y rigurosa, puede ser el símbolo de ese pueblo que supo fundar una dominación de doce siglos. Frente a esos pueblos de la antigüedad que establecían con los vencidos relaciones de dominio estricto y que le cerraban a los subyugados el acceso a la dignidad civil, Roma trae un aporte nuevo que explica su expan sión territorial y su unidad política.
Lentamente va consintiendo que los hijos de pueblos sojuzgados que han dado pruebas de adhesión y han sabido interpretar el sentido de la paz romana se eleven a la dignidad no sólo de ciudadanos sino incluso a la de miembro de la minoría rectora del Senado. La conquista romana que traza tan rápidamente caminos y rutas, por entre las montañas, hasta las zonas más apartadas, es la conquista realizada no sólo por el genio de un hombre, un conductor genial, sino por el genio de todo un pueblo. ¿Cómo pudo Roma mantener la cohesión y la unidad en tan dilatada extensión y en tan grande variedad de pueblos? Por medio del Derecho. Los romanos llevaban a todas partes el orden, una regla estable de convivencia; y la tranquilidad en ese orden jurídico rígido y preciso: la paz romana. La vigencia del Derecho va eliminando las discordias, y contradicciones internas en los pueblos conquistados; la lengua vernácula va cediendo su lugar a la lengua latina; también van desapareciendo los aspectos más crueles y perversos de las religiones bárbaras. Las etapas de la conquista romana son: 1. La Paz, la tranquilidad en el orden por medio del Derecho. 2. La prosperidad material que es el resultado del orden político. 3. La elevación y riqueza de cultura. Los pueblos bárbaros (extranjeros) acatan finalmente la ley romana porque los eleva o les suscita la esperanza de otorgarles la ciudadanía romana. El ciudadano romano en cualquier lugar del imperio,, aun en el más remoto, sigue viviendo en Roma —como el inglés de hoy en la City—. El mejor ser de Roma se expresa en esta conquista, cuya divisa no es sólo la del César vencedor: "veni, vidi vid"; ya que después de aquella admirable conquista de las armas, la completaba con la codificación del Derecho.
Claro está que la indiferencia del romano hacia lo que era extraño a su dignidad civil en el propio ámbito tiene su personificación cabal en Poncio Pilato —finalmente se lava las manos—. Además la rigidez, el exceso, las discriminaciones arbitrarias —la condición de la mujer, la esclavitud, la propiedad, la patria potestad, etcétera— son conocidos; pero sus defectos y excesos, incluso las aberraciones propias de su paganidad, no anulan la grandeza ni la validez sustancial del Derecho Romano, fundamento natural de todo Derecho justo de Occidente. Se impone reconocer la capacidad superior y el sentido universal que era menester para legislar sobre un vasto imperio que fue cimentado en la objetividad del Derecho, en función de la Justicia, a pesar de las limita- ciones apuntadas. El Código de Justiniano representa la síntesis de toda una larga elaboración jurídica, y es el fundamento del Derecho Positivo de Occidente, porque en él se concretan y legislan las principales instituciones humanas en el orden privado: Familia, Propiedad, Derechos Patri- moniales, dentro de la gran concepción del Municipio y del Estado Romanos. El legado definitivo de Roma al Occidente Cristiano son estos fundamentos del Derecho, en orden a la Jus- ticia natural de carácter ético esencial. El mismo helenismo, la herencia inmortal e inagotable de la Sabiduría Humana, es decir, de la Filosofía Griega proyectada en la contemplación y en la acción, entra en la formación de Occidente a través de Roma. Sin la larga paz romana, conquistada por las Armas y estabilizada por el Derecho, no habría sido posible el medio adecuado, el reposo que exige el estudio de la filosofía de las esencias y del fin de lo que existe, la contemplación de la verdad, la más noble y más pura actividad humana. Reviste importancia decisiva entender que ni las filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles, ni el Derecho de la paz romana, hubieran durado y trascendido en la Historia Universal sin el Cristianismo que une al concepto de la universalidad política del Imperio la misión divina de la Redención de todos los hombres. La Cristiandad potencia y engrandece cuanto hay de verdadero y justo en la Filosofía Griega; así como cuanto hay de noble y ordenado en la política romana. Y realza la filosofía natural en la Fe Sobrenatural y la justicia humana en la Caridad Sobrenatural. Constantino inicia el Imperio Romano Cristiano cuya codificación es obra de Justiniano. Carlomagno lo restablece y en Carlos V culmina y se interrumpe su gestión ecuménica, católica, hasta el día de hoy. La dignidad de la persona humana; la igualdad esencial de los hombres; la elevación de la mujer hasta contemplarla en su paradigma: la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de Nuestra Patria; el verdadero sentido social de la Propiedad Privada; el origen y la legitimidad del Poder; la necesidad de la Fe para entender en las cosas de Dios y del destino de las almas y de las Naciones; el auxilio de la Gracia para ser libres en el bien; la Caridad de Dios para la perfección de la justicia; todo esto y mucho más es lo que ha significado la integración de la filosofía natural de los griegos y del orden político romano en la Revelación. Cristiana, cuyo fruto es la Civilización Occidental.
c. Proyección Espiritual y Política de la Iglesia Romana Católica en Occidente
El Occidente Cristiano, los Imperios y Estados nacionales Católicos de Europa y América se han construido alrededor de la Iglesia Católica, Apostólica v Romana. El Papa León XIII lo destaca en su encíclica INMORTALE DEi: "Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época, la eficacia propia de la Sabiduría Cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las insttuciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y re- laciones de la Sociedad. La Religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honorque le corresponde y florecía en todas partes, gracias a la adhesión benémla de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El Sacerdocio y el Imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda Esperanza. .. Si la Europa Cristiana diominó las naciones bárbaras y las hizo pasar de la fiereza a la mansedumbre y de la superstición a la Verdad; si rechazó victoriosa las invasiones musulmanas, si han conservado el cetro de la civilización y se ha mantenido como maestra y guía del mundo en el descubrimiento y en la enseñanza de todo cuanto podía redundar en pro de la cultura humana; si ha procurado a los pueblos el bien de la verdadera libertad en sus más variadas formas; si con una sabia providencia ha creado tan numerosas y heroicas instituciones para aliviar las desgracias de los hombres, no hay que dudarlo: Europa tiene por todo ello una enorme deuda de gratitud con la Religión, en la cual encontró siempre una inspiradora de sus grandes empresas y una eficaz ayuda en sus realizaciones". En conclusión: La Doctrina Positiva del Occidente Cristiano es la que se funda en la Palabra de Dios, cuyo magisterio divino reside en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, fundada por el mismo Cristo: "Dios instituyó la Doctrina de la Verdad en la Cátedra de la Unidad" 2 San Agustín . No hay, no puede haber otro principio de unidad espiritual y moral para los hombres y las naciones de Occidente, que esa Palabra de Dios y su Cátedra infalible que es la Iglesia Romana. Es menester que nos edifiquemos en la Unidad Verdadera, para no caer en la separación, en la división, en la pluralidad que son principios de negación y de muerte. Y sobre esta roca inmutable que puso el mismo Dios, se potencian, realzan y prestigian en la divina luz, la Filosofía Clásica de los griegos y el Derecho y arquiféctura del Poder de los romanos, pilares del Occidente Cristiano. A partir de Cristo, toda elevación humana en la His- toria de Occidente se prosigue en y por la Iglesia Católica, que se abre a todos y abraza a todos los hombres de buena voluntad, que son aquellos que hacen la voluntad de Dios.
DOCTRINA NEGATIVA: La Revolución Liberal contra el Orden Católico y Occidental, en sus etapas religiosa, filosófica y política, hasta, culminar en la Revolución Social del Comunismo Marxista. El proceso del Liberalismo en la Argentina.
La Doctrina Positiva del Occidente Cristiano se funda en la Verdad de Dios de orden sobrenatural o Revelación Cristiana y en dos verdades objetivas de orden natural: la Filosofía del Ser con su lógica de la identidad, y el Derecho Romano como estructura básica del Estado o Poder Político. Las instituciones de la Fe y de la Tradición que derivan de estas afirmaciones fundamentales son: la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la Patria, la Familia, la Propiedad, la Profesión, el Municipio y el Estado servi- dor del Bien Común, más las Fuerzas Armadas de la Nación, cuya misión específica es la defensa de esos principios e instituciones permanentes de la Cristiandad Occidental. La defensa exige, a su vez, combatir lúcida y enérgicamente, toda doctrina negativa, toda posición o ideología que niega, debilita, tergiversa, desvía, confunde .o compromete la validez de esos fundamentos y la existencia de las instituciones en su orden debido. La Doctrina Liberal es fuente de sucesivas negaciones seculares que desde dentro vienen socavando los pilares y desvirtuando las instituciones para terminar con su abolición radical. El proceso del Liberalismo se inicia en Occidente con la Reforma de Lutero a comienzos del siglo XVI; se sigue con la división de la razón natural y de la Fe sobrenatural, más la crítica negativa de la Filosofía del Ser, en el siglo XVII; con la crítica del Derecho Romanocristiano y la revolución política del siglo XVIII; y culmina con la Revolución Social o Guerra Revolucionaria de- sencadenada por el Comunismo Marxista en el siglo XIX, en su fase decisiva actual. La crítica marxista comporta un nihilismo extremo, el programa de la destrucción total, teórica y práctica, del Orden Occidental y Cristiano. Por esto es que hace suya y radicaliza la crítica de la Religión, de la Teología y de la Filosofía cristianas, del Derecho Romano y del Es- tado; completando la suma de negaciones liberales con la crítica de la Propiedad Privada tal como la define el derecho liberalburgués. En cuanto a las Fuerzas Armadas de la Nación, la crítica marxista las reduce al papel de una guardia pretoriana al servicio de la clase explotadora que será abolida definitivamente junto con el Estado de Clases. La Doctrina y la Práctica Comunistas no son más que el liberalismo moderno llevado hasta sus últimas consecuencias en la negación del Orden Occidental y Cristiano. No se puede, pues, separar comunismo de liberalismo; y la doctrina liberal es, punto por punto, la negación de los principios e instituciones de la Cristiandad Occidental. La crítica negativa y las demoliciones prácticas del liberalismo, que se extreman en el materialismo dialéctico de Marx, tienen su origen y raíz en el Libre Examen, en el supuesto derecho a discutirlo todo que Lutero reivindica frente a la Cátedra de la Unidad Católica, al magisterio infalible del Papa Romano en orden a la Palabra Revelada, es decir, en. el Dogma de la Fe y en la moral: Demuestra Augusto Nicolás en su libro PROTESTANTISMO Y COMUNISMO: "Toda interpretación exige el conocimiento adecuado de su objeto —lo sobrenatural que es propio de la Revelación, implica, pues, lo sobrenatural en el agente de su interpretación (la Cátedra de Pedro instituida por el mismo Dios). ...Así el protestantismo atacando al principio de la autoridad visible y docente del cristianismo, y oponiendo el principio opuesto de Libre Examen, ha matado de. un solo golpe la autoridad de la Verdad misma del Cristianismo y del orden sobrenatural revelado. Por consiguiente, ha destruido la fe en este orden sobrenatural, la cual no puede subsistir sin una autoridad de magisterio igualmente sobrenatural. "No conocemos a Dios sino por Jesucristo; así como no conocemos realmente a Jesucristo sino por la Iglesia" 3. El proceso inexorable, implacable del Libre Examen, después de la negación de la Cátedra de la Unidad Católica, la Palabra misma de Dios, se aplica sucesivamente a la negación y destitución de toda autoridad humana. "Consumada la máxima subversión, confundida la Palabra de Dios con la de un hombre cualquiera que se cree iluminado de lo alto, todas las otras subversiones y confusiones que están comprendidas en la primera se van a seguir inexorablemente. Si todo el mundo es, en principio, sacerdote, y lleva el Evangelio en su corazón, también puede sentirse rey, sabio, artista, general, magistrado, educador, empresario, etcétera..."'1. Lutero... "se instituyó a sí mismo en la Cátedra de Dios y creyó que su juicio era más, mucho más, que el de los papas y obispos, que el de los teólogos y filósofos. Ni la cátedra romana, ni los concilios ecuménicos, ni los Padres y doctores de la Iglesia, «ni las ridiculas reglas de los lógicos, ni las fantasías de los filósofos, ni el mago Aristóteles», tienen la autoridad de su sentimiento interior y de su propia experiencia para establecer la validez de un testimonio, de una afirmación o de una sentencia" *. Así se consumó la Revolución Liberal en el plano religioso, a través de las variaciones del Protestantismo, quebrando la unidad católica del Occidente Cristiano, con la multiplicación indefinida de los "cristianismos", hasta promover la indiferencia religiosa y finalmente el ateísmo o anticristianismo agresivo que es la sustancia misma del Comunismo Marxista.(3 Págs. 26 a 23. 4 J. B. Genta: LIBRE EXAMEN Y COMUNISMO, Cap. I, páginas 178 y 184 de esta edición. .) Después de la Religión Católica, el Libre Examen aplicó su crítica negativa y corrosiva a la filosofía del ser y a la lógica de la identidad. Así Descartes para justificar el Libre Examen, el derecho de cada individuo a discutirlo todo, a dudar de todo y a exigir que su asen- timiento a algo dependa del fallo de su propio juicio, inicia su DISCURSO DEL MÉTODO (año 1637) con esta falsa y demagógica sentencia: "El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo". Es notorio que el buen sentido o capacidad de juzgar rectamente es la cosa peor repartida del mundo. El juicio recto acerca de una determinada cuestión supone la autoridad y la ponderación del saber, esto es, el arduo y largo estudio de la cuestión. Sólo es verdaderamente libre en una materia el que la domina a la perfección. Descartes, que es el padre de la filosofía moderna, desplaza la verdad fundamental del ser; y en su lugar pone al yo que piensa. El punto de partida del pensamiento filosófico ya no es el ser es el ser, cada cosa es lo que es: el agua es agua, el pan es pan, el alma es alma, Dios es Dios. Ahora el punto de partida es: Pienso, luego existo; esto es, el yo pensante, la autocerteza de su existir en tanto piensa como la verdad primera y fundamental sobre la cual se levanta todo el edificio de la nueva filosofía. Así como Lutero hace radicar la interpretación válida de la Palabra de Dios en el sentimiento interior, Descartes radica en el yo pensante el principio de toda verdad. Uno y otro son subjetivistas, sostienen la primacía del sujeto, de su inspiración, de su pensar como criterio supremo de validez, lo que se llama protestantismo en el plano religioso e idealismo en el plano filosófico. Uno y otro expresiones del Libre Examen, principio del Liberalismo en todas sus formas. El liberalismo moderno es el proceso infinito de la crítica negativa y de la negación práctica de todo lo que es. Tal como advierte el judío marxista Bernstein: "el objetivo final no es nada, el movimiento es todo". En lenguaje más práctico, quiere decir que el objetivo final es la nada y el movimiento es la revolución permanente. De negación en negación, el proceso dialéctico —e] alma de la dialéctica es la negación— concluye inevitablemente, inexorablemente, en la suma de negaciones que es el Comunismo Marxista, nihilismo puro, teórico y práctico. Por esto es que Pío XI, lo declaró "intrínsecamente perverso". Contra los derechos de la afirmación, de la identidad y de la fidelidad, el Liberalismo exalta la prioridad de los derechos de la duda, de la crítica, de la negación y del cambio. Contra la Cátedra de Dios, el Libre Examen; y contra la lógica de la identidad fundada en la esencia realísima de lo que es, la lógica de la contradicción o dialéctica fundada en la apariencia sin ser, el devenir de todo lo que existe. Claro está que el derecho a dudar de todo implica todavía el supuesto de algo indiscutible que es el propio juicio individual. Lutero duda de la infalibilidad de la Cátedra de Pedro en las cosas de Dios, pero pretende que su propio juicio en la materia sea infalible. Heráclito, para ilustrar el eterno devenir, la mudanza de todas las cosas, afirmaba que "no es posible bañarse dos veces en la misma agua de un río". Es verdad, pero siempre que nos bañamos lo hacemos en agua; no podría ser numérica o materialmente la misma agua; pero si, en esencia, la mismísima agua que nos lava y apaga la sed. Cambian las aguas y permanece el agua; pasamos de un agua a otra agua, y todavía a otra. . . esto es lo accidental que se,muda. Lo que importa es contar siempre de nuevo con la misma esencia, con lo que hace que cualquier agua sea agua y no otra cosa. Y así como tenemos necesidad para no morirnos de sed de la esencia- que no pasa en el agua corriente, todavía más necesidad tenemos de la Palabra que no pasará nunca para la vida eterna. El Liberalismo no soporta la existencia de las esencias; y menos que ninguna otra, de la Esencia que es su misma Existencia. No soporta, pues, la eternidad de Dios y lo que es eterno en los seres creados. Se comprende que si el hombre hace de su libertad el fundamento mismo de la existencia, su principio primero v su último fin, la dinámica de esa libertad tiene que ser la negación de todos los límites divinos, naturales e listóneos; esto es, sólo podrá reconocerse y afirmarse a sí misma como liberación de toda dependencia u obligación externa: toda heteronomía, como dice Kant, el filósofo del liberalismo. Por el contrario, si el hombre reconoce que no es su principio ni su fin: que viene de otro y es heredero. Si reconoce que es hidalgo como criatura y como hijo, entonces no es libre de elegir, no tiene opción, respecto de Dios, de su Patria, de su familia; pertenece y se debe a ellos con amor filial. No le queda más cpie la libre obediencia, la libertad de servir. Puede desobedecer, desertar, negarse a servir; pero este estado de baja rebelión no es libertad, sino servidumbre del pecado, como dice León XIII en su encíclica LIBERTAS. (379)
c. Proyección Espiritual y Política de la Iglesia Romana Católica en Occidente
El Occidente Cristiano, los Imperios y Estados nacionales Católicos de Europa y América se han construido alrededor de la Iglesia Católica, Apostólica v Romana. El Papa León XIII lo destaca en su encíclica INMORTALE DEi: "Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época, la eficacia propia de la Sabiduría Cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las insttuciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y re- laciones de la Sociedad. La Religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honorque le corresponde y florecía en todas partes, gracias a la adhesión benémla de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El Sacerdocio y el Imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda Esperanza. .. Si la Europa Cristiana diominó las naciones bárbaras y las hizo pasar de la fiereza a la mansedumbre y de la superstición a la Verdad; si rechazó victoriosa las invasiones musulmanas, si han conservado el cetro de la civilización y se ha mantenido como maestra y guía del mundo en el descubrimiento y en la enseñanza de todo cuanto podía redundar en pro de la cultura humana; si ha procurado a los pueblos el bien de la verdadera libertad en sus más variadas formas; si con una sabia providencia ha creado tan numerosas y heroicas instituciones para aliviar las desgracias de los hombres, no hay que dudarlo: Europa tiene por todo ello una enorme deuda de gratitud con la Religión, en la cual encontró siempre una inspiradora de sus grandes empresas y una eficaz ayuda en sus realizaciones". En conclusión: La Doctrina Positiva del Occidente Cristiano es la que se funda en la Palabra de Dios, cuyo magisterio divino reside en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, fundada por el mismo Cristo: "Dios instituyó la Doctrina de la Verdad en la Cátedra de la Unidad" 2 San Agustín . No hay, no puede haber otro principio de unidad espiritual y moral para los hombres y las naciones de Occidente, que esa Palabra de Dios y su Cátedra infalible que es la Iglesia Romana. Es menester que nos edifiquemos en la Unidad Verdadera, para no caer en la separación, en la división, en la pluralidad que son principios de negación y de muerte. Y sobre esta roca inmutable que puso el mismo Dios, se potencian, realzan y prestigian en la divina luz, la Filosofía Clásica de los griegos y el Derecho y arquiféctura del Poder de los romanos, pilares del Occidente Cristiano. A partir de Cristo, toda elevación humana en la His- toria de Occidente se prosigue en y por la Iglesia Católica, que se abre a todos y abraza a todos los hombres de buena voluntad, que son aquellos que hacen la voluntad de Dios.
DOCTRINA NEGATIVA: La Revolución Liberal contra el Orden Católico y Occidental, en sus etapas religiosa, filosófica y política, hasta, culminar en la Revolución Social del Comunismo Marxista. El proceso del Liberalismo en la Argentina.
La Doctrina Positiva del Occidente Cristiano se funda en la Verdad de Dios de orden sobrenatural o Revelación Cristiana y en dos verdades objetivas de orden natural: la Filosofía del Ser con su lógica de la identidad, y el Derecho Romano como estructura básica del Estado o Poder Político. Las instituciones de la Fe y de la Tradición que derivan de estas afirmaciones fundamentales son: la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la Patria, la Familia, la Propiedad, la Profesión, el Municipio y el Estado servi- dor del Bien Común, más las Fuerzas Armadas de la Nación, cuya misión específica es la defensa de esos principios e instituciones permanentes de la Cristiandad Occidental. La defensa exige, a su vez, combatir lúcida y enérgicamente, toda doctrina negativa, toda posición o ideología que niega, debilita, tergiversa, desvía, confunde .o compromete la validez de esos fundamentos y la existencia de las instituciones en su orden debido. La Doctrina Liberal es fuente de sucesivas negaciones seculares que desde dentro vienen socavando los pilares y desvirtuando las instituciones para terminar con su abolición radical. El proceso del Liberalismo se inicia en Occidente con la Reforma de Lutero a comienzos del siglo XVI; se sigue con la división de la razón natural y de la Fe sobrenatural, más la crítica negativa de la Filosofía del Ser, en el siglo XVII; con la crítica del Derecho Romanocristiano y la revolución política del siglo XVIII; y culmina con la Revolución Social o Guerra Revolucionaria de- sencadenada por el Comunismo Marxista en el siglo XIX, en su fase decisiva actual. La crítica marxista comporta un nihilismo extremo, el programa de la destrucción total, teórica y práctica, del Orden Occidental y Cristiano. Por esto es que hace suya y radicaliza la crítica de la Religión, de la Teología y de la Filosofía cristianas, del Derecho Romano y del Es- tado; completando la suma de negaciones liberales con la crítica de la Propiedad Privada tal como la define el derecho liberalburgués. En cuanto a las Fuerzas Armadas de la Nación, la crítica marxista las reduce al papel de una guardia pretoriana al servicio de la clase explotadora que será abolida definitivamente junto con el Estado de Clases. La Doctrina y la Práctica Comunistas no son más que el liberalismo moderno llevado hasta sus últimas consecuencias en la negación del Orden Occidental y Cristiano. No se puede, pues, separar comunismo de liberalismo; y la doctrina liberal es, punto por punto, la negación de los principios e instituciones de la Cristiandad Occidental. La crítica negativa y las demoliciones prácticas del liberalismo, que se extreman en el materialismo dialéctico de Marx, tienen su origen y raíz en el Libre Examen, en el supuesto derecho a discutirlo todo que Lutero reivindica frente a la Cátedra de la Unidad Católica, al magisterio infalible del Papa Romano en orden a la Palabra Revelada, es decir, en. el Dogma de la Fe y en la moral: Demuestra Augusto Nicolás en su libro PROTESTANTISMO Y COMUNISMO: "Toda interpretación exige el conocimiento adecuado de su objeto —lo sobrenatural que es propio de la Revelación, implica, pues, lo sobrenatural en el agente de su interpretación (la Cátedra de Pedro instituida por el mismo Dios). ...Así el protestantismo atacando al principio de la autoridad visible y docente del cristianismo, y oponiendo el principio opuesto de Libre Examen, ha matado de. un solo golpe la autoridad de la Verdad misma del Cristianismo y del orden sobrenatural revelado. Por consiguiente, ha destruido la fe en este orden sobrenatural, la cual no puede subsistir sin una autoridad de magisterio igualmente sobrenatural. "No conocemos a Dios sino por Jesucristo; así como no conocemos realmente a Jesucristo sino por la Iglesia" 3. El proceso inexorable, implacable del Libre Examen, después de la negación de la Cátedra de la Unidad Católica, la Palabra misma de Dios, se aplica sucesivamente a la negación y destitución de toda autoridad humana. "Consumada la máxima subversión, confundida la Palabra de Dios con la de un hombre cualquiera que se cree iluminado de lo alto, todas las otras subversiones y confusiones que están comprendidas en la primera se van a seguir inexorablemente. Si todo el mundo es, en principio, sacerdote, y lleva el Evangelio en su corazón, también puede sentirse rey, sabio, artista, general, magistrado, educador, empresario, etcétera..."'1. Lutero... "se instituyó a sí mismo en la Cátedra de Dios y creyó que su juicio era más, mucho más, que el de los papas y obispos, que el de los teólogos y filósofos. Ni la cátedra romana, ni los concilios ecuménicos, ni los Padres y doctores de la Iglesia, «ni las ridiculas reglas de los lógicos, ni las fantasías de los filósofos, ni el mago Aristóteles», tienen la autoridad de su sentimiento interior y de su propia experiencia para establecer la validez de un testimonio, de una afirmación o de una sentencia" *. Así se consumó la Revolución Liberal en el plano religioso, a través de las variaciones del Protestantismo, quebrando la unidad católica del Occidente Cristiano, con la multiplicación indefinida de los "cristianismos", hasta promover la indiferencia religiosa y finalmente el ateísmo o anticristianismo agresivo que es la sustancia misma del Comunismo Marxista.(3 Págs. 26 a 23. 4 J. B. Genta: LIBRE EXAMEN Y COMUNISMO, Cap. I, páginas 178 y 184 de esta edición. .) Después de la Religión Católica, el Libre Examen aplicó su crítica negativa y corrosiva a la filosofía del ser y a la lógica de la identidad. Así Descartes para justificar el Libre Examen, el derecho de cada individuo a discutirlo todo, a dudar de todo y a exigir que su asen- timiento a algo dependa del fallo de su propio juicio, inicia su DISCURSO DEL MÉTODO (año 1637) con esta falsa y demagógica sentencia: "El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo". Es notorio que el buen sentido o capacidad de juzgar rectamente es la cosa peor repartida del mundo. El juicio recto acerca de una determinada cuestión supone la autoridad y la ponderación del saber, esto es, el arduo y largo estudio de la cuestión. Sólo es verdaderamente libre en una materia el que la domina a la perfección. Descartes, que es el padre de la filosofía moderna, desplaza la verdad fundamental del ser; y en su lugar pone al yo que piensa. El punto de partida del pensamiento filosófico ya no es el ser es el ser, cada cosa es lo que es: el agua es agua, el pan es pan, el alma es alma, Dios es Dios. Ahora el punto de partida es: Pienso, luego existo; esto es, el yo pensante, la autocerteza de su existir en tanto piensa como la verdad primera y fundamental sobre la cual se levanta todo el edificio de la nueva filosofía. Así como Lutero hace radicar la interpretación válida de la Palabra de Dios en el sentimiento interior, Descartes radica en el yo pensante el principio de toda verdad. Uno y otro son subjetivistas, sostienen la primacía del sujeto, de su inspiración, de su pensar como criterio supremo de validez, lo que se llama protestantismo en el plano religioso e idealismo en el plano filosófico. Uno y otro expresiones del Libre Examen, principio del Liberalismo en todas sus formas. El liberalismo moderno es el proceso infinito de la crítica negativa y de la negación práctica de todo lo que es. Tal como advierte el judío marxista Bernstein: "el objetivo final no es nada, el movimiento es todo". En lenguaje más práctico, quiere decir que el objetivo final es la nada y el movimiento es la revolución permanente. De negación en negación, el proceso dialéctico —e] alma de la dialéctica es la negación— concluye inevitablemente, inexorablemente, en la suma de negaciones que es el Comunismo Marxista, nihilismo puro, teórico y práctico. Por esto es que Pío XI, lo declaró "intrínsecamente perverso". Contra los derechos de la afirmación, de la identidad y de la fidelidad, el Liberalismo exalta la prioridad de los derechos de la duda, de la crítica, de la negación y del cambio. Contra la Cátedra de Dios, el Libre Examen; y contra la lógica de la identidad fundada en la esencia realísima de lo que es, la lógica de la contradicción o dialéctica fundada en la apariencia sin ser, el devenir de todo lo que existe. Claro está que el derecho a dudar de todo implica todavía el supuesto de algo indiscutible que es el propio juicio individual. Lutero duda de la infalibilidad de la Cátedra de Pedro en las cosas de Dios, pero pretende que su propio juicio en la materia sea infalible. Heráclito, para ilustrar el eterno devenir, la mudanza de todas las cosas, afirmaba que "no es posible bañarse dos veces en la misma agua de un río". Es verdad, pero siempre que nos bañamos lo hacemos en agua; no podría ser numérica o materialmente la misma agua; pero si, en esencia, la mismísima agua que nos lava y apaga la sed. Cambian las aguas y permanece el agua; pasamos de un agua a otra agua, y todavía a otra. . . esto es lo accidental que se,muda. Lo que importa es contar siempre de nuevo con la misma esencia, con lo que hace que cualquier agua sea agua y no otra cosa. Y así como tenemos necesidad para no morirnos de sed de la esencia- que no pasa en el agua corriente, todavía más necesidad tenemos de la Palabra que no pasará nunca para la vida eterna. El Liberalismo no soporta la existencia de las esencias; y menos que ninguna otra, de la Esencia que es su misma Existencia. No soporta, pues, la eternidad de Dios y lo que es eterno en los seres creados. Se comprende que si el hombre hace de su libertad el fundamento mismo de la existencia, su principio primero v su último fin, la dinámica de esa libertad tiene que ser la negación de todos los límites divinos, naturales e listóneos; esto es, sólo podrá reconocerse y afirmarse a sí misma como liberación de toda dependencia u obligación externa: toda heteronomía, como dice Kant, el filósofo del liberalismo. Por el contrario, si el hombre reconoce que no es su principio ni su fin: que viene de otro y es heredero. Si reconoce que es hidalgo como criatura y como hijo, entonces no es libre de elegir, no tiene opción, respecto de Dios, de su Patria, de su familia; pertenece y se debe a ellos con amor filial. No le queda más cpie la libre obediencia, la libertad de servir. Puede desobedecer, desertar, negarse a servir; pero este estado de baja rebelión no es libertad, sino servidumbre del pecado, como dice León XIII en su encíclica LIBERTAS. (379)