domingo, 10 de mayo de 2020

ASALTO TERRORISTA AL PODER-PROLOGOS



A NUESTROS LECTORES


REPUBLICAMOS ESTIMADOS COMPRATIOTAS POR VEZ PRIMERA "ASALTO TERRORISTA AL PODER", SINTESIS MAGISTRAL DE LO QUE EN PRIVADA GESTION EDUCATIVA BRINDO A UN PEQUEÑO NUMERO DE ALUMNOS, EL PROFESOR JORDAN BRUNO GENTA, UTILIZANDO LAS PAREDES DE SU PROPIA CASA COMO MURO DE LO QUE NUNCA DEBIO DEJAR DE EXISTIR, PARA CONTENER Y ENGRANDECER EL APRENDIZAJE DE GRAN "ESCUELA PARA LA NACION". 
LIBRO AL  CUAL ANALIZANDO LAS MULTIPLES ENSEÑANZAS EXTRAIDAS DE EL, SIMBOLIZAN LA VERDAD Y BONDADES DE GRANDES VIRTUES EN LAS QUE SE EXPLAYO EL GRAN MAESTRO Y MARTIR ARGENTINO.
JORDAN BRUNO GENTA, SABIDO FUE, NADA AGUARDABA  DE LOS "IMPRESENTABLES Y CAMORREROS" GREMIALISTAS QUE HOY EMPAÑAN LA EDUCACION JUNTO A LAS "BASURAS" TELEVISAS. 
LA ENSEÑANZA PRIORIZABA SU VOCACION Y LA VERDAD EL OBJETIVO FINAL HACIA EL DESCANSO ETERNO.    
NUESTRO FIN ES INTENTAR TRANSMITIR Y EVITAR EL DERRUMBE EN QUE DIA A DIA EL ARGENTINO ENTREGA SU SUELO, SU MORAL, SU DIGNIDAD. EN RESUMEN DESOBEDECIENDO E IGNORANDO TODO MANDATO DIVINO. 

 
JORDAN  BRUNO GENTA

Antes  de la culminación próxima del año 2019, detendremos las publicaciones que dirigimos hacia las páginas del blog  https://elquijotesiglo21.blogspot.com/ , pretendiendo despertar especialmente el pensamiento de los que deberían ser los auténticos NACIONALISTAS CATOLICOS. NI DEMOCRATAS NACIONALISTA, NI SOCIALISTAS "NAZIONALISTAS", NI PERONISTAS "NAZIONALISTA". TODO ESO ES FALSO. NACIONALISTA CATOLICOS Y NADA DE OTRA COSA.
Varias son las razones que motivan detener por unos días la actividad bloguera a la que nos ocupamos y pondremos en conocimiento de los lectores cada una de ellas: 1) ACELERAR nuestro trabajo para lograr a partir del nuevo año reanudar la labor con un nuevo diseño. 2) ESTUDIAR íntegramente ese nuevo formato. 3) BUSQUEDA de nuevos e interesantes elementos que mejoren nuestra labor. 4) RECORDAR durante buen tiempo escritos realizados por el gran maestro JORDAN BRUNO GENTA,  pronosticando a casi 50 años de su martirio, la tortura actual por él anticipada y hoy recibe ARGENTINA, casi la mitad del continente y el mundo. EL MACABRO COMUNISMO ATEO.
Mantendremos “ASALTO TERRORISTA AL PODER”, “LIBRE EXAMEN Y COMUNISMOS” Y “GUERRA CONTRAREVOLUCIONARIA”, hasta nuestro retorno, se trata de tres libros escritos aliados a las leyes de DIOS,profundamente ajustados al ORDEN NATURAL y en DEFENSA DEL BIEN COMUN .

HERMANOS ARGENTINOS
LA APLICACION DE LAS ENSEÑANZAS DE GENTA, SEÑALAN CUAL ES EL UNICO CAMINO PARA RENONQUISTAR Y REIVINDICAR LA NACION. FUNDAMENTADA EN DIOS, EL AMOR A LA PATRIA Y LA UNION DE LA FAMILIA. LOS INVITAMOS A LEERLO Y  DESECHAR OTRA POSTURA.

https://elquijotesiglo21.blogspot.com/ 



PRÓLOGO


No sería justo que una introducción extensa distrajera la lectura meditada de estas páginas inéditas de Jordán Bruno Genta. Como todas las suyas, se presentan solas y se bastan a sí mismas. Y llevan además -al buen decir de Nietszche, que acertaba en esto- la rúbrica de la sangre derramada por escribirlas y por pronunciarlas; el sello imprescriptible de la muerte mártir. Mas tampoco se cumpliría con la virtud de la observancia, y hasta con la obligación de la claridad para con el lector, si no formulásemos primero una serie de anotaciones a modo de pórtico. Contiene este libro, desde el punto de vista formal, la desgrabación -casi siempre íntegra, a veces involuntariamente fragmentada- de veintiuna clases pronunciadas por el autor en su propia casa. Y poseen por lo tanto todas ellas, el signo del lenguaje y del estilo oral: repeticiones, referencias circunstanciales, alusiones a algún presente, confidencias, comprensibles desahogos, interrupciones, reinicios, dispersiones y reencauzamientos temáticos, o comentarios personales ligados al momento. Podría preferir alguno que hubiésemos suprimido estas características, «limpiando» al discurso de tales vaivenes. No nos ha parecido honesto. Y no sólo porque se adulteraría así, en gran medida, el espíritu y el contexto en el que fueron dictadas estas lecciones, sino porque se privaría al lector -sobre todo al más joven de entrar en contacto, siquiera por vía de aproximación, con lo que era aquella legendaria cátedra hogareña del ilustre maestro. Genta enseñaba en su casa porque no tenía donde enseñar. Despojado que fuera injustamente de sus cargos académicos, y marginado por propios y extraños, a quienes siempre parecía comprometedora su voz, fue quedando teresianamente solo en la contemplación de la Verdad. Sólo como un cirio, diría Pierre Pascal, ardiendo vivazmente en el páramo del Santo. Pero precisamente allí, en el aislamiento y en ¡a calidez de su modesto escritorio, le hacían compañía -escuchándolo- bs hombres y mujeres más lúcidos de varias generaciones de argentinos. El en persona solía recibir a quienes llegaban; y practicaba entonces lo que era parte esencial de su magisterio: asegurar a cada quien un trato señorial. El en persona 'empuñaba' las palabras con sonoridad vibrante; enorme en su talla física y mayor aún en la capacidad de suscitar el arrebato y la admiración. El en persona al fin, recortado entre papeles y libros, ante una ventana que dejaba ver los árboles de la calle; la misma sobre la que un día caería abatido gloriosamente. Esa cátedra hogareña era universidad y liceo, academia y agora, iglesia doméstica y solar de camaradas y amigos. Refugio para hombres egregios, para patriotas de otros lares, y escuela de militancia nacionalista. Resultaba imposible al retirarse cada jueves, no recordar aquel párrafo en que José Antonio describe al Caudillo Romano, «laborioso junto a su lámpara, velando por su Patria, a la que escuchaba palpitar desde allí como a una hija pequeña». Porque los visitantes se retiraban, pero el dueño de casa continuaba en vigilia, con la inteligencia alerta, descifrándolo e inteligiéndolo todo. No se busque pues en las páginas que siguen, el ordenamiento y la ''i estructura de un libro convencional. No fue pensado así ni concebido de este modo. Es el diálogo de un maestro con sus discípulos; la elevada tertulia de un alma que conduce a otras hasta la cima del bien posible. Y si nos hemos permitido subtitular los textos, es por una cierta preocupación didáctica antes que por un prurito de diagramación. En efecto, cuando Genta toma la palabra, parece querer abordar todos los temas simultáneamente. Desde el último suceso i político que se despliega ante su experimentada consideración, hasta las viejas, antiguas y eternas enseñanzas platónicas; desde la película que ha visto, la anécdota que ha protagonizado, o la carta que ha recibido, hasta la crítica científica al marxismo o el relato erudito de la historia de Rusia; desde el recuerdo de sus peripecias personales \ hasta el comercio sabio de Santo Tomás y de San Agustín. Tras lo que algún desprevenido podría considerar dispersión temática, late en rigor una sorprendente capacidad asociadora y sintetizadora.

Nada está dicho casual ni azarosamente. Todo alcanza al fin, tras un ritmo de ascensos y de descensos, de marchas y contramarchas, una convergencia plena, una unidad integradora y normativa. Hasta 1 aquí, si se quiere, las necesarias aclaraciones de forma, sobre el contenido del presente libro. Pero estas clases no corresponden a cualquier época de la vida de Genta, o a un momento más -si se pudiera hablar- de la historia nacional. Están dictadas entre los meses de marzo y agosto de 1973, cuando los últimos y decadentes personajes de la inútil Revolución Argentina entregaron el poder al peronismo, que equivalía entonces, como nunca, a la entrega al aparato subversivo en pleno. Y cuando las amenazas y los atentados terroristas eran moneda corriente, sabiendo con certidumbre nuestro profesor, que uno de esos comandos guerrilleros lo tenía en la mira de sus criminales armas. La combinación de ambos factores circunstanciales -un país disuelto por la vileza populista y la propia vida en peligro inminentele agrega a estas disertaciones un tono particularmente estremecedor. «Siempre que les hablo -se lo oye decir repetidas veces- les hablo como si fuera la última vez». Estremecimiento que visto hoy, en la perspectiva de un cuarto de siglo transcurrido, tiene el valor de una profecía y de un alegato, de una advertencia desoída y de un grano de trigo que se sabe fructífero en la muerte. Los dolores que Genta expresa en estas clases, son los que corresponden a un hombre con sus amores esenciales siempre intactos. Amaba a la Iglesia. Por eso su dolor ante la secularización y el falso ecumenismo, ante la cobardía de los pastores y la traición del clero, ante la herejía progresista y el silencio o la debilidad de quienes deberían haber hablado antes, mejor y más rotundamente. Amaba a la Patria. Por eso su dolor al constatar la servidumbre en que se hallaba, el caos en que se hundía, la noche ruin en que se asfixiaba, la guerra -sí, la guerra dice- en que se debatirían sus habitantes. Y llamó a los responsables de mal tan grande con adjetivos durísimos, con la misma pasión con la que convocaba a la resistencia y a la lucha, sin renunciar a la Esperanza. Amaba a las Fuerzas Armadas. Por eso su dolor ante el generalato cómplice y entreguista, ante soldados sin capacidad de servicio ni de sacrificio, ante gobiernos militares nulos e incompetentes, ante jefes carentes de doctrina y de prudencia. Sin confundir jamás la legítima e implacable violencia que reclamaba para el partisanismo, con procedimientos reptantes y turbios. Amaba la Universidad. Por eso su dolor al verla sin ciencia y sin logos, sin jerarquías ni sabiduría humana, huérfana de theoria y sumida en la más burda praxeología ideológica. 'Desaristotelizada', para decirlo con un término que gustaba repetir y lo condensa todo. Porque si no está Aristóteles no está Occidente. Y si no está Occidente no está la Unidad del Saber. Amaba al fin, por enunciar con límites estos rasgos de su vida, el paradigma del Amor cristiano, expresado en la unión de los esposos, en la fidelidad de los amigos, en el cuidado de los hijos, en la lealtad de los camaradas, e?i el esplendor de los arquetipos, en la promesa de los discípulos, y por sobre todo en su máxima expresión: el Verbo mismo, Cristo crucificado y resucitado. Por eso su dolor aumentaba si crecían, como crecían, las expresiones de vulgaridad y de plebeyismo, de ordinariez y de promiscuidad en las costumbres. Amaba Genta la buena muerte. Y lo hemos dicho ya con ocasión de prologar su opúsculo sobre Monseñor Tiso. La deseaba y la pedía para sí, con una insistencia que time sabor a premonición, a misteriosa anticipación de un destino heroico, a clarividencia diáfana de la misión que Dios le había asignado. Cuando al fin le fue concedida, la recibió con la naturalidad de un sacramento. Se persignó primero, para caer después sobre el asfalto, a la vera de esos mismos árboles que se entreveían mientras él daba sus clases. Le es imposible a un alma sana, dejar de sentir aún el estremecimiento ante tamaño desenlace. Un hombre solo, sin cargos ni poderes, sin funciones públicas ni puestos influyentes; un hombre sólo y derrotado para el mundo; un hombre con su palabra de Verdad y de Belleza, era el enemigo que molestaba al Régimen. Y el Régimen, a través de sus sicarios de turno, lo mismo dan sus siglas o sus divisas, se deshizo de él un domingo de octubre. Iguales o peores son hoy las circunstancias. Peores si se admite que una corrosiva falsificación de la historia reciente, operada por los medios masivos en manos exclusivas de las izquierdas, agrega su cuota de estulticia sobre una sociedad pervertida hasta las heces. Sobre una Patria por la que ya no bastan los ojos para llorarla, ni el corazón para sentirla herida. Sobre una Iglesia prevaricadora y pusilánime en muchos de sus conductores y de sus miembros. Sobre una universidad o unas Fuerzas Armadas disueltas y vencidas, sin norte ambas, sin prestigio ni honor ni decoro. Queda imitar a Genta. Aun en la soledad y en la adversidad, aun en la travesía y en el desamparo; aun en la zozobra y en el naufragio, es posible el testimonio de la inteligencia y de la voz. Es posible querer convertirse en testigo. Y el derramamiento de la sangre de los justos, traerá la victoria que no puede llegar sino de esta manera. «¡Felices los insurgentes!», le cantaba el precitado Fierre Pascal a Maurrás, en uno de sus logrados sonetos. «¡Felices los puros, los reprobados, los insumisos, los defensores! ¡Felices los muertos por quemarse el corazón! ¡Felices los encarnizados hasta los últimos cartuchos! ¡Felices, en Don Quijote, los que han preferido, riendo del mañana, vivir a ojos, boca y pulmones llenos!». Feliz Jordán Bruno Genta, a quien se pueden aplicar estos versos exactos. Y ay de nosotros, y délo que por nosotros el bien ccnnún dependa, si no somos capaces de recoger su espada, su bandera y su Cruz.


Antonio Caponnetto Buenos Aires, Septiembre de 1998



MI PADRE Y LA MUERTE -TESTIMONIO



La posibilidad cierta de la muerte violenta no le surgió ni por extrañas visiones ni por dones de adivino. Las amenazas llegaban por teléfono, todos los sábados a las 11 de la mañana (por lo matos aquellas de las que tuvimos noticia, porque varias veces atendieron el teléfono mi madre o la empleada...). Jamás, por otra parte, alardeó de esta persecución, tomando de ella ocasión para ensoberbecerse o presumir de fuerte, binumerables veces incluso, le oímos poner en duda su propio comportamiento cuando llegara el momento crucial. Transcribo exactamente: «Siempre le ruego a Dios que si cumplen la amenaza me maten pero no me secuestren. Tengo conciencia de mi bajo umbral al dolor. Me dolería mucho hacer un mal papel en ese trance, no por mí, sino por la doctrina que represento». Su estilo frente a la muerte viene a ser la 'versión criolla' de un Tomás Moro (quien se defendió con todo el peso de su rango) o el de José Antonio: «la vida no es una bengala para quemarla en fuegos de artificio», o «nunca es alegre morir a mi edad». Admiraba sí, aun en el adversario, el temple ante la tortura (por comentarios por ejemplo cuando los montoneros publicaron el relato de la muerte de Aramburu), pero no creo que nadie le haya escuchado postularse como mártir, o pedir aquella muerte. No claudicó ante las amenazas, pero nunca le escuchamos la menor fanfarronería ante el sufrimiento o la muerte. Frente a las amenazas tomó la misma actitud que ante otras cruces o pruebas de su vida: aceptación confiada, fidelidad y disponibilidad a la suprema Voluntad de Dios.



María Lilia Genta de Caponnetto