domingo, 10 de mayo de 2020

CAP. 1 LA PATRIA CONDUCE AL COMUNISMO- 2 LA CULPABILIDAD DE LA IGNORANCIA



ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta

JUEVES 9 DE MARZO DE 1973
1- LA DEMOCRACIA CONDUCE AL COMUNISMO

Vivimos horas en que nuestra Patria juega realmente su destino. Ya no en una cuestión de tiempo ni de espacio. El país se va precipitando vertiginosamente por una pendiente que lo lleva al socialismo y al comunismo ateo, aunque en esa corriente vayan muchos, o sean arrastrados muchos que se desempeñan en la misma dirección, detrás de la Cruz de Cristo y de la bandera nacional. Es evidente, que si nosotros consideramos las corrientes de la historia, las corrientes dominantes de la historia, esas corrientes llevan hoy humanamente al socialismo en todas sus partes. Este es el hecho humano. Se considera al socialismo y al comunismo como si fuera algo antagónico al capitalismo liberal y a la plutocracia, y el comunismo es un instrumento ideológico del Poder del Dinero, que es el verdadero Señor del Mundo. Cristo lo dice en el Sermón de la Montaña, «no podéis servir a dos señores, o servís al verdadero Dios, o servís a la riqueza». Porque la riqueza es el ídolo por excelencia, la riqueza material, el dinero, el oro. ¿Por qué?, porque es aquel valor de cambio que permite adquirir todas las cosas, todos los bienes. Todos los bienes vienen en dinero, se convierten en un precio. Por eso la idolatría fundamental, es la idolatría de la riqueza. Para que adviertan ustedes que yo no estoy hablando simplemente por la pasión que me mueve, voy a iniciar esta clase con una cita de Lenín, de sus obras completas, que pertenece a un opúsculo que se titula «El Estado y la Revolución», escrito en agosto de 1917, o sea dos meses antes del asalto al poder en San Petersburgo y luego en toda Rusia, la famosa Revolución Rusa de octubre o noviembre del diecisiete según el calendario que se utilice. Aquí Lenín señala cuál es el camino que lleva al comunismo. Muestra de qué modo la república democrática y liberal es el camino ancho que conduce al comunismo en cualquier lugar del mundo. Estaba en vigencia en ese momento en Rusia, la república democrática de Kerensky que a principios de ese año, había sustituido a la Rusia de los Zares, a la gran Rusia, porque Rusia ha sido una de las grandes naciones de la historia, y nación cristiana, y que tuvo su siglo de oro en el siglo diecinueve, donde Rusia puede exhibir valores universales tan altos como cualquier nación del mundo. Porque un Dostoievski vale tanto como un Shakespeare, un Dante o un Cervantes. Y en medio de un siglo que en occidente ya estaba en el descreimiento y en el materialismo mas grosero y plebeyo, el más profundo sentido de lo sobrenatural y de lo demoníaco inspira las páginas de este escritor incomparable, para mí el más grande novelista de todos los tiempos. Y si uno quiere entender lo que pasa en el día de hoy, lea «Los Demonios» nada más, y leerá la historia de los días que están corriendo. Y es él el que dice en «El Diario de un Escritor»,. «la próxima revolución...» El ateísmo, lo ha señalado reiteradamente la Cátedra de Pedro, es el fenómeno más grave de nuestro tiempo. Dice Lenm, aludiendo a una carta de Engels a un socialista llamado Kansky, y a los conceptos que acaba de exponer Engels, que él cita, y que terminan así: «si hay algo indudable es que nuestro partido y la clase obrera, sólo puede llegar al poder bajo la forma política de la república democrática. Esta es incluso la forma específica para la dictadura del proletariado, como lo ha puesto ya de relieve la gran revolución francesa». Y entonces comenta: «Engels repite aquí en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber, que la república democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado, pues esta república, que no suprime ni mucho menos la dominación del capital, ni consiguientemente la dominación de las masas ni la lucha de clases, lleva inevitablemente a un ensanchamiento, a un despliegue, a una patentización y a una agudización tales de esta lucha, que tan pronto como surge la posibilidad de satisfacer los intereses tales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza inevitable y exclusivamente en la dictadura del proletariado, en la dirección de estas masas por el proletariado». Y más adelante dice lo siguiente: «democracia para la mayoría gigantesca del pueblo, y represión por la fuerza, es decir exclusión de la democracia para los explotadores, para los opresores del pueblo. He ahí la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo. Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases, es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad en su relación hacia los medios sociales de producción, sólo entonces desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad, y sólo entonces la democracia comenzará a extinguirse, por la sencilla razón de que los hombres, liberados de la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a la observación de las reglas elementales de la convivencia, conocidas a lo largo de los siglos, y repetidas desde hace miles de años en todos los preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción, sin subordinación ninguna, sin ese aparato especial de coacción que se llama Estado». Es decir, al final de este proceso de la revolución social, cuando se haya cumplido la etapa de exterminio de los opresores a través de la dictadura del proletariado, se producirá lo que Engels llamaba «el salto a la libertad». Ya no habrá necesidad de gobierno alguno del hombre sobre los otros. Ya no habrá necesidad de jerarquías ni de superioridades de ninguna naturaleza. Todo el mundo espontáneamente se habituará como acabamos de leer, en Lenín, a respetar digamos, el orden de la convivencia, se va a portar fraternalmente, no habrá en él codicia ni egoísmo ni odio rti envidia, porque nadie será superior a nadie, nadie será más que otro, todos serán iguales. Y en forma espontánea se irán habituando a convivir sin ninguna de esas estructuras jerárquicas que ha conocido el hombre, que conoce a lo largo de la historia, como son la familia, la propiedad privada, la clase, y ni siquiera habrá Estado. Es decir, en la raíz de toda esta retórica está la inmaculada concepción del hombre. El hombre nace inmaculado, como decía Rousseau. Entonces, cuando se hayan suprimido por el proceso de socialización todas las estructuras coactivas, coercitivas del hombre, y cuando ya haya un perfecto anarquismo, entonces el hombre florecerá y fructificará su bondad natural. Y habrá una hermandad de todos con todos. Hoy se usa mucho la palabra mentalizar. Bueno, la gente está mentalizada en esta idea. Con este agravante, de que a veces si es cristiano, si se ha bautizado, si confiesa alguna vez sus pecados y pide absolución, si reconoce la necesidad de alimentarse de Cristo, reconoce que evidentemente el hombre es un pecador. Pero ese mismo cristiano en general, cuando en vez de considerar al hombre en el individuo, en la persona de él, lo considera en conjunto, en eso que se llama multitud o pueblo, ya eso es una cosa inmaculada. Aún aquéllos que admiten que cada hombre personalmente es un pecador, cuando consideran el conjunto de los hombres que integran, pongamos así, un pueblo, una nación, ese conjunto ya es inmaculado. Y todo lo que ese conjunto obra numéricamente, como expresión de la mayoría, como voluntad de la mayoría, es infalible. Esta es la idea, que subyace en la base de este tipo de solución, como la solución electoral del 11 de marzo. El pueblo argentino, como multitud, es una cosa infalible; inmaculada e infalible. Eso sí, los mismos organizadores de esta salida, de este vómito electoral, están temblando sobre la posibilidad de que el resultado de ese poder inmaculado del número, los lleve a producir cualquier cosa al día siguiente, como ya se ha producido varias veces en la historia argentina.
Cuando lo sacó el General Uriburu a Irigoyen, partiendo sobre la idea subyacente de la inmaculada concepción del pueblo, llamaron a elecciones a los seis meses, Irigoyen ganó las elecciones y hubo que anularlas. En época de Frondizi, cumpliendo el pacto con Perón y con Aramburu, llamaron a elecciones más o menos libres en la provincia de Buenos Aires, y ganó Framini, y suprimieron la elección, e incluso lo eliminaron al señor Frondizi de la presidencia. Ahora la cosa está más difícil. Pero evidentemente, cualquier persona con sentido común sabe que el camino que hemos emprendido no conduce a la paz sino a la guerra. Quiera Dios que yo estuviese equivocado. Habrá guerra. Ya la hay, mejor dicho. Lo que pasa es que los que tienen que ver cierran los ojos a la evidencia para no ver. La guerrilla ha demostrado ya superioridad real sobre las fuerzas regulares, tomando un batallón entero, simplemente por la absoluta falta de decisión y disposición de muerte en los encargados de defender el cuartel. Comenzando por el oficial de guardia, que tenía al alcance de su mano un timbre, con el cual podía alertar toda la unidad y todas las unidades de Córdoba con sólo apretarlo; cuando irrumpieron en la habitación los guerrilleros, hizo un ademán hacia»el timbre, pero aquel oficial, aunque iba a morir, retiró la mano. Yo no les estoy contando un chisme callejero, sino un hecho real. ¿Por qué retiró la mano?, porque no tenía disposición de muerte. En cambio la tenía el soldado Giménez, que ha jugado su vida en esto, en el error, en lo falso, con el demonio, pero ha jugado su vida. En cambio ese oficial no fue capaz de hacerlo, y un soldado que no esta dispuesto a morir, que cambie de oficio, porque lo primero que tiene que saber es morir: para eso es soldado. Es terrible que hayamos llegado a esta situación, se ha vaciado interiormente a los hombres de armas. No tienen definición, hablo oficialmente, no tienen decisión y no tienen disposición de muerte. Las excepciones confirman la regla. Los guerrilleros tienen definición, tienen decisión y tienen disposición de muerte, por eso van logrando éxitos sucesivos. Se han encontrado en algunos allanamientos, informes minuciosos sobre la situación por ejemplo del Regimiento DI de infantería de La Tablada, estudiado cada hombre, cada oficial y cada suboficial en sus características personales, en lo que es capaz de hacer y de no hacer. Se sabe cuál es el oficial que cuando le toca guardia duerme, se sabe quién es el que ingresa mujeres en el cuartel cuando está de guardia, se sabe también aquél que es capaz, que vigila y pasa la noche velando y haciendo velar a los hombres. Si se ha encontrado el de un regimiento; cualquier persona sabe que todas las unidades del país, de todas las armas, están estudiadas a fondo, porque todos los años se incorporan activistas, hombres dispuestos, jóvenes dispuestos a todo por su causa, que es el comunismo ateo. Y frente a ellos no hay nada que se parezca, ni a la definición de ellos en sentido opuesto, ni a la decisión que ellos tienen, ni a la disposición de muerte que ellos poseen. No es que avancen porque son fuertes, sino porque hay una inhibición progresiva en los defensores naturales. Y están inhibidos oficialmente. Esto es fundamental que lo sepan, porque ésta es una hora solemne.

2 LA CULPABILIDAD DE LA IGNORANCIA

Claro está, gran parte de lo que pasa -casi diría la mayor parte- es obra de la ignorancia culpable. El hombre es un ser que está hecho para la verdad, por eso es una criatura racional, y es libre el hombre porque es capaz de la Verdad. La Verdad nos hace libres, fuera de la verdad no hay libertad. Siempre que se oye a alguien, así sea un sacerdote o un obispo, decir que el hombre existe para la libertad, ese no habla según Cristo, sino según Satanás. Porque el hombre existe para la verdad. Y la Verdad es ese mismo Dios que se hizo hombre. Se comprende que Pilatos le preguntara, «¿qué es la verdad?», que se lo preguntara a la Verdad misma, porque él era pagano y no la podía ver delante de sus ojos. Pero lo grave es cuando los cristianos dejan de ver la verdad y de vivir libremente según la verdad. Por eso todo en la vida del hombre tiene que girar en torno a la Verdad, a la Verdad y al error. Si analizamos las virtudes, tanto las sobrenaturales como las naturales, todas tienen que ver con la verdad, porque el hombre existe para la verdad, dado que el fin último del hombre es la contemplación de la verdad de Dios en su misma luz. Tomemos la virtud primera, la que es medida y forma de todas las virtudes, que es la Caridad. ¿Qué es la Caridad?, la Caridad es el amor mismo de Dios, el amor mismo de la Verdad. Y cuando esa Verdad se hizo hombre para nuestra salvación, esa Verdad se crucificó por amor. Nosotros adoramos a Dios hecho hombre, en la figura de la derrota, del fracaso, de la muerte y de la crucifixión; el acto de amor más grande de Dios. Más grande todavía que la Creación misma, es ése acto de haber ido al sacrificio total de Sí mismo por amor a nosotros. De manera que la caridad es ese amor que procede de la Verdad. Por eso, en el orden de las Personas Divinas, está el Padre, el Hijo, y el amor de Dios, el Espíritu de Dios que procede del Padre y del Hijo, como quien dijera del Ser y de la Verdad. Porque, ¿qué sentido tiene el amor sin el conocimiento de la verdad?, ¿cómo puede ser ciego el amor?. El amor significa conocimiento de la verdad. ¿Qué es la esperanza?, la esperanza es justamente la expectación del hombre, el movimiento todo de la creatura, hacia esa meta que es la contemplación de la Verdad, la contemplación de Dios. Porque ahí está el retozo y la plenitud del Ser. ¿Qué es la Fe?, es el conocimiento de las verdades de Dios, que no podríamos alcanzar por nuestra razón natural, y que El mismo nos ha revelado. Conocimiento obscuro el de esos misterios, pero infinitamente superior a cualesquiera verdades que podamos lograr por el razonamiento, la demostración, la prueba, el experimento, el cálculo. ¿Qué es la prudencia?, pasamos ahora a las virtudes naturales. La prudencia es obrar en la verdad. Prudente es aquel que obra en la verdad, lo mismo en la vida de la familia, en la vida privada, profesional, que en la vida política. Por eso no hay otra política que no sea política de la verdad. Lo demás es demagogia o adulación o cualquier cosa. ¿Qué es la justicia?, la justicia es convivir en la verdad con el otro, vivir en la verdad con el otro. Eso es la justicia. ¿Y qué es la fortaleza?, la disposición interior para defender la verdad aún a costa de la propia vida. ¿Y qué es la sobriedad, la templanza?, la sobriedad, la templanza es aquella disposición capaz de ordenar la vida interior, de ordenar los apetitos, las pasiones, según la razón, a fin de que el hombre pueda elevarse a la contemplación de la verdad. Como ustedes ven, toda la escala de las virtudes, las tres sobrenaturales y las cuatro naturales o cardinales, giran en torno a la verdad. Se comprende entonces, que el mal del pecado, que todos los males de todo tipo, los sociales y políticos, procedan del error, procedan de la ignorancia. La ignorancia es siempre culpable, aún del que yerra involuntariamente, porque el hombre está hecho para la verdad, e incluso cuando se equivoca, inocentemente vamos a decir así, se siente culpable, y se siente movido, obligado a reparar el daño que él, por ese error involuntario, pueda haber producido en otra persona. Pero ésta es la ignorancia menor de todas, la menos culpable. Hay grados en la ignorancia, grados de culpabilidad, que significan proyecciones cada vez más arduas y tremendas en el orden de la convivencia. Después de esta ignorancia del que yerra, del que se equivoca, se dice que es humano errar, y nos estamos equivocando a cada rato, sin voluntad de hacerlo; está la supina ignorancia, la ignorancia del necio, de aquél que no sabe pero cree que sabe. Esta es ya una ignorancia con una tremenda culpa, tremendamente grave en sus consecuencias, y difícil de superar. Es la ignorancia del necio, de aquel que no sabe una cosa y cree que la sabe, y entonces tiene la desenvoltura, el empaque y la resolución de aquel que estuviese realmente en la verdad. Pero hay una ignorancia más culpable todavía que la del necio, que es la del falso, la del que miente, la de aquél que conoce la verdad y la oculta, y por interés, por placer, por temor, dice el error conociendo la verdad. Esto es todavía más grave, y de mayores consecuencias negativas. Hay una ignorancia peor todavía que ésta, que es una de las que está más difundida en los días que corren, que es el espíritu dialéctico, la mentalidad dialéctica. ¿Qué es la dialéctica?. Dialéctica en su sentido propio es la lógica de la apariencia sin ser, es discurrir con la negación, con la contradicción, y pretender que la verdadera síntesis y resolución final afirmativa, es la que resulta de la negación de la negación. Según la dialéctica, la inteligencia humana elabora conceptos negativos, privativos, como por ejemplo el concepto de ceguera, pongamos por caso el concepto de la nada, el concepto del mal. La nada, el mal, la ceguera, no son cosas reales, son pensamientos relativos a lo que falta, a lo que está ausente. La ceguera no es una cualidad que uno tiene, es una cualidad que a uno le falta, la ceguera es una ausencia de algo que debiéramos tener, que es la vista. Eso es la ceguera física. ¿Qué es ser manco?, no es tener; es no tener la mano que uno debiera tener, uno está privado de lo que debiera tener. Entonces en la realidad, no es algo sino algo que falta; y el ser malo, o el mal, es ausencia del bien, privación del bien. Le costó largamente a San Agustín comprender esto, por eso fue nueve años maniqueo, y después, el más grande Padre de la Iglesia, y la voz más profunda de la Cristiandad después de San Pablo, y le costó largamente comprender que el mal no es algo que es, algo consistente, sino una privación del bien. Como la corrupción, la corrupción es perfección que falta, es deficiencia,, es algo que debiera tener el sujeto y que ha perdido o que no tiene. Ahora bien, estos conceptos negativos, privativos, a los cuales no les corresponde en la realidad algo que es sino algo que está ausente, si nosotros lo manipulamos o discurrimos con ellos como si correspondieran a cosas que existen, caemos en ese espíritu dialéctico, según el cual aquello que en la realidad no es, se lo toma como si fuese algo real y se discurre como si fuera una realidad. Como pasa inclusive con los conceptos genéricos, por ejemplo el concepto «humanidad». La humanidad en realidad no existe como tal, existen los sujetos, los individuos, que tienen humanidad. Pero la humanidad es una abstracción. Por ello está el mundo lleno de filántropos, que escriben su amor a la humanidad, y no aguantan el dolor del prójimo cinco minutos, se desvelan de amor a la humanidad, y no soportan el sufrimiento de nadie a su alrededor. Esto es real, lo que estoy diciendo. El espíritu dialéctico razona por ejemplo así: la propiedad privada es la raíz de todos los males. Como dice Rousseau, cuando un hombre puso un cerco a un campo y dijo, «esto es mío», ahí comenzó la desigualdad, comenzó la explotación del hombre por el hombre. Entonces la propiedad privada es una negación. ¿Cómo se supera esa negación? por la negación de esa negación, que es la abolición de la propiedad privada, eso es lo que se llama el socialismo. Es decir, la propiedad privada, el derecho radical e irrevocable de la persona humana a tener bienes para poder disponer de ellos, y cuando dispone bien de ellos, en el sentido del amor a Dios y al prójimo, si yo lo privo de ese derecho, lo destruyo como persona. Entonces el socialismo aboga por la negación de esa negación: la abolición de la propiedad privada o la colectivización de los bienes, o la estatización de los bienes, etc., proponiendo que no haya ningún propietario, sino solamente el Estado, con algunos administradores. Es una manera de destruir, de abolir al hombre, de vaciar al hombre. Por eso es que el comunismo es la más perfecta organización del vacío interior de los hombres. Porque no sólo les quita ei derecho a poseer bienes propios y disponer como Dios manda de ellos, sino que les quita la libre iniciativa, les quita la posibilidad de un pensamiento libre, de una preferencia reflexiva de ser, les quita todo aquello que es de la esencia de la persona.
En consecuencia, esta ignorancia que significa el espíritu dialéctico, en lugar de considerar que lo que se contradice se excluye, pretende integrar lo contradictorio, e incurre en aquello que anatematizaba Isaías, decía: «ay de aquellos que a la luz llaman tinieblas y alas tinieblas llaman luz, que a lo blanco le dicen negro y a lo negro le dicen blanco». Como pasa cuando se trata el problema de la familia: dicen «no, pero cómo se va a hablar de hijos ilegítimos, es una ofensa, es ofensivo». Un hombre del partido radical como el doctor Santiago Fassi, profesor de derecho de familia, enseñó siempre que lo blanco es blanco y que lo negro es negro, y que hay los hijos bien nacidos y los hijos mal nacidos, y que esto no tiene vuelta. Y hay afirmación como negación. Y la gente vive en un confusionismo que les basta abrir cualquier diario de estos políticos del día de hoy, para darse cuenta de hasta qué punto juega esta ignorancia culpabilísima que es el espíritu dialéctico. Pero ésta todavía no es la peor ignorancia. Hay una mucho más radical y tremenda, que ya no es humana en su raíz, sino diabólica. Hay una ignorancia diabólica, que es la ignorancia del ángel rebelde frente a Dios. El, una inteligencia separada y la más encumbrada de todas, no podía dejar de ver a Dios, de conocer a Dios, aunque no lo viera en su misma luz. ¿Cuál era el único modo de negar a Dios, y no servirlo?, apartar la mirada, apartarla. No querer verlo, porque si ponía los ojos en Él, tenía que adorarlo. Entonces el único modo de apartarse de Dios y no servirlo, era apartar la mirada. Se dice también entre los hombres, «no hay peor ciego que el que no quiere ver», «no hay peor sordo que el que no quiere oír». Esa es la ignorancia más culpable de todas, la verdaderamente diabólica. Esa es la ignorancia en la que están incurriendo los responsables de la conducción política y militar de nuestra Patria. Cierran los ojos ante la evidencia, e insisten en el absurdo. Apartan la mirada para no ver. Hace cuatro años se ha desencadenado la guerrilla en el país, estamos en guerra, y ellos dicen que no hay guerra, y que al terror, le van a responder con votos. Se comprende que es una cosa increíble que se pueda hablar ese lenguaje. No se puede creer, de hombres grandes y con las responsabilidades que tienen, que digan que al terror se le responde con los votos. A lo mejor están pensando en ni siquiera respetar los votos, si los votos del Frejuli pasan del cincuenta por ciento, y no hay maniobra posible en una segunda vuelta. La verdad hay que decirla, ellos saben que van a dar un salto en el vacío; ellos mismos han usado esta expresión, y repiten a cada rato, «no vamos a dar un salto en el vacío», porque la conciencia los aprieta con la idea de que se está cumpliendo en ellos y están siendo arrastrados, por esa segunda tentación que Cristo soportó en el desierto de Satanás, que es la de poder.