ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta
Jordán Bruno Genta
JUEVES 9 DE MARZO DE
1973
1- LA DEMOCRACIA CONDUCE AL COMUNISMO
Vivimos
horas en que nuestra Patria juega realmente su destino. Ya no en una cuestión
de tiempo ni de espacio. El país se va precipitando vertiginosamente por una
pendiente que lo lleva al socialismo y al comunismo ateo, aunque en esa
corriente vayan muchos, o sean arrastrados muchos que se desempeñan en la misma
dirección, detrás de la Cruz de Cristo y de la bandera nacional. Es evidente,
que si nosotros consideramos las corrientes de la historia, las corrientes
dominantes de la historia, esas corrientes llevan hoy humanamente al socialismo
en todas sus partes. Este es el hecho humano. Se considera al socialismo y al
comunismo como si fuera algo antagónico al capitalismo liberal y a la
plutocracia, y el comunismo es un instrumento ideológico del Poder del Dinero,
que es el verdadero Señor del Mundo. Cristo lo dice en el Sermón de la Montaña,
«no podéis servir a dos señores, o servís al verdadero Dios, o servís a la
riqueza». Porque la riqueza es el ídolo por excelencia, la riqueza material, el
dinero, el oro. ¿Por qué?, porque es aquel valor de cambio que permite adquirir
todas las cosas, todos los bienes. Todos los bienes vienen en dinero, se
convierten en un precio. Por eso la idolatría fundamental, es la idolatría de
la riqueza. Para que adviertan ustedes que yo no estoy hablando simplemente por
la pasión que me mueve, voy a iniciar esta clase con una cita de Lenín, de sus
obras completas, que pertenece a un opúsculo que se titula «El Estado y la
Revolución», escrito en agosto de 1917, o sea dos meses antes del asalto al
poder en San Petersburgo y luego en toda Rusia, la famosa Revolución Rusa de
octubre o noviembre del diecisiete según el calendario que se utilice. Aquí
Lenín señala cuál es el camino que lleva al comunismo. Muestra de qué modo la
república democrática y liberal es el camino ancho que conduce al comunismo en
cualquier lugar del mundo. Estaba en vigencia en ese momento en Rusia, la
república democrática de Kerensky que a principios de ese año, había sustituido
a la Rusia de los Zares, a la gran Rusia, porque Rusia ha sido una de las
grandes naciones de la historia, y nación cristiana, y que tuvo su siglo de oro
en el siglo diecinueve, donde Rusia puede exhibir valores universales tan altos
como cualquier nación del mundo. Porque un Dostoievski vale tanto como un
Shakespeare, un Dante o un Cervantes. Y en medio de un siglo que en occidente
ya estaba en el descreimiento y en el materialismo mas grosero y plebeyo, el
más profundo sentido de lo sobrenatural y de lo demoníaco inspira las páginas
de este escritor incomparable, para mí el más grande novelista de todos los
tiempos. Y si uno quiere entender lo que pasa en el día de hoy, lea «Los
Demonios» nada más, y leerá la historia de los días que están corriendo. Y es
él el que dice en «El Diario de un Escritor»,. «la próxima revolución...» El
ateísmo, lo ha señalado reiteradamente la Cátedra de Pedro, es el fenómeno más
grave de nuestro tiempo. Dice Lenm, aludiendo a una carta de Engels a un
socialista llamado Kansky, y a los conceptos que acaba de exponer Engels, que
él cita, y que terminan así: «si hay algo indudable es que nuestro partido y la
clase obrera, sólo puede llegar al poder bajo la forma política de la república
democrática. Esta es incluso la forma específica para la dictadura del proletariado,
como lo ha puesto ya de relieve la gran revolución francesa». Y entonces
comenta: «Engels repite aquí en una forma especialmente plástica, aquella idea
fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a
saber, que la república democrática es el acceso más próximo a la dictadura del
proletariado, pues esta república, que no suprime ni mucho menos la dominación
del capital, ni consiguientemente la dominación de las masas ni la lucha de
clases, lleva inevitablemente a un ensanchamiento, a un despliegue, a una
patentización y a una agudización tales de esta lucha, que tan pronto como
surge la posibilidad de satisfacer los intereses tales de las masas oprimidas,
esta posibilidad se realiza inevitable y exclusivamente en la dictadura del
proletariado, en la dirección de estas masas por el proletariado». Y más
adelante dice lo siguiente: «democracia para la mayoría gigantesca del pueblo,
y represión por la fuerza, es decir exclusión de la democracia para los
explotadores, para los opresores del pueblo. He ahí la modificación que sufrirá
la democracia en la transición del capitalismo al comunismo. Sólo en la
sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de
los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya
clases, es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad
en su relación hacia los medios sociales de producción, sólo entonces
desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad, y sólo entonces la democracia
comenzará a extinguirse, por la sencilla razón de que los hombres, liberados de
la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades,
absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a
la observación de las reglas elementales de la convivencia, conocidas a lo
largo de los siglos, y repetidas desde hace miles de años en todos los
preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción, sin subordinación
ninguna, sin ese aparato especial de coacción que se llama Estado». Es decir,
al final de este proceso de la revolución social, cuando se haya cumplido la
etapa de exterminio de los opresores a través de la dictadura del proletariado,
se producirá lo que Engels llamaba «el salto a la libertad». Ya no habrá
necesidad de gobierno alguno del hombre sobre los otros. Ya no habrá necesidad
de jerarquías ni de superioridades de ninguna naturaleza. Todo el mundo
espontáneamente se habituará como acabamos de leer, en Lenín, a respetar
digamos, el orden de la convivencia, se va a portar fraternalmente, no habrá en
él codicia ni egoísmo ni odio rti envidia, porque nadie será superior a nadie,
nadie será más que otro, todos serán iguales. Y en forma espontánea se irán
habituando a convivir sin ninguna de esas estructuras jerárquicas que ha
conocido el hombre, que conoce a lo largo de la historia, como son la familia,
la propiedad privada, la clase, y ni siquiera habrá Estado. Es decir, en la
raíz de toda esta retórica está la inmaculada concepción del hombre. El hombre
nace inmaculado, como decía Rousseau. Entonces, cuando se hayan suprimido por
el proceso de socialización todas las estructuras coactivas, coercitivas del
hombre, y cuando ya haya un perfecto anarquismo, entonces el hombre florecerá y
fructificará su bondad natural. Y habrá una hermandad de todos con todos. Hoy
se usa mucho la palabra mentalizar. Bueno, la gente está mentalizada en esta
idea. Con este agravante, de que a veces si es cristiano, si se ha bautizado,
si confiesa alguna vez sus pecados y pide absolución, si reconoce la necesidad
de alimentarse de Cristo, reconoce que evidentemente el hombre es un pecador.
Pero ese mismo cristiano en general, cuando en vez de considerar al hombre en
el individuo, en la persona de él, lo considera en conjunto, en eso que se llama
multitud o pueblo, ya eso es una cosa inmaculada. Aún aquéllos que admiten que
cada hombre personalmente es un pecador, cuando consideran el conjunto de los
hombres que integran, pongamos así, un pueblo, una nación, ese conjunto ya es
inmaculado. Y todo lo que ese conjunto obra numéricamente, como expresión de la
mayoría, como voluntad de la mayoría, es infalible. Esta es la idea, que
subyace en la base de este tipo de solución, como la solución electoral del 11
de marzo. El pueblo argentino, como multitud, es una cosa infalible; inmaculada
e infalible. Eso sí, los mismos organizadores de esta salida, de este vómito
electoral, están temblando sobre la posibilidad de que el resultado de ese
poder inmaculado del número, los lleve a producir cualquier cosa al día
siguiente, como ya se ha producido varias veces en la historia argentina.
Cuando
lo sacó el General Uriburu a Irigoyen, partiendo sobre la idea subyacente de la
inmaculada concepción del pueblo, llamaron a elecciones a los seis meses,
Irigoyen ganó las elecciones y hubo que anularlas. En época de Frondizi,
cumpliendo el pacto con Perón y con Aramburu, llamaron a elecciones más o menos
libres en la provincia de Buenos Aires, y ganó Framini, y suprimieron la
elección, e incluso lo eliminaron al señor Frondizi de la presidencia. Ahora la
cosa está más difícil. Pero evidentemente, cualquier persona con sentido común
sabe que el camino que hemos emprendido no conduce a la paz sino a la guerra.
Quiera Dios que yo estuviese equivocado. Habrá guerra. Ya la hay, mejor dicho.
Lo que pasa es que los que tienen que ver cierran los ojos a la evidencia para
no ver. La guerrilla ha demostrado ya superioridad real sobre las fuerzas
regulares, tomando un batallón entero, simplemente por la absoluta falta de
decisión y disposición de muerte en los encargados de defender el cuartel.
Comenzando por el oficial de guardia, que tenía al alcance de su mano un
timbre, con el cual podía alertar toda la unidad y todas las unidades de
Córdoba con sólo apretarlo; cuando irrumpieron en la habitación los
guerrilleros, hizo un ademán hacia»el timbre, pero aquel oficial, aunque iba a
morir, retiró la mano. Yo no les estoy contando un chisme callejero, sino un
hecho real. ¿Por qué retiró la mano?, porque no tenía disposición de muerte. En
cambio la tenía el soldado Giménez, que ha jugado su vida en esto, en el error,
en lo falso, con el demonio, pero ha jugado su vida. En cambio ese oficial no
fue capaz de hacerlo, y un soldado que no esta dispuesto a morir, que cambie de
oficio, porque lo primero que tiene que saber es morir: para eso es soldado. Es
terrible que hayamos llegado a esta situación, se ha vaciado interiormente a
los hombres de armas. No tienen definición, hablo oficialmente, no tienen
decisión y no tienen disposición de muerte. Las excepciones confirman la regla.
Los guerrilleros tienen definición, tienen decisión y tienen disposición de
muerte, por eso van logrando éxitos sucesivos. Se han encontrado en algunos
allanamientos, informes minuciosos sobre la situación por ejemplo del
Regimiento DI de infantería de La Tablada, estudiado cada hombre, cada oficial
y cada suboficial en sus características personales, en lo que es capaz de
hacer y de no hacer. Se sabe cuál es el oficial que cuando le toca guardia
duerme, se sabe quién es el que ingresa mujeres en el cuartel cuando está de
guardia, se sabe también aquél que es capaz, que vigila y pasa la noche velando
y haciendo velar a los hombres. Si se ha encontrado el de un regimiento;
cualquier persona sabe que todas las unidades del país, de todas las armas,
están estudiadas a fondo, porque todos los años se incorporan activistas,
hombres dispuestos, jóvenes dispuestos a todo por su causa, que es el comunismo
ateo. Y frente a ellos no hay nada que se parezca, ni a la definición de ellos
en sentido opuesto, ni a la decisión que ellos tienen, ni a la disposición de
muerte que ellos poseen. No es que avancen porque son fuertes, sino porque hay
una inhibición progresiva en los defensores naturales. Y están inhibidos
oficialmente. Esto es fundamental que lo sepan, porque ésta es una hora
solemne.
2 LA CULPABILIDAD DE LA IGNORANCIA
Claro
está, gran parte de lo que pasa -casi diría la mayor parte- es obra de la
ignorancia culpable. El hombre es un ser que está hecho para la verdad, por eso
es una criatura racional, y es libre el hombre porque es capaz de la Verdad. La
Verdad nos hace libres, fuera de la verdad no hay libertad. Siempre que se oye
a alguien, así sea un sacerdote o un obispo, decir que el hombre existe para la
libertad, ese no habla según Cristo, sino según Satanás. Porque el hombre
existe para la verdad. Y la Verdad es ese mismo Dios que se hizo hombre. Se
comprende que Pilatos le preguntara, «¿qué es la verdad?», que se lo preguntara
a la Verdad misma, porque él era pagano y no la podía ver delante de sus ojos.
Pero lo grave es cuando los cristianos dejan de ver la verdad y de vivir
libremente según la verdad. Por eso todo en la vida del hombre tiene que girar
en torno a la Verdad, a la Verdad y al error. Si analizamos las virtudes, tanto
las sobrenaturales como las naturales, todas tienen que ver con la verdad,
porque el hombre existe para la verdad, dado que el fin último del hombre es la
contemplación de la verdad de Dios en su misma luz. Tomemos la virtud primera,
la que es medida y forma de todas las virtudes, que es la Caridad. ¿Qué es la
Caridad?, la Caridad es el amor mismo de Dios, el amor mismo de la Verdad. Y
cuando esa Verdad se hizo hombre para nuestra salvación, esa Verdad se
crucificó por amor. Nosotros adoramos a Dios hecho hombre, en la figura de la
derrota, del fracaso, de la muerte y de la crucifixión; el acto de amor más
grande de Dios. Más grande todavía que la Creación misma, es ése acto de haber
ido al sacrificio total de Sí mismo por amor a nosotros. De manera que la
caridad es ese amor que procede de la Verdad. Por eso, en el orden de las
Personas Divinas, está el Padre, el Hijo, y el amor de Dios, el Espíritu de
Dios que procede del Padre y del Hijo, como quien dijera del Ser y de la
Verdad. Porque, ¿qué sentido tiene el amor sin el conocimiento de la verdad?,
¿cómo puede ser ciego el amor?. El amor significa conocimiento de la verdad.
¿Qué es la esperanza?, la esperanza es justamente la expectación del hombre, el
movimiento todo de la creatura, hacia esa meta que es la contemplación de la
Verdad, la contemplación de Dios. Porque ahí está el retozo y la plenitud del
Ser. ¿Qué es la Fe?, es el conocimiento de las verdades de Dios, que no
podríamos alcanzar por nuestra razón natural, y que El mismo nos ha revelado.
Conocimiento obscuro el de esos misterios, pero infinitamente superior a
cualesquiera verdades que podamos lograr por el razonamiento, la demostración,
la prueba, el experimento, el cálculo. ¿Qué es la prudencia?, pasamos ahora a
las virtudes naturales. La prudencia es obrar en la verdad. Prudente es aquel
que obra en la verdad, lo mismo en la vida de la familia, en la vida privada,
profesional, que en la vida política. Por eso no hay otra política que no sea
política de la verdad. Lo demás es demagogia o adulación o cualquier cosa. ¿Qué
es la justicia?, la justicia es convivir en la verdad con el otro, vivir en la
verdad con el otro. Eso es la justicia. ¿Y qué es la fortaleza?, la disposición
interior para defender la verdad aún a costa de la propia vida. ¿Y qué es la
sobriedad, la templanza?, la sobriedad, la templanza es aquella disposición
capaz de ordenar la vida interior, de ordenar los apetitos, las pasiones, según
la razón, a fin de que el hombre pueda elevarse a la contemplación de la verdad.
Como ustedes ven, toda la escala de las virtudes, las tres sobrenaturales y las
cuatro naturales o cardinales, giran en torno a la verdad. Se comprende
entonces, que el mal del pecado, que todos los males de todo tipo, los sociales
y políticos, procedan del error, procedan de la ignorancia. La ignorancia es
siempre culpable, aún del que yerra involuntariamente, porque el hombre está
hecho para la verdad, e incluso cuando se equivoca, inocentemente vamos a decir
así, se siente culpable, y se siente movido, obligado a reparar el daño que él,
por ese error involuntario, pueda haber producido en otra persona. Pero ésta es
la ignorancia menor de todas, la menos culpable. Hay grados en la ignorancia,
grados de culpabilidad, que significan proyecciones cada vez más arduas y
tremendas en el orden de la convivencia. Después de esta ignorancia del que
yerra, del que se equivoca, se dice que es humano errar, y nos estamos
equivocando a cada rato, sin voluntad de hacerlo; está la supina ignorancia, la
ignorancia del necio, de aquél que no sabe pero cree que sabe. Esta es ya una
ignorancia con una tremenda culpa, tremendamente grave en sus consecuencias, y
difícil de superar. Es la ignorancia del necio, de aquel que no sabe una cosa y
cree que la sabe, y entonces tiene la desenvoltura, el empaque y la resolución
de aquel que estuviese realmente en la verdad. Pero hay una ignorancia más
culpable todavía que la del necio, que es la del falso, la del que miente, la
de aquél que conoce la verdad y la oculta, y por interés, por placer, por
temor, dice el error conociendo la verdad. Esto es todavía más grave, y de
mayores consecuencias negativas. Hay una ignorancia peor todavía que ésta, que
es una de las que está más difundida en los días que corren, que es el espíritu
dialéctico, la mentalidad dialéctica. ¿Qué es la dialéctica?. Dialéctica en su
sentido propio es la lógica de la apariencia sin ser, es discurrir con la
negación, con la contradicción, y pretender que la verdadera síntesis y
resolución final afirmativa, es la que resulta de la negación de la negación.
Según la dialéctica, la inteligencia humana elabora conceptos negativos,
privativos, como por ejemplo el concepto de ceguera, pongamos por caso el
concepto de la nada, el concepto del mal. La nada, el mal, la ceguera, no son
cosas reales, son pensamientos relativos a lo que falta, a lo que está ausente.
La ceguera no es una cualidad que uno tiene, es una cualidad que a uno le
falta, la ceguera es una ausencia de algo que debiéramos tener, que es la
vista. Eso es la ceguera física. ¿Qué es ser manco?, no es tener; es no tener
la mano que uno debiera tener, uno está privado de lo que debiera tener.
Entonces en la realidad, no es algo sino algo que falta; y el ser malo, o el
mal, es ausencia del bien, privación del bien. Le costó largamente a San
Agustín comprender esto, por eso fue nueve años maniqueo, y después, el más
grande Padre de la Iglesia, y la voz más profunda de la Cristiandad después de
San Pablo, y le costó largamente comprender que el mal no es algo que es, algo
consistente, sino una privación del bien. Como la corrupción, la corrupción es
perfección que falta, es deficiencia,, es algo que debiera tener el sujeto y
que ha perdido o que no tiene. Ahora bien, estos conceptos negativos,
privativos, a los cuales no les corresponde en la realidad algo que es sino
algo que está ausente, si nosotros lo manipulamos o discurrimos con ellos como
si correspondieran a cosas que existen, caemos en ese espíritu dialéctico,
según el cual aquello que en la realidad no es, se lo toma como si fuese algo
real y se discurre como si fuera una realidad. Como pasa inclusive con los
conceptos genéricos, por ejemplo el concepto «humanidad». La humanidad en
realidad no existe como tal, existen los sujetos, los individuos, que tienen humanidad.
Pero la humanidad es una abstracción. Por ello está el mundo lleno de
filántropos, que escriben su amor a la humanidad, y no aguantan el dolor del
prójimo cinco minutos, se desvelan de amor a la humanidad, y no soportan el
sufrimiento de nadie a su alrededor. Esto es real, lo que estoy diciendo. El
espíritu dialéctico razona por ejemplo así: la propiedad privada es la raíz de
todos los males. Como dice Rousseau, cuando un hombre puso un cerco a un campo
y dijo, «esto es mío», ahí comenzó la desigualdad, comenzó la explotación del
hombre por el hombre. Entonces la propiedad privada es una negación. ¿Cómo se
supera esa negación? por la negación de esa negación, que es la abolición de la
propiedad privada, eso es lo que se llama el socialismo. Es decir, la propiedad
privada, el derecho radical e irrevocable de la persona humana a tener bienes
para poder disponer de ellos, y cuando dispone bien de ellos, en el sentido del
amor a Dios y al prójimo, si yo lo privo de ese derecho, lo destruyo como
persona. Entonces el socialismo aboga por la negación de esa negación: la
abolición de la propiedad privada o la colectivización de los bienes, o la
estatización de los bienes, etc., proponiendo que no haya ningún propietario,
sino solamente el Estado, con algunos administradores. Es una manera de
destruir, de abolir al hombre, de vaciar al hombre. Por eso es que el comunismo
es la más perfecta organización del vacío interior de los hombres. Porque no
sólo les quita ei derecho a poseer bienes propios y disponer como Dios manda de
ellos, sino que les quita la libre iniciativa, les quita la posibilidad de un
pensamiento libre, de una preferencia reflexiva de ser, les quita todo aquello
que es de la esencia de la persona.
En
consecuencia, esta ignorancia que significa el espíritu dialéctico, en lugar de
considerar que lo que se contradice se excluye, pretende integrar lo
contradictorio, e incurre en aquello que anatematizaba Isaías, decía: «ay de
aquellos que a la luz llaman tinieblas y alas tinieblas llaman luz, que a lo
blanco le dicen negro y a lo negro le dicen blanco». Como pasa cuando se trata
el problema de la familia: dicen «no, pero cómo se va a hablar de hijos
ilegítimos, es una ofensa, es ofensivo». Un hombre del partido radical como el
doctor Santiago Fassi, profesor de derecho de familia, enseñó siempre que lo
blanco es blanco y que lo negro es negro, y que hay los hijos bien nacidos y
los hijos mal nacidos, y que esto no tiene vuelta. Y hay afirmación como
negación. Y la gente vive en un confusionismo que les basta abrir cualquier
diario de estos políticos del día de hoy, para darse cuenta de hasta qué punto
juega esta ignorancia culpabilísima que es el espíritu dialéctico. Pero ésta
todavía no es la peor ignorancia. Hay una mucho más radical y tremenda, que ya
no es humana en su raíz, sino diabólica. Hay una ignorancia diabólica, que es
la ignorancia del ángel rebelde frente a Dios. El, una inteligencia separada y
la más encumbrada de todas, no podía dejar de ver a Dios, de conocer a Dios,
aunque no lo viera en su misma luz. ¿Cuál era el único modo de negar a Dios, y
no servirlo?, apartar la mirada, apartarla. No querer verlo, porque si ponía
los ojos en Él, tenía que adorarlo. Entonces el único modo de apartarse de Dios
y no servirlo, era apartar la mirada. Se dice también entre los hombres, «no
hay peor ciego que el que no quiere ver», «no hay peor sordo que el que no
quiere oír». Esa es la ignorancia más culpable de todas, la verdaderamente
diabólica. Esa es la ignorancia en la que están incurriendo los responsables de
la conducción política y militar de nuestra Patria. Cierran los ojos ante la
evidencia, e insisten en el absurdo. Apartan la mirada para no ver. Hace cuatro
años se ha desencadenado la guerrilla en el país, estamos en guerra, y ellos
dicen que no hay guerra, y que al terror, le van a responder con votos. Se
comprende que es una cosa increíble que se pueda hablar ese lenguaje. No se
puede creer, de hombres grandes y con las responsabilidades que tienen, que
digan que al terror se le responde con los votos. A lo mejor están pensando en
ni siquiera respetar los votos, si los votos del Frejuli pasan del cincuenta
por ciento, y no hay maniobra posible en una segunda vuelta. La verdad hay que
decirla, ellos saben que van a dar un salto en el vacío; ellos mismos han usado
esta expresión, y repiten a cada rato, «no vamos a dar un salto en el vacío»,
porque la conciencia los aprieta con la idea de que se está cumpliendo en ellos
y están siendo arrastrados, por esa segunda tentación que Cristo soportó en el
desierto de Satanás, que es la de poder.
