domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-27-LA UNIVERSIDAD Y EL ESTADO/28-EL CASO DE RODOLFO PUIGRÓS


ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta
27-LA UNIVERSIDAD Y EL ESTADO

Lo político es la cosa más seria que hay en el orden temporal, porque el hombre como decía Aristóteles, es un animal político. Y la polis, el Estado, es la ciudad perfecta en el orden temporal, porque es en ella en donde el hombre alcanza la suficiencia de la vida. El Estado es cosa natural, como la familia. Uno podría preguntar, y por qué Cristo hizo sacramento del matrimonio y no del Estado. Porque la familia tiene una relación más íntima, más profunda, con la persona de cada uno. La persona de cada uno de nosotros, solamente tiene un lugar natural para su cuidado, es la familia. Porque solamente los padres, naturalmente, tienen el cuidado de la individualidad de cada uno de sus hijos. Cuando el hijo pasa a la escuela, ya la educación adquiere un carácter común, un carácter general. Habría que poner un maestro para cada alumno a fin de que ese maestro atendiera la individualidad de cada uno de nosotros. Y uno se da cuenta de que la familia es la cosa más esencial y más importante, porque tiene el cuidado de la persona singular de cada uno, y si no te cuidan tu padre y tu madre, ¿quién te va a cuidar? Puede haber subsitutos, suplentes, pero los suplentes son suplentes. Normalmente el titular es insustituible. Por eso Cristo ha hecho de la familia, una cosa sacramental, le ha puesto el peso de un sacramento, una cosa sagrada. Pero el Estado es una cosa natural, como la familia es una cosa de orden natural, que Cristo no ha hecho otra cosa que confirmar, elevar, santificar, y darle el valor único que tiene, insustituible. Usted a una madre que perdió un hijo no le puede decir, que puede tener otros hijos, porque no van a sustituir al que perdió. El Estado es una cosa de orden natural. El lugar natural donde el hombre alcanza esa perfección natural del ciudadano. Y lo importante es que justamente el Estado tiene como cuidado principal aquello que es lo primero en el orden comunitario, después de Dios, que es el cuidado del bien común. Y ese principio del bien común, hace que el Estado tenga ingerencia en todas las actividades que se desarrollan dentro de la Nación soberanamente integrada en el Estado Nacional, que es su forma más natural, más normal y propia. Y esa presencia no es para adular, avasallar o absorber a las personas, sino precisamente para protegerlas, cuidarlas, y permitirles su desarrollo integral. El cuidado del bien común no es para hacer de la familia una instución del Estado, sino para que el Estado respete, proteja y cuide a las familias constituidas según el orden natural y cristiano, si se trata de cristianos. El Estado no es el que puede determinar, por ejemplo, a una institución que es lo más candente de la Patria en este momento, que es la universidad. La universidad puede ser fundación del Estado, puede ser fundación privada, pero el Estado, que tiene como cuidado primero velar por el bien común, lo que debe cuidar es que la universidad se configure, se estructure, y se desenvuelva dentro del orden natural. De tal manera entonces que existe entre el Estado y la universidad, una relación que el padre dominico Petit de Murat, fallecido el año pasado, discernía con verdadera precisión, en una de sus conferencias allá en Tucumán. Dice estas dos cosas que son fundamentales y dignas de meditar: «El Estado -dice- depende de la universidad, en la misma proporción en que la prudencia, en que la virtud prudencial que es propia de la política del Estado, depende de la sabiduría. El Estado a su vez, por ser el órgano de la prudencia con respecto de todo bien que ha de lograr la comunidad, es superior a la universidad. Hay una relación de mutua dependencia». Por un lado, la universidad depende del Estado, es superior el Estado a la universidad, en cuanto a la universidad tiene que estar encuadrada como todas las otras instituciones y actividades de las personas privadas. De ahí el principio de subsidiariedad que estableció Pío XI en la encíclica Quadragésimo Anno; el Estado que vela por el bien común, debe estar atento frente a toda desviación y distorsión del orden natural. Porque el orden natural asocia las instituciones o las actividades humanas al bien común, porque el hombre es naturalmente social y político. De manera que las actividades que desarrolla personalmente o asociado con otros, o a través de instituciones, todas tienen que estar conformadas de tal modo, que concurren al bien común. Si lo hacen espontáneamente, el Estado, al contrario, protege eso. Pero si hay distorsión, si hay falencia, si hay fracaso, si hay impotencia, entonces el Estado interviene para restablecer el orden natural, en función supletaria, subsidiaria. Pero fíjense qué cosa maravillosa es esta que les voy a comentar detenidamente. Porque el gran problema de la Patria reside allí. El Estado depende de la universidad, en el mismo sentido y en la misma proporción que la prudencia depende de la sabiduría. Y cuál es el lugar propio donde se estudia, se enseña y se aprende la sabiduría, cuál tiene que ser el lugar propio, la universidad, ahí está el más alto nivel del saber y de la verdad. Y usted al saber y a la verdad, no los puede coercionar, no los puede determinar, nada más que con el acatamiento a lo que es. Y por eso el Estado, que utiliza una virtud que se nutre en la sabiduría, que es sabiduría práctica -la prudencia- depende de la universidad, en cuanto la universidad es el lugar de la sabiduría divina y humana, y de los más altos niveles de todos los otros saberes teóricos y prácticos. Por eso la universidad tiene que ser autónoma, por la razón sencilla de que es la persona humana la que tiene acceso a la verdad. Usted no puede imponer algo que tiene que ser el resultado de la maduración y la perfección interior de la persona. Entre Estado y universidad, en orden al bien común, el Estado es superior a la universidad. En orden al saber y a la verdad, el Estado depende de la universidad, por eso tiene que ser también su principal exudado, de que sea el lugar natural y propio donde su cultivan los más altos niveles de todos los saberes teóricos y prácticos, contemplativos o técnicos, desinteresados o instrumentales, grados del saber y de la verdad que culminan en la sabiduría humana y divina. Porque la Universidad es la última fuente natural de la sabiduría, y no puede en este sentido ser presionada por la potestad civil, en cuanto es el lugar donde se cultiva algo que es lo más autónomo, casi diría yo lo más soberano que existe. Por eso Aristóteles cuando se refería a las características o cualidades del sabio, decía estas tres cosas, en el Libro Primero de la Metafísica; sabio es aquel que sabe todas las cosas, en el modo en que es dable al hombre saber, que es en sus primeros principios. Porque ningún hombre ni todos los hombres juntos de todas las generaciones de todos los tiempos pueden agotar el saber particular y detallado de las cosas. Pero cuando usted las sabe en su razón de ser. y de existir, usted las sabe todas, porque las conoce en el principio de donde proceden, y en el fin hacia donde se encaminan. Es una manera de saberlo todo. Además dice Aristóteles, sabio es aquel que sabe las cosas arduas y difíciles, no las fáciles y comunes. Porque el saber, es selectivo. Usted lo ve, en la primaria, en la secundaria, en la Universidad. Hay aquel que es una luz, aquel que tiene una capacidad recibida de Dios que lo eleva al más alto saber y comprensión, en una disciplina particular, determinada, o en las disciplinas universales. Y hay aquel que apenas puede recorrer un tramo y nada más. El saber es aristocrático. Y es aristocrático simplemente porque Dios los talentos los ha distribuido de un modo, que es el más opuesto a la igualdad democrática. Dios no es democrático en nada. A cada uno le da talentos, disposiciones, aptitudes distintas, y lo que espera de cada uno es de acuerdo a lo que le ha dado. Eso sí, ahí hay igualdad, porque si dio pocos talentos no va a pedir mucho rendimiento. Pero si te ha dado mucho, tiene que rendir mucho. El saber es eminentemente aristocrático, por eso la Universidad tiene que ser eminentemente selectiva. Estas universidades del pueblo, son las universidades que descienden al nivel de lo más ínfimo, de lo más superficial. Por eso decía Schopenhauer, a medida que se extiende la universidad, desciende. La Universidad es una vertical, y por eso su corrupción afecta a toda la sociedad. El nuevo gobierno que mañana asume, está ya sometido y entregado totalmente al terrorismo. Si ustedes me piden una prueba, les digo la ley de amnistía, indisaiminada. Ese es el primer acto del gobierno, es el sometido al terror,e l gobierno asistido por las Fuerzas Armadas de la Nación, hasta este momento. Y cual va a ser el segundo acto. El segundo acto va a ser erigirlo al señor Perón en teniente o capitán general. Hay un Tribunal de Honor de cinco tenientes generales, que lo ha degradado. Ustedes se dan cuenta la obra maestra del terrorismo, la autoliquidación moral, definitiva de las Fuerzas Armadas de la Nación, y principalmente del Ejército. ¿Y de dónde procede esta dialéctica y este proceso que explota los resentimientos, los revanchismos, multiplicando el roce?, de la universidad. Todos los elencos, todos los comandos terroristas son universitarios, estudiantes o profesionales. Lo mismo que fueron en Rusia, lo mismo la China, lo mismo de cualquiera de las naciones, de Cuba, lo mismo de Chile, son todos universitarios. Por eso quería señalarles este punto. Verán ustedes lo que va a ocurrir. De entrada nomás la dialéctica del terror va a adquirir en la universidad -ya lo está adquiriendo en este momento- una dinámica arrolladora, va a ser el gobierno del señor Cámpora y de su ministro Taiana, según dicen que va a ser el ministro de Educación, el universitario, profesor universitario eminentemente. ¿El que va a poner coto al terrorismo universitario?, ¿el que va a enfrentar las exigencias estudiantiles?, ¿el que va a ordenar jerárquicamente la autoridad de las cátedras? Medite cada uno razonablemente en lo que le alcanza su experiencia. Si este gobierno militar que acaba mañana ha estado a los pies de la universidad terrorista, no ha sido capaz ni de mantenerla, ni cuando estaba la pena de muerte; el terrorismo la aplica sin piedad todos los días. ¿Va a ser este gobierno el que va a frenar al terrorismo? ¿a su socio? ¿a su compañero de ruta? ¿En qué lugar del mundo ese socio fue eliminado? Hubo uno solo, que hay que si, nombrarlo, que es España, ¿pero cuanto costó?, un millón de muertos, un millón de desterrados, y la ruina de casi toda España, ese fue el precio, del único lugar en el mundo hasta la fecha en que fue vencido el terrorismo universitario, no hay otro lugar. Y también allí la reacción fue tardía, y por eso costó tanto. Hay que reconocer, el único país en el mundo, preservado por la Santísima Virgen, por su fidelidad a Ella, y por preferencia a Ella, porque amar es preferir. El amor tampoco es democrático e igualitario, no se ama igual a los demás. Tenemos que amar a todos nuestros semejantes, pero nadie diga razonablemente que los ama igual. Hay los que son más próximos de uno y los que son más lejanos. Cristo, amaba con preferencia, tenía sus preferidos, y el Evangelio lo destaca. ¿Acaso amó igual a todos sus discípulos?, acaso no tuvo aquél que estaba más próximo a su corazón que se llamaba Juan? Pero cuando tuvo que elegir al gobernador de la Iglesia no eligió al que más amaba, sino al que era más capaz para esa función, que era Pedro. Porque Cristo no podía confundir esa preferencia de su corazón con la virtud prudencial. Esto es importante. Porque en general los hombres eligen a sus favoritos. Y el asunto se pone grave, porque a veces no coincide el que uno ama más con el más capaz para una cosa determinada. Porque si ustedes quieren aprender un poco de política, ahí están los Libros Sagrados, si quieren aprender un poco de historia contemporánea, ahí están los Libros Sagrados. Claro está que si me oyera ese profesor que dijo que yo estaba atrasado cuarenta años diría que realmente esto es un atraso mucho mayor. El verdadero problema está en la universidad. Más que en las Fuerzas Armadas, más que en los cuerpos profesionales, más que en los sindicatos obreros, no tanto como en la Iglesia. Porque la Iglesia, ya trasciende el fuero natural, es una institución sobrenatural, que como le dijo el Papa a Napoleón, cuando Napoleón le dijo «si yo quisiera arraso con todo, no queda nada de ustedes». Entonces el Papa lo llamó a la reflexión y le dijo, «si nosotros no hemos podido destruir a la Iglesia con nuestras felonías durante diecinueve siglos, ¿como la va a destruir usted? Porque la Iglesia es cosa de Dios. Entonces el hombre puede hacer las cosas más terribles. La primera Iglesia ya lo tuvo a Judas, y tendrá Judas la Iglesia hasta el fin del mundo. Y Judas no era un cualquiera, no era uno de afuera, era uno de adentro. Porque la traición siempre viene de adentro, no de afuera, los verdaderos enemigos no están afuera, están adentro, y eso es lo terrible de la traición. En consecuencia nosotros vamos a asistir a horas realmente graves. Paja ustedes, jóvenes que estudian en la universidad, va a ser un problema, pero hay que afrontarlo. Porque este es el momentó del testimonio. No en el sentido de ir a hacer cosas que son imprudentes; la prudencia es osada. Uno debe resistir, ahora no pueden hacer otra cosa que resistir unidos. Unidos en la amistad y en el amor, resistir y defenderse con todos los medios, si se es atacado. Porque por el momento, el predominio del enemigo de Dios y de la Patria es total, es prácticamente avasallador. Cuando yo actué en la universidad, la cosa todavía se podía resolver de un modo no tan violento. Todavía hace veintiocho años, en la Universidad Nacional del litoral, tuve el honor de ser el primer rector de una universidad argentina que honrase al General San Martín en un acto realmente memorable, de lo que hay algunos testimonios fotográficos. Y usted ve una multitud, una juventud férrea, que colmaba el anfiteatro de la Universidad del Litoral. Las cosas han cambiado, porque en veintiocho años, han hecho un camino arrollador. Tan arrollador, que a pesar de que en la primera etapa del peronismo la Reforma Universitaria estuvo en contradicción con la política oficial, con el peronismo, en diez años no pudieron conquistar nada ni hacer nada, cientos y miles de profesores, muchos de ellos muy capaces. Habían los que eran flor de ceibo, que de la calle pasaban a la cátedra. Pero había gente capaz, que me voy a abstener de nombrar y en diez años no conquistaron a nadie. Y cuando cayó Perón en veinticuatro horas los echaron a todos, sin que nadie saliera en su defensa. Porque usted no puede comunicar la sabiduría en un régimen de servilismo y adulación. Yo profesor, qué puedo enseñar, que vivir rindiéndole pleitesía al que manda, si tengo que iniciar las colectas, si tengo que firmar que se lo haga doctor honoris causae al que manda, no puedo gravitar. Aunque posea un gran saber, no puedo ser escuchado. Este es el problema. Yo siempre pienso que a mí personalmente Dios me ha preservado de un modo especial. No sé cual será mi destino en los días subsiguientes, pero me ha preservado. Perón me hizo echar, por este que va a ser Ministro del Interior, el doctor Antonio Benítez, fue el primer acto que hizo cuando asumió el ministerio en mayo de 1945, y me echaron. La cosa fue seria y dura, porque además me echaron con una difamación que dura hasta ahora. Porque mis enemigos siempre se han ocupado de ello, en cambio mis camaradas nacionalistas y católicos, guardan un silencio mortal sobre mi persona, porque soy un testigo del cual sólo se van a ver liberados cuando ya no esté más en este mundo. Y fui preservado. ¿De qué?, de la humillación de la inteligencia, de la humillación del servilismo, la adulación, la prepotencia. De manera que ese mal, que fue grande, fue el gran bien que yo he recibido. Vino después la Libertadora, y me echaron, es decir que me mantuvieron echado con tanta saña o más todavía que los anteriores, por estas cosas que estoy comentando, que no es otra cosa que lo que he enseñado durante toda mi vida. Y me hicieron un gran favor, porque a mí mañana me pueden liquidar por mis ideas, pero no por mis actos serviles, por iniquidades, o violencias, porque soy el decano de los cesantes, nadie tiene una antigüedad mayor que yo, y reivindico ese privilegio. Pero ustedes se dan cuenta lo que es un pensamiento Ubre, para poder comunicarlo, y con autoridad, hay que ser verdaderamente libre. El Estado no puede presionar la universidad. Porque la universidad es el lugar natural de la sabiduría y de la verdad. Cómo va a ser uno libre en la verdad, si está presionado, si está coaccionado, sometido. Y cómo va a poder gravitar con su palabra y con testimonio sobre la juventud. El precio que hay que pagar es caro, pero al fin y al cabo yo he sobrevivido hasta el día de hoy, y estamos reunidostodavía acá, y vamos a continuar hasta que nos sea permitido. ¿Por qué enseño en mi casa yo desde hace veintisiete años?, porque me quitaron todos los otros lugares. Ahora no me pueden quitar nada, ni siquiera el lugar donde estoy, ya por poco tiempo, porque es hora de que me jubile, y me jubile antes de tener que irme de otro modo porque si la cosa sigue, no se va a poder respirar. El que quiera, el que tenga, el pobre que tenga que sobrevivir porque es el plan de su casa, de los suyos, va a tener que someterse, al peor de todos los despotismos, en nombre de la soberanía popular y de la sagrada constitución.
Por eso recuerden, estas posiciones y precisiones del Padre Petit de Murat, que me complace recordar aquí porque ese fue un varón santo. El Estado depende de la universidad en la misma proporción en que la prudencia depende de la sabiduría. Porque la prudencia es obrar la sabiduría, obrar la verdad. Cuando yo obro en conformidad con la verdad soy prudente, y la posesión de la verdad es la sabiduría. Pero, el Estado, por ser el órgano de la prudencia con respecto de todo bien que ha de lograr la comunidad, es superior a la universidad, el Estado debe velar, y tiene que intervenir si la universidad se aparta de su fin natural. Y tiene que intervenir, por el principio de subsidiariedad al que nos habíamos referido antes. Y observen esto que nos devuelve al tiempo de la Universidad de París, donde enseñó Santo Tomás y San Buenaventura, aquella universidad que fue la luz del mundo, como había sido antes la Academia de Atenas, el Liceo Aristotélico, luz del mundo. Y una luz que no podía ser presionada; los que cultivaban esa luz no podían hacerlo bajo presión. La universidad es última, dice Petit de Murat, frente a la sabiduría, y no puede en este sentido ser presionada por la potestad civil. Aquí tienen tres precisiones. Y también la razón por la cual el problema más grave en el plano humano que tiene la República Argentina hoy radies en la universidad. La universidad no da en estos momentos sino estos frutos de muerte, que se concretan en el terrorismo. El terrorismo es fruto de la universidad argentina, de la Reforma Universitaria. El que no comprenda esto no puede entender nada de lo que está pasando. Incluso no puede entender por que razón los hombres de armas, cuando les asesinan a sus camaradas, permanecen incapaces hasta el día de hoy, de toda reacción adecuada, proporcionada. ¿Cómo pueden aceptar la libertad de los asesinos de sus camaradas, y de los otros ciudadanos? ¿Cómo pueden aceptar que un general degradado sea restituido y elevado a la más alta jerarquía? Todo esto se explica por la inteligencia, que ha sido disminuida porque la verdad, ha sido envilecida, degradada. La inteligencia no es todo pero es casi todo. Y para que la inteligencia pueda dar frutos de vida, para que pueda ser la conquista y la comunicación de la verdad, tiene que ser realmente libre. Y en la medida en que uno posee la verdad, es más libre. Frutos de vida son aquellos en los cuales uno se ve ascender y continuarse un orden de legítimas superioridades que gravita sobre la comunidad entera, por una selección de los más capaces. Los más capaces, no los más ricos, los más pudientes; no, sino los más capaces, aquellos a quien Dios les ha dado los talentos. A ese hay que abrirle camino, para que pueda alcanzar la plenitud y pueda irradiar la ejemplaridad sobre los otros, porque todo depende de los que mandan, los jefes, todo depende de los maestros, de los superiores. Por eso no vamos a incurrir en la torpeza de achacarle a la multitud, al pueblo, a eso que se llama pueblo, a la masa, responsabilidad, si es movida desde afuera. Una masa, una multitud depende de sus caudillos, de sus jefes. Lo mismo se encamina a la grandeza que hacia las mayores bajezas que se puedan pensar, depende del que manda. Aristóteles y Platón, que eran paganos, no habían conocido a Cristo, y Dante comprendió que no los podía meter en el Infierno, en su Divina Comedia. Entonces hizo una especie de antesala. Y dice, iba caminando por ahí, y entonces vio un conjunto de maestros, de filósofos que estaban ahí dialogando, y dice, entre todos vi al maestro de aquellos que saben, y ese maestro es Aristóteles. A mí me complace cuando me dicen retrógrado. Soy tan inactual, intempestivo y anacrónico, que enseño un pensamiento que tiene veinticuatro siglos. Pero eso sí, que Cristo ha confirmado, y ha realzado, y potenciado, y elevado. El problema es saber si debemos correr a la vera de lo que se llama el progreso, o debemos volver la mirada hacia las verdades esenciales y eternas, y nutrirnos en ellas. ¿Qué te puede sostener en los días que corren sí no es estar así, en la verdad, que no pasará nunca, y en los grandes amores que esta vida tiene. Y no lo olviden, todo verdadero amor está crucificado, está crucificado, por eso adoramos a Dios hecho hombre, clavado en la cruz, porque amar es crucificarse. ¿Quién puede amar sin temor y sin temblor? Cual es la verdadera grandeza del amor sino la disposición al sacrificio? ¿Cuál es su verdadera y grandiosa fuerza? Es esa. ¿Y qué es lo que lo sostiene a uno en la vida?, son los grandes amores. El amor a Dios, el amor a la Patria, el amor a una mujer o a un varón, el amor a los amigos, con eso, tendremos la fuerza de Dios, para resistir cualquier cosa. La muerte, yo la temo. A pesar de los años que tengo y que ya me está sobrando la vida, le tengo cierto miedo evidentemente. No tanto al hecho de morir, porque en definitiva un cristiano es alguien que está educado para vencer a la muerte, y a la muerte se la vence aceptándola, y ofreciendo la vida. ¿Ofreciendo la vida por qué?, ¿para qué?, por la Verdad y para la Verdad. Porque existimos por Ella, por ella hemos sido creados, por Ella hemos sido redimidos. ¿Y qué amor puede haber si no está digamos así, fundado en la Verdad? Seguiremos los jueves como siempre. Los diez primeros años del peronismo, solo se interrumpió esta clase cuando al final me metieron preso por algún testimonio insignificante de la verdad. Y ha continuado hasta ahora, y continuaremos hasta que nos sea permitido. Y lo importante y fundamental, repito, es la unidad, es la verdad, y es el amor. Entonces, seremos invencibles, pase lo que pase.


ASALTO TERRORISTA AL PODER
  JUEVES 31 DE MAYO DE 1973
28-EL CASO DE RODOLFO PUIGRÓS

Fue separado en el 53 de la conducción oficial del Partido Comunista, por desinteligencia con ella. Y en cierto modo incorporado desde entonces al peronismo, sin haber dejado de ser jamás comunista. Y acá, es curioso este libro, es del año 43, él lo escribió en el año 43: Rosas el pequeño, es una diatriba terrible contra Rosas. Era al comienzo de la revolución del 4 de junio del 43, y entonces desde el prólogo a la primera edición, es una condena a los acontecimientos que se han producido en esos días en Buenos Aires. Y él, en ese momento claro, se definió por supuesto contra la dictadura militar, pero luego pasaron diez años, y sacó la segunda edición en 1953, y el hombre ya había cambiado. Fíjense que publicando este mismo libro, que es una detractación de Rosas, desde la primera hasta la última página, sin embargo cuando él ha cambiado de técnica, y se ha puesto a la sombra del comunismo, y pasado al peronismo, manteniendo por supuesto su posición ideológica comunista, entonces él en el prólogo a la segunda edición, termina de una manera que ustedes se van a dar cuenta que ese cambio operado no es sincero, porque si fuera así necesariamente habría condenado o enunciado, o rechazado, lo que había escrito, y no publicaría una segunda edición. Es cierto que en ese momento todavía no estaba la trilogía «San Martín - Rosas - Perón», pero aun así, fíjense el lenguaje de él, prologando este libro, como termina: «este prólogo quedaría incompleto -dice- si no puntualizáramos dos críticas a los rosistas militantes. Son, primero: su creencia de que los gérmenes de un capitalismo naáonal en la esfera rural, la expansión y organización de las estancias junto con el desarrollo de la economía mercantil en la época de Rosas, pudieran ser los orígenes de un desarrollo autónomo del capitalismo argentino, prescindiendo del mercado mundial, de la existencia del imperialismo y del progreso alcanzado por las naciones más adelantadas de la época». Esto es pura utopía, es no tener en cuenta que nuestro país estaría hoy a la altura que está, si no se hubiera encerrado hoscamente dentro de sus fronteras, esperando de sus acumulaciones internas de capital, de su educación técnica, de su capacidad creadora, lo que le vino del exterior en pocos años. Segundo: su desconocimiento del doble papel que el imperialismo cumple a pesar de sí mismo» (porque según Puiggrós, el imperialismo por un lado hace mal, pero por otro hace bien). Dice: «si por una parte oprime, deforma y exprime a los países poco desarrollados como era el nuestro a mediados del siglo pasado, por la otra se ven en la necesidad de transplantar su técnica, incorporar sus capitales, crear clase obrera, estimular el capitalismo nacional, gestar los elementos opositores, que conducen a la liberación económica de los pueblos explotados por los monopolios. Estas fuerzas o elementos se desenvolvieron progresivamente desde la caída de Rosas hasta nuestra época, de revolución nacional emancipadora -estamos en el '53, revolución nacional emancipadora- y son los pilares de esta revolución». -Y ahora viene lo importante-. «Estas divergencias que yo tengo con los rosistas, además de las que son explicadas en el curso de este libro, no impiden que afirmemos nuestra solidaridad con los admiradores, a igual que con los detractores de Juan Manuel de Rosas, que asumen hoy una actitud clara y consecuentemente antiimperialista. Somos sus amigos y aliados en la revolución nacional emancipadora, del mismo modo que nos sentimos totalmente en contra de aquellos antirosistas, que ubicados en el pasado y añorando un democracia puramente formal, forman las filas de la contrarrevolución pro imperialista y oligárquica». Es decir, en el curso de esos diez años, como en el movimiento peronista aparecen los nacionalistas, estos rosistas, etc., entonces él abandona la actitud radicalmente crítica que hay desde el titulo del libro, y negadora, en el contenido del libro, para decir bueno, a pesar de estas discrepancias que yo tengo con los resistas, yo soy solidario con ellos en la medida en que ellos están en la lucha contra el imperialismo, entonces lo entiende contra el imperialismo plutocrático. Por supuesto que jamás nombra a los titulares de ese imperialismo. Y a su vez está contra los antirosistas que son solidarios digamos de la oligarquía, etc. Es decir, este hombre, que es un doctrinario comunista, marxista, y que proyecta esa visión materialista de la historia en todo el análisis, porque tiene obras del proceso social histórico político argentino, este hombre que en el año cincuenta y tres produce un cambio de actitud, y aparece digamos así, colaborando con el peronismo, reaparece ahora, como interventor de la primera universidad nacional del país, es decir, la universidad ha sido puesta en manos de un marxista militante de toda la vida, que jamás abandonó su posición. Y al mismo tiempo que ocurre esto, sale un comunicado de los comandos peronistas contra los izquierdistas, contra los comunistas, diciendo que van a liquidar a diez por uno, es decir que por cada peronista que caiga van a liquidar ellos a diez izquierdistas. Y en la universidad oficialmente el rector de la universidad, es Rodolfo Puiggrós, un militante marxista de toda la vida, que jamás ha renunciado o abandonado su idea, porque podía haber sido marxista y haber dejado esa línea, y haberse colocado en otra. Pero él nunca lo ha hecho. Y al contrario, él sigue escribiendo como marxista, divorciado del partido político, del partido comunista oficial, pero en el fondo es una verdadera pantalla que oculta la verdadera acción marxista en el país. Para que usted vea cómo se está haciendo la historia en este momento. Por otra parte, al asumir la universidad en el día de ayer, consideraron que la recibían de mano del pueblo. Y el pueblo en la universidad es el personal no docente. Es decir que el pueblo universitario está formado por los que realizan funciones administrativas o funciones de limpieza dentro de la universidad. Yo no lo digo en desmedro de esas funciones, pero si hay algo que no tiene nada que ver con la universidad propiamente dicha, es el personal que actúa en funciones manuales, o en funciones contables administrativas, porque en cualquier lugar, aunque no sea una universidad, hay personal que se ocupa de la limpieza, y que se ocupa de inscribir, de llevar las cuentas, de llevar la contabilidad. Fíjense en la adulación, la cosa repulsiva. Ni siquiera ya el pueblo universitario es el demos estudiantil, no, sino que es simplemente el personal no docente, que es el que les ocupó las universidades, y les entrega las universidades a las nuevas autoridades. Pero repito, es importante tener presente, y conocer la biografía del actual interventor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, autor entre otros muchos de este libro cuyo título no condice con la trilogía que manejan los peronistas ahora, San Martín - Rosas - Perón, porque éste es una diatriba contra Rosas. Y lo interesante es que en esta diatriba, y en los datos que aporta, quiero leerles algo, que documenta cómo la Argentina cuando era un país inmenso, con nada más que un millón de habitantes, tenía la población repartida de un modo razonable, prudente y en función del bien común. Y como esa distribución, justamente en el período del desarrollo, ya dentro de la organización nacional, y de la Constitución, se ha perdido íntegramente esa distribución normal de la población, uno se queda asombrado de cómo era este país cuando era libre, libre y soberano, y la Argentina no tenía nada más que una población que podía calcularse en un millón de habitantes. Cito a Puiggrós, de manera que no se puede considerar una cita interesada. Está el cuadro que él expone, cuadro número 1, regiones, población en el año 1852, es decir en el año de la batalla de Caseros, en que fue derrocado Juan Manuel. Por lo tanto, esta distribución de la población corresponde al tiempo de la Confederación Argentina, el tiempo de Rosas. Ciudad de Buenos Aires, 76.000 habitantes; Buenos Aires provincia, 160.000 habitantes, Santa Fe, 37.000 habitantes, Entre Ríos, 80.000 habitantes, Corrientes 75.000 habitantes, en el centro del país Córdoba 140.000 habitantes, es decir casi tanto como la provincia de Buenos Aires tenía en 1852. San Luis, 40.000 habitantes; Santiago del Estero, 95.000 habitantes. Fíjense las proporciones, Santiago del Estero tenía una población realmente extraordinaria con relación a la distribución de la población en esa época. Al oeste o andina, Mendoza, 42.000 habitantes, San Juan, 41.000 habitantes; La Rioja, 39.000; Catamarca, 65.000 habitantes. Es decir que dentro de la distribución, fíjense la proporcionalidad que existía. Norte: Tucumán, 75.000 habitantes; Salta, 65.000; Jujuy, 30.000, observen ustedes que esa población era mínima en el país, pero estaba distribuida de acuerdo a un orden que respondía a las exigencias del bien común. El país estaba enteramente, por entero poco poblado, pero la poca población estaba distribuida de una manera razonable. Si ahora estudiáramos las proporciones actuales, nos encontraríamos que en dos o tres lugares del país, está prácticamente toda la población, y en el resto no hay nada, en comparación. Porque si usted toma nada más que el Gran Buenos Aires, son 9.000.000 de habitantes, una proporción que es mucho más de la tercera parte y se acerca más a la mitad de los 24.000.000 que tenemos actualmente de habitantes. Si yo agrego al Gran Buenos Aires, el Gran Córdoba, y el Gran Rosario, yo ya supero más de la mitad de la población de todo el país. Y todas estas provincias que aquí aparecen con numerosa población, como Entre Ríos, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, son prácticamente provincias desiertas, inmensos desiertos salvo pequeñas agrupaciones. Quiere decir que sin otra consideración, y tomando un cuadro publicado por el actual interventor de la Universidad Nacional del Litoral, en esta Era que se inicia de la Liberación Nacional, resulta que la población de la Confederación Argentina, dentro de la extrema limitación de habitantes, era una distribución razonable, una distribución que respondía a los intereses de la nación. En cambio la distribución actual, es una distribución absurda, antiracional, antinacional, y contraria a la seguridad de la nación. Porque en la Era Atómica, este es uno de los países más vulnerables del mundo, porque tiene una concentración de población, de industrias y de comercio en dos o tres puntos nada más. Usted elimina esos tres puntos, y se acaba la República Argentina prácticamente. Quedarían islotes nada más. En cambio en el tiempo de Rosas, la Argentina no se acababa con que quedara desierto Buenos Aires, porque en el interior había proporcionalmente una población muy superior a la que había en la Capital Federal y sus alrededores. De manera que con documentación aportada por el comunista Puiggrós, no digo doctor Puiggrós porque él hizo estudios de Ciencias Económicas pero no alcanzó a recibirse, de acuerdo a la biografía que se ha publicado de él. Sin embargo ha sido profesor de la Universidad de Méjico y en otras partes, esto es costumbre entre nosotros, porque Rizieri Frondizi, a quien yo he tratado hace muchos años, el único título real que tiene es profesor de inglés egresado del Instituto del Profesorado de Buenos Aires, que es un buen profesorado de inglés. Y tiene un título universitario de una universidad de Panamá, de esas que se obtienen los títulos por correspondencia, y sin embargo fue Rector también de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Lo cual quiere decir que en definitiva no hace falta ser universitario para presidir la universidad, y sobre todo, la primera universidad de la Patria. Hago este comentario, como respuesta a un comunicado del Comando Peronista, en el cual se dirige en forma violenta, agresiva, e inexorable, contra los comandos comunistas que han sido sus compañeros de ruta hasta este momento, mejor dicho hasta ayer, porque ayer estuvieron juntos en los actos de celebración del cordobazo en Córdoba, y sin embargo un día antes sacaron un comunicado en el cual lanzan una amenaza terrible, ya no es cinco por uno, sino de diez por uno. Por cada peronista que caiga, morirán diez izquierdistas. Y es curioso, no dicen diez extremistas, no, no incluyen a los de derecha, menos mal porque quiere decir que estamos en cierto modo un poco marginados, sino que se refieren directamente al terrorismo bolchevique.