ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta
27-LA UNIVERSIDAD Y EL ESTADO
Lo
político es la cosa más seria que hay en el orden temporal, porque el hombre
como decía Aristóteles, es un animal político. Y la polis, el Estado, es la
ciudad perfecta en el orden temporal, porque es en ella en donde el hombre
alcanza la suficiencia de la vida. El Estado es cosa natural, como la familia.
Uno podría preguntar, y por qué Cristo hizo sacramento del matrimonio y no del
Estado. Porque la familia tiene una relación más íntima, más profunda, con la
persona de cada uno. La persona de cada uno de nosotros, solamente tiene un
lugar natural para su cuidado, es la familia. Porque solamente los padres,
naturalmente, tienen el cuidado de la individualidad de cada uno de sus hijos.
Cuando el hijo pasa a la escuela, ya la educación adquiere un carácter común,
un carácter general. Habría que poner un maestro para cada alumno a fin de que
ese maestro atendiera la individualidad de cada uno de nosotros. Y uno se da
cuenta de que la familia es la cosa más esencial y más importante, porque tiene
el cuidado de la persona singular de cada uno, y si no te cuidan tu padre y tu
madre, ¿quién te va a cuidar? Puede haber subsitutos, suplentes, pero los
suplentes son suplentes. Normalmente el titular es insustituible. Por eso
Cristo ha hecho de la familia, una cosa sacramental, le ha puesto el peso de un
sacramento, una cosa sagrada. Pero el Estado es una cosa natural, como la
familia es una cosa de orden natural, que Cristo no ha hecho otra cosa que
confirmar, elevar, santificar, y darle el valor único que tiene, insustituible.
Usted a una madre que perdió un hijo no le puede decir, que puede tener otros
hijos, porque no van a sustituir al que perdió. El Estado es una cosa de orden
natural. El lugar natural donde el hombre alcanza esa perfección natural del
ciudadano. Y lo importante es que justamente el Estado tiene como cuidado
principal aquello que es lo primero en el orden comunitario, después de Dios,
que es el cuidado del bien común. Y ese principio del bien común, hace que el
Estado tenga ingerencia en todas las actividades que se desarrollan dentro de
la Nación soberanamente integrada en el Estado Nacional, que es su forma más
natural, más normal y propia. Y esa presencia no es para adular, avasallar o
absorber a las personas, sino precisamente para protegerlas, cuidarlas, y
permitirles su desarrollo integral. El cuidado del bien común no es para hacer
de la familia una instución del Estado, sino para que el Estado respete,
proteja y cuide a las familias constituidas según el orden natural y cristiano,
si se trata de cristianos. El Estado no es el que puede determinar, por
ejemplo, a una institución que es lo más candente de la Patria en este momento,
que es la universidad. La universidad puede ser fundación del Estado, puede ser
fundación privada, pero el Estado, que tiene como cuidado primero velar por el
bien común, lo que debe cuidar es que la universidad se configure, se
estructure, y se desenvuelva dentro del orden natural. De tal manera entonces
que existe entre el Estado y la universidad, una relación que el padre dominico
Petit de Murat, fallecido el año pasado, discernía con verdadera precisión, en
una de sus conferencias allá en Tucumán. Dice estas dos cosas que son
fundamentales y dignas de meditar: «El Estado -dice- depende de la universidad,
en la misma proporción en que la prudencia, en que la virtud prudencial que es
propia de la política del Estado, depende de la sabiduría. El Estado a su vez,
por ser el órgano de la prudencia con respecto de todo bien que ha de lograr la
comunidad, es superior a la universidad. Hay una relación de mutua
dependencia». Por un lado, la universidad depende del Estado, es superior el
Estado a la universidad, en cuanto a la universidad tiene que estar encuadrada
como todas las otras instituciones y actividades de las personas privadas. De
ahí el principio de subsidiariedad que estableció Pío XI en la encíclica
Quadragésimo Anno; el Estado que vela por el bien común, debe estar atento
frente a toda desviación y distorsión del orden natural. Porque el orden
natural asocia las instituciones o las actividades humanas al bien común,
porque el hombre es naturalmente social y político. De manera que las
actividades que desarrolla personalmente o asociado con otros, o a través de
instituciones, todas tienen que estar conformadas de tal modo, que concurren al
bien común. Si lo hacen espontáneamente, el Estado, al contrario, protege eso.
Pero si hay distorsión, si hay falencia, si hay fracaso, si hay impotencia,
entonces el Estado interviene para restablecer el orden natural, en función supletaria,
subsidiaria. Pero fíjense qué cosa maravillosa es esta que les voy a comentar
detenidamente. Porque el gran problema de la Patria reside allí. El Estado
depende de la universidad, en el mismo sentido y en la misma proporción que la
prudencia depende de la sabiduría. Y cuál es el lugar propio donde se estudia,
se enseña y se aprende la sabiduría, cuál tiene que ser el lugar propio, la
universidad, ahí está el más alto nivel del saber y de la verdad. Y usted al
saber y a la verdad, no los puede coercionar, no los puede determinar, nada más
que con el acatamiento a lo que es. Y por eso el Estado, que utiliza una virtud
que se nutre en la sabiduría, que es sabiduría práctica -la prudencia- depende
de la universidad, en cuanto la universidad es el lugar de la sabiduría divina
y humana, y de los más altos niveles de todos los otros saberes teóricos y
prácticos. Por eso la universidad tiene que ser autónoma, por la razón sencilla
de que es la persona humana la que tiene acceso a la verdad. Usted no puede imponer
algo que tiene que ser el resultado de la maduración y la perfección interior
de la persona. Entre Estado y universidad, en orden al bien común, el Estado es
superior a la universidad. En orden al saber y a la verdad, el Estado depende
de la universidad, por eso tiene que ser también su principal exudado, de que
sea el lugar natural y propio donde su cultivan los más altos niveles de todos
los saberes teóricos y prácticos, contemplativos o técnicos, desinteresados o
instrumentales, grados del saber y de la verdad que culminan en la sabiduría
humana y divina. Porque la Universidad es la última fuente natural de la
sabiduría, y no puede en este sentido ser presionada por la potestad civil, en
cuanto es el lugar donde se cultiva algo que es lo más autónomo, casi diría yo
lo más soberano que existe. Por eso Aristóteles cuando se refería a las
características o cualidades del sabio, decía estas tres cosas, en el Libro
Primero de la Metafísica; sabio es aquel que sabe todas las cosas, en el modo
en que es dable al hombre saber, que es en sus primeros principios. Porque
ningún hombre ni todos los hombres juntos de todas las generaciones de todos
los tiempos pueden agotar el saber particular y detallado de las cosas. Pero
cuando usted las sabe en su razón de ser. y de existir, usted las sabe todas,
porque las conoce en el principio de donde proceden, y en el fin hacia donde se
encaminan. Es una manera de saberlo todo. Además dice Aristóteles, sabio es
aquel que sabe las cosas arduas y difíciles, no las fáciles y comunes. Porque
el saber, es selectivo. Usted lo ve, en la primaria, en la secundaria, en la
Universidad. Hay aquel que es una luz, aquel que tiene una capacidad recibida
de Dios que lo eleva al más alto saber y comprensión, en una disciplina
particular, determinada, o en las disciplinas universales. Y hay aquel que
apenas puede recorrer un tramo y nada más. El saber es aristocrático. Y es
aristocrático simplemente porque Dios los talentos los ha distribuido de un
modo, que es el más opuesto a la igualdad democrática. Dios no es democrático
en nada. A cada uno le da talentos, disposiciones, aptitudes distintas, y lo
que espera de cada uno es de acuerdo a lo que le ha dado. Eso sí, ahí hay
igualdad, porque si dio pocos talentos no va a pedir mucho rendimiento. Pero si
te ha dado mucho, tiene que rendir mucho. El saber es eminentemente
aristocrático, por eso la Universidad tiene que ser eminentemente selectiva.
Estas universidades del pueblo, son las universidades que descienden al nivel
de lo más ínfimo, de lo más superficial. Por eso decía Schopenhauer, a medida
que se extiende la universidad, desciende. La Universidad es una vertical, y
por eso su corrupción afecta a toda la sociedad. El nuevo gobierno que mañana
asume, está ya sometido y entregado totalmente al terrorismo. Si ustedes me
piden una prueba, les digo la ley de amnistía, indisaiminada. Ese es el primer
acto del gobierno, es el sometido al terror,e l gobierno asistido por las
Fuerzas Armadas de la Nación, hasta este momento. Y cual va a ser el segundo
acto. El segundo acto va a ser erigirlo al señor Perón en teniente o capitán
general. Hay un Tribunal de Honor de cinco tenientes generales, que lo ha
degradado. Ustedes se dan cuenta la obra maestra del terrorismo, la
autoliquidación moral, definitiva de las Fuerzas Armadas de la Nación, y
principalmente del Ejército. ¿Y de dónde procede esta dialéctica y este proceso
que explota los resentimientos, los revanchismos, multiplicando el roce?, de la
universidad. Todos los elencos, todos los comandos terroristas son
universitarios, estudiantes o profesionales. Lo mismo que fueron en Rusia, lo
mismo la China, lo mismo de cualquiera de las naciones, de Cuba, lo mismo de
Chile, son todos universitarios. Por eso quería señalarles este punto. Verán
ustedes lo que va a ocurrir. De entrada nomás la dialéctica del terror va a
adquirir en la universidad -ya lo está adquiriendo en este momento- una
dinámica arrolladora, va a ser el gobierno del señor Cámpora y de su ministro
Taiana, según dicen que va a ser el ministro de Educación, el universitario,
profesor universitario eminentemente. ¿El que va a poner coto al terrorismo
universitario?, ¿el que va a enfrentar las exigencias estudiantiles?, ¿el que
va a ordenar jerárquicamente la autoridad de las cátedras? Medite cada uno
razonablemente en lo que le alcanza su experiencia. Si este gobierno militar
que acaba mañana ha estado a los pies de la universidad terrorista, no ha sido
capaz ni de mantenerla, ni cuando estaba la pena de muerte; el terrorismo la
aplica sin piedad todos los días. ¿Va a ser este gobierno el que va a frenar al
terrorismo? ¿a su socio? ¿a su compañero de ruta? ¿En qué lugar del mundo ese
socio fue eliminado? Hubo uno solo, que hay que si, nombrarlo, que es España,
¿pero cuanto costó?, un millón de muertos, un millón de desterrados, y la ruina
de casi toda España, ese fue el precio, del único lugar en el mundo hasta la
fecha en que fue vencido el terrorismo universitario, no hay otro lugar. Y
también allí la reacción fue tardía, y por eso costó tanto. Hay que reconocer,
el único país en el mundo, preservado por la Santísima Virgen, por su fidelidad
a Ella, y por preferencia a Ella, porque amar es preferir. El amor tampoco es
democrático e igualitario, no se ama igual a los demás. Tenemos que amar a todos
nuestros semejantes, pero nadie diga razonablemente que los ama igual. Hay los
que son más próximos de uno y los que son más lejanos. Cristo, amaba con
preferencia, tenía sus preferidos, y el Evangelio lo destaca. ¿Acaso amó igual
a todos sus discípulos?, acaso no tuvo aquél que estaba más próximo a su
corazón que se llamaba Juan? Pero cuando tuvo que elegir al gobernador de la
Iglesia no eligió al que más amaba, sino al que era más capaz para esa función,
que era Pedro. Porque Cristo no podía confundir esa preferencia de su corazón
con la virtud prudencial. Esto es importante. Porque en general los hombres
eligen a sus favoritos. Y el asunto se pone grave, porque a veces no coincide
el que uno ama más con el más capaz para una cosa determinada. Porque si ustedes
quieren aprender un poco de política, ahí están los Libros Sagrados, si quieren
aprender un poco de historia contemporánea, ahí están los Libros Sagrados.
Claro está que si me oyera ese profesor que dijo que yo estaba atrasado
cuarenta años diría que realmente esto es un atraso mucho mayor. El verdadero
problema está en la universidad. Más que en las Fuerzas Armadas, más que en los
cuerpos profesionales, más que en los sindicatos obreros, no tanto como en la
Iglesia. Porque la Iglesia, ya trasciende el fuero natural, es una institución
sobrenatural, que como le dijo el Papa a Napoleón, cuando Napoleón le dijo «si
yo quisiera arraso con todo, no queda nada de ustedes». Entonces el Papa lo
llamó a la reflexión y le dijo, «si nosotros no hemos podido destruir a la
Iglesia con nuestras felonías durante diecinueve siglos, ¿como la va a destruir
usted? Porque la Iglesia es cosa de Dios. Entonces el hombre puede hacer las
cosas más terribles. La primera Iglesia ya lo tuvo a Judas, y tendrá Judas la
Iglesia hasta el fin del mundo. Y Judas no era un cualquiera, no era uno de
afuera, era uno de adentro. Porque la traición siempre viene de adentro, no de
afuera, los verdaderos enemigos no están afuera, están adentro, y eso es lo
terrible de la traición. En consecuencia nosotros vamos a asistir a horas
realmente graves. Paja ustedes, jóvenes que estudian en la universidad, va a
ser un problema, pero hay que afrontarlo. Porque este es el momentó del
testimonio. No en el sentido de ir a hacer cosas que son imprudentes; la
prudencia es osada. Uno debe resistir, ahora no pueden hacer otra cosa que
resistir unidos. Unidos en la amistad y en el amor, resistir y defenderse con
todos los medios, si se es atacado. Porque por el momento, el predominio del
enemigo de Dios y de la Patria es total, es prácticamente avasallador. Cuando
yo actué en la universidad, la cosa todavía se podía resolver de un modo no tan
violento. Todavía hace veintiocho años, en la Universidad Nacional del litoral,
tuve el honor de ser el primer rector de una universidad argentina que honrase
al General San Martín en un acto realmente memorable, de lo que hay algunos
testimonios fotográficos. Y usted ve una multitud, una juventud férrea, que
colmaba el anfiteatro de la Universidad del Litoral. Las cosas han cambiado,
porque en veintiocho años, han hecho un camino arrollador. Tan arrollador, que
a pesar de que en la primera etapa del peronismo la Reforma Universitaria
estuvo en contradicción con la política oficial, con el peronismo, en diez años
no pudieron conquistar nada ni hacer nada, cientos y miles de profesores,
muchos de ellos muy capaces. Habían los que eran flor de ceibo, que de la calle
pasaban a la cátedra. Pero había gente capaz, que me voy a abstener de nombrar
y en diez años no conquistaron a nadie. Y cuando cayó Perón en veinticuatro
horas los echaron a todos, sin que nadie saliera en su defensa. Porque usted no
puede comunicar la sabiduría en un régimen de servilismo y adulación. Yo
profesor, qué puedo enseñar, que vivir rindiéndole pleitesía al que manda, si
tengo que iniciar las colectas, si tengo que firmar que se lo haga doctor
honoris causae al que manda, no puedo gravitar. Aunque posea un gran saber, no
puedo ser escuchado. Este es el problema. Yo siempre pienso que a mí
personalmente Dios me ha preservado de un modo especial. No sé cual será mi
destino en los días subsiguientes, pero me ha preservado. Perón me hizo echar,
por este que va a ser Ministro del Interior, el doctor Antonio Benítez, fue el
primer acto que hizo cuando asumió el ministerio en mayo de 1945, y me echaron.
La cosa fue seria y dura, porque además me echaron con una difamación que dura
hasta ahora. Porque mis enemigos siempre se han ocupado de ello, en cambio mis
camaradas nacionalistas y católicos, guardan un silencio mortal sobre mi
persona, porque soy un testigo del cual sólo se van a ver liberados cuando ya
no esté más en este mundo. Y fui preservado. ¿De qué?, de la humillación de la
inteligencia, de la humillación del servilismo, la adulación, la prepotencia.
De manera que ese mal, que fue grande, fue el gran bien que yo he recibido.
Vino después la Libertadora, y me echaron, es decir que me mantuvieron echado
con tanta saña o más todavía que los anteriores, por estas cosas que estoy
comentando, que no es otra cosa que lo que he enseñado durante toda mi vida. Y
me hicieron un gran favor, porque a mí mañana me pueden liquidar por mis ideas,
pero no por mis actos serviles, por iniquidades, o violencias, porque soy el
decano de los cesantes, nadie tiene una antigüedad mayor que yo, y reivindico
ese privilegio. Pero ustedes se dan cuenta lo que es un pensamiento Ubre, para
poder comunicarlo, y con autoridad, hay que ser verdaderamente libre. El Estado
no puede presionar la universidad. Porque la universidad es el lugar natural de
la sabiduría y de la verdad. Cómo va a ser uno libre en la verdad, si está
presionado, si está coaccionado, sometido. Y cómo va a poder gravitar con su
palabra y con testimonio sobre la juventud. El precio que hay que pagar es
caro, pero al fin y al cabo yo he sobrevivido hasta el día de hoy, y estamos
reunidostodavía acá, y vamos a continuar hasta que nos sea permitido. ¿Por qué
enseño en mi casa yo desde hace veintisiete años?, porque me quitaron todos los
otros lugares. Ahora no me pueden quitar nada, ni siquiera el lugar donde
estoy, ya por poco tiempo, porque es hora de que me jubile, y me jubile antes
de tener que irme de otro modo porque si la cosa sigue, no se va a poder
respirar. El que quiera, el que tenga, el pobre que tenga que sobrevivir porque
es el plan de su casa, de los suyos, va a tener que someterse, al peor de todos
los despotismos, en nombre de la soberanía popular y de la sagrada
constitución.
Por
eso recuerden, estas posiciones y precisiones del Padre Petit de Murat, que me
complace recordar aquí porque ese fue un varón santo. El Estado depende de la
universidad en la misma proporción en que la prudencia depende de la sabiduría.
Porque la prudencia es obrar la sabiduría, obrar la verdad. Cuando yo obro en
conformidad con la verdad soy prudente, y la posesión de la verdad es la
sabiduría. Pero, el Estado, por ser el órgano de la prudencia con respecto de
todo bien que ha de lograr la comunidad, es superior a la universidad, el
Estado debe velar, y tiene que intervenir si la universidad se aparta de su fin
natural. Y tiene que intervenir, por el principio de subsidiariedad al que nos
habíamos referido antes. Y observen esto que nos devuelve al tiempo de la
Universidad de París, donde enseñó Santo Tomás y San Buenaventura, aquella universidad
que fue la luz del mundo, como había sido antes la Academia de Atenas, el Liceo
Aristotélico, luz del mundo. Y una luz que no podía ser presionada; los que
cultivaban esa luz no podían hacerlo bajo presión. La universidad es última,
dice Petit de Murat, frente a la sabiduría, y no puede en este sentido ser
presionada por la potestad civil. Aquí tienen tres precisiones. Y también la
razón por la cual el problema más grave en el plano humano que tiene la
República Argentina hoy radies en la universidad. La universidad no da en estos
momentos sino estos frutos de muerte, que se concretan en el terrorismo. El
terrorismo es fruto de la universidad argentina, de la Reforma Universitaria.
El que no comprenda esto no puede entender nada de lo que está pasando. Incluso
no puede entender por que razón los hombres de armas, cuando les asesinan a sus
camaradas, permanecen incapaces hasta el día de hoy, de toda reacción adecuada,
proporcionada. ¿Cómo pueden aceptar la libertad de los asesinos de sus camaradas,
y de los otros ciudadanos? ¿Cómo pueden aceptar que un general degradado sea
restituido y elevado a la más alta jerarquía? Todo esto se explica por la
inteligencia, que ha sido disminuida porque la verdad, ha sido envilecida,
degradada. La inteligencia no es todo pero es casi todo. Y para que la
inteligencia pueda dar frutos de vida, para que pueda ser la conquista y la
comunicación de la verdad, tiene que ser realmente libre. Y en la medida en que
uno posee la verdad, es más libre. Frutos de vida son aquellos en los cuales
uno se ve ascender y continuarse un orden de legítimas superioridades que
gravita sobre la comunidad entera, por una selección de los más capaces. Los
más capaces, no los más ricos, los más pudientes; no, sino los más capaces,
aquellos a quien Dios les ha dado los talentos. A ese hay que abrirle camino,
para que pueda alcanzar la plenitud y pueda irradiar la ejemplaridad sobre los
otros, porque todo depende de los que mandan, los jefes, todo depende de los
maestros, de los superiores. Por eso no vamos a incurrir en la torpeza de
achacarle a la multitud, al pueblo, a eso que se llama pueblo, a la masa,
responsabilidad, si es movida desde afuera. Una masa, una multitud depende de
sus caudillos, de sus jefes. Lo mismo se encamina a la grandeza que hacia las
mayores bajezas que se puedan pensar, depende del que manda. Aristóteles y
Platón, que eran paganos, no habían conocido a Cristo, y Dante comprendió que
no los podía meter en el Infierno, en su Divina Comedia. Entonces hizo una
especie de antesala. Y dice, iba caminando por ahí, y entonces vio un conjunto
de maestros, de filósofos que estaban ahí dialogando, y dice, entre todos vi al
maestro de aquellos que saben, y ese maestro es Aristóteles. A mí me complace
cuando me dicen retrógrado. Soy tan inactual, intempestivo y anacrónico, que
enseño un pensamiento que tiene veinticuatro siglos. Pero eso sí, que Cristo ha
confirmado, y ha realzado, y potenciado, y elevado. El problema es saber si
debemos correr a la vera de lo que se llama el progreso, o debemos volver la
mirada hacia las verdades esenciales y eternas, y nutrirnos en ellas. ¿Qué te
puede sostener en los días que corren sí no es estar así, en la verdad, que no
pasará nunca, y en los grandes amores que esta vida tiene. Y no lo olviden, todo
verdadero amor está crucificado, está crucificado, por eso adoramos a Dios
hecho hombre, clavado en la cruz, porque amar es crucificarse. ¿Quién puede
amar sin temor y sin temblor? Cual es la verdadera grandeza del amor sino la
disposición al sacrificio? ¿Cuál es su verdadera y grandiosa fuerza? Es esa. ¿Y
qué es lo que lo sostiene a uno en la vida?, son los grandes amores. El amor a
Dios, el amor a la Patria, el amor a una mujer o a un varón, el amor a los
amigos, con eso, tendremos la fuerza de Dios, para resistir cualquier cosa. La
muerte, yo la temo. A pesar de los años que tengo y que ya me está sobrando la
vida, le tengo cierto miedo evidentemente. No tanto al hecho de morir, porque
en definitiva un cristiano es alguien que está educado para vencer a la muerte,
y a la muerte se la vence aceptándola, y ofreciendo la vida. ¿Ofreciendo la
vida por qué?, ¿para qué?, por la Verdad y para la Verdad. Porque existimos por
Ella, por ella hemos sido creados, por Ella hemos sido redimidos. ¿Y qué amor
puede haber si no está digamos así, fundado en la Verdad? Seguiremos los jueves
como siempre. Los diez primeros años del peronismo, solo se interrumpió esta
clase cuando al final me metieron preso por algún testimonio insignificante de
la verdad. Y ha continuado hasta ahora, y continuaremos hasta que nos sea
permitido. Y lo importante y fundamental, repito, es la unidad, es la verdad, y
es el amor. Entonces, seremos invencibles, pase lo que pase.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
JUEVES 31 DE MAYO DE
1973
28-EL CASO DE RODOLFO PUIGRÓS
Fue
separado en el 53 de la conducción oficial del Partido Comunista, por
desinteligencia con ella. Y en cierto modo incorporado desde entonces al
peronismo, sin haber dejado de ser jamás comunista. Y acá, es curioso este
libro, es del año 43, él lo escribió en el año 43: Rosas el pequeño, es una
diatriba terrible contra Rosas. Era al comienzo de la revolución del 4 de junio
del 43, y entonces desde el prólogo a la primera edición, es una condena a los
acontecimientos que se han producido en esos días en Buenos Aires. Y él, en ese
momento claro, se definió por supuesto contra la dictadura militar, pero luego
pasaron diez años, y sacó la segunda edición en 1953, y el hombre ya había
cambiado. Fíjense que publicando este mismo libro, que es una detractación de Rosas,
desde la primera hasta la última página, sin embargo cuando él ha cambiado de
técnica, y se ha puesto a la sombra del comunismo, y pasado al peronismo,
manteniendo por supuesto su posición ideológica comunista, entonces él en el
prólogo a la segunda edición, termina de una manera que ustedes se van a dar
cuenta que ese cambio operado no es sincero, porque si fuera así necesariamente
habría condenado o enunciado, o rechazado, lo que había escrito, y no
publicaría una segunda edición. Es cierto que en ese momento todavía no estaba
la trilogía «San Martín - Rosas - Perón», pero aun así, fíjense el lenguaje de
él, prologando este libro, como termina: «este prólogo quedaría incompleto
-dice- si no puntualizáramos dos críticas a los rosistas militantes. Son,
primero: su creencia de que los gérmenes de un capitalismo naáonal en la esfera
rural, la expansión y organización de las estancias junto con el desarrollo de
la economía mercantil en la época de Rosas, pudieran ser los orígenes de un
desarrollo autónomo del capitalismo argentino, prescindiendo del mercado
mundial, de la existencia del imperialismo y del progreso alcanzado por las
naciones más adelantadas de la época». Esto es pura utopía, es no tener en
cuenta que nuestro país estaría hoy a la altura que está, si no se hubiera
encerrado hoscamente dentro de sus fronteras, esperando de sus acumulaciones
internas de capital, de su educación técnica, de su capacidad creadora, lo que
le vino del exterior en pocos años. Segundo: su desconocimiento del doble papel
que el imperialismo cumple a pesar de sí mismo» (porque según Puiggrós, el
imperialismo por un lado hace mal, pero por otro hace bien). Dice: «si por una
parte oprime, deforma y exprime a los países poco desarrollados como era el
nuestro a mediados del siglo pasado, por la otra se ven en la necesidad de
transplantar su técnica, incorporar sus capitales, crear clase obrera,
estimular el capitalismo nacional, gestar los elementos opositores, que
conducen a la liberación económica de los pueblos explotados por los
monopolios. Estas fuerzas o elementos se desenvolvieron progresivamente desde
la caída de Rosas hasta nuestra época, de revolución nacional emancipadora
-estamos en el '53, revolución nacional emancipadora- y son los pilares de esta
revolución». -Y ahora viene lo importante-. «Estas divergencias que yo tengo
con los rosistas, además de las que son explicadas en el curso de este libro,
no impiden que afirmemos nuestra solidaridad con los admiradores, a igual que
con los detractores de Juan Manuel de Rosas, que asumen hoy una actitud clara y
consecuentemente antiimperialista. Somos sus amigos y aliados en la revolución
nacional emancipadora, del mismo modo que nos sentimos totalmente en contra de
aquellos antirosistas, que ubicados en el pasado y añorando un democracia
puramente formal, forman las filas de la contrarrevolución pro imperialista y
oligárquica». Es decir, en el curso de esos diez años, como en el movimiento
peronista aparecen los nacionalistas, estos rosistas, etc., entonces él
abandona la actitud radicalmente crítica que hay desde el titulo del libro, y
negadora, en el contenido del libro, para decir bueno, a pesar de estas
discrepancias que yo tengo con los resistas, yo soy solidario con ellos en la
medida en que ellos están en la lucha contra el imperialismo, entonces lo
entiende contra el imperialismo plutocrático. Por supuesto que jamás nombra a
los titulares de ese imperialismo. Y a su vez está contra los antirosistas que
son solidarios digamos de la oligarquía, etc. Es decir, este hombre, que es un
doctrinario comunista, marxista, y que proyecta esa visión materialista de la
historia en todo el análisis, porque tiene obras del proceso social histórico
político argentino, este hombre que en el año cincuenta y tres produce un
cambio de actitud, y aparece digamos así, colaborando con el peronismo,
reaparece ahora, como interventor de la primera universidad nacional del país,
es decir, la universidad ha sido puesta en manos de un marxista militante de
toda la vida, que jamás abandonó su posición. Y al mismo tiempo que ocurre
esto, sale un comunicado de los comandos peronistas contra los izquierdistas,
contra los comunistas, diciendo que van a liquidar a diez por uno, es decir que
por cada peronista que caiga van a liquidar ellos a diez izquierdistas. Y en la
universidad oficialmente el rector de la universidad, es Rodolfo Puiggrós, un
militante marxista de toda la vida, que jamás ha renunciado o abandonado su
idea, porque podía haber sido marxista y haber dejado esa línea, y haberse
colocado en otra. Pero él nunca lo ha hecho. Y al contrario, él sigue
escribiendo como marxista, divorciado del partido político, del partido
comunista oficial, pero en el fondo es una verdadera pantalla que oculta la
verdadera acción marxista en el país. Para que usted vea cómo se está haciendo
la historia en este momento. Por otra parte, al asumir la universidad en el día
de ayer, consideraron que la recibían de mano del pueblo. Y el pueblo en la
universidad es el personal no docente. Es decir que el pueblo universitario
está formado por los que realizan funciones administrativas o funciones de
limpieza dentro de la universidad. Yo no lo digo en desmedro de esas funciones,
pero si hay algo que no tiene nada que ver con la universidad propiamente
dicha, es el personal que actúa en funciones manuales, o en funciones contables
administrativas, porque en cualquier lugar, aunque no sea una universidad, hay
personal que se ocupa de la limpieza, y que se ocupa de inscribir, de llevar
las cuentas, de llevar la contabilidad. Fíjense en la adulación, la cosa
repulsiva. Ni siquiera ya el pueblo universitario es el demos estudiantil, no,
sino que es simplemente el personal no docente, que es el que les ocupó las
universidades, y les entrega las universidades a las nuevas autoridades. Pero
repito, es importante tener presente, y conocer la biografía del actual
interventor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, autor
entre otros muchos de este libro cuyo título no condice con la trilogía que
manejan los peronistas ahora, San Martín - Rosas - Perón, porque éste es una
diatriba contra Rosas. Y lo interesante es que en esta diatriba, y en los datos
que aporta, quiero leerles algo, que documenta cómo la Argentina cuando era un
país inmenso, con nada más que un millón de habitantes, tenía la población
repartida de un modo razonable, prudente y en función del bien común. Y como
esa distribución, justamente en el período del desarrollo, ya dentro de la
organización nacional, y de la Constitución, se ha perdido íntegramente esa
distribución normal de la población, uno se queda asombrado de cómo era este
país cuando era libre, libre y soberano, y la Argentina no tenía nada más que
una población que podía calcularse en un millón de habitantes. Cito a Puiggrós,
de manera que no se puede considerar una cita interesada. Está el cuadro que él
expone, cuadro número 1, regiones, población en el año 1852, es decir en el año
de la batalla de Caseros, en que fue derrocado Juan Manuel. Por lo tanto, esta
distribución de la población corresponde al tiempo de la Confederación
Argentina, el tiempo de Rosas. Ciudad de Buenos Aires, 76.000 habitantes;
Buenos Aires provincia, 160.000 habitantes, Santa Fe, 37.000 habitantes, Entre
Ríos, 80.000 habitantes, Corrientes 75.000 habitantes, en el centro del país
Córdoba 140.000 habitantes, es decir casi tanto como la provincia de Buenos
Aires tenía en 1852. San Luis, 40.000 habitantes; Santiago del Estero, 95.000
habitantes. Fíjense las proporciones, Santiago del Estero tenía una población
realmente extraordinaria con relación a la distribución de la población en esa
época. Al oeste o andina, Mendoza, 42.000 habitantes, San Juan, 41.000
habitantes; La Rioja, 39.000; Catamarca, 65.000 habitantes. Es decir que dentro
de la distribución, fíjense la proporcionalidad que existía. Norte: Tucumán,
75.000 habitantes; Salta, 65.000; Jujuy, 30.000, observen ustedes que esa
población era mínima en el país, pero estaba distribuida de acuerdo a un orden
que respondía a las exigencias del bien común. El país estaba enteramente, por
entero poco poblado, pero la poca población estaba distribuida de una manera
razonable. Si ahora estudiáramos las proporciones actuales, nos encontraríamos
que en dos o tres lugares del país, está prácticamente toda la población, y en el
resto no hay nada, en comparación. Porque si usted toma nada más que el Gran
Buenos Aires, son 9.000.000 de habitantes, una proporción que es mucho más de
la tercera parte y se acerca más a la mitad de los 24.000.000 que tenemos
actualmente de habitantes. Si yo agrego al Gran Buenos Aires, el Gran Córdoba,
y el Gran Rosario, yo ya supero más de la mitad de la población de todo el
país. Y todas estas provincias que aquí aparecen con numerosa población, como
Entre Ríos, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja, son prácticamente
provincias desiertas, inmensos desiertos salvo pequeñas agrupaciones. Quiere
decir que sin otra consideración, y tomando un cuadro publicado por el actual
interventor de la Universidad Nacional del Litoral, en esta Era que se inicia
de la Liberación Nacional, resulta que la población de la Confederación
Argentina, dentro de la extrema limitación de habitantes, era una distribución
razonable, una distribución que respondía a los intereses de la nación. En
cambio la distribución actual, es una distribución absurda, antiracional,
antinacional, y contraria a la seguridad de la nación. Porque en la Era
Atómica, este es uno de los países más vulnerables del mundo, porque tiene una
concentración de población, de industrias y de comercio en dos o tres puntos
nada más. Usted elimina esos tres puntos, y se acaba la República Argentina
prácticamente. Quedarían islotes nada más. En cambio en el tiempo de Rosas, la
Argentina no se acababa con que quedara desierto Buenos Aires, porque en el
interior había proporcionalmente una población muy superior a la que había en
la Capital Federal y sus alrededores. De manera que con documentación aportada
por el comunista Puiggrós, no digo doctor Puiggrós porque él hizo estudios de
Ciencias Económicas pero no alcanzó a recibirse, de acuerdo a la biografía que
se ha publicado de él. Sin embargo ha sido profesor de la Universidad de Méjico
y en otras partes, esto es costumbre entre nosotros, porque Rizieri Frondizi, a
quien yo he tratado hace muchos años, el único título real que tiene es
profesor de inglés egresado del Instituto del Profesorado de Buenos Aires, que
es un buen profesorado de inglés. Y tiene un título universitario de una
universidad de Panamá, de esas que se obtienen los títulos por correspondencia,
y sin embargo fue Rector también de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Lo
cual quiere decir que en definitiva no hace falta ser universitario para
presidir la universidad, y sobre todo, la primera universidad de la Patria.
Hago este comentario, como respuesta a un comunicado del Comando Peronista, en
el cual se dirige en forma violenta, agresiva, e inexorable, contra los
comandos comunistas que han sido sus compañeros de ruta hasta este momento,
mejor dicho hasta ayer, porque ayer estuvieron juntos en los actos de
celebración del cordobazo en Córdoba, y sin embargo un día antes sacaron un
comunicado en el cual lanzan una amenaza terrible, ya no es cinco por uno, sino
de diez por uno. Por cada peronista que caiga, morirán diez izquierdistas. Y es
curioso, no dicen diez extremistas, no, no incluyen a los de derecha, menos mal
porque quiere decir que estamos en cierto modo un poco marginados, sino que se
refieren directamente al terrorismo bolchevique.
