ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta
29-EL ASCENSO AL PODER DEL PERONISMO
Han
ocurrido tantas cosas en estos días, que yo diría, que esto que es una semana,
nada más que una semana, podría ser el equivalente en acontecimientos, a un
año, o más años. Les confieso dos cosas: primera, que lo que está ocurriendo
era previsible, pero sinceramente me he equivocado en cuanto al ritmo del
proceso. No creí jamás que se iba a producir este avance vertiginoso en la
dirección de la consolidación o de la toma del poder por el terror bolchevique.
Debo también decir dos cosas: mi hijo enfermo, me decía el otro día lo
siguiente, «papá, has tenido una triste satisfacción moral, porque claro,
durante dieciocho años has estado anunciando estos frutos podridos, de la
democracia populista, invocada por la Revolución Libertadora desde que fue
derrocado el más populista y popular de todos los jefes que ha tenido él estado
argentino». Porque si hay algo que es realmente absurdo, es invocar, o haber
invocado la soberanía popular, cuando fue derrocado Perón. Perón era entonces
la soberanía popular, y nosotros durante dieciocho años, primero en los diez
años que duró nuestro periódico Combate, después en los libros y en las clases,
y en todas partes en donde hemos estado, hemos insistido en que Perón era la
soberanía popular, continuaba siendo la soberanía popular. Este juicio fue
siempre desoído, o casi siempre despreciado, y evidentemente en estos dieciocho
años, lo único que se ha hecho es colaborar, para confirmar que es así. Y ahora
estamos en estos resultados. Recuerdo una vez más el artículo que en uno de los
primeros números de Combate, a principios del año 1956, escribió Martínez
Zuviría para nosotros, que se titula «Frutos Podridos de la Democracia», donde
anuncia que cualquier día Perón volverá a ser ungido por las urnas. Si
resucitara Martínez Zuviría, tendría él también una triste satisfacción moral.
Satisfacción moral por constatación de la realidad, y triste por las
consecuencias que representan para la Patria.
También
debo confesar el fracaso de nuestros empeños para suscitar una reacción frente
a este hecho inexorable, frente a un hecho que cualquier persona de sentido
común que abriera los ojos a la realidad podía ver. Porque aquí no se trata de
una profecía, era una cosa evidente, desde el primer día. Tan evidente que en
aquella oportunidad, quince días antes de que lo desalojaran al General
Lonardi, publicamos un folletito, que se titula «La Masonería y el Comunismo en
la Revolución de 16 de septiembre», en el cual todo esto que está pasando, está
en cierto modo anunciado, y eso que acababa de ser derribado Perón. Ni siquiera
la experiencia del año '30, en que también se produjo el derrocamiento por un
movimiento militar del Presidente Yrigoyen, se invocó lo mismo que en 1955, no
se invocó a Cristo como el verdadero vencedor de Perón, sino que se invocó la
voluntad del pueblo. El General Uriburu, vamos a suponer en un alarde de
ingenuidad o de candidez inexcusable en un jefe superior, llamó a elecciones
seis meses después de la caída de Yrigoyen, en la provincia de Buenos Aires, e
Yrigoyen robó las elecciones, porque la gran mayoría del pueblo argentino o
mejor dicho de la masa argentina, era entonces yrigoyenista, como es ahora
peronista, y como era en 1955. Nunca dejó de serlo. Lo único que no era
peronista en 1955, y tampoco en 1945, era la juventud universitaria, porque la
juventud universitaria reformista, mal asesorada por los dirigentes comunistas
de la época, a pesar de que Perón les entregó todas las universidades y todos
los institutos superiores, entre ellos el que yo dirigía, lo repudiaron a Perón,
en 1945. No acertó la conducción oficial del comunismo, me refiero a los
Giorgi, los Codovilla, no acertaron en comprender el ascendiente que ya había
obtenido el entonces Coronel Perón sobre las masas obreras del país. Y como era
militar, la respuesta que dieron los reformistas, es decir los marxistes de la
universidad, fue repudiar a Perón y unirse a los partidos radical, socialista,
etc., junto con los comunistas. Eso impidió que se produjera la fusión entre la
masa universitaria y la masa obrera, y se vivió en un permanente conflicto
entre esas dos fuerzas durante los diez años que duró la primera época del
peronismo. En cambio, nosotros nos encontramos ahora con una situación
distinta. Desde hace unos años, y podríamos fijar la fecha por la revolución
llamada Argentina, del año 1966, y la intervención de las universidades, se
inicia un movimiento dentro de la universidad, en el cual los elementos
marxistas, ya no hablan el lenguaje nítido del marxismo, sino que hablan el
lenguaje peronista. ¿Por qué razón?, porque en la misma forma que Rodolfo
Puiggrós, actual interventor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, en el
año cincuenta y tres cambió de táctica, y se hizo peronista, manteniéndose
comunista; en la misma forma, la juventud comunista de la universidad, en todo
el país, desde unos años a esta parce, se viene moviendo y actuando a la sombra
del peronismo, cumpliendo como tantas veces he repetido, la consigna de Lenín,
allí donde está la masa, allí tiene que estar el comunismo. ¿Dónde está la masa
argentina?, en el peronismo, luego el comunismo tiene que estar allí. El que no
entiende esto, no entiende absolutamente nada de cómo se puede producir en una
juventud estudiantil, que no ha conocido a Perón, ese entusiasmo, ese fervor,
cómo puede haber esa entrega a un desconocido, distante. No puede ser ni
siquiera por contagio afectivo. Es simplemente un cambio de táctica de la
acción comunista, nada más que eso. Además ocurrió otro hecho. Con motivo de
combatir a un enemigo común, que era el gobierno militar que terminó el
veinticinco de mayo, se produjo la unión de organizaciones clandestinas, tanto
peronistas como comunistas. Lucharon juntos como Chiang Kai Shek y Mao Tsé Tung
contra Japón en la última guerra mundial. Terminó la guerra, y al poco tiempo,
Chiang Kai Shek, quedaba reducido y desterrado, a la insignificante isla de
Formosa, donde todavía está. Y la inmensa China, la fabulosa China, el país más
grande del mundo, y más poblado del mundo, quedó en manos de Mao Tsé Tung.
Porque el terror bolchevique, un socio, un compañero de ruta, que una vez que
has transitado con él, el final, hasta la fecha, menos en España, ha sido uno
solo: ellos se han quedado con todo, sobre todo se han quedado con el poder.
Cuando, en febrero de 1917, se instaura la República Democrática de Kerensky,
en substitución del gobierno de los Zares, cuya caída no fue provocada por los
mencheviques sino por lo bolcheviques, o sea, ni por los socialdemócratas ni
por los socialrevolucionarios, sino que fue provocada por la traición de los
altos mandos, como ya hemos expuesto. Cuando los altos mandos del Ejercito Ruso
en guerra, pudieron aislar al Zar en medio del desierto, y aislado de sus
soldados que estaban combatiendo en el frente y de su pueblo, lo obligaron a
abdicar. Abdicó a favor del hermano como ya les dije, no se pudo sostener en
Petrogrado, y entonces se instala la República sobre la base de los soviets, o
sea de los consejos de obreros, campesinos y soldados. Los bolcheviques, eran
una minoría insignificante frente a los mencheviques, como serían ahora los
comunistas respecto de los peronistas, eran un número insignificante. Y para
colmo, los jefes de los bolcheviques no estaban en Rusia. Lenín con otros
estaba en Suiza, y Trotzky estaba en Nueva York. El Estado Mayor Alemán, para
eliminar al frente ruso, y evitar la guerra en dos frentes, le otorgó a Lenín
un tren blindado, con el cual atravesó toda Alemania hasta la frontera con
Rusia, y de allí se dirigió hacia Petrogrado. A su vez Trotzky pudo llegar
desde Nueva York a Petrogrado, cargadas las alforjas con grandes sumas de
dinero, que la plutocracia internacional, la banca de Kuhn y Loeb, y Jacobo
Schiff, había puesto en sus manos para financiar la revolución. Es decir, que
apenas proclamada la República de Kerensky, aparece esta minoría bolchevique,
férreamente organizada; aparece allí en San Petersburgo, como quien dijera en
Córdoba, en la Argentina, y se instala, se infiltra en los soviets. Y fíjense
bien, produce lo que está produciendo en este momento en la República
Argentina. No da tregua, ni un solo día, ni ima sola semana, ni un mes. Empieza
a actuar, a golpear desde el primer momento, con un éxito tal que en un mes
puede lanzar Lenín las Tesis de Abril, cuya consigna suprema es, todo el poder
a los soviets, abril de 1917. En julio ya hace el Partido Bolchevique el Primer
Congreso Nacional, con un registro de doscientos cuarenta mil adherentes en un
país de ciento cuarenta millones de habitantes, es decir, una gota en el mar. A
fines de octubre, fíjense las fechas, el terror bolchevique produce el asalto
en las dos ciudades principales de Rusia, como quien dijera en el Gran Buenos
Aires y en Córdoba, Moscú y Petrogrado, y toman el poder. ¿Por qué?, porque lo
que hay de ejército en Petrogrado y en Moscú, son los reclutas que se están
movilizando, que se están preparando para acudir al frente, donde están los
cuadros reales, los cuadros verdaderos de los Ejércitos Rusos, comenzando por
la Guardia Imperial. Esos reclutas, en esas grandes ciudades, eran como aquí,
estudiantes universitarios y obreros, la mayoría de ellos contaminados o
tomados por el socialismo revolucionario, por eso se sumaron los soldados a los
obreros, a los campesinos, tomaron el poder en los dos centros vitales de la
inmensa Rusia. Esto fue en octubre y noviembre de 1917. En febrero de 1918,
dominaban casi toda Rusia y cuando después de la paz de BrestLivostk, en que se
cumplió el objetivo alemán, los ejércitos rusos desmovilizados, el traidor
Alexeiev, el que entregó a su Zar, porque el Zar no cayó por el poder de los
revolucionarios sino por la traición del jefe más próximo y de mayor confianza,
su Jefe de Estado Mayor General. Con la complicidad de los altos mandos,
Alexeiev al ver que la República de Kerensky, se había evaporado, y que se imponía
el terror bolchevique, el comunismo en toda Rusia, entonces se pone él al
frente de los ejércitos desmovilizados, los ejércitos rusos blancos, para
combatir a Lenín y a Trotzky, organizador del ejército rojo. Pero no para
restablecer la institución que había hecho la grandeza de Rusia, que era la
monarquía, sino para restablecer la república democrática, que le había abierto
el camino al terror bolchevique. Fracasan los sucesivos jefes, después de
Alexeiev vino Kormiloff, fracasa también, y entonces al final la oficialidad se
aferra a un gran jefe zarista, general Bangref. Pero acá viene la segunda
traición: las potencias democráticas, liberales, vencedoras de la Primera
Guerra Mundial: Francia, Inglaterra, Estados Unidos, abandonan a los rusos
blancos, para permitir la consolidación del poder bolchevique en toda la
inmensa Rusia. Así triunfó el comunismo en Rusia, no por su fuerza, no por su
decisión, aunque fueron decididos hasta la muerte sus activistas. Triunfó en
primer término por la traición de los altos mandos, de las fuerzas armadas
rusas, y en segundo término, por la traición de las potencias occidentales que
favorecieron, que permitieron la consolidación del poder bolchevique en Rusia.
Porque estas dos cosas hay que tenerlas en cuenta para comprender además que la
plutocracia y el comunismo, son dos caras de la misma moneda, no son dos cosas
que se contraponen, son dos cosas solidarias entre sí. El comunismo es el
instrumento ideológico del poder del dinero. Eso que en el Apocalipsis se denomina
«Reino del Anticristo», anunciado también por los Evangelistas, en los cuatro Evangelios, es el que estamos
viviendo ya. Las etapas de su consolidación a nivel mundial, podrán durar más o
menos, pero ya estamos viviendo nosotros en ese reino, y finalmente será
arrasado y vencido por el vencedor del pecado y de la muerte que es Nuestro
Señor Jesucristo; ese reino, nunca se hubiera podido consolidar por la fuerza
de los enemigos. Siempre sus avances, sus progresos, su ascensión al poder, es
siempre la obra de la traición interna, en la misma forma -porque la historia
es lo que se repite- como Judas es el entregador de Jesús, y no hay que olvidar
que en los Evangelios, en la Palabra, Vida, Pasión, y Muerte de Nuestro Señor
Jesucristo, el camino que Él recorre se da porque Él lo acepta recorrer. El
camino que Él recorre como hombre, hasta su muerte, es un camino no solamente
para rescatarnos a nosotros del pecado, para satisfacer Él la justicia de Dios,
sino que Él deja una lección, una enseñanza, un ejemplo, una instrucción para
todos los hombres de todos los tiempos, que lógicamente, como tiene que
participar activamente en su Redención, incorporándose digamos así, haciendo de
su sacrificio algo que derrama, o que vuelca, o que suma al Sacrificio de
Nuestro Señor Jesucristo. Entonces todos los pasos de Cristo, como todas sus
palabras, comportan una lección, y un magisterio, camino que nosotros tenemos
que seguir, la Verdad que nosotros tenemos que proclamar, y la vida que
nosotros tenemos que vivir, para vencer a la muerte. En esa primera Iglesia,
que se lo anuncia, justamente al discípulo que lo besa, Él le dice que lo va a
entregar. El entregador no es uno de afuera, y tampoco un insignificante, uno
de tantos; es uno de los doce discípulos, uno de los doce elegidos por Él. Esto
hay que tenerlo presente, porque esa historia se repite siempre, y se ha
repetido ahora también aquí. Acerca de lo que pasa en la conciencia de los
hombres, de las intenciones, yo no soy juez, ni puedo, ni debo serlo, ni me
atrevo tampoco a juzgar, porque ese es asunto de Dios. De manera que yo no
juzgo acá intenciones, por qué se han hecho las cosas, lo saben los que las han
hecho, si es que lo saben, y lo sabe sobre todo, Dios. Pero sí debo considerar
los resultados. Porque ahora, salvo que Dios disponga otra cosa, es evidente
que vamos hacia la guerra civil. Esta paz social que se esperaba de este
proceso de institucionalización, basta simplemente seguir los hechos que han
ocurrido desde el viernes pasado hasta hoy, que son apenas seis días, para
darse cuenta de lo que se configura en el futuro inmediato. Basta leer incluso
los documentos, tener presentes los actos que se han producido. A mí lo que más
me ha dolido, lo que realmente me entristece, es el triste, lamentable papel
que han hecho nuestras Fuerzas Armadas el veinticinco de mayo. Cuando yo he
visto, en parte con mis ojos, y luego he leído y escuchado, que los hombres de
las tres armas, que habían acudido ahí para desfilar, que en la ceremonia
realizada en el Comando en Jefe, presidida por el Teniente General Lanusse con
otros generales, nuestros soldados han sido agredidos, escupidos, insultados, y
no ha habido una reacción viril, eso es espantoso, eso es lo que yo no puedo ni
siquiera concebir. ¡Qué grado de desarme moral!, para llegar a semejante
situación. Jefes escupidos, ni siquiera golpeados, ni siquiera heridos,
escupidos, que no han sido capaces de matar y de morir; no se concibe eso.
Cuando me dicen que en el Canal 11 proyectaban al grupo de la Escuela de
Mecánica, con los oficiales de levita retrocediendo con las bayonetas caladas
ante la multitud que los apedreaba, no lo concibo yo. Ustedes se dan cuenta de
que si hubiera habido un soldado, uno sólo, cambia la historia del país ese
día. Pero hubiera tenido acaso que ofrecer su vida, y la de los hombres que
iban con él, porque la misión del soldado es prepararse para morir y llevar a
otros hombres a la muerte. Y si no hay esa disposición, entonces estamos
frente, no a una fuerza que puede ser derrotada en combate, sino a una fuerza
que está derrotada ya, que está autoaniquilada, que ha declarado su
inexistencia. Esos son los hechos, yo me refiero a los hechos. Ese día, no solo
fueron derrotadas de este modo oprobioso las armas de la Patria, sino que ese
día también fue derrotado el nuevo gobierno y sometido. Porque yo les pregunto
a ustedes, para esta liberación de los terroristas, de los asesinos de los
camaradas de esos militares, de los asesinos de la gente del orden, matados
casi todos no en combate sino acribillados a mansalva, en operaciones
sorpresivas, yo pregunto por qué razón no esperaron veinticuatro horas, por qué
los terroristas no esperaron siquiera que fuera firmado un indulto, por qué
asaltaron las cárceles y sacaron de allí a los llamados presos políticos, por
qué lo hicieron. Para documentar el sometimiento de las nuevas autoridades a su
control. Esto es un hecho claro para cualquier persona, esto no se discute. Si
realmente las autoridades que recién asumían el cargo, tuvieran autoridad,
habrían al menos respetado esa Constitución que acaban de jurar. Acababan de
jurar la Constitución para cumplirla y hacerla cumplir, y los tres poderes de
la Nación, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, fueron completamente
desconocidos y pisoteados en esa noche. Porque los presos salieron simplemente
por el clamor de la gente. Alguien me decía «pero también el director de la
cárcel abandonó la cárcel» bueno, pedirle a él que fuera un héroe, y se hiciera
matar él, matando, es una estupidez. ¿Quién lo apoyaba a él?, ¿las Fuerzas
Armadas?, ¿el gobierno recién constituido? El hombre se fue, porque
lógicamente, esa fuerza, esos miles de jóvenes que se presentaron allí en Villa
Devoto, eran los dueños de la situación y los dueños del país, y así lo
demostraron. ¿No vieron ustedes por televisión quién ocupaba la primera fila,
la vanguardia?, ¿quiénes estaban delante de los balcones de la Casa Rosada?
Nunca mas rosada de vergüenza que ese día. ¿Quiénes eran los que estaban ahí
adelante, en el lugar donde tenían que desfilar las tropas? Usted no veía nada
más que carteles que decían Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias,
F.A.P., y banderas inclusive con la estrella roja. Es decir, ellos coparon el
día, la situación, y han seguido operando, siguen actuando. Ayer lia sido la
celebración del cordobazo, más todavía, se hizo algo inaudito en el orden
internacional, había tres presidentes en la Argentina, y al Presidente del
Uruguay, a este señor Bordaberry, lo dejaron abandonado en el Congreso. Nunca
pudo llegar a la Casa de Gobierno. Y en el Salón Blanco, los únicos que estaban
eran los presidentes comunistas de América del Sur. Es decir, de América,
porque América Central es Cuba. De América Latina. Y los que firmaron el Acta,
los que fueron aclamados, en un acto que daba pavor. Me decía un sacerdote
ortodoxo de los países ocupados por el comunismo, ¡qué cosa tremenda, la
vulgaridad, la tremenda realidad. Ni una nota estética, ni una nota de dignidad
en todo lo que se vio ayer, todo de una grosería infinita, de una plebeyez total,
nunca nada más ordinario! Recuerden la profecía del Cardenal Newman, «llegará
un día que del fondo de las sociedades, irrumpirán multitudes descreídas y sin
arraigos, que serán el azote de Dios». Nosotros estamos bajo ese azote, e
indefensos, hasta el momento inermes. Es por eso que uno tiene que dar
testimonio, en la medida de sus fuerzas. La mayor imprudencia que uno puede
cometer es cuidar su persona y sus bienes, su vida. Perderla es lo menos que le
puede pasar. En el caso personal mío, ya me está sobrando la vida. Sí me
lamento por ustedes los jóvenes, porque vienen días sombríos para la Patria.
Sinceramente, si yo digo todo mi pensamiento, yo no puedo figurarme el futuro
inmediato, sino muy análogo a lo de España en 1936. Sería realmente providencial,
y sería para mí una cosa infinitamente grata poder decir, caramba, he
exagerado, me he equivocado, hemos visto cosas, o nos ha parecido que iban a
ocurrir cosas que al final no han ocurrido. Sería tremendo que de sobrevivir,
me dijeran, has tenido una triste satisfacción moral. Porque realmente lo que
se configura es pavoroso, y aquí ha pasado lo mismo que lo que pasó en Rusia,
cuando se iniciaba este proceso mundial del ascenso del comunismo al poder
político en todas las naciones del mundo. No ha sido la fuerza del enemigo, ni
de las multitudes, ni de las juventudes, ni de los terroristas, las que nos han
traído a esta situación, ha sido la entrega de los altos mandos. Se ha
entregado a las instituciones armadas, a la población, a la Patria, ¡inermes!, porque
las Fuerzas Armadas, nunca han estado más desarmadas que ahora. Y entonces,
ahora hay que disponemos, hay que preparase para soportar lo que Dios permita
que tengamos que soportar, porque en alguna medida todos somos responsables de
esto que ocurre, y más los que somos mayores.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
30-EL ORIGEN DE LOS VICIOS
Cuando
comenzaba esta historia, cuando comenzaba esto, hace treinta años
prácticamente, los hechos que se produjeron entonces, que determinaron el
primer advenimiento de Perón al gobierno, evidentemente fueron hechos, que a
pesar de la gravedad de los mismos, pudieron haber sido afrontados y superados
con dignidad, pero no fue posible. Porque pasó algo parecido a lo que está
pasando ahora, cundió el miedo. Y el miedo es siempre hijo de la ignorancia.
Sócrates
tenía razón. Así como toda virtud es una expresión o una manifestación de
sabiduría, todo vicio es una manifestación de ignorancia. En 1945, ¿qué es lo
que pasó?, ¿por qué la Argentina le declaró la guerra al Eje ya vencido?. Es el
acto mas ignominioso de nuestra historia. Simplemente porque cundió el miedo. Y
el que encabezó ese acto, con una sonrisa fotogénica, que fue Perón, trajo un
alivio a todo el pueblo: nos admitía en el carro de los vencedores del mundo,
como furgón de cola. Pero el precio que había que pagar es el precio del
sometimiento que tenemos y continuaremos teniendo. Porque ninguna persona
razonable, de sentido común, me va a decir a mí, que se ha puesto a presidir la
economía y las finanzas de la Nación, a un banquero nacido en Varsovia, para
liberar a la Patria de los argentinos. Razonablemente nadie puede pensar eso.
Ni siquiera se lo ha puesto atrás para dirigir, se lo ha puesto adelante, para
que no haya ninguna duda. Y para los que crean que se va a combatir al
bolchevismo en la universidad, lean la biografía de Rodolfo Puiggrós, interventor
de la Universidad Nacional de Buenos Aires, y comprenderán entonces cuál es la
realidad. El verdadero centro vital de nuestro país está en la universidad. El
otro día decíamos una cosa, comentando las palabras del Padre Petit de Murat,
¿recuerdan ustedes aquélla expresión en la cual este santo varón que además era
un verdadero sabio, decía? hablaba de la relación que hay entre la universidad
y el Estado. Y decía que en un sentido, en orden al bien común, la universidad
estaba subordinada al Estado. Pero en orden a la verdad, el Estado está
subordinado a la universidad, como la prudencia, que es la virtud política está
subordinada a la sabiduría divina y humana. Y el lugar del ocio contemplativo,
el lugar donde se cultiva la sabiduría divina y humana, el lugar propio es la
Universidad, aún cuando ya hace mucho tiempo que en las universidades, incluso
en las privadas, la sabiduría divina no se cultiva ya, y tampoco la sabiduría
humana. Porque, como decía alguien en el siglo pasado, la Universidad se ha ido
desaristotelizando. ¿Qué significa que la Universidad se ha ido desaristotelizando?.
Significa que en la Universidad ya no se cultiva más la universidad del saber
ni del saber divino, teológico, ni del saber humano, metaíísico. Hay sí
facultades de filosofía, se estudia filosofía, se estudia historia de la
filosofía, se estudia el problema del conocimiento, se estudia el problema de
los valores, se hace historia de la filosofía, se cultivan las comentes
actuales, y a veces se lee un poco a los antiguos. Pero si hay algo real, es
que nosotros hemos dejado de ser un pueblo más que todo y sobre todo porque la
educación de las generaciones argentinas, es una educación sin teología ni
metafísica. La servidumbre de la mente, que se traduce luego en servidumbre del
corazón, y servidumbre en la conducta, lo mismo en el plano nacional que en el
plano internacional, es una consecuencia de haber mutilado, de haber disminuido
las verdades. Nuestras universidades son conjuntos de facultades, son conjuntos
de colegios superiores donde se estudian distintas carreras, distintas
especialidades. Inclusive la especialidad de filosofía, que en general la
estudia muy poca gente, y lo que hace es acumular el conocimiento filosófico,
pero no estudiar filosofía. Tiene razón lo que decía Péguy, la filosofía no va
a las clases de filosofía. Porque la filosofía no es una suma de conocimientos,
como puede ser una ciencia empírica que es una suma de conocimientos de hechos.
No es tampoco como la matemática, una capacidad de demostración, un poder
analítico, pero aplicado a esa cosa vacía de substancia que es la cantidad, que
es el número. El número es una cosa vacía, vacía de substancia. Por eso el
número se aplica lo mismo a zapatos, que a paredes, que a muebles, que a
individuos, que a cualquier cosa. El número es la cantidad indiferente. Se
cultivan esas ciencias, se cultivan las técnicas, se cultiva todo lo que
pertenece al plano de la experimentación. ¿Qué puedes experimentar?,
experimentar con cosas, o con animales irracionales. A veces también se
experimenta con el hombre, con el hombre interior, que es una cosa
inexperimentable, como es también una cosa incalculable. Porque uno puede medir
todos los fenómenos que son espaciales, que tienen dimensión exterior. Pero uno
no puede medir lo que sólo tiene cabida y valor como son las manifestaciones
reales de la vida interior. Uno dice, un dolor más grande o un dolor más chico,
porque lógicamente en forma metafórica aplica el lenguaje hecho sobre el mundo
exterior a las cosas interiores. Pero no es que el dolor sea una cosa que se
agranda o una cosa que se achica Es simplemente algo que abarca, que penetra,
que impregna todo el ser, de un modo más pleno o menos pleno. El dolor no lo
puedes poner sobre la mesa como pones aquí este vaso con agua. Y no lo puedes
tratar el valor como sensación, como vivencia, como tratas al agua: la puedes
analizar, la puedes descomponer en hidrógeno y oxígeno, volver otra vez al
agua. El dolor es una cosa que la vive el que lo experimenta, y lo hace suyo con
una vivencia distinta el que compadece, el que comparte. No el mismo, porque un
dolor físico tú no lo puedes compartir. Si te duelen las muelas, te duelen a ti
y a ningún otro. El otro se puede compadecer por ese dolor, pero no lo puede
hacer suyo. Aunque quiera, no lo puede hacer suyo, porque el dolor es una cosa,
sobre todo el dolor físico, es una cosa aislante, individual. ¿Qué se estudia?,
¿dónde se estudian las cosas del alma y las cosas de Dios?. Hay toda una
carrera de Psicología, en todas las Universidades. El único objeto ausente es
el alma. No la encuentras por ninguna parte. Abran los libros de Psicología, el
único ausente es el alma. O es reflexología (los reflejos sean simples o
condicionados, son las manifestaciones más automatizadas y más linderas de la
vida corporal), o es psicoanálisis, que significa la radical subversión de
hacer de los dinamismos elementales, y principalmente del dinamismo sexual,
como si fuera la causa y el fin de toda la existencia humana. O es una
psicología experimental, a base de cuestionarios y de tests, y a veces con
aparatos que te quieren medir los sentimientos. Me acuerdo en mi facultad de
filosofía, todavía subsistente ahí como universidad en la calle Viamonte 420,
funcionaba el laboratorio de Psicología Experimental en el sótano. Y había un
gaucho que estaba allí, un criollo que estaba de ayudante, de ayudante
preparador. Y era un hombre que en realidad sabía mucho de caballos y del lazo
y de todo eso, y él tenía en eso una verdadera sabiduría, más que una habilidad.
Y el hombre estaba allí, se ganaba el pan en ese sitio, y hacía muchos años,
entonces había visto muchas cosas. Y había notado lo siguiente: que había un
aparato de una sensibilidad exquisita. Era para medir y registrar las
emociones. Pero resulta que la aguja del aparato se movía en el cuadrante lo
mismo cuando se movía el piso que cuando usted tenía una convulsión producida
por una impresión o por un impacto emocional. Entonces el criollo hacía este
razonamiento: si la aguja se mueve en el cuadrante lo mismo cuando se mueve el
piso que cuando uno tiene un sacudimiento corporal por causa de una sensación o
de una emoción que uno experimenta o le hacen experimentar haciéndole un ruido
grande o encendiéndole una luz de gran intensidad, entonces quiere decir que
ese aparato no tiene absolutamente nada que ver con lo que pasa en el alma del
hombre. Yo les pregunto a ustedes, que todos han hecho estudios, ¿qué se
estudia del alma, imagen y semejanza de Dios, y cómo puedes estudiar
humanamente, con esa limitada razón humana, si no la estudias, si no estudias
al original en la imagen, y si no te ayuda la Revelación, lo que la Fe te
enseña acerca de las cosas de Dios y de las cosas del hombre con relación a
Dios?. Es este sometimiento en el que estamos, este avance del terror sobre la
Patria que significa la humillación más extrema de la persona humana, el
imperio del terror. Cuando el miedo se va adueñando de la gente, cuando ya no
se puede hablar en alta voz, cuando la gente entra en una oficina, y también cuando
está en una sala de profesores, y de repente entra alguien y todos se callan,
porque ya no se pueden comunicar lo que piensan, ¡qué avance del terror!, que
incluso lo llaman liberación nacional a ese avance del terror, que te enmudece,
que te hace cerrar los ojos, que te impide moverte. Eso es la consecuencia de
algo que ha comenzado en la inteligencia. Porque la inteligencia es lo que Dios
le ha dado al hombre como imagen suya, como reflejo suyo, como presencia suya
de un modo eminente. El alma es algo de Dios, directamente de Dios; todas las
cosas son de Dios, pero el alma particularmente, porque Él la hace para cada
uno de nosotros, a su imagen y semejanza. Yo pregunto, ¿qué se estudia de esa
alma y de ese Dios, qué se estudia de ese Cristo, y qué se vive de Él, aunque
se lo esté invocando constantemente? Porque uno tiene que preguntarse eso, cómo
la gente invoca a Cristo, la Soberanía de Cristo, y luego se arrodilla ante la
soberanía popular. Y el mismo que recibe a Cristo en la Eucaristía, se arrodilla
ante el poder del mundo, del número. El poder del número, es el poder que la
multitud reflejó frente a Cristo y a Barrabás. Nunca será otra cosa la
soberanía popular que eso. Hasta Pilatos, pobre Pilatos, en un esfuerzo supremo
para salvar a Cristo, porque el veía que era inocente; no lo podía entender, él
era un pagano, era un romano, y además en dependencia del César, pero se dió
cuenta de que Cristo era inocente. Entonces él hizo lo definitivo para
salvarlo, y hasta él fue crédulo, hasta él creyó que la multitud era capaz de
orientarse en la dirección de lo mejor. Y dijo, si yo le pongo a la multitud,
ésta que pide la crucifixión, tomo al criminal más criminal y más conocido de
Jerusalén que es Barrabás, como estamos en la Pascua, y hay una opción de liberar
a un condenado, lo pongo a Cristo que es inocente, y a éste que es el criminal,
seguro que votan por Cristo, por la liberación de Cristo. El hizo el ensayo. No
me van a negar que fue un ensayo democrático puro, que fue tina apelación al
sufragio universal. Puso la inocencia, la inocencia aplaudida y celebrada cinco
días antes, esto ocurrió un viernes como el 25 de mayo, cinco días antes, el
domingo, entró Cristo en Jerusalén aclamado por la multitud, y cinco días
después la multitud pedía su cabeza. Entonces él hizo un esfuerzo supremo,
nadie ha medido nunca el esfuerzo de Pilatos. Dicen que se lavó las manos, era
una costumbre que se lavase las manos. Al final es cierto que él cedió también.
¿Pero le vamos a pedir a él el martirio?, cuando los discípulos estaban todos
escondidos, le vamos a pedir a Pilatos que era un pagano, que fuera al
sacrificio por Cristo cuando los discípulos estaban todos escondidos menos el
pobre Juan que de tanta vergüenza que tenía de que las mujeres estuvieran
presentes donde tenían que estar, el hombre se quedó, por eso estaba al pie de
la Cruz. Pero, ¿qué pasó en ese plebiscito?, ¿cuántos votos tuvo Cristo?, ni
uno, ni uno sólo, porque si no estaría registrado. Ustedes se dan cuenta de que
si alguien hubiera votado por él, los evangelistas, que son los testigos, lo
habrían registrado. Cristo no tuvo un solo voto, y la multitud clamó por la
liberación de Barrabás y la crucifixión de Cristo. Esos son los frutos podridos
de la democracia, del número. Lo mismo ocurrió entonces que ocurre ahora, pero
vuelvo a repetirles, no es el poder del número el que decide, es la traición de
los responsables, en este caso los altos mandos. Esos son los que entregan a
sus propios camaradas al matadero. Ustedes se dan cuenta, que se haya permitido
la liberación de los asesinos del General Sánchez. ¿Y qué han dicho esos
señores cuando los pusieron en libertad?, salimos en libertad para volver a la
lucha. Yo, perdónenme que hable de este modo, pero no podría hacerlo de otra
manera. Hablaremos siempre como si fuera la última vez. Dios quiera que podamos
continuar reuniéndonos todavía. Se producen estos hechos, se multiplican estos
hechos. Y hay algo que a mí me espanta más que estos crímenes, y es la absoluta
falta de solidaridad que existe en la comunidad y en los cuerpos militares,
para estos cantaradas arrasados. Decía Solón, como he recordado otras veces,
«sabemos que existe justicia en una ciudad!, cuando aquéllos que no son
víctimas de una injusticia que se hace a otros, la sienten y la viven como si
se les hubiera hecho a ellos». Los argentinos siguen viviendo como si no pasara
nada. El mismo día, o al día siguiente que fue abolida la pena de muerte, que
no se aplicó nunca, asesinaron por la espalda al Almirante Beriso. No ha habido
represión, es en lo único que no dicen la verdad los medios. Ha habido una cosa
que se puede llamar como ustedes quieran, claudicación o complicidad. La
doctrina sobre cómo enfrentar al terror, no se ha hecho
nunca.
Y no he escuchado ninguna voz, todavía, una voz pública, responsable que
expusiera esa doctrina. ¿Pero qué le pasa a la criatura cuando es apartado de
Dios? Queda volcado hacia donde, hacia la nada, que es lo único que la criatura
posee como cosa realmente suya, la nada. Porque todo entero lo que es y tiene,
lo ha recibido del Creador. Por eso, esa justicia divina, cómo se traduce, se
traduce en la muerte, se traduce en el sufrimiento, se traduce en la
proclividad a la ignorancia y al mal. Esa es la justicia de Dios. Ahora claro,
Dios perdonó al hombre, y lo perdonó por una razón, creo yo.
