domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-31-CRISTIANISMO O SOCIALISMO/ 32 EL BIEN DE LA AMISTAD


ASALTO TERRORISTA AL PODER
Por: Jordán Bruno Genta

JUEVES 7 DE JUNIO DE 1973
31-CRISTIANISMO O SOCIALISMO

No existe en realidad una diferencia sustancial, esencial entre el capitalismo liberal, o la plutocracia, y el comunismo, socialismo, que necesariamente es marxismo, porque no hay hoy otro, no puede haber otro sentido del socialismo que no sea el marxismo. Lo hemos repetido mil veces, el comunismo y la plutocracia son las dos caras de la misma moneda falsa. Porque si hay una cosa cierta en el mundo de hoy, es eso que nos recuerda Cristo en el sermón de la montaña, no se pueden tener dos señores, o vuestro señor, es el verdadero Dios, o son las riquezas de este mundo. Personificadas claro está en este dinero, en el oro, que es digamos, el valor universal de cambio. Y esa situación, esa instancia hoy se da con caracteres radicales, y eso explica que todas las economías socialistas del mundo, estén sostenidas, impulsadas y promovidas, por los grandes consorcios plutocráticos del mundo. Ustedes tomen cualquier gran empresa plutocrática, capitalista, pongamos a Fiat, lo mismo está en la Argentina, que en Brasil, que en Italia, que en la Unión Soviética. Nadie me va a decir a mí, que los grandes poderes multinacionales, que están en el mundo entero, lo mismo en el mundo comunista que en el mundo capitalista, están actuando, en lugares donde hay una disidencia radical con ellos. Si la plutocracia actúa en el mundo comunista lo mismo que en el llamado mundo Ubre, es porque el negocio es idéntico en uno y en otro lugar, porque la especulación es idéntica en uno y en otro lugar, si no, habría exclusión, y habría enfrentamiento, y no podría haber coincidencia. Este es un punto que hay que tenerlo muy presente para darnos cuenta de que no existe más oposición en el mundo que la que configura la plutocracia junto con el comunismo que es su instrumento ideológico, que es el instrumento para la reducción a la servidumbre de las naciones, a la servidumbre del poder del dinero, no hay más oposición que la de ese mundo y el mundo cristiano, o el sentido cristiano de la vida. Por eso la gran farsa del Tercer Mundo. El Tercer Mundo es un engaño, una ficción, es un invento diabólico, porque pretende aparecer como una tercera posición frente a dos posiciones que se consideran enfrentadas y la una negación de la otra. No hay Tercer Mundo, porque no hay dos mundos, y luego un tercero, no hay dos planteos y dos soluciones, y luego una tercera. Hay una sola posición negativa que es el Anticristo, y una sola posición positiva que es Cristo. Y esa es la única antinomia que hay en el mundo, y que el propio Cristo expresó: el que no está conmigo, está contra Mi. Y contra Él está lo mismo el llamado mundo capitalista que el llamado mundo comunista. Por otra parte el fin, que es la principal de las causas, es el que establece la unidad de las cosas. En definitiva, tanto la democracia liberal, jacobina, capitalista, como el socialismo marxista confluyen hada el mismo fin, que es el nihilismo radical, que es la nada. Por eso no asombra la coincidencia de hombres geniales, aún cuando hubiese en ellos grandes errores, pero que tuvieron a fines del siglo pasado una visión realmente esclarecida de lo que iba a suceder en el siglo veinte. Fíjense que Nietzsche, tan poco y tan mal conocido, este famoso escritor alemán, que evidentemente murió loco, y fue hacia la demencia progresiva a través de un tremendo proceso de parálisis general progresiva en medio de esas obscuridades, tenia visiones realmente extraordinarias. Él es el que escribió estas palabras que tantas veces he repetido desde mis años mozos: «Sacrificar a Dios -decía, hace un siglo en 1871-, sacrificar a Dios en aras de la nada, este paradójico misterio de extrema crueldad, será la obra de las generaciones que van llegando, y todos nosotros estamos en el comienzo». Hace un siglo escribió estas palabras Nietzche, en su libro 'Más Allá del Bien y del Mal", en este título herede, escribió esta palabra verdadera, y al mismo tiempo, en la misma época, en su 'Diario de un Escritor", Dostoievsky deda, «la próxima revolución, que abarcará el mundo entero, comenzará con el ateísmo». Las cosas están a la vista. Por eso si nosotros queremos hablar de un planteo concreto de la realidad política argentina en este momento, el planteo es ése. El socialismo, y el cristianismo. Que el socialismo se llama nacional, es un modus dicendi. El socialismo es lo mismo en todas partes del mundo, y es siempre la figura del Anticristo. Porque es la masificación del hombre. Frente a eso no hay sino el Cristianismo. Entonces nosotros no estamos frente a una oposición entre capitalismo liberal y socialismo, sino frente a una oposición entre ese llamado socialismo que hoy se preconiza como solución nacional, y el Cristianismo. En estos días, para confortar mi espíritu, he estado leyendo un libro sobre una figura realmente ejemplar, una personalidad de este siglo, poco conocida entre nosotros, que fue la figura de Cornelio Codieanu, el fundador de la Legión de San Miguel Arcángel, después Guandia de Hierro, después del Movimiento Todo Por La Patria, en Rumania, después de la Primera Guerra Mundial, hasta el fin de la Segunda, aunque él fue asesinado en el año 1937 oficialmente. El acaudilló un movimiento en Rumania, que es en definitiva una nación latina y romana, como somos nosotros. Rumania es un acontecimiento en el mundo, porque allá en el extremo oriental de Europa, se ha desenvuelto este país antiguo, de estirpe tan antigua, los antiguos dados, habitantes de la Irada, y de la Dada en los tiempos de la Antigua Greda. Esta nación rumana que se ha sostenido a lo largo de los tiempos, a pesar de haber sido punto de encuentro y de invasiones interminables desde todos los ángulos, ha mantenido su unidad. Recién ahora a través del genocidio, y quizá logrando el traslado de las pobladones de provindas enteras realizadas por la Unión Soviética, se está intentando quebrar la unidad de esta nación.
Bueno, para que ustedes tengan una idea de lo que era el pensamiento de Codreanu, es menester leer simplemente, una de sus posiciones, para que vean hasta que punto, nosotros católicos, nacionalistas, enamorados de todo lo que es orden y jerarquía, natural y espiritual, tenemos que sentirnos próximos a este pensamiento, de Codreanu. Ya nada mejor que este momento, en que nos vamos acercando verdaderamente hacia una tragedia nacional, que leer estas palabras, porque acaso en ellas está la fuerza que puede sostenernos. Dice así Codreanu: «Cristo ha resucitado, así resucitará también la justicia para el pueblo rumano. Mas para obtener esto, es necesario que sus hijos recorran el camino que recorrió Jesús. Es necesario que pongan sobres sus cabezas la corona de espinas, que suban al Gólgota de rodillas, con la cruz a cuestas, y se dejen crucificar. Legionarios, sed vosotros esos jóvenes. Quien renuncia a la tumba, renuncia a la resurrección». Más claro no puede ser este pensamiento. Precisamente para nosotros, el camino no es rememorar el Vía Crucis de Nuestro Señor hasta el Calvario, sino recorrerlo nosotros, y recorrerlo si es necesario, hasta el final, que es la Cruz. Y uno de los legionarios, el que era segundo de esa Legión Rumana, concurrió, cuando la Guerra Civil Española. Codreanu pensó que esa guerra que se había desencadenado en España era una guerra en que ellos estaban comprometidos, a pesar de que era una guerra que se libraba en el otro extremo de Europa. Pero esa guerra era una guerra suya, porque era una guerra de Cristo contra el Anticristo. No pudiendo dejar en ese momento en número importante su Patria, que los necesitaba perentoriamente, enviaron un pequeño grupo encabezado por una viejo general cargado de gloria de la Primera Guerra Mundial, y que llevaba entre los jóvenes al segundo de Codreanu, que era Ion Motza, que murió en la batalla de Majadahonda, en Castilla, junto con un compañero de él, Marín, de ese grupo de rumanos. Y Ion Motza dejó en su testamento estas palabras, «yo he entendido así el deber de mi vida, he amado a Cristo, y he ido feliz a la muerte por Él.
Cornelio: -se dirige a su jefe, a su caudillo, haz de nuestro -país una tierra bella como el sol, una nación moderna y respetada, temerosa de la Palabra de Dios. Yo muero dichoso por Cristo y por la Legión, no pido más recompensa que la victoria». Ustedes ven cual era el espíritu de esta Legión. Y un poco más, para ver hasta qué punto tiene que ver con nosotros, con el espíritu que nosotros alentamos y que ha alentado siempre nuestra cátedra: « y esta palabra, y esta vida -decía Codreanu de sus legionarios- vivir en la pobreza, y alejar de sí todo deseo de enriquecimiento». Esto no significa desprecio de los bienes materiales, sino no correr tras ellos. Lo mejor que yo he recibido en la vida, el obsequio más grande, y el que más me ha conmovido y me conmoverá siempre, fué lo que mis amigos escribieron en el año cuarenta y nueve, cuando se publicó el libro 'El Filosofo y los Sofistas", que me editó el Doctor Oscar Alcayaga, y que se lo dediqué a él como el hombre mil; porque él era el hombre mil, de mil hombres encontrarás uno, uno como ése. Los amigos me hicieron una cena, y en el pergamino que me obsequiaron, hay una palabra del Libro de la Sabiduría, que realmente sin ningún halago o vanagloria, es una definición de la vida de uno. «Dichoso es el varón que no corre tras el oro». La verdad es que yo nunca corrí tras el oro. Y esto es lo que dice la primera recomendación del legionario rumano. «Segundo, llevar una vida austera, en la cuál no quepan el lujo ni la opulencia. Rechazar todas las explotaciones que comporten una explotación del hombre por el hombre, esto es la tercera. Cuarto, sacrificarse permanentemente por la Patria. Quinto, defender con todas las fuerzas el movimiento legionario contra cualquiera que pretenda conducirlo por el camino de los compromisos o apartarlo de su elevada línea moral». Es decir, éste es digamos sumariamente, una síntesis de este pensamiento de la legión nacionalista rumana. Y ustedes se dan cuenta como todo este pensamiento político destinado a la restauración rumana, está centrado en Cristo, como tiene que estar sentado en nosotros argentinos la restauración de nuestra Patria. Fuera de Cristo no hay nada más que este abismo del socialismo, del populismo, del clasismo, hacia donde nos precipitamos rápidamente. El socialismo es necesariamente anticristiano. Y la razón de su raíz anticristiana, está en que el socialismo comporta el aniquilamiento de la persona humana, la resolución de la persona en la masa, en la uniformidad, en la nivelación, en el automatismo. Es verdad que existe en el mundo de hoy, lo que se llama incluso en la Iglesia (desgraciadamente se ha introducido esta palabra) «socialización». Pero es una palabra equívoca. Se llama equívoca toda palabra que admite significados contrapuestos entre sí. Cuando uno oye la palabra socialización o socialismo en el día de hoy, esa palabra no la puede usted de ninguna manera, separar de su uso marxista. Porque hay un movimiento que llena al mundo, que podríamos decir nosotros ha tenido su comienzo concreto histórico con la publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848, y este Manifiesto Comunista que ha servido de base a las sucesivas internacionales de trabajadores en el mundo, y que ha penetrado hondamente en la vida de la inteligencia y de la cultura, sobre todo en la Universidad en todas partes, inclusive desde hace cincuenta y cinco años en toda la América Latina, del movimiento surgido en la Universidad de Córdoba en 1948 que se llama la Reforma Universitaria, esa palabra socialismo, socialización, socialista, en fin, todas las palabras que están, con ese común denominador, están ligadas a esa base ideológica que es el marxismo. Es inútil que yo quiera hablar de un socialismo cristiano, de un socialismo nacional. El socialismo es siempre lo mismo. Ahora bien, ¿cuándo aparece en los documentos de la Iglesia Católica esta palabra? En realidad esta palabra fue introducida por primera vez en traducción castellana de la Encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII del año 1961. Es decir que hace diez años nada más, doce años, aparece por primera vez esta palabra, en un documento pontificio, con un sentido distinto del que la Iglesia había usado y condenado reiteradamente.
Porque lo mismo León XEH, que Pío X, que Pío XI, y Pío XII, habían condenado al socialismo, porque el socialismo lo identificaban con el marxismo, como por otra parte el uso de la palabra así lo impone. ¿Pero qué ocurrió?, que cuando se publica la Encíclica Mater et Magistra, en 1961, en la traducción castellana, aparece la palabra socialización. En el texto latino la palabra no existe, ni el equivalente tampoco, porque lo que dice el texto latino, es incremento de las relaciones de convivencia, incremento de las relaciones sociales. Dice Juan XXIII, que en los tiempos actuales hay un hecho que se destaca notoriamente, y es el incremento de las relaciones de convivencia entre los hombres. Es evidente que por causa del progreso científico y técnico por causa de los grandes incrementos de población, especialmente urbana; es evidente que por las condiciones del trabajo, la racionalización del trabajo, y de la producción, es evidente que todo esto ha traído como necesidad un aumento de las relaciones de convivencia entre los hombres. Nosotros asistimos necesariamente, a la creación de una serie de organismos, organizaciones, o de asociaciones, en las cuales los hombres satisfacen necesidades que no podrían satisfacer librados a sus solas fuerzas. Entonces tienen que asociarse. Por eso existe hoy, tan desarrollado lo que se llama la asistencia social, las mutuales, los seguros, los centros deportivos, todas formas de asociación, vinculadas a la sanidad, vinculadas a la educación, vinculadas a la profesión, y a todos los aspectos que tienen que ver con las necesidades no solamente materiales sino inclusive las necesidades intelectuales o espirituales de las personas. Pero ese incremento de las relaciones sociales, que se traduce con la palabra «socialización», y que es empleada también en el Concilio Vaticano II, por ejemplo en el documento sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, no tiene nada que ver con la palabra socialismo en el sentido marxista. Ahora, es evidente, que en la socialización, aún en este sentido en que la usa el Papa Juan XXIII o el Concilio Vaticano n, se refiere a un hecho real, y un hecho que además de real es inevitable. Las grandes concentraciones humanas, la cantidad de objetivos o de finalidades que el hombre no puede alcanzar por sí mismo o desde la familia, se realizan, se cumplen, se satisfacen a través de asociaciones, organismos, mutuales, cooperativas o cosas análogas. Y evidentemente siempre, esta socialización aún en este sentido tan claro, preciso, nítido a que me estoy refiriendo, tiene sus ventajas, porque al hombre le proporciona seguridad, pero tiene también sus peligros, porque es evidente que a medida que la vida se socializa en este sentido, se va así en alguna medida retaceando, diluyendo al área de la libertad personal y familiar. Se va reduciendo el fuero de la persona humana, de su libre iniciativa, de sus preferencias personales, se va desvaneciendo, dentro de formas asociadas, uniformes, de satisfacer las necesidades. Hay una ventaja en la seguridad que le proporciona al hombre; hay una desventaja en la restricción de su libertad personal. Voy a poner un caso concreto y fácil, al que ya me he referido algunas veces. En otro tiempo, en mis mocedades, no existía por ejemplo en el orden sanitario el tipo de medicina asistencia! que existe hoy, mutuales, etcétera. Las familias, aún las más modestas, tenían su médico. El médico era una persona de confianza plena, que en alguna medida participaba, mas allá digamos de las enfermedades ocasionales, participaba en la vida de la familia. Cuando se llamaba al médico de la familia, se llamaba a alguien que era la plenitud de la confianza. El vínculo de ese médico con las personas, con los enfermos, era un vínculo personal. Y evidentemente se establecía un tipo de relación, e inclusive un tipo de eficiencia, en el plano terapéutico, que si yo lo comparo con la asistencia mutual de hoy, hay una diferencia abismal. No es lo mismo que usted vaya, hablo de una buena mutual, donde lo atiende el médico que está de turno, que le corresponde, que un día es uno y otro día es otro, y que lo atiende a usted en una serie de treinta, pongamos. No me va a decir usted que se puede establecer ninguna clase de vínculo personal. Y yo les pregunto a ustedes si la acción del médico puede llegar a deshumanizarse a tal punto de ser una relación de cuerpos que pasan, son cuerpos que van pasando, y no una relación con las personas, porque no hay enfermedades, yo no soy médico y si hay algún médico presente que me disculpe, enfermedades no hay, hay enfermos, y los enfermos son personas, y las personas hay que tratarlas como personas. Y las enfermedades del cuerpo también tienen que ver con el alma en alguna medida. Algunas en más y otras en menor medida. Uno se da cuenta a través de esto que les acabo de decir, que si mañana la medicina se llegara a socializar sistemáticamente dentro de un régimen socialista, habrá desaparecido el cuidado de la persona, por el cuidado de los cuerpos. Habrá desaparecido inclusive el médico capaz de hacer un diagnóstico con sus dedos y con su oído y con su mirar, y con su diálogo, substituido por un equipo de aparatos que le van registrando toda una serie de cosas que evidentemente son muy exactas, pero no es lo mismo. Ustedes fíjense que incluso la socialización, entendida como incremento de las relaciones sociales, no afectada al problema de la propiedad de los medios de producción, sino entendida como incremento de las relaciones sociales, involucra con sus ventajas en orden a la seguridad, desventajas notorias, porque despersonaliza la asistencia de la persona humana. Y éste es un asunto realmente serio. Por eso estas asociaciones tienen que ser compensadas, compensadas de alguna manera. Es como ese trabajo que se hace en esas fábricas donde hay en una oficina mil personas que están tecleando una máquina. Usted si se pasa seis horas por día, aunque fueran seis y no ocho, tecleando de lunes a viernes, tecleando todo el año, no me va a decir que ese trabajo no deshumaniza, de suyo, aunque usted esté colaborando con ese trabajo a la realización de bienes materiales que son necesarios para el sustento de la comunidad. Ahora le ponen a usted música funcional, para darle compensación a un proceso de real y efectiva deshumanización que producen simplemente esas condiciones obligadas de trabajo. El problema es que la que sufre es la persona del hombre. Incluso esta socialización entendida como incremento de las relaciones sociales, hecho notorio e inevitable en el régimen de convivencia de nuestros días, repito, favorece la seguridad a costa de la libertad, sobre todo interior de la persona humana. Ahora bien, cuando yo traslado la socialización a los bienes de producción, aquí el asunto adquiere una gravedad particular. Cabe admitir, y dentro del orden cristiano cabe admitir perfectamente una propiedad privada socializada. Por ejemplo, un grupo de personas se asocia y aporta cada uno un capital, o unos un capital y otros su capacidad de trabajo, y forman una sociedad que lleva adelante una empresa, sea industrial, comercial, o de cualquier otro tipo. En este caso estamos frente a una propiedad privada socializada. Esto no afecta la vida de las personas, porque cada uno de los socios tiene una participación activa personal en la tarea común, en el objetivo común. Si ponemos el caso todavía más concreto y tan importante, y tan necesario de fomentar por ejemplo en un país como el nuestro el régimen de las cooperativas, también es una socialización de la propiedad privada. Un grupo de productores o de granjeros, de agricultores, resulta que no podrían cada uno por sí mismo comprar las máquinas tan costosas, tractores, trilladoras, cosechadoras, etcétera, entonces se reúne un grupo, y juntos pueden afrontar el problema de adquirir esas máquinas y usarlas sucesivamente unos y otros. Pero cada uno conserva dentro de esa cooperativa su personalidad, es dueño de lo suyo, es dueño de su aporte, es dueño de eso que constituye el lugar de trabajo, la economía familiar, de él y de los suyos. Ustedes ven que esta propiedad privada socializada, no sólo tiene su sentido y responde a necesidades actuales dentro del progreso de la ciencia y de las técnicas, y de los rendimientos que son necesarios alcanzar para lograr beneficios adecuados, y que sirvan para satisfacer las necesidades de la familia, incluso renovar los implementos de trabajo, etcétera, nadie va a discutir la licitud y la conveniencia de esta propiedad privada socializada a la que me estoy refiriendo. Pero, cuando el proceso de socialización de los medios de producción, se estatiza es decir, cuando el Estado se va convirtiendo él cada vez más en el propietario exclusivo, o en el propietario principal de los medios de producción. No hablo de intervención del Estado, porque el Estado tiene que estar siempre presente porque es el que vela por el bien común, e incluso se comprende que al lado de la propiedad privada debe existir la propiedad pública, porque hay renglones de la producción en una nación que no pueden dejarse en manos de particulares. Por ejemplo, yo en mi Patria no permitiría que el petróleo estuviera en manos de particulares, a lo sumo se puede admitir la empresa mixta, donde el Estado tiene la mayor parte de las acciones, y la dirección, entonces usted puede admitir la empresa, los propietarios privados digamos así, pero la propiedad pública se impone. Se impone además la intervención del Estado por ejemplo en el manejo del crédito. El crédito que es lo que más se presta para la especulación, no lo puede dejar usted librado a los particulares, así como la comercialización de las carnes no la puede dejar librada a los frigoríficos, extranjeros sobre todo, siendo además la principal fuente de divisas que tiene por ejemplo la República Argentina. Pero repito, la estatización de los medios de producción, va privando a los hombres del dominio de los bienes materiales, sobre todo de los bienes de producción e incluso de los bienes de cambio, y los van esclavizando. A medida que se van socializando en el sentido de «estatizando» los medios de producción, la iniciativa personal, privada, tanto individual como asociada, se va restringiendo. Y entonces se va produciendo un ahogo de la producción. Por eso todos los países socialistas del mundo viven en una crisis permanente de producción, porque el rendimiento de las personas disminuye radicalmente cuando usted es simplemente un resorte de la máquina, simple y exclusivamente un asalariado, y hasta con trabajo radicado en un determinado ciclo, del cual ni siquiera se puede mover sin permiso. A medida que esta socialización, ésta estatización, de los bienes de producción, se va extendiendo, se va aniquilando la persona humana, la libertad humana. Y el rendimiento pasa a ser descendiente fundamentalmente, y entonces hay que apelar a la fuerza, al terror, para que la gente trabaje. Porque las cosas en este mundo se hacen por amor o por la fuerza. Usted va eliminando a la persona humana, y sobre todo, la va privando de algo que está en la raíz misma de la existencia personal, que es el derecho a poseer bienes propios. Yo no puedo soportar a esos sacerdotes que hoy en nombre de la doctrina de Cristo hablan de las comunidades cristianas primitivas donde cada uno de los integrantes lo daba todo para la comunidad. Ellos mismos se están contradiciendo cuando hablan así. Daban lo que tenían, pero si usted está despojado de antemano, del derecho a poseer, ¿cómo podrá dar nunca nada?. ¿Es lo mismo un régimen que excluye la propiedad privada, el derecho a poseer bienes propios y disponer de ellos por un sentido social?, ¿se entiende?, ¿es lo mismo un régimen que te priva de eso, que una situación en la cual tu das todo lo que tienes para integrar una vida comunitaria con otros?. Observen ustedes que esos cristianos que lo daban todo, daban lo suyo. Sin lo suyo no habría donación, no habría ofrenda. Es mostruoso que se analogue este sentido cristiano de disponer de lo propio para un fin común, que éste sentido socialista que te despoja de la posibilidad, que te priva de la posibilidad de tener nada propio, y por lo tanto, de tener nada que dar. ¿Qué vas a poder dar si no tienes nada, si te han vaciado, si de entrada eres un proletario sin propiedad posible?. Aunque te digan que tu eres dueño de todo, que todos son dueños de todo, ¿qué quiere decir dueños de todo?. Es como aquélla monstruosidad que se ha aplicado también, bienes comunes, también se ha aplicado eso alguna vez. La relación de la persona con los bienes, o de la persona con la persona, tiene siempre un carácter estrictamente personal, y siempre en la raíz de la persona humana, está el sentido del haber, del tener, el derecho a poseer, porque no hay otro modo de dar si no se posee. De manera que lo primero es el derecho del haber, el derecho del tener, para poder disponer. Tu puedes disponer bien o mal de lo que tienes, pero si no tienes, no puedes disponer, no eres dueño de tí mismo, ni de lo tuyo, no puedes poner tu persona a disposición de nadie, no puedes decir como dice el que ama, lo mío es tuyo, no puedes decir eso, puesto que se parte de la idea de que no hay nada que sea tuyo. Para que lo mío sea tuyo, en el orden del amor, y para que lo tuyo sea tuyo y lo mío mío en el orden de la justicia, hace falta este derecho que emana de la raíz misma de la existencia personal, que es el derecho a poseer bienes propios. El socialismo es antinatural, es antiracional, es radicalmente inhumano, y radicalmente anticristiano. Nosotros adoramos en la Cruz a un Dios hecho hombre, en la figura del sacrificio. ¿Qué sentido tiene un sacrificio, el sacrificio de la propia vida, si no la puedes ofrecer, si en alguna medida no dispones de ella?. No como causa primera, porque la causa primera es Dios de todo cuanto hay, pero sí como razón de causa. Cómo vas a ofrendar lo tuyo u ofrendarte a tí mismo, cómo vas a dar la vida?, si te han despojado del derecho a poseer. Bienes todos relativos y condicionados, porque el hombre no puede reivindicar ningún bien, ningún derecho como absoluto ni como incondicionado, porque él no es Dios, es criatura, y además es social, vive en una interdependencia con los demás. • El socialismo agrede el fuero de la persona, la vida interior, la libertad del hombre, la libertad en la verdad; es un régimen contra la persona y, por lo tanto, contra Cristo. Porque qué es la persona humana sino reflejo, imagen, semejanza de la persona divina. Qué somos nosotros si nos despojan de aquello que nos distingue, que nos configura como personas. Qué sentido tiene la vida, como algo que tenemos para dar, poique tenemos la vida para darla, para gastarla, para emplearla, en servicio de Dios, en el servicio de los seres que amamos, en el servicio de nuestra Patria, de nuestra familia, de nuestros amigos. Esta es la lucha. Si nosotros hoy no nos disponemos a luchar en defensa de la persona humana tenemos que luchar en Cristo y por Cristo, porque Él ha venido para eso, para defender, proteger, cuidar, para ayudar a la persona de cada uno de nosotros, de los vivos y de los muertos.
Cristo, el sentido de Cristo y de su Iglesia es la defensa del hombre, la defensa de la persona. Por eso es también la defensa de la Patria, la defensa de la familia, la defensa de la propiedad privada. Lícito es tener bienes propios siempre que los usemos como si fueran comunes. Porque qué tienes tu que no lo hayas recibido y qué tienes tu que sea para ti solamente?. Hasta los filósofos paganos enseñaban este sentido profundamente social de todos los bienes humanos. Nada tenemos que no sea para compartir, para comunicar; por eso la figura más repugnante a los ojos de Dios es el avaro. Un lujurioso es una cosa grave, pero al menos el lujurioso tiene que tener en cuenta al otro, al menos tiene que tenerlo en cuenta, porque sin el otro, no puedes satisfacer sus apetitos desordenados. Pero el avaro, ustedes se dan cuenta qué cosa monstruosa es el avaro. Y no digo nada si el avaro es un sacerdote, y si es un obispo ya la cosa excede toda limitación, todo lo que se puede comprender. Pero un avaro, ¿qué es un avaro?, ¿es un hombre que posee?, no, no posee; es poseído por los bienes. Cuando Cristo dice en la primera bienaventuranza, bienaventurados los pobres de espíritu porque a ellos le pertenece el reino de los cielos, no quiere decir sino pobres de sí mismos, hay que hacerse pobre en uno mismo, para poder hacerse rico de Dios. No se trata de no tener, se trata de tener de veras las cosas. Y las cosas, los bienes, materiales o intelectuales o morales, los tenemos realmente cuando podemos disponer como señores de ellos, cuando somos señores de lo que tenemos. Cuando yo soy señor de lo que tengo, puedo disponer como Dios manda de eso que tengo. Pero si yo soy esclavo de lo que tengo, si estoy atado y encadenado a lo que poseo, yo no tengo señorío, no tengo libertad, porque no tengo desprendimiento. El pobre de sí mismo, que se vacía de su propio juicio para hacer suyo el juicio de Dios, que anula su propia voluntad para hacer suya la voluntad de Dios, ese es el bienaventurado que ya está en el reino de Dios, porque está ya viviendo en él, Cristo. Cristo está viviendo en su juicio y está actuando en su voluntad, y entonces somos realmente libres, cuando desprendidos totalmente de nosotros mismos, estamos enteros en la palabra y en la voluntad de Dios. No se trata de no tener, se trata de no estar atado a lo que uno tiene. Qué figura horrenda el avaro, que vive incluso miserablemente cargado de bienes, arrollado por los bienes que posee, tino dice «ni sabe disfrutarlos». Porque usted para disfrutar un bien realmente, tiene que comunicarlo con otro. Desde un vaso de buen vino, cuando lo compartes con los que amas, tiene otro sabor no me digan que no. Si uno hace una cosa, incluso para los sentidos, que es deliciosa, un manjar, es para ser compartida. Cristo amaba estas cosas. El primer milagro, fue en las bodas de Canaá, y a pedido de su Madre. ¿Cómo le iba a decir que no?. Hizo el mejor vino de agua, porque sabe, y quién lo podía saber mejor que Él, que el vino que Él había creado, es para alegrar el corazón. Por eso, diagnóstico reservado para aquéllos que tienen alergia al vino, porque el vino es una bebida católica, cristiana, cristianísima. Repito, el socialismo es una mala palabra, es una palabra falsa, es antinatural y anticristiana, no porque no haya que socializar muchas cosas, sino porque toda forma de socialismo que en alguna medida comprometa el fuero y la libertad de la persona, es atentatoria contra aquello que es la imagen misma de Dios que es la persona humana. Vamos a leer un documento de actualidad, como documento de lo que estamos diciendo, de lo que se está desarrollando en nuestro país vertiginosamente como les decía al principio. Esta es una orden dirigida por el nuevo Director de Planeamiento, el comunista ingeniero D'Alessio a todo el personal de la actual Secretaría de Planeamiento y acción de gobierno. Es una cosa de este momento. «Por orden expresa del Presidente de la Nación, el compañero Héctor Cámpora, y en ocasión de hacerme cargo de esta Secretaria manifesté públicamente la voluntad de poner la misma al servicio de la tarea ya emprendida, para lograr la reconstrucción nacional que haga posible el reinicio de la marcha al socialismo nacional. Estoy total y absolutamente convencido de la magnitud de la tarea encomendada. Pienso que el éxito de la misma depende de un supuesto esencial; que todos juntos, sin distinciones jerárquicas, ideológicas o de ninguna otra especie, nos sintamos participes en comunidad de añílelos y de objetivos de esta misión de vital importancia para el futuro de nuestra Patria. A tales efectos pongo en conocimiento de todo el personal de esta Secretaría que diariamente en el horario de once a doce horas he de tener el placer de dialogar con todo aquél que llegue a mi despacho. Por simples razones de ordenamiento es conveniente que quien desee entrevistarme lo exprese verbalmente a su inmediato superior. El personal jerárquico se servirá informar verbalmente al secretario privado en un plazo no mayor de las veinticuatro horas. Para todos, ruego reciban ésta mi primera circular con un anticipo del saludo que es mi intención brindarles personalmente en oportunidad cercana, en la medida en que las tareas de la Secretaría así me lo permitan. Doctor Juan D'Alessio, Secretario de Planificación». Y ya les dijo a todo el personal de jefes reunidos, que se trata de la construcción del Estado socialista. Que a lo de socialismo le pongamos el aditamento nacional, todos los actuales comunismos del mundo son nacionales, por eso hay un comunismo chino que se llama maoista, hay un comunismo castrista, hay mi comunismo allendista, chileno, y ya tenemos en marcha un comunismo argentino que se llama socialismo nacional. Esta es la realidad, no hay más oposición que este socialismo y Cristo. Cristo no fue el primer socialista del mundo, ni el primer reformador en sentido socialista. Cristo ha venido a la tierra para defender la persona humana, y todos aquellos derechos y deberes que son inherentes a la persona del hombre. Y entre esos derechos, está ese derecho que enraiza en el fondo mismo, en la entraña misma de la persona humana, que es el derecho de poseer bienes, bienes materiales y bienes espirituales, para poder disponer de ellos. Porque qué es una persona si no puede disponer de sí misma y disponer de lo que tiene. Que está la alternativa de que disponga bien o mal, eso va por cuenta de la persona, pero Dios al hombre lo hizo libre, a pesar de que sabía que lo iba a desobedecer. Y Dios se hizo hombre para salvar al hombre, pero no lo salva exclusivamente Él. Le solicita su colaboración. Necesita casi diría de la colaboración de él, tanta deferencia tiene por el hombre, lo quiere colaborador y copartícipe hasta en la obra de su propia redención, tan grande es el respeto, la solicitud, el cuidado que Dios tiene por la persona humana. Y cuando Dios se iba a hacer hombre, para realizar esta tarea de su salvación, le requirió el consentimiento a una Mujer, le mandó un Ángel a solicitar su consentimiento. Porque Dios, que es Dios que todo lo puede, relativamente a esta criatura que no lo merece pero que es la preferida de Él que es el hombre, que somos todos y cada uno de nosotros, tiene tal solicitud y tal respeto, que todo reclamo, todo reclamo que es para bien de ella, tiene la forma de una solicitud, de una deferencia.


ASALTO TERRORISTA AL PODER

32 EL BIEN DE LA AMISTAD

Y quiero decirles finalmente lo siguiente: para los tiempos que van llegando, que ya están, hay una cosa, que les digo sobre todo a los jóvenes. Es necesario como nunca la unión en la amistad, la amistad verdadera y plena. Necesitamos de ella como nunca, porque en ella está involucrada la amistad de todas las amistades que es la de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre. Necesitamos de la amistad, y cuando surjan las parejas, que sepan que las cuatro exigencias que se requieren para una real, verdadera y definitiva unión, hay una que es primera y principal. Las cuatro son: atracción carnal, porque sin eso lógicamente como va a usted compartir el lecho toda la vida, pero es la menor de todas. Después viene una segunda exigencia que es la amistad, o sea la confianza, la confidencia, la entrega plena del uno al otro en la verdad; sin esa comunión en la amistad, no puede haber amor duradero. Pero hay una tercera exigencia que todavía es más principal que todas, que es la disposición al sacrificio, al sacrificio de uno para el otro, y de ambos para con los hijos. Esta tercera, es la radical en la unión de una pareja. Y hay una cuarta que es importantísima,, que es rezar juntos, o separados, pero rezar, porque rezar significa reconocer, alabar, la voluntad, la inteligencia de las personas divinas, y traducir la total y absoluta dependencia que de Ellas tenemos. Cuatro cosas, atracción carnal, amistad, disposición al sacrificio, y si son creyentes, orar, poique en la oración está la expresión de la esperanza, esa virtud tan esencial de orden sobrenatural. Necesitamos de esta comunión en la amistad y de esta comunión en el hombre. Uno ha tenido una vida difícil. Uno podría decir sin ningún alarde, mi vida fue una tierra de dificultad y de trabajos agobiadores, como dice en la suya San Agustín. ¿Y qué te ha sostenido?, ¿qué lo ha sostenido a uno a lo largo de esa vida? Ante todo, el amor de Dios, de Cristo crucificado, sin el cual no somos nada ni podemos nada. Y luego los grandes amores de esta vida, el amor de la mujer, el amor de los hijos, el amor de los amigos. Uno ha sido tan rico, es tan rico de esos amores, que yo quisiera poder decir como Ion Motza, en su testamento, «yo he entendido así el deber de mi vida, he amado a Cristo, y he ido feliz a la muerte por El». Y podemos decirlo, les digo, a los jóvenes sobre todo, «hagan de nuestro país una tierra bella como el sol, una nación moderna y respetada, temerosa de la palabra de Dios». Para que ustedes vean como nos identifica un mismo pensamiento con el espíritu y la definición legionaria de Codreanu, fundador de la Legión Rumana, miren estas palabras, que son para recordar y tener presentes en todo momento. «Cristo ha resucitado, así resucitará también la justicia para el pueblo rumano, (para el pueblo argentino). Mas para obtener esto es necesario que sus hijos recorran el camino que recorrió Jesús, que pongan sobre su cabeza la corona de espinas, que suban el Gólgota de rodillas con la cruz a cuestas y se dejen crucificar si es necesario. Legionarios, sed vosotros esos jóvenes. Quien renuncia a la tumba, renuncia a la resurrección». Quien renuncia a la tumba renuncia a la resurrección, porque no hay camino a la resurrección sino a través de la muerte.
Esto es así, pero eso sí, la vida hay que jugarla en el momento preciso. En el acto moral se requiere siempre tener en cuenta tres cosas en las que deben pensar siempre sobre todo los jóvenes. Primero, tiene que ser bueno el fin; bueno el objetivo del acto; tiene que ser buena la intención, y tienen que ser buenas las circunstancias. Cuando nosotros malogramos la bondad de cualquiera de estos tres factores, malogramos la bondad del acto moral. Debemos actuar en el momento oportuno, en el momento ajustado, porque a veces, con la mejor intención, y yendo hacia el mejor objeto, obramos mal porque no lo hacemos en las circunstancias debidas. Y esto no lo debemos olvidar nunca, lo debemos tener presente siempre. Por otra parte Dios le pone a uno en la vida, situaciones en las cuales ineludiblemente tiene que dar testimonio, y lo único que cabe pedirle a Dios es que le dé la fuerza para hacerlo como Dios manda.