domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-3-LA ENSEÑANZA DE LAS TENTACIONES DE CRISTO-4-NECESIDAD D LAS VIRTUDES


ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta

3-LA ENSEÑANZA DE LAS TENTACIONES DE CRISTO

¿Por qué se dejó tentar Cristo?. Se dejó tentar no por Él, Él podía haberlo apabullado de entrada «con un soplido» a Satanás. Pero Él tenía que instruirnos a nosotros, y por eso se dejó tentar. Y las tres tentaciones son la más profunda lección de política que se puede dar, de aquello que no debemos hacer jamás, y menos en la función pública. La primera tentación ¿cuál fue?, Cristo hacía cuarenta días que ayunaba. Era hombre además de ser Dios, y tendría hambre. Entonces el diablo se le acercó sabiéndolo y le dijo, «sí eres Dios por qué no conviertes estas piedras en pan». El podía haberlo hecho, así como multiplicó los panes y los peces, o hizo del agua el mejor vino que se habrá bebido nunca. Pero, ¿qué le contestó Cristo?, le contestó, «no sólo de pan vive el hombre,sino de toda palabra que procede de la boca de Dios», Y hoy vivimos en una época, donde no hay un hombre público, puede decirse -salvo alguna excepción, algún Oliveira Salazar- que no crea que lo primero es la prosperidad, que lo primero es el pan de la tierra, que para poder hablar de Dios o de las cosas del espíritu hay que estar harto. Y entonces lo económico subordina a lo político y lo subordina todo en la vida de los hombres. Cristo dice: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de la boca de Dios». Primero en la política, ¡hasta el pagano Aristóteles lo dice!, es promover la virtud de los ciudadanos. Es aquella pregunta que se hizo Oliveira Salazar cuando asumió el gobierno de Portugal, ¿qué es preferible, qué es mejor para los portugueses, qué es lo primero, ser mejores o estar mejores?. Y se decidió por ser mejores. Lo de estar mejor es una añadidura de ser mejor. ¿Quién, hoy habla otro lenguaje que no sea el lenguaje de las necesidades materiales?. No vamos a discutir que son necesidades reales, pero aún la solución de esas necesidades reales depende de las respuestas que demos a las superiores exigencias del hombre. La segunda tentación, que es ésta que estamos viviendo, que están viviendo los responsables de la conducción militar y política de la nación, es aquella en la cual el diablo lo llevó a Cristo a la cúpula más alta del Templo, y le dice, «arrójate, que está escrito que los ángeles te van a sostener». Cristo podía haberlo hecho, sin que le pasara nada como cuando caminó sobre las aguas, pero tenía que instruirnos en materia política también, y entonces le contestó, «no tentarás a Dios tu Señor». Y éstos han tentado a Dios. Si se arrojaran ellos al vacío y se estrellaran, es cosa de ellos, qué le vamos a hacer. Pero es que van a estrellar las Fuerzas Armadas, sus Fuerzas Armadas, y a la Patria misma la van a estrellar. Esa es la realidad, ésta es la tentación de Dios, tentarlo a Dios. Porque uno cuando está frente a una evidencia, retrocede. Me contaba un amigo, que un día iba a un sepelio, en el mismo coche que Leopoldo Lugones, que desgraciadamente luego se suicidó. Y Leopoldo Lugones había empezado siendo ateo y anarquista, y se había ido acercando a la fe. (lástima que nunca pasó la puerta del templo, pero se había acercado). Y entonces le pregunta este amigo, «dígame señor Lugones, ¿qué cosa, si me
puede decir, lo hizo abandonar su posición inicial nihilista, negativa, atea?». Y entonces dice que Lugones abrió los brazos, y dijo, «un día, me encontré frente al abismo de la nada, y retrocedí». Respuesta admirable, por eso se las cuento; retrocedí. Estos no han retrocedido, estos se tiran al vacío. Porque piensen ustedes: lo más probable es que el Frejuli saque más del cincuenta por ciento, y tal vez sea lo mejor porque va a precipitar las decisiones, y la gente va a tener que pelear aunque no quiera. Lo mas probable es que gane el Frejuli. Porque en estos plebiscitos, dan risa estos señores que escriben todos los días solicitadas que cuestan millones, para probar que Perón es el tránsfuga, el felón más grande de la historia argentina, creyendo que con eso van a producir una conmoción en la gente. Pero ¿por qué?, «porque se dirigen al pueblo inmaculado», la idea subyacente. Creen que la gente reacciona con horror frente al vicio, y con admiración frente a la virtud. A veces ocurre eso, no hay duda. Pero piensen ustedes, que Pilatos, que era un pagano y no era nada tonto, y que sabía que Jesús era inocente, en un último esfuerzo por salvarlo, frente a la obstinación de los judíos, de aniquilarlo, hizo algo que evidentemente él creyó que le iba a dar resultado, porque creyó también en ese momento, sin haberlo pensado expresamente, en la inmaculada concepción de la multitud. Y entonces tomó al criminal más conocido de Jerusalén, al hombre más abyecto y perverso de Jerusalén, que era Barrabás, seguro de que la gente, cuando se encontrara con que como era la Pascua, podía liberar a mío de los dos de la muerte, ¿cómo no iban a elegir a Cristo que era la inocencia misma?. ¿Cómo no lo iba a elegir ese pueblo que cinco días antes lo recibió con palmas de victoria en Jerusalén?. Ese pueblo aclamó a Jesús, sabía que era la inocencia misma, y junto a él, puso a la perversión misma, y ningún evangelista dice que Cristo tuviera un solo voto, uno, si no estaría registrado. ¿Dónde estaban los discípulos?, escondidos muertos de miedo. Después fueron gigantes, pero fueron gigantes cuando la fuerza de Dios entró en ellos, en Pentecostés. Qué pasó en ese plebiscito democrático, libre, la multitud lo eligió a Barrabás. Como lo elige a Perón, es claro como la luz del día. Pero vamos a suponer que no sacaran el cincuenta por ciento, que sacaran el cuarenta. ¿Quiénes son los otros?. Que pueden obtener un porcentaje más o menos visible?. Son tan populistas, socialistas, izquierdistas como ellos, sean los de Balbín o los de Allende, para nombrar a dos que van a tener votos. Tal vez algunos votos tenga Manrique. Los de la Fuerza esa Nueva, son una cosa tan ridicula que eso sí espanta a cualquiera. Perón diría que son piantavotos, para usar el lenguaje propio de Perón. Y yo me pregunto, ¿quién va a gobernar el país?. Con primera vuelta o con segunda vuelta, como sea, el Frente Popular como en España en 1936, el Frente Popular. Porque como dice Lenín, la vía de acceso mas próxima al comunismo es la democracia. Y aquí caminamos por la vía pacífica del comido, y por la vía violenta de la guerrilla. Las dos concurren al mismo fin. Ahora ustedes se dan cuenta lo que sería con un gobierno de Frente Popular la guerrilla. Ya actúa casi con una impunidad absoluta. Mediten ustedes que este gobierno ha levantado la pena de muerte cuando tenía a varios de los asesinos del General Sánchez, que han sido condenados a cadena perpetua, y para no fusilarlos, levantaron la pena de muerte. Y al día siguiente la respuesta fue el asesinato por la espalda del Almirante Berisso. Esto es pavoroso, esta es la realidad que estamos viviendo. La tercera tentación de Cristo es aquélla, en la cual el diablo le muestra los mundos, sus mundos, (el mundo del pecado es de él) entonces le dice, «si te arrodillas ante mí, te entrego el mundo». Se lo decía al verdadero Señor, pero Él tenía que instruirnos a nosotros. Y entonces le replicó, «retírate, sólo a Dios adorarás». Y nosotros estamos viviendo la idolatría del dinero, la idolatría de la comodidad, de la vida segura y confortable. Aspiramos a una instalación confortable en la tierra. Los cristianos hemos olvidado que éste es un lugar de prueba y de testimonio, y no un lugar de soluciones definitivas, y que en la medida en que nosotros somos capaces de conocer, amar y servir a Dios y al prójimo en Dios, en esa misma medida podemos crear condiciones más justas, más decorosas de convivencia. Que no habrá jamás justicia entre los hombres, sino en la medida en que la caridad de Dios esté inspirando esa justicia, perfeccionándola. Porque si nosotros analizamos bien nos damos cuenta de la insuficiencia radical de la justicia; aún la justicia humana más perfecta es de tuna insuficiéncia total si la dejamos librada a sí misma. Supongamos un régimen, que le diera a cada hombre lo que merece, lo suyo, lo que le corresponde. ¿Qué pasaría en ese mundo, en ese lugar, en esa comunidad?. Se crearía una desigualdad espantosa, se los aseguro. Porque habría los que son acreedores a mucho, y los que son acreedores a nada. ¿Y qué pasaría en aquéllos que no reciban porque no merecen, frente a los que reciben mucho porque merecen mucho?, ¿qué nacería en ellos?. La diferencia engendra odio, envidia, codicia, resentimiento. Sería un mundo de una crueldad espantosa. La justicia sola no basta aunque es necesaria; hace falta mucho más que darle a cada uno lo suyo; hace falta contemplar lo que cada uno necesita, y para ello está el amor, para ello está la caridad. No da lo debido, da mucho más, y da en la medida de la necesidad. Los romanos, maestros de la política, del orden natural, consideraban tres condiciones, tres exigencias para el ejercicio del poder político. Primero el amor a la Patria, el fervor patriótico. A la Patria hay que amarla, después de Dios es el primer amor. Así dice Santo Tomás además, y dice la verdad. Después decían, tiene que ser un gobierno justiciero, justiciero porque le da a cada uno lo suyo, pero agregaba otra cosa; la benevolencia pública, la atención de ios más necesitados, precisamente para perfeccionar la justicia. Por eso Santo Tomás dice, la justicia sin caridad es cruel, la caridad sin justicia, es vuelta y anarquía, porque claro, si nos perdonamos todos, y no hay culpables, entonces evidentemente, la caridad es desorden. Es como le pasaba a Papini cuando escribió el libro sobre el diablo, de que el diablo va a ser perdonado también. Entonces la cosa era ganga, porque por más que hagamos en esta vida, no lo vamos a superar a él, y entonces vamos a ser perdonados también nosotros. Entonces, la caridad necesita de la justicia, y de su rigor,y la justicia necesita de la caridad, para su propia perfección y abundancia. Por eso el gobernante tiene que ser justiciero y caritativo a la vez, como es Dios, al modo de Él, a imagen de ÉL Porque no se olviden ustedes, que la Encamación del Verbo, la primera venida de Cristo a la tierra, fue en la figura del Salvador, pero la segunda, va a ser en la figura del Juez, inapelable, y ninguna persona de sentido común puede pensar que va a ser una justicia propia. Miren que el último acto de Dios con relación a los hombres en esta tierra es un acto de justicia, pero para eso le ha dado al hombre, todo su amor, y se lo da, y le insiste, y lo llama, y lo invita, y lo nutre del mismo, esperando que le lleve el apunte, hasta el último suspiro en que tiene tiempo. Me contaban una anécdota, de un hombre que yo estimé profundamente, y que era un gran maestro de derecho, un poco diablo si, pero gran maestro de derecho, que era el «fiero» Paz, el doctor Jesús H. Paz, gran civilista y penalista. Era ateo, fue gran amigo mío, gran señor. Cuando yo perdí todo, me visitaba a cada rato, y me decía, «vengo a decirle que soy su amigo», y me llevaba a una quinta que tenía de manzanos en Morón, para que almorzara con él. Resulta que un sobrino de él, el Padre Amancio González Paz, estaba desesperado porque se iba acercando el tiempo que había que irse, por tratar de llamarlo a la comprensión de su situación, y entonces le insistía tanto que le dijo un día el «fiero Paz». «Pero sobrino, crees que soy tan idiota que me voy a morir para condenarme, crees que soy tan imbécil, que no me voy a poner en orden con Dios». Y así lo hizo. Este es el problema: nosotros, a este magisterio de Cristo de las tres tentaciones, lo hemos prácticamente abandonado, y somos arrastrados por esas tentaciones. Y hoy el país entero está dentro de ésa, de las consecuencias de esa ignorancia, la más culpable de todas, que es la ignorancia diabólica, la ignorancia de aquel que pudiendo y debiendo ver, cierra los ojos para no ver, y se dispone a saltar sobre el abismo. Este es el problema. Por eso la política es sabiduría, la prudencia es sabiduría. Yo siempre propongo como modelo de sabiduría, de gobernante en el orden, en el mundo contemporáneo, a Oliveira Salazar, porque creo que no ha habido un varón de Cristo y de la Patria, que tenga la altura, la medida, la perfección, de ese hombre. Sin desmerecer a otros. Pero ese fue un gran señor, que hizo de la política una sabiduría práctica, que vivió desprendido totalmente de sí mismo, como debe vivir un varón, una mujer de Cristo. El problema no es no tener bienes, sino tenerlos, desprendidos de ellos, que no lo aten a uno, que no lo encadenen, que no lo dirijan. Esperemos que Dios nos ayude; yo creo que nos va a ayudar. Repito, lo más probable es que gane el Frejuli, entones los asuntos se precipitan. Supuesto que no ganara, absolutamente seguro, el triunfo del Frente Popular, y la impunidad total de la guerrilla en el futuro supuesto que no pasara nada. De manera que la analogía de la situación actual en la Argentina, es la de España en 1936. No vamos hacia la paz, sino hacia la guerra. Quiera Dios que estuviera equivocado. Vamos hacia la guerra de cualquier modo, es cuestión de etapas, de aproximaciones o de aceleraciones, pero la cosa es irremediable, porque se ha permitido que avanzaran de tal modo las fuerzas subversivas y destructoras de la Nación, y la entrega de la Nación, que lógicamente ahora, no se puede salir, sino si Dios interviene, suscitando, en un resto de varones cristianos y patriotas, la decisión heroica, de disponerse en primer término a morir. Porque lo primero es disponerse a morir. Yo el único temblor que tengo, es fallar en este punto, si Dios no hace lo posible para ayudarme. No es porque yo sea viejo y ustedes jóvenes. Me tocaron algunas luchas, no habiendo sido nunca hombre de pelea, pero Dios me ayudó siempre. Nadie me movió de mi puesto, ni nadie me arrastró, ni nadie consiguió doblegarme. Fui de permanecer fijo e inmutable en lo que tenía que hacer. Me ha costado bastante, pero el testimonio lo doy, por eso les hablo así. Hace más de treinta años que me he dedicado a tratar de cultivar, de enseñar a los hombres de armas, una doctrina de verdad y de vida, una doctrina de verdad y de sacrificio. Lo único que he recibido en general, son calumnias, incluso el Comando en Jefe del Ejército, hace tres años, menos de tres años, difundió en todo el país, después en todas las unidades, que yo era ideólogo de un grupo de oficiales que había cometido determinados actos de terror. Lo hizo a sabiendas de que era falso, por eso nadie me llamó nunca ni a declarar ni nada, pero en cada unidad se leyó, y se me mezcló primero con el Padre Mujica, y la misma noche en que se entregó ese documento en el Comando en Jefe, me habló un periodista para decirme, «nos acaban de entregar, y lo que me sorprende es que lo mezclen a usted con el Padre Mujica». Les digo esto porque es importante; se ha vaciado a los hombres de armas, se les ha impedido el saber fundamental que necesitan para emplear las armas como Dios manda, se los ha vaciado interiormente, se les ha quitado el espíritu de muerte. Un soldado que no tiene ese espíritu no sirve para nada. Cuando Millán de Astray, reclutaba los hombres de la Legión, llegaba el recluta, y a nadie le preguntaban de dónde venía ni que había hecho; lo único que le preguntaban era, «¿sabes a que has venido acá?», y el otro le contestaba cualquier cosa, menos lo que le iba a repetir Millán de Astray. «No, no has venido ni para hacerte mejor, ni para esto ni para aquello. Todo eso va incluido, si, pero acá has venido para morir, para morir, y si te parece mal, aquí al lado está el médico, le dices que te duele la garganta y no te incorporarás. Pero si aquí entras, es para morir. Lo primero que hay que aprender es eso». Fíjense qué cosa maravillosa, la filosofía nació en Occidente. El verdadero fundador de la sabiduría humana fue Sócrates, que tuvo como testigo a uno de los hombres más egregios de todos los tiempos como es Platón. Y como definía la filosofía; decía, «filosofar es aprender a morir». Porque el camino hacia la verdadera vida, es saber morir. ¿Y cuál es la lección del crucifijo?, la lección del crucifijo es esa, darse y saberse dar. La ley natural es el sacrificio, no es el egoísmo, es decir, es la persona que hace don de sí misma. Uno ha visto en la historia, los grandes de nuestra Patria han sido hombres que lo han dado todo y no han recibido nada, nada más que calumnias, comenzando por San Martín. El pobre Belgrano murió en la miseria, Rosas sigue calumniado todavía hoy. Es como la Divina Providencia quiere documentarle a los hombres, a las generaciones que van llegando, que la vida la tenemos para darla, y si la podemos dar por la verdad y para la verdad, ¿qué cosa mejor que ésa?. Decía también Aristóteles el pagano, «más vale vivir un solo año para un fin elevado, c¡ue arrastrar toda una larga vida vanamente». Hasta el griego pensaba así, el pagano. Sabía perfectamente que el sentido de la vida era saber morir. ¿Qué es lo que nos limita?, ¿qué es lo que nos esclaviza?, ¿qué es lo que nos impide decir y vivir en la verdad?, ¿que es nuestro deber de hombres?. Lo que nos impide es justamente el terror que tenemos al sufrimiento y a la muerte. Y Cristo vino justamente para asumir nuestro sufrimiento, nuestros males y nuestra muerte, y vencerla, como dice Agustín, «la Vida verdadera bajó a la tierra, tomó nuestra muerte, y la venció, y la mató con la abundancia de su Vida». Veremos lo que pasa, pero las cosas van a ir cieo yo, por los caminos que les acabo de exponer. El acto electoral es un vómito, es el perro de la Escritura que vuelve al vómito. No hay solución ninguna, no vamos hacia la paz por ese camino, sino hacia la guerra, además la guerra está desarrollándose ante nuestros ojos. Todos los días hay secuestros, hoy ha habido otro. Y al terror no se lo vence con los votos, se lo vence con la Verdad, y la disposición al sacrificio y a la muerte.

ASALTO TERRORISTA AL PODER


JUEVES 15 DE MARZO DE 1973
4-NECESIDAD DE LAS VIRTUDES

Habiendo estado dedicado a la lectura de una de las novelas de Dostoievski, que se llama «El adolescente», ahí leí una frase, una sentencia, que me ha quedado grabada para siempre. Yo tendría entonces dieciocho años. Se me ha quedado grabada para siempre. Dice Dostoievski, «no hay nada que sea tan monstruoso como la unión de un hombre y una mujer sin pronunciar palabra». Por eso en el fondo, la prostitución es un vicio solitario, porque no puede haber soledad mayor que la de un hombre que se une carnalmente a una mujer en la situación ésa de la relación con una prostituta. Es un vicio solitario como la masturbación. ¿Por qué dice Dostoievski eso?. Porque el hombre no es un animal simplemente; tiene un alma espiritual, y en el alma hay dos actividades que son la expresión pura del alma racional del hombre, que son el conocimiento y la capacidad de querer, y el amor. Entonces no puede el hombre unirse a la mujer como se une un caballo con una yegua, no puede ser. Tiene que haber una comunión, tiene que haber una intimidad, tiene que haber diálogo, palabra, o sea conocimiento, o sea verdad. Es elemental. Yo era un incrédulo, y esto me impactó profunda y definitivamente. Porque la verdad tiene una fuerza tal, que lógicamente cuando la vemos, nos arrastra de un modo inevitable. Y entonces uno se da cuenta de lo que significa esta relación que existe entre el amor y el conocimiento. Por eso siempre está la verdad de por medio, así como en el mal siempre está el error, siempre está la ignorancia.
La gente ha dejado de creer en la soberanía de Cristo, y en cambio cree en la soberanía popular. El dogma de la soberanía popular, este falso dogma, está metido profundamente en la mente y en el corazón, por ejemplo de los argentinos, sean doctores o sean analfabetos, lo mismo da. Ya que hoy se habla tanto de mentalización, la mentalidad es esa. Hay una especie de respeto, y de reverencia, y de unción, frente al veredicto del número. No es un fenómeno argentino exclusivamente, ni siquiera es un fenómeno americano; es un fenómeno universal. Si usted habla de seguir a Cristo, alguno le llevará el apunte, alguno reconocerá esa realeza, esa soberanía; pero si usted habla de acatar el número, el veredicto del número, nadie se lo discute. Tiene razón Villeneuve en su libro titulado «Satán en la ciudad», cuando él ahí demuestra el carácter satánico de este dogma, de este falso dogma. Porque este falso dogma de la soberanía popular, surgió en el momento mismo en que en Occidente se operaba o se consumaba una gran transformación de la mentalidad. La mentalidad dejó de ser cristiana en el siglo XVIII. En la inteligencia ilustrada, dejó de ser cristiana, negó la existencia del pecado original, y se substituyó la idea del pecado original por la bondad natural del hombre. El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe. Entonces, para que el hombre despliegue su bondad natural, hay que cambiar las estructuras, como se dice ahora, pues se siguen repitiendo los mismos esquemas con otras palabras, de los ideólogos de la Revolución Francesa. Lógicamente, si usted niega el pecado original, usted lo ha eliminado a Cristo, aunque lo siga invocando. Porque ya pierde todo sentido, y la fe no es una cosa contraria a la razón, sino es cosa para la razón, para la perfección de la razón humana, para elevarla al conocimiento de aquello que por sí misma no podría alcanzar, y que Dios nos hace la merced de revelárnoslo. Lógicamente, qué sentido tiene la Encarnación del Verbo, que es la Encarnación de la Verdad de Dios. Hay algo profundo y substancial en esto, de entender el sentido, en la medida en que podemos entenderlo, de que de las tres Personas Divinas la que se hace hombre, es la Verdad, es la Sabiduría de Dios, es el Verbo que nos ha creado. Es la Verdad la que ha venido aquí a habitar entre nosotros, la Verdad de Dios. Y es además la que nos asiste a nosotros, para unirnos a Dios. ¿Y el amor?, el amor, fíjense, es como lo dice Cristo, Yo me voy y viene el Espíritu, y el Espíritu es el amor de Dios. Y evidentemente, nosotros no podemos concebir el amor, fuera de la verdad, el amor de Dios tampoco. Dios todo lo ha creado en sabiduría. Es un acto de amor, pero no es un acto de amor, digamos así, que no responda a un orden. Está dentro de un orden, que es el orden de la verdad, que es el mismo orden del ser, el mismo orden de la realidad. De todas las virtudes humanas, de todas las virtudes morales, ¿cuál es la más alta?, es la prudencia. Y la prudencia, ¿qué es? es una sabiduría, la prudencia es una sabiduría práctica. La prudencia es nada más que esto: obrar en la verdad, o sea, obrar según la realidad. Cuando yo obro en conformidad con lo que es, con la realidad, o sea con la verdad, porque la realidad es la verdad en la mente que la piensa, entonces yo actúo como un varón o como una mujer prudente. Lo mismo en el terreno familiar, que en el terreno escolar, que en el terreno social, que en el terreno político, que en el terreno militar. La prudencia tiene que ver con la verdad. Por eso Platón, tenía razón. Él decía -tal vez exageraba un poco- que debieran gobernar los filósofos. Pero hay que entender lo que quería decir. Él nunca tuvo pretensión de ser gobierno. Él lo que quería decir es que no se puede gobernar sin filosofía, o sea sin sabiduría. Eso quiere decir. No se puede gobernar sino con la verdad, que es la realidad misma de las cosas en la mente en la cual las cosas se reflejan. Claro está, que si en la realidad de lo que existe, no hubiese lo que se llama en filosofía las esencias, (esa cifra de eternidad que encierra cada cosa, eso que tienen fijo e inmutable y las hace ser lo que son), y no hubiera un orden esencial, (en el cual, fijo e inmutable también, cada una de esas esencias ocupa un lugar, tiene un rango, tiene un título de nobleza, dentro de esa jerarquía del universo), entonces lógicamente no habría verdad, no habría conocimiento ni verdad, porque si nada fuera lo que es, no habría verdad, porque la verdad es lo que es. Lo mismo que yo digo cuando enuncio una verdad, es lo mismo que es en la realidad, y para alcanzar la verdad, que es alcanzar la realidad, hace falta una virtud en el hombre del pecado, porque el pecado ha deteriorado principalmente la inteligencia, la ha hecho proclive al error y al error tremendo que significa la necedad, creer que uno sabe cuando no sabe, que es tan frecuente en nosotros. Entonces hace falta una virtud, que es la humildad. Por eso Santa Teresa decía, «sólo el humilde está en la verdad», sólo el humñde, aquel que está desprendido de sí mismo, sólo aquel que no está atado, ni a su propio yo, ni a sus bienes, ni a sus poderes, ni a sus pasiones, ni a sus apetitos, el que está desprendido, ese puede ver las cosas como son, ese le permite a las cosas mostrarle su verdadero ser. Sólo al humilde, porque ese se ha, en cierto modo, despojado de sí mismo, y entonces sólo él puede alcanzar una real y verdadera objetividad, y ver las cosas según ellas son en sí mismas, y no según su perspectiva subjetiva, de su interés, de su pasión, del partido que él quiere sacar de ellas. Por eso en el nacimiento de la filosofía está el asombro, asombrarse de que algo esté ahí y sea como es, este es el despertar de la pasión curiosa, de la pasión intelectual. Si no hay esencias, y no hay un orden esencial que refleja la esencia de las esencias, que es en Dios, que todo lo ha creado en sabiduría, no hay conocimiento ni verdad. Y si no hay conocimiento ni verdad, porque no hay nada que sea fijo y permanente, y... entonces no puede haber un obrar, una conducta que sea conforme a lo que es esencial y permanente, a lo que es siempre igual a sí mismo. Qué sentido tendría esta palabra, que es la más bella de todas las palabras de nuestra lengua castellana, la palabra fidelidad, qué sentido tendría tener una conducta fiel si no hubiese verdad. Como podría haber fidelidad, cómo podría estar yo referido siempre a lo mismo, y permanecer siempre en el cambio de las circunstancias, en la mudanza de los tiempos y de las situaciones, permanecer idéntico. Todos estamos enamorados de la fidelidad, todos queremos fidelidad. Lo mejor que podemos alcanzar en esta vida es poder decir he sido fiel, he sido fiel a Dios, he sido fiel a mi Patria, he sido fiel a una mujer, y a un hombre, he sido fiel a mis hijos. Es decir, he adherido a esas cosas fundamentales, de una manera fija e inmutable, y a través de las circunstancias, y aún de las más adversas, he permanecido fiel. Pero si no hay esencias y no hay verdades esenciales, cómo va a haber relaciones esenciales. Como va a haber vínculos, en que debe estar la vida entera de cada uno de nosotros. Para enseñarnos esto, para hacernos entender esto, porque el pecado nos lo había obscurecido todo, es que la Verdad misma se hizo hombre, se presentó a los hombres. Y esa Verdad, que es Cristo, que es la Verdad de Dios hecha hombre, es el verdadero Soberano, el verdadero Rey, el verdadero Señor de las cosas. Y hemos llegado a un tiempo en que los propios cristianos que confiesan esa verdad, se apartan de ella totalmente en los negocios humanos, comenzando por el negocio de la política. Y por eso la política ha dejado de ser sabiduría; se ha convertido en una nulidad, en una habilidad, en un juego de hombres hábiles, astutos, que precisamente pretenden substituir la realidad, o sea la verdad, por puras ficciones, por puras abstracciones vacías, y cuando la mente del hombre, el alma del hombre, se alimenta de esas abstracciones vacías, de esas generalizaciones de la experiencia, o de conceptos puramente negativos, o del espíritu dialéctico que analizábamos en la primera clase, se hace un vacío interior y por eso ocurren las cosas que están ocurriendo.