ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta
Jordán Bruno Genta
3-LA ENSEÑANZA DE LAS TENTACIONES DE CRISTO
¿Por
qué se dejó tentar Cristo?. Se dejó tentar no por Él, Él podía haberlo
apabullado de entrada «con un soplido» a Satanás. Pero Él tenía que instruirnos
a nosotros, y por eso se dejó tentar. Y las tres tentaciones son la más
profunda lección de política que se puede dar, de aquello que no debemos hacer
jamás, y menos en la función pública. La primera tentación ¿cuál fue?, Cristo
hacía cuarenta días que ayunaba. Era hombre además de ser Dios, y tendría
hambre. Entonces el diablo se le acercó sabiéndolo y le dijo, «sí eres Dios por
qué no conviertes estas piedras en pan». El podía haberlo hecho, así como
multiplicó los panes y los peces, o hizo del agua el mejor vino que se habrá
bebido nunca. Pero, ¿qué le contestó Cristo?, le contestó, «no sólo de pan vive
el hombre,sino de toda palabra que procede de la boca de Dios», Y hoy vivimos
en una época, donde no hay un hombre público, puede decirse -salvo alguna
excepción, algún Oliveira Salazar- que no crea que lo primero es la
prosperidad, que lo primero es el pan de la tierra, que para poder hablar de
Dios o de las cosas del espíritu hay que estar harto. Y entonces lo económico
subordina a lo político y lo subordina todo en la vida de los hombres. Cristo
dice: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de la boca
de Dios». Primero en la política, ¡hasta el pagano Aristóteles lo dice!, es
promover la virtud de los ciudadanos. Es aquella pregunta que se hizo Oliveira
Salazar cuando asumió el gobierno de Portugal, ¿qué es preferible, qué es mejor
para los portugueses, qué es lo primero, ser mejores o estar mejores?. Y se
decidió por ser mejores. Lo de estar mejor es una añadidura de ser mejor.
¿Quién, hoy habla otro lenguaje que no sea el lenguaje de las necesidades
materiales?. No vamos a discutir que son necesidades reales, pero aún la
solución de esas necesidades reales depende de las respuestas que demos a las
superiores exigencias del hombre. La segunda tentación, que es ésta que estamos
viviendo, que están viviendo los responsables de la conducción militar y
política de la nación, es aquella en la cual el diablo lo llevó a Cristo a la
cúpula más alta del Templo, y le dice, «arrójate, que está escrito que los
ángeles te van a sostener». Cristo podía haberlo hecho, sin que le pasara nada
como cuando caminó sobre las aguas, pero tenía que instruirnos en materia
política también, y entonces le contestó, «no tentarás a Dios tu Señor». Y
éstos han tentado a Dios. Si se arrojaran ellos al vacío y se estrellaran, es
cosa de ellos, qué le vamos a hacer. Pero es que van a estrellar las Fuerzas
Armadas, sus Fuerzas Armadas, y a la Patria misma la van a estrellar. Esa es la
realidad, ésta es la tentación de Dios, tentarlo a Dios. Porque uno cuando está
frente a una evidencia, retrocede. Me contaba un amigo, que un día iba a un
sepelio, en el mismo coche que Leopoldo Lugones, que desgraciadamente luego se
suicidó. Y Leopoldo Lugones había empezado siendo ateo y anarquista, y se había
ido acercando a la fe. (lástima que nunca pasó la puerta del templo, pero se
había acercado). Y entonces le pregunta este amigo, «dígame señor Lugones, ¿qué
cosa, si me
puede
decir, lo hizo abandonar su posición inicial nihilista, negativa, atea?». Y
entonces dice que Lugones abrió los brazos, y dijo, «un día, me encontré frente
al abismo de la nada, y retrocedí». Respuesta admirable, por eso se las cuento;
retrocedí. Estos no han retrocedido, estos se tiran al vacío. Porque piensen
ustedes: lo más probable es que el Frejuli saque más del cincuenta por ciento,
y tal vez sea lo mejor porque va a precipitar las decisiones, y la gente va a
tener que pelear aunque no quiera. Lo mas probable es que gane el Frejuli.
Porque en estos plebiscitos, dan risa estos señores que escriben todos los días
solicitadas que cuestan millones, para probar que Perón es el tránsfuga, el
felón más grande de la historia argentina, creyendo que con eso van a producir
una conmoción en la gente. Pero ¿por qué?, «porque se dirigen al pueblo
inmaculado», la idea subyacente. Creen que la gente reacciona con horror frente
al vicio, y con admiración frente a la virtud. A veces ocurre eso, no hay duda.
Pero piensen ustedes, que Pilatos, que era un pagano y no era nada tonto, y que
sabía que Jesús era inocente, en un último esfuerzo por salvarlo, frente a la
obstinación de los judíos, de aniquilarlo, hizo algo que evidentemente él creyó
que le iba a dar resultado, porque creyó también en ese momento, sin haberlo
pensado expresamente, en la inmaculada concepción de la multitud. Y entonces
tomó al criminal más conocido de Jerusalén, al hombre más abyecto y perverso de
Jerusalén, que era Barrabás, seguro de que la gente, cuando se encontrara con
que como era la Pascua, podía liberar a mío de los dos de la muerte, ¿cómo no
iban a elegir a Cristo que era la inocencia misma?. ¿Cómo no lo iba a elegir
ese pueblo que cinco días antes lo recibió con palmas de victoria en
Jerusalén?. Ese pueblo aclamó a Jesús, sabía que era la inocencia misma, y
junto a él, puso a la perversión misma, y ningún evangelista dice que Cristo
tuviera un solo voto, uno, si no estaría registrado. ¿Dónde estaban los
discípulos?, escondidos muertos de miedo. Después fueron gigantes, pero fueron
gigantes cuando la fuerza de Dios entró en ellos, en Pentecostés. Qué pasó en
ese plebiscito democrático, libre, la multitud lo eligió a Barrabás. Como lo
elige a Perón, es claro como la luz del día. Pero vamos a suponer que no
sacaran el cincuenta por ciento, que sacaran el cuarenta. ¿Quiénes son los
otros?. Que pueden obtener un porcentaje más o menos visible?. Son tan
populistas, socialistas, izquierdistas como ellos, sean los de Balbín o los de
Allende, para nombrar a dos que van a tener votos. Tal vez algunos votos tenga
Manrique. Los de la Fuerza esa Nueva, son una cosa tan ridicula que eso sí
espanta a cualquiera. Perón diría que son piantavotos, para usar el lenguaje
propio de Perón. Y yo me pregunto, ¿quién va a gobernar el país?. Con primera
vuelta o con segunda vuelta, como sea, el Frente Popular como en España en
1936, el Frente Popular. Porque como dice Lenín, la vía de acceso mas próxima
al comunismo es la democracia. Y aquí caminamos por la vía pacífica del comido,
y por la vía violenta de la guerrilla. Las dos concurren al mismo fin. Ahora
ustedes se dan cuenta lo que sería con un gobierno de Frente Popular la
guerrilla. Ya actúa casi con una impunidad absoluta. Mediten ustedes que este
gobierno ha levantado la pena de muerte cuando tenía a varios de los asesinos
del General Sánchez, que han sido condenados a cadena perpetua, y para no
fusilarlos, levantaron la pena de muerte. Y al día siguiente la respuesta fue
el asesinato por la espalda del Almirante Berisso. Esto es pavoroso, esta es la
realidad que estamos viviendo. La tercera tentación de Cristo es aquélla, en la
cual el diablo le muestra los mundos, sus mundos, (el mundo del pecado es de
él) entonces le dice, «si te arrodillas ante mí, te entrego el mundo». Se lo
decía al verdadero Señor, pero Él tenía que instruirnos a nosotros. Y entonces
le replicó, «retírate, sólo a Dios adorarás». Y nosotros estamos viviendo la
idolatría del dinero, la idolatría de la comodidad, de la vida segura y
confortable. Aspiramos a una instalación confortable en la tierra. Los
cristianos hemos olvidado que éste es un lugar de prueba y de testimonio, y no
un lugar de soluciones definitivas, y que en la medida en que nosotros somos
capaces de conocer, amar y servir a Dios y al prójimo en Dios, en esa misma
medida podemos crear condiciones más justas, más decorosas de convivencia. Que
no habrá jamás justicia entre los hombres, sino en la medida en que la caridad
de Dios esté inspirando esa justicia, perfeccionándola. Porque si nosotros
analizamos bien nos damos cuenta de la insuficiencia radical de la justicia;
aún la justicia humana más perfecta es de tuna insuficiéncia total si la
dejamos librada a sí misma. Supongamos un régimen, que le diera a cada hombre
lo que merece, lo suyo, lo que le corresponde. ¿Qué pasaría en ese mundo, en
ese lugar, en esa comunidad?. Se crearía una desigualdad espantosa, se los
aseguro. Porque habría los que son acreedores a mucho, y los que son acreedores
a nada. ¿Y qué pasaría en aquéllos que no reciban porque no merecen, frente a
los que reciben mucho porque merecen mucho?, ¿qué nacería en ellos?. La
diferencia engendra odio, envidia, codicia, resentimiento. Sería un mundo de una
crueldad espantosa. La justicia sola no basta aunque es necesaria; hace falta
mucho más que darle a cada uno lo suyo; hace falta contemplar lo que cada uno
necesita, y para ello está el amor, para ello está la caridad. No da lo debido,
da mucho más, y da en la medida de la necesidad. Los romanos, maestros de la
política, del orden natural, consideraban tres condiciones, tres exigencias
para el ejercicio del poder político. Primero el amor a la Patria, el fervor
patriótico. A la Patria hay que amarla, después de Dios es el primer amor. Así
dice Santo Tomás además, y dice la verdad. Después decían, tiene que ser un
gobierno justiciero, justiciero porque le da a cada uno lo suyo, pero agregaba
otra cosa; la benevolencia pública, la atención de ios más necesitados,
precisamente para perfeccionar la justicia. Por eso Santo Tomás dice, la
justicia sin caridad es cruel, la caridad sin justicia, es vuelta y anarquía,
porque claro, si nos perdonamos todos, y no hay culpables, entonces
evidentemente, la caridad es desorden. Es como le pasaba a Papini cuando
escribió el libro sobre el diablo, de que el diablo va a ser perdonado también.
Entonces la cosa era ganga, porque por más que hagamos en esta vida, no lo
vamos a superar a él, y entonces vamos a ser perdonados también nosotros.
Entonces, la caridad necesita de la justicia, y de su rigor,y la justicia
necesita de la caridad, para su propia perfección y abundancia. Por eso el
gobernante tiene que ser justiciero y caritativo a la vez, como es Dios, al
modo de Él, a imagen de ÉL Porque no se olviden ustedes, que la Encamación del
Verbo, la primera venida de Cristo a la tierra, fue en la figura del Salvador,
pero la segunda, va a ser en la figura del Juez, inapelable, y ninguna persona
de sentido común puede pensar que va a ser una justicia propia. Miren que el
último acto de Dios con relación a los hombres en esta tierra es un acto de
justicia, pero para eso le ha dado al hombre, todo su amor, y se lo da, y le
insiste, y lo llama, y lo invita, y lo nutre del mismo, esperando que le lleve
el apunte, hasta el último suspiro en que tiene tiempo. Me contaban una
anécdota, de un hombre que yo estimé profundamente, y que era un gran maestro
de derecho, un poco diablo si, pero gran maestro de derecho, que era el «fiero»
Paz, el doctor Jesús H. Paz, gran civilista y penalista. Era ateo, fue gran
amigo mío, gran señor. Cuando yo perdí todo, me visitaba a cada rato, y me
decía, «vengo a decirle que soy su amigo», y me llevaba a una quinta que tenía
de manzanos en Morón, para que almorzara con él. Resulta que un sobrino de él,
el Padre Amancio González Paz, estaba desesperado porque se iba acercando el
tiempo que había que irse, por tratar de llamarlo a la comprensión de su
situación, y entonces le insistía tanto que le dijo un día el «fiero Paz».
«Pero sobrino, crees que soy tan idiota que me voy a morir para condenarme,
crees que soy tan imbécil, que no me voy a poner en orden con Dios». Y así lo
hizo. Este es el problema: nosotros, a este magisterio de Cristo de las tres
tentaciones, lo hemos prácticamente abandonado, y somos arrastrados por esas
tentaciones. Y hoy el país entero está dentro de ésa, de las consecuencias de
esa ignorancia, la más culpable de todas, que es la ignorancia diabólica, la
ignorancia de aquel que pudiendo y debiendo ver, cierra los ojos para no ver, y
se dispone a saltar sobre el abismo. Este es el problema. Por eso la política
es sabiduría, la prudencia es sabiduría. Yo siempre propongo como modelo de
sabiduría, de gobernante en el orden, en el mundo contemporáneo, a Oliveira
Salazar, porque creo que no ha habido un varón de Cristo y de la Patria, que
tenga la altura, la medida, la perfección, de ese hombre. Sin desmerecer a
otros. Pero ese fue un gran señor, que hizo de la política una sabiduría
práctica, que vivió desprendido totalmente de sí mismo, como debe vivir un
varón, una mujer de Cristo. El problema no es no tener bienes, sino tenerlos,
desprendidos de ellos, que no lo aten a uno, que no lo encadenen, que no lo
dirijan. Esperemos que Dios nos ayude; yo creo que nos va a ayudar. Repito, lo
más probable es que gane el Frejuli, entones los asuntos se precipitan.
Supuesto que no ganara, absolutamente seguro, el triunfo del Frente Popular, y
la impunidad total de la guerrilla en el futuro supuesto que no pasara nada. De
manera que la analogía de la situación actual en la Argentina, es la de España
en 1936. No vamos hacia la paz, sino hacia la guerra. Quiera Dios que estuviera
equivocado. Vamos hacia la guerra de cualquier modo, es cuestión de etapas, de aproximaciones
o de aceleraciones, pero la cosa es irremediable, porque se ha permitido que
avanzaran de tal modo las fuerzas subversivas y destructoras de la Nación, y la
entrega de la Nación, que lógicamente ahora, no se puede salir, sino si Dios
interviene, suscitando, en un resto de varones cristianos y patriotas, la
decisión heroica, de disponerse en primer término a morir. Porque lo primero es
disponerse a morir. Yo el único temblor que tengo, es fallar en este punto, si
Dios no hace lo posible para ayudarme. No es porque yo sea viejo y ustedes
jóvenes. Me tocaron algunas luchas, no habiendo sido nunca hombre de pelea,
pero Dios me ayudó siempre. Nadie me movió de mi puesto, ni nadie me arrastró,
ni nadie consiguió doblegarme. Fui de permanecer fijo e inmutable en lo que
tenía que hacer. Me ha costado bastante, pero el testimonio lo doy, por eso les
hablo así. Hace más de treinta años que me he dedicado a tratar de cultivar, de
enseñar a los hombres de armas, una doctrina de verdad y de vida, una doctrina
de verdad y de sacrificio. Lo único que he recibido en general, son calumnias,
incluso el Comando en Jefe del Ejército, hace tres años, menos de tres años,
difundió en todo el país, después en todas las unidades, que yo era ideólogo de
un grupo de oficiales que había cometido determinados actos de terror. Lo hizo
a sabiendas de que era falso, por eso nadie me llamó nunca ni a declarar ni
nada, pero en cada unidad se leyó, y se me mezcló primero con el Padre Mujica,
y la misma noche en que se entregó ese documento en el Comando en Jefe, me
habló un periodista para decirme, «nos acaban de entregar, y lo que me
sorprende es que lo mezclen a usted con el Padre Mujica». Les digo esto porque
es importante; se ha vaciado a los hombres de armas, se les ha impedido el
saber fundamental que necesitan para emplear las armas como Dios manda, se los
ha vaciado interiormente, se les ha quitado el espíritu de muerte. Un soldado
que no tiene ese espíritu no sirve para nada. Cuando Millán de Astray,
reclutaba los hombres de la Legión, llegaba el recluta, y a nadie le
preguntaban de dónde venía ni que había hecho; lo único que le preguntaban era,
«¿sabes a que has venido acá?», y el otro le contestaba cualquier cosa, menos
lo que le iba a repetir Millán de Astray. «No, no has venido ni para hacerte
mejor, ni para esto ni para aquello. Todo eso va incluido, si, pero acá has
venido para morir, para morir, y si te parece mal, aquí al lado está el médico,
le dices que te duele la garganta y no te incorporarás. Pero si aquí entras, es
para morir. Lo primero que hay que aprender es eso». Fíjense qué cosa
maravillosa, la filosofía nació en Occidente. El verdadero fundador de la
sabiduría humana fue Sócrates, que tuvo como testigo a uno de los hombres más
egregios de todos los tiempos como es Platón. Y como definía la filosofía;
decía, «filosofar es aprender a morir». Porque el camino hacia la verdadera
vida, es saber morir. ¿Y cuál es la lección del crucifijo?, la lección del
crucifijo es esa, darse y saberse dar. La ley natural es el sacrificio, no es
el egoísmo, es decir, es la persona que hace don de sí misma. Uno ha visto en
la historia, los grandes de nuestra Patria han sido hombres que lo han dado
todo y no han recibido nada, nada más que calumnias, comenzando por San Martín.
El pobre Belgrano murió en la miseria, Rosas sigue calumniado todavía hoy. Es
como la Divina Providencia quiere documentarle a los hombres, a las
generaciones que van llegando, que la vida la tenemos para darla, y si la
podemos dar por la verdad y para la verdad, ¿qué cosa mejor que ésa?. Decía
también Aristóteles el pagano, «más vale vivir un solo año para un fin elevado,
c¡ue arrastrar toda una larga vida vanamente». Hasta el griego pensaba así, el
pagano. Sabía perfectamente que el sentido de la vida era saber morir. ¿Qué es
lo que nos limita?, ¿qué es lo que nos esclaviza?, ¿qué es lo que nos impide
decir y vivir en la verdad?, ¿que es nuestro deber de hombres?. Lo que nos
impide es justamente el terror que tenemos al sufrimiento y a la muerte. Y
Cristo vino justamente para asumir nuestro sufrimiento, nuestros males y
nuestra muerte, y vencerla, como dice Agustín, «la Vida verdadera bajó a la
tierra, tomó nuestra muerte, y la venció, y la mató con la abundancia de su
Vida». Veremos lo que pasa, pero las cosas van a ir cieo yo, por los caminos
que les acabo de exponer. El acto electoral es un vómito, es el perro de la
Escritura que vuelve al vómito. No hay solución ninguna, no vamos hacia la paz
por ese camino, sino hacia la guerra, además la guerra está desarrollándose
ante nuestros ojos. Todos los días hay secuestros, hoy ha habido otro. Y al
terror no se lo vence con los votos, se lo vence con la Verdad, y la
disposición al sacrificio y a la muerte.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
JUEVES 15 DE MARZO DE
1973
4-NECESIDAD DE LAS VIRTUDES
Habiendo
estado dedicado a la lectura de una de las novelas de Dostoievski, que se llama
«El adolescente», ahí leí una frase, una sentencia, que me ha quedado grabada
para siempre. Yo tendría entonces dieciocho años. Se me ha quedado grabada para
siempre. Dice Dostoievski, «no hay nada que sea tan monstruoso como la unión de
un hombre y una mujer sin pronunciar palabra». Por eso en el fondo, la
prostitución es un vicio solitario, porque no puede haber soledad mayor que la
de un hombre que se une carnalmente a una mujer en la situación ésa de la
relación con una prostituta. Es un vicio solitario como la masturbación. ¿Por
qué dice Dostoievski eso?. Porque el hombre no es un animal simplemente; tiene
un alma espiritual, y en el alma hay dos actividades que son la expresión pura
del alma racional del hombre, que son el conocimiento y la capacidad de querer,
y el amor. Entonces no puede el hombre unirse a la mujer como se une un caballo
con una yegua, no puede ser. Tiene que haber una comunión, tiene que haber una
intimidad, tiene que haber diálogo, palabra, o sea conocimiento, o sea verdad.
Es elemental. Yo era un incrédulo, y esto me impactó profunda y
definitivamente. Porque la verdad tiene una fuerza tal, que lógicamente cuando
la vemos, nos arrastra de un modo inevitable. Y entonces uno se da cuenta de lo
que significa esta relación que existe entre el amor y el conocimiento. Por eso
siempre está la verdad de por medio, así como en el mal siempre está el error,
siempre está la ignorancia.
La
gente ha dejado de creer en la soberanía de Cristo, y en cambio cree en la
soberanía popular. El dogma de la soberanía popular, este falso dogma, está
metido profundamente en la mente y en el corazón, por ejemplo de los
argentinos, sean doctores o sean analfabetos, lo mismo da. Ya que hoy se habla
tanto de mentalización, la mentalidad es esa. Hay una especie de respeto, y de
reverencia, y de unción, frente al veredicto del número. No es un fenómeno
argentino exclusivamente, ni siquiera es un fenómeno americano; es un fenómeno
universal. Si usted habla de seguir a Cristo, alguno le llevará el apunte,
alguno reconocerá esa realeza, esa soberanía; pero si usted habla de acatar el
número, el veredicto del número, nadie se lo discute. Tiene razón Villeneuve en
su libro titulado «Satán en la ciudad», cuando él ahí demuestra el carácter
satánico de este dogma, de este falso dogma. Porque este falso dogma de la
soberanía popular, surgió en el momento mismo en que en Occidente se operaba o
se consumaba una gran transformación de la mentalidad. La mentalidad dejó de
ser cristiana en el siglo XVIII. En la inteligencia ilustrada, dejó de ser
cristiana, negó la existencia del pecado original, y se substituyó la idea del
pecado original por la bondad natural del hombre. El hombre nace bueno y la
sociedad lo corrompe. Entonces, para que el hombre despliegue su bondad
natural, hay que cambiar las estructuras, como se dice ahora, pues se siguen
repitiendo los mismos esquemas con otras palabras, de los ideólogos de la Revolución
Francesa. Lógicamente, si usted niega el pecado original, usted lo ha eliminado
a Cristo, aunque lo siga invocando. Porque ya pierde todo sentido, y la fe no
es una cosa contraria a la razón, sino es cosa para la razón, para la
perfección de la razón humana, para elevarla al conocimiento de aquello que por
sí misma no podría alcanzar, y que Dios nos hace la merced de revelárnoslo.
Lógicamente, qué sentido tiene la Encarnación del Verbo, que es la Encarnación
de la Verdad de Dios. Hay algo profundo y substancial en esto, de entender el
sentido, en la medida en que podemos entenderlo, de que de las tres Personas
Divinas la que se hace hombre, es la Verdad, es la Sabiduría de Dios, es el
Verbo que nos ha creado. Es la Verdad la que ha venido aquí a habitar entre
nosotros, la Verdad de Dios. Y es además la que nos asiste a nosotros, para
unirnos a Dios. ¿Y el amor?, el amor, fíjense, es como lo dice Cristo, Yo me
voy y viene el Espíritu, y el Espíritu es el amor de Dios. Y evidentemente,
nosotros no podemos concebir el amor, fuera de la verdad, el amor de Dios
tampoco. Dios todo lo ha creado en sabiduría. Es un acto de amor, pero no es un
acto de amor, digamos así, que no responda a un orden. Está dentro de un orden,
que es el orden de la verdad, que es el mismo orden del ser, el mismo orden de
la realidad. De todas las virtudes humanas, de todas las virtudes morales,
¿cuál es la más alta?, es la prudencia. Y la prudencia, ¿qué es? es una
sabiduría, la prudencia es una sabiduría práctica. La prudencia es nada más que
esto: obrar en la verdad, o sea, obrar según la realidad. Cuando yo obro en
conformidad con lo que es, con la realidad, o sea con la verdad, porque la
realidad es la verdad en la mente que la piensa, entonces yo actúo como un
varón o como una mujer prudente. Lo mismo en el terreno familiar, que en el
terreno escolar, que en el terreno social, que en el terreno político, que en
el terreno militar. La prudencia tiene que ver con la verdad. Por eso Platón,
tenía razón. Él decía -tal vez exageraba un poco- que debieran gobernar los
filósofos. Pero hay que entender lo que quería decir. Él nunca tuvo pretensión
de ser gobierno. Él lo que quería decir es que no se puede gobernar sin
filosofía, o sea sin sabiduría. Eso quiere decir. No se puede gobernar sino con
la verdad, que es la realidad misma de las cosas en la mente en la cual las
cosas se reflejan. Claro está, que si en la realidad de lo que existe, no
hubiese lo que se llama en filosofía las esencias, (esa cifra de eternidad que
encierra cada cosa, eso que tienen fijo e inmutable y las hace ser lo que son),
y no hubiera un orden esencial, (en el cual, fijo e inmutable también, cada una
de esas esencias ocupa un lugar, tiene un rango, tiene un título de nobleza,
dentro de esa jerarquía del universo), entonces lógicamente no habría verdad,
no habría conocimiento ni verdad, porque si nada fuera lo que es, no habría
verdad, porque la verdad es lo que es. Lo mismo que yo digo cuando enuncio una
verdad, es lo mismo que es en la realidad, y para alcanzar la verdad, que es
alcanzar la realidad, hace falta una virtud en el hombre del pecado, porque el
pecado ha deteriorado principalmente la inteligencia, la ha hecho proclive al
error y al error tremendo que significa la necedad, creer que uno sabe cuando
no sabe, que es tan frecuente en nosotros. Entonces hace falta una virtud, que
es la humildad. Por eso Santa Teresa decía, «sólo el humilde está en la
verdad», sólo el humñde, aquel que está desprendido de sí mismo, sólo aquel que
no está atado, ni a su propio yo, ni a sus bienes, ni a sus poderes, ni a sus
pasiones, ni a sus apetitos, el que está desprendido, ese puede ver las cosas
como son, ese le permite a las cosas mostrarle su verdadero ser. Sólo al
humilde, porque ese se ha, en cierto modo, despojado de sí mismo, y entonces
sólo él puede alcanzar una real y verdadera objetividad, y ver las cosas según
ellas son en sí mismas, y no según su perspectiva subjetiva, de su interés, de
su pasión, del partido que él quiere sacar de ellas. Por eso en el nacimiento
de la filosofía está el asombro, asombrarse de que algo esté ahí y sea como es,
este es el despertar de la pasión curiosa, de la pasión intelectual. Si no hay
esencias, y no hay un orden esencial que refleja la esencia de las esencias,
que es en Dios, que todo lo ha creado en sabiduría, no hay conocimiento ni
verdad. Y si no hay conocimiento ni verdad, porque no hay nada que sea fijo y
permanente, y... entonces no puede haber un obrar, una conducta que sea
conforme a lo que es esencial y permanente, a lo que es siempre igual a sí
mismo. Qué sentido tendría esta palabra, que es la más bella de todas las
palabras de nuestra lengua castellana, la palabra fidelidad, qué sentido
tendría tener una conducta fiel si no hubiese verdad. Como podría haber
fidelidad, cómo podría estar yo referido siempre a lo mismo, y permanecer
siempre en el cambio de las circunstancias, en la mudanza de los tiempos y de
las situaciones, permanecer idéntico. Todos estamos enamorados de la fidelidad,
todos queremos fidelidad. Lo mejor que podemos alcanzar en esta vida es poder
decir he sido fiel, he sido fiel a Dios, he sido fiel a mi Patria, he sido fiel
a una mujer, y a un hombre, he sido fiel a mis hijos. Es decir, he adherido a
esas cosas fundamentales, de una manera fija e inmutable, y a través de las
circunstancias, y aún de las más adversas, he permanecido fiel. Pero si no hay
esencias y no hay verdades esenciales, cómo va a haber relaciones esenciales.
Como va a haber vínculos, en que debe estar la vida entera de cada uno de
nosotros. Para enseñarnos esto, para hacernos entender esto, porque el pecado
nos lo había obscurecido todo, es que la Verdad misma se hizo hombre, se
presentó a los hombres. Y esa Verdad, que es Cristo, que es la Verdad de Dios
hecha hombre, es el verdadero Soberano, el verdadero Rey, el verdadero Señor de
las cosas. Y hemos llegado a un tiempo en que los propios cristianos que
confiesan esa verdad, se apartan de ella totalmente en los negocios humanos,
comenzando por el negocio de la política. Y por eso la política ha dejado de
ser sabiduría; se ha convertido en una nulidad, en una habilidad, en un juego
de hombres hábiles, astutos, que precisamente pretenden substituir la realidad,
o sea la verdad, por puras ficciones, por puras abstracciones vacías, y cuando
la mente del hombre, el alma del hombre, se alimenta de esas abstracciones
vacías, de esas generalizaciones de la experiencia, o de conceptos puramente
negativos, o del espíritu dialéctico que analizábamos en la primera clase, se
hace un vacío interior y por eso ocurren las cosas que están ocurriendo.
