ASALTO TERRORISTA AL PODER
Jordán Bruno Genta
Jordán Bruno Genta
5 EL INFANTILISMO MENTAL
Piensen
ustedes que hace siglos se ha proclamado y se enseña la Verdad de Cristo en
esta tierra, y la gente no obra según esa Verdad, aún los que son fíeles, en el
sentido de que concurren a la Iglesia, y practican los sacramentos, no están,
no viven según la verdad, según la realidad. Y cuando usted en el plano
político plantea la realeza de Cristo, la gente se ríe. Pero usted hace un
programa, una plataforma en base a la soberanía popular, que es una soberanía
ficticia que existe en el papel, usted tiene una adhesión general, y un
respeto, una reverencia inadmisible a toda persona sensata, de sentido común.
Se me ha ocurrido un símil para explicar la situación actual. Y para no pensar demasiado
mal de los responsables de nuestra conducción militar y política, he tenido que
optar por referirme al infantilismo mental, en lugar de referirme a una
complicidad criminal, ignominiosa, o a una cobardía inconcebible en los hombres
de armas. Me ha parecido que estamos viviendo un momento análogo al que se
narra en Caperucita Roja. Claro que es difícil, con la figura que tiene, pensar
que el General Lanusse pueda hacer figura de Caperucita. Ya no es tanta la
dificultad, si pensamos que el Lobo, el Lobo Malo, se ha puesto un camisón y
una cofia. Me refiero a Perón, y está en la cama esperándola a Caperucita. Y
Caperucita entra con un cesto colmado de bienes de este mundo, se presenta y
lógicamente saluda a la abuelita, y la abuelita tiene la mansedumbre, la
bonhomía, la ternura más exquisita. Claro: advierte, que tiene unos ojos muy
grandes, y entonces le dice Caperucita, «que ojos grandes tienes», «para verte
mejor». Y ve que tiene unas orejas que exceden las medidas normales, y entonces
la viejecita tierna, la abuelita tierna le dice, «es para oírte mejor». Claro
que viene después la tercera pregunta, esa es después del 25 de mayo, y
entonces le dice, «qué boca grande tienes», y claro, esa boca es para
devorarla.
He
pensado en Caperucita, y en este cuento que todos conocemos desde muy niños,
para no pensar cosas ignominiosas, porque es inconcebible -lo digo con toda
responsabilidad a esta altura de mi vida- que las Fuerzas Armadas de la Nación
le entreguen el poder, al hombre que destituyeron hace diecisiete años. Que
además vive insultando, agraviando en todas las formas, y que se dispongan a
hacer eso, sinceramente es un acto único, un hecho único en la historia, nunca
ha ocurrido nada igual. La subversión ha triunfado, y el comunismo, en muchos
lugares del mundo, en casi todo el mundo, pero de este modo nunca. Repito, he
apelado a este símil, porque si no uno tendría que pensar las cosas más
negativas, de los hombres que conducen militar y políticamente al país. ¿Dónde
muestra su falacia evidente la soberanía popular?, en el hecho de que en el
país, la mitad del país, se reduce a un solo elector, y un solo elegido. Un
solo elector y un solo elegido, que a dedo señala quienes son los candidatos. Y
cuando por ahí alguien se quiere apartar, lo hace matar, o lo matan los suyos,
o desaparece del mapa, como el señor Anchorena, del cual no se oyó hablar más.
Seguro que le dijeron, 'no sigas porque terminamos con vos' y el hombre
prefirió salvar el pellejo a insistir en ser candidato a gobernador, y eso que
estaba dispuesto a todas las obsecuencias habidas y por haber. Hace dos años,
no voy a enumerar las personas que vinieron aquí para convencerme a mí, de que
un jefe militar que cada día me es más respetado, era un hombre peligroso y
funesto por su relación con Frondizi, porque Frondizi era la mala palabra.
Estar vinculado al entregador del petróleo, etcétera, etcétera, era una cosa
terrible. Pero ahora que se ha producido la fraternidad, la unión fraternal del
señor Frondizi con el señor Perón, ya no hay culpa. Los mismos que llamaban por
teléfono, con panfletos, o visitaban personalmente para prevenir, contra ese
jefe militar, ahora celebran esta promiscuidad, este contubernio. Esto es
pavoroso, avergüenza, todo esto es vergonzoso y ruin. Y pensemos en todal a
publicidad que tiene todo esto. Realmente lo que ha ocurrido es un acto de
justicia, es justo, esto era lo que merecíamos. A esta ignominia y a esta
abyección tenían que ser conducidas las Fuerzas Armadas de la Nación. Espero
que no ocurra, porque quiero creer, que en Argentina queda todavía un resto de
personas con vergüenza, y con los atributos de la virilidad. Quiero creerlo, me
resisto a dudar de eso, porque estamos frente a una cosa que excede toda
medida, y única en el mundo. En el mundo ha habido muchas formas de entrega, ha
habido muchos Kerenskys, muchos Azaña y Alcalá Zamora, y cosas así, hasta Frei,
ha habido de todo, pero, una cosa como la de aquí no ha habido en ninguna parte
del mundo, es única. En eso si somos originales. Porque ustedes, claro, los que
son jóvenes de ustedes, no han vivido esos diez años, que he vivido yo y que
hemos vivido algunos de los que estamos aquí. Esos diez años de servilismo y de
adulación. Porque es lo de menos lo que han robado o dejado de robar o llevado
al Banco de Suiza, porque los bienes materiales se pierden y se obtienen de
nuevo. Pero los grados de adulación y de servilismo que se vivieron en esos
diez años, exceden todo. Mediten lo que serán los próximos. Algunos vamos a
tener el privilegio de no verlo.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
6-LA TRAICIÓN A CRISTO
Pero
evidentemente, nosotros hemos traicionado a Cristo, por eso mismo, porque ya
les he dicho otra vez, a Perón lo echó Cristo, y los primeros en traicionar a
Cristo fueron los cristianos de la Argentina. Porque en ningún momento, cuando
se instaló el gobierno del General Lonardi, salieron los cristianos a la calle,
a reclamar los derechos de Cristo. Guardaron un ignominioso silencio. La
cuestión religiosa se silenció absolutamente por parte de los católicos,
empezando por la Jerarquía. Recuerdo un hecho, que se los voy a referir, y voy
a dar los nombres. El doctor José Ignacio Olmedo, que ha fallecido, estaba
en
ese momento aterrado, frente a los hechos, como se configuraban en la
Revolución Libertadora, y estoy hablando de la etapa brevísima de Lonardi. Y
entonces lo llamó a su hijo, (tiene dos hijos sacerdotes), al que está en la
Curia, el que es digamos como asesor, porque es doctor en Derecho Canónico, y
le decía, le reclamaba que le hablara al Cardenal, cómo era posible que no se
saliera a clamar, que la Iglesia no clamara por la restitución de Cristo a las
escuelas, por la supresión y la abolición inmediata de la ley de divorcio. Y
entonces me contó a mí, que su hijo fue a ver al Cardenal, Copello, y entonces
le dijo, «pero Eminencia, cómo es que no hacemos nada». «No se puede hacer nada
-le contestó- porque hay un pacto, hay un convenio». Es decir, la Iglesia
aceptaba que hubiese un convenio para que la cuestión religiosa no fuera
tratada de ningún modo, para no crear división ni contradicción entre los
argentinos. Es decir, se aceptaban los atropellos cometidos contra los pocos
que quedan en el país, o lo que quedaba de un orden cristiano. Y el ministro
cristianísimo, D'Elloromai, de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, de la
Catedral, puso en vigencia la Ley 1420. Ustedes comprenden que cuando uno ha
asistido, y recuerdo que en el 8 de diciembre del año '55 - mi hija tenía
quince años en ese momento- y hubo una manifestación católica ese día, y al
pasar delante del diario La Prensa, mi hija con otros jovencitos que estaban
con ella, se puso a gritar contra la masonería, y contra La Prensa, y se le
acercó un sacerdote y le dijo, «te daría una bofetada, chiquilina insolente».
Perdonen que yo apele al anecdotario personal, pero quiero referirme a cosas
reales, vividas por este país, porque esto que pasa hoy se explica claramente.
Nosotros sacamos el periódico Combate, el primer número, ese día, el 8 de
diciembre de 1955, y ya anunciamos que la democracia era Perón, que la soberanía
popular era Perón, y que era absurdo invocar como razones para eliminar a
Perón, la voluntad de la mayoría, la voluntad del pueblo. Lo predicamos diez
años en Combate, lo hemos escrito en todos estos libros, he dado cientos de
conferencias y de charlas, a veces me ocurría, en algunas unidades militares,
especialmente de Ejército, que me invitaba el Jefe, y cuando usted, está
delante de los alumnos, y no ha hecho otra cosa toda la vida, uno no sabe si lo
que está diciendo rebota o encuentra eco, y cuántas veces ha advertido una
resistencia invencible a aceptar las verdades más evidentes, las cosas más
claras. Hace poco menos de un año, un jefe militar que espero juegue el papel
que le corresponde, me decía sentado en una de esas sillas, después de toda una
argumentación, que me aceptaba muchas cosas y había leído, pero me dijo: «tenga
presente usted que el Ejército es populista», porque la mayor locura, el mayor
pecado contra la verdad, ha sido que durante todos estos diecisiete años y
sobre todo a partir del triunfo de los azules- lo mismo hubiera sido si
triunfaban los colorados en el año 62 - se ha enseñado, y la mentalidad del
oficial de las Fuerzas Armadas, especialmente en las escuelas superiores, ha
sido cultivada en el futuro oficial de Estado Mayor, por ejemplo, la idea de
que el Ejército es el brazo armado de la soberanía popular, o de la
Constitución, que se funda en la soberanía popular, y una eliminación
progresiva del tema de la soberanía política de la nación. Porque lógicamente,
si nosotros insistimos sobre la soberanía política que es el señorío sobre todo
lo propio, y que no es como pretenden algunos, que hay una etapa en la historia
argentina que es la de la conquista de la soberanía política, después viene una
segunda etapa que es la de organización nacional, y ahora está la etapa de la
independencia económica, como si la soberanía política fuera una cosa que usted
la tiene, y ya la tiene definitivamente. Como si pudiera haber independencia
económica si no hay soberanía política, como si la independencia económica no
fuera una de las condiciones de la existencia, de los elementos que dan
testimonio de que hay una existencia soberana, en el plano político. Cómo puede
haber soberanía política si usted está en dependencia económica de un poder
extranjero, sea el que fuere, militar, ideológico o financiero. Cualquiera
comprende que no son etapas que se van sucediendo, soberanía política,
independencia económica, justicia social.
Todo
es al mismo tiempo, o no es nada. En el tiempo de Rosas la Argentina era
soberana políticamente, era independiente económicamente, y había justicia
social en la Patria. La Argentina era un país invencible. Sitiado por los
poderosos de la tierra, cerrada su Aduana, el país era invencible. Y tuvieron
que aceptar esa situación los poderosos de la tierra. ¿Por qué?, porque éramos
un país, como se dice ahora, políticamente soberano, económicamente
independiente, y un país de justicia. Y si hubo mucha violencia, fue porque
hubo que afrontar la rebelión de los cipayos de adentro y de los poderosos de
afuera, en forma casi constante. Pero hay un hecho que es evidente: como había
señorío político, había independencia económica. Es como pasaría hoy. Este país
es uno de los pocos países que puede resistir cualquier sitio, es decir,
podrían aniquilarnos con la bomba atómica, como hemos cometido la torpeza de
juntar todo el país en un sólo punto. Porque nosotros no hemos crecido como
nación. La prueba de la ausencia de soberanía política, y por lo tanto de
independencia económica, y por lo tanto de justicia social, es que nos
organizamos contra los intereses supremos de la Nación, nos organizamos como
una factoría de Inglaterra. Es evidente. Todo el país se puso en función de un
puerto de ultramar. ¿Qué papel nos asignaron los ingleses?, producir carnes y
cereales, y ellos se encargaban de suministrarnos las manufacturas. Ese papel
en realidad, lo juega hoy lo que se llama el Imperialismo Internacional del
Dinero, y no he inventado yo la palabra, sino que es de la Iglesia de Cristo,
de la Cátedra de Pedro. Y entonces evidentemente, se produjo esta cosa
monstruosa: un país de tres millones de kilómetros cuadrados, veinticuatro
millones de habitantes, con las mejores tierras del mundo, los mejores climas
del mundo, tiene la tercera parte de la población aquí en el Gran Buenos Aires.
Y cuando el «libertador Perón» fue gobierno, ese mal que los argentinos
tenemos, esa distribución horrenda, colonial, cipaya, de la población, de los
recursos, de la industria, la agravó infinitamente. El país en el año 46 tenía
una solvencia tal, unas reservas tales de divisas, que si hubiera habido un
patriota al frente de la Argentina, lo primero que hubiera hecho, ¿qué es?,
darle agua a las tierras desiertas y áridas de la Patria, para llevar la vida
al interior de la Patria. En lugar de eso, incluso las fábricas que había en el
interior, fueron traídas acá con su población. Es decir, esa evidencia, esa
prueba evidente del coloniaje argentino, de la actitud colonial, servil de la
Argentina, la agravó infinitamente, produciendo en la era atómica tan luego,
una concentración de población, de industria, de comercio, de recursos
fabulosa, en el Gran Buenos Aires, y en otros dos o tres centros más,
inferiores por supuesto al Gran Buenos Aires. Cualquier persona comprende que
esa distribución, cuando uno se guía por el último censo que se hizo, se debe
ver con horror. Provincias argentinas que se van despoblando, un índice de
natalidad mínimo, la Argentina además ha dejado de ser un país de inmigración
por una razón sencilla, porque hoy en cualquier país, las condiciones de vida
para un inmigrante, ya no son aquellas condiciones de vida que fueron en un
tiempo. Pero uno ve ese cuadro, y es el cuadro de la dependencia. ¿Pero por qué
hemos llegado a esa dependencia económica en que estamos viviendo?, porque
nosotros no ejercemos nada más que en el papel la soberanía política, y las
Fuerzas Armadas de la Nación han renunciado a la soberanía política. Por eso
custodian las urnas de la soberanía popular. Y el primero que inició esto fue
Perón. La primera elección que las Fuerzas Armadas de la Nación custodiaron las
urnas, fue la elección que llevó a Perón a la presidencia, como lo ha llevado
ahora, en 1946. Yo les recomiendo a ustedes que lean, en el Diario de Sesiones de
la Cámara de Esputados de la Nación, de diciembre de 1915, el discurso que
pronunció Estanislao Zeballos, un liberal, pero honesto, patriota, decente,
cuando al comenzar la Primera Guerra Mundial, los ingleses se apoderaron de un
barco argentino que había sido alemán y que Alemania había vendido a la
Argentina poco antes de iniciarse la guerra, y el gobierno argentino, ni
siquiera elevó una protesta, y entonces Estanislao Zeballos pronunció un
discurso que debiera leerse, que acaso se lea algún día, en todas las escuelas
del país, comparando la actitud de la Argentina en el tiempo de Rosas, y la
actitud de la Argentina frente a los poderosos de la tierra, en ese tiempo de
Victorino de La Plaza. Mostró a aquella Argentina resistiendo los mayores
poderes de la tierra, y mostró esta Argentina entregada. Y nosotros en el año
45, celebramos como una habilidad, sobre todo el coronel Perón, porque él era
el verdadero jefe del Estado, y no Farrell, celebramos la declaración de guerra
al Eje ya vencido. Prueba evidente de la ausencia absoluta de soberanía
política. Lo celebramos como una habilidad que nos permitía entrar como furgón
de cola en el carro de los vencedores de la tierra. Y Perón con una sonrisa
cinematográfica se hizo retratar. Claro, al mismo tiempo firmamos las Actas de
Chapultepec, o sea, nuestro sometimiento total, económico y financiero. Por
eso, cuando nosotros analizamos nuestra historia, tengamos al menos la
sensatez, la prudencia de no separar jamás la soberanía política, de la
independencia económica y de la justicia social. No puede haber ni
independencia económica ni justicia social si no hay verdadera soberanía. ¿Cómo
va usted a servir al Bien Común, si no es señor de lo suyo, y no ejerce ese
señorío? ¿Cómo va usted a hacer que la riqueza argentina sea para el bien de
los argentinos ante todo, si usted no tiene soberanía política?. Cómo va usted
a cuidar la justicia distributiva y la situación de los más necesitados, si
usted no ejerce la soberanía política de la Nación?. Nosotros hemos renunciado
a eso. Por eso en las escuelas militares, con la excepción de la Escuela de
Aviación Militar en este momento, se enseña que las Fuerzas Armadas son el
brazo armado de la soberanía popular, que es una soberanía ficticia, de papel.
Una soberanía que significa simplemente el problema de Barrabás y de Cristo.
Porque aquí, claro está, no estaban frente a la multitud, no había ningún
Cristo por supuesto, pero estaba la suerte de la Patria.
Esta
gente del gobierno, la Caperucita Roja, hizo publicar durante dos semanas,
solicitadas en que se detallaban todos los crímenes y aberraciones de Perón,
considerando que la gente al leer eso, iba a reaccionar, debido a la
«inmaculada concepción de la multitud....»
