ASALTO TERRORISTA AL PODER-
Por Jordán Bruno Genta
JUEVES 5 DE JUNIO DE
1973
39-LA SITUACIÓN DEL EJERCITO Y DE LA IQLESIA
En
el momento en que el Ejército Revolucionario del Pueblo realiza esta ofensiva
permanente, los militares nos retiramos a los cuarteles, a dedicarnos a la
instrucción militar. Y dejamos nomás, que la sociedad, y el Estado y la
República, la manejen los otros, la dirijan los otros, la conduzcan los otros.
Es una cosa tremenda, y sin embargo es así. Hemos llegado a eso. Y el hombre
llega a eso, lo peor del caso es que en muchos casos ni siquiera son personas
que hacen las cosas sabiendo lo que hacen, no saben lo que hacen, no tienen la
menor idea de lo que hacen. Cuando uno lee por ejemplo en Platón en La
República, la educación del guerrero, la educación del soldado, y la confronta
con lo que hablan los comandantes en jefe en nuestro país, usted se queda helado.
Han pasado veinticuatro siglos en vano. Aquí el magisterio está vivo todavía,
menos para ellos. Es curioso, la forma en que se ha ido vaciando interiormente
el hombre, y los estados, y las profesiones, dejando solamente un profesional
del futuro, vacío de todo sentido humano, no hablemos de sentido cristiano ni
de cosa parecida. Eso es lo grave. Y más grave todavía cuando esos son los
hombres que conducen, los que dirigen. Entonces uno se da cuenta cómo los
ejércitos regulares finalmente son aplastados por esos ejércitos
revolucionarios. Eso viene ocurriendo sistemáticamente desde el año 17 hasta
ahora. El Ejército Rojo de Trotzky prevaleció en definitiva sobre los Ejércitos
Blancos profesionales. El ejército guerrillero de Castro prevaleció sobre las fuerzas
regulares de Batista. Y no será raro que el Ejército Revolucionario del Pueblo
sea el futuro ejército de la Nación Argentina, por este camino. Porque las
batallas no se ganan en el campo de batalla, simplemente. Hay como una
estrategia de aproximación indirecta que va demoliendo a la persona. Es decir,
las fuerzas de resistencia se van ablandando, se van desquiciando, se van
desgranando, y se van convirtiendo en un paralítico. Imagínense, sin convicción
un soldado ¿qué va a salir a pelear?, ¿contra quién?, si no sabe para qué él
está ahí. Imagínense que yo eduque al soldado para que sea el brazo armado de
la Constitución. Una Constitución que vive siendo violada permanentemente. Es
cierto que es una dama que no < merece muchas consideraciones. Pero en
rigor, es un estado de violación permanente. Aquí las únicas fuerzas sujetas a
la Constitución son las Fuerzas Armadas. Al gobierno le interesa tres cominos
la Constitución, la viola permanentemente, desde el 25 de mayo en que se
sacaron los presos antes que ni siquiera firmaran la amnistía en Presidencia.
La Constitución es una perpetua violada. Y es tan grande la imbecilidad humana
que hay gente dispuesta a ir a morir y defender a esa pobre, es increíble, que
nadie acata. Hasta ese punto se ha descendido. En tiempos de San Martín había
una razón de luchar y de morir, los ejércitos eran auténticamente cristianos y
marianos. Ahora no son nada, ni hay la menor idea de nada, y hay toda una
acción de desinformación y de instrucción negativa, a los efectos de que el
hombre se convierta en un paralítico. Entonces una pequeña minoría que ya está
existiendo en las fuerzas Armadas, y socios del ERP, con la mentalidad del
socialismo revolucionario, mañana van a dominar todo, o si no dominar, en el
momento en que haya que salir van a inhibir, van a paralizar la cosa, y lo van
a conseguir con toda facilidad. Este es el problema. Y de la Iglesia no digamos
nada cuál es la situación, no puede ser mas desgraciada, el documento de los
obispos en fin, dice algunas cosas tímidamente en la segunda parte. ¿Pero qué
vigencia tienen ellos, respecto al tercer mundo, qué acción ejercitan ellos?,
ninguna. La autoridad no tiene vigencia, no tiene eficacia, no puede controlar
nada, estos curas del tercer mundo dicen lo que se les da la gana, por otra
parte esa es la Iglesia oficial en la Argentina. J , , Así que fíjense bien,
las dos fuerzas de resistencia están prácticamente anuladas. Una por repliegue
voluntario a los cuarteles, y la otra por la contradicción interna que la
devora humanamente. Al contrario, la Iglesia militante está al servicio de la
revolución social, la Iglesia efectiva es esa, la otra no existe. Por lo menos
no existe como presencia viva, o visible.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
40-EL OCIO Y LA VIDA ACTIVA
Y
ahora, vamos a referimos en primer término a ésta contraposición entre la vida
contemplativa y la vida práctica, y la acción. Entre estos dos términos ha
girado toda la historia de Occidente, entre la contemplación y la acción. Si
nosotros nos remontamos a los orígenes de la civilización occidental, y a los
orígenes en plena paganidad, en la Antigua Grecia, porque la Antigua Grecia fue
el lugar de la sabiduría humana, la filosofía rigurosa de la inteligencia
racional, es exclusiva del mundo occidental. Por eso cuando se dice que, la
filosofía, la sabiduría natural, como ciencia, ha comenzado en la Antigua
Grecia, se dice una verdad. Y todavía se la precisa más cuando se enseña que la
filosofía lia comenzado propiamente, aunque tenga algunos antecedentes de
siglos anteriores, con Sócrates, Ratón y Aristóteles. Estos tres nombres
constituyen la verdadera tradición de la filosofía como disciplina de la razón
natural. Y tiene razón Jaeger cuando dice en el libro que se titula 'Paideia',
que Sócrates es el fenómeno pedagógico más trascendente de Occidente. Es cierto
que está el Magisterio de Cristo, pero ése no es solamente humano; y estamos
hablando del orden natural, y evidentemente, la filosofía ha comenzado allí Y
como les he dicho muchas veces, la filosofía ha comenzado en el momento en que
la inteligencia humana, liberada ya de lo sensible, de lo imaginativo, se eleva
a la pureza del concepto, o sea de la definición, es decir, cuando la filosofía
es la contemplación de las esencias, así como Platón la expone. Porque lo interesante
de la filosofía, es que el hombre, no es que vuelve su atención a otro mundo
que el cotidiano. No; ese mismo mundo en que vivimos todos, en que nos movemos
todos, en que actuamos todos, es el mundo que considera el filósofo. Es la
misma realidad en que todos estamos envueltos, o que nos constituye a nosotros
mismos. De lo que se aleja la filosofía, de lo que se aparta, de lo que se toma
distancia, es de las interpretaciones ordinarias, vulgares y corrientes de ese
mundo en el cual vivimos. Ella estudia el mismo mundo que nos circunda, pero se
aparta de la interpretación corriente. Porque la interpretación corriente del
hombre es una interpretación que tiene fundamentalmente un sentido práctico, un
sentido de uso. En realidad el hombre percibe las cosas y las considera así
ordinariamente en función del partido que puede sacar de ellas, del uso que
pueda lograr. E incluso cuando el hombre pasa de la pura experiencia, -la
empiria que se llama-, a las artes y a las técnicas incluso científicas, sigue
considerando las cosas en función del uso, de la satisfacción de sus
necesidades. Mientras el hombre esta referido a las cosas así, con este sentido
utilitario, práctico, pragmático, el hombre no ve a las cosas como ellas son en
sí mismas. Las ve desde la perspectiva de sus apetencias, de sus intereses, de
sus afanes, de sus necesidades materiales respecto a las cosas. Por eso la
filosofía significa llegar a ser dueño sí, de la realidad, acatando lo que ella
es. Uno se da cuenta que, la mirada del hombre, mientras no se desprende de esa
intención, o de esa apetencia práctica, o pragmática, utilitaria de las cosas,
no las puede ver tal cual ellas son. Y uno se da cuenta además, la distancia
que va entre el falso filósofo, que llamaban sofista, contra los cuales combatieron
Sócrates y Platón, y el verdadero filósofo. Protágoras el sofista, decía «el
hombre es la medida de todas las cosas». Mientras nosotros somos la medida de
todas las cosas, a las cosas no las vemos como ellas son, como Dios las ha
creado. Las vemos desde nuestra perspectiva de intereses, de afanes, o de
tentaciones respecto de ellas. Para verlas como ellas son, la inteligencia
tiene que adoptar una actitud puramente receptiva, puramente pasiva, dejarse
medir por ellas, no medir a las cosas. Porque la medida del ser está en lo que
define al ser, en lo que el ser es. Porque cada cosa que es, es un reflejo de
Dios que es el verdadero principio, la verdadera medida, la verdadera norma
constitutiva de todo lo que existe. De manera que la actitud de verdadera
aprehensión, de verdadera asimilación de la realidad, de verdadera comprensión
de lo que las cosas son, de lo que el universo, el mundo es, yo sólo la puedo
tener, si soy capaz de escuchar, si soy capaz de demorarme frente a las cosas,
tomando distancia respecto de ellas, y dejando que ellas hablen su propio
lenguaje. Entonces las voy a conocer en su ser, en esa cifra de eternidad, que
refleja en cada cosa la eternidad de Dios que las ha creado; y entonces las voy
a conocer como ellas son. Y si hay una acción ulterior, la decisión mía sobre
las cosas va a estar subordinada y regulada por lo que ellas son. Y lo que
ellas son sólo lo puedo alcanzar yo, si me dispongo a recibir a las cosas, tal
cual ellas son. Y esa es la verdadera relación de la inteligencia humana, del
espíritu del hombre, con el mundo que Dios ha creado. Es muy distinta la
situación que tiene el animal: el animal irracional tiene un mundo circundante.
Ese mundo usted lo puede leer en la estructura sensorio motriz de ese animal,
me está revelando a mí, qué es el contorno vital de cada una de las especies o
de cada una de las clases de animales. En cambio el hombre no está atado por
una estructura sensorio motriz al mundo circundante. Por lo pronto hay un hecho
estupendo y maravilloso, aún en orden a la praxis, en orden a la utilidad: el
hombre posee la mano. Observen que el mono tiene cuatro manos, y con esas
cuatro manos hace lo mismo que hada hace dos mil años, diez mil años. No puede
hacer más que algunas cosas, puede trepar, puede agarrarse, puede morder una
banana, puede hacer algunas cosas más complicadas que eso, pero nada más, y
pasan las generaciones de monos, y las manos del mono sirven siempre para lo
mismo. Han pasado siglos, milenios, y el mono no hace otra cosa con cuatro
manos, que lo que ha hecho siempre, y está ceñido por un mundo circundante, al
cual se adapta, al cual en alguna medida domina, en el cual se defiende, se
provee, se reproduce. En cambio fíjense lo que son las manos del hombre;
Aristóteles llamó a las manos, órgano de los órganos. Fíjense como la
inteligencia mueve las manos, en qué convierte a las manos del hombre, en un
instrumento tal que tiene el privile- gio de hacerse innumerables instrumentos,
y cuando deja de usarlos, la mano se libera de ese instrumento y toma otro, se
hace martillo, tenaza, pinza, se hace innumerables instrumentos, para
innumerables objetivos, para innumerables fines. Y las manos del hombre, se van
haciendo cada vez más universales, aún en el orden instrumental de la adecuación
al mundo. ¿Por qué?, porque la mano está dirigida por la inteligencia racional
del hombre, que se distingue esencialmente de cualquier tipo de inteligencia
que puede haber, instintiva en los animales. Si hay una prueba de que el hombre
posee alma, que nada tiene que ver con el alma de los animales en cuanto a su
esencia, aún cuando contenga la vida vegetativa, y la vida animal, es que hay
un principio superior en el hombre, hay una forma, que permite que por ejemplo
la mano del hombre, sea un órgano de órganos, sea un órgano universal. No queda
atado por ningún instrumento, lo usa, deja y toma otro, y hace mil oficios
distintos, y sirve para mil cosas distintas. Y a través de las generaciones, va
ampliado su radio de acción sobre las cosas. La mano es el órgano de
inteligencia para el mundo práctico, de lo útil, del uso de las cosas. Observen
ese detalle y medítenlo, para comprender la infinita necedad de los hombres
cuando vieron en el hombre a un mono distinguido, superevolucionado. El mono
con las cuatro manos, hace lo mismo ahora que mil o dos mil años atrás. El
hombre con las manos hace prodigios, y va ampliando, enriqueciendo esa
posibilidad de acción de las manos, y me refiero, al mundo de lo usable, lo
utilizáble. Y algo más, las manos son instrumentos también de las artes
superiores. Mediten ustedes lo que es una catedral gótica, vamos a poner por
caso, las grandes catedrales, lo que han hecho las manos del hombre con la
piedra. Lo que el espíritu del hombre, lo que la inteligencia del hombre le
hace decir a las cosas, y se vale como instrumento de la mano, para cincelar,
para moldear, para componer. Lo mismo para tocar una sinfonía de Beethoven, que
para esculpir esas columnas maravillosas, de esculturas que se van encimando y
superponiendo, y que terminan en un alarde hacia el infinito. Todo lo que
pueden las manos del hombre, bajo la conducción de la inteligencia humana.
¿Cómo es posible que el hombre en algún momento haya podido pensar que él es
simplemente un grado más alto en la evolución? ¿Cómo ha podido pensar o
desconocer que hay en él un principio que no viene de atrás, que no viene de la
evolución de la vida ni de la evolución del animal, sino que hay un principio
que viene directamente de Dios, como enseña nuestra fe? Por eso resulta infinitamente
torpe que dentro del pensamiento católico, del pensamiento cristiano, hayan
cundido esas concepciones del tipo evolucionista de Teilhard de Chardin. Porque
podría admitirse como hipótesis que lo animal del hombre, proceda de otras
formas animales, por una evolución. Pero lo que te hace hombre, eso no viene de
nadie, eso viene directamente de Dios. Es mucho más razonable, cuando yo leo el
capítulo del Génesis que me dice que Dios tomó barro, y Dios hizo al hombre,
insuflándole el espíritu del hombre, el espíritu propio de cada hombre, es
decir, incorporándole mi alma espiritual e inmortal, un alma inteligente y
capaz de creer, eso es una cosa razonable. Pero hacer salir el hombre del mono,
es una cosa irracional, absurda, no tiene ningún sentido, y además es infantil,
absolutamente infantil. Es como aquel padre que al chico le deda en d
zoológico, mirá, estaba un chimpancé ahí, que hada una cantidad de cosas, y le daban
un caramelo y hasta le sacaba el papel, y entonces deda, vea, a este mono lo
único que le falta es hablar. No, le falta lo que lo hace hombre. Porque para
hablar con sentido, hace falta un alma inteligente y capaz de querer, un alma
inmaterial. Todo esto lo digo porque nosotros hemos perdido el sentido del ser,
porque han disminuido las verdades, y porque la contemplación de lo que es y
del fin de lo que existe, ya no informa más la vida de la inteligencia. Y la
universidad, la academia, lo académico, que es el lugar de la contemplación, ya
no tiene ninguna influencia ni gravitación en la formación de las profesiones.
Porque el hecho de que usted, para ser docente por ejemplo de la Facultad de
Medicina, y médico, tenga que seguir un curso donde hay un poco de historia de
la filosofía y un poco de teoría de la ciencia, eso no significa que uno acceda
a la filosofía. Ese es un estudio exterior que no tiene nada que ver con la
meditación filosófica- Porque la meditación filosófica es una contemplación de
las esencias de las cosas, de aquello que hace que las cosas sean lo que son, el
agua, agua; el pan, pan, y el vino, vino, y que lleve a no confundir una cosa
con la otra. Ano confundir el hombre con el animal irracional, aunque el hombre
sea un animal. O a confundir el animal con la planta, aunque el animal tenga
una vida vegetativa, o a confundir la planta con un mineral, aunque esté
materialmente integrada por minerales. Teórico, la palabra teoría, significa
visión, significa ser movido por la verdad. Y la verdad mueve, mueve tu
inteligencia, cuando tú contemplas lo que es; cuando tú le permites a las cosas
decirte sus secretos. Entonces las cosas te revelan su verdadero ser. Y es
sabiduría verdadera, aún en el plano natural, la que debe informar tu hacer y
tu obrar. Por eso cuando un técnico, un ingeniero, un físico, un químico, conoce
cuál es el límite del saber que maneja y para qué sirve ese saber, jamás se le
va a ocurrir, con la disciplina,, que le permite a él el conocimiento de la
materia y manejo de la materia, intentar comprender al hombre y la historia,
sino considerar simplemente el aspecto material de la vida humana, que es un
aspecto real, pero subordinado o informado por principios que son superiores.
Este
es un punto capital. Uno tiene que ir a los grandes poetas, y a los grandes
metafisicos, por no hablar de los teólogos, para encontrarse con aquellos que
tienen una comunicación real, verdadera, con lo que las cosas son. Observen
ustedes nada más, como dice un gran poeta, Valéry, en su poema 'Narciso',
magistralmente traducido por el Dr. Batistessa, Cómo dice refiriéndose al alma,
que se contempla a sí misma, y que contempla las cosas en su verdadero ser;
fíjense de que manera él hace referencia a esta disposición para la
contemplación, para la visión de lo que es, y de lo que es ella misma, como lo
sugiere el poeta:
Sin
vosotras, oh fuentes -se refiere a las ideas, se refiere a la mentemi belleza,
mi pena, no estarían presentes. Yo buscaría en vano lo que en mí es más
preciado, su confusa ternura, mi carne habría asombrado, y mis tristes miradas,
ajenas a mi encanto, a otros, no a mí mismo, confiarían sus ojos.
Sin
la inteligencia que contempla, sin la inteligencia que ve, que es ésta que me
distingue a mí como hombie, incluso ni pena ni alegría, no serian para mí, no
tendría yo la menor conciencia de ellas. Eso que acontece en mí sería para
alguien capaz de comprender. Y dice, refiriéndose a este sentido que tiene la
mente que se hace espejo, de lo que las cosas son y que se espeja ella misma,
que se contempla a sí misma y en su ser; contempla las razones de las cosas, y
dice, fíjense que cosa maravillosa: «el alma hasta la muerte se inclina ante la
hondura, -pidiendo un Dios al agua, al agua que merece el liso deslizarse de un
cisne que se mece». Esa agua de la mente que es espejo de la realidad, y que es
espejo de ella misma, es como un lago tan sereno, tan terso, y a esa alma que
se hace asi espejo, le pide el alma misma, ¿qué le pide el alma al alma?, un
dios, le pide a Dios, porque ella es un reflejo de Dios. El alma hasta la
muerte se inclina ante la hondura,, pidiendo un dios al agua, el agua que
merece el liso deslizarse de un cisne que se mece. En esta onda, nunca bebieron
los rebaños, -nunca bebieron las masas-. Esto no significa nada despectivo para
el hombre, aún para el hombre más simple, pero cuando el hombre se hace masa,
se hace rebaño, se hace ciego a la verdad, se hace ciego a la realidad. No sabe
ni lo que es él, ni lo que son las cosas que lo rodean. Y por lo tanto no sabe
ni tratar a las cosas según ellas son, ni tratarse a sí mismo según él es. Y
todavía más, en orden de lo fundamental de la vida humana, a su destino último,
no basta la sabiduría natural del hombre. Porque el hombre conoció, por la sola
inteligencia racional, que en él había un principio distinto y superior, que lo
colocaba por encima de todos los seres que existen en la naturaleza visible,
eso lo entendió. Lo que no podía comprender, lo que nunca pudo comprender por
sí mismo, ni puede comprender, es por ejemplo el problema del mal, el problema
del pecado, y el problema de su último fin cuando llega a esos extremos, a esos
límites, un Platón, un Aristóteles, quedan digamos así, interrumpidos. Hay
cosas que no pueden expücar, que no se pueden explicar, aún cuando hay siempre
restos de una tradición que lo llevaron al hombre a darse cuenta de que él
había sufrido una caída, de que él estaba padeciendo una situación que no es la
original en él. Pero todo esto se aclara, se comprende, cuando la sabiduría de
Dios se hace hombre, cuando Cristo viene a nosotros, con la Revelación.
