domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-41-LA RAZÓN Y LA FE/ 42 EL ASALTO DE LA UNIVERSIDAD



ASALTO TERRORISTA AL PODER- 
Por Jordán Bruno Genta


41-LA RAZÓN Y LA FE

Y Cristo, el Verbo de Dios, no viene a modificar lo que el verbo del hombre ha enseñado sobre el hombre, lo que ha enseñado de verdad sobre el hombre y las cosas, viene a confirmarlo, viene a iluminarlo, viene a clarificarlo, viene a darle la plenitud de su sentido. Porque lo que las cosas son, que el verbo del hombre refleja, y sabe decir, es lo mismo que Dios ha creado, son criaturas del Verbo de Dios. Cuando el Verbo de Dios se hace hombre, no viene sino a ayudarlo al hombre, a asistirlo, a potenciar, a iluminar al hombre, para que vea definidamente, y definitivamente, lo que las cosas son, y el fin para que existen. Por eso se ha producido a lo largo de los siglos de la cristiandad, la integración de la sabiduría natural, que elaboraron los maestros griegos, con la revelación de Dios, cuyo principal revelador, cuyo manifestador primero y principal es Cristo. El verbo del hombre, es congruente con el Verbo de Dios. Cuando el verbo es verdadero dice lo mismo que Dios ha dicho para que las cosas sean. Esa es la razón de ser de la síntesis, de la integración progresiva de la razón y la fe, de la filosofía y la teología. No es que los hombres han buscado la manera de concertarlas artificiosamente, sino que la armonización de la razón y la fe, y de la filosofía y la religion, de la verdad de razón y de la verdad revelada, es la consecuencia natural de que el mismo Verbo de Dios se refleje en lo que él ha creado en el verbo del hombre, cuando el verbo del hombre conoce y dice lo que las cosas son. Toda esa obra realizada por los Padres y por los Doctores de la Iglesia, que tienen un momento culminante en el siglo Xm, es justamente la consecuencia de un proceso de integración de la metafísica, de la filosofía, con la verdad revelada, donde existe una armonía, un equilibrio, una concentración que está en la realidad misma, en la verdad misma. Esto es fundamental de tener presente. Un pueblo, cuando no tiene metafísica, no tiene tampoco teología; la ciencia sagrada se elabora, se instrumenta en las categorías del pensamiento filosófico, del pensamiento metafísico. Cuando en la vida de una nación, la metafísica es dejada de lado -hablo de una nación occidental- y con la metafísica la teología, y toda la inteligencia se vuelca entera en los saberes, las ciencias y las artes útiles, es evidente que en ese pueblo ha descendido la verdad, y que el hombre está cerrado a la realidad y a la verdad esencial de las cosas. Y al estar privado de esa vida soberana de la inteligencia que sólo puede darle la metafísica y la teología, el hombre ya es servil, no conoce más que ciencias y artes serviles, que le permiten sí manejar el mundo, manejar las cosas, las fuerzas materiales, pero carece de la sabiduría que le permite al hombre saber quién es él, hacia dónde va y conducirse bien. Porque no es lo mismo el dominio de la materia inerte, que el dominio de sí mismo, y el gobierno de los hombres. Usted, para llegar a esta técnica y a esta industria prodigiosa del día de hoy, lo puede hacer sin metafísica ni teología, pero para gobernarse a sí mismo, y para gobernar a los hombres, no lo puede hacer sin sabiduría divina y humana, sin teología ni metafísica. Y cuando en un pueblo faltan la teología y la metafísica, como cosa viva, real, que gravita en su vida, en la conducción de ese pueblo, en la política de ese pueblo, la política se reduce a una simple habilidad, a un oportunismo, y el único ausente en la vida de ese pueblo es la libertad, porque la libertad del hombre pende de esa inteligencia soberana. ¿Cómo voy a ser libre yo, si no sé lo que cada cosa es, si no sé quién soy yo, y cómo debo actuar y tratar a cada cosa, y tratarme a mí mismo, y tratar a mi prójimo, si yo en realidad me guío simplemente por criterios de habilidad, de oportunismo, de adecuación a las circunstancias, de éxito?, ¿cómo voy a saber lo que tengo que hacer?, y ¿cómo si no sé lo que tengo que hacer, voy a ser libre? Uno ve por ejemplo como nosotros hemos ido cayendo en la servidumbre progresiva, hasta llegar a este estado servil en que estamos viviendo, y por eso dominados por las fuerzas extranjeras, que nos van explotando, sometiendo, y convirtiendo a la dependencia total. Mediten nada más que en esto. Si aquellos que tienen la conducción espiritual de los hombres, se han olvidado de la teología, hasta del catecismo, hasta la profesión de fe y de su significado, ¿cómo van a conducir las armas? Si hoy en lugar de la religión para la salvación del hombre, en la vida eterna, resulta que la religión es cada vez más revolución social. Y la liberación del hombre, en lugar de ser la liberación del hombre del pecado y de la muerte, y su promoción a la unión con Dios en la eternidad, resulta que la liberación del hombre es la llamada liberación de las injusticias sociales. Como si el hombre pudiera alcanzar esa liberación, aún ésta, sin haber liberado primero su alma del pecado y de la muerte, sin haberse renovado primero interiormente en Nuestro Señor Jesucristo. El hombre se libera, los pueblos se liberan, en la medida en que se hacen cristianos. Entonces se liberan también en todos los órdenes de la vida material, que son añadidura de la liberación espiritual. ¿Qué pasa por ejemplo con los defensores naturales de la ciudad, de la república, que son los soldados?, cuando usted los despoja, los vacía de la teología y de la metafísica. Fíjense que Platón dice en La República que dos disciplinas son fundamentales para la educación del guerrero, la filosofía y la gimnasia, una es para el cuerpo, la otra es para el alma, para que él guerrero sepa lo que tiene que defender y combatir a muerte, y él dice que es menester fijar con caracteres indelebles en el alma del soldado, la conciencia de aquellas cosas a las cuales se debe repudiar y rechazar. Si no tienes esa conciencia, ¿cómo vas a defender tu nación? En la hora decisiva te repliegas a los cuarteles para dedicarte a la instrucción militar. Esto significa un pueblo sin metafísica y sin teología. ¿Y que pasa con los doctores?, si los doctores a lo sumo conocen esas ciencias que tienen que ver con el manejo de las cosas, y conocen mal y de un modo distorsionado y degradado, todo el saber que tiene que ver con el saber del hombre y con la conducción de las naciones, y es lógico que como consecuencia de esa degradación de la universidad, se degraden también los soldados, y hasta se degraden los sacerdotes, porque la universidad es cosa primera y principal en la vida de la nación como ya lo hemos hablado. La universidad es el lugar de la sabiduría, de la sabiduría verdadera o de la falsa sabiduría. Cuando en lugar de la sabiduría verdadera, divina y humana, enseñan la ideología marxista, pongamos por caso, o la ideología liberal, entonces la mente  disminuye para la verdad, no sabe ya lo que es la realidad, no sabe lo que es el hombre, no sabe lo que es la vida, lo que es la muerte, para qué existe el hombre. Y si no sabe eso, y no proyecta ese saber, en lo que él tiene que obrar y en lo que tiene que hacer, entonces está completamente ciego. Eso permite comprender por qué hemos llegado a la degradación nosotros, de cambiar la idea de la soberanía política por la idea de la soberanía popular. Una cosa real y verdadera como es la soberanía política, que además de ser una conquiste de la verdad, es una conquista del sacrificio, de la sangre, y para mantener esa soberanía política hay que mantenerse en la verdad, y en la disposición al sacrificio de la sangre. Hemos cambiado eso nosotros, a pesar de que la historia documenta que esa soberanía política ha sido conquistada por la sangre de los soldados, de las generaciones que han dado su esfuerzo, su vida, su sangre, para lograrla, y hemos cambiado eso por la falsa soberanía que surge de las tunas y de los votos, y el país aparece pendiente de esa soberanía popular. Los obispos no son capaces de condenarla, a pesar de que el Magisterio de Roma lo ha hecho. Los hombres de armas, no tienen la menor idea de que ellos son soldados de la soberanía política, y se convierten en brazo armado de la soberanía popular. Entonces no podemos pedir nosotros, que este país, pueda tomar el camino de su liberación, porque su inteligencia está disminuida, privada del conocimiento de las verdades esenciales, y está totalmente entregada a lo sumo, a un conocimiento de las verdades útiles, pragmáticas, de las verdades que son para uso del hombre, cuando lo primero que el hombre necesita, son las verdades a las que él tiene que servir. La soberanía política es un reflejo y una delegación de la soberanía de Dios. La soberanía popular es una cosa satánica. Y si yo no tengo el valor de decirlo, y tengo la autoridad espiritual, yo estoy faltando a la verdad, estoy faltando a Cristo, al testimonio. La soberanía no puede salir del número, porque la cantidad jamás ha engendrado calidad, y una sola persona puede tener razón contra mil que están en el error.
Sócrates fue condenado por un tribunal de seiscientos ciudadanos. En aquel tiempo, una ciudad que podía tener tres mil o cuatro mil ciudadanos, era un verdadero tribunal popular el que lo juzgó. Y a él, que vivía dedicando su vida, primero dio su sangre en defensa de su patria, de su ciudad, de Atenas, porque fue un soldado ejemplar, el primero en el ataque y el último en la retirada. Se hizo célebre por su fortaleza, su coraje y su paciencia, sobre todo en la batalla de Potisdea. Ese mismo hombre, ya en la paz, viendo a su ciudad decadente, y en un proceso de degradación democrática y plebeya, se puso entero a ilustrar a sus ciudadanos, a llamarlos al encuentro con la verdad y con la realidad. A enseñarles el sentido de la vida del hombre como servicio a la verdad. Por esa causa fue acusado y llevado ante los tribunales, y finalmente condenado a morir. Fue prácticamente un plebiscito democrático el que lo condenó. Pero después iba a venir un condenado más ilustre que él, que es Nuestro Señor Jesucristo. Un plebiscito democrático, lo llevó a la crucifixión. Es un hecho real; el número no engendra la calidad, ni la distinción ni la verdad. Además cuando el hombre es un número, es uno de muchos, no es nada ni nadie. «En esta onda nunca bebieron los rebaños», nunca bebieron los rebaños. El hombre cuando es anulado como persona, y resuelto como masa, se convierte en una parte de la gran bestia, la masa es una gran bestia, que es movida a la violencia, o es paralizada, según las palabras de los demagogos, según las adulaciones. El demagogo la acaricia, la excita, la exalta, la deprime, la adormece, la precipita a todos los desbordes, o la contiene, como a un animal doméstico, eso es la masa, es algo empujado desde afuera, no tiene nada que ver con un pueblo, no tiene nada que ver con una comunidad de personas. Hasta el hombre más simple, existe para ser persona y vivir como una persona. No es cuestión de clase social, es cuestión de si es un hombre o no lo es. Y el ser hombre no es cuestión de letras, es cuestión de poseer esa elemental sabiduría de las cosas esenciales. Esa elemental sabiduría el hombre la tiene, cuando
tiene el sentido común, cuando no lo han estropeado la lectura de los diarios, o la propaganda. No hay persona que no respete los principios del ser. Cuando a uno le están haciendo pasar una cosa por otra, aunque sea un analfabeto, el hombre sabe que le están metiendo la muía, y faltando al principio de identidad. Nosotros cuando estudiamos en lógica lo de «meter la mida», consiste en hacer pasar una cosa por otra, gato por liebre, es decir, cambiar el ser de las cosas. Yo le estoy diciendo a usted que le estoy dando esto y le estoy dando otra cosa, y la gente, aún la más menuda, se da cuenta. Como se da cuenta uno cuando le mienten, y a nadie le gusta ser engañado, a pesar de que muchas veces engañamos nosotros. Porque la verdad es la identidad, la verdad es la realidad, la verdad es lo que es. Y el hombre, cuando aparta su mirada de la interpretación cotidiana, vulgar, plebeya, corriente que hace de las cosas, y se demora frente a ellas para que ellas le hablen de sí mismas, entonces la inteligencia se nutre de las esencias, de las verdades esenciales, y entonces la inteligencia sabe lo que las cosas son, y sabe lo que él es, y entonces puede tratar a cada cosa como es, y según ella merece. Nosotros hemos perdido todo eso. Nuestra clase dirigente es producto de una universidad liberal o marxista, cada vez más marxista, y ahora definitivamente marxista con la conducción oficial actual, aunque el gobierno aparezca en la farsa de luchar contra los comunistas. Y va a ocurrir a lo mejor una cosa extraordinaria. Las Fuerzas Armadas, que durante cuatro años, no han reaccionado jamás ante el asesinato de sus camaradas, y jamás han hablado de justicia, de hacer justicia, a lo mejor ahora van a aparecer de brazo armado del Teniente General Perón, para luchar contra el comunismo. Y en el mismo momento en que se suscita esta dialéctica interna de los peronistas folklóricos, y los peronistas comunistas, en el mismo momento en que aparecen condenando a los del ERP, sus hermanos de ayer, a lo mejor estas Fuerzas Armadas, que no han luchado jamás en estos últimos tiempos, para hacer justicia, a lo mejor se varia poner a las órdenes del General que ellos degradaron, para combatir al comunismo.


ASALTO TERRORISTA AL PODER

42 EL ASALTO DE LA UNIVERSIDAD

Cuando uno lee por ejemplo las instrucciones del actual Comandante en Jefe al Ejército, uno se da cuenta, que esto no es el fruto de la mala intención, no, debe ser un hombre nobilísimo. Sólo que es de un ignorancia supina e invencible, no tiene la menor idea de la realidad que vive su país, ni de la misión de las armas, no tiene la menor idea y es el Comandante en Jefe. Y en momentos de peligro nacional extremo, cuando todo está entregado, la universidad, el planeamiento, incluso las gobernaciones, incluso la conducción obrera en su parte más activa y dinámica que es esa que está en Córdoba, en esos momentos ellos no tienen otra función que estar replegados en los cuarteles haciendo instrucción. Desarrollaron una conciencia civilista los militares. La conciencia civilista es antimilitar, radicalmente antimilitar. Se preparan ¿para qué?, pregunto yo, ¿para qué se preparan? Esto no es obra repito, de la mala fe, es obra de la ignorancia. Una ignorancia que se ha cultivado sistemáticamente en el país. Y entonces lógicamente cuando el hombre ignora, no puede servir a la verdad, aún queriéndolo. A lo mejor cree que está haciendo lo mejor, es como les dice Cristo a los discípulos en el discurso de despedida: cuando os persigan y os maten, creerán que están haciendo un bien, que están haciendo lo mejor, que están sirviendo a Dios. Y así nos está pasando a nosotros en este momento. Pero repito, la verdadera raíz y causa de esta degradación de la mente, de esta disminución de las verdades que trae el servilismo de la conducta, es la consecuencia de una ignorancia secular. Desde que se fundó la Universidad de Buenos Aires , en los tiempos de Rivadavia, digamos alrededor del año '20, un poco más, hasta la fecha y cada vez más, la universidad ha sido progresivamente una universidad sin teología y sin metafísica. Primero fue una universidad liberal, enciclopédica. Después vino la reforma del '18, y ya ahí se entroniza la ideología marxista. Garó, si usted no cultiva la verdadera sabiduría, cultiva una falsa sabiduría, la ideología de Marx, por ejemplo; después de cincuenta y cinco años, la universidad está entregada hoy a los ideólogos del comunismo, del tipo de Puiggrós. Es curioso, los viejos alumnos de este curso, conocieron en un tiempo, acá, como asistente permanente a un falangista de verdadero fervor, que se llamaba García Lupo. No haré la historia de este señor. Un día se fue de acá y no vino nunca más. Apareció en Cuba en La Habana. Se hizo agente comunista. r Escribió libros comunistas. Y en este momento es el director de Eudeba. Es decir, ha sido colocado por Puiggrós al frente de la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires, es decir, de las ediciones de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Les pongo un caso concreto, porque aquí ha venido años, y en los actos cuando hacíamos una misa por José Antonio él hablaba dando testimonio de José Antonio. Ahora los da de Marx, de Lerún y de Castro, y ese está al frente de la biblioteca, de la editorial de la Universidad de Buenos Aires. Para poner un ejemplo concreto, de persona conocida, y conocida en forma personal, directa, y de años. Y así ocurre en todas partes. Y al mismo tiempo, se perfila la aparente lucha, repito, de los peronistas folklóricos con los peronistas comunistas. Todo esto es un engaño, es mistificación, todo esto es un soborno de la mente, y de las conciencias, y de la moral, que se puede hacer, ¿gracias a qué?, a la infinita estupidez que domina la conciencia doctoral en la Argentina en primer término, a esta falta del sentido de la realidad y de la verdad, a esta ignorancia invencible. Ignorancia en primer término la de aquellos que pudiendo y debiendo ver, cierran los ojos para no ver la realidad. Y entonces se toman del discurso del presidente, del señor Perón, un discurso pacifico, un llamado a la concordia, un llamado a la colaboración, y la gente se toma de eso, porque vive desesperada por no tener ningún problema y no tener que hacer ningún renunciamiento, ningún sacrificio y ningún esfuerzo. Si lo dejan vivir, si lo dejan seguir disfrutando de sus prebendas, de sus beneficios, ya con eso está tranquilo, mientras el país se hunde progresivamente. Repito, lo peor que podía acontecemos, está aconteciendo. Las dos fuerzas de resistencia que quedan en mía nación, sometida y triturada por el liberalismo secular, las dos fuerzas de resistencia, una humana, las Fuerzas Armadas, y la otra espiritual, sobrenatural, la Iglesia, han sido hasta el momento anilladas. La una, las Fuerzas Armadas, por el profesionalismo vacuo, cultivado oficialmente, entonces las fuerzas, en la hora del peligro nacional, están replegadas en los cuarteles y dedicadas a la instrucción. Hasta los servicios de inteligencia están totalmente anulados. Ya no actúan en estos momentos, como venían actuando, bien o mal, con Coordinación Federal, etc., ya no hay más seguimientos, ni controles ni nada, ellos están en los cuarteles, aislados de la vida de la Nación. Y por otro lado, la Iglesia, triturada y despedazada, por el movimiento del tercer mundo, es decir por una Iglesia que reniega de Cristo, porque Cristo es verdadero Dios y hombre verdadero. Al verdadero Dios lo han dejado de lado, y entonces no queda sino Cristo, como me dijo un alumno el otro día, y me lo dijo con la máxima buena fe, «pero señor!, el primer comunista ha sido Cristo». Y educan a la gente en el sentido que la Iglesia, las comunidades primitivas de la Iglesia eran comunistas, porque los integrantes renunciaban a sus bienes, y los ponían en común, olvidando que esa es la expresión más acabada del sentido de propiedad privada. Porque un cosa, repito, es que yo renuncie a lo que poseo, y es mío, y otra cosa es que yo esté privado de tener nada mío, que eso es un régimen de abolición de la propiedad privada. ¿Qué es el hombre si no posee bienes propios y poderes propios?, ¿qué queda de la persona humana? Yo puedo disponer bien o mal de lo que tengo. Pero si yo no tengo nada, y no soy dueño de nada, no puedo disponer ni bien ni mal, no soy nadie, soy un robot, una máquina, un animal, soy una bestia cualquiera. El problema del hombre no es un problema de estamento social, es un problema de esta conciencia de sí mismo. Y hoy hablan del comunismo y del socialismo, como solución en la justicia y en la verdad de los problemas humanos. La Iglesia está torturada por esta dialéctica interna, y la única Iglesia militante que percibimos es la Iglesia de los que han secularizado a Cristo, de los que han convertido en profano todo lo sagrado, y que confunden los pobres en el espíritu, con los pobres de peculio, y prometen demagógicamente un reino de los pobres, y limitan a la Iglesia a una Iglesia de una clase determinada; la iglesia es clasista, no es la iglesia de todos los pecadores. Como si los ricos no tuvieran necesidad de la asistencia de Cristo. Tienen más necesidad todavía que los pobres, porque la tentación es más grande. De manera entonces, que seguiremos comentando, mientras Dios lo permita, estas cosas que como ustedes ven, las cosas de la práctica más inmediata, más candente, dependen de estas cosas del espíritu y de la mente humana. Si nosotros hemos permanecido en la verdad, y hemos ajustado nuestra conducta a la verdad, y jamás hemos participado en la gestión de los destructores de la Patria, es porque estamos en la verdad. Es cierto que no hemos podido, no hemos sido eficaces evidentemente para impedir que prevalecieran esas fuerzas. Pero se comprende perfectamente que esas fuerzas prevalezcan, y continúen prevaleciendo, mientras la ignorancia sea la que preside la vida de la Nación.