domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-43 VERGÜENZA Y FORTALEZA/ 44-POLÍTICA Y CONTEMPLACIÓN



ASALTO TERRORISTA AL PODER- 
Por Jordán Bruno Genta

JUEVES 12 DE JUNIO DE 1973
43 VERGÜENZA Y FORTALEZA

Le decía un marino a un amigo, cuando habían escuchado una conferencia que di en La Plata, dice «claro, está bien, ¡pero tanto nombrar a Dios!, ¿para qué tanto Dios?» Pero dígame, usted es católico o no es católico?, y resulta que era católico, y no le gusta que nombren a Dios. Miren, si no se nombra a Dios, no queda más que el comunismo, ése es ateo, no lo nombra a Dios, hay que elegir entre una cosa y otra, y es la verdad. Les voy a comentar acá lo de Córdoba. Acá hay una cosa que tenía que ocurrir necesariamente. Una vez desencadenado el proceso éste, de institucionalización, las fuerzas del terror bolchevique, o sea del socialismo revolucionario, entran en acción en forma constante, permanente sin dar tregua. Y el punto, el epicentro de esta dialéctica terrorista, bolchevique, es Córdoba, y ahí desatan la guerra. Entonces esta gente en la desesperación, de tener que enfrentar ese problema sacan a Perón; entonces lo ponen a Perón delante porque él va a contener al comunismo que él ha desatado, cosa increíble. Y sin embargo ésa es la realidad, el criterio con que se está manejando este problema que ha estallado ahora. Un poco de virilidad, no se si la habrá; este es un problema que reclama para su solución las virtudes viriles, nada más que eso. Se necesitan dos cosas, la vergüenza y la fortaleza. Primero tener vergüenza, y comprender que es mejor morir a vivir así, en esta situación, realmente. Quién hubiera dicho que íbamos a precipitarnos a este ritmo, a estos horrores que estamos viviendo ahora. Vamos a ver qué pasa; gracias a Dios, ahora no van a poder eludir el problema. Esta movilización sindicalista la debe haber organizado Rucci, porque ellos tienen que atajar el problema de Córdoba porque no les quedan más que dos remedios; mandar la intervención a Córdoba y producir el enfrentamiento sangriento, o tratar de eludirlo cubriendo toda la situación con el clamor pidiendo a Perón Presidente, y postergando el problema, pues igual sería una simple postergación. Es que del terror bolchevique, luego de cincuenta y cinco años de experiencia, la gente no aprende nada, se juntan dos cosas, la ignorancia, y los intereses más bastardos. Por eso les voy a leer una página que ha escrito un alumno mío que está en Tucumán, y alumno de un gran sacerdote que falleció, el padre Petit de Murat Un hombre que se había retirado en realidad, a la vida puramente contemplativa, que es la más activa de todas, frente al desastre que vive el país. Hay cosas que no se pueden hacer impunemente. Una de ellas es la que han hecho los tres comandantes en jefe, en el día de ayer y de hoy. No, hay cosas que no pueden ser. Voy a empezar leyéndoles un pasaje de esta carta que he recibido hoy de un joven realmente brillante por su inteligencia y su finura. Me dice en la segunda parte, «nada quiero comentar del pasar dolorisísimo que atraviesa la Patria. Es algo que entristece y mueve a ira, esta reducción de la nación a un volcán de bocas y estómagos insaciables; este poseer, este poner a las gentes al ras de las bestias hambrientas, este salir los flagelos, este ceñir los flagelos de la Patria al horizonte del comercio, y este excitar los ánimos y promoverlos en la comente tumultuosa del resentimiento; este afeminamiento, este griterío, este pulular de las masas enconadas no puede ser otra cosa que el fruto de una gran pudrición colectiva, que data de muy atrás, y ahora revienta dando a luz su padre, en un choque de vileza contra vileza, la vileza de la indiferencia irresponsable, y la vileza del odio atormentado. El desafuero en las palabras es tal, que se llama nacionalismo a cualquier cosa, aún lo que se sostiene sobre pasiones exacerbadas, y la adulación mas perversa, el vaciamiento de la inteligencia, y el aliento sin traba de los apetitos da lugar a todos los excesos, a todas las afirmaciones petulantes, a todas las groserías, a todas las prostituciones conceptuales de que es capaz el hombre, rota la jerarquía natural, que lo dignifica en lo superior, y lo rige como un padre. Estamos en pleno reinado de la mentira, de la apariencia sin ser, y a la merced del mas grande canalla que pisara esta tierra rodeado de su séquito de plebeyos agrandados». Este es el pasaje que le dedica Agustín a lo que está ocurriendo en el país. Y eso que no había ocurrido todavía lo de la reintegración del grado y los honores, y esto que se está precipitando en el día de hoy.

ASALTO TERRORISTA AL PODER

44-POLÍTICA Y CONTEMPLACIÓN

Realmente estamos viviendo un momento que nos fuerza a volver a las verdades esenciales, que por habernos apartado de ellas, estamos padeciendo esta radical incertidumbre. Aristóteles en la Ética a Nicómaco, dice algo que hoy resulta casi ininteligible para la gran mayoría de las personas, incluso ilustradas. Señala que en realidad el fin de la vida humana, y el fin también de la ciudad, es asegurar la contemplación de la verdad. Porque el hombre existe en ultima instancia para eso, para ver, para comprender, para contemplar. Y esa felicidad definitiva del hombre, es la que le va a procurar la contemplación de la verdad que nos ha creado y nos ha redimido, y que no es dable alcanzar en este mundo. Pero es interesante comentar este pasaje de la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Dice: «es a la felicidad del contemplar, hacia lo que está ordenada la totalidad de la vida política».- Es decir, la vida política está ordenada a la contemplación, está ordenada al conocimiento, al conocimiento último. Generalmente nosotros oímos decir que en realidad, el hombre sabe para vivir. Y eso no es verdad. El hombre vive para saber. Y el saber constituye en el hombre la verdadera vida. Y justamente, no solamente el error, sino todos los vicios, son consecuencia del abandono, de la renuncia, o de la intervención de este orden que las cosas tienen. El hombre está ordenado a la verdad. Porque él es tina criatura de la verdad, y existe para la verdad. Por eso cuando en los planes de Dios, frente al pecado del hombre y a las consecuencias de la muerte que significa el pecado de los hombres, su infinita misericordia se dispone a rescatar al hombre del pecado, ¿quién de las personas divinas se hace hombre, quién se encarna?, es la persona del Hijo, o sea la Verdad de Dios, la Sabiduría de Dios, el Verbo de Dios. Él es el que se hace hombre, justamente para encaminar al hombre hacia Dios. Y en qué consiste en última instancia la felicidad del hombre?, en la unión con Dios, en la contemplación amorosa de Dios. Y si hay algo, de lo cual necesita la ciudad, necesitan los estados, especialmente en este occidente cristiano al cual pertenecemos, es que se comprenda que es absolutamente indispensable para la perfección de la ciudad, para la perfección de la vida política, y para el logro del bien común, que haya hombres que entreguen su vida a la contemplación, a la contemplación pura. Cuando uno tiene presente por ejemplo, que a fines del siglo XVI, apenas fundada la ciudad de Córdoba, en 1573, si mal no recuerdo, a la muerte del fundador, su señora y sus hijas fundan el primer convento de las Teresas, de las Carmelitas, convento de clausura absoluta que está todavía en la plaza principal de Córdoba, donde se entra para la vida de la contemplación, o sea para la meditación y de la oración. Y de ahí no sale ni muerto. Porque no hay nada más activo que esa vida contemplativa. El hecho de que haya personas que estén totalmente entregadas y dedicadas a la contemplación, o sea a la meditación de las cosas de Dios y a la oración, está demostrando precisamente que de nada tiene más necesidad el hombre que le recuerden eso. Por eso, lo que exige el máximo cuidado en la vida de la ciudad, en la vida del Estado, en la vida política, es justamente el lugar de la contemplación. No me refiero solamente al lugar sagrado, que es la Iglesia y lo que tiene que ver con ella, sino la universidad, que es el lugar del conocimiento, de la contemplación. Y que en orden a la contemplación de la verdad, como la virtud política por excelencia es la prudencia, que consiste en una sabiduría práctica, esa sabiduría práctica está ordenada a la sabiduría pura, esencial, teórica, que es justamente la que ha de cultivar en primera instancia la universidad. La prudencia ha de estar ordenada a la sabiduría, porque la prudencia es sabiduría práctica. El obrar, tanto el hacer como el obrar moral, el hacer manual o técnico y el obrar moral, nunca pueden ser señoriales, son serviciales. Señorial, no hay nada mas que la contemplación, que el conocimiento de la verdad. Ese es el verdadero señorío del hombre. Y en la verdad y de la verdad como de su fuente, nace el amor. Por eso dice magníficamente Pieper, la praxis, la práctica, no es nunca señorial, es nada mas que servicial, es servicio; la contemplación, eso es señorío, eso es señorial, y el hombre existe para la contemplación de la verdad. Por eso toda la energía del ser humano tiende al conocimiento, tiende al saber. Y si nosotros pudiéramos en esta vida alcanzar el sumo saber, la suma contemplación que es un regalo de Dios. Porque la criatura por limitada y además por criatura herida por el pecado, esa última, esa plenitud del conocimiento, le está vedada en esta vida, y cuando Dios se la brinda a los que justifica en la eternidad, es un regalo que Él les hace, porque uno lo contempla a Él en su propia luz, porque en la luz de la criatura no podría ver a Dios, porque lo excede infinitamente al hombre. Por eso se equivocaba Duns Scoto, el famoso voluntarista del siglo XIII cuando decía que en realidad, el amor ha de preceder al conocimiento, es decir, tiene prioridad sobre el conocimiento. No, la prioridad absoluta la tiene el conocimiento, la tiene la verdad, y sólo en la verdad, sólo en el conocimiento tiene sentido hablar de amor. Por otra parte, la verdadera posesión de las cosas, es conocerlas. Verdaderamente se posee, se tiene en plenitud algo cuando se lo conoce, cuando se lo comprende en su verdadero ser. Recuerda el mismo Pieper, una anécdota oriental. Resulta que un hombre muy rico había contratado a un jardinero que era un verdadero artista, y había dispuesto que le hiciera un jardín. Y éste le hizo un jardín maravilloso, y entonces el hombre rico decía, «éste es mi jardín», y el jardinero se sonreía, porque el verdadero señor de ese jardín era el jardinero. El hombre rico lo único que había puesto eran los medios, pero eso que el otro había, digamos así, elaborado allí, producido estaba más allá de su posibilidad contemplativa, porque sólo posee realmente aquél que comprende, aquél que es capaz de quedar, demorado, embargado, cautivado frente a la belleza. Como recuerdan ustedes en el cuadro que les comenté sobre el sátiro y la ninfa, cómo quedó el sátiro frente a esa ninfa desnuda, ante esa belleza sorprendente; quedó inmóvil, paralizado. En lugar de arrojarse sobre su presa, quedó absorto contemplándola con los ojos llenos de lágrimas. Entonces alcanzó la verdadera posesión de esa belleza en el conocimiento. Y tan alta, y noble, y suprema, es esta actividad del conocimiento, que doblega todas las demás, todo lo que es obrar y hacer queda anulado y vencido y superado por esta suprema actividad que es la contemplación, de la verdad. Y cuando el hombre actúa como corresponde, entonces todo lo ordena en función del conocimiento. Esta es la profunda razón que tenían Sócrates y Platón cuando decían que toda virtud procede del saber y todo vicio de la ignorancia. Es evidente. Acaso usted vea y no sea capaz de obrar según usted ve, por debilidad, por temor servil, por interés egoísta, puede ocurrir. Pero evidentemente que si usted no ve, no puede obrar según la verdad. Ningún verdadero amor es ciego; es lúcido y luminoso. Mucho de lo que está pasando hoy en la Patria es precisamente por eso, porque nosotros hemos renunciado a la vida contemplativa y por eso hemos renunciado a la soberanía. Porque, tanto la soberanía, el señorío personal, como la soberanía política de la Nación depende de la vida contemplativa. Vivimos en una época en la que se quieren resolver los problemas humanos por medio de técnicas, la tecnocracia, de especialistas. El problema económico por especialistas en economía, el problema social por tecnócratas expertos en materia social. Y entonces evidentemente, cuando se hace una revolución como la revolución argentina, donde el señor general Onganía, creía que el problema del país era un problema de administración y un problema de planificación y de técnica, se llegan a estos resultados que estamos viviendo. Porque lo que hace falta en primer término es saber. Pero no saber acerca de cómo manejar esta cosa o esta energía o esta fuerza material, sino comprender lo que es el hombre, comprender para qué existe, qué comporta la ciudad de los hombres, y cómo ha de ordenarse la vida de esa ciudad para que ella sea conforme con las exigencias del bien común. Lo que se necesitan no son expertos ni especialistas ni técnicos, se necesita el político que posee esta virtud prudencial, o sea esta sabiduría práctica, que se alimenta de la realidad, de la verdad de las cosas, por eso hemos llegado a estos abismos. La gente ha ido renunciando a todo sentido del honor, de la delicadeza, de la dignidad, y es una renuncia progresiva, constante, cada día se desciende un escalón más. Y lo que está detrás de todo eso es una supina ignorancia, nacida del desprecio de la sabiduría. Si no cómo se iba a pensar en hacer por ejemplo unas Fuerzas Armadas pinamente profesionales, tomar la profesión de las armas como una profesión de un técnico cualquiera, cuando el hombre de armas se educa para conducir hombres, y nada menos que a la muerte. Lo que necesita es saber quién es el hombre, qué es el hombre y el fin para el que existe, lo primero que tiene que saber, y aplicar ese conocimiento. No es cuestión que diga soy cristiano, soy católico, voy a misa, con eso no está resuelto ningún problema del orden concreto, del orden existencial. El problema es que yo proyecte esta sabiduría de la fe, y esa sabiduría esencial de la filosofía, que si no la poseo no puedo tampoco concretarla, no la puedo realizar, no la puedo traducir en hechos. Muchas veces les he dicho, si hay una cosa trágica en este país, es que nuestra Patria, nuestro pueblo ha sido progresivamente desprovisto de teología y de metafísica. La gente que tiene la responsabilidad de la conducción, que se viene sucediendo a través de todos estos años seguramente, digamos desde el año 53 hasta la fecha, son gentes que bien o mal intencionadas, -no vamos a discutir ese problema-, han actuado en las cegueras de las verdades de la fe y de las verdades esenciales. Jamás las han tenido en cuenta. ¿Se las ha tenido en cuenta en el plano político, en el plano prudencial?, jamás. Entonces el hombre no sabe de qué se trata. Una cosa es manejar piedras, manejar fuerzas materiales, fuerzas físicas y químicas, y otra cosa es manejar almas, son dos cosas completamente distintas. Y la función política y la función militar, son funciones prudenciales, conducción de almas. ¿Y cómo va usted a conducir las almas si no las conoce, si no sabe ni siquiera que existe el alma?. Y si usted la confiesa, digamos así, en el catecismo, que el hombre tiene un alma hecha a imagen y semejanza del Creador, resulta que no la tiene en cuenta para nada cuando usted trata con los hombres. Esto es un problema serio y tremendo, y como el conocimiento es en el fondo una cosa personal, tan personal que cuando un maestro le enseña a un alumno,¿en qué consiste enseñar?, en lograr que el alumno vea por sí mismo lo que hay que ver, porque el acto docente es colocar al alumno en situación de que vea la verdad; hasta entonces está ciego. Toda docencia es absolutamente una comunicación personal, y los dos elementos son activos, uno más que el otro. Porque el que está en el papel del acto es el que enseña, el papel de la potencia es el que aprende, pero no es una potencia pasiva, no es como alguien que se le imprime un sello desde afuera; tiene que ser llevado a ver por sí mismo, eso es la soberanía, la liberación del conocimiento. En la misma forma que en orden al pecado, la liberación la ha obrado también la Verdad hecha Hombre y crucificada por amor. Él ha rescatado, ha liberado al hombre del pecado a través del sacrificio; le ha dejado al hombre también como instrucción y ejemplo. Su testimonio para que el hombre transite el mismo camino de reparación, que no hay otro. Siempre es la verdad la que rescata, lo
mismo del pecado que del error; no hay otra cosa que la Verdad. Y la liberación social, por la cual se clama tanto, es una consecuencia de las otras dos. No habrá jamás liberación social, ni siquiera un orden relativamente justo, que es a lo más que podemos aspirar humanamente, mientras no haya liberación interior del hombre. Y repito, la esencia de la felicidad, consiste en la contemplación de la verdad. Solamente cuando nosotros alcanzamos el conocimiento de la realidad, cuando estamos en la verdad, y sobre todo en aquellas verdades esenciales para la vida del hombre, recién entonces podemos obrar en conformidad con la verdad y ser verdaderamente libres. Y para serlo plenamente necesitamos de la ayuda del Espíritu de la verdad, que es el Espíritu de Dios. Es lo mismo que pasa en las relaciones entre los hombres, entre el hombre y la mujer, el sentido de una verdadera comunión o comunicación es solamente en la verdad. Usted no puede edificar en el engaño absolutamente nada, ni mantener en el engaño absolutamente ninguna verdadera unión, ninguna verdadera comunión, solamente hay comunión en la verdad, en el conocimiento, esta cosa maravillosa que es la verdad, como la describe en el diálogo 'De Libre Arbitrio', San Agustín. Esa verdad que se brinda toda entera a todos. Todos acceden a ella, y el acceder a ella no significa excluir al otro, sino que el otro tiene la misma posibilidad de participación en esa misma verdad, de hacerse dueño de ella, de poseer la verdad, y poseerla de ese modo único que es el conocimiento. Cuando usted tiene delante de sus ojos, de los ojos de la inteligencia, la cosa tal cual ella es en sí misma, la realidad tal y como ella es, entonces usted puede obrar en conformidad con esa realidad. Porque usted no puede obrar en conformidad con la realidad, mientras no la conoce. La posibilidad de que haya un trato de honor, relativamente a los demás hombres, es conociéndolos, es saber lo que es el hombre y para qué existe, saber lo que cada uno es y el lugar que le corresponde, saber dar el lugar, y dárselo uno mismo, no hay otra cosa. Y ese saber culmina siempre en aquel que es el comienzo, el fin, y el medio de todas las cosas, que es Dios, Él es la unidad de medida. El hombre no es medida de todas las cosas, como decía Protágoras; la medida de todas las cosas es Dios, que es el que ha creado todas las cosas. Yo tengo que conocer a las cosas como las conoce Dios. ¿Y cómo las conoce Dios?, desde el principio, desde su origen, desde el origen de cada cosa. Cuando yo conozco realmente lo que es una cosa, es como si la viera brotar de las manos de Dios, del Verbo de Dios. Y este conocimiento es fundamental. Por precaria que sea la posibilidad que tiene la sabiduría humana, la metafísica, la filosofía, de conocer la realidad, por oscuro que sea el conocimiento de la fe sobrenatural, y conocimiento de los misterios de Dios, ese conocimiento, esos conocimientos valen infinitamente más que todas las ciencias juntas. Porque todas las ciencias juntas no me pueden resolver ningún problema verdaderamente humano que tenga que ver con el principio y el fin de la existencia. Me pueden ayudar nada más, materialmente, suministrar recursos, no pueden otra cosa. Y lo interesante, es que siempre hubo, menos en el día de hoy, un respeto por la tradición y por los antiguos. Es como dice Aristóteles en la Metafísica: Por los antepasados y los más antiguos, nos ha sido trasmitido que lo divino contiene la naturaleza entera, porque en lo divino está el principio de todo lo creado, de todo lo dado, de todo lo que es la naturaleza. Allá en el principio, ha habido una revelación de Dios al hombre, el hombre tenía una comunicación, Dios tenía una comunicación con nuestros primeros padres. Él se había manifestado al hombre, el hombre disfrutaba de gracia preternatural. Cuando vino el derrumbe, la caída, la separación de Dios, quedaron los restos, los vestigios de esa revelación primitiva. Y eso es lo que ustedes ven reaparecer en todas las religiones, aún en las más bárbaras, en las más horrendas, en las más mezcladas con errores y aberraciones, están los restos de esa revelación primitiva. Y uno ve latir ahí precisamente vestigios de esa verdad que luego le ha sido revelada al hombre, conforme al plan divino, verdad revelada sobre todo en Cristo, que es digamos así, la verdad misma de Dios que se ha manifestado a los hombres. De manera entonces que el problema para nosotros es ante todo un problema de conocimiento. Podemos estudiar distintas carreras, podemos estudiar Medicina, Ingeniería, Derecho, Farmacia, e incluso Filosofía, pues el hecho de ir a la facultad de filosofía no significa que se estudie filosofía; porque usted puede hacer un estudio erudito de la filosofía, saber que ha habido tales escuelas, tales corrientes en tales direcciones, pero no significa que usted haya accedido al saber filosófico. Usted tiene simplemente un conocimiento exterior de la filosofía, como puede tenerlo de la religión, como puede tenerlo de la teología. Si ese conocimiento no se ha constituido en usted, en el acto vital supremo, si no es vida, y si no se proyecta en todo lo que usted juzga, estima o pondera, ese conocimiento usted no lo tiene, y se cumple lo que decía Péguy, «la filosofía no va a la clase de filosofía». No es cuestión de que yo me ponga a exponer que Kant era un idealista crítico, etc., etc., y que se distinguía de la corriente del idealismo empírico de Hume y de Berkeley, eso no significa nada, es simplemente un dato histórico. Es como pasa con la verdadera historia, y la historia que en general hacen los especialistas; la verdadera historia la escriben los artistas, los poetas, los novelistas. Y los otros son los que frecuentan las archivos. Que usted me diga que hay necesidad de frecuentar los archivos porque ahí están los documentos, no lo discuto, pero ¿quién convierte eso que está ahí depositado, en una cosa viva, en un relato verdadero?, se lo convierte el novelista. Por eso uno de los pocos libros de historia argentina que se han escrito es el de Hugo Wast, llamado 'Año X', ese es un libro de historia. Y usted ahí tiene una historia viva y vivida, una evocación real de que ese pasado gira en torno del año 1810. Esto es fundamental de tener en cuenta. La verdadera soberanía es la contemplación, y lo primero que tiene que asegurar el señorío político de una nación, es la existencia de la vida contemplativa. Y en ese terreno, el gobierno político está subordinado a la universidad, porque la universidad es el lugar natural donde se ha de contemplar la verdad, antes que los conocimientos especializados o relativos a las distintas carreras que sigue el hombre. Por eso, cuando se fundó la universidad, en la Edad Media, ¿qué quiere decir universidad?, conversión hacia la unidad. Es decir, todos los saberes y verdades particulares, han de converger a aquellas verdades que son el principio de todo lo que existe, si yo las verdades particulares que conozco no las conozco integradas en esa pirámide que culmina en la verdad, que es principio y fin de todo lo que existe, yo tengo un conocimiento que está limitado y gravado, de la más extrema ignorancia. Es como el médico que trata al paciente como si fuera simplemente un cuerpo animado, y no un cuerpo animado por un alma espiritual. Es curioso, yo quiero saber, en todos los lugares en donde se enseña psicología médica o cosas parecidas, qué lugar tiene un alma espiritual e inmortal de hombre en ese estudio, y qué lugar tiene el pecado en ese estudio, y qué lugar tiene el rescate del pecado, la purificación. Seguramente no tiene ningún lugar. Y la gente considera que esos son predios que no tienen nada que ver con el hombre. Y sin embargo, la vida del hombre como la vida de la ciudad, depende del alma, y el alma depende de la verdad, porque se nutre de la verdad. Si el alma se nutre de las verdades esenciales, todas confluyen a la verdad de Dios, entonces el alma se enriquece y se perfecciona como alma, y perfecciona su propio cuerpo y perfecciona la ciudad de los hombres. Porque la ciudad no es más que la proyección del alma, que se refleja en las instituciones. Según es la estructura moral del alma, así es la estructura institucional de la ciudad.