domingo, 10 de mayo de 2020

CAP-49-LA CUSTODIA DEL BIEN/50-EL IDEOLOGISMO


ASALTO TERRORISTA AL PODER
49-LA CUSTODIA DEL BIEN

Bueno, y ahora pasemos al otro punto. Hay algo que comprende enseguida hasta un niño; él sabe cuando hace mal, tiene plena conciencia, sobre todo cuando se le ha indicado, él sabe lo que es, sabe lo que significa mentir, y sabe también que la mentira, faltar a la verdad, decir lo que no es, está mal; sabe que cada acción tiene una finalidad, que cada agente responde a un fin, y entonces es fácil hacerle entender que hay que obrar bien, y que hay que evitar el mal. No le podrá usted enseñar mucho de que el mal es una privación de bien, pero sí darle el sentido de lo que es bien y de lo que es mal, si su inteligencia está hecha para distinguir eso y lo primero que descubre es eso; aunque de un modo confuso, concedido; pero ya lo tiene, es cuestión de esclarecer eso que ya tiene, "desde la primera mirada de la inteligencia". En consecuencia, todo agente obra para un fin, que es un bien, y el primer principio de la razón práctica está fundado sobre la razón de bien, se expresa de ese modo, "es necesario obrar el bien, es necesario evitar el mal". En este principio reposan todos los demás. Todo lo demás que pueda decir la mente madura, reflexiva, y crítica, se apoya en esto que es lo primero y fundamental. No se trata sólo del bien deleitable y útil, sino también del bien honesto, del bien moral, del bien racional, de ese bien que se quiere en cierto modo por sí mismo. Porque lo útil y lo placentero se quiere por otra cosa. Lo útil es siempre una cosa instrumental, y el placer además es algo que acompaña a una acción positiva, aunque pueda ser un deleite prohibido. Dice San Agustín en las 'Confesiones', hablando del deleite, el mayor deleite que el hombre caído experimenta es lo prohibido. También le pasa a los niños, usted les dice "no vayas a entrar a esa habitación" o "no abras esa puerta", usted le introduce unas ganas bárbaras de hacerlo, precisamente. Pero eso no está en la naturaleza del hombre, eso es una inclinación, una proclividad que él trae como herencia del pecado original. Ahora bien; el bien honesto, el bien que es conforme con la razón, con la realidad, con la verdad, con el hombre mismo, es el bien, es algo que se ama por sí mismo, y que se ha de amar de un modo como para inclusive arriesgarlo todo por él, la vida también. Vayan a im cine que esté lleno de niños. A mí una de las cosas que más me divierte es sí hay una buena película del oeste o de guerra. Porque ahí usted ve lo que significa la primera mirada de la inteligencia sobre el bien y su distinción del mal. Porque
¿cuándo ha errado ese enjambre de chicos, ante una escena por ejemplo en que el joven héroe está arriesgando su vida por defender a una doncella, por defender a una viuda, por defender una causa justa? hay una aprobación, un acompañamiento, una participación apasionada de todos; quieren el triunfo de él. ¿El triunfo de quién?, el triunfo del bien sobre el mal. ¿Dónde está el prestigio de los cuentos de hadas?, el prestigio eterno de los cuentos de hadas está en quiénes son los protagonistas, el que encarna el Bien, el que encarna el Mal, y luego aquella persona por la cual se lucha, que es lógico que sea siempre una dama, una princesa. Además es lo más natural del mundo. Y observen ustedes una cosa. Usted tiene que presentar al bien, al que personifica al bien, y lo reviste de belleza, de decoro, de dignidad. En cambio la cara del malo, del villano, es una cara que eternamente se reproducirá como fea y desagradable, y lógicamente también, la dama tiene que ser hermosa, porque no es que si no lo fuera no hubiera que luchar, pero se la reviste de aquellas características que la hacen más atrayente; es una cosa razonable. Ahora, yo les pregunto a ustedes, ¿por qué se produce esa unanimidad de la reacción?, ¿por qué se levanta del asiento y se grita y claman?. Sencillamente porque la primera mirada de la inteligencia está puesta sobre el bien, "haz el bien y evita el mal". Hay un sentido justiciero, que ustedes ven que es espontáneo y es pleno. Tal vez después, cuando haya que actuar en la vida la gente no actúa como ha aplaudido, como lo ha entusiasmado que actuara ese héroe, pero uno quisiera ser así. Es como me pasa a mí cuando leí la carta de Salustro; con el testimonio, es lo de menos lo que haya sido o dejado de ser, lo que haya servido o dejado de servir, a mí me gustaría morir así, porque tengo miedo que en el momento decisivo fracase, no me tienda la mano Él que puede hacerme hacer un buen papel, y entonces tenga una mala muerte, que es lo peor que le puede pasar a uno. Hay gente a la que le pasa hoy; no quieren combatir, no quieren morir combatiendo, y mueren de una mala muerte, mueren igual. Cuando podrían tener, digamos así, la alteza, el honor de morir combatiendo. Rehúsan combatir, por las causas esenciales por las cuales se debe combatir, y mueren lo mismo, y mueren mal. "Haz lo que debes", ocurra lo que ocurra, esto está en la entraña de nuestro ser, desde la primera mirada. Uno sabe que es así. Como sabe también que el mayor dolor, no está ni en el sufrimiento ni en la muerte, sino en verse abandonado de los que debieran acompañarlo a uno en el momento decisivo. Pienso yo en el dolor de María, y en cierto modo podemos decir humanamente hablando, que se ha puesto verdaderamente a la misma altura que el del propio Cristo, en alguna medida, con esa pasión participada, ese martirio de la voluntad, por el que participa de la Pasión y de la Muerte del Hijo, ¿Qué habrá sido lo más doloroso para esa Madre? Ver a los discípulos escondidos, huyendo, negándose al testimonio en la hora de la prueba y de la muerte. Es lo peor. ¿Qué dolor puede ser mayor que ese? Como, ¿qué cosa puede confortar más que ver al amigo, al discípulo, al que sea, ahí al pie del cadalso? Uno admira eso, admira a aquél que da la vida. Y a lo mejor en el momento de tener que hacerlo uno, resulta que no procede como corresponde. Es tan fuerte, tan extremada, esta primera mirada de la inteligencia práctica que alcanza el principio mismo de la moral, de la conducta del hombre, que Santo Tomás tiene un pasaje que recuerda Garrigou-Lagrange, realmente extraordinario. Y él mismo dice que si él no lo hubiera dicho tal vez ningún otro teólogo se hubiera animado a decirlo, y es lo siguiente: dice Santo Tomás que si un niño que hubiese sido educado y criado en un ambiente donde ni se conoce, ni se afirma, ni se habla para nada de Dios, ni del pecado, ni se habla de la Redención ni de nada de eso, pese a ello, si ese niño, realmente despierta a la vida de la inteligencia, y su mirada se posa realmente, fijamente, duraderamente en este sentido del bien, en este sentido del principio moral, en esta primera mirada, en esta primera intuición del bien, si muere, se salva. Es como si fuera un bautismo de deseo. Cuando comienza a tener verdaderamente uso de razón, la primera cosa que el hombre debe obrar, es deliberar sobre sí mismo, y si ordena su vida al fin verdadero, al verdadero bien, amando eficazmente el bien honesto más que a sí mismo, por la gracia recibe la remisión del pecado original, sin bautismo. Por una gracia especial recibe la remisión del pecado original. Por esto; de haberse asomado, de haber fijado la mirada allí, y de estar dispuesto por eso que ve, por ese bien que contempla, a padecer lo que sea. Y hay también una primera mirada sobrenatural. Por eso se puede enseñar el Catecismo a un niño, las verdades fundamentales de la Fe, aunque no las asuma, en forma digamos así, crítica o distinta, aunque no las entienda del todo. Pero lo principal sí lo ve. En el orden de la gracia, la fe infusa, que nos es infundida, nos hace adherir a la palabra divina y a lo que ella expresa. Hay una primera mirada también, que es una mirada de la fe, que abarca los misterios mismos de] orden sobrenatural. Por ejemplo, la idea de que Dios es autor de la naturaleza. Es el autor de todo. Esa idea la alcanza con toda facilidad un niño, y también esta otra de que Dios es el que remunera, el que gratifica, o el que castiga. O sea que Él es Quien decide sobre la salvación; también esto lo entiende un niño. Ahora bien, el objeto de esta mirada de la Fe, cuando esa mirada se entiende en Nuestro Señor Jesucristo y en el sentido de sus promesas, también lo hace a uno dueño de esa verdad y de ese sentido que allí se encierra. Ahora, qué pasa con este primer asomar de la inteligencia, a todas las verdades que son esenciales, al sentido fundamental del bien y del mal, de lo que es bueno y de lo que es malo, y a este sentido de los misterios de la fe. ¿Por qué se estropea esto?, esto se estropea porque estamos inundados, abrumados, de falsas filosofías, de falsas ideologías, de falsas morales, utilitarias, hedonistas, ideologías que rebajan al hombre. Por eso tenía razón Nietszche cuando decía, si se sigue enseñando algunas generaciones más, que el hombre viene del mono, que el hombre es un animal superevolucionado, que la ciencia va a resolver todos los problemas, del bien y del mal, del sufrimiento y de la muerte, si se sigue enseñando al pueblo, una generaciones más éstas aberraciones, asistiremos no solamente a una gran depresión, sino veremos erguirse digamos así, la gran bestia sobre la vida humana, sobre la sociedad en todas partes. Y la verdad es que se ha logrado. Porque claro, se estropea esto que es el movimiento espontáneo de la inteligencia, y de la voluntad; en lugar de prevenir precisamente la acción de esa proclividad al mal que traemos nosotros como herencia del pecado. Yo a veces les pregunto a los alumnos, dígame una cosa usted, ¿la inclinación egoísta, eso de que usted quiere las cosas para usted, y que a los demás los ve en función de su gusto, es una cosa natural o no es natural? Lo primero que le va a contestar si ya está estropeado, es que es una cosa natural. Entonces quiere decir que el autor de eso es Dios, porque Dios es al autor de la naturaleza; luego el egoísmo si es una inclinación natural, es obra de Dios. Pero resulta que no; no es obra de Dios. Además hay en ello una contradicción, porque cuando uno ve la generosidad, siquiera en otro, uno lo aprueba, reconoce que eso es así, incluso la quiere para sí, aunque después no la obre. Quiere decir que sabe bien qué es lo que corresponde y lo que no corresponde, qué es lo que se debe y qué lo que no se debe. Yo insisto en este tema porque es decisivo. Ustedes se dan cuenta que en una educación que realmente contemple la realidad del hombre, y lo que es la vida de la inteligencia humana, y lo que es la vida de la voluntad humana desde el primer despertar, se debiera estar atento a todo esto, que no lo he inventado yo, sino que lo estoy comentando de un gran teólogo que a su vez es continuador de una gran teología, de una gran sabiduría divina y humana. Pero esto es lo real y verdadero. Ahora, ¿cómo va a edificar usted, como va a construir una pedagogía que sirva al hombre?, ¿sobre la negación de todos estos principios y de estos fundamentos?, o mezclándoles las cosas, dándole al hombre el sentido de que él en lugar de venir de Dios, vienen de la nebulosa, de lo más bajo, de lo más inferior, darle el sentido de que lo superior siempre viene de abajo para arriba?, cuando lo superior es primero, cualquier persona lo comprende. La inteligencia no sólo está hecha para distinguir sino para jerarquizar, para reconocer el lugar que cada cosa tiene. Este es un problema, uno dice: bueno, éstas son disquisiciones de carácter filosófico. Pero estas "disquisiciones de carácter filosófico" se proyectan en la práctica de una manera total, de una manera plena. No es un problema de cultura. Ó sí es de cultura, peor que el analfabetismo, porque es una cultura a medias, o una mala cultura, una cultura desviada. Hay algo que se ha ido perdiendo progresivamente, que es el sentido de la grandeza. Se ha ido estropeando en este juego permanente a la baja. Y fíjense que hoy la política se hace contando con el vicio de la gente, con la degradación de la gente, con la vulgaridad, con las cosas más bajas y viles. La política se ha convertido en mi menester miserable, siendo la política la ciencia arquitectónica, la más alta, la más majestuosa, la más importante de todas las actividades humanas, en el orden social. Porque la política no es habilidad, es sabiduría. Bueno, vamos a seguir comentando estas cosas, que seguramente han de despertar en ustedes un interés real, porque noso- tros no estamos hablando de cosas más allá, ni de cosas lejanas ni abruptas, sino de cosas simples, claras, y la aspiración que uno tiene en la vida es ser realmente un profesor de claridad, como decía un gran profesor que yo tuve que era don Leonardo Alberini. Decía que lo primero y principal para un profesor de filosofía, es ser profesor de claridad. Porque la filosofía no es nada complicada, la complican los profesores, la complican las posiciones que distorsionan la realidad de las cosas. Si no, es algo claro, diáfano y simple, y es la más real de todas las ciencias humanas. Porque ella se ocupa de aquello que es lo más real, lo que es principal y fundamental en todas las cosas.



ASALTO TERRORISTA AL PODER
 JUEVES 2 DE AGOSTO DE 1973
50-EL IDEOLOGISMO

Me acaban de comunicar que esta tarde ha fallecido el padre Meinvielle. Había estado en terapia intensiva, y nos dijeron que el problema de él era de las caderas, porque el auto que lo atropelló le había producido una fractura, grave sí, pero no como para esta noticia. Evidentemente el padre Meinvielle era uno de los innombrables, simplemente por haber escrito un libro católico, un libro cristiano y ortodoxo sobre los judíos, porque ése ha sido el verdadero delito de él. Es como me contaba otro verdadero innombrable que es Martínez Zuviría, Hugo Wast, cuando, imagínense, es un hombre que vendía los libros a centenares, hasta que escribió dos libros que se llaman 'Kahal' y 'Oro', más o menos por el año 1935. Se acabó. Él me contaba en su vejez ( había vendido dos millones de libros, se trasladaba en colectivo de un lugar a otro porque no tenía automóvil), me decía que evidentemente, hasta los cristianos lo habían ido dejando, los hermanos en la fe, simplemente por haber escrito, no contra los judíos, ¡cómo va a ser un cristiano anti judío, desde el punto de vista racial, si uno adora a un Dios hecho hombre y que es judío en la carne, que venera por sobre todas las criaturas a la Santísima Virgen, que es una judía perfecta, y el problema del judío es un problema que está más allá de la cuestión racial, es un problema teológico!, y así lo fue para Hugo Wast y el padre Meinvielle. La gran pregunta que tiene que hacerse cada uno sobre esta cuestión, es, ¿por qué los judíos no son cristianos? Porque ellos son los que han recibido la primicia de la Revelación. El Mesías ha nacido en medio de ellos, y si bien ha venido para toda la humanidad, ha venido en primer término para ellos, eso es indiscutible, porque ellos fueron elegidos, ellos fueron predestinados. El verdadero problema está en la resistencia de ellos, en la negación de ellos, en la dureza del corazón de ellos. Y esa dureza, y esa resistencia, y esa negación es siempre contemporánea, no es un problema que pasó en el tiempo en que Jesús vino a la Tierra; es un problema continuado aún en el día de hoy, y continúa con la misma vigencia, con la misma fuerza que entonces, y con tremendas consecuencia. Para ordenar un poco la exposición, porque hoy nos vamos a referir a cuestiones concretas, vamos a dejar un poco el plano de la meditación esencial, y de este elogio de la vida contempla- tiva que hemos estado realizando en las últimas clases, teniendo en cuenta que el fin último de la política es también la contemplación de la verdad. En la última clase estabamos analizando nosotros, las ideologías que causan la visión de la realidad en lo hombres. Nosotros vivimos hoy en una época anti teológica y anti metafísica, una época que intelectualmente está caracterizada por el predominio de las ideologías. Hace veinte años edité un libro, más de veinte años, que se llama precisamente "'La Idea y las Ideologías'. La idea es el contexto de lo que es, la idea es la definición, la idea es la realidad misma, en la verdad que la tiene, el pensamiento que la tiene. Cuando yo estoy en la verdad, estoy en la realidad, pienso las cosas como ellas son, las digo como ellas son, y al obrar, obro de acuerdo a la realidad, obro la verdad, la realidad. Ese es el fin de la inteligencia y del obrar humano: conformarse a la realidad, en la verdad, y obrar esa verdad. Entonces uno está pensando y actuando, como Dios quiere que piense y actúe. Porque uno piensa y actúa según Él ha creado el universo y según Él ha fijado el sentido, el destino de la vida humana. La idea es, justamente recordando a Platón, la esencia misma, lo esencial, lo íntimo, lo profundo, lo definido, lo definitivo que las cosas tienen, está contenido en la idea. Las ideologías, son una deformación de las ideas, son elaboraciones mentales, como les decía, que hace el hombre, apoyándose en tal o cual aspecto de la realidad, en el aspecto subalterno del orden esencial, y erige ese aspecto accidental o ese elemento subordinado, en principal y dominante. Y entonces uno tiene una visión distorsionada, substituye la visión de la realidad por una ficción, que nos da una apreciación completamente falsa y falaz de la realidad. Pero en lugar de movernos en conformidad con la verdad, en lugar de obrar la verdad, nosotros obramos en función de las ideologías, de esas ficciones, de esos pseudo-conceptos, de esos esquemas mentales, que tienen algo de la realidad, pero que la cubren entera con su artificiosa elaboración mental. Vamos a poner un caso concreto que es el tercero que voy a analizar. Primero me refería a la primer ideología que domina la mentalidad moderna, que es el predominio de la praxis sobre la contemplación, el predominio de la práctica sobre la teoría. Después me refería a la segunda, que es la substitución de la categoría real por excelencia que es el ser, por la categoría del devenir, del cambio, del pasar siempre a otro, del llegar a ser para dejar de ser. Hoy la perspectiva dominante es la perspectiva del cambio, hasta la proyectamos en la Iglesia misma. Y todo el mundo dice, Iglesia del cambio, Iglesia del desarrollo, y la gente va perdiendo, el sentido de lo fundamental, que es lo que permanece, que es lo que siempre es lo mismo y vale lo mismo. Lo más importante de nuestra fe, es la Palabra, que no pasará nunca, la Palabra que es la misma desde el principio de los tiempos hasta el fin de los tiempos, y más allá todavía en la eternidad. De esa Palabra vive el hombre, cuando vive en la verdad. Todas las otras cosas que son cambiantes, son secundarias, son añadiduras. ¿Qué necesitamos nosotros en la vida?, ¿aferramos a qué?, a cosas firmes, inmutables, que valen siempre lo mismo, en la realidad misma, en la verdad misma. Y debemos vivir encuadrados en esa verdad, en esa idea, y proyectarla en todo lo que obramos en la vida.
¿Y qué sentido tiene la enseñanza, la docencia, si no es para comunicar las cosas que son definida y definitivamente tales como se manifiestan en el espíritu de la verdad?. ¿Y cuál es el bagaje, el patrimonio que nosotros necesitamos para actuar en la vida, las cosas que son indiscutibles, y las cosas que son discutibles?. El hombre no vive de las posiciones. Las posiciones son múltiples y cambiantes, si yo reduzco todo a opinión, al criterio de cada uno, no hay nada firme, no hay nada en que apoyarse. Desde que Sócrates elevó la vida de la inteligencia, a la pureza del concepto y de la definición, se liberó el pensamiento, comenzó a existir en Occidente un pensamiento libre, porque era un pensamiento esencial, un pensamiento integrado por las definiciones. El griego decía, el hombre es un animal racional, el hombre tiene un alma inteligente y capaz de querer, tiene un alma inmaterial e inmortal. Todo eso el griego lo desarrolló por la vía puramente natural, por la razón, y ese magisterio del griego, dura y durará siempre, nadie puede cambiar eso, solamente cuando substituimos la verdadera idea del hombre, por una falsa ideología. Y ¿cuál es la ideología dominante en el día de hoy, que substituye a la idea del hombre, y de la cual pretende el hombre hacer la vida?, es la idea de que el hombre no es un animal racional, no es un animal que tiene un alma espiritual e inmortal, un alma inmaterial, el cristiano va a decir que es un alma a imagen y semejanza de Dios, va a decir lo mismo que el griego, más elevadamente, y ya en una participación en la idea que Dios tiene del hombre. En cambio ¿qué dicen ahora?, que el hombre es un animal super evolucionado. Es super, pero nada más que un animal. Ahora, si el hombre es nada más que un animal, evidentemente que es animal nadie lo discute, pero si yo digo que es nada más que un animal, aquí tienen lo que es la ideología. Cómo un elemento constitutivo de la esencia del hombre, de la naturaleza del hombre, que es la animalidad, pero a ese elemento que es el subordinado, que es el que está ordenado a un principio superior, que es el de la inteligencia y la voluntad, yo lo hago todo el hombre, y entonces presento toda una visión ideológica del hombre, no una idea del hombre sino una ideología, de que el hombre es un animal super evolucionado. Y ustedes todos los días, todos nosotros, hasta yo, que he venido desesperadamente luchando por superar las ideologías, constantemente uno está hablando de la evolución del hombre. Uno tiene la idea, desde la cuna misma; todos los medios de comunicación, todos los medios ambientales, y después los medios escolares, y los medios académicos dicen que el hombre es un animal que en un momento dado, en su desenvolvimiento dejó de ser animal y empezó a humanarse, a humanizarse. Y ustedes tienen la visión del hombre, en la edad de las cavernas. Y todavía hay gente que busca por todas partes algún eslabón perdido, desesperados por documentar en alguna forma que el hombre es una bestia distinta. Uno se ha ido acostumbrando a eso, y ve a la humanidad en un proceso ascendente, se va haciendo más dócil, y por eso nos domina ese otro mito del progreso, la idea de que la edad de oro del hombre está allá en el futuro, el hombre va avanzando, cabalgando sobre la ciencia y la técnica, y será, y va progresando, y va ascendiendo, y va siendo cada vez mejor hombre y más hombre, y la humanidad perfecta la vemos allá lejos, en un futuro que siempre se nos está escapando de la mano. Hemos desintegrado la idea cristiana del hombre, la idea metafísica del hombre, porque, la idea cristiana del hombre ¿qué enseña?, que la humanidad perfecta ya existió. La humanidad perfecta es Cristo, que además de ser hombre es Dios. Pero hay una criatura que es la perfección misma, que es la Santísima Virgen, para nosotros cristianos. Si lo tuviéramos presente en la vida, jamás diríamos el disparate de que la humanidad va avanzando hacia un superman, un superhombre, y que cada tiempo que llega va a ser mejor, cuando usted está presenciando en el día de hoy las aberraciones, las degradaciones, las pudriciones, del hombre, por lo menos tan extremas como las que se pueden haber dado en los peores tiempos. Y además, cuando uno es cristiano y sabe que la historia del hombre, como la historia de cada uno de nosotros, va a terminar en una catástrofe, la historia humana termina con la muerte. Y así como hay un fin de cada uno de nosotros en la vida terrena, un fin que nadie quiere, porque en rigor no queremos morir, y se comprende que no queramos morir, poique allá en la entraña del ser alienta la eternidad, el sentido de la eternidad, el ansia de la inmortalidad personal. Pero evidentemente la vida termina en Tana catástrofe, y la vida de la humanidad va a terminar en una catástrofe. El cristiano que ha leído alguna vez, que se ha asomado a los textos sagrados, sabe que hay un Apocalipsis, sabe que hay un reino del Anticristo, que nos espera allá al final de los caminos. Pero sabe también, que ese es el fin del mundo pero no el fin del hombre. Y sabe también, que hay una segunda venida de Cristo, que va a venir para la resurrección délos vivos y los muertos y para el Juicio Final. Y luego lo que nos espera es el Reino de Dios en la eternidad, o el eterno Infierno, que hay que tenerlo en cuenta también. Estoy hablando de un cristiano. Un cristiano, no puede tener la idea de un «happy end» en la tierra, es una idea falsa, sino la idea de un final catastrófico, como es el de la vida de cada uno de nosotros, solo que ese no es el último y definitivo final. Hay un traspaso, un reino que no es de este mundo, aunque ya está gravitando sobre el mundo, desde que Cristo se adentró en él, ingresó en él. Nosotros, ¿qué tenemos en cuenta de la vida cristiana en la vida diaria? En los razonamientos que hacemos, en las apreciaciones históricas, en las consideraciones con los demás, ¿juega un papel la idea cristiana?, ninguno. Y la idea metafísica del hombre, ¿juega algún papel?, ningún papel. Hay cincuenta facultades e institutos de psicología en el país donde no se estudia al hombre, el alma del hombre, como un principio inmaterial y trascendente. Y esto no es una posición de fe, es una posición de la razón también. Lo que domina es la ideología, el hombre es un animal de instintos, de reflejos, y entonces se llega a la conclusión lógica de que el hombre es un animal de instintos, de reflejos. ¿Qué es lo que en realidad, traba, perturba, enferma al hombre?, la represión de los instintos, la inhibición de los reflejos. ¿Cuál es la liberación de la humanidad?, liberar los instintos. Es decir, diciéndolo un poco brutalmente, como cuando se tiene hambre, y comer de cualquier manera, entrar en la vida sexual, en la satisfacción sexual, de cualquier manera, a las ganas hay que satisfacerlas, en el orden del instinto de superioridad, y bueno, el mundo está hecho para la supervivencia de los más aptos, de los más fuertes, de los más audaces, de los más decididos, ellos son el triunfo en la vida. Nosotros estamos viviendo en una era en la que a pesar de toda la fraseología sobre la persona humana, la dignidad de la persona humana, los derechos del hombre, los deberes del hombre, vivimos sumergidos dentro de esta concepción bestial del hombre, y estudiamos bestialmente al hombre, como a una bestia, y lo pretendemos manejar y encauzar por medio de técnicas. Técnicas psicológicas análogas a las técnicas que se emplean en el mundo físico, en el mundo material. Los grandes problemas del alma humana están ausentes. Yo les pregunto a ustedes que seguramente todos han estudiado la materia que se llama psicología, si alguna vez, en el estudio científico del alma, se hablo del pecado original y de sus consecuencias. Si alguna vez se analizó el desorden de la vida interior del hombre, con que venimos al mundo. Si alguna vez se analizó eso con criterio científico. Eso vale para el confesionario, cuando uno va a confesar los pecados, pero eso no es real cuando uno está haciendo la ciencia del alma. Entonces la proclividad al mal en él, está en la realidad. Nosotros vivimos en una ficción. Ahora ustedes se dan cuenta de lo que significa el hombre pensado como un animal de instintos y fuertes, y donde si se hace mención de la inteligencia es para ponerla al servicio del instinto, y no el instinto para ordenarlo en la vida superior de la inteligencia. Entonces claro, cuando en esa perspectiva se contempla la vida de un santo, la gente concluye que es un tonto, o un individuo histérico, o enfermo. Porque, ¿cómo vas a concebir la vida de un santo, que es una agonía permanente, y una superación permanente en lucha constante? ¿Qué sentido van a tener del santo y del héroe?. No pueden tener sentido. Por eso hemos llegado a una idea no solamente de que el santo es un enfermo mental o un iluso, o un hipócrita, sino que hemos llegado a la idea de que la personalidad humana, sobre todo la personalidad relevante, el héroe, el caudillo, el sabio, y bueno, son la cresta de la ola, pero el verdadero protagonista de la historia es la masa. La masa, lo anónimo, lo impersonal, lo que es removido por la pasión, y por las pasiones generalmente más superficiales o más bajas, como lo creador, lo protagónico de la historia. Vivimos en una era así, ¿quién debe gobernar?, la multitud, ¿quién es el hacedor de la historia?, la multitud, la voluntad popular, ¿quien hace la verdad?, la mayoría. Y la gente vive de rodillas ante eso. Y aun aquel que tiene figura no la manifiesta para no quedar fuera de las corrientes dogmáticas. Ahí tienen una ideología perversa. No solamente falsa como toda ideología, sino perversa. ¿Qué es el materialismo histórico?, una ideología. ¿Qué establece?, en función de esta concepción zoológica del hombre, en que las necesidades materiales apremiantes de la vida, pasan a ser lo principal en la sociedad y en el Estado, lo esencial lógicamente en este esquema, es la economía. Y entonces todos nosotros estamos pensando siempre, quién es el conductor de la economía, el ministro de economía, el técnico en economía, porque la liberación del país viene de la economía. La economía, trata sí de lo más urgente, de lo más apremiante, de lo inmediato en la vida humana, pero la economía es una cosa subalterna. Las grandes medidas de liberación de un país, son las medidas de liberación política del país. O sea, la liberación espiritual, religiosa, metafísica, política (porque la política es una parle de la ética), y en todos estos planos el hombre se trasciende, porque el hombre tiene que servir al bien común antes que a un bien propio; el hombre tiene que servir a una verdad que lo trascienda, antes que ser aprovechado? de ella. En consecuencia, es fundamental tener en cuenta esto.
La política pasa a ser mediatizada por la economía, y a lo mejor se creen que si nombran un banquero polaco, va a ser el liberador del país. Ahí esta el error, y el que no lo ve es porque no lo quiere ver. Es decir, yo tomo a un poderoso banquero, que era vendedor ambulante hace treinta años, y es una figura poderosa, de la banca, de las finanzas, ¿y ese me va a liberar? no es razonable, solamente la infinita imbecilidad conduce a eso. El país se libera con medidas políticas, porque la economía es subordinada, y mucho más en un país inmensamente rico como este. Aquí no hay problemas apremiantes, de falta de tierra u otras cosas. Aquí lo que no hay es vergüenza; eso es lo que falta, falta vergüenza. Entonces lógicamente nosotros vivimos sometidos, explotados, expoliados, y hablamos todos los días de la liberación. Yo no soy técnico en economía, pero si yo fuera gobierno, qué hago, primero: suspendo los pagos, declaro la moratoria internacional, no para pagar, sino porque estamos hundiéndonos. Entonces, todo este inmenso capital que drena hacia fuera, lo aplico a construir la economía, y mañana cuando pueda, sacaré bien las cuentas y pagaré lo debido a cada uno, teniendo en cuenta lo que se han llevado. ¿No tengo coraje para eso?, entonces no hay posibilidad de progreso, ni siquiera relativamente. Todo lo demás no sirve para nada. Porque es como si yo tengo un negocio, y cada vez tengo más deudas, entonces contraigo más deudas, quiere decir que para pagar esa deuda, para amortizar los intereses del capital, yo necesito nuevas deudas. Por eso lo primero que no se tiene es sentido político, porque lo que se tiene que hacer es decir «vamos a pagar de a peso, vamos a poner el país, en las condiciones necesarias para que pueda salir adelante, y después pagamos». Si yo tuviera que poner un impuesto a la tierra, ¿cómo hago?, lo divido en dos partes. Si hay un hombre que trabaja la tierra, o la hace trabajar, ése casi no paga impuestos. Al que no la hace trabajar y la tiene, a ese sí, le pongo un impuesto bien grande. Si hay que poner un gran impuesto no hay tanto problema, las reformas agrarias en países que les sobran tierras como éste, ¿qué hacen con las tierras que han tenido un largo trabajo?, ahí hay de dónde sacar. Son todos los productores del país los que tienen que colaborar a levantarla. Les recomiendo que vayan a ver, a pesar de sus partes groseras la película italiana que se llama, 'La clase obrera va a paraíso'; ahí está una visión de lo que es el trabajo industrial para el hombre, y sobre todo la producción récord; la vida de un hombre que se va convirtiendo él en máquina. Recuerden, el problema son las ideologías, vivimos de mentiras, de mentiras que ni siquiera son elevadas, vivimos de un engaño permanente substituyendo la realidad por la ficción. Y vamos a ir ahora a la prueba concreta.