ASALTO TERRORISTA AL PODER
49-LA CUSTODIA DEL BIEN
Bueno,
y ahora pasemos al otro punto. Hay algo que comprende enseguida hasta un niño;
él sabe cuando hace mal, tiene plena conciencia, sobre todo cuando se le ha
indicado, él sabe lo que es, sabe lo que significa mentir, y sabe también que
la mentira, faltar a la verdad, decir lo que no es, está mal; sabe que cada
acción tiene una finalidad, que cada agente responde a un fin, y entonces es
fácil hacerle entender que hay que obrar bien, y que hay que evitar el mal. No
le podrá usted enseñar mucho de que el mal es una privación de bien, pero sí
darle el sentido de lo que es bien y de lo que es mal, si su inteligencia está
hecha para distinguir eso y lo primero que descubre es eso; aunque de un modo
confuso, concedido; pero ya lo tiene, es cuestión de esclarecer eso que ya
tiene, "desde la primera mirada de la inteligencia". En consecuencia,
todo agente obra para un fin, que es un bien, y el primer principio de la razón
práctica está fundado sobre la razón de bien, se expresa de ese modo, "es
necesario obrar el bien, es necesario evitar el mal". En este principio
reposan todos los demás. Todo lo demás que pueda decir la mente madura,
reflexiva, y crítica, se apoya en esto que es lo primero y fundamental. No se
trata sólo del bien deleitable y útil, sino también del bien honesto, del bien
moral, del bien racional, de ese bien que se quiere en cierto modo por sí
mismo. Porque lo útil y lo placentero se quiere por otra cosa. Lo útil es
siempre una cosa instrumental, y el placer además es algo que acompaña a una
acción positiva, aunque pueda ser un deleite prohibido. Dice San Agustín en las
'Confesiones', hablando del deleite, el mayor deleite que el hombre caído
experimenta es lo prohibido. También le pasa a los niños, usted les dice
"no vayas a entrar a esa habitación" o "no abras esa
puerta", usted le introduce unas ganas bárbaras de hacerlo, precisamente.
Pero eso no está en la naturaleza del hombre, eso es una inclinación, una
proclividad que él trae como herencia del pecado original. Ahora bien; el bien
honesto, el bien que es conforme con la razón, con la realidad, con la verdad,
con el hombre mismo, es el bien, es algo que se ama por sí mismo, y que se ha
de amar de un modo como para inclusive arriesgarlo todo por él, la vida
también. Vayan a im cine que esté lleno de niños. A mí una de las cosas que más
me divierte es sí hay una buena película del oeste o de guerra. Porque ahí
usted ve lo que significa la primera mirada de la inteligencia sobre el bien y
su distinción del mal. Porque
¿cuándo
ha errado ese enjambre de chicos, ante una escena por ejemplo en que el joven
héroe está arriesgando su vida por defender a una doncella, por defender a una
viuda, por defender una causa justa? hay una aprobación, un acompañamiento, una
participación apasionada de todos; quieren el triunfo de él. ¿El triunfo de
quién?, el triunfo del bien sobre el mal. ¿Dónde está el prestigio de los
cuentos de hadas?, el prestigio eterno de los cuentos de hadas está en quiénes
son los protagonistas, el que encarna el Bien, el que encarna el Mal, y luego
aquella persona por la cual se lucha, que es lógico que sea siempre una dama,
una princesa. Además es lo más natural del mundo. Y observen ustedes una cosa.
Usted tiene que presentar al bien, al que personifica al bien, y lo reviste de
belleza, de decoro, de dignidad. En cambio la cara del malo, del villano, es
una cara que eternamente se reproducirá como fea y desagradable, y lógicamente
también, la dama tiene que ser hermosa, porque no es que si no lo fuera no
hubiera que luchar, pero se la reviste de aquellas características que la hacen
más atrayente; es una cosa razonable. Ahora, yo les pregunto a ustedes, ¿por
qué se produce esa unanimidad de la reacción?, ¿por qué se levanta del asiento
y se grita y claman?. Sencillamente porque la primera mirada de la inteligencia
está puesta sobre el bien, "haz el bien y evita el mal". Hay un
sentido justiciero, que ustedes ven que es espontáneo y es pleno. Tal vez
después, cuando haya que actuar en la vida la gente no actúa como ha aplaudido,
como lo ha entusiasmado que actuara ese héroe, pero uno quisiera ser así. Es
como me pasa a mí cuando leí la carta de Salustro; con el testimonio, es lo de
menos lo que haya sido o dejado de ser, lo que haya servido o dejado de servir,
a mí me gustaría morir así, porque tengo miedo que en el momento decisivo
fracase, no me tienda la mano Él que puede hacerme hacer un buen papel, y
entonces tenga una mala muerte, que es lo peor que le puede pasar a uno. Hay
gente a la que le pasa hoy; no quieren combatir, no quieren morir combatiendo,
y mueren de una mala muerte, mueren igual. Cuando podrían tener, digamos así,
la alteza, el honor de morir combatiendo. Rehúsan combatir, por las causas
esenciales por las cuales se debe combatir, y mueren lo mismo, y mueren mal.
"Haz lo que debes", ocurra lo que ocurra, esto está en la entraña de
nuestro ser, desde la primera mirada. Uno sabe que es así. Como sabe también
que el mayor dolor, no está ni en el sufrimiento ni en la muerte, sino en verse
abandonado de los que debieran acompañarlo a uno en el momento decisivo. Pienso
yo en el dolor de María, y en cierto modo podemos decir humanamente hablando,
que se ha puesto verdaderamente a la misma altura que el del propio Cristo, en alguna
medida, con esa pasión participada, ese martirio de la voluntad, por el que
participa de la Pasión y de la Muerte del Hijo, ¿Qué habrá sido lo más doloroso
para esa Madre? Ver a los discípulos escondidos, huyendo, negándose al
testimonio en la hora de la prueba y de la muerte. Es lo peor. ¿Qué dolor puede
ser mayor que ese? Como, ¿qué cosa puede confortar más que ver al amigo, al
discípulo, al que sea, ahí al pie del cadalso? Uno admira eso, admira a aquél
que da la vida. Y a lo mejor en el momento de tener que hacerlo uno, resulta
que no procede como corresponde. Es tan fuerte, tan extremada, esta primera
mirada de la inteligencia práctica que alcanza el principio mismo de la moral,
de la conducta del hombre, que Santo Tomás tiene un pasaje que recuerda
Garrigou-Lagrange, realmente extraordinario. Y él mismo dice que si él no lo
hubiera dicho tal vez ningún otro teólogo se hubiera animado a decirlo, y es lo
siguiente: dice Santo Tomás que si un niño que hubiese sido educado y criado en
un ambiente donde ni se conoce, ni se afirma, ni se habla para nada de Dios, ni
del pecado, ni se habla de la Redención ni de nada de eso, pese a ello, si ese
niño, realmente despierta a la vida de la inteligencia, y su mirada se posa
realmente, fijamente, duraderamente en este sentido del bien, en este sentido
del principio moral, en esta primera mirada, en esta primera intuición del
bien, si muere, se salva. Es como si fuera un bautismo de deseo. Cuando
comienza a tener verdaderamente uso de razón, la primera cosa que el hombre
debe obrar, es deliberar sobre sí mismo, y si ordena su vida al fin verdadero,
al verdadero bien, amando eficazmente el bien honesto más que a sí mismo, por
la gracia recibe la remisión del pecado original, sin bautismo. Por una gracia
especial recibe la remisión del pecado original. Por esto; de haberse asomado,
de haber fijado la mirada allí, y de estar dispuesto por eso que ve, por ese
bien que contempla, a padecer lo que sea. Y hay también una primera mirada
sobrenatural. Por eso se puede enseñar el Catecismo a un niño, las verdades
fundamentales de la Fe, aunque no las asuma, en forma digamos así, crítica o
distinta, aunque no las entienda del todo. Pero lo principal sí lo ve. En el
orden de la gracia, la fe infusa, que nos es infundida, nos hace adherir a la
palabra divina y a lo que ella expresa. Hay una primera mirada también, que es
una mirada de la fe, que abarca los misterios mismos de] orden sobrenatural.
Por ejemplo, la idea de que Dios es autor de la naturaleza. Es el autor de
todo. Esa idea la alcanza con toda facilidad un niño, y también esta otra de
que Dios es el que remunera, el que gratifica, o el que castiga. O sea que Él
es Quien decide sobre la salvación; también esto lo entiende un niño. Ahora
bien, el objeto de esta mirada de la Fe, cuando esa mirada se entiende en
Nuestro Señor Jesucristo y en el sentido de sus promesas, también lo hace a uno
dueño de esa verdad y de ese sentido que allí se encierra. Ahora, qué pasa con
este primer asomar de la inteligencia, a todas las verdades que son esenciales,
al sentido fundamental del bien y del mal, de lo que es bueno y de lo que es
malo, y a este sentido de los misterios de la fe. ¿Por qué se estropea esto?,
esto se estropea porque estamos inundados, abrumados, de falsas filosofías, de
falsas ideologías, de falsas morales, utilitarias, hedonistas, ideologías que
rebajan al hombre. Por eso tenía razón Nietszche cuando decía, si se sigue
enseñando algunas generaciones más, que el hombre viene del mono, que el hombre
es un animal superevolucionado, que la ciencia va a resolver todos los
problemas, del bien y del mal, del sufrimiento y de la muerte, si se sigue
enseñando al pueblo, una generaciones más éstas aberraciones, asistiremos no
solamente a una gran depresión, sino veremos erguirse digamos así, la gran
bestia sobre la vida humana, sobre la sociedad en todas partes. Y la verdad es
que se ha logrado. Porque claro, se estropea esto que es el movimiento
espontáneo de la inteligencia, y de la voluntad; en lugar de prevenir
precisamente la acción de esa proclividad al mal que traemos nosotros como
herencia del pecado. Yo a veces les pregunto a los alumnos, dígame una cosa
usted, ¿la inclinación egoísta, eso de que usted quiere las cosas para usted, y
que a los demás los ve en función de su gusto, es una cosa natural o no es
natural? Lo primero que le va a contestar si ya está estropeado, es que es una
cosa natural. Entonces quiere decir que el autor de eso es Dios, porque Dios es
al autor de la naturaleza; luego el egoísmo si es una inclinación natural, es obra
de Dios. Pero resulta que no; no es obra de Dios. Además hay en ello una
contradicción, porque cuando uno ve la generosidad, siquiera en otro, uno lo
aprueba, reconoce que eso es así, incluso la quiere para sí, aunque después no
la obre. Quiere decir que sabe bien qué es lo que corresponde y lo que no
corresponde, qué es lo que se debe y qué lo que no se debe. Yo insisto en este
tema porque es decisivo. Ustedes se dan cuenta que en una educación que
realmente contemple la realidad del hombre, y lo que es la vida de la
inteligencia humana, y lo que es la vida de la voluntad humana desde el primer
despertar, se debiera estar atento a todo esto, que no lo he inventado yo, sino
que lo estoy comentando de un gran teólogo que a su vez es continuador de una
gran teología, de una gran sabiduría divina y humana. Pero esto es lo real y
verdadero. Ahora, ¿cómo va a edificar usted, como va a construir una pedagogía
que sirva al hombre?, ¿sobre la negación de todos estos principios y de estos
fundamentos?, o mezclándoles las cosas, dándole al hombre el sentido de que él
en lugar de venir de Dios, vienen de la nebulosa, de lo más bajo, de lo más
inferior, darle el sentido de que lo superior siempre viene de abajo para
arriba?, cuando lo superior es primero, cualquier persona lo comprende. La
inteligencia no sólo está hecha para distinguir sino para jerarquizar, para
reconocer el lugar que cada cosa tiene. Este es un problema, uno dice: bueno,
éstas son disquisiciones de carácter filosófico. Pero estas "disquisiciones
de carácter filosófico" se proyectan en la práctica de una manera total,
de una manera plena. No es un problema de cultura. Ó sí es de cultura, peor que
el analfabetismo, porque es una cultura a medias, o una mala cultura, una
cultura desviada. Hay algo que se ha ido perdiendo progresivamente, que es el
sentido de la grandeza. Se ha ido estropeando en este juego permanente a la
baja. Y fíjense que hoy la política se hace contando con el vicio de la gente,
con la degradación de la gente, con la vulgaridad, con las cosas más bajas y
viles. La política se ha convertido en mi menester miserable, siendo la
política la ciencia arquitectónica, la más alta, la más majestuosa, la más
importante de todas las actividades humanas, en el orden social. Porque la
política no es habilidad, es sabiduría. Bueno, vamos a seguir comentando estas
cosas, que seguramente han de despertar en ustedes un interés real, porque
noso- tros no estamos hablando de cosas más allá, ni de cosas lejanas ni
abruptas, sino de cosas simples, claras, y la aspiración que uno tiene en la
vida es ser realmente un profesor de claridad, como decía un gran profesor que
yo tuve que era don Leonardo Alberini. Decía que lo primero y principal para un
profesor de filosofía, es ser profesor de claridad. Porque la filosofía no es
nada complicada, la complican los profesores, la complican las posiciones que
distorsionan la realidad de las cosas. Si no, es algo claro, diáfano y simple,
y es la más real de todas las ciencias humanas. Porque ella se ocupa de aquello
que es lo más real, lo que es principal y fundamental en todas las cosas.
ASALTO TERRORISTA AL PODER
JUEVES 2 DE AGOSTO DE
1973
50-EL IDEOLOGISMO
Me
acaban de comunicar que esta tarde ha fallecido el padre Meinvielle. Había
estado en terapia intensiva, y nos dijeron que el problema de él era de las
caderas, porque el auto que lo atropelló le había producido una fractura, grave
sí, pero no como para esta noticia. Evidentemente el padre Meinvielle era uno
de los innombrables, simplemente por haber escrito un libro católico, un libro
cristiano y ortodoxo sobre los judíos, porque ése ha sido el verdadero delito
de él. Es como me contaba otro verdadero innombrable que es Martínez Zuviría,
Hugo Wast, cuando, imagínense, es un hombre que vendía los libros a centenares,
hasta que escribió dos libros que se llaman 'Kahal' y 'Oro', más o menos por el
año 1935. Se acabó. Él me contaba en su vejez ( había vendido dos millones de
libros, se trasladaba en colectivo de un lugar a otro porque no tenía
automóvil), me decía que evidentemente, hasta los cristianos lo habían ido
dejando, los hermanos en la fe, simplemente por haber escrito, no contra los
judíos, ¡cómo va a ser un cristiano anti judío, desde el punto de vista racial,
si uno adora a un Dios hecho hombre y que es judío en la carne, que venera por
sobre todas las criaturas a la Santísima Virgen, que es una judía perfecta, y
el problema del judío es un problema que está más allá de la cuestión racial,
es un problema teológico!, y así lo fue para Hugo Wast y el padre Meinvielle.
La gran pregunta que tiene que hacerse cada uno sobre esta cuestión, es, ¿por
qué los judíos no son cristianos? Porque ellos son los que han recibido la
primicia de la Revelación. El Mesías ha nacido en medio de ellos, y si bien ha
venido para toda la humanidad, ha venido en primer término para ellos, eso es
indiscutible, porque ellos fueron elegidos, ellos fueron predestinados. El
verdadero problema está en la resistencia de ellos, en la negación de ellos, en
la dureza del corazón de ellos. Y esa dureza, y esa resistencia, y esa negación
es siempre contemporánea, no es un problema que pasó en el tiempo en que Jesús
vino a la Tierra; es un problema continuado aún en el día de hoy, y continúa
con la misma vigencia, con la misma fuerza que entonces, y con tremendas
consecuencia. Para ordenar un poco la exposición, porque hoy nos vamos a
referir a cuestiones concretas, vamos a dejar un poco el plano de la meditación
esencial, y de este elogio de la vida contempla- tiva que hemos estado
realizando en las últimas clases, teniendo en cuenta que el fin último de la
política es también la contemplación de la verdad. En la última clase estabamos
analizando nosotros, las ideologías que causan la visión de la realidad en lo
hombres. Nosotros vivimos hoy en una época anti teológica y anti metafísica,
una época que intelectualmente está caracterizada por el predominio de las
ideologías. Hace veinte años edité un libro, más de veinte años, que se llama
precisamente "'La Idea y las Ideologías'. La idea es el contexto de lo que
es, la idea es la definición, la idea es la realidad misma, en la verdad que la
tiene, el pensamiento que la tiene. Cuando yo estoy en la verdad, estoy en la
realidad, pienso las cosas como ellas son, las digo como ellas son, y al obrar,
obro de acuerdo a la realidad, obro la verdad, la realidad. Ese es el fin de la
inteligencia y del obrar humano: conformarse a la realidad, en la verdad, y
obrar esa verdad. Entonces uno está pensando y actuando, como Dios quiere que
piense y actúe. Porque uno piensa y actúa según Él ha creado el universo y
según Él ha fijado el sentido, el destino de la vida humana. La idea es,
justamente recordando a Platón, la esencia misma, lo esencial, lo íntimo, lo
profundo, lo definido, lo definitivo que las cosas tienen, está contenido en la
idea. Las ideologías, son una deformación de las ideas, son elaboraciones
mentales, como les decía, que hace el hombre, apoyándose en tal o cual aspecto
de la realidad, en el aspecto subalterno del orden esencial, y erige ese
aspecto accidental o ese elemento subordinado, en principal y dominante. Y
entonces uno tiene una visión distorsionada, substituye la visión de la
realidad por una ficción, que nos da una apreciación completamente falsa y
falaz de la realidad. Pero en lugar de movernos en conformidad con la verdad,
en lugar de obrar la verdad, nosotros obramos en función de las ideologías, de
esas ficciones, de esos pseudo-conceptos, de esos esquemas mentales, que tienen
algo de la realidad, pero que la cubren entera con su artificiosa elaboración
mental. Vamos a poner un caso concreto que es el tercero que voy a analizar.
Primero me refería a la primer ideología que domina la mentalidad moderna, que
es el predominio de la praxis sobre la contemplación, el predominio de la
práctica sobre la teoría. Después me refería a la segunda, que es la
substitución de la categoría real por excelencia que es el ser, por la
categoría del devenir, del cambio, del pasar siempre a otro, del llegar a ser
para dejar de ser. Hoy la perspectiva dominante es la perspectiva del cambio,
hasta la proyectamos en la Iglesia misma. Y todo el mundo dice, Iglesia del
cambio, Iglesia del desarrollo, y la gente va perdiendo, el sentido de lo
fundamental, que es lo que permanece, que es lo que siempre es lo mismo y vale
lo mismo. Lo más importante de nuestra fe, es la Palabra, que no pasará nunca,
la Palabra que es la misma desde el principio de los tiempos hasta el fin de
los tiempos, y más allá todavía en la eternidad. De esa Palabra vive el hombre,
cuando vive en la verdad. Todas las otras cosas que son cambiantes, son
secundarias, son añadiduras. ¿Qué necesitamos nosotros en la vida?, ¿aferramos
a qué?, a cosas firmes, inmutables, que valen siempre lo mismo, en la realidad
misma, en la verdad misma. Y debemos vivir encuadrados en esa verdad, en esa
idea, y proyectarla en todo lo que obramos en la vida.
¿Y
qué sentido tiene la enseñanza, la docencia, si no es para comunicar las cosas
que son definida y definitivamente tales como se manifiestan en el espíritu de
la verdad?. ¿Y cuál es el bagaje, el patrimonio que nosotros necesitamos para
actuar en la vida, las cosas que son indiscutibles, y las cosas que son
discutibles?. El hombre no vive de las posiciones. Las posiciones son múltiples
y cambiantes, si yo reduzco todo a opinión, al criterio de cada uno, no hay
nada firme, no hay nada en que apoyarse. Desde que Sócrates elevó la vida de la
inteligencia, a la pureza del concepto y de la definición, se liberó el
pensamiento, comenzó a existir en Occidente un pensamiento libre, porque era un
pensamiento esencial, un pensamiento integrado por las definiciones. El griego
decía, el hombre es un animal racional, el hombre tiene un alma inteligente y
capaz de querer, tiene un alma inmaterial e inmortal. Todo eso el griego lo desarrolló
por la vía puramente natural, por la razón, y ese magisterio del griego, dura y
durará siempre, nadie puede cambiar eso, solamente cuando substituimos la
verdadera idea del hombre, por una falsa ideología. Y ¿cuál es la ideología
dominante en el día de hoy, que substituye a la idea del hombre, y de la cual
pretende el hombre hacer la vida?, es la idea de que el hombre no es un animal
racional, no es un animal que tiene un alma espiritual e inmortal, un alma
inmaterial, el cristiano va a decir que es un alma a imagen y semejanza de
Dios, va a decir lo mismo que el griego, más elevadamente, y ya en una
participación en la idea que Dios tiene del hombre. En cambio ¿qué dicen
ahora?, que el hombre es un animal super evolucionado. Es super, pero nada más
que un animal. Ahora, si el hombre es nada más que un animal, evidentemente que
es animal nadie lo discute, pero si yo digo que es nada más que un animal, aquí
tienen lo que es la ideología. Cómo un elemento constitutivo de la esencia del
hombre, de la naturaleza del hombre, que es la animalidad, pero a ese elemento
que es el subordinado, que es el que está ordenado a un principio superior, que
es el de la inteligencia y la voluntad, yo lo hago todo el hombre, y entonces
presento toda una visión ideológica del hombre, no una idea del hombre sino una
ideología, de que el hombre es un animal super evolucionado. Y ustedes todos
los días, todos nosotros, hasta yo, que he venido desesperadamente luchando por
superar las ideologías, constantemente uno está hablando de la evolución del
hombre. Uno tiene la idea, desde la cuna misma; todos los medios de
comunicación, todos los medios ambientales, y después los medios escolares, y
los medios académicos dicen que el hombre es un animal que en un momento dado,
en su desenvolvimiento dejó de ser animal y empezó a humanarse, a humanizarse.
Y ustedes tienen la visión del hombre, en la edad de las cavernas. Y todavía
hay gente que busca por todas partes algún eslabón perdido, desesperados por
documentar en alguna forma que el hombre es una bestia distinta. Uno se ha ido
acostumbrando a eso, y ve a la humanidad en un proceso ascendente, se va
haciendo más dócil, y por eso nos domina ese otro mito del progreso, la idea de
que la edad de oro del hombre está allá en el futuro, el hombre va avanzando,
cabalgando sobre la ciencia y la técnica, y será, y va progresando, y va
ascendiendo, y va siendo cada vez mejor hombre y más hombre, y la humanidad
perfecta la vemos allá lejos, en un futuro que siempre se nos está escapando de
la mano. Hemos desintegrado la idea cristiana del hombre, la idea metafísica
del hombre, porque, la idea cristiana del hombre ¿qué enseña?, que la humanidad
perfecta ya existió. La humanidad perfecta es Cristo, que además de ser hombre
es Dios. Pero hay una criatura que es la perfección misma, que es la Santísima
Virgen, para nosotros cristianos. Si lo tuviéramos presente en la vida, jamás
diríamos el disparate de que la humanidad va avanzando hacia un superman, un
superhombre, y que cada tiempo que llega va a ser mejor, cuando usted está
presenciando en el día de hoy las aberraciones, las degradaciones, las
pudriciones, del hombre, por lo menos tan extremas como las que se pueden haber
dado en los peores tiempos. Y además, cuando uno es cristiano y sabe que la
historia del hombre, como la historia de cada uno de nosotros, va a terminar en
una catástrofe, la historia humana termina con la muerte. Y así como hay un fin
de cada uno de nosotros en la vida terrena, un fin que nadie quiere, porque en
rigor no queremos morir, y se comprende que no queramos morir, poique allá en
la entraña del ser alienta la eternidad, el sentido de la eternidad, el ansia
de la inmortalidad personal. Pero evidentemente la vida termina en Tana
catástrofe, y la vida de la humanidad va a terminar en una catástrofe. El
cristiano que ha leído alguna vez, que se ha asomado a los textos sagrados,
sabe que hay un Apocalipsis, sabe que hay un reino del Anticristo, que nos
espera allá al final de los caminos. Pero sabe también, que ese es el fin del
mundo pero no el fin del hombre. Y sabe también, que hay una segunda venida de
Cristo, que va a venir para la resurrección délos vivos y los muertos y para el
Juicio Final. Y luego lo que nos espera es el Reino de Dios en la eternidad, o
el eterno Infierno, que hay que tenerlo en cuenta también. Estoy hablando de un
cristiano. Un cristiano, no puede tener la idea de un «happy end» en la tierra,
es una idea falsa, sino la idea de un final catastrófico, como es el de la vida
de cada uno de nosotros, solo que ese no es el último y definitivo final. Hay
un traspaso, un reino que no es de este mundo, aunque ya está gravitando sobre
el mundo, desde que Cristo se adentró en él, ingresó en él. Nosotros, ¿qué
tenemos en cuenta de la vida cristiana en la vida diaria? En los razonamientos
que hacemos, en las apreciaciones históricas, en las consideraciones con los
demás, ¿juega un papel la idea cristiana?, ninguno. Y la idea metafísica del
hombre, ¿juega algún papel?, ningún papel. Hay cincuenta facultades e
institutos de psicología en el país donde no se estudia al hombre, el alma del
hombre, como un principio inmaterial y trascendente. Y esto no es una posición
de fe, es una posición de la razón también. Lo que domina es la ideología, el
hombre es un animal de instintos, de reflejos, y entonces se llega a la
conclusión lógica de que el hombre es un animal de instintos, de reflejos. ¿Qué
es lo que en realidad, traba, perturba, enferma al hombre?, la represión de los
instintos, la inhibición de los reflejos. ¿Cuál es la liberación de la
humanidad?, liberar los instintos. Es decir, diciéndolo un poco brutalmente,
como cuando se tiene hambre, y comer de cualquier manera, entrar en la vida
sexual, en la satisfacción sexual, de cualquier manera, a las ganas hay que
satisfacerlas, en el orden del instinto de superioridad, y bueno, el mundo está
hecho para la supervivencia de los más aptos, de los más fuertes, de los más
audaces, de los más decididos, ellos son el triunfo en la vida. Nosotros
estamos viviendo en una era en la que a pesar de toda la fraseología sobre la
persona humana, la dignidad de la persona humana, los derechos del hombre, los
deberes del hombre, vivimos sumergidos dentro de esta concepción bestial del
hombre, y estudiamos bestialmente al hombre, como a una bestia, y lo
pretendemos manejar y encauzar por medio de técnicas. Técnicas psicológicas
análogas a las técnicas que se emplean en el mundo físico, en el mundo
material. Los grandes problemas del alma humana están ausentes. Yo les pregunto
a ustedes que seguramente todos han estudiado la materia que se llama
psicología, si alguna vez, en el estudio científico del alma, se hablo del
pecado original y de sus consecuencias. Si alguna vez se analizó el desorden de
la vida interior del hombre, con que venimos al mundo. Si alguna vez se analizó
eso con criterio científico. Eso vale para el confesionario, cuando uno va a
confesar los pecados, pero eso no es real cuando uno está haciendo la ciencia
del alma. Entonces la proclividad al mal en él, está en la realidad. Nosotros
vivimos en una ficción. Ahora ustedes se dan cuenta de lo que significa el
hombre pensado como un animal de instintos y fuertes, y donde si se hace
mención de la inteligencia es para ponerla al servicio del instinto, y no el instinto
para ordenarlo en la vida superior de la inteligencia. Entonces claro, cuando
en esa perspectiva se contempla la vida de un santo, la gente concluye que es
un tonto, o un individuo histérico, o enfermo. Porque, ¿cómo vas a concebir la
vida de un santo, que es una agonía permanente, y una superación permanente en
lucha constante? ¿Qué sentido van a tener del santo y del héroe?. No pueden
tener sentido. Por eso hemos llegado a una idea no solamente de que el santo es
un enfermo mental o un iluso, o un hipócrita, sino que hemos llegado a la idea
de que la personalidad humana, sobre todo la personalidad relevante, el héroe,
el caudillo, el sabio, y bueno, son la cresta de la ola, pero el verdadero
protagonista de la historia es la masa. La masa, lo anónimo, lo impersonal, lo
que es removido por la pasión, y por las pasiones generalmente más
superficiales o más bajas, como lo creador, lo protagónico de la historia.
Vivimos en una era así, ¿quién debe gobernar?, la multitud, ¿quién es el
hacedor de la historia?, la multitud, la voluntad popular, ¿quien hace la
verdad?, la mayoría. Y la gente vive de rodillas ante eso. Y aun aquel que
tiene figura no la manifiesta para no quedar fuera de las corrientes
dogmáticas. Ahí tienen una ideología perversa. No solamente falsa como toda
ideología, sino perversa. ¿Qué es el materialismo histórico?, una ideología.
¿Qué establece?, en función de esta concepción zoológica del hombre, en que las
necesidades materiales apremiantes de la vida, pasan a ser lo principal en la
sociedad y en el Estado, lo esencial lógicamente en este esquema, es la
economía. Y entonces todos nosotros estamos pensando siempre, quién es el
conductor de la economía, el ministro de economía, el técnico en economía,
porque la liberación del país viene de la economía. La economía, trata sí de lo
más urgente, de lo más apremiante, de lo inmediato en la vida humana, pero la
economía es una cosa subalterna. Las grandes medidas de liberación de un país,
son las medidas de liberación política del país. O sea, la liberación
espiritual, religiosa, metafísica, política (porque la política es una parle de
la ética), y en todos estos planos el hombre se trasciende, porque el hombre
tiene que servir al bien común antes que a un bien propio; el hombre tiene que servir
a una verdad que lo trascienda, antes que ser aprovechado? de ella. En
consecuencia, es fundamental tener en cuenta esto.
La
política pasa a ser mediatizada por la economía, y a lo mejor se creen que si
nombran un banquero polaco, va a ser el liberador del país. Ahí esta el error,
y el que no lo ve es porque no lo quiere ver. Es decir, yo tomo a un poderoso
banquero, que era vendedor ambulante hace treinta años, y es una figura
poderosa, de la banca, de las finanzas, ¿y ese me va a liberar? no es
razonable, solamente la infinita imbecilidad conduce a eso. El país se libera
con medidas políticas, porque la economía es subordinada, y mucho más en un
país inmensamente rico como este. Aquí no hay problemas apremiantes, de falta
de tierra u otras cosas. Aquí lo que no hay es vergüenza; eso es lo que falta,
falta vergüenza. Entonces lógicamente nosotros vivimos sometidos, explotados,
expoliados, y hablamos todos los días de la liberación. Yo no soy técnico en
economía, pero si yo fuera gobierno, qué hago, primero: suspendo los pagos,
declaro la moratoria internacional, no para pagar, sino porque estamos
hundiéndonos. Entonces, todo este inmenso capital que drena hacia fuera, lo
aplico a construir la economía, y mañana cuando pueda, sacaré bien las cuentas y
pagaré lo debido a cada uno, teniendo en cuenta lo que se han llevado. ¿No
tengo coraje para eso?, entonces no hay posibilidad de progreso, ni siquiera
relativamente. Todo lo demás no sirve para nada. Porque es como si yo tengo un
negocio, y cada vez tengo más deudas, entonces contraigo más deudas, quiere
decir que para pagar esa deuda, para amortizar los intereses del capital, yo
necesito nuevas deudas. Por eso lo primero que no se tiene es sentido político,
porque lo que se tiene que hacer es decir «vamos a pagar de a peso, vamos a
poner el país, en las condiciones necesarias para que pueda salir adelante, y
después pagamos». Si yo tuviera que poner un impuesto a la tierra, ¿cómo hago?,
lo divido en dos partes. Si hay un hombre que trabaja la tierra, o la hace
trabajar, ése casi no paga impuestos. Al que no la hace trabajar y la tiene, a
ese sí, le pongo un impuesto bien grande. Si hay que poner un gran impuesto no
hay tanto problema, las reformas agrarias en países que les sobran tierras como
éste, ¿qué hacen con las tierras que han tenido un largo trabajo?, ahí hay de
dónde sacar. Son todos los productores del país los que tienen que colaborar a
levantarla. Les recomiendo que vayan a ver, a pesar de sus partes groseras la
película italiana que se llama, 'La clase obrera va a paraíso'; ahí está una
visión de lo que es el trabajo industrial para el hombre, y sobre todo la
producción récord; la vida de un hombre que se va convirtiendo él en máquina.
Recuerden, el problema son las ideologías, vivimos de mentiras, de mentiras que
ni siquiera son elevadas, vivimos de un engaño permanente substituyendo la
realidad por la ficción. Y vamos a ir ahora a la prueba concreta.
