Mons. Delgado encerró a los defensores
Pudo provocar una catástrofe
Se ha dicho en los comentarios de este Blog, que Página Católica debe disculparse con Mons. Alfonso Delgado, Arzobispo de San Juan, por los conceptos vertidos aquí.
Sin embargo, este es un foro en el que se han ido publicando, sin prejuicios, opiniones de quienes han combatido al enemigo en San Juan, en los distintos frentes que tuvo esa batalla.
Opiniones que intentan aclarar los hechos, y resaltar las luces y sombras que tienen todas las acciones humanas, incluso las del Arzobispo; quien si bien ayudó a los católicos de otras provincias que asistieron al encuentro de manera eficiente y paternal, como ya resaltamos aquí, obstaculizó la defensa de la catedral con argucias que no son dignas de un prelado.
Una fuente de inobjetable confianza, cuya identidad mantenemos en reserva por decisión nuestra, confirma tres hechos:
que Mons. Delgado falto a la palabra empeñada con los defensores de la Catedral,
que impidió el auxilio a los fieles que estaban fuera de la misma en el momento más duro del ataque,
para lo cual dejó completamente encerrados, por alrededor de veinte minutos, a cerca de 400 personas dentro del templo, retirándose él y sus asistentes a otras dependencias.
¿Qué hubiera pasado si ocurría algún siniestro allí dentro?
He aquí el testimonio al que acabamos de hacer referencia:
Breve reseña de los hechos en San Juan
Llegamos el día Domingo a San Juan desde San Rafael a las 11 hs. aproximadamente, eramos 40 hombres. Nos recibieron unos camaradas junto a dos de los organizadores de la defensa y el Señor Obispo. Apenas llegamos pregunté como sería la defensa y me dijeron que se iba a salir de la Catedral en grupos porque eran muchos los hombres y mujeres que querían estar. Pregunté a los camaradas amigos si esto sería así y me contestaron, que les parecía que sí y que no tenían elementos para desconfiar.
A las 12:30 Hs. asistimos a la Misa celebrada en el Colegio por el Señor Obispo. (Parrafo aparte: donde el Señor Obispo usa el mismo lenguaje de las feministas. Bienvenidos y Bienvenidas, Hermanos, Hermanas).
Al terminar la Misa se nos indicó a los hombres que nos quedáramos para recibir algunas indicaciones.
Un joven llamado Ariel, encargado de la seguridad, y el señor Obispo dieron algunas indicaciones de tipo organizativo. Por Ej: Solo entrarían unos 400 hombres entre las 16 y las 17 horas y un pequeño grupo de mujeres, que habían pedido estar. Nada de eso se cumplió.
En ese momento yo le pregunté al Señor Obispo y a Ariel si había alguna posibilidad de que no nos dejaran salir a hacer la defensa pública de la fe al atrio, y me respondieron los dos que no había ninguna posibilidad de que se impidiera la salida.
Volví a preguntar, ya que esta era una de las dudas que tenía nuestro grupo; les pregunté, pues, nuevamente "¿existe alguna posibilidad que cierren las puertas de la Catedral y no dejen salir a nadie?"
Nuevamente los dos me respondieron que ninguna, haciendo Ariel hincapié en la respuesta. Esto tampoco se cumplió.
Una sola vez se dejó salir a los hombres en un grupo de unos 50 al atrio, cuando todavía no estaba el grueso de la marcha delante de la Catedral, después se cerró la puerta y nunca más se abrió.
En el momento en que se escuchó llegar el grueso de la marcha le pedimos todos los que estábamos alli, desde jóvenes, adultos varones y mujeres, que dejaran salir y la respuesta siempre fue "en unos minutos".
En un momento, junto a otros dirigentes de otras provincias, intentamos salir por la puerta trasera y nos encontramos que estaba cerrada con llave y no había nadie para abrirla; el Obispo, el párroco y los organizadores habían desaparecido.
Entre 15 y 20 minutos estuvimos buscándolos para que abrieran las puertas. Entonces fue que le dijimos al Señor Obispo que nos había mentido, a lo que el respondió: "Si he mentido me tendré que confesar".
Luego de estas palabras pudimos salir por detrás y ayudar en el final de la comparsa feminista, a nuestros camaradas que habían quedado afuera.
Hasta acá los hechos objetivamente expuestos.
Escribo estas líneas con la intención de que se sepa la verdad tal cual fue.
Escribo en defensa de mi amigo y camarada de mil batallas por la defensa de la Realeza de Cristo y de la Patria J.P.W aunque él no lo necesite.
A mi el señor Obispo me mintió, faltó a verdad y mantuvo su mentira durante dos horas. Si los sanjuaninos sabían que no se iba a salir desde hace un año, como escribe un asistente, es asunto de ellos, nosotros preguntamos y nos mintieron. Hombres y mujeres de Mendoza, San Rafael, Neuquén, Córdoba, Entre Rios y otras provincias fuimos engañados en nuestra buena fe por el Señor Obispo, literalmente engañados.
No nos enseñaron a pelearnos con nuestros Obispos, pero ante el engaño, la mentira y la pusilanimidad no queda otra cosa que la reacción lícita. (Más allá de que además oremos incesantemente por la Santa Madre Iglesia, sus sacerdotes, y su jerarquía)
En las horas de la defensa, tanto adentro como afuera, no hubo ni héroes ni mártires, sólo unas horas de sana virilidad, camaradería y verdadero sentido de la militancia católica y esto en los tiempos en que vivimos es importante.
Sin embargo, este es un foro en el que se han ido publicando, sin prejuicios, opiniones de quienes han combatido al enemigo en San Juan, en los distintos frentes que tuvo esa batalla.
Opiniones que intentan aclarar los hechos, y resaltar las luces y sombras que tienen todas las acciones humanas, incluso las del Arzobispo; quien si bien ayudó a los católicos de otras provincias que asistieron al encuentro de manera eficiente y paternal, como ya resaltamos aquí, obstaculizó la defensa de la catedral con argucias que no son dignas de un prelado.
Una fuente de inobjetable confianza, cuya identidad mantenemos en reserva por decisión nuestra, confirma tres hechos:
que Mons. Delgado falto a la palabra empeñada con los defensores de la Catedral,
que impidió el auxilio a los fieles que estaban fuera de la misma en el momento más duro del ataque,
para lo cual dejó completamente encerrados, por alrededor de veinte minutos, a cerca de 400 personas dentro del templo, retirándose él y sus asistentes a otras dependencias.
¿Qué hubiera pasado si ocurría algún siniestro allí dentro?
He aquí el testimonio al que acabamos de hacer referencia:
Breve reseña de los hechos en San Juan
Llegamos el día Domingo a San Juan desde San Rafael a las 11 hs. aproximadamente, eramos 40 hombres. Nos recibieron unos camaradas junto a dos de los organizadores de la defensa y el Señor Obispo. Apenas llegamos pregunté como sería la defensa y me dijeron que se iba a salir de la Catedral en grupos porque eran muchos los hombres y mujeres que querían estar. Pregunté a los camaradas amigos si esto sería así y me contestaron, que les parecía que sí y que no tenían elementos para desconfiar.
A las 12:30 Hs. asistimos a la Misa celebrada en el Colegio por el Señor Obispo. (Parrafo aparte: donde el Señor Obispo usa el mismo lenguaje de las feministas. Bienvenidos y Bienvenidas, Hermanos, Hermanas).
Al terminar la Misa se nos indicó a los hombres que nos quedáramos para recibir algunas indicaciones.
Un joven llamado Ariel, encargado de la seguridad, y el señor Obispo dieron algunas indicaciones de tipo organizativo. Por Ej: Solo entrarían unos 400 hombres entre las 16 y las 17 horas y un pequeño grupo de mujeres, que habían pedido estar. Nada de eso se cumplió.
En ese momento yo le pregunté al Señor Obispo y a Ariel si había alguna posibilidad de que no nos dejaran salir a hacer la defensa pública de la fe al atrio, y me respondieron los dos que no había ninguna posibilidad de que se impidiera la salida.
Volví a preguntar, ya que esta era una de las dudas que tenía nuestro grupo; les pregunté, pues, nuevamente "¿existe alguna posibilidad que cierren las puertas de la Catedral y no dejen salir a nadie?"
Nuevamente los dos me respondieron que ninguna, haciendo Ariel hincapié en la respuesta. Esto tampoco se cumplió.
Una sola vez se dejó salir a los hombres en un grupo de unos 50 al atrio, cuando todavía no estaba el grueso de la marcha delante de la Catedral, después se cerró la puerta y nunca más se abrió.
En el momento en que se escuchó llegar el grueso de la marcha le pedimos todos los que estábamos alli, desde jóvenes, adultos varones y mujeres, que dejaran salir y la respuesta siempre fue "en unos minutos".
En un momento, junto a otros dirigentes de otras provincias, intentamos salir por la puerta trasera y nos encontramos que estaba cerrada con llave y no había nadie para abrirla; el Obispo, el párroco y los organizadores habían desaparecido.
Entre 15 y 20 minutos estuvimos buscándolos para que abrieran las puertas. Entonces fue que le dijimos al Señor Obispo que nos había mentido, a lo que el respondió: "Si he mentido me tendré que confesar".
Luego de estas palabras pudimos salir por detrás y ayudar en el final de la comparsa feminista, a nuestros camaradas que habían quedado afuera.
Hasta acá los hechos objetivamente expuestos.
Escribo estas líneas con la intención de que se sepa la verdad tal cual fue.
Escribo en defensa de mi amigo y camarada de mil batallas por la defensa de la Realeza de Cristo y de la Patria J.P.W aunque él no lo necesite.
A mi el señor Obispo me mintió, faltó a verdad y mantuvo su mentira durante dos horas. Si los sanjuaninos sabían que no se iba a salir desde hace un año, como escribe un asistente, es asunto de ellos, nosotros preguntamos y nos mintieron. Hombres y mujeres de Mendoza, San Rafael, Neuquén, Córdoba, Entre Rios y otras provincias fuimos engañados en nuestra buena fe por el Señor Obispo, literalmente engañados.
No nos enseñaron a pelearnos con nuestros Obispos, pero ante el engaño, la mentira y la pusilanimidad no queda otra cosa que la reacción lícita. (Más allá de que además oremos incesantemente por la Santa Madre Iglesia, sus sacerdotes, y su jerarquía)
En las horas de la defensa, tanto adentro como afuera, no hubo ni héroes ni mártires, sólo unas horas de sana virilidad, camaradería y verdadero sentido de la militancia católica y esto en los tiempos en que vivimos es importante.
¡Viva Cristo Rey!
¡VIva la Patria Católica!

