viernes, 6 de diciembre de 2013

PECADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO

PECADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO


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“Rompisteis con Cristo cuantos os justificáis dentro de la ley; caísteis despojados de la Gracia” (Gal 5, 4).
Quien sigue la ley de la Iglesia y la justifica por encima de la ley de Dios, rompe con Cristo y cae de la gracia.
1. Es lo que hicieron los Cardenales al elegir un nuevo Papa: justificaron la ley de la Iglesia, pero no atendieron la ley divina, la cual dice que no se puede elegir un Papa si el anterior sigue vivo. Porque sólo hay un Pedro en la Iglesia, sólo un sucesor de Pedro en la Iglesia. Y es hasta la muerte.
2. Es lo que hizo Benedicto XVI en su renuncia: justificó la ley de la Iglesia, que le permite renunciar, pero no atendió a la ley divina, por la cual Pedro no puede renunciar a ser Pedro, a su Vocación Divina en la Iglesia. Porque los Dones de Dios son irrevocables: Dios da y nunca quita, nunca hace renunciar. Es el hombre el que pierde el don por su pecado.
3. Es lo que hizo Francisco al ser elegido Papa: justificó la ley de la Iglesia, pero no atendió a la ley divina, que impide aceptar el oficio de Pedro cuando el anterior Papa sigue vivo y reinando en la Iglesia.
Nadie ha cumplido la ley divina en el Papado. Todos han caído de la Gracia. Todos han pecado: Benedicto XVI, los Cardenales en el Cónclave, Francisco.
Y de este pecado nace la nueva iglesia en Roma. En un pecado se funda el nuevo proyecto de iglesia en Roma.
Cristo edifica Su Iglesia sobre la Roca de la Verdad.
La nueva jerarquía de la nueva iglesia en Roma edifica ese esperpento en la arena de la mentira.
Del pecado de Benedicto XVI, de los Cardenales y de Francisco. El 11 de febrero de 2013 tiene su inicio, públicamente, el falso Cristo y la falsa Iglesia. Nació antes, en 1998. Pero hasta esa fecha no se da a conocer de forma pública, oficialmente.
Un pecado distinto en cada uno, pero uno en todos: es el pecado –en la Cabeza de la Iglesia, en el Papado- contra el Espíritu Santo.
1. Benedicto XVI peca con dos pecados: uno propio, otro como cabeza de la Iglesia.
2. Los Cardenales hacen lo mismo, dos pecados, pero el otro es como Apóstoles de la Iglesia, como sucesores de los Apóstoles.
3. Y para Francisco, dos pecados también, pero el otro como Obispo de la Iglesia.
Los pecados propios tienen perdón por el Señor porque sólo se peca contra el Hijo. Pero los otros pecados de BenedictoXVI, de los Cardenales y de Francisco, no tienen perdón, por ser el pecado contra el Espíritu Santo.
1. Benedicto XVI peca contra el Espíritu santo como Cabeza de la Iglesia, no como alma. Su pecado lo hace siendo Cabeza y en un asunto de la Cabeza de la Iglesia.
Benedicto XVI peca contra una obra del Espíritu Santo en la Cabeza de la Iglesia. Es el Espíritu Santo el que conduce a Pedro en la Iglesia. Y lo lleva para que comprenda lo que tiene que hacer en la Iglesia.
Esta obra del Espíritu Santo es distinta a la Obra de Jesús en Pedro. Jesús, como Rey de la Iglesia, comunica a Pedro su Palabra y, por tanto, indica a Pedro la Voluntad de Su Padre en Su Palabra. Para obrar esta Palabra, es necesaria la obra del Espíritu Santo en Pedro. No se puede obrar el Evangelio sin el Espíritu. No se puede hacer la Voluntad del Padre sin el Espíritu.
Benedicto XVI se negó a seguir la Obra del Espíritu Santo en su renuncia, como Cabeza de la Iglesia; se negó a esa Fuerza Divina en su alma; se negó a la Inteligencia Divina en su corazón y, por tanto, ese rechazo le condujo al pecado contra el Espíirut Santo como Cabeza de la Iglesia. En ese pecado, Benedicto XVI también renuncia a la obra de Cristo y a la Voluntad del Padre como Cabeza de la Iglesia.
Su pecado contra el Espíritu Santo imposibilita que la Iglesia tenga un Papa, porque no hay perdón para ese pecado. Es el mismo pecado que Adán y Eva: un pecado que influye, que se manifiesta, que se da en toda la Iglesia. Todos manchados por ese pecado de Benedicto XVI como Cabeza de la Iglesia.
Ya la Iglesia no puede tener más Papas por vía ordinaria, por vía Cónclave o de elección entre los Cardenales. Ya no es posible tener un Papa de este modo hasta que el Cielo no ponga su Papa, Pedro Romano, por vía extraordinaria. Y, por tanto, si muere Benedicto XVI, la sede quedará vacante hasta Pedro Romano. Y, aunque los Cardenales elijan a un Papa, será un falso Papa o un antipapa. Nunca un Papa verdadero.
Benedicto XVI, al pecar contra el Espíritu Santo, anula el Cónclave, cualquier Cónclave, cualquier reunión de Cardenales para elegir un nuevo Papa.
2. Cuando los Cardenales se pusieron a elegir un nuevo Papa, en la renuncia de Benedicto XVI, hicieron dos cosas:
a. no discernieron el pecado de Benedicto XVI y eso les llevó a otro pecado en común: el pecado contra el Espíritu Santo: quisieron elegir a un Papa sin la obra del Espíritu Santo, sin su fuerza, sin su inteligencia divinas. Hicieron algo humano, una obra humana, una elección humana, pero el daño no está en eso, sino que mostraron esa obra humana, esa elección como divina. Y ahí está el pecado contra el Espíritu Santo: rechazaron al Espíritu y lo presentaron el espíritu del demonio en la Iglesia.
Este pecado imposibilita que haya en la Iglesia una reunión de sucesores de Apóstoles para elegir a un Papa. No se da la sucesión apostólica para una elección papal.
b. cometieron un pecado de desobediencia a Benedicto XVI, porque seguía siendo Papa ante Dios y ante la Iglesia, a pesar de que haya leído su renuncia. Los Cardenales se pusieron por encima de Su Cabeza, de Benedicto XVI, y eligieron a un hombre sin el Poder Divino. Este pecado de desobediencia es el que anula la elección en el Cónclave, porque es una herejía manifiesta, clara, de ir en contra de la Cabeza de la Iglesia. El cónclave no se anula porque se hayan hecho cosas raras dentro de él. Se anula siempre por un pecado de toda la mayoría. Aquí está ese pecado.
Los Cardenales pusieron como Papa a un hombre sin el Poder del Papa, sin la Voluntad de Dios, sin la Autoridad de Dios. Por tanto, es un hombre que sólo tiene la autoridad humana para gobernar la Iglesia. Y cuanto haga en la Iglesia, lo hace sólo por esa autoridad humana. Nada hace en la Iglesia como Papa. Y, por tanto, no se le da ninguna obediencia. Porque en la Iglesia sólo se obedece al Papa y no a ningún otro hombre. La obediencia a los Pastores se da si esos Pastores obedecen al Papa. Si no le obedecen, no hay obediencia a los Pastores.
3. El pecado de Francisco contra el Espíritu Santo consiste en anularse como Obispo de la Iglesia. Todo Obispo que se ponga como Papa sin serlo, sin la vocación divina, sin ser elegido por Dios, peca contra el Espíritu Santo y anula todo su ministerio como Obispo en la Iglesia. Automáticamente, queda excomulgado de la Iglesia, queda fuera de la Iglesia. Y sólo un Papa puede quitar esa excomunión.
Pero hay otro pecado en Francisco: su división en la Iglesia, que es otro pecado contra el Espíritu Santo. Francisco quita el Vértice de la Iglesia y pone lo horizontal, su gobierno de muchas cabezas. Esta división produce la ruptura en el Vértice de la Iglesia, es decir, no es posible que un Papa gobierne ya la Iglesia.
No solamente se da la imposibilidad por el pecado de Benedicto XVI, sino por la división en la Cabeza, que es la obra de Francisco en la Iglesia. Su obra impide que un Papa vuelva a gobernar la Iglesia. Por eso, si Benedicto XVI quisiera regir la Iglesia, tendría que salir de Roma para hacerlo. El pecado de Francisco anula a Pedro en Roma.
Esta anulación es tan radical que, por eso, es necesario que Francisco deje de gobernar la Iglesia como Papa, como falso Papa. Por eso, su idea de descentralizarlo todo. Y eso le lleva a él a una encrucijada en su vida en la Iglesia, porque se abre la lucha por el poder en la Iglesia. Ya no hace falta un Cónclave para elegir un Papa. Cualquiera puede ser Papa. De ahí nacerán los sucesores de Francisco, los anticristos.
Y de Benedicto XVI saldrán los antipapas y falsos papas. Porque ahora todos quieren regir la Iglesia a su manera humana, como lo entienden en sus cabezas.