LA FALSA DERECHA
LAS FALSAS DERECHAS (Escrito durante el desarrollo del mal llamado “Vaticano Segundo” ) -Formación para la acción
Pbro. Dr. JOAQUÍN SAENZ y ARRIAGA .SJ.. (1899-1976)
Uno
de los fenómenos más impresionantes, en la crisis angustiosa que padece
el mundo de nuestros días, es, a no dudarlo, la falsía, el disimulo, la
simulación y la hipocresía, con que hoy el mal se esconde, se disfraza y
se adueña progresivamente de las instituciones más sanas y refractarias
al influjo del error y del vicio. Son las infiltraciones sigilosas,
imperceptibles, que, después de entrar sin ser sentidas, se expanden, y
se adueñan, y dominan, y corrompen, y asocian a los incautos a los
ataques demoledores de los adversarios; son “las falsas derechas”, que
pululan hoy en todas partes, para destruir, desde dentro, engañar a los
buenos y paralizar, cuando menos, las legítimas defensas de los que
luchamos o queremos luchar por la conservación y defensa de nuestro
patrimonio espiritual.
También
en la Iglesia o, por mejor decirlo, en los hombres y organizaciones
humanas de la Iglesia, abundan, en estos calamitosos tiempos, “las
falsas derechas”, los emboscados, los que aparentan defender la Fe y la
moral, cuando en verdad la combaten, la falsean y la destruyen. Esta ha
sido el arma eficacísima de la conspiración secular
judeo-masónica-comunista, para realizar esa que el “Pontífice” llamó “la
autodemolición” del catolicismo.
Los
enemigos están dentro; aparentan defender nuestra causa; hablan de
progreso, de nueva primavera, de acomodamiento, de período difícil de
transición; pero, en realidad, dirigen afanosos sus certeros y
demoledores golpes hacia la misma meta que persiguen nuestros más
rabiosos enemigos. Las infiltraciones en la Iglesia son el peligro más
grave, la amenaza más aterradora para el Catolicismo contemporáneo.
Una persecución sangrienta no hubiera sido más funesta para la Iglesia.
Y esas
infiltraciones abarcan todo el organismo viviente de la Iglesia.
Infiltraciones judaicas, infiltraciones masónicas, infiltraciones
comunistas, que todas ellas vienen a ser la misma cosa, Por eso el
lenguaje del “progresismo” se asemeja tanto al lenguaje de la Kabala,
del talmud, de las logias y sectas esotéricas del comunismo
internacional.
No
debemos sorprendernos de esta confusión. Ya el mismo Divino Maestro nos
lo había predicho “Guardaos de los falsos profetas, que vendrán a
vosotros revestidos con pieles de oveja, pero por dentro son lobos
rapaces”. El redil se encuentra ahora infestado de esos lobos revestidos
con pieles de oveja, que son muchas veces recibidos con honores y
halagos por los mismos pastores a cuyo cuidado está la defensa,
conservación y bienestar del rebaño.
Charles
Davis (ex jesuíta inglés), considerado como uno de los peritos
conciliares de mayor significación y como el mayor teólogo británico
antes que abandonara la Iglesia Católica, afirma: “Sin dudar un momento,
yo admito como un hecho evidente, que hay fuerzas, dentro de la Iglesia
Católica Romana, contrarias a su estructura actual, que están tendiendo
a la disolución o eliminación de las Instituciones existentes… La
presente estructura institucional de la Iglesia Romana implica un
particular concepto de la verdad. Si la nueva concepción de la verdad
cristiana triunfa en su esfuerzo por ser la dominante, ello originará,
en mi opinión, la disolución de esa estructura. Desde este punto, yo
creo que los temores de los conservadores están bien fundados”.
Esta es
una confesión de parte, hecha por un infiltrado que supo y pudo escalar
los altos puestos de la Iglesia, hasta llegar a ser considerado como uno
de los “expertos” conciliares. ¡No hay duda! La Iglesia está llena de
infiltrados, que pugnan por hacer el juego al enemigo y reformar o
reestructurar la obra divina a su antojo y capricho. Con razón escribe
el mismo Davis: “Capítulo tras capítulo de volúmenes post-conciliares y
de discursos de Rahner, Küng, Schillebeek y otros peritos, claramente
demuestran sus puntos de vista completamente anticatólicos y su
inconformidad con los resultados actuales del Concilio Vaticano II, para
no mencionar otras creencias oficiales católicas”.
Estas
infiltraciones no son el fruto de una generación espontánea. Alguien las
hizo. Fueron planeadas con tiempo, con paciencia, con experimentos, con
dinero. Fueron realizadas con suma habilidad, con tacto exquisito, con
inteligencia diabólica. Al observador consciente, que estudia, que
compara, que asocia los rasgos semejantes y comunes; no puede pasar
inadvertida la presencia de una conspiración universal, que lleva los
caracteres inconfundibles del “mecanismo materialista” del judaismo
internacional, que, hoy como ayer, pugna por eliminar a Cristo, por
destruir la Iglesia.
Las
palabras de San Pío X, en su Encíclica dogmática “Pascendi Diminici
Gregis”, parecen adquirir un sentido profético: “Hablamos. . . de gran
número de católicos seglares y, lo que es aun más deplorable, hasta de
sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en
absoluto de conocimientos serios en Filosofía y Teología, e impregnados,
por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores
debidos en los escritos de los adversarios del Catolicismo, se
presentan, con desprecio de toda modestia, como “restauradores” de la
Iglesia, y, en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de
más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia
persona del Divino Redentor, que, con sacrilega temeridad rebajan a la
categoría de puro y simple hombre”.
Y las
palabras que siguen en la Encíclica, responden al sofisma con el cual se
pretende hoy solapar las herejías y los inauditos desmanes de esos
innovadores: “Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre
los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que,
prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca
sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de
la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero, quien dijere que ésta (la
Iglesia) no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos
dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde
dentro; en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de
la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales
enemigos es tanto más inevitable, cuanto más a fondo conocen la
Iglesia”.
Así
habla un Papa y un Santo, que no sólo tenía la asistencia del Espíritu
Santo, sino que supo en su virtud heroica, en su celo infatigable por la
Iglesia y en su total entrega a Dios, corresponder a las gracias y
carismas recibidos, para cumplir fidelísimamente su altísima misión. Por
eso no teme denunciar a los “infiltrados”, ni llamar con su propio
nombre a los enemigos de Dios y de la Iglesia.
Y
continúa el Santo Pontífice: “Añádase que han aplicado la segur, no a
las ramas, ni tampoco a los débiles renuevos, sino a la raíz de vida
inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol y en
tales proporciones, que no hay parte alguna de la fe católica donde no
pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper”.
No creo
se pudiera expresar con mayor energía, con mayor claridad, y con mayor
luz divina la situación pavorosa, indescriptible, por la que está
pasando en su agonía y calvario la Iglesia fundada por Cristo.
Con
razón Teilhrad de Chardin prefería permanecer dentro de la vieja estirpe
romana, para efectuar, desde dentro su diabólica reforma, no sólo en
las instituciones, sino en la misma Fe: una reforma total y radical,
llevada a cabo por los enemigos infiltrados en el seno de la Iglesia,
con hábitos, con sotanas, con títulos, con prelaturas, tal vez con las
más altas dignidades.
I I
Mas, la
audacia de los enemigos ha sido mayor; para impedir la reacción
saludable, para frustrar toda legítima defensa, ellos han organizado
diabólicamente “las falsas derechas”, que, simulando estar con la
Tradición, con los grupos que quieren defender la Iglesia, en realidad
infiltrán las partes sanas del organismo y secretamente siguen las
consignas y apoyan las tácticas calculadas del enemigo. “Las falsas
derechas” son más peligrosas, tal vez, que los enemigos abiertos y
descarados.
Esta es
una táctica también eminentemente judía. Cuando en los Estados Unidos,
se organizó una saludable resistencia contra la corrupción y el desorden
imperantes, un hebreo se prestó a encabezar ese movimiento. Golwater,
antes de su elección como candidato del Partido Republicano, hizo una de
las compañas más espectaculares en la historia del pueblo americano,
denunciando con energía inaudita los males gravísimos que estaban
destruyendo la integridad de la nación. Pero una vez elegido candidato,
su campaña fue tan torpe, tan absurda que precipitó inevitablemente la
derrota de los republicanos y la paralización trágica de aquella
saludable y necesaria reacción.
Es un
caso en América, como podríamos también citar otros casos semejantes en
Europa. ¿Qué es la Democracia Cristiana? Fachada cristiana y fondo
comunista. Un partido que ha comprometido los intereses nacionales, la
paz interna de los pueblos donde impera y que cautelosamente ha ¡do
preparando el advenimiento del socialismo comunizante. El alcalde de
Florencia, La Pira, con sus inexplicables conexiones en el Kremlin y en
el Vaticano supo preparar el triunfo cada vez más inminente del
comunismo en Italia y tal vez en el mundo.
Otra
“falsa derecha” la tenemos en Francia. Casi no me atrevo a nombrarla,
porque se muy bien que con su dinero ha logrado “enrolar” a mucha gente.
Sin embargo, callar es cobardía. Se trata de la obra de Jean Ousset. Es
indudable que su actividad editorial y publicitaria ha sido y es
grandiosa. Pero, no hay una lucha franca; no hay una confrontación
abierta,- hay un cuidado esmerado en no nombrar nunca al enemigo. Yo he
hablado varias veces con Jean Ousset; él ha admitido que mis
observaciones son correctas; pero a mí no me han convencido las
explicaciones o los argumentos con que él defiende su posición, al
parecer, inexpugnable. No quisiera ofender ni lastimar la personalidad
de éste escritor católico. Si lo asocio entre las “falsas derechas” es
porque sus actos así lo proclaman. De sus internas intenciones yo no
juzgo; sólo Dios es el juez de las conciencias.
En
España hay también sus “falsas derechas”. Aquí el problema es más
espinoso para emitir un juicio categórico. No obstante hay que decir
algo de lo mucho que pudiéramos decir. Yo recuerdo, en tiempos ya
pasados, aquel grupo fundado por el P. Ángel Ayala, S.J., llamado el
grupo de los “Propagandistas católicos”. La ¡dea era magnífica: preparar
a los defensores de la Verdad. Sin embargo, no todo fue como se había
planeado. Durante la República, Gil Robles, “propagandista católico”,
quizo salvar a la Patria y a la Iglesia asociándose al enemigo y jugando
con él el juego democrático. De los “propagandistas” salió también don
Joaquín Ruiz Giménez, a quien conocimos en México y cuyos “Cuadernos
para el Diálogo” han sido y son el escándalo permanente, que, simulando
catolicismo, nos hablan de marxismo.
En
México hemos tenido muchas “falsas derechas”. Desde los tiempos de la
persecución religiosa no faltaron enemigos solapados que, afirmando
defender a la Iglesia, hacían pactos secretos con sus enemigos. No hablo
de los traidores, no hablo de los Judas que vendieron al Maestro. Estoy
hablando de los infiltrados en las organizaciones auténticamente
católicas, de los que hablan de lucha y de defensa, pero parecían hacer
huelgas de “brazos caídos”; hablo de los que siempre estaban inconformes
con lo que otros hacían, de los que eran “largos en contallas y cortos
en facellas”; hablo de los que encontraban dificultades e imprudencias
en todas las iniciativas, de los prudentes “secundum carnem”.
Los días
amargos de la sangrienta persecución religiosa, que deberían haber
unido estrechamente a todos los católicos de México, es decir, a todo el
pueblo mexicano, fueron en realidad motivos de divisiones, de
resentimientos, de amargas inconformidades. Los que habían dado en
verdad la batalla, los heroicos cristeros, los miembros de la Liga
Defensora de la Libertad Religiosa, la gloriosa A.C.J.M. (Asociación
Católica de la Juventud Mexicana), fundada por el R.P. Bernardo
Bergoend, fueron postergados, traicionados, olvidados por los defensores
de última hora, los oportunistas, que cautelosamente habían pactado con
los perseguidores. ¡Así es el mundo!
Para
eliminar las legítimas defensas del pueblo mexicano, surgió entonces un
partido político y una organización popular apolítica. Los unos luchando
en el campo político, haciendo el juego a la democracia, y los otros
sufriendo resignadamente las cárceles, los golpes, la misma muerte. PAN y
Sinarquismo, dos grupos antagónicos, que estaban cumpliendo su misión
histórica: salvar la revolución y permitir que siguiera adelante la
progresiva socialización de México.
Ahora,
en el campo estudiantil, en el que se están dando las más fuertes e
impresionantes batallas, surge una “falsa derecha”, que es traición a su
origen y es compromiso consciente con los enemigos y es ataque
insidioso y calumnia y mentira organizada. Me refiero a MURO y todas sus
sectas ramificadas, que desde la sombra dirige la mano hebrea del
Ingeniero Ramón Plata Moreno. Yo saludo respetuoso a tantos jóvenes
engañados, que están animados de los más nobles anhelos de servir a la
Iglesia y a la Patria y que han sido engañados por los dirigentes de
MURO. Pero, con igual sinceridad condeno a los traidores, a los
dirigentes de esa “falsa derecha”, a los que no tienen escrúpulos para
usar los procedimientos inmorales, públicamente conocidos en todo
México, que son propios de los más ruines enemigos de la Iglesia y de la
Patria.
“GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS”; es el consejo del Maestro.
“POR SUS
FRUTOS LOS CONOCERÉIS”. Tenemos el criterio para juzgarlos y para
descubrirlos. Hoy más que nunca hay que estar alerta y evitar esas
infiltraciones dentro de los organismos sanos y sinceros.
Visto en Capilla Vedia
