Lo que está pasando en Chile es producto de un plan preparado y orquestado por un Estado Mayor, cuyos miembros todavía no se conocen, a pesar de las numerosas detenciones efectuadas por el gobierno. Pero basta observar las imágenes televisivas para darse cuenta de que detrás de las legítimas y espontáneas quejas de la población, se movilizan pequeñas células que saben perfectamente cuándo y cómo lo que hacer, contando además con el apoyo de las cadenas internacionales de comunicación. La CNN, por ejemplo, es un muestrario cotidiano de desinformación, minimizando absolutamente los actos de vandalismo y acusando a los carabineros de cometer constantes violaciones a los derechos humanos. Hasta hoy, en la mañana del sábado 9 de noviembre, continúan los graves desórdenes y todo parece indicar que, a menos que Piñera decida jugarse a fondo y convocar a las Fuerzas Armadas para restaurar el orden, la suerte de su gobierno está echada. Por otro lado, y para colmo de males, los senadores y diputados que lo defienden, se contentan con proclamar que la democracia está en riesgo, cuando lo que está en juego es bastante más importante: la supervivencia de la Nación misma.