martes, 8 de enero de 2019
COMIDA PARA TODOS
Si más que al oro acumulado
valoráramos la buena comida,
la sana alegría y las hermosas canciones,
el mundo sería muchísimo más agradable.
J.R.R. Tolkien
Que la comida sea tu medicina
y que tu medicina sea tu comida.
Hipócrates
Dale comida a los pobres y te llamarán filántropo.
Pregunta por qué los pobres no tienen comida
y te acusarán de anarquista, comunista o fascista.
Anónimo
En los meses de Enero y Febrero, mientras aquí todo el mundo piensa en
playas, montañas y lugares de veraneo, mientras programa sus viajes,
hace malabares con el dinero, se mete en docenas de cuotas y compra
kilos de protector solar, en el Norte del hemisferio boreal el paisaje
se viste de blanco y el sol, que aquí dora con su calor las hermosas
figuras de las niñas de Mar del Plata y de Pinamar, allá se vuelve mucho
más mezquino y apenas si condesciende en iluminar por algunas horas al
día los paisajes helados de los cuales se ha enseñoreado el Abuelito de
las Nieves. [1]
Ese escenario fue el que halló el Maestro cuando viajó al Norte para dictar una serie de conferencias que le había solicitado un grupo de jóvenes universitarios. Por cuestiones de programación las disertaciones tuvieron que incluir un fin de semana sin actividad, tiempo que el Maestro aprovechó para hacer caminatas por el campus y por los bosques circundantes, disfrutando la novedad (para él) de caminar por la nieve y observar la naturaleza y, sobre todo, a los pájaros algunas de cuyas especies le eran nuevas como, por ejemplo, los pequeños carboneros [2] y los herrerillos que, por supuesto, competían con bandadas de inquietos y muy activos gorriones.
Ese escenario fue el que halló el Maestro cuando viajó al Norte para dictar una serie de conferencias que le había solicitado un grupo de jóvenes universitarios. Por cuestiones de programación las disertaciones tuvieron que incluir un fin de semana sin actividad, tiempo que el Maestro aprovechó para hacer caminatas por el campus y por los bosques circundantes, disfrutando la novedad (para él) de caminar por la nieve y observar la naturaleza y, sobre todo, a los pájaros algunas de cuyas especies le eran nuevas como, por ejemplo, los pequeños carboneros [2] y los herrerillos que, por supuesto, competían con bandadas de inquietos y muy activos gorriones.