EL DRAGON ROJO VIENE DEL SUR
El documento de Francisco, Evangelii Gaudium, contiene encubierto una herejía: la teología de la liberación.
Esta teología viene de la filosofía marxista y produce toda clase de herejías en sus postulados.
El
comunismo no sólo pertenece a Rusia, sino también a la teología
descarnada de muchos sacerdotes y Obispos que ya no creen en la Iglesia.
La
Teología de la liberación fue combatida por la Iglesia, pero no
aniquilada. Y cambiaron las caretas los que seguían esa teología para
hacerla más descafeinada, quitando aquellas cosas propias del marxismo,
que no gustaban porque, claramente, eran heréticas. Y presentaron una
teología de los pobres, que es lo mismo que la teología de la
liberación, pero más práctica, no tan filosófica ni tan clara en los
argumentos contra las verdades de la Iglesia.
Pero,
en el fondo, es lo mismo, porque el fin es el mismo: acabar con la
clase dominante en la Iglesia, que es la Jerarquía. Y hacer una Iglesia
para los pobres, para el pueblo, sirviendo a la gente que no sabe lo que
es la verdad en la Iglesia.
No
importan las formas para imponer una herejía. Lo que importa es hablar
la herejía y tener a alguien en la Iglesia que la obre sin más.
Francisco pertenece a la “bestia…con dos cuernos semejantes a los de cordero”, que habla “como dragón”
(Ap. 12, 11): es decir, Francisco es un Obispo que habla el comunismo
en la Iglesia. Pertenece al grupo de la bestia, de la masonería en la
Iglesia, que se opone a Cristo y a Su Iglesia.
El
comunismo es el Dragón Rojo, que se enfrentó a la Iglesia y puso en la
Iglesia 50 años de decaimiento espiritual. El Concilio Vaticano II es la
idea del comunismo. Un Concilio que no dice nada nuevo, sino que abre
muchos interrogantes sobre la esencia y la existencia de la Iglesia.
Ese Concilio trajo “agua como rio, para hacer que fuera arrastrada por el río” (Ap. 12, 15) la Iglesia.
El
comunismo nunca murió, sino que se transformó en otra cosa, para seguir
peleando contra la Iglesia. Porque el comunismo nació para destruir la
Iglesia. Los comunistas odian la Iglesia.
Francisco
la odia con todo su corazón. Por eso, el Dragón Rojo viene de la
teología de la liberación o la teología de los pobres. Viene del sur,
porque es América del Sur la cuna de esa teología. Y Francisco, que es
del sur, la tiene embebida hasta los huesos de sus ser.
Por tanto, Francisco ha puesto en Roma la destrucción, el surtido de todas las herejías que están contenidas en su evangelii gaudium.
Es su legado a la Iglesia. Es donde se van a basar los diferentes jefes de la nueva iglesia para tumbar el dogma en la Iglesia.
Sólo hay una batalla contra el mal: dar al mal lo que es del mal. Si no se obra esto, entonces nunca se batalla contra el mal.
Si peleando contra el mal quieren ustedes poner palabritas para no hacer daño, entonces nunca van a triunfar del mal.
Al
pecado hay que llamarlo como pecado. Y al pecador, que no quita su
pecado, se le llama maldito, porque así lo llama la Escritura. Las cosas
hay que tenerlas claras cuando se trata de combatir el mal en la
Iglesia, porque si no pasa lo que pasa: todo el mundo haciendo juego con
Francisco y nadie lo llama por su nombre: un maldito.
El
maldito es el que pone su pecado públicamente en medio de la Iglesia y
lo da a conocer a todos como si fuera un bien para todos. Y ante eso,
quien quiera guardar las formas con Francisco, siempre se va a equivocar
con ese sujeto, y nunca lo va a vencer, porque queda atrapado en su
lenguaje amorfo que tiene en la Iglesia.
Un
idiota como Francisco no merece ninguna publicidad en la Iglesia. Y
todos se la están dando, porque tienen miedo de decir las cosas
claritas. El respeto humano, las formas diplomáticas para no decir lo
que se está pensando, y tantas cosas que no sirven para aclarar lo que
es Francisco, es siempre un impedimento para ganar batallas en lo
espiritual.
Francisco
habla como dragón. Eso basta para oponerse a él sin misericordia, sin
esperar darle un gusto por lo que hace en la Iglesia. A Francisco hay
que ridiculizarlo, porque eso es lo que él hace con la Iglesia. El
documento Evangelii gaudium ridiculiza la Iglesia, se mofa de Ella. Nos toma por idiotas, por almas que no sabemos ver lo que hay en ese panfleto.
Francisco
habla con un lenguaje para bobos, sin ninguna sustancia intelectual en
ese documento. No sirve ni siquiera para pensar la verdad. Quien quiera
seguir un orden lógico en ese documento, se pierde en muchas cosas y no
resuelve nada en su cabeza. Quien quiera hacer una teología de ese
panfleto, no hace nada, porque no se apoya en nada, sino sólo en
sentimientos bonitos sobre la vida.
Hay
que estar alegres porque Jesús es alegría y nos la comunica. Ése es el
resumen de ese documento. Páginas y páginas para no decir nada, ninguna
verdad, ningún camino ni para salvarse ni para santificarse.
Hay
que atacar con dureza a Francisco porque ha puesto la división en la
Iglesia. Y esa división destruye toda la Iglesia, porque quita el Papado
en la Iglesia. Y donde no está el Papa no hay Iglesia.
Esto
es la gravedad del pecado de Francisco. Ante esta gravedad, no se puede
hablar con cariñitos de Francisco. Hay que tumbarlo, porque su pecado
lo exige.
Aquí
no se habla para darle un gusto a nadie. Aquí se dicen las cosas
claritas, gusten o no gusten. La verdad duele escucharla, porque los
hombres viven para que sus oídos se regalen: quieren darse un gusto en
el oído. Y les resulta difícil escuchar la verdad clara, como es. Y la
verdad a nadie le gusta oírla.
Aquí
nos dejamos de diplomacias y vamos al grano, porque hay que llamar a
todos por su nombre. Y un idiota es siempre un idiota en la sagrada
Escritura, es decir, uno que no sabe lo que es la verdad.
Eso
es Francisco: un idiota. A quien no le guste este lenguaje, es el que
emplea la Escritura. Pero como hacemos traducciones que agradan al oído
humano, entonces no leemos la palabra hebrea de necio, que es idiota.
La
palabra culta para llamar a Francisco necio es idiota. La palabra que
emplean los hombres es necio, sin sabiduría, sin visión intelectual,
etc.
Aquí
nos dejamos de rodeos en el habla y vamos al grano, para que todos
comprendan lo que se está diciendo. Y es muy claro, porque la Verdad no
tiene pliegues. La Verdad se da como es.
El
Dragón Rojo no significa un país o un grupo de personas con una
ideología. Es un espíritu demoniaco que tiene la misión de combatir la
Verdad de la Iglesia.
La Bestia con dos cuernos no combate la Verdad, sino que obra la mentira en la Iglesia.
Se
combate la verdad de muchas maneras, con muchas filosofías, con muchas
teologías erradas. No importa tanto la teología ni la filosofía, sino lo
que importa es la manera de decir esa mentira.
El
hombre es hábil en su pensamiento y sabe ocultar una mentira con muchas
verdades. Eso es lo que hace Francisco. Analicen las homilías de
Francisco y encontrarán que no tienen ninguna verdad, que no se apoyan
en ninguna verdad, que no tienen un fin para una verdad.
Francisco
sólo da mentiras, pero encubiertas. Y las da sin caer en la herejía,
porque la encubre, la oculta. La dice y no la dice.
Esta
forma de hablar es propia del demonio cuando quiere enseñar la mentira
en la Iglesia. El demonio no va a enseñar la herejía como es, porque si
no no tendría éxito en la Iglesia. El demonio tiene que llevar a la
Iglesia hacia la mentira, pero dando verdades a medias. Verdades
bonitas, bellas, pero que son una herejía.
Se
dice mucho: Jesús ayuda a las almas, porque cura enfermedades, lava los
pies, da de comer, etc. Esta frase es una herejía, pero no es una
herejía por la forma de decir la herejía.
Jesús
no ayuda a nadie, sino que Jesús salva a las almas de sus pecados. Y si
quita el pecado, el alma puede recibir una sanación en su cuerpo, etc.
Esta
es la Verdad. Pero no interesa poner a un Jesús Redentor, sino que
interesa poner a un Jesús humano, que es bueno con todos. Y, entonces,
se cae en la herejía pero sin poner en claro la herejía.
Así construye Francisco todo ese panfleto comunista, que es el Evangelii gaudium. Su forma de expresar su pensamiento agrada a los hombres. Pero está diciendo una herejía en lo que expresa.
En
las homilías de cada día, no se aprecia con facilidad el discurso de la
herejía. Pero, en este documento, porque Francisco tiene que decir más
cosas, entonces es cuando mejor se aprecia la herejía en todo.
Este
documento es herético en su fondo, pero está encubierta la herejía. Por
fuera, no se ve. Sólo la observan los que saben de qué va Francisco.
Los demás, les parece algo pueblerino, con un lenguaje sencillo, pero
que tampoco es del agrado de muchos, porque no da inteligencias claras,
sino que pone en alerta sobre ciertas cuestiones que a todos interesan
en la Iglesia.
El
Dragón Rojo significa una lucha contra la Iglesia hasta que sea atado
por el Cielo. Cuando suceda eso, comenzará los mil años del Reino
Glorioso de Cristo.
Francisco
ha puesto el motivo para destruir la Iglesia en Roma con este
documento. Este documento, en sí mismo, no vale nada, porque no da nada a
la Iglesia. Es sólo el pensamiento de ese necio sobre la Iglesia. Y no
más.
Pero
este documento tendrá una gran importancia para el desarrollo de los
acontecimientos en la Iglesia. Porque esa es la iglesia que se quiere en
Roma: una iglesia para el mundo, para el pueblo, sin verdades, sin
jerarquías, en la que todos sea felices en sus vidas humanas y tengan a
la iglesia como un club social más en sus vidas, un lugar donde reunirse
y charlar sobre las batallitas de la vida, mientras se toma un copa.
Esto
es a lo que va la iglesia. Para hacer un reino humano en la Iglesia. Un
reino para dar de comer a los pobres, para dar trabajo a los jóvenes,
para estar a la moda de la ciencia, de la cultura, de la técnica en el
mundo. Y así crear un paraíso en la tierra. Lo más contrario al Reino
Glorioso de Cristo.
Francisco
no cree en los mil años de ese Reino de Gloria. Francisco sólo cree en
su reino en la tierra donde los pobres tiene pan y dinero para vivir su
vida. Y lleva predicando esto nueve meses seguidos. Y lo hace por su
obsesión del dinero. Vive para encontrar a alguien que le dé dinero para
sus pobres. Lo demás, su teatro en la Iglesia. Y gana dinero por su
obra de teatro en la Iglesia.
Francisco
ha venido a destruir la Iglesia. Pero no es el indicado, porque no
tiene inteligencia. Eso se ve por lo que escribe. Sólo uno sin
inteligencia es capaz de escribir el Evangelii gaudium. Una persona inteligente no pierde el tiempo escribiendo tonterías.
Por
eso, Francisco no sabe cómo tumbar a la Iglesia. Para eso, ha creado su
gobierno horizontal. Para que otro saque un documento inteligente y él
lo firme y así tumba la Iglesia.
El
gobierno horizontal es la ayuda que Francisco necesitaba para destruir
la Iglesia. No gobierna ese gobierno central, sino que planean la forma
de sacar documentos con el solo fin de levantar una nueva iglesia en
Roma.
Hay
que ver las cosas como son. Y no son nada buenas para nadie. Viene lo
peor para la Iglesia, lo que tanto en las revelaciones se ha dicho: la
supresión del Sacrificio de Cristo en el Altar. Se quita eso y hay que
irse de Roma. Y se quita eso de una forma que nadie lo va a entender,
pero que va a estar, en ese acto, contenida la negación de la
Eucaristía.
¡Ojo a lo que viene ahora de Roma! El documento Evangelii Gaudium es sólo para entretener a la Iglesia, una cortina de humo, que oculta la verdad de lo que se quiere hacer.
