Mons. Tucho, nuevo santo padre de la Iglesia
¿Inspirador de errores con firma Papal?
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| Profeta del JudeoCristianismo |
Cuando el 15 de Mayo de 2007, los obispos reunidos en el V Congreso General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, eligieron al Cardenal Bergoglio como Presidente de la Comisión de redacción del documento final, luego conocido como Documento de Aparecida, probablemente no supieran que sería el padre Víctor Manuel Fernández, ahora Arzobispo, Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina, quien iba a aportar parte sustancial de ese documento.
La sorpresa de saber que este hombre haya sido el alma mater de aquel documento, sólo puede ser superada por el temor de constatar que algunos conceptos (¿muchos quizá?) de la Instrucción Apostólica Evangelii Gaudium hayan salido también de su sesera, como el mismo Papa afirma al citarlo expresamente.
Porque convengamos que Francisco no tiene el menor pudor en citar textualmente conceptos de Tucho, ¡a la par de expresiones vertidas por Platón, San Ambrosio, San Cirilo de Jerusalem, San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Aquino, Tomás de Kempis, Santa Teresita, el Cardenal Newman, Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Benedicto XVI, etc.!
Dirán nuestros lectores que para hacer tal mención, impensable en un documento papal, la sabiduría de la cita o la novedad deslumbrante que saca a luz ha de ser patente, veamos:
263. Es sano acordarse de los primeros cristianos y de tantos hermanos a lo largo de la historia que estuvieron cargados de alegría, llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia activa. Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, reconozcamos que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana. En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades propias de su época. Para ello, os propongo que nos detengamos a recuperar algunas motivaciones que nos ayuden a imitarlos hoy.
Texto, que como el mismo Papa reconoce, lo ha extractado de un discurso informal conque su autor abrió el Primer Congreso sobre Doctrina Social de la Iglesia realizado en Rosario, Argentina, el 7 de Mayo de 2011 (ver AQUÍ), y que comienza con estas palabras:
"Queridos amigos, esto no es una conferencia. Sólo me pidieron unas breves palabras de esperanza."
¿Por qué, pues, el Papa cita a Mons. Fernández entre los santos padres y doctores de la Iglesia sin la menor necesidad?
¿Para manifestarle su afecto personal? ¿Para agradecerle la colaboración que ha prestado en la redacción de éste documento? ¿Porque piensa elevarlo a algún Arzobispado importante, como el de Rosario, e incluso al cardenalato? ¿Por todas estas razones juntas u otras que no consideramos?
Sea lo que fuera, lo cierto es que Tucho está presente en la Evangelii Gaudium, no solamente en el artículo 263, sino al menos, en nuestra opinión, en los puntos 247 al 249. Lo que lo convertiría en inspirador de los errores contenidos en estos puntos.
En efecto, a quienes hayan leído los mencionados artículos y luego consideren el texto del discurso del Rector de la Universidad Católica, pronunciado el año pasado cuando la entrega del doctorado Honoris Causa al Rabino Abraham Skorka, les será evidente que los mismos han sido inspirados por el autor de aquel alegato; que es esa oportunidad dijo:
"El rabino Skorka es un hombre de opinión, capaz de detenerse en un reposado y responsable pensamiento, acerca de cualquier asunto de la realidad que pueda afectar al ser humano y a la sociedad. Y lo hace, sin ocultarlo jamás, desde la hondura y desde ese humus siempre fecundo que es la tradición judía". (min: 03,50).
"El diálogo con el Judaísmo es verdadera complementariedad porque tenemos en común el tesoro de la Toráh... Cristianos y judíos recibimos esa palabra en tradiciones distintas que permiten a esa palabra viva desarrollar diversas potencialidades en una y en otra tradición, y por eso nos podemos enriquecer unos a otros".
"El Concilio abrió esa puerta que dio lugar a un creciente acercamiento entre la Iglesia Católica y el Judaísmo, que es objeto de una alianza irrevocable con Dios. (min: 09,00).
Discurso del Rector de la UCA
De los artículos 247 a 249 se pueden decir varias cosas, pero centrémonos en lo siguiente:
247. Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Rm 11,29).
Aquí se quiere probar la aseveración de que la Alianza del Antiguo Testamento, respecto a los judíos actuales, jamás ha sido revocada, con una cita de la Carta de San Pablo a los Romanos.
Sin embargo, en esa misma Carta, dice el Apóstol:
Si ellos no persisten en su incredulidad, también serán injertados, porque Dios es suficientemente poderoso para injertarlos de nuevo.
Es decir, lo que permanece en vigencia es el llamado de Dios que permite a cualquier judío actual, ser injertado en la religión verdadera, que no es la suya, cuando acepte a Jesucristo como Mesías, Hijo de Dios.
Pero la Alianza del Antiguo Testamento ha sido superada, como se comprueba por la Escritura y la Tradición unánime de la Iglesia.
Al respecto rescatamos algunos conceptos publicados tiempo atrás en este Blog:
La Antigua Alianza ha sido superada
La Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel, era provisoria, pues iba a "quedar rota y desecha (es más propio decir superada o consumada) al llegar Cristo, objeto y fin de la Ley (Rom. 10, 4), como ayo que a Él conducía (Gal. 3, 24)". (1)
Era, además, condicional porque estaba "sujeta por parte de Israel, a ciertas condiciones absolutamente imprescindibles que habrían de aceptar y cumplir los israelitas, so pena de reprobación de Dios". (2)
Pero si naturalmente ese pacto iba a encontrar su consumación, cumplimiento y perfección en el Mesías, quedó roto cuando, "habiendo rechazado definitivamente a Cristo matándolo en la Cruz, los israelitas acabaron de destruir y aniquilar la razón de todo su ser como Pueblo de Dios". (3)
El mismo Jesucristo, al instituir la Eucaristía, insinúa claramente el fin de la Antigua Alianza con estas palabras: "esta es mi sangre de la Nueva Alianza (Mt. 26, 28).
Palabras que están incorporadas al Canon de la Misa como sigue: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna..." (4); es decir, el Nuevo Testamento, del cual es figura el Antiguo, es perpetuo, no como éste que tenía su fin o perfección en Cristo.
Los profetas anuncian las muchísimas veces que el Pueblo de Israel incumplió, con sus infidelidades, las condiciones de la Alianza.
Pero sobre todos ellos prevalece el testimonio de Jesucristo, que en diversas parábolas había profetizado el fin del Antiguo Testamento a causa del rechazo que de Él haría su pueblo.
La más clara de estas comparaciones es la Parábola de los Viñadores Homicidas (Mt. 21, ), aquellos insensatos que, a fin de no pagar el arrendamiento, maltrataron primero a los enviados y luego mataron al propio Hijo del Dueño. Ahora bien, qué hizo luego éste: mandó que perezcan miserablemente los labradores y arrendó a otros la viña para que le paguen sus frutos a su tiempo.
Y el Señor termina diciendo clara y terriblemente: "Por lo cual os digo, que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan los frutos de él" (Mt. 21, 43)
Palabras que sellan por la divina autoridad de quien las pronunció, el cumplimiento exacto de la profecía de Daniel (9, 26): "No será ya más pueblo suyo el que le ha de negar". (5)
Al respecto, el Papa Eugenio III, aprobando los decretos del Concilio de Florencia declaró como dogma de fe lo siguiente (Bula Cantate Domino 04/02/1442):
La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituídas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, v empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento.
Del mismo modo enseñó Pío XII en su encíclica Mystici Corporis Christi, 12:
"...con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio, pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel, tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio; pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos, clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento, y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano. Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo"
Ya sea por el cumplimiento de su fin, la redención del género humano; ya sea porque la muerte de Cristo significó el rechazo de la principal condición que debía cumplir Israel, en la cruz hubo una ruptura total y completa del pacto celebrado entre Dios y el pueblo de la primera Alianza; la cual ha encontrado su perfección, como dijimos, en la Iglesia Católica.
Por eso, de los judíos sólo pertenecen al nuevo Pueblo de Dios aquellos que, en cualquier tiempo, han recibido a Cristo como el Mesías. Los demás, y en cuanto es posible su conversión, sólo pertenecen en potencia o por ordenación y destino, pero no en realidad.
Tucho es, al igual que lo fue el finado cardenal Martini, uno de los profetas de la nueva religión del Judeo Cristianismo.
Resulta lamentable que su verba insufle documentos papales como el recientemente publicado, que pondrán a la Iglesia frente a una peligrosísima encruicijada: ver instalarse definitivamente la mas grave contradicción en los documentos papales.
¿Será también de él este "verso" inentendible que ahora lleva la firma papal?
222. Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.
¡Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison!
Citas:
(1), (2) y (3) P. David Nuñez: Los Deicidas - (4) Santo Tomás de Aquino: Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles. S.T. q78, a3, v9 - (5) idem (9).
La sorpresa de saber que este hombre haya sido el alma mater de aquel documento, sólo puede ser superada por el temor de constatar que algunos conceptos (¿muchos quizá?) de la Instrucción Apostólica Evangelii Gaudium hayan salido también de su sesera, como el mismo Papa afirma al citarlo expresamente.
Porque convengamos que Francisco no tiene el menor pudor en citar textualmente conceptos de Tucho, ¡a la par de expresiones vertidas por Platón, San Ambrosio, San Cirilo de Jerusalem, San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Aquino, Tomás de Kempis, Santa Teresita, el Cardenal Newman, Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II, Benedicto XVI, etc.!
Dirán nuestros lectores que para hacer tal mención, impensable en un documento papal, la sabiduría de la cita o la novedad deslumbrante que saca a luz ha de ser patente, veamos:
263. Es sano acordarse de los primeros cristianos y de tantos hermanos a lo largo de la historia que estuvieron cargados de alegría, llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia activa. Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, reconozcamos que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana. En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades propias de su época. Para ello, os propongo que nos detengamos a recuperar algunas motivaciones que nos ayuden a imitarlos hoy.
Texto, que como el mismo Papa reconoce, lo ha extractado de un discurso informal conque su autor abrió el Primer Congreso sobre Doctrina Social de la Iglesia realizado en Rosario, Argentina, el 7 de Mayo de 2011 (ver AQUÍ), y que comienza con estas palabras:
"Queridos amigos, esto no es una conferencia. Sólo me pidieron unas breves palabras de esperanza."
¿Por qué, pues, el Papa cita a Mons. Fernández entre los santos padres y doctores de la Iglesia sin la menor necesidad?
¿Para manifestarle su afecto personal? ¿Para agradecerle la colaboración que ha prestado en la redacción de éste documento? ¿Porque piensa elevarlo a algún Arzobispado importante, como el de Rosario, e incluso al cardenalato? ¿Por todas estas razones juntas u otras que no consideramos?
Sea lo que fuera, lo cierto es que Tucho está presente en la Evangelii Gaudium, no solamente en el artículo 263, sino al menos, en nuestra opinión, en los puntos 247 al 249. Lo que lo convertiría en inspirador de los errores contenidos en estos puntos.
En efecto, a quienes hayan leído los mencionados artículos y luego consideren el texto del discurso del Rector de la Universidad Católica, pronunciado el año pasado cuando la entrega del doctorado Honoris Causa al Rabino Abraham Skorka, les será evidente que los mismos han sido inspirados por el autor de aquel alegato; que es esa oportunidad dijo:
"El rabino Skorka es un hombre de opinión, capaz de detenerse en un reposado y responsable pensamiento, acerca de cualquier asunto de la realidad que pueda afectar al ser humano y a la sociedad. Y lo hace, sin ocultarlo jamás, desde la hondura y desde ese humus siempre fecundo que es la tradición judía". (min: 03,50).
"El diálogo con el Judaísmo es verdadera complementariedad porque tenemos en común el tesoro de la Toráh... Cristianos y judíos recibimos esa palabra en tradiciones distintas que permiten a esa palabra viva desarrollar diversas potencialidades en una y en otra tradición, y por eso nos podemos enriquecer unos a otros".
"El Concilio abrió esa puerta que dio lugar a un creciente acercamiento entre la Iglesia Católica y el Judaísmo, que es objeto de una alianza irrevocable con Dios. (min: 09,00).
Discurso del Rector de la UCA
De los artículos 247 a 249 se pueden decir varias cosas, pero centrémonos en lo siguiente:
247. Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Rm 11,29).
Aquí se quiere probar la aseveración de que la Alianza del Antiguo Testamento, respecto a los judíos actuales, jamás ha sido revocada, con una cita de la Carta de San Pablo a los Romanos.
Sin embargo, en esa misma Carta, dice el Apóstol:
Si ellos no persisten en su incredulidad, también serán injertados, porque Dios es suficientemente poderoso para injertarlos de nuevo.
Es decir, lo que permanece en vigencia es el llamado de Dios que permite a cualquier judío actual, ser injertado en la religión verdadera, que no es la suya, cuando acepte a Jesucristo como Mesías, Hijo de Dios.
Pero la Alianza del Antiguo Testamento ha sido superada, como se comprueba por la Escritura y la Tradición unánime de la Iglesia.
Al respecto rescatamos algunos conceptos publicados tiempo atrás en este Blog:
La Antigua Alianza ha sido superada
La Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel, era provisoria, pues iba a "quedar rota y desecha (es más propio decir superada o consumada) al llegar Cristo, objeto y fin de la Ley (Rom. 10, 4), como ayo que a Él conducía (Gal. 3, 24)". (1)
Era, además, condicional porque estaba "sujeta por parte de Israel, a ciertas condiciones absolutamente imprescindibles que habrían de aceptar y cumplir los israelitas, so pena de reprobación de Dios". (2)
Pero si naturalmente ese pacto iba a encontrar su consumación, cumplimiento y perfección en el Mesías, quedó roto cuando, "habiendo rechazado definitivamente a Cristo matándolo en la Cruz, los israelitas acabaron de destruir y aniquilar la razón de todo su ser como Pueblo de Dios". (3)
El mismo Jesucristo, al instituir la Eucaristía, insinúa claramente el fin de la Antigua Alianza con estas palabras: "esta es mi sangre de la Nueva Alianza (Mt. 26, 28).
Palabras que están incorporadas al Canon de la Misa como sigue: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna..." (4); es decir, el Nuevo Testamento, del cual es figura el Antiguo, es perpetuo, no como éste que tenía su fin o perfección en Cristo.
Los profetas anuncian las muchísimas veces que el Pueblo de Israel incumplió, con sus infidelidades, las condiciones de la Alianza.
Pero sobre todos ellos prevalece el testimonio de Jesucristo, que en diversas parábolas había profetizado el fin del Antiguo Testamento a causa del rechazo que de Él haría su pueblo.
La más clara de estas comparaciones es la Parábola de los Viñadores Homicidas (Mt. 21, ), aquellos insensatos que, a fin de no pagar el arrendamiento, maltrataron primero a los enviados y luego mataron al propio Hijo del Dueño. Ahora bien, qué hizo luego éste: mandó que perezcan miserablemente los labradores y arrendó a otros la viña para que le paguen sus frutos a su tiempo.
Y el Señor termina diciendo clara y terriblemente: "Por lo cual os digo, que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan los frutos de él" (Mt. 21, 43)
Palabras que sellan por la divina autoridad de quien las pronunció, el cumplimiento exacto de la profecía de Daniel (9, 26): "No será ya más pueblo suyo el que le ha de negar". (5)
Al respecto, el Papa Eugenio III, aprobando los decretos del Concilio de Florencia declaró como dogma de fe lo siguiente (Bula Cantate Domino 04/02/1442):
La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituídas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, v empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento.
Del mismo modo enseñó Pío XII en su encíclica Mystici Corporis Christi, 12:
"...con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio, pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel, tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio; pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos, clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento, y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano. Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo"
Ya sea por el cumplimiento de su fin, la redención del género humano; ya sea porque la muerte de Cristo significó el rechazo de la principal condición que debía cumplir Israel, en la cruz hubo una ruptura total y completa del pacto celebrado entre Dios y el pueblo de la primera Alianza; la cual ha encontrado su perfección, como dijimos, en la Iglesia Católica.
Por eso, de los judíos sólo pertenecen al nuevo Pueblo de Dios aquellos que, en cualquier tiempo, han recibido a Cristo como el Mesías. Los demás, y en cuanto es posible su conversión, sólo pertenecen en potencia o por ordenación y destino, pero no en realidad.
Tucho es, al igual que lo fue el finado cardenal Martini, uno de los profetas de la nueva religión del Judeo Cristianismo.
Resulta lamentable que su verba insufle documentos papales como el recientemente publicado, que pondrán a la Iglesia frente a una peligrosísima encruicijada: ver instalarse definitivamente la mas grave contradicción en los documentos papales.
¿Será también de él este "verso" inentendible que ahora lleva la firma papal?
222. Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.
¡Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison!
Citas:
(1), (2) y (3) P. David Nuñez: Los Deicidas - (4) Santo Tomás de Aquino: Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles. S.T. q78, a3, v9 - (5) idem (9).

