EN COMPAÑIA DE TONTOS
Puestos a ser justos, no sólo es España. Gracias a Dios. Las habas de
la estupidez y la mala fe se cuecen en todas partes; y si eso no
consuela demasiado, al menos lo hace más llevadero. Saber, por ejemplo,
que la estatua de Colón en Barcelona no es la única que tiene la piqueta
de demolición en el cogote, consuela un poco. Nada hay más
tranquilizador que la estupidez compartida, global, en un mundo donde,
ya desde la más remota antigüedad –y ahí seguimos–, juntas a un fanático
o un malvado con 1.000 tontos y, matemáticamente, obtienes 1.001 hijos
de la gran puta.
La tendencia actual de borrar la parte oscura del pasado y reinventar
éste con la parte buena, o la que cada uno considera como tal, está
sumiendo el mundo en un caos cultural ajeno a los hechos y razones que
lo definen. Ignoramos que la historia no es buena ni mala, sino sólo
historia, y borrándola creemos corregirla o librarnos de ella, cuando el
resultado es justo lo contrario.

