REUNIÓN
En
la mañana del 16 de diciembre, el grupo encabezado por Fidel Castro se
desplazaba por una plantación de café, intentando alcanzar la finca “El
Salvador”, en cercanías de Cinco Palmas, uno de los puntos seleccionados
por la red de recepción para el reagrupamiento de la columna en caso de
disperción. Habían caminado toda la noche y se hallaban exhaustos,
después de dejar atrás una pronunciada pendiente plagada de obstáculos.
Sin
mediar palabra, el comandante alzó su brazo derecho en señal de alto y
sus dos compañeros se detuvieron. Comenzaba a aclarar y el día parecía
despejado.
Delante
de ellos, visible entre el follaje, se distinguía una casa a la que
todo parecía indicar que se acercaban por la parte posterior.
El
jefe del grupo miró su reloj y cuando vio que eran las 07.00, les
ordenó a sus hombres buscar un lugar donde acampar y tomar precauciones.
Mientras lo hacían, apareció un campesino que dijo llamarse Mongo López
y ser el dueño de aquellas tierras, un individuo en extremo amable que
ante las requisitorias de Fidel, procedió a dar algunas indicaciones.
Según
explicó, se hallaban en la finca “El Salvador”, y él mismo era uno de
los tantos campesinos incorporados a la red de colaboradores por Celia
Sánchez, encargado por ella de proveerles alimento e información.

