EL ASESINATO DEL ALMIRANTE HERMES QUIJADA
OPERACIÓN MERCURIO
El
lunes 30 de abril, a las 08:35 de la mañana, el cabo primero Rufino
Ocampo puso en marcha el Dodge Polara blanco, con techo vinílico negro,
propiedad del contraalmirante Hermes José Quijada y tras un par de
minutos de calentamiento, salió lentamente del garaje situado frente al
edificio de Arenales 1974, para estacionar junto a la vereda, donde
apagó el motor y se dispuso a esperar.
Arriba, en el 6º piso, el alto oficial, héroe de la Aviación Naval, veterano de las campañas antárticas, terminaba de desayunar, mientras leía con atención las últimas novedades en el periódico.
A las 9 en punto se puso el saco, agarró su portafolio, saludó a su esposa y salió al palier, para tomar el ascensor.
Afuera la mañana transcurría como siempre, el tránsito circulaba por Arenales, numerosos peatones hacían lo propio en ambas veredas, su chofer aguardaba dentro del automóvil y a 20 metros de distancia, la fuerte custodia del ministro Mor Roig hacía guardia en la entrada del edificio donde vivía.
Al ver al contraalmirante, Ocampo descendió del auto, saludó con su habitual corrección, abrió la puerta delantera derecha y esperó que se sentase.
Arriba, en el 6º piso, el alto oficial, héroe de la Aviación Naval, veterano de las campañas antárticas, terminaba de desayunar, mientras leía con atención las últimas novedades en el periódico.
A las 9 en punto se puso el saco, agarró su portafolio, saludó a su esposa y salió al palier, para tomar el ascensor.
Afuera la mañana transcurría como siempre, el tránsito circulaba por Arenales, numerosos peatones hacían lo propio en ambas veredas, su chofer aguardaba dentro del automóvil y a 20 metros de distancia, la fuerte custodia del ministro Mor Roig hacía guardia en la entrada del edificio donde vivía.
Al ver al contraalmirante, Ocampo descendió del auto, saludó con su habitual corrección, abrió la puerta delantera derecha y esperó que se sentase.

