Adiós a un soldado. Por Miguel De Lorenzo
Era difícil no encontrarse con
Guglielmone, no faltaba a un acto, jamás dejaba pasar la oportunidad
cuando lo invitaba un medio, no había reunión donde no estuviera
presente para hablar de los temas que habían pasado a formar parte
esencial de su vida.
Se ocupaba a tiempo completo de sus
camaradas presos, se ocupaba de atenuar esa injusticia que clama desde
la tierra, esa rareza criolla, con mucho de aberrante, capaz de
encarcelar a Abel y rendirle honores a Caín.

