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viernes, 8 de marzo de 2019

FSSPX: Comunicado sobre el Documento de Francisco y el Imán

FSSPX: Comunicado sobre el Documento de Francisco y el Imán

El 4 de febrero de 2019, el Papa Francisco firmó con el Gran Imán de la mezquita de El Cairo un Documento sobre la Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común.
El 4 de febrero de 2019, el Papa Francisco firmó con el Gran Imán de la mezquita de El Cairo un Documento sobre la Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común.

La verdadera fraternidad existe sólo en Jesucristo

Un Cristo ecuménico no puede ser el verdadero Cristo. Desde hace más de cincuenta años, el ecumenismo moderno y el diálogo interreligioso vienen presentando al mundo un Cristo disminuido, irreconocible y desfigurado.
El Verbo de Dios, el Hijo unigénito del Padre, la Sabiduría increada y eterna se encarnó, se hizo hombre; ante este hecho histórico, nadie puede quedar indiferente: "El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama" (Mt. 12, 30). Por el hecho de la Encarnación, Cristo se convirtió en el Sumo Sacerdote de la nueva y única alianza y en el Doctor que nos anuncia la verdad; se convirtió en el Rey de los corazones y de las sociedades y en "el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8, 29). Por lo tanto, la verdadera fraternidad existe sólo en Jesucristo, y únicamente en Él: "Pues no se ha dado a los hombres otro nombre bajo el cielo, por el cual debamos salvarnos" (Act. 4, 12).
Es una verdad de fe que Cristo es Rey de todos los hombres, y que quiere reunirlos en su Iglesia, su única Esposa, su único Cuerpo Místico. El reino que Él establece es un reino de verdad y gracia, de santidad, justicia y caridad y, por consiguiente, pacífico. No puede haber verdadera paz fuera de nuestro Señor. Por lo tanto, es imposible encontrar la paz fuera del reino de Cristo y de la religión que Él fundó. Olvidar esta verdad es construir sobre arena, y Cristo mismo nos advierte que tal empresa está destinada a perecer (cf. Mt. 7, 26-27).
El Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, firmado por el Papa Francisco y el gran Imán de Al-Azhar, es sólo una casa construida sobre arena. Es, además, una impiedad que desprecia el primer mandamiento de Dios, y que hace decir a la Sabiduría de Dios, encarnada en Jesucristo que murió por nosotros en la Cruz, que el "pluralismo y la diversidad de las religiones" es "una sabia voluntad divina ".
Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.
Siguiendo a San Pablo y a nuestro venerado fundador, Mons. Marcel Lefebvre, bajo la protección de Nuestra Señora, Reina de la Paz, continuaremos transmitiendo la fe católica que hemos recibido (1 Corintios 11, 23), trabajando con todas nuestras fuerzas por la salvación de las almas y de las naciones, mediante la predicación de la verdadera fe y de la verdadera religión.

lunes, 4 de marzo de 2019

LA FSSPX ACUSA A FRANCISCO DE HEREJÍA y APOSTASÍA

LA FSSPX ACUSA A FRANCISCO DE HEREJÍA y APOSTASÍA ..PERO NO SACA LAS CONSECUENCIAS

¿Francisco hereje o apóstata?

 

La FSPX acusa a Francisco de herejía. Si el “Documento para la fraternidad humana” está destinado a difundirse en todo el mundo y lleva la firma de Francisco, entonces es un acto público. ¿No? Así pues, Francisco es un hereje público o un apóstata público, ¿no? 


[Ésta es la declaración de la FSSPX]
[Es una verdad de la fe que Cristo es Rey de todos los hombres y que Él quiere unirlos en Su Iglesia, Su única Esposa , Su único Cuerpo Místico. El reino que Él establece es un reino de verdad y gracia, de santidad, justicia y caridad, y por lo tanto, pacífico. No puede haber verdadera paz aparte de Nuestro Señor. Por lo tanto, es imposible encontrar paz fuera del reino de Cristo y de la religión que Él fundó. Olvidar esta verdad es edificar sobre la arena, y Cristo mismo nos advierte que tal empresa está condenada a fracasar (véase Mt. 7: 26-27).