LA ARGENTINA ESTÁ MUERTA
La argentina está muerta. Lo que queda de ella es su cadáver en estado de putrefacción. Nada se mueve por sí, salvo las ratas y los gusanos que habitan en la podredumbre. Los movimientos naturales de un cuerpo vivo ya no existen. Es fácil darse cuenta si se lee alguno de los diarios que sirven como una especie de aviso fúnebre. Lo que parece moverse por sí mismo, no es más que un truco de titiretero; el aire que entra en sus pulmones lo hace de manera artificial por obra del pulmotor del FMI y otros mecanismos financieros que a la larga la ahogan.
Sus movimientos espasmódicos son los de un agonizante, esporádicos, torpes y para colmo, trabados por piquetes y huelgas salvajes, como la de hace unos días de los servicios aéreos cuyos pilotos ganan un promedio de $290.000 por mes y todavía quieren más. Ya está anunciado que las empresas de alimentación no podrán recibir insumos ni mandar al mercado sus productos porque el sindicato respectivos bloqueará las puertas de los establecimientos.
Dijo Pio XII que el dinero es la sangre de la economía.
