miércoles, 13 de marzo de 2019
Mis palabras no pasarán - La Gran Tribulación - Dulcísimas promesas (1951) - P. Leonardo Castellani
Mis
palabras no pasarán
El
mundo actual está ansioso de profecía.
Ante
los desastres y las amenazas de esta época catastrófica, es natural que todos
queramos saber lo porvenir. El que no sabe adónde se dirige, no puede dar un
paso. ¿Adónde va el mundo?, claman todos.
A esta
hambre actual de profecía se le propinan profecías falsas. Es menester dar la
buena profecía, que para eso la tenemos.
Los
protestantes sirven por Radio Excelsior La
Voz de la Profecía a toda Sudamérica. Las revistas argentinas Maribel, Mundo Argentino, El Hogar, ofrecen con asiduidad las
profecías de Nostradamus, de la Gran Pirámide, de Madame Thébes, del abad
Malaquías... Algunos católicos sin mucha teología se dedican temerarios a
espigar profecías privadas en el campo peligroso de los libros devotos.
Hay
que dar, pues, la gran profecía primordial, la profecía esjatológica de
Jesucristo, de San Pablo, del Apokalypsis de San Juan.

