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miércoles, 7 de febrero de 2018

La protestantización de la cultura (3-3)

La protestantización de la cultura (3-3)

  1. weber
    1. En primer lugar, la revolución del Yo contra Dios: relativismo subjetivista
    Como hemos podido ver, el principio de inmanencia o el “advenimiento del Yo” no sólo han sido el principio, sino la causa del resto de las tesis protestantes. Ese vuelco hacia la subjetividad y hacia la interioridad se disparará pocos años después de la “Reforma” tanto en su vertiente racionalista, fideísta o empirista. Se trata, en inmejorables palabras de Fabro, de un “subjetivismo dogmático” por el cual “el Protestantismo terminará inevitablemente en el anarquismo[1] a partir del cual “el acto de fe que termina por tragar o ahogar el elemento dogmático[2].
    En palabras memorables ya lo denunciaba Pío XII:


    “En estos últimos siglos… quisieron la naturaleza sin gracia… Cristo sí y la Iglesia no (Revolución humanista y protestante)… después Dios sí y Cristo no (Revolución liberal)… Al fin, el grito impío: Dios ha muerto (Revolución comunista)”[3].

La protestantización de la cultura (2-3)


La protestantización de la cultura (2-3). Inmanencia, personalismo y predestinación

narciso-e-eco2. El principio de inmanencia o la primacía del “Yo”

Bajo el título de “Lutero o el advenimiento del Yo”[1] Maritain comenzaba su ya famoso libro titulado Tres Reformadores[2]. La primacía del Yo o, dicho en términos del padre Cornelio Fabro “el principio de inmanencia”, denota ese “cambio de dirección del objeto al sujeto, del mundo al yo, del exterior al interior[3] por el cual el hombre se coloca en un lugar central, siendo árbitro y medida de todas las cosas.
¿De dónde un monje agustino, conocedor de la filosofía y la teología, podía pensar de este modo? Es que Lutero es hijo de su tiempo: educado en la universidad de Erfurt primero y en la vida religiosa después, se vio empapado de la “via modernorum” (“el camino de los modernos”), un movimiento consolidado por Guillermo de Ockham (el “philosophus maximus”, según él) el padre del nominalismo. Dicha corriente, lejos de ser un “sistema” cerrado, era más bien una atmósfera o aire de repudio contra el movimiento escolástico, que se hallaba por entonces perdido en fútiles interpretaciones y distinciones que hacían de la filosofía y la teología, un enmarañado laberinto de retruécanos y emblemas.
Así lo señala el dominico Fraile, un gran historiador de la filosofía:

La protestantización de la cultura (1-3)


La protestantización de la cultura (1-3)


burguesia

“Lutero es el prototipo
de las edades modernas” (Fichte)
El P. Cantalemessa, predicador cuaresmal y pontificio, nos ha dejado en este año 2016 unas palabras que han traído, entusiasmo por un lado y desconcierto por el otro:
«El mundo cristiano nos prepara a celebrar el quinto centenario de la Reforma en el 2017. Es vital para el futuro de la Iglesia no perder esta ocasión, permaneciendo prisioneros del pasado, o limitándose a usar un tono más conciliador en el establecimiento de los aciertos y errores en ambos lados. Es el momento de hacer, creo, un salto de calidad, como cuando una barca llega a la compuerta de un río o de un canal que le permite proseguir la navegación a un nivel superior».